Hijo del hombre

El “Hijo del hombre”

Pregunta:

Querido hermano en Cristo, soy un asiduo lector de la Biblia, pero reconozco que en ella encuentro cosas que no puedo explicar. Una de ésas es la expresión “El Hijo del Hombre”. Jesús dice que él es el Hijo del Hombre. ¿Quiere decir eso que es hombre nada más y que su padre fue un hombre? ¿Está negando su divinidad? Me tiene confundido.

Respuesta:

El título “Hijo del hombre” procede del Antiguo Testamento, en concreto del libro del Profeta Daniel, de la visión que tuvo el Profeta: Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi venir sobre las nubes del cielo a uno como hijo de hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fue presentado ante éste. Le fue dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno que no acabará, y su imperio, imperio que nunca desaparecerá (Dan 7,13-14).  Cuando el Profeta pide la explicación de esta visión, obtiene la siguiente respuesta: Después recibirán el reino los santos del Altísimo y lo poseerán por siglos, por los siglos de los siglos… Entonces le darán el reino, el dominio y la majestad de todos los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo (Dan 7, 18. 27). El texto de Daniel, contempla a una persona individual y al pueblo. Señalemos que lo que se refiere a la persona del Hijo del hombre, se vuelve a encontrar en las palabras del Ángel en la anunciación a María: Reinará… por los siglos y su reino no tendrá fin (Lc 1,33).

Por eso, cuando Jesús utiliza el título “Hijo del hombre” para hablar de Sí mismo, recurre a una expresión proveniente de la tradición canónica del Antiguo Testamento, presente también en los libros apócrifos del judaísmo. Pero conviene notar, sin embargo, que la expresión “hijo de hombre” (ben-adam) se había convertido, en el arameo de la época de Jesús, en una expresión que indicaba simplemente “hombre” (bar enas). Por eso, al referirse a Sí mismo como “Hijo del hombre”, Jesús logró casi esconder, tras el velo del significado común, el significado mesiánico que tenía la palabra en la enseñanza profética.  Por tanto, Jesús usa este término para referirse a Sí como Mesías, aunque sus oyentes pensaban que sólo decía que era verdaderamente “hombre”. Jesús decía, pues, algo más de lo que algunos de ellos creían entender, aunque estaba al alcance de los letrados que debían identificarlo como Mesías, a quienes principalmente iba dirigida su enseñanza.

Jesucristo

¿Cómo sé yo que Jesucristo va a venir nuevamente?

Pregunta:

Unos vecinos protestantes siempre me sacan el tema de que Jesús está por venir. Yo no lo niego, pero tampoco sé cómo tomar esto. Nosotros los católicos ¿tenemos algún elemento para juzgar esto? ¿Cómo sabemos cuándo va a volver Jesús?

Respuesta:

Por supuesto que Jesucristo va a volver; ésta es una verdad de nuestra fe. La decimos en el Credo: “vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos”. Ésa será la segunda (o tercera según se cuente) venida: vino en la Encarnación; viene a cada alma por la gracia y la cruz (la Sagrada Escritura llama a esto “visitación”) y vendrá al final de los tiempos. Éste es un dogma de los más importantes y muy negado hoy, lamentablemente. Esta verdad está revelada hasta el cansancio: lo dicen los ángeles a los Apóstoles durante la Ascensión de Cristo: Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo (Hch 1,11); San Pablo habla a los Tesalonicenses de la necesidad de… esperar así a su Hijo Jesús que ha de venir de los cielos (1Tes 1,10); y también habla de la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos (3,13). Y Jesús, en el momento solemnísimo de su juicio ante el Sanedrín, lo dice a los Sumos Sacerdotes con palabras muy graves: Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo (Mt 26,64; Mc 14,62; Lc 22,69). Este dogma es fundamental para nuestra fe; y tan importante como el de su Primera Venida, es decir, la Encarnación. San Policarpo de Esmirna, escribía a los Filipenses estas terribles palabras: “Quien no reconoce que Jesucristo ha venido en la carne, es un anticristo; y quien rechaza el testimonio de la cruz, viene del diablo; y quien pervierte las palabras del Señor adaptándolas a sus malvados deseos, y niega la resurrección y el juicio, éste es el primogénito de Satanás”[1]. Lo que este dogma quiere decir, es que el mundo no continuará desenvolviéndose indefinidamente, ni acabará por azar, sino por una intervención directa de su Creador. Hoy muchos lo han olvidado pareciéndose a las vírgenes necias del Evangelio, que porque el Novio se hacía esperar pensaron “no viene más” y se durmieron. Vino igual y ellas quedaron fuera de la fiesta. Al olvidarse uno de esta verdad, deja de entender la historia (que para él pierde sentido), puede terminar perdiendo la fe (afirmando que Jesús no vuelve) y paganizándose.

Jesucristo dio signos de la llegada de este juicio, aunque sobre el día preciso no nos dijo nada; y deliberadamente lo ocultó: ni los ángeles del cielo lo saben. ¿Para qué? Para que estemos preparados en todo tiempo. Esos indicios los podemos resumir en tres grupos:

(a) Antes de la Parusía: han de ser evangelizadas la plenitud de las naciones; se dará una apostasía universal (se enfriará la caridad de muchos); y con esto la venida del Anticristo (cf. 2Tes 2,3); será soltado Satanás por un tiempo para que seduzca a las naciones (cf. Ap 20,7); aquí se dará la conversión de los judíos, (cf. Ro 11,25); se dará una gran tribulación como nunca fue vista (cf. Mt 24,21)

(b) Durante la Parusía (cf. Mt 24 y 25): habrá signos en la tierra y en el cielo: oscurecimiento, terremotos, etc.; aparecerá el estandarte de Jesucristo en los cielos; se lamentarán las tribus de la tierra; verán venir al hijo del hombre: Jesucristo; los ángeles reunirán a los elegidos; separará Jesús a los elegidos de los réprobos, o sea, el Juicio Final.

(c) Después de la Parusía: pasarán con estrépito estos cielos y esta tierra (cf. 2Pe 3,10.12); aparecerá un cielo nuevo y una tierra nueva (cf. 2Pe 3; Ap 21,1); reunirá a los suyos para el gran banquete final (cf. Lc 22,30).

