¿Qué tengo que tener en cuenta para saber si Dios me llama al sacerdocio?

Pregunta:

Hace tiempo tengo inquietudes sobre mi vocación. ¿Qué tengo que tomar en cuenta para saber si Dios me llama al sacerdocio?

 

Respuesta:

Estimado:

En 1857 un muchacho se acercó a Don Bosco y le preguntó algo semejante a lo que tú me preguntas a mí; entre los papeles de Don Bosco se encontró el diálogo y otras notas del santo sobre lo que había hablado con este muchacho. Te recomiendo su lectura atenta. Dice así:

‘El joven.-¿Cuáles son las señales que manifiestan si un joven es, o no, llamado a la vida sacerdotal?
Don Bosco.-La probidad de costumbres, la ciencia y el espíritu eclesiástico.
E. J.-¿Y cómo se sabe si hay probidad de costumbres?
D. B.-La probidad de costumbres se conoce sobre todo por la victoria contra los vicios contrarios al sexto mandamiento (sobre la castidad), y en esto hay que atenerse al parecer del confesor.
E. J.-El confesor me ha dicho que por cuanto a esto se refiere, puedo ir adelante en el estado eclesiástico con plena tranquilidad. ¿Pero y la ciencia?
D. B.-Para eso tienes que estar al juicio de tus superiores, que te harán el oportuno examen.
E. J.-¿Y qué se entiende por espíritu eclesiástico?
D. B.-Por espíritu eclesiástico se entiende la inclinación y el gusto que se experimenta en tomar parte en la funciones de iglesia compatibles con la edad y las ocupaciones (oración, santa Misa, confesión).
E. J.-¿Y nada más?
D. B.-Hay una parte del espíritu eclesiástico más importante que las otras. Es una inclinación a dicho estado, que le lleva a uno a abrazarlo con preferencia a cualquier otro, aún más ventajoso y prestigioso.
E. J.-Todo esto lo encuentro en mí. Hace tiempo tuve gran deseo de hacerme sacerdote. Después fui contrario a la idea durante dos años; aquellos dos años que usted sabe; pero ahora no siento ninguna otra inclinación. Sé que hallaré alguna dificultad por parte de mi padre, que preferiría una carrera civil, pero espero que el Señor me ayudaría a superar todos los obstáculos.

Don Bosco le hizo observar que hacerse sacerdote quería decir renunciar a los placeres terrenos, a las riquezas, a los honores del mundo, a los cargos brillantes; estar pronto a soportar desprecios por parte de los malos y dispuesto a hacerlo todo, a soportarlo todo para promover la gloria de Dios, ganarse almas y, en primer lugar, salvar la propia…

-Estas indicaciones, replicó el joven, me empujan a abrazar la vocación sacerdotal. Porque en los otros estados hay un sinfín de peligros, que son mucho menores en el estado de que hablamos.

Pero surgieron las dificultades precisamente por parte del padre: era éste rico y no tenía otro heredero; en cuanto se enteró de su resolución, trató de disuadirlo, primero con cartas y luego yendo al Oratorio para llevárselo a casa. El muchacho cedió. Al despedirse del colegio don Bosco le dirigió estas palabras:

-Hijo mío, te espera una gran batalla. Ten cuidado con los malos compañeros y las malas lecturas. Ten siempre a la Virgen por madre y recurre a ella con frecuencia. Mándame pronto tus noticias.

El muchacho muy conmovido, prometiendo cumplir todo, partió con su padre al pueblo, y mantuvo su palabra. Condescendiendo por obediencia a las presiones de su padre, sacó el diploma de agrimensor, pero siguió firme en su vocación.

Llevaba consigo el amor al Oratorio y oía continuamente en su corazón las palabras de don Bosco: ‘¡Si pierdes el alma, todo está perdido; si salvas el alma, está salvado todo para siempre!¿. Cumplidor escrupuloso de la santificación de las fiestas, no se dejaba llevar por afán de ganancia a hacer ninguna peritación o tomar medidas en estos días.

-Los días de fiesta, decía, tengo que ir a la iglesia, y no quiero hacer nada más.

Su ejemplo y su palabra producían maravillosos resultados y prestaba una eficaz ayuda al párroco para todas las obras buenas. El 1871 volvía a don Bosco, abrazaba el estado religioso y, a su tiempo, se ordenaba sacerdote’.

El texto se encuentra en ‘Memorias biográficas de Don Bosco’, volumen 5.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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