ideologia de genero

La ideología de género y la enseñanza en colegios católicos

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Hola Padre, mi nombre es A.B. Soy de Buenos Aires. Le cuento que empecé a hacer una suplencia en un colegio regenteado por religiosos (no menciono por prudencia la Congregación). Allí una profesora le está enseñando a los alumnos la ideología de género y ha llevado, para eso, miembros de la LGTT (lesbianas, gays, travestis y transexuales), enseñando a sus alumnos que lo sexual es cuestión de construcción y elección. Al hablar con las autoridades, planteándoles la incompatibilidad de estas doctrinas con la confesión católica del Colegio, me respondieron que dentro de la Iglesia hay otras posturas y no solo la que yo planteo, y que en la misma Iglesia conviven y compatibilizan esta postura de la de identidad como construcción con otras más tradicionales. Por esto, me gustaría que me dijera si esto es así, lo cual creo que no, pero también me gustaría tener fuentes como para demostrarlo en la misma Institución. Muchas gracias.

Estimada A. B.:

De ninguna manera hay en la Iglesia diversas posturas sobre este tema. Lo que puede ser es que haya personas, incluso pastores, que sostengan errores. Esto es inevitable, y es lo que explica todas las herejías que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

El Papa Francisco se ha referido a este tema en la Exhortación “Amoris laetitia” n. 56, donde puedes leer lo siguiente:

“Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo» [Relación final del Sinodo 2015, 8]. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No hay que ignorar que «el sexo biológico (sex) y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar» [ibid, 58]. Por otra parte, «la revolución biotecnológica en el campo de la procreación humana ha introducido la posibilidad de manipular el acto generativo, convirtiéndolo en independiente de la relación sexual entre hombre y mujer. De este modo, la vida humana, así como la paternidad y la maternidad, se han convertido en realidades componibles y descomponibles, sujetas principalmente a los deseos de los individuos o de las parejas» [ibid. 33]. Una cosa es comprender la fragilidad humana o la complejidad de la vida, y otra cosa es aceptar ideologías que pretenden partir en dos los aspectos inseparables de la realidad. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

También te transcribo un párrafo de la conferencia del año 2009 del Cardenal Ennio Antonelli, presidente (en ese momento) del Consejo Pontificio para la Familia, dada a los nuevos obispos (los nombrados por el Papa, el año anterior a esta conferencia) sobre “El obispo y la pastoral familiar”. Dice así en el párrafo dedicado al tema de “La teoría de género”:

«El desafío más peligroso viene de la ideología de género, nacida en los ambientes feministas y homosexuales anglosajones y ya difusa ampliamente en el mundo. Según dicha teoría, el sexo biológico no tiene ninguna importancia; no tiene mayor significado que el color de cabello. Lo que cuenta es el género, o sea la orientación sexual que cada uno elige libremente y construye según los propios impulsos, tendencias, deseos y preferencias. Se ha hecho célebre la frase de Simone de Beauvoir: “On ne naît pas femme; on le devient” (No se nace mujer se hace). Frase acuñada sobre el vestigio de una afirmación de Erasmo di Rotterdam a propósito de la educación de los niños “Homines non nascuntur, sed effinguntur”. El ser humano es, pues, no una realidad natural, sino cultural (constructivismo).

El valor supremo a tutelar es la libertad de elección. Cada uno debe tener la posibilidad de construir la orientación sexual propia y eventualmente cambiarla durante su vida. Mientras los sexos biológicos son dos solamente, las categorías de comportamiento sexual son numerosas: heterosexual masculina, heterosexual femenina, homosexual, lésbico, bisexual, transexual, travesti, voyeurismo, otras formas indiferenciadas y flexibles. Todas las prácticas son respetables y de legitimidad social. En el pasado la diferencia natural de los dos sexos servía para afirmar y mantener la supremacía y el dominio masculino en muchos ambientes: economía, instrucción, arte, filosofía, religión, política, convivencia civil. Según la concepción naturalista (véase por ejemplo Aristóteles) el hombre nace para ser activo en la producción, para trabajar fuera de casa, para operar en la sociedad, para dirigir; en cambio la mujer nace para ser pasiva en la producción, acoger la vida y cuidarla, educar a los hijos, trabajar en casa, obedecer. El naturalismo debe ser sustituido por el constructivismo, el valor falso del sexo por el valor del gender. Se necesita renovar la mentalidad y el modo de vivir, cambiando las normas sociales que rigen la sexualidad.

En nombre de la libertad de elección, de la igualdad y de la lucha contra la discriminación vienen reivindicados los llamados “nuevos derechos humanos” y en particular los “derechos sexuales y reproductivos”. Vuelven en esta categoría: la legitimación jurídica de las varias formas de convivencia, la familia en todas sus formas, el derecho al ejercicio estéril de la sexualidad (solución a la explosión demográfica), el matrimonio gay, la anticoncepción, la libertad de abortar, la libertad para todos de adoptar niños, la libertad de procrear artificialmente, la represión de la homofobia, la promoción de la libertad sexual de los adolescentes aún en contra de la voluntad de sus padres.

A las instancias políticas de los varios niveles se les pide de gobernar según la perspectiva de género. Desgraciadamente estas peticiones encuentran una escucha creciente: ONG, Agencias de la ONU para la población, salud y educación, conferencias del Cairo (1994) y de Pekín (1995), Parlamento Europeo de Estrasburgo. Hasta ONG de inspiración cristiana y asociaciones caritativas católicas se dejan tentar de palabras sacrosantas como dignidad, misericordia, respeto a la libertad, lucha contra la discriminación y la marginación».

El texto completo lo puedes encontrar en la página del Vaticano.

La doctrina católica sobre cada una de estas problemáticas (homosexualidad, lesbianismo, transexualidad….) es la que encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. nn. 2357-2359) y en los demás documentos magisteriales. Si alguien enseña lo contrario, simplemente enseña contra la Doctrina Católica, aunque se proclame católico, lo cual pasa a ser pura palabrería, sin ningún valor efectivo, porque lo que hace que alguien sea católico es que comparta la fe de la Iglesia, además de estar válidamente bautizado en ella; no el mero autoproclamarse.

En Cristo y María.

Con mi bendición.

P. Miguel A. Fuentes, IVE.

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