¿Y se cumplen? Según se los mire, algunos dicen que ya se cumplieron casi todos; otros dicen que faltan algunos. ¿Y entonces? Entonces eso quiere decir que hay que estar preparados siempre… Como si fuera a venir hoy mismo. Por eso el Apocalipsis llama a Jesús no “el que viene”, sino concretamente “El Viniente”; está viniendo; ya empezó el viaje… Él mismo se comparó con un ladrón que viene en la hora menos esperada…

Ante esto, nuestra actitud ha de ser esperanza, deseo y preparación. Porque la Parusía es un misterio con dos caras: terrible y gozosísimo. Terrible para los que no estén preparados, los injustos, los pecadores, los obradores de iniquidad; gozosísimo para los que son de Cristo. Lo dice resumidamente la Didajé, el escrito cristiano más antiguo no-escriturístico: “Venga la gracia y pase este mundo… El que sea santo que se acerque. El que no lo sea, que haga penitencia. Maranhatá. Amén”[2]. Y de modo mucho más hermoso todavía, lo dice San Juan en el Apocalipsis: El Espíritu y la Novia dicen: “¡Ven!”. Y el que oiga, diga: “¡Ven!”. Y el que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida… Dice el que da testimonio de todo esto: “Sí, vengo pronto”. ¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía:

 Leonardo Castellani, El Apokalypsis de San Juan, Ed. Vórtice, Buenos Aires 1990.

 Leonardo Castellani, Los papeles de Benjamín Benavidez, Dictio, Buenos Aires.

Leonardo Castellani, Jesucristo, ¿vuelve o no vuelve?, Buenos Aires, Dictio 1976.

[1] San Policarpo, Ad Phil., 7,1  304.

[2] Didajé, 10,6.

Anselm Grün

Sentidos bíblicos: La acomodación psicologista de Anselm Grün

SENTIDOS BÍBLICOS

La acomodación psicologista de Anselm Grün

Una lectora del Blog Toma y Lee, Edit, me pidió, en un comentario, que le aclarara más lo del “sentido acomodado” o “traslaticio” y sentido literal, porque desea entender mejor los abusos interpretativos que practica Anselm Grün – que no está solo, dicho sea de paso, en este extendido vicio – cuando presenta como equivalentes las interpretaciones eclesiásticas tradicionales por un lado y los sentidos acomodados y traslaticios como si fueran sentidos bíblicos auténticos, por el otro.

Anselm Grün y Eugen Drewermann

Para entender el método que practica Anselm Grün conviene tener en cuenta que, en los primeros años de la década de 1990, el sacerdote alemán Eugen Drewermann había sido suspendido de su cátedra en Paderborn y, más tarde, también suspendido en el ministerio sacerdotal. El motivo fue que Drewermann sostenía una interpretación psicologista del mensaje bíblico y evangélico, descalificando las interpretaciones católicas tradicionales como erróneas. Sus tesis eran una plasmación de la doctrina modernista de la revelación de Dios inmanente al alma en forma de fenómenos psicológicos, en la línea de las doctrinas de Sigmund Freud y Carl Jung.

Anselm Grün, naturalmente, ya no hace lo mismo. Sería suicida. De haberlo hecho se hubiera expuesto a correr la misma suerte que Drewermann, si se hubiera topado, como éste, con un pastor celoso como lo fue el Arzobispo de Paderborn, Mons. Johannes Joachim Degenhardt. El arzobispo Degenhardt soportó a pie firme la tormenta desatada en los medios en su contra por su intervención en el caso Drewermann. Juan Pablo II reconoció el mérito del coraje del Arzobispo y lo promovió al cardenalato.

Anselm Grün, aunque manifiesta sus simpatías por los enfoques de Drewermann citándolo en su bibliografía, se guarda de imitar la brutal sinceridad de su maestro.

Lo que hace Anselm Grün no es negar de plano, como Drewermann, la interpretación tradicional del Evangelio y proponer sustituirla por una interpretación psicologista de corte entre analítico y junguiano. Su método apunta a una sustitución pragmática sin entrar en una refutación teórica.

El evangelio como libro de autoayuda

Anselm Grün presenta las interpretaciones bíblicas correctas, de autores reconocidos, como por ejemplo Pesch, pero las yuxtapone, a sus interpretaciones psicologistas presentándolas como son equivalentes: “o también”. Grün baraja sentidos bíblicos reinterpretados en sentido acomodado o traslaticio. El confiado lector se encuentra con el relato evangélico y su sentido literario tradicional que le es familiar, pero también se le sirve, en el mismo plato, la acomodación psicológica, como si fuera igualmente válida. Pero en la acomodación psicológica, una resurrección puede convertirse simplemente en una curación y ser tratada como tal. Y una posesión demoníaca puede convertirse en un estado de exasperación emocional y psicológica. No se niega la resurrección, pero se presenta como alternativa válida una interpretación que la explica como curación. No se niega la acción demoníaca por posesión, obsesión o tentación, pero se habla de “las propias sombras”.

Jesús camino hacia la libertad…

Para mostrar en qué consiste este procedimiento, tomo aquí un ejemplo del comentario de Anselm Grün al Evangelio de Marcos titulado: Jesús, camino hacia la libertad. El evangelio de Marcos[1].

Ya desde el título de la obra Anselm Grün ensaya uno de sus pases de magia hermenéuticos. Jesús es camino hacia libertad. La afirmación la suscribirá cualquier creyente.

Pero ¿hacia qué libertad?…

La libertad de que habla Anselm Grün no es la misma de la que habló Jesús y se lee en Marcos. Según lo presenta Anselm Grün, Jesús ya no es el camino hacia la libertad porque sea el camino que nos conduzca al Padre, y porque nos convierta en hijos y nos de la libertad de los hijos.

La libertad de que habla este monje, se ha soltado, sin negarlo explícitamente pero en el modo de tratar la materia, de su relación a la meta real del camino de Jesús.

La libertad de la que habló Jesús, – la de los hijos de Dios por vivir según la voluntad del Padre y dentro de la vinculación filial -,  ha quedado sometida y reducida a un concepto pre-cristiano o preter-cristiano de libertad. La misión de Jesús ha quedado reducida a una función de liberador terapéutico por vía de un agudo conocimiento psicológico y una praxis que, en el fondo, es puramente natural, intramundana y psicológica.

La libertad es, en el contexto de las demás obras de Anselm Grün la integración de los contrarios, la integración de la sombra junguiana, que es inaceptable para la espiritualidad cristiana, porque implica aceptar el pecado y hasta lo demoníaco, para integrarlos en la unificación del yo.

La resurrección de la hija de Jairo según san Marcos (5, 21-43)

Para advertir mejor los malabarismos retóricos de Anselm Grün, partamos primero del sentido literal en san Marcos. El evangelista Marcos, antes de llegar a este relato de resurrección de un muerto, ha venido mostrando el poder de Jesucristo primero sobre el viento y el mar, luego sobre los demonios, y ahora sobre la vida en su origen (el seno de la hemorroísa) y en su final (el lecho de muerte de la hija de Jairo).

