Información sobre métodos naturales para regular los nacimientos

Destacado

Pregunta:

Soy una mujer de 41 años. Mi nombre es Alicia; vivo en Austin, Tx, Estados Unidos. Me gustaría recibir información sobre el método que la Iglesia permite para cuidarse para no tener hijos. Quiero la mayor información para compartirla con mi esposo, porque quiero hacer las cosas como Dios manda. Yo padezco de hipertiroidismo y por lo tanto estoy tomando medicamentos. Por favor agradecería de su ayuda

Respuesta:

Estimada Alicia:

Encontrará la parte moral y espiritual de la información que usted busca mi libro “Matrimonio cristiano, natalidad y anticoncepción”, que puede descargar aquí.

En cuanto a la información más propiamente técnica le aconsejo visitar la página dirigida por médicos católicos: http://www.procef.cl/

También le sugiero ver el siguiente video:

Y visite las páginas: http://www.billingsargentina.org/

http://www.billingsmethod.org/index_es.html

Si usted habla o lee inglés, puede ver con fruto la página del Instituto Pablo VI, especializado en Naprotecnología (técnicas basadas en los métodos naturales)

http://www.popepaulvi.com/

http://www.naprotechnology.com/

Con mi bendición.

Miguel Ángel Fuentes, IVE

Sobre los escritos de Luis Eduardo López Padilla

Pregunta:

Estimado en Cristo, Padre Fuentes:

 Esperando se encuentre muy bien quería preguntarle si los libros “Las Profundidades de Satanás” y “Advertencias Marianas” del escritor Luis Eduardo López Padilla están “prohibidos” a los católicos… Me han llegado varios mensajes que se basan en cosas dichas en estos libros; algunas son muy interesantes, pero no estoy segura de todo. ¿Me puede usted aclarar algo?

Le encomiendo a la Virgen. Milagros V.

Respuesta:

Estimada Milagros:

Respecto del segundo libro al que aludes, “Advertencias marianas”, no puedo decir nada, pues no le he leído, pero el Sr. Luis E. López Padilla promueve las apariciones de la llamada “Misión de la Virgen del Rosario del Pozo”, de Puerto Rico, prohibidas por los Obispos de Puerto Rico (en documento del 14 de noviembre de 2006) y por la Congregación para la Doctrina de la Fe (Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89; y Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89).

Del primer libro (Las Profundidades de Satanás. El proyecto milenario del Poder de las Tinieblas Ed. privada del autor, México 2006), en cambio, te haré algunas observaciones, pues en el año 2008 un amigo, muy creído de la autoridad de este autor, me obsequió un ejemplar que, desconociendo al autor, comencé a leer pensando encontrar una doctrina segura, topándome, en cambio, con una mezcla de buenas cosas y teorías disparatadas. A raíz de esto escribí una recensión, publicada ese mismo año en la Rev. Diálogo, que decía lo que transcribo a continuación con algunas modificaciones que he realizado posteriormente al conocer un poco más al Autor.

Luis Eduardo López Padilla es abogado, casado, con estudios de filosofía y teología. Ha escrito varios libros sobre la temática de los últimos tiempos y apariciones marianas. Por ejemplo “Advertencias Marianas” (1987), “El Diablo y el Anticristo” (1988), “Los Últimos Tiempos” (1991), “Apocalipsis, descubriendo el Plan de Dios” (1996), “El  Gran  Aviso de Dios” (2002), “¡Sí, Vengo Pronto!” (2004), “Apuntes sobre El Gobierno Mundial” (2004), etc.

El que nos ocupa es un libro extenso, divido en dos partes (“El poder de las tinieblas” y “Las profundidades de Satanás”).

Trata muchos temas, muchos de ellos de mucha actualidad e interés por parte del público en general, como por ejemplo, el demonio, la brujería y la magia, la masonería, los misterios de las pirámides, los niños índigo, la Ouija, la New Age, etc.

