Luis Eduardo López

Sobre los escritos de Luis Eduardo López Padilla

Pregunta:

Estimado en Cristo, Padre Fuentes:

 Esperando se encuentre muy bien quería preguntarle si los libros “Las Profundidades de Satanás” y “Advertencias Marianas” del escritor Luis Eduardo López Padilla están “prohibidos” a los católicos… Me han llegado varios mensajes que se basan en cosas dichas en estos libros; algunas son muy interesantes, pero no estoy segura de todo. ¿Me puede usted aclarar algo?

Le encomiendo a la Virgen. Milagros V.

Respuesta:

Estimada Milagros:

Respecto del segundo libro al que aludes, “Advertencias marianas”, no puedo decir nada, pues no le he leído, pero el Sr. Luis E. López Padilla promueve las apariciones de la llamada “Misión de la Virgen del Rosario del Pozo”, de Puerto Rico, prohibidas por los Obispos de Puerto Rico (en documento del 14 de noviembre de 2006) y por la Congregación para la Doctrina de la Fe (Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89; y Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89).

Del primer libro (Las Profundidades de Satanás. El proyecto milenario del Poder de las Tinieblas Ed. privada del autor, México 2006), en cambio, te haré algunas observaciones, pues en el año 2008 un amigo, muy creído de la autoridad de este autor, me obsequió un ejemplar que, desconociendo al autor, comencé a leer pensando encontrar una doctrina segura, topándome, en cambio, con una mezcla de buenas cosas y teorías disparatadas. A raíz de esto escribí una recensión, publicada ese mismo año en la Rev. Diálogo, que decía lo que transcribo a continuación con algunas modificaciones que he realizado posteriormente al conocer un poco más al Autor.

Luis Eduardo López Padilla es abogado, casado, con estudios de filosofía y teología. Ha escrito varios libros sobre la temática de los últimos tiempos y apariciones marianas. Por ejemplo “Advertencias Marianas” (1987), “El Diablo y el Anticristo” (1988), “Los Últimos Tiempos” (1991), “Apocalipsis, descubriendo el Plan de Dios” (1996), “El  Gran  Aviso de Dios” (2002), “¡Sí, Vengo Pronto!” (2004), “Apuntes sobre El Gobierno Mundial” (2004), etc.

El que nos ocupa es un libro extenso, divido en dos partes (“El poder de las tinieblas” y “Las profundidades de Satanás”).

Trata muchos temas, muchos de ellos de mucha actualidad e interés por parte del público en general, como por ejemplo, el demonio, la brujería y la magia, la masonería, los misterios de las pirámides, los niños índigo, la Ouija, la New Age, etc.

El autor habla con respeto del magisterio de la Iglesia y su doctrina en muchos temas es correcta y hasta provechosa. Pero ya en la Primera Parte del libro, la más aceptable, contiene afirmaciones que suscitan perplejidad o se inscriben directamente en el género del disparate. Así, por ejemplo, bajo el título “La Bóveda del Infierno” relata en págs. 82-84, una presunta perforación llevada a cabo en 1989 en Mourmansk (Siberia), por parte de un equipo de científicos de varios países, a 15 kms de profundidad; perforación que el A. considera que alcanzó “la bóveda del Infierno”, produciendo una visión colectiva del Demonio y la audición y grabación en cinta de los lamentos de los condenados; cita allí el testimonio de algunos científicos no soviéticos de la expedición (a los soviéticos se les habría administrado un sedante para borrar la memoria a corto plazo). El A. no manifiesta ninguna duda sobre la autenticidad del hecho y su interpretación. Y lo hace sin citar ninguna fuente segura y digna de crédito a pesar de que, como es obvio, es lo que toda persona seria buscaría en primer término. Como muestra este botón es más que suficiente.

En la Segunda Parte del libro se mezclan cosas de buen juicio y una fe católica de fondo de la que no dudo, con temas y desarrollos que pasman, entontecen y obligan a sentenciar el libro entre los relatos de corte apocalíptico y, en algunas páginas, cercanos a la ciencia ficción. De hecho en sus páginas son citados, sin ninguna crítica clara, autores tan dudosos como Von Däniken (“Recuerdos del futuro”) y muchos de los escritores que deleitan a los curiosos de pirámides, ovnis, apariciones misteriosas, etc.