Marcos quiere decirnos que en Jesús se encuentran todos los poderes que la Sagrada Escritura reconoce como exclusivos de Dios: Jesús es Señor de los elementos de la naturaleza, Señor tiene poder sobre los demonios y es Señor de la vida y de la muerte. La intención de Marcos es pues decirnos quién es Jesús y reconocerle poderes divinos.

Veamos ahora lo que interpreta Anselm Grün de espaldas a este sentido literal y en realidad sustituyéndolo.

La “curación” [no la resurrección] de la hija de la hija de Jairo según Anselm Grün

Anselm Grün proyecta en el texto evangélico una interpretación psicológica, de consejería familiar, totalmente ajena a la intención de Marcos y por lo tanto al sentido literal del pasaje.

En primer lugar hay que notar que Grün evita hablar de resurrección de la niña. Él habla de “curación”[2]. Y nos explica, con pericia de psicólogo, que su enfermedad habría sido causada por un mal vínculo con su padre.

El texto evangélico trataría, según Grün, de: “cómo se desarrolla una chica que pasa inadvertida para su padre… con tantas responsabilidades como él tiene, él ignora a su hija, y ella se pone enferma, incluso muere. Ella no puede vivir. El padre ve que no puede ayudar a su hija, a pesar de toda su piedad y de su alta posición. Y entonces se produce el primer paso de la terapia[3] él va a otro[4], se arrodilla ante Jesús y le pide ayuda. Él reconoce su impotencia. Se trata de un paso muy importante para la curación[5] de su hija. Si el padre suelta su poder, con el que cree dominar todo, entonces podrá liberar también a su hija del asidero estrangulador de su mano”[6].

¡Otro padre torpe más! ¡Cuidado con Dios Padre!

Nótese que en esta interpretación acomodaticia, no se nos dice palabra ni de la fe del padre ni de su oración, ni de que acuda a Jesús y no a un psicólogo.

Anselm Grün tiene una visión del padre que es más bien tributaria de la depreciación cultural y de la demolición de la autoridad paterna, y al final, de toda autoridad. Jesús es un camino hacia la libertad de toda autoridad, sobre todo de la autoridad del Padre.

La autoridad del Padre tiene un efecto estrangulador[7] sobre la niña.

¿Y la del Padre celestial sobre nosotros? ¿Acaso viene Jesús, como afirmaba Freud, a liberarnos de Dios Padre, en vez de hacernos libres precisamente al hacernos hijos?

Un poco más adelante, Anselm Grün sigue su explicación, olvidado de la resurrección, del poder de Jesús y de la intención de Marcos: “Jesús siente que la relación del padre con su hija está determinada por el miedo. Los padres quieren tenerlo todo controlado. Les resulta difícil soltar a su hija y confiarla al poder curativo de Dios” […] “El miedo del padre le lleva a controlar a su hija o bien a fijarlo todo para que ella corresponda a sus ilusiones. El padre cuida a la hijo no porque confía en ella, sino porque é mismo quiere moldearla en lugar de rendirse al modelo que Dios le ha introducido”[8].

Anselm Grün nos informa acerca de Jairo como si lo hubiera conocido ¿Por qué se calló Marcos todos estos detalles que nos hubieran explicado todo mucho mejor, sin necesidad de resurrección, de milagro y hasta sin Jesús?

Pero además Anselm Grün desvía la atención del lector del evangelio de la verdadera intención del autor inspirado y del texto, – que es decirnos quién es Jesús -, hacia recetas de consejería familiar, que no son malas en sí, pero que aquí están fuera de lugar y tergiversan el sentido del texto bíblico.

La parábola del Sembrador naturalizada psicologizada

¿El sembrador o las semillas? Anselm Grün: Interpretación psicologista.

Anselm Grün interpreta la parábola del sembrador y muchos otros pasajes evangélicos en una clave psicologista, que no es un sentido propiamente bíblico sino un sentido acomodado o traslaticio.

El Sentido bíblico es el que intentó el escritor sagrado.

El sentido acomodado o traslaticio, es un sentido ajeno al sentido bíblico, que le atribuye arbitrariamente un lector y no es el inspirado por Dios  al autor del texto de la Escritura.

Al explicar la parábola del sembrador, clave de interpretación de todas las parábolas, Grün cree encontrar en ella sus propias teorías sobre cuatro tipos de hombre. Y si bien Anselm Grün habla de Jesús, de la Palabra de Dios, de la apertura a la palabra del Evangelio y de los frutos que dará en su vida el recibirla, una lectura atenta demuestra que su interpretación no es propiamente bíblica, sino que va en un sentido predominantemente acomodado o translaticio, que no puede llamarse propiamente sentido bíblico, y que pone al lector en una pista por lo menos distractiva, de naturaleza psicológica más que religiosa.

“Anselm Grün – me comentó certeramente un obispo amigo – lee el Evangelio como un libro de autoayuda”.

Para Anselm Grün, Jesús habla, en la parábola, de “cuatro tipos de hombre que escuchan la Palabra de Dios”. “Jesús quiere advertirnos para que no tomemos la Palabra de Dios superficialmente”.

Pero es lo que hace el mismo Anselm Grün al pasar de largo sobre el sentido literal que es el que el autor sagrado dijo y quiso decir.

Los daños que Anselm Grün considera que se siguen de no recibir la semilla en buena tierra son de orden psicológico y no religioso.

Da la impresión de que la interpretación de Anselm Grün no servirá al lector para entrar en el misterio del Reino, sino que lo dejará oyendo sin entender, viendo sin ver, y en último término sin convertirse para obtener el perdón al entrar en la comunión de fe y amor con Cristo y con el Padre.

En conclusión:

¡Es abusivo leer el evangelio como un libro de autoayuda y/o de consejería familiar! Más vale no mezclar los géneros literarios. El Evangelio sea Evangelio. Y para autoayuda y consejería familiar, no echar mano de comentarios bíblicos. Es confundirlo todo.

Publicado por P. Horacio Bojorge, SJ. en su blog.

Escolio al Artículo Tercero

El sentido acomodado no es sentido bíblico es decir inspirado por Dios

A pedido de Edita prosigo explicando mejor en qué consiste el sentido acomodado que hemos señalado a propósito de los comentarios bíblicos de Anselm Grün.

