rapto

¿Es verdad eso del Rapto?

Pregunta:

Yo soy católica, pero nunca había oído hablar del famoso rapto del que tanto hablan los protestantes. Ellos me lo sustentan con citas bíblicas, pero me interesa saber cuál es la posición de la Iglesia, y, si es aceptado, ¿cómo es que nadie predica acerca de eso?

Otro:

Durante dos años fui miembro de la Iglesia Nueva Apostólica en Buenos Aires. Finalmente me aparté. Mi consulta se debe a la cuestión del “arrebatamiento”. ¿Me podría explicar de qué se trata y si es válido?

Respuesta:

El tema del rapto o arrebatamiento (rapture en inglés), es una enseñanza puesta de moda por algunos libros novelados de los autores Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins, conocidos en inglés como Left Behind (“dejado atrás”, literalmente)[1]. En estas novelas de ficción apocalíptica, se describe lo que sus autores creen que ocurrirá en el futuro (por otra parte muy próximo según ellos), a saber: una venida secreta de Jesucristo, en la cual arrebatará a los verdaderos cristianos de la tierra, dejando atrás a todos los demás; inmediatamente después del rapto, comenzaría un período de siete años de tribulación en que Dios desencadenaría su ira. LaHaye sostiene que los acontecimientos allí narrados se encuentran en la Biblia (aunque los personajes de sus novelas sean ficticios).

LaHaye es un escritor protestante profundamente anticatólico, consagrado a la literatura apocalíptica, que ha expandido sus doctrinas con la ayuda de Jenkins, aprovechando el género novelesco, poco serio pero de fácil divulgación.

Esta doctrina del “arrebato” se popularizó en Estados Unidos a raíz del movimiento fundamentalista conocido como “dispensacionalismo” (que incluye a personajes como LaHaye, Jenkins, Billy Graham, Jerry Falwell y otros). Los dispensacionalistas creen: (a) en el milenarismo craso: en el futuro habrá un reinado de mil años de Cristo sobre la tierra; (b) en el arrebatismo: los “auténticos creyentes” en Cristo serán arrebatados o llevados hasta el cielo, justo antes de un período de siete años de tribulación mundial; (c) la historia ha sido dividida en siete diferentes dispensaciones o eras, en cada una de las cuales, Dios pone a prueba a personas concretas, éstas caen y luego Él las juzga. De estas enseñanzas, la que más se divulga es la del arrebato. Hoy en día no todos los arrebatistas son dispensacionalistas, pues la doctrina del arrebato es aceptada por protestantes de otras denominaciones.

Hay que tener en cuenta que este presunto arrebato no se identificaría con la Segunda Venida de Cristo. Según ellos, es un acontecimiento anterior, en el cual los verdaderos creyentes son silenciosamente arrebatados por Cristo y regresan con Cristo en la Segunda Venida para derrotar al Anticristo, establecer el reino milenario y reorganizar los sacrificios de animales en el templo de Jerusalén reconstruido. El arrebato sería una venida exclusiva para su Iglesia; la Segunda Venida es para todo el mundo.

Los arrebatistas admiten que la palabra “arrebato” no aparece en la Biblia, pero explican que está tomada de la palabra latina rapiemur, con la que San Jerónimo tradujo el pasaje de 1Tes 4,16: Porque el mismo Señor, a la señal dada por la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán los primeros; después nosotros, los vivos, los que quedemos, junto con ellos seremos arrebatados entre nubes por los aires al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor (1 Tes 4,16-17). San Pablo usa allí harpagesómetha, que viene del verbo harpázo, que significa tomado por fuerza, llevado, arrastrado, raptado.

También entienden en este sentido las palabras de la Primera Carta a los Corintios: Mirad, os voy a enseñar un misterio: no todos moriremos, aunque sí seremos todos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, con la última trompeta; pues sonará, y los muertos resucitarán incorruptos, y nosotros seremos transformados (1Co 15,51-52).

Evidentemente no cuajan estos textos completamente con la doctrina del arrebato, pues ese “silencioso rapto de los elegidos” no parece ser muy silencioso si debe intervenir el arcángel dando señales y trompetazos, como lo entiende el Apóstol en los dos lugares que ellos mismos citan. Todo parecería indicar que se llama la atención de todos los pueblos para el fausto acontecimiento. Los arrebatistas solucionan el problema diciendo que, a pesar de los estridentes llamados angélicos, sólo lo oirán los que serán arrebatados. La salida es ingeniosa, pero no lo dice el Apóstol, por lo que es un simple invento de los arrebatistas.