Uno de los temas que más desconcierto nos ha producido –por el hecho de que hable de él con total desparpajo y aceptándolo a pies juntillas– es su interpretación del mito de la Atlántida, al que dedica muchas y muy importantes páginas y un rol, en definitiva, clave en la interpretación de la Historia profana y sagrada. El autor defiende no sólo la existencia de una civilización, descendiente de Adán y Eva por cierto, extraordinariamente desarrollada, destruida por Dios a causa de su soberbia, sino que la hace autora de los grandes monumentos de la antigüedad. Esta civilización habría alcanzado un conocimiento altísimo de la magia, corrompiéndose por su contacto con el demonio. De ellos provienen, directa o indirectamente, las grandes construcciones mayas, aztecas, egipcias, etc., y los secretos astrológicos y proféticos que guardan. A estos seres les atribuye un saber gnóstico diabólico, y a partir de ellos interpreta el difícil pasaje bíblico de los Gigantes nacidos de la unión entre “los hijos de Dios” y “las hijas de los hombres” (cf. Gen 6, 1-8), los que ocasionaron precisamente el Diluvio universal (que explicaría la desaparición de esa civilización, sepultada en las profundidades del océano). Los “hijos de Dios” serían, para López Padilla, los hombres descendientes de Adán, mientras que las “hijas de los hombres” serían las mujeres nacidas de seres “creados” por estos sabios pervertidos, por “manipulación genética” y “clonación”; de esta unión entre los descendientes de Adán y estos remedos diabólico-humanos, obra de reingeniería genética inspirada por el demonio, provendrían los Gigantes o Nefilim (su nombre bíblico: cf. Baruc 3, 26-28; Num 13, 32-33), monstruos genéticos ciclópeos de 4-6 metros de altura (cf. pág. 330 y siguientes). El Diluvio habría acabado con todo esto. Todo es disparate destilado de la más pura cepa.

En fin, el valor que da las presuntas profecías aztecas y mayas y otras, lo lleva a profetizar también él, señalando para el 20-21 de diciembre de 2012 el momento en que la humanidad entrará de lleno al “Final de los Tiempos” (cf. págs. 400 y siguientes); un poco más adelante añade “en diciembre de 2012, meses más, meses menos” (pág. 404); no se trata del fin del tiempo, sino del inicio de ese período y de la obra plena del Anticristo. Esta crítica la escribí en 2008; ahora en 2016 –sin fin del mundo, ni comienzos de ninguna era especial– es más que claro que los delirios de todos los que quieren acertar a las fechas apocalípticas no los hace fiables ni para jugar a la lotería.

Como puede presumirse, el libro de López Padilla nos deja desconcertados por la mezcla de temas, algunos bien presentados, otros que parecen tomados de páginas de Internet de dudoso fundamento, de alusiones a autores de recta doctrina (como Santo Tomás, Antonio Royo Marín, Juan Pablo II, Gabriel Amorth, Leonardo Castellani, Rafael Gambra, A. Hillaire), junto a otros que rondan la nebulosa de la fantasía y del camelo, como el ya referido Von Däniken, el “Discovery Channel”, etc. Los mismos títulos de los libros usados por el autor para los temas más controvertidos (pirámides, fenómenos extraordinarios, Atlántida, etc.) ya nos revela que se mueve en terrenos fangosos: “Las profecías Mayas” (Gilbert y Cottorell), “Guardián del Génesis. La búsqueda del legado oculto de la humanidad” (Hancock y Bauval), “La Huella de los Dioses” (Hancock), “Mitos Egipcios” (Hart), “La conexión Atlante” (Martínez Concha), etc.

Un libro extraño, como se ve. Y su Autor, una persona poco seria, por no decir algo más fuerte.

Añado que en 2013 el arzobispado de Valencia le negó el permiso para dar conferencias en ningún centro religioso ni parroquia de la Arquidiócesis (ver link). Actitud razonable, como puede verse por lo de más arriba.

P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

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