El sentido acomodado es un sentido que atribuye al texto un lector, pero que es ajeno al sentido que quiso darle – y de hecho le dio -al texto, el autor sagrado, inspirado por Dios.

Podría llamarse también sentido “atribuido” por un lector. Por lo cual, este “sentido” no es Palabra de Dios, sino que es, simplemente, palabra de hombre.

En efecto: “para que el intérprete [que es un lector] de la Sagrada Escritura comprenda lo que Dios quiso comunicarnos, debe investigar con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y plugo a Dios manifestar con las palabras de ellos” [Constitución Dei Verbum Nº 12].

El sentido acomodado es, por lo tanto, un sentido ajeno al sentido literal, que como se ha dicho, es el único inspirado por Dios y digno de prestarle fe. Es, por eso mismo, el único válido para argumentar en teología.

El sentido literal, ya lo dijimos antes, es el que pretendió dar a sus palabras el autor sagrado.

El sentido acomodado es el que le atribuye al texto un lector, no su autor.

La acomodación se presta por lo tanto a cometer una verdadera usurpación de la Palabra de Dios, su tergiversación ingenua o maliciosa, (lo mismo da). Se presta a cobijar bajo la autoridad divina, las propias ideas, ideologías y pensamientos. Puede prestarse a veces a cometer una verdadera estafa del sentido literal auténtico del texto sagrado, escamoteándolo y sustituyéndolo por un sentido puramente humano pero disfrazado de Palabra de Dios. Realmente: una falsa profecía.

En cuanto que el sentido acomodado es una atribución: la atribución puede quedar implícita [atribución mental] o afirmarse explícitamente como sentido literal [atribución argumental]. Puede ser ingenua por simple error, o puede ser advertida, pretendida e intencional. A su vez, esta atribución intencional puede ser simplemente decorativa o bien puede ser esgrimida argumentalmente, utilizada con fines humanos, como es el caso de las acomodaciones psicológicas y de consejería en los escritos bíblicos de Anselm Grün.

Los que pretenden que le es lícito al lector atribuirle sentidos diversos a los textos de la Sagrada Escritura, pierden de vista la doctrina católica de la inspiración y – con ella – la diferencia que existe entre autor y lector, desde el punto de vista de Dios y de la acción del Espíritu Santo en el uno o en el otro.

El autor tiene el carisma de la inspiración. El lector o intérprete no.

Éste debe atenerse al sentido literal y prestarle fe; debe argumentar partiendo de él y fundándose en él. Le es lícito sacar consecuencias del sentido literal (sentido consecuente) pero no atribuirle sentidos que eran ajenos a la intención del autor.

“Se entiende por sentido acomodado – dicen Tuya-Salguero – el uso [!!!] de los textos bíblicos, aplicados a otro propósito del que fue intentado por el hagiógrafo”.

Obsérvese bien: El que acomoda la Escritura, ¡la usa!, o sea se apropia de ella y la instrumentaliza para sus propios fines, que pueden ser ajenos y aún contrarios a la intención de Dios y del autor Sagrado. Es un uso que se hace de los textos bíblicos. Usar e instrumentalizar supone un adueñarse de la palabra para los propios fines. El creyente en cambio, no es dueño del sentido de la escritura, sino su servidor y oyente, que obedece a la Palabra de Dios.

“El fundamento de la acomodación – prosiguen Tuya y Salguero – es cierta analogía que puede haber entre un texto en cuestión y el propósito distinto al que quiere traérsele [aducirlo]”

“Este fundamento analógico del texto puede ser doble: si está basado en el contenido del mismo, entonces hay la “acomodación real”, o “por extensión” [sentido consecuente] si está basado sólo en la semejanza o asonancia material de las palabras, hay la “acomodación verbal”, o “por alusión” [al texto bíblico].

Cuidado con la irreverencia

Cuando la acomodación se hace sin suficiente fundamento espiritual y religioso, hay que aplicar la advertencia de Tuya y Salguero:

“se ha de tener muy presente que no se han de “acomodar” con violencia, pues sería traer esos pasajes a contrapelo, y no quedaría exento su uso de irreverencia para con la palabra de Dios. Y, en consecuencia, que no se puede sacar argumento dogmático tomado de esta palabra de Dios, ya que se la toma sólo por “analogía”.

Hay una irreverencia muy difundida en ambientes religiosos que usa palabras de la Sagrada Escritura en situaciones o para fines profanos. Por ejemplo: se produce un apagón en un convento y alguien exclama jocosamente “¡Hágase la luz!”. Todo un Señor Presidente, termina un discurso invitando a su país con la frase de Cristo: “¡Levántate y anda!”.

Si el segundo mandamiento prescribe no tomar el Santo Nombre del Señor en vano, cae bajo la misma prohibición no tomar sus santas palabras en vano ni para la broma o sin necesidad. Hacerlo es faltar al segundo mandamiento.

[Fuente: Manuel de Tuya – José Salguero, Introducción a la Biblia, BAC, Madrid 1967]

[1] Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 2006

[2]  Ver páginas. 60-61

[3] ¿Terapia de una muerta? Tácita tergiversación del dato textual e implícita negación del hecho milagroso de la resurrección de un muerto.

[4] ¿A un cualquier otro? parecería que en este caso se hubiese dado la casualidad de que ese otro fuese Jesús. Lo que se da a entender es que hay que debió acudir a un terapeuta.

[5] Anselm Grün evita: “resurrección”. La inerpretación psicologista no respeta el hecho revelado. Al contrario, da la excusa para despojarlo de su dimensión revelatoria.

[6] Ver páginas. 60-62

[7] Nótese la elección de un vocabulario terrorista. Ese padre, que por su fe alcanza un milagro de Dios, se convierte en la interpretación de Anselm Grün en un villano, un padre prepotente y arbitrario.

[8] O.c. p. 61

Anselm Grün

La hermeneutica biblica de Anselm Grün

LA HERMENÉUTICA BÍBLICA DE ANSELM GRÜN[1]

Las acomodaciones psicologistas

Eugen Drewermann, Anselm Grün, John A.Sanford

La sexta vez que me ocupé de errores o abusos de la acomodación en la interpretación bíblica[2] fue más recientemente, ante los escritos del benedictino alemán Anselm Grün que pertenecen a la familia de los que podemos llamar los errores psicologistas. Tienen de común con la teología de la liberación, que no tienen como meta presentar el sentido auténtico de la Escritura tal como ha sido siempre interpretada por la Iglesia y según la fe católica, sino que usan de los textos bíblicos con una intención ajena a su sentido literal y auténtico. Unos tienen como meta la libertad política, los otros la libertad psicológica del individuo.