El autor habla con respeto del magisterio de la Iglesia y su doctrina en muchos temas es correcta y hasta provechosa. Pero ya en la Primera Parte del libro, la más aceptable, contiene afirmaciones que suscitan perplejidad o se inscriben directamente en el género del disparate. Así, por ejemplo, bajo el título “La Bóveda del Infierno” relata en págs. 82-84, una presunta perforación llevada a cabo en 1989 en Mourmansk (Siberia), por parte de un equipo de científicos de varios países, a 15 kms de profundidad; perforación que el A. considera que alcanzó “la bóveda del Infierno”, produciendo una visión colectiva del Demonio y la audición y grabación en cinta de los lamentos de los condenados; cita allí el testimonio de algunos científicos no soviéticos de la expedición (a los soviéticos se les habría administrado un sedante para borrar la memoria a corto plazo). El A. no manifiesta ninguna duda sobre la autenticidad del hecho y su interpretación. Y lo hace sin citar ninguna fuente segura y digna de crédito a pesar de que, como es obvio, es lo que toda persona seria buscaría en primer término. Como muestra este botón es más que suficiente.

En la Segunda Parte del libro se mezclan cosas de buen juicio y una fe católica de fondo de la que no dudo, con temas y desarrollos que pasman, entontecen y obligan a sentenciar el libro entre los relatos de corte apocalíptico y, en algunas páginas, cercanos a la ciencia ficción. De hecho en sus páginas son citados, sin ninguna crítica clara, autores tan dudosos como Von Däniken (“Recuerdos del futuro”) y muchos de los escritores que deleitan a los curiosos de pirámides, ovnis, apariciones misteriosas, etc.

Uno de los temas que más desconcierto nos ha producido –por el hecho de que hable de él con total desparpajo y aceptándolo a pies juntillas– es su interpretación del mito de la Atlántida, al que dedica muchas y muy importantes páginas y un rol, en definitiva, clave en la interpretación de la Historia profana y sagrada. El autor defiende no sólo la existencia de una civilización, descendiente de Adán y Eva por cierto, extraordinariamente desarrollada, destruida por Dios a causa de su soberbia, sino que la hace autora de los grandes monumentos de la antigüedad. Esta civilización habría alcanzado un conocimiento altísimo de la magia, corrompiéndose por su contacto con el demonio. De ellos provienen, directa o indirectamente, las grandes construcciones mayas, aztecas, egipcias, etc., y los secretos astrológicos y proféticos que guardan. A estos seres les atribuye un saber gnóstico diabólico, y a partir de ellos interpreta el difícil pasaje bíblico de los Gigantes nacidos de la unión entre “los hijos de Dios” y “las hijas de los hombres” (cf. Gen 6, 1-8), los que ocasionaron precisamente el Diluvio universal (que explicaría la desaparición de esa civilización, sepultada en las profundidades del océano). Los “hijos de Dios” serían, para López Padilla, los hombres descendientes de Adán, mientras que las “hijas de los hombres” serían las mujeres nacidas de seres “creados” por estos sabios pervertidos, por “manipulación genética” y “clonación”; de esta unión entre los descendientes de Adán y estos remedos diabólico-humanos, obra de reingeniería genética inspirada por el demonio, provendrían los Gigantes o Nefilim (su nombre bíblico: cf. Baruc 3, 26-28; Num 13, 32-33), monstruos genéticos ciclópeos de 4-6 metros de altura (cf. pág. 330 y siguientes). El Diluvio habría acabado con todo esto. Todo es disparate destilado de la más pura cepa.

En fin, el valor que da las presuntas profecías aztecas y mayas y otras, lo lleva a profetizar también él, señalando para el 20-21 de diciembre de 2012 el momento en que la humanidad entrará de lleno al “Final de los Tiempos” (cf. págs. 400 y siguientes); un poco más adelante añade “en diciembre de 2012, meses más, meses menos” (pág. 404); no se trata del fin del tiempo, sino del inicio de ese período y de la obra plena del Anticristo. Esta crítica la escribí en 2008; ahora en 2016 –sin fin del mundo, ni comienzos de ninguna era especial– es más que claro que los delirios de todos los que quieren acertar a las fechas apocalípticas no los hace fiables ni para jugar a la lotería.