En la Sagrada Escritura no se distingue (ni lo ha distinguido la tradición cristiana) entre el suceso narrado aquí por San Pablo y la Segunda Venida. Los arrebatistas son los primeros en afirmar que se trata de acontecimientos distintos. Una de sus “pruebas” es que a menudo se usan tres palabras distintas para hablar de la vuelta de Cristo a la tierra: parousia, apokalypsis y epiphaneia. Los arrebatistas dicen que se refieren a sucesos diversos. Sin embargo, no sólo no pueden probarlo, sino que después deben “arreglar” las cosas para que la misma palabra (y no ya términos distintos) indique cosas diversas. Así, por ejemplo, se ven obligados a afirmar que “parousia” en 1Tes 4,15 se refiere al arrebato, pero la misma palabra “parousia” en 1Tes 3,13 describe la Segunda Venida.

LaHaye sostiene que su versión del arrebato proviene de la Biblia, era enseñada por algunos cristianos en la Iglesia primitiva y es un distintivo de auténtica cristiandad; sin embargo, no se encuentra como tal ni en la Biblia ni en los escritores antiguos. Algo semejante (sobre una venida secreta e invisible de Cristo) se puede encontrar en el libro de Lacunza “La venida del Mesías en gloria y majestad”[2], pero él creía que sería un arrebato de los católicos que recibían la Sagrada Comunión con regularidad, y que éstos regresarían a la tierra cuarenta y cinco días después; y la Iglesia no aprobó nunca tal enseñanza. También se encuentra algo entre algunos predicadores protestantes en los tiempos de la fundación de los Estados Unidos. Pero en la forma moderna recién ganó terreno en Estados Unidos y Gran Bretaña en el siglo XIX. Quien promovió esta doctrina fue el ex sacerdote anglicano, profundamente anticatólico, John Nelson Darby (1800-1882), quien dedicó su vida a la predicación de esta doctrina y condenó a todos aquellos que no estaban de acuerdo con él. Sus predicaciones fueron reconocidas cuando uno de sus discípulos, Cyrus I. Scofield, publicó la Biblia de Referencia de Scofield en 1909; allí se mostraban cuadros y notas a pie de página de aspecto riguroso, en las que se explicaban “científicamente” (según se decía) las verdades proféticas de la Escritura. Pocas décadas después había vendido unos diez millones de ejemplares, convirtiéndose en el libro fundamentalista americano más influyente de todos los tiempos. En los primeros años del siglo XX, el sistema dispensacional logró avances significativos entre los grupos baptistas, presbiterianos y metodistas, así como en docenas de congregaciones “no sectarias”. Las facultades bíblicas dispensacionales florecieron por todo el país. La mayoría de los famosos revivalistas protestantes posteriores de América, tales como Dwight Moody, Billy Sunday y Billy Graham fueron dispensacionalistas formales.

Cuando Israel se convirtió en nación en 1948, los dispensacionalistas vieron en ese acontecimiento una señal clave de los tiempos. Con Israel restaurada como nación, el tiempo en que la Iglesia sería arrebatada de la tierra tenía que estar próximo. El conflicto de 1967 entre Israel y Egipto elevó la expectación. En 1970 un ministro fundamentalista llamado Hal Lindsey publicó The Late Great Planet Earth (El último gran planeta Tierra), con el que se propagó popularmente el dispensacionalismo. Otros lo siguieron en la publicación de libros del mismo estilo (como Jack van Impe, John Walvoord, John Hagee y Grant Jeffrey); pero perdió el liderazgo publicitario (sobre este tema) con la aparición de los libros de LaHaye y Jenkins, que pasaron a ser los más famosos en el tema.

Estamos pues ante una doctrina que no es bíblica, que contradice los mismos textos bíblicos (que hablan de la Segunda Venida de Cristo pero no de una venida previa) y que no ha sido reconocida ni en la tradición, ni por los mismos reformadores protestantes del siglo XVI.

[1] Por ejemplo: Left Behind: A Novel of the Earth’s Last Days [Dejado atrás: novela de los últimos días de la Tierra] (Tyndale, 1995); The Mark: The Beast Rules the World [La marca: la Bestia gobierna el mundo]; The Indwelling: The Beast Takes Possession [La llegada: la Bestia toma posesión]; Desecration [Profanación]; Rapture Under Attack: Will You Escape the Tribulation? [El arrebato atacado: ¿escaparás a la tribulación?] (Multnomah Press, 1998); también es suyo el libro más teórico: Are We Living in The End Times? [¿Estamos viviendo en los últimos tiempos?] (Tyndale, 1999), etc.

[2] Véase una interesante reseña del libro y de la ortodoxia del autor en Marcelino Menéndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, tomo VI, ¿Puede contarse entre los heterodoxos españoles al Padre Lacunza?, Emecé, Buenos Aires 1945, pp. 525-530.