 El benedictino alemán Anselm Grün, difundido por nuestras editoriales “católicas”, y en Argentina hasta por Radio María, en su obra “Evangelio y psicología profunda” reconoce, sin ahorrarle elogios, que su fuente de inspiración es la obra del sacerdote alemán Eugen Drewermann, que fue separado de su cátedra primero y de su ministerio sacerdotal después, precisamente a causa de su exégesis psicologista. Este magisterio de Drewermann, lo reconocía Anselm Grün en la primera edición de su obra “Evangelio y psicología profunda”[3], publicada en 1988. Tres años después, el obispo de Paderborn separaría al P. Eugen Drewermann de su cátedra, y al año siguiente le prohibiría predicar y lo apartaría del ejercicio del sacerdocio.

 En 1988 reconocía Anselm Grün: “en todo cuanto sigue utilizo los dos tomos de Drewermann Psicología profunda y exégesis, a los que debo interesantes puntos de vista, y un libro de Sanford, discípulos [ambos] de Carl G. Jung, en el que el autor hizo ya hace veinte años [hacia 1968, contemporáneamente a Gabriel Morán] una exégesis bíblica desde el punto de vista de la psicología profunda” [Anselm Grün, Evangelio y Psicología Profunda, p. 8].

Es evidente que no se puede considerar el pensamiento de Anselm Grün como “un intento válido de conciliar la fe y la espiritualidad católica con la ciencia psicológica actual”. Todo lo contrario.

 El mismo Anselm Grün se considera discípulo de las interpretaciones bíblicas de Eugen Drewermann, del pastor John A. Sanford, psicologistas inspirados en los métodos e ideas de Carl Jung.

John A. Sanford

Abro aquí un paréntesis para informar al lector brevemente acerca de quién es John. A. Sanford, a quien Anselm Grün cita solamente por su apellido y sin nombrar la principal obra psicologista a la que se refiere y que versa sobre el Evangelio según San Juan leída en clave de psicología profunda.

John A. Sanford (1929-2005) fue un psicoanalista junguiano y ministro o pastor episcopaliano. En 1955, fue ordenado en el Seminario Teológico Episcopal de Cambridge, Mass. Más tarde, fue profundamente influenciado por su mentor, Fritz Kunkel, discípulo de Carl G. Jung, el psiquiatra suizo y fundador de la psicología analítica, de quien Jack era un estudiante dedicado. Estudió y dominó la mitología griega, lengua griega, y la historia indígena Americana. La primera asignación de oficina de Jack como sacerdote asistente fue en la parroquia de St. Luke’s en Monrovia en 1955. Fue nombrado rector de la iglesia de Trinity en Los Ángeles en 1958.

Aunque Anselm Grün no especifica a qué libro de Sanford se refiere como su fuente de inspiración, es casi seguro que alude a tres de sus principales libros 1) Mystical Christianity: A Psychological Commentary on the Gospel of John; 2) The Kingdom Within: The Inner Meaning of Jesus’ Sayings y 3)Dreams: God’s Forgotten Language

John A. Sanford

John A. Sanford, uno de cuyos libros dice seguir Anselm Grün, es un pastor episcopaliano estadounidense, autor de una interpretación psicologista en clave junguiana del Evangelio según San Juan, que ve a Jesús como un hombre común y se refiere a él como una persona humana: “En la cruz colgó la persona más consciente que el mundo haya conocido jamás. En él, la mente de Dios fue ejemplificada y revelada… Cuando la consciencia de una persona individual aumenta, este hecho afecta la conciencia general de la humanidad”.

La obra de Sanford sobre el Evangelio de Juan interpretado desde el punto de vista de la psicología junguiana es presentada como “Un comentario psicológico que recorre todo el evangelio con sus imágenes del agua viva, el pan de vida, el vino mejor, el buen pastor y otros símbolos de Jesús”.

 No hay referencia aquí al Verbo del Principio, al Hijo, al Jesús que lleva al Padre. No se trata de una interpretación del texto sino de una sustitución de los sentidos auténticos del texto según los han entendido la Iglesia y los santos.

 Según un comentarista, Sanford viene a desenredar (¡por lo visto el sentido literal es una maraña incomprensible para el hombre moderno!) a desenredar el sentido más profundo del texto de Juan. Ese sentido más profundo humanamente no sería el sentido inspirado que ha leído siempre la Iglesia, la revelación del Padre a cargo del Hijo que vive de cara a la profundidad del seno de Dios, sino un sentido más profundo en las dimensiones de la profundidad del alma humana, que viene a sustituir al enmarañado discurso sobre Dios Padre y Dios hijo, incomprensible para el hombre de hoy. Y lo sustituye más que por simple acomodación mediante una verdadera sustitución por impostura del sentido que intentó el autor inspirado por Dios y Dios mismo.

 Afirma Sanford: “El autor del cuarto Evangelio era un genio religioso cercano a Cristo. Un resultado de este genio es que el Cristo cuyas palabras escuchamos en este evangelio no es el Jesús histórico de los evangelios Sinópticos sino el Cristo cósmico resucitado. La vitalidad perenne de este evangelio único proviene de su capacidad de brindar a los lectores de sucesivas generaciones nuevas intuiciones que solamente un avance en la comprensión espiritual y psicológica puede hacer posible”. De la acción del Espíritu Santo y de la gracia, ni una palabra.

 La afirmación sugiere la convicción común a los autores modernisto-progresistas, de que la interpretación de fe eclesiástica es hoy inaceptable y superada y ha perdido su vitalidad. El sentido literal y eclesial quedó atrás como algo enmarañado, incomprensible para las nuevas generaciones iluminadas por la nueva espiritualidad modernista, lo conciencia y la psicología profunda donde tiene lugar la auténtica revelación de Dios para el hombre.

 He aquí, en otras palabras, un ejemplo claro de la convicción modernista de que la revelación de Dios la encuentra el hombre espontáneamente desde su “inmanencia vital”, o de su “experiencia de vida”, o como un “hecho de vida”, o por participación en un imaginario colectivo.

Jung, en quienes algunos cristianos e incluso sacerdotes creyeron ver un autor que hacía conciliable la moderna psicología con la fe cristiana, superando el pansexualismo y el ateísmo práctico freudiano, es, sin embargo, un pensador modernista que buscó y creyó ver en la inmanencia psicológica la revelación de Dios.

