¿Ha cambiado la doctrina de la Iglesia sobre la pena de muerte?

Pregunta:

De mi consideración. Aprovecho la oportunidad que me brinda de hacer una consulta. Mi pregunta es ¿por qué ha cambiado la doctrina de la Iglesia, aparentemente, sobre la licitud de la pena de muerte aplicada por el Estado, cuando durante tantos siglos se ha opinado lo contrario? ¿Obligan estas opiniones del Papa en conciencia a los fieles, o hay libertad de opinión al respecto? Atentamente.

 

Respuesta:

Estimado:

La doctrina de la Iglesia no ha cambiado sobre la licitud o ilicitud de la pena de muerte. Tradicionalmente se sostuvo que el Estado podía recurrir a esta pena para castigar determinados delitos. Eso es precisamente lo que dice la Encíclica ‘Evangelium vitae’ y el Catecismo de la Iglesia Católica. Por ejemplo, este último: ‘La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto, las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor l seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona’ (n. 2267-2268).

En cambio, es innegable un cambio respecto a dos cosas:

a) Éste ya no parece ser el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto. Hoy en día, la justicia tiene, o puede tener si quiere, más medios para proteger del agresor injusto sin tener que recurrir a la muerte del mismo. Si no lo hace es porque no quiere.

b) Se ha perdido el sentido de la ‘vidicta’ como virtud, es decir: del restablecimiento de la justicia por medio de este castigo. Hoy en día, hay más peligro de que se vea la pena de muerte como una simple ‘revancha’ del ofendido contra el ofensor. Estaríamos ante una especie de ‘linchamiento’ permitido por el Estado.

A esto se suma otro motivo en el que el Papa ha hecho mucho hincapié. En la actualidad una muerte, incluso merecida (como puede ser la del culpable) no alimenta el sentido de la justicia sino el sentido o cultura del desprecio, o al menos menosprecio, de la vida. La Iglesia está más urgida a dar un testimonio de su lucha por la vida en todos los frentes. Reivindicar la pena de muerte, ante una sociedad sedienta de sangre, hace perder fuerza moral a la Iglesia en su lucha contra el aborto, contra la eutanasia, contra la drogadicción, contra la guerra injusta, etc.

Sume a esto, otra constatación conyuntural: el 80 por ciento de las penas de muerte que se aplican en el mundo tiene por objeto a personas que sólo han cometido el ‘delito’ de profesar una religión distinta de la del estado (es el caso de la pena de muerte a los cristianos en los países árabes donde se practica la ley de la sharia) y por delitos menores (como es el caso de los simples ladrones de carteras en China). Por ejemplo: en 1995 se ejecutaron 2931 presos en 41 países, de los cuales 2190 ejecuciones se realizaron en China, 192 en Arabia Saudita y más de 100 en Nigeria; es decir, el 85% del total (Cf. Rev. NOTICIAS, 20 de julio de 1996, p. 97). A su vez, en países como en Estados Unidos, se aplica en procesos de dudosa legalidad y con una marcada línea racista antihispana, como han acusado algunos jueces americanos.

Por supuesto, como puede ver, se trata de opinar sobre la necesidad o no de llegar a tal extremo o si se da o no se da tal necesidad social e histórica. En este caso, siendo opiniones, puede usted opinar en contrario.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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