144.000

¿Sólo se salvan 144.000?

Pregunta:

Padre, tengo problemas con algunas creencias de mi esposo, el cual asiste a las reuniones de los Testigos de Jehová. Entre otras cosas, él me insiste mucho en que nadie va al cielo fuera de 144.000 personas que Dios escogerá; incluso me enseñó eso en las Escrituras. Cuando me dijo eso no supe cómo comprobar en la Biblia lo que nosotros creemos. ¿Me puede dar una respuesta?

Respuesta:

Efectivamente es ésta una enseñanza de los Testigos de Jehová, como puede comprobarse en sus libros e incluso en su sitio web oficial. Allí, al hablar de las cosas que creen y su fundamento bíblico, dice: “Sólo un pequeño rebaño de 144.000 personas va al cielo para gobernar con Cristo” (y da como referencia: Lc 12,32; Ap 14,1, 3; 1Co 15,40-53; Ap 5, 9, 10); “Los 144.000 nacen de nuevo como hijos espirituales de Dios” (referencias: 1 Pe 1,23; Jn 3,3; Ap 7, 3, 4)[1].

En su libro “La verdad que lleva a la vida eterna”, se lee explícitamente: “Los que son llamados por Dios para participar en el servicio celestial, son pocos (…) Jesús dio a saber el número exacto en una visión dada al Apóstol Juan, quien escribió: ‘Vi, y, ¡miren! el cordero de pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y cuatro mil… que han sido comprados de la tierra’ (Revelación 14,1-3) (…)

De modo que los 144.000 son personas que mueren en la tierra como hermanos y son resucitados a la vida celestial como criaturas espíritus, tal como le sucedió a Jesús (Ro 6,5). Cuando se les compara con los miles de millones de personas que viven en la tierra, son, verdaderamente, un rebaño pequeño”[2]. Es más, Charles Taze Russell dice que de esos 144.000, doce mil pertenecen a su grupo de Testigos de Jehová, y el resto pertenecieron a los siglos pasados: “En la tierra hoy día sólo sobrevive un resto de los 144.000 escogidos quienes son cristianos dedicados, bautizados, engendrados por el espíritu de Jehová Dios para ser coherederos con su Hijo Jesucristo en el reino celestial (Ro 8,14-17). Los informes muestran que ahora hay menos de 12.000 de estos sobrevivientes. No todos los ‘Testigos de Jehová’ esperan ir al cielo. Verdaderamente, sólo una porción pequeña esperan esto (Lc 12,32). El todopoderoso Dios, quien coloca a todos los miembros en su organización como a él le place, ha limitado a 144.000 el número del ‘Cuerpo de Cristo’, cuyos miembros reinarán con Cristo Jesús en el reino celestial de Dios”[3].

La doctrina bíblica no es ésa. San Pablo dice explícitamente que Dios quiere que todos se salven (1Tim 2,4-6) y cuando a Jesús le preguntan si son muchos los que se van a salvar, no responde con números (cf. Lc 13,23-30) sino exhortando a esforzarse todos por entrar por la puerta estrecha. En el libro del Apocalipsis se menciona dos veces el número de 144.000 salvados (Ap 7,4-10 y 4,1-13).

El número no debe ser tomado materialmente, pues pertenece al lenguaje apocalíptico, donde abunda la simbología, tanto numérica como de otros géneros (animales, colores, objetos, castigos, etc.).

El texto de Ap 7, 4-10 es más que elocuente: «Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel: de la tribu de Judá, doce mil marcados, de la tribu de Rubén, doce mil, de la tribu de Gad, doce mil, de la tribu de Aser, doce mil, de la tribu de Neftalí, doce mil, de la tribu de Manasés, doce mil, de la tribu de Simeón, doce mil, de la tribu de Leví, doce mil, de la tribu de Isacar, doce mil, de la tribu de Zabulón, doce mil; de la tribu de José, doce mil; de la tribu de Benjamín, doce mil marcados. Después de esto apareció en la visión una muchedumbre innumerable de toda nación y raza, pueblo y lengua; estaban de pie ante el trono y ante el cordero, vestidos de blanco y con palmas en la mano; aclamaban a gritos: La victoria pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero».

La simbología numérica bíblica es algo que debe entenderse bien si no quiere uno empantanarse en interpretaciones bíblicas disparatadas. Sobre este tema dicen Jean de Fraine y Pierre Grelot en su artículo “Números” del Vocabulario de Teología Bíblica[4], que de los números “redondos” o “aproximativos” se pasa fácilmente en la Biblia a los empleos convencionales, que sería un error entender al pie de la letra. El 2 puede significar “algunos” (cf. Núm 9