 

Prosigo con Anselm Grün

Anselm Grün practica la misma acomodación psicologista que Eugen Drewermann y John A. Sanford, atribuyéndole arbitrariamente, al texto bíblico, un sentido de orden psicológico, del “imaginario” que sin embargo él presenta como si fuera mejor sentido que el sentido literal, al que califica, lisa y llanamente, desdiciendo desaprensivamente la tradición y el magisterio, de: “inútil”.

El sentido literal es inútil

Cuenta, en efecto, Anselm Grün que en sus retiros bíblicos a jóvenes:

“[Los jóvenes] se lanzaron a veces a hacer una interpretación de los textos bíblicos de manera lúdica. Cuando se ha llegado a pensar y sentir en imágenes bíblicas aparecen nuevos aspectos en los textos bíblicos. De su interpretación he llegado a la conclusión de que entienden bien el lenguaje de los simbolismos e imágenes bíblicas. Lo único que necesitan es estímulo para leer la Biblia en imágenes, sin perderse en inútiles interpretaciones literales” [4] .

 En un escolio al final de este artículo se explica la importancia del sentido literal.

Estamos en la vía de la libre interpretación luterana y calvinista.

Estamos en la práctica de atribuir al texto sagrado los sentidos acomodados de la simbología del alma como si fueran su sentido más profundo y propio, dejando de lado el sentido histórico como ¡inútil! e ininteresante. Nos viene a la memoria el dicho de Hans Friedrich Strauss “¿Que tiene todavía de interesante Jesús como individuo? Lo que nos interesa de Jesús es la idea”[5].

 Estamos ante parecidas afirmaciones a las que a Eugen Drewermann le ocasionaron su separación de la cátedra y del ejercicio del ministerio sacerdotal[6].

 Anselm Grün intenta apañar esta operación de atribución de un sentido acomodado bajo la pretensión de que es un sentido alegórico como el practicado por los Santos Padres y antiguos exegetas: “Los padres de la Iglesia – afirma – ya se enfrentaron con problemas al querer conjuntar dentro de una misma exégesis los textos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Nadie que pretenda ensayar una exégesis bíblica desde la psicología profunda podrá silenciar su esfuerzo por lograr una exposición espiritual”[7].

 Llamar “exégesis bíblica” a una interpretación de la Sagrada Escritura “desde la psicología profunda” es una tergiversación. Es apañar la sustitución del sentido literal por un sentido acomodado de orden psicológico y por lo tanto inmanente, que es presentado por Anselm Grün como equivalente.

Conclusiones

El texto bíblico ya no les interesa a estos autores por su sentido literal, inseparable de su sentido inspirado, sino como pre-texto para una acomodación imaginaria, proyectada desde afuera en el texto, la cual solamente sirve ya para estribar y levantar vuelo al mundo de lo imaginario psicológico.

 Para estos pensadores, el texto bíblico ya no tiene un mensaje propio y normativo para expresar, sino que, aunque se sigan refiriendo a él, deja de ser un texto para convertirse – como he dicho – en un pretexto para exponer sus ideas propias. Pero echando mano al texto bíblico y parasitándolo, usurpándolo,  subvierten inescrupulosamente su sentido.

 En estos ámbitos modernistas se ha acuñado el término eiségesis [introducir un sentido] como procedimiento alternativo de la tradicional exégesis [extraer el sentido].

 Ya hemos visto por qué el texto bíblico puede llegar a parecerle Anselm Grün y a los jóvenes que él dirige, que es “inútil”. Sin reparar en que la Iglesia, por el contrario le da la máxima importancia y autoridad para revelarnos la verdad acerca de Dios, del hombre y de su alma. Amén de que es el único sentido apto para la reflexión y la argumentación teológica.

 Es obvio que cuando alguien no cree en la posibilidad de los milagros, del nacimiento virginal, de la resurrección, de la ascensión al cielo, de los exorcismos de demonios, de la curación de enfermedades y de calmar las tormentas con la palabra o andar sobre las aguas, etc. tratará de ver, en esos textos cuyo sentido literal no puede aceptar como verdadero, algún otro sentido verosímil para el lector, pero que no es el sentido que ha querido darle Dios y ha leído siempre la Iglesia y el Magisterio en esos textos.

 El Jesús de la historia que presentan los Evangelios es relegado así al orden de la fantasía mítica y se lo “rescata” de la insignificancia a la significación mediante “recuperaciones” ideológicas, políticas o psicologistas.

Esto sucede sobre la huella del libre examen de los primeros reformadores. Huella por la que prosiguieron sus lecturas de la Biblia los racionalistas de todos los tiempos empezando por Kant y siguiendo por su descendencia intelectual modernista.

P. Horacio Bojorge, SJ.

Publicado por el autor en su blog.

[1] Publicado en el Blog Toma y Lee el viernes, 16 de septiembre de 2011 en la serie Desviaciones modernas en la interpretación de las Sagradas Escrituras (7bis de 8)

[2] Este articulo forma parte de una conferencia dada en el Centro Pieper, Mar del Plata, Argentina, el 7 de mayo de 2011 sobre los sentidos bíblicos y extrabíblicos, el literal y acomodado. Las acomodaciones abusivas en teología de la liberación (acomodaciones políticas) y en el psicologismo (acomodaciones psicologistas). En esta conferencia no hubo lugar para ocuparme de Eugen Drewermann

[3] Anselm Grün, Evangelio y Psicología Profunda, Narcea Ediciones, Madrid 2003, (Original Alemán: Tiefen-psychologische Schriftauslegung, 1988)

[4] Anselm Grün, Evangelio y Psicología Profunda, Ed. Narcea S.A. de Ediciones, Madrid 2003, 104 páginas. La cita en página 8. [Original alemán: Tiefen-psychologische Schriftauslegung, Vier-Türme-Verlag. Münsterschwarzbach 19881]

[5] David Friedrich Strauss, Das Leben Jesu kritisch bearbeitet, Tübingen 1836, p. 734.

[6] Dokumentation zur Jüngsten Entwicklung um Dr. Eugen Drewermann, Für das Ezbischöfliche Generalvikariat Paderborn herausgegeben von Hermann-Joseph Rick, Bonifatius Buch, Druck, Verlag, Paderborn 1991, Erste Auflage, 368 Seiten. Ergänzung volgte: Ergänzungslieferun zur erste Auflage, Paderborn 1992, 110 Seiten.