Como puede presumirse, el libro de López Padilla nos deja desconcertados por la mezcla de temas, algunos bien presentados, otros que parecen tomados de páginas de Internet de dudoso fundamento, de alusiones a autores de recta doctrina (como Santo Tomás, Antonio Royo Marín, Juan Pablo II, Gabriel Amorth, Leonardo Castellani, Rafael Gambra, A. Hillaire), junto a otros que rondan la nebulosa de la fantasía y del camelo, como el ya referido Von Däniken, el “Discovery Channel”, etc. Los mismos títulos de los libros usados por el autor para los temas más controvertidos (pirámides, fenómenos extraordinarios, Atlántida, etc.) ya nos revela que se mueve en terrenos fangosos: “Las profecías Mayas” (Gilbert y Cottorell), “Guardián del Génesis. La búsqueda del legado oculto de la humanidad” (Hancock y Bauval), “La Huella de los Dioses” (Hancock), “Mitos Egipcios” (Hart), “La conexión Atlante” (Martínez Concha), etc.

Un libro extraño, como se ve. Y su Autor, una persona poco seria, por no decir algo más fuerte.

Añado que en 2013 el arzobispado de Valencia le negó el permiso para dar conferencias en ningún centro religioso ni parroquia de la Arquidiócesis (ver link). Actitud razonable, como puede verse por lo de más arriba.

P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

La masturbación en la mujer

 Consulta:

Hola Padre. Antes que nada, gracias por encontrase en este foro para ayudar en las dudas que por lo regular tenemos. Mi duda es acerca de la masturbación femenina, y es que a mí me pasa que me cuesta mucho trabajo no llevar a cabo esta práctica. Soy mama soltera, pero ahora no convivo con el papá de mi hijito; pero en ocasiones siento como si mi cuerpo me lo pidiera y en un momento de confusión y alteración accedo a la autoestimulación. Cuando lo hago, al principio me relajo y tranquilizo, pero en seguida me surge una tremenda culpabilidad que me hace sentir mal. He consultado a algunos si esto está mal y es pecado, o no, pero me han dado respuestas distintas, que me han dejado confusa. Me gustaría saber su opinión y que me indique cómo poder superar este problema. Que Dios lo bendiga. Vicky.

 Respuesta:

Estimada Vicky:

 La masturbación en la mujer y en el varón tienen la misma moralidad y, en general, los mismos efectos, que explico más largamente en los artículos cuyos links le envío abajo de esta breve respuesta.

Resumiendo debo decirle:

 1) La masturbación es, objetivamente, un uso indebido de la sexualidad, que está hecha, por su misma estructura, para la unión entre el varón y la mujer, en una entrega amorosa y total (por eso jamás se realiza plenamente fuera del matrimonio, que es la única institución que garantiza esa mutua pertenencia total).

2) Por tanto, si usted realiza este acto con plena libertad, es un pecado.

3) Si usted lo realizara involuntariamente (como puede ocurrir en quien está dormido, o en estado de vigilia, es decir, sin plena conciencia de estar despierto o dormido), o por efecto de una enfermedad que la empuja compulsivamente a estos actos, etc., no sería pecado (al menos no sería pecado “grave”), porque para cualquier pecado (no solo para éste) hace falta obrar con plena libertad (que no significa alguna malicia especial, sino el modo en que realizamos nuestros actos libres de cada día).

4) Además, la masturbación, tanto por el placer, como por las circunstancias en las que muchos la realizan (por ejemplo, por una búsqueda ansiosa del placer, o para escapar de la tristeza, o como reacción ante fracasos, desesperación, etc.) tiende a arraigarse volviéndose un hábito vicioso que esclaviza a la persona. Y en algunos casos más graves (especialmente, cuando se asocia a la pornografía) puede llegar a originar una adicción, volviendo a la persona “adicta sexual”, que es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro tiempo.

Para completar esto que le he dicho de modo excesivamente resumido, le sugiero la lectura de los siguientes artículos que la ayudarán mucho:

1º – Miguel Fuentes – Luchar contra la masturbación

 (Aquí encontrará no sólo los aspectos morales y psicológicos sino también algunas pautas para luchar contra este hábito).

 2º  John Harvey – trad. Miguel Fuentes – El problema pastoral de la masturbación

Este estudio analiza las causas psicológicas de este problema y da pautas muy atinadas para abordarlo pastoralmente.

 3º – Miguel Fuentes, La castidad ¿posible?

 4º – Miguel Fuentes – La trampa rota (cuando el vicio se ha vuelto una adicción)

En Cristo y María

¿Qué es la macrobiótica?

Pregunta:

Padre: Por una enfermedad que vengo arrastrando hace varios años, me han recomendado la macrobiótica, pero me suena a algo New Age, aunque no estoy seguro. ¿Qué me puede decir al respecto?

