¿Qué enseña la teología sobre el ángel de la guarda?

Pregunta:

Cuando uno muere y su alma esta en el purgatorio allí también lo acompaña su ángel de la guarda o sólo éste está presente sólo cuando uno esta vivo. ¿Qué opinión tiene la doctrina católica al respecto?

 

Respuesta:

Estimado:

Como principales efectos de la guarda de nuestros ángeles custodios se enumeran los siguientes:

a) Los ángeles custodios libran constantemente a sus protegidos de innumerables males y peligros, así del alma como del cuerpo: Que el ángel que me ha librado de todo mal -dijo Israel a su hijo José– bendiga a éstos niños (Gn 48,16).

b) Contienen a los demonios para que no nos hagan todo el mal que ellos desearían hacernos : recuérdese la historia de Tobías.

Excitan de continuo en nuestras almas pensamientos santos y consejos saludables (Gen 16 y 18; Act 5.8.10).

c) Ponen ante Dios nuestras oraciones, no porque Dios, omnisciente, necesite de esto para conocerlas, sino para que las oiga benignamente, e imploran por sí mismos los auxilios divinos que nos ven necesitar, cuando a lo mejor nosotros ni siquiera percibimos que necesitamos o que recibimos tales auxilios (cf. Tob 3 y 12; Act 10).

d) Iluminan nuestros entendimientos, proporcionándonos las verdades de modo más fácil de comprender mediante el influjo que pueden ejercer directamente en nuestros sentidos interiores y exteriores.

e) Nos asisten particularmente en la hora de la muerte, cuando más lo necesitamos.

f) Es opinión piadosa de los teólogos que los ángeles custodios respectivos acompañan las almas de sus protegidos o custodiados al purgatorio o al cielo después que éstos mueren, como acompañaban las de los antiguos patriarcas al seno de Abraham; efectivamente, en la recomendación del alma después de la muerte de los fieles cantaba la Iglesia: ‘Salid a su encuentro, ángeles del Señor, recibiendo su alma, poniéndola en presencia del Altísimo…; que los ángeles te lleven al seno de Abraham’.

g) Créese también piadosamente que los ángeles custodios atienden las oraciones suplicatorias dirigidas por los fieles a las almas de sus custodiados cuando éstas se encuentran todavía en el purgatorio ‘en estado no de socorrer, sino de ser socorridas'[1]; de hecho, las súplicas hechas a las almas del purgatorio se dice que son de las más efectivas.

h) Por último, acompañarán eternamente en el cielo a sus custodiados que consigan la salvación ‘no para protegerlos, sino para reinar con ellos'[2] y ‘para ejercer sobre ellos algunos ministerios de iluminación'[3].

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Santo Tomás, Suma Teológica, 2-2 q.83, a.11 ad.3.

[2] Santo Tomás, Suma Teológica, 1 q.113 a.4.

[3] Santo Tomás, Suma Teológica, 1 q.108 a.7 ad.3.

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