[7] Evangelio y Psicología profunda, p. 7

Anselm grun

Anselm Grün y el modernismo teológico

ARTÍCULO PRIMERO

EL MODERNISMO (TEOLÓGICO) SE HA IMPUESTO COMO SENTIDO COMÚN

Anselm Grün es uno de sus representantes actuales

 El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da en la experiencia.
Hoy, en algunos ambientes, se oye hablar más de experiencias de Dios y de experiencias de oración que de fe y de creer. 
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Estimado visitante:
Un breve escrito mío apareció en Internet en el año 2007 para recordar el centenario de la Encíclica Pascendi de San Pío X. Fue retomado por varios sitios amigos de la red. Lo escribí y publiqué año y medio antes de inaugurar el Blog Toma y Lee, por lo cual me parece oportuno modificarlo y albergarlo ahora en el Blog.
Estoy convencido de que sigue siendo esclarecedor. Y de que es necesario seguir avisando que el modernismo es una herejía que exige permanente atención, porque está impuesta y se ha convertido en sentido común de muchos fieles y también, desgraciadamente, de muchos pastores.
Es como un olor ambiental al que nos hemos habituado y ya no lo percibimos.
El dibujo de E. J. Pace, que hemos tomado muestra, con elocuencia gráfica, cómo descienden los modernistas por la escalera de sus negaciones, desde la fe cristiana al ateísmo. Ellos niegan:

1) La divina inspiración e infalibilidad de las Sagradas Escrituras,
2) Que el hombre haya sido creado a imagen de Dios,
3) Que pueda haber milagros,
4) El nacimiento virginal de Cristo
5) La divinidad de Cristo,
6) El carácter expiatorio de su muerte,
7) Su resurrección histórica
De esa manera descienden hasta el agnosticismo y al ateísmo.
Y así recaen, dramáticamente, de la condición de hombre nuevo a la de “hombre viejo”. Y descienden desde las luces de la fe a las tinieblas del ateísmo.
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El Modernismo afirmó que la revelación de Dios se da en la experiencia interior del hombre. Con esto restó importancia y hasta invalidó la revelación histórica. Pero además, tuvo un efecto incalculablemente grave: 
puso la vida religiosa del ser humano en mano de los psicólogos.

En una entrevista a la Nación, concedida a Silvana Premat, el benedictino alemán Anselm Grün dejó escapar, de pasada, la afirmación de que: “La experiencia de Dios se hace a través del cuerpo”.

Los ecos de la afirmación han resonado y se siguen repitiendo ampliamente en la red, como podrá comprobar cualquiera usando un buscador. La expresión no llama la atención porque afirme que Dios sea experimentable, sino porque afirma que lo sea a través del cuerpo.
Pero la sola afirmación de la posibilidad de experimentar a Dios, que ya no resulta llamativa, se aparta de la doctrina de la fe católica, según la cual Dios no es experimentable.
A Dios solamente se tiene acceso desde y por la fe. La doctrina revelada y católica dice que “a Dios nadie lo vió jamás” y que fue Jesucristo quien nos lo reveló, de modo que no tenemos acceso a Él sino por la fe en Cristo. De la fe, pueden luego derivar experiencias. O también, la fe puede interpretar hechos que sin ella no sería inteligibles o perceptibles.
Pero, lo que entiende el modernismo, es que Dios se revela en la experiencia interior, psicológica del ser humano.

Ya me he referido en algunas de las primeras entradas de este Blog, al método de Anselm Grün en su interpretación acomodada de las Sagradas Escrituras [Ver las entradas publicadas el 26 y 27 de diciembre del 2008]. He señalado en ellas que ese método reduce el mensaje revelado de las Sagradas Escrituras primero porque lo interpreta en forma acomodada y segundo porque, mediante este sentido no bíblico, lo homologa con afirmaciones de orden psicológico, haciendo así del Evangelio un libro de autoayuda.

La afirmación de Anselm Grün en la entrevista antes citada, no ha llamado la atención de los pastores. Anselm Grün no es su creador. Es un modo de hablar de uso común en los medios eclesiales de hoy, hablar de experiencia de Dios. Es frecuente ver anuncios de retiros espirituales que se ponen como meta lograr una experiencia de Dios.

No es de admirar, además, que Anselm Grün use esa expresión, porque él no oculta su dependencia de la doctrina psicológica de Carl Jung, un representante de la visión modernista en psicología. Jung hace de Dios un arquetipo del inconsciente colectivo.

Dios en la experiencia moral. Emanuel Kant
Pero mucho antes de estos fenómenos actuales, el modernismo se mostró discípulo de Emanuel Kant, por la convicción kantiana de que Dios es objeto de la experiencia moral del ser humano. Para Kant la religión verdadera debía ser relegada, reducida a la moral, al encerrarla dentro de los límites de la pura razón. La revelación histórica no tiene, afirma Kant, fuerza de convicción universal como tiene la lógica y su fuerza racional. La revelación histórica, y el Dios que en ella se revela, no puede aspirar a ser una religión universalmente aceptada por todos.

De la apelación de Kant a la universalidad de la razón en asuntos de fe y moral, sobreviene más tarde el recurso de los autores modernistas a la “experiencia humana”, universal o compartible, como fuente de la revelación o conocimiento de Dios. Sólo que de la conciencia moral, se pasa a explorar la experiencia religiosa en otros campos de la conciencia. De este modo se ofrecía una alternativa que se consideraba ventajosa frente a la fe, y que aconsejaba dejarla de lado, como algo que divide a los hombres y es causa de desacuerdo. Separa a los creyentes de los demás hombres y no puede ser fundamento de un acuerdo universal sobre la base de una experiencia humana universal.

De esta visión modernista de cuño y origen kantiano fueron derivando en estos cien años muchísimos frutos, efectos y consecuencias. Dado que se presentan en sus formas corrientes de “sentido común instalado” ya no se percibe cuáles son sus orígenes y hacia dónde conducen. Ni es fácil a veces percibir su incompatibilidad de fondo con la fe y la espiritualidad católica.

Sucede, que muchos de estos fenómenos del sentido común modernista, se han extendido también entre los católicos, sin que se advierta cuál es su origen y cuáles sus consecuencias. Tanto más cuanto que la inadvertencia acerca de su naturaleza modernista está extendida a menudo hasta en la misma academia teológica y universitaria católica; en la mente de las clases dirigentes intelectuales del catolicismo.

Esto explica que no se haya percibido la naturaleza modernista de las obras de Anselm Grün y que pastores de almas bien intencionados[1], hayan creído que se trataba de un ensayo valioso de conciliación de la “psicología moderna” con la “espiritualidad cristiana”. Sorprendidos en su buena fe, se hicieron difusores del pensamiento de Anselm Grün. Algún sacerdote a quien aprecio mucho reaccionó muy fuertemente contra mí, cuando le comuniqué mis reparos frente a la obra de este autor. Según él, Anselm Grün está prestando un gran servicio al conciliar los conocimientos de la psicología actual con la tradición espiritual eclesial.

Esto muestra hasta qué punto, los principios modernistas, convertidos actualmente en sentido común de fieles y pastores, hacen difícilmente perceptible el carácter modernista de muchas afirmaciones hoy corrientes.

Cuando algo se convierte en cultura, sus principios ingresan en la profundidad de los implícitos y, más aún, en la condición de tabúes intocables y que ya no es posible poner en discusión, sin exponerse a aparecer como un cuestionador del sentido común, que es como decir: un loco.

A eso se agrega, que esos métodos se presentan a menudo con una cierta ambigüedad, que permite a la vez entenderlos de manera ortodoxa por unos y heterodoxa por otros. Precisamente porque los principios de los que derivan quedan implícitos y fuera de discusión.

Cuando el Pastor Bonhoeffer dice, por ejemplo “redimidos para lo humano”, lo humano puede entenderlo el católico a su manera, a la luz de Cristo, verdadero hombre, y el marxista a la suya a la luz de la ideología del hombre nuevo socialista.

Cuando en catequesis se habla de partir del hecho de vida, se puede entender el método de manera correcta, si en la percepción del hecho de vida ya está implicada la mirada, el juicio y la acción de fe. Y si se ha admitido que el gran hecho de vida es la muerte redentora de Cristo en Cruz.

O puede entenderse de manera que se suponga que el anuncio evangélico y la fe que reclama como respuesta, son tan difíciles, que solamente pueden tener lugar si previamente se les ha preparado el terreno con la “revelación” que tiene lugar en la experiencia interior del hombre, para que lo humano haga aceptable lo revelado y propuesto a la fe.

De manera semejante, resulta ambiguo el método del “ver, juzgar y actuar” íntimamente relacionado con el método catequístico que propone algo dogmáticamente que se ha de partir del “hecho de vida”, es decir “de la experiencia” humana común, (en cuya génesis puede suponerse sin problema que la fe todavía no interviene) para llegar, por fin a la fe, según algunos lo entienden, o para llegar a la “iluminación del hecho” por la Palabra, que muchas veces funciona como una iluminación de la Palabra por el hecho de vida.

Esto sucede por lo tanto muchas veces en el supuesto, al parecer, de que la fe no ha logrado previamente determinar el ver, de que no sería capaz de hacerlo, por lo que el ver tiene que terminar fundando la racionabilidad o aceptabilidad de la fe.

En ocasión de aproximarse la Conferencia de Aparecida, volvían a oírse voces partidarias de mantener y de volver al método del ver, juzgar y actuar. La Conferencia lo hizo, pero dejando bien claro en su número 19 que: “Este método implica contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante con los Sacramentos, a fin de que en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento Universal de Salvación, en la propagación del Reino de Dios, que se siembra en la tierra y que fructifica plenamente en el Cielo”.Ya que, como afirmaba el Papa Benedicto XVI en su discurso inaugural de la Conferencia, el 13 de Mayo de 2007: “Quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de realidad“.

Nada impide pues emplear el método como enseñan a emplearlo el Papa y los obispos en Aparecida: purificado de ambigüedades dañosas, que pudieron hacerlo funcionar en la perspectiva modernista y no en la católica.

Esto quiere decir: interpretando y explicitando claramente el pleno acuerdo con el método, pero urgiendo que:

1) El ver del que se trata y se trate, sea el ver de la fe, y no un ver previo, que luego va a preguntarle a la fe, por su juicio y su acción, sino que ya desde que ve, ve con fe. El Vaticano primero ya ponía en guardia contra un poner de lado la fe provisoriamente por principio metódico (Denzinger 1815, Dz Schönmetzer: 3036)

2) Que el juicio sea el juicio creyente, de quien ha mirado con fe, sin ponerla de lado en el momento del ver, y por lo tanto entiende y juzga con fe y desde la fe, libre de complicidades con juicios mundanos o de contaminaciones con miras humanas

3) Que la acción sea la vida cristiana, la caridad y la misericordia, pero también la parresía cristiana dispuesta a la confesión, a la prisión y al martirio.

De lo contrario se llega, como muestra la experiencia pasada, por el camino del experiencialismo modernista, a una mirada o un ver, que es el ver de las ciencias humanas construidas a partir de una antropología ajena a la fe (una psicología, una sociología, una economía, una ciencia política, que ignoran el pecado original, que ignoran la existencia de la envidia, de la acedia, del impulso irracional de las pasiones); que juzga de acuerdo a esa mirada glaucomiosa sobre lo humano y que actúa en consecuencia y ¡con qué consecuencias!.

Nos encontramos así, al final de este recorrido desde la pretensión modernista de la revelación de Dios en el alma del hombre, en el drama que señala Benedicto XVI en su discurso en Ratisbona.

Quiero por fin, señalar, que la visión psicológica de Jung según la cual Dios se revela en el alma del hombre casi como una estructura (simplifico forzosamente pero por ahí va) es una concreción del principio modernista de la revelación interior. Es clara la impronta de este pensamiento en el de los discípulos de Jung, entre los que se encuentra Anselm Grün.

Sin embargo no se ha percibido en muchos medios católicos a qué conduce esta visión junguiana que se difunde a través de las obras de Anselm Grün.

Por eso me ha parecido urgente avisar que el hoy tan difundido magisterio espiritual del Benedictino alemán Anselm Grün, tributario de Jung y Drewermann, navega en la corriente modernista. Y cunde produciendo desviaciones muy dañinas, por lo parecidas al recto camino de la fe y la espiritualidad católica.

De hecho, como me decía un amigo obispo, Anselm Grün, siguiendo a Jung, termina leyendo el evangelio como un librito de auto ayuda.

Lejos de ser conciliables con la fe y la sana espiritualidad católica, como algunos suponen, desvían el alma de los fieles católicos por los trillos del modernismo y de una falsa ciencia psicológica, vulgarizados y convertidos en sentido común de la cultura dominante.

Me parece que es necesario seguir avisando que el modernismo es un tema que exige atención, porque está candente. Y cuáles son algunos de los más torrentosos canales por donde se derrama hoy en los medios católicos más ávidos de oración y espiritualidad.

P. Horacio Bojorges, Sj.

Publicado el 4 de mayo del 2009 por el autor en su blog Toma y lee.

[1] Me refiero al P. Javier Soteras, director de Radio María en Argentina, cuyo nombre no mencioné en el blog, pero sí agrego ahora en esta comunicación a la CD.