 Respuesta:

Juan:

 Le respondo con un artículo aparecido a principio de 2016 en el Boletín de Info-RIES (nº 415 – 23 de febrero de 2016). Lo transcribo a continuación.

Como pasa con tantas otras costumbres “alternativas” y con relación a la salud que se ponen de moda, hay que hacer un lúcido discernimiento de si estamos practicando –o se nos está proponiendo– una dieta apropiada para nuestro organismo o si, aprovechando este loable propósito, se nos quiere introducir en una filosofía de vida propia de la New Age. Veamos los puntos principales.

Una dieta basada en Oriente

Si nos fijamos en el nombre, viene del griego “grande” (makrós) y “vida” (biós). Así, la etimología nos muestra el propósito de esta técnica: alargar la vida del hombre, hacerla mayor. Y se basa en algo que ya es muy popular entre nosotros: el Yin y el Yang. Por lo tanto, en la génesis de la macrobiótica está el taoísmo y el confucianismo, que comparten esta simbología.

En su libro El taoísmo, religión de la armonía, José Luis Vázquez Borau explica que “Yin y Yang son dos fundamentos, principios, de mutua complementariedad. Yang representa la luz, el calor, la actividad, la dureza o la sequedad. Mientras, Yin representa la oscuridad, la frialdad, la pasividad, la suavidad o la humedad. La intersección, es decir, la acción recíproca entre las dos partes fundamentales, produce los fenómenos de la naturaleza”.

Aplicando esto a la comida, se dice que hay alimentos Yin y alimentos Yang. Los primeros serían los más ligeros y los que contendrían más potasio; los otros, con más cantidad de sodio, serían los más pesados. La clave está en buscar el equilibrio, la armonía. Y por eso la macrobiótica se fija no tanto en el contenido nutricional de la comida, sino en su “energía” (Yin y Yang).

Se recomiendan, sobre todo, los alimentos frescos, los biológicos, los cereales integrales, verduras y legumbres. Se insiste en consumir los productos propios del medio en el que se vive y los de las estaciones en las que se está. Hay un rechazo taxativo de todo alimento envasado, procesado, modificado… También se propone eliminar el azúcar. Y la leche, cuanto menos, mejor. El café y las especias son lo más parecido al veneno, así que se indica la sustitución del café por sucedáneos como la cebada tostada.

Como es fácil de adivinar, “bajo ningún punto de vista resulta recomendable la carne animal”, según reza un manual de macrobiótica. Se prohíbe comer patatas, pimientos y tomates. Y sorprende otra de las normas: “ingerir la menor cantidad posible de líquidos”, que ya obtendría el organismo por el resto de la dieta. Se insiste en masticar bien y comer pequeñas raciones.

Su principal introductor en Occidente fue el japonés George Ohsawa (1893-1966). Los defensores de la macrobiótica pretenden que las personas pasen de comer sin ningún orden a hacerlo con un sentido muy determinado.

Cuando se va más allá

Como decía un artículo divulgativo sobre este tema que publicó un semanario español, en ocasiones sucede que “más que una dieta, la macrobiótica es una filosofía de vida”. Estamos dando un salto a la cosmovisión, a la espiritualidad, a algo que determina la vida entera de la persona. Es un salto muy sencillo porque, como hemos visto, el influjo oriental es notable, y en Oriente no se pueden separar las cosas tal como lo hacemos aquí.

Esto podemos comprobarlo en los manuales clásicos sobre el tema. En un tratado muy difundido desde los años 70, de Itoshi Tamura, podemos leer este reclamo en su portada: “la sabiduría de Oriente llega a nosotros revitalizada y con profundo significado aleccionador. La Macrobiótica es vehículo de esa corriente de pensamiento. Adoptarla es recrear la vida, asimilar lo sublime, reconstituir la fortaleza física y moral… De la Macrobiótica surge el máximo de potencia y belleza… por ella, el hombre es más hombre, y la mujer es más mujer”.

Leyendo cosas como esta parecería que nos encontramos ante el “bálsamo de Fierabrás”, esa poción mágica que curaría todas las enfermedades y que –procedente de una leyenda de la épica carolingia– popularizó El Quijote. O puede sonar también a la charlatanería que subyace a los crecepelos milagrosos y otros productos del mismo estilo. Más adelante, cuando veamos sus riesgos, irá por ahí.

Algunos han llegado a afirmar que la macrobiótica podría solucionar hasta 120 enfermedades. Dentro del libro descubrimos la afirmación de Tamura de que la macrobiótica significa “salud física, psíquica o espiritual”. Al final, ¿a dónde lleva la comida? A “liberación y felicidad”, que son “promesas valederas, respaldadas por la Macrobiótica”, y esta se constituiría así en “una disciplina engendradora de proceso constitucional integral”.

En la galaxia de la Nueva Era

Visto lo anterior, es fácil deducir que la macrobiótica es uno más de los ingredientes que se integran en la “ensalada espiritual” de la Nueva Era (New Age). Algo que no es una simple constatación doctrinal, sino que lo observan desde otras disciplinas. Por ejemplo, la antropóloga portuguesa Virgínia Henriques Calado ha escrito un interesante estudio sobre esta propuesta dietética en el marco de la “salud holística” que defiende la Nueva Era.

Henriques afirma que la macrobiótica “procura legitimarse a sí misma en un proceso que puede ser visto como de instrumentalización del conocimiento científico”. Utilizando los datos científicos que les interesan, los defensores de esta dieta dicen tener “la verdad” sobre los alimentos. Esto, mezclado con su espíritu “misionero” y con su intención de transformación del mundo, hace que la macrobiótica se convierta en una propuesta global de reconciliación del hombre con la naturaleza a través de la alimentación “correcta”.

La antropóloga constata que “la macrobiótica, en su afinidad con muchos de los términos de la New Age, que remiten a una concepción holística y espiritualizada del universo, presenta una forma de ver el mundo que, por el conjunto de principios, valores y significados que genera, puede ser identificada con una ideología”. En sus conversaciones con muchos de sus defensores, Virgínia Henriques comprobó una narrativa típica en la clave de “despertar la conciencia”, evolución, sintonización con el mundo, centralidad de la energía, etc.

Cabe señalar también la práctica de la dieta macrobiótica por parte de personalidades significativas del mundo del espectáculo. Como siempre, los famosos contribuyen a una difusión a gran escala de cualquier técnica, tenga la validez o la seriedad que tenga.

¿Tiene algún riesgo?

Volviendo al campo científico, aparte de que no hay evidencias científicas de que este sistema sea adecuado para adelgazar ni reporte especiales beneficios, muchos críticos destacan la insuficiencia de algunos elementos necesarios para el organismo en la dieta macrobiótica. Algunos señalan que su escasez de grasas no es necesariamente beneficiosa para el organismo. También se apunta a la gran insistencia en el consumo de cereales integrales, algo que aumenta el riesgo de desequilibrios nutricionales.

Además, se le pueden aplicar las objeciones que se ponen a la alimentación vegetariana: la ausencia excesiva de proteínas animales puede causar carencias importantes de algunos elementos necesarios como vitaminas y minerales. La nutricionista Irene Zamora alertaba recientemente de que “a medida que va avanzando, la dieta se va haciendo más estricta y va eliminando grupos de alimentos, pudiendo llegar incluso a una última etapa en la que únicamente se consumen granos de cereales triturados, incluso restringe drásticamente el consumo de agua, por lo que puede causar graves problemas”. No sólo eso, sino que se refería a ella como una “dieta milagro”.

Otro aspecto polémico es la fama que ha obtenido la macrobiótica en algunos ambientes con respecto al cáncer. Muchos enfermos –a pesar de que no hay estudios desde la oncología que avalen esta práctica– han recurrido a esta opción dietética buscando su curación o, al menos, su mejoría. Algunos médicos han apuntado que en el caso del creador de Apple, el célebre Steve Jobs, su muerte por cáncer habría llegado con más rapidez por dejar los tratamientos convencionales echándose en brazos de la macrobiótica como remedio.

Un testimonio concreto

Para terminar, un caso real. Una madrileña, Milagros Martín, contó hace tiempo su testimonio de vida. Su búsqueda de sentido al abandonar en la juventud la fe católica la llevó a una vida repleta de prácticas propias de la Nueva Era. Como ella misma reconoce, “todo está muy mezclado: lo esotérico, lo energético, lo psicológico, la búsqueda espiritual, lo trascendente, las terapias alternativas”.

Y aquí es cuando afirma: “yo me metí mucho con el tema de la macrobiótica. Me interesaba mucho saber cómo a través de la alimentación yo podía sanar mi cuerpo. Por algún sitio, la Nueva Era siempre se mete, toca todos los aspectos del ser humano y, además, tiene parte de verdad; es muy difícil discernir dónde está la verdad y dónde la mentira”.

En su experiencia personal comprobamos cómo la macrobiótica a veces se usa como algo más que una simple dieta, lo que puede tener consecuencias peligrosas: “me diagnosticaron una enfermedad en los ovarios y, a través de la alimentación y la macrobiótica yo quería resolver este problema, pero al final, tuve que pasar por quirófano”. Milagros también afirma que “la macrobiótica es muy estricta. Puedes crear un patrón en tu mente, que te hace más mal que bien”.

Los “mandalas” y mi hijo pequeño

Pregunta:

Querido Padre: A mi hijo de 5 años le han mandado comprar en la escuela un “cuaderno de Mandalas”, que según dice la propaganda que puede ver, lo ayuda a combatir la fatiga y el aburrimiento y a fomentar la creatividad. Cuando le pregunté a la maestra, ésta me dijo que estimula la parte creativa, intuitiva y mágica del cerebro. Yo he escuchado cosas raras de estos “mandalas” que creo que provienen del Oriente no cristiano. ¿Me puede dar una orientación? (Mabel).

Respuesta:

Estimada Mabel:

Con mucho gusto. Realmente este tema se toma con mucha ligereza cuando debería preocuparnos mucho. Le transcribo a continuación, el artículo publicado por Vicente Jara, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Tomo el artículo del Boletín Info-RIES nº 429 (el artículo fue publicado en Aleteia) con el título “Los mandalas y su significado: ¿son inocuos?”

Los mandalas son figuras netamente del hinduismo y del budismo. Tienen un sentido espiritual ligado a estas tradiciones religiosas y por esta razón no hay que usarlas fuera de su contexto propio, siendo muy arriesgado su uso por otros creyentes, con la posibilidad de caer en el sincretismo o en el relativismo religioso. Así, no tiene sentido usarlas en el cristianismo, más cuando Jesucristo ha superado el sentido que encierran estas figuras.

¿Qué es un mandala?

Los mandalas son representaciones figurativas espirituales. Pertenecen especialmente a la tradición hinduista y budista. No son representaciones abstractas o simbólicas neutras, sino que tienen un fondo espiritual. Representan la totalidad de la realidad. Un mandala es un fragmento del microcosmos que quiere abarcar y mostrar la totalidad del macrocosmos, la realidad entera. Es una muestra del orden del universo, del orden cósmico.

Si bien su fuente es la tradición hinduista, también desde ahí pasó al budismo. Hay variaciones entre ambas religiones en cuanto a la configuración del mandala, siendo muy figurativos en ciertas ramas del budismo, como el tibetano.

Los mandalas son dibujos. Para trazarlos, en primer lugar se dibujan las formas lineales, de manera concéntrica, y luego hay que colorearlos o llenarlos de color. Estos dibujos o figuras tienen formas muy propias, presentando una fuerte simetría arriba-abajo y derecha-izquierda, generalmente de forma circular, círculo tras círculo, también desde esta forma la cuadrangular, con inscripción de ambos polígonos, si bien estas figuras han llevado a inscribir más formas geométricas y mezclas entre muchas diversas, complejizando la estructura base inicial.

Los mandalas también se particionan o subdividen y llevan a expresar aspectos figurativos y espirituales en diferentes lugares del mismo, a veces animales, figuras de Buda o dioses del hinduismo. El mandala no obstante mantiene siempre una coherencia geométrica que de manera desde dentro hacia afuera perpetúa el orden simétrico a pesar de los entrelazamientos de líneas y figuras. En definitiva, un mandala encierra en sí mismo el total de Todo. Es una representación del Mundo como totalidad.

Ciertamente que en multitud de culturas tenemos figuras con formas abarcantes, ya circulares (eso mismo significa “mandala”, círculo), o cuadrangulares, incluso dentro del cristianismo, con la famosa mandorla del Dios Padre, que es Creador de la realidad entera, si bien no podemos caer en la sincrética similitud entre todas las culturas y religiones.

Es claro que las figuras básicas de la geometría son conocidas en muchas culturas y se les ha dado un sentido diverso; y es normal que cualquier cultura mire al cielo y vea el círculo en el Sol o la Luna, para muchas culturas paganas representación de dioses, y de ahí que el círculo, o el cuadrado, como estructura básica, o el triángulo, los encontremos en todo tipo de templos o religiosidades y culturas, pero el sentido depende de la religiosidad o espiritualidad propia, de ahí que no podemos amalgamar o confundir las figuraciones, más cuando muchas de ellas presentan elementos de una corriente espiritual concreta.

Y los mandalas son religiosamente círculos, es decir, la rueda de las reencarnaciones que no para de girar, y es la vida y muerte sin fin de las reencarnaciones. Es la base del hinduismo y del budismo, y en sus elementos que ahora seguiremos profundizando, es netamente oriental. No es por lo tanto cristiano, no lo es. Cuidado con caer en sincretismos y mezclas relativistas.

¿Cómo se hace un mandala?

Vamos a explicarlo en su sentido profundo, un sentido espiritual hinduista y budista, para que nos quede claro qué hay en ellos y en su ejecución. El hacer mandalas y el colorearlos, ya en el suelo o en otro soporte como papel u otros, es disponer al candidato o discípulo que lo genera al sufrimiento de lo que supone tal tarea: aprender a ver el sufrimiento en la propia vida, clave del budismo, y también del hinduismo.

El creador del mandala usa colores, pinturas, o bien se sirve de piedrecitas o arenilla coloreada que coloca en el entrelazado de líneas, granitos pequeños de arena de colores, a veces usando hilos o pétalos de diferentes tonos y colores, y sufrirá realizando el mandala, que irá creciendo desde dentro hacia afuera. El poco iniciado en su ejecución no logrará el objetivo tan fácil como imaginaba y tendrá que someterse al pesado logro de alcanzar la meta. Un mandala complicado en sus líneas, subdivisiones de subdivisiones, colores diversos, simetrías y detalles lleva mucho tiempo. El discípulo aprende a ser paciente, a concentrarse, a ser pasivo ante el sufrimiento.

Su realización llevará a aprender por parte del seguidor hinduista o budista la pesada tarea de la vida, la conformación del universo como realidad ordenada, circular, de reencarnaciones y de muerte y vida continua, de fallar y empezar, más cuando en ocasiones el mandala se hace en una zona donde puede soplar el viento y debe empezar una y otra vez por el principio, al quedar todo desordenado y volarse el material de relleno o llover sobre la pintura, borrarse, o volarse la arenilla de colores en algunas zonas llegando incluso a estropear otras zonas del mandala con su arrastre.

El mandala lleva a sufrir y a aprender a sufrir. Es muy difícil acabarlo. Es la vida y el sufrimiento de la vida, el sufrimiento que intenta vencer el hinduista con la ascesis y la dureza de ánimo y concentración, o que el budista intenta aplacar no sintiendo, acallando sus sentidos, no padeciendo.

Si el mandala se consigue acabar no deberá enseñarse a nadie, no deberá publicitarse, alardear de él y mucho menos guardar recuerdo de él, al menos en las tradiciones más puristas; no deberá el discípulo budista mostrar regocijo, no deberá sentir, que es lo que debe acallar, sino que deberá en ese instante y tras por un instante en el que lo mirará, para acercarse al Todo, destruirlo.

Un simple manotazo valdrá, quizás con el pie, o soplando, con un golpe seco, como signo de la continua muerte y vida según la espiritualidad budista, y también hinduista. Y con ello, no sufrir porque nadie lo haya contemplado y nadie pueda alabarle por haberlo logrado. Acallar el sentir, dominar las pasiones. Eso es el mandala, y eso es la religiosidad base de Oriente en el hinduismo y el budismo. La ascesis de no tener malos pensamientos que producen karma y te ligan a reencarnarte sin fin. La gran ascesis hinduista de la muerte una y otra vez. Vivir la vida y la muerte de manera ascética y contemplativa.

Esto es Oriente. Esto es el mandala. No podemos traer elementos orientales al cristianismo como si tal cosa. No. Cuidado. En Oriente y sus religiones cada gesto, cada ritual, cada elemento, está impregnado de religiosidad. Eso en parte define a Oriente y su espiritualidad. Lo divino lo invade todo y nada hay neutro, des-religiosizado. Por eso en Occidente hay que tener cuidado, y especialmente cuidado los católicos, los cristianos, con tomar y coger cosas de Oriente. Y lo mismo pasa con el yoga, con prácticas de meditación orientales, tan de moda en las culturas cristianas.

Los mandalas enseñan al ejercitante a ordenar el propio caos interior de la persona que lo confecciona. Enseñan a ver el mundo: el mandala se destruye, el mundo se destruye, pero se vuelve a construir. Por eso en Oriente no existe el sentido de progreso que tenemos en la cultura cristiana, de avance, lineal, hacia Cristo y la Plenitud en Él de toda la Creación. Oriente ve la muerte como una fase normal y que dará lugar a nuevos renacimientos. Y de ahí morir de nuevo. Oriente gira y gira sin avance. No sale de su rueda de muerte y vida. Solo queda la ascesis para aguantar (hinduismo) o el no sentir para no sufrir (budismo).

Los mandalas son distintos entre sí, no se pretende copiar uno de otro. El mandala expresa así la diversidad del cosmos y la imposibilidad de contemplarse igual por dos mentes distintas. Cada persona ve un mandala o crea un mandala diferente, y en otro momento, uno mismo genera un mandala distinto, porque la realidad es cambiante y no se puede agarrar. Todo pasa, nada queda. Es el aforismo de la impermanencia. El ser no existe, es la nada. Nada merece la pena. El todo es la nada y la nada es el todo.

Hay una película de Martin Scorsese, Kundun, del año 1997, sobre el exilio del Dalai Lama por la invasión comunista de Tíbet. En ella se expresa muy bien lo que es un mandala.

Los mandalas dentro de los colegios

Un aspecto que hay que mencionar es que los mandalas están entrando en los colegios de los países de cultura cristiana, también en los colegios religiosos, sin saberlo los directores, los educadores, las congregaciones religiosas que los regentan, también los centros diocesanos, o de los diferentes carismas católicos que tienen colegios.

¿Cómo ha ocurrido esto? En el ámbito escolar ha entrado con cierta fuerza la venta de cuadernos para pintar los niños. Vendrían a sustituir a los anteriores cuadernos de figuras que había que pintar, a veces un pájaro colorido del Amazonas, un niño sobre un caballo, o un jardín y una niña dando unos trocitos de pan a unos patitos o unos pollitos. Son los cuadernos de pintar con los colores adecuados las figuras. Los cuadernos de pintar de toda la vida. O al menos los de hace unas generaciones. Hoy en las librerías y papelerías lo que se venden son figuras de mandalas, cuadernos de mandalas, para que los niños pinten y rellenen con colores cada sección y subdivisión.

Se venden como cuadernos creativos, relajantes, como un objeto para contemplar pintándolo, que sin embargo, como hemos dicho, encierran un fondo espiritual budista o hinduista, oriental. O incluso con tintes de Nueva Era y sincretista: que si terapias de colores, que si sanación espiritual, que si arquetipos, que si elementos medio mágicos de pseudo-curación con energías de los colores y las formas geométricas de la Nueva Era,…

¿Qué podemos decir desde el cristianismo?

Recordemos que los mandalas están impregnados de orientalismo. Y aunque entren sin referencias directas a estas religiones, como simples dibujos, el hecho de que los niños se acostumbren a ellos sin saberlo y sin la concesión y permiso de sus padres es una puerta para que en el futuro esos niños ya adultos al ver mandalas budistas e hinduistas y conozcan sus significados tomen conciencia de que eso es lo que en su infancia sin saberlo pintaron.

Es importante por ello conocer qué entra en centros cristianos. Y qué hacen los niños. Hay que respetar la fe de cada religión, y no caer en amalgamas. No sería sino una muy buena idea en los colegios religiosos cristianos volver a los cuadernos de antes, o bien a pintar postales navideñas o escenas católicas o bíblicas. Y que en centros budistas u orientales pinten mandalas. Por simple coherencia religiosa y educativa.

Por otro lado hay que decir que los mandalas no son malos en tanto figuras y colores, no alejan de Dios, sino que forman parte de la religión hinduista o budista, religiones que intentan llegar a Dios, desde sus medios y creencias. Explicitemos este aspecto citando el Vaticano II en su Declaración Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, como reflexión desde el cristianismo de estas espiritualidades de Oriente:

“En el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza. En el Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior. […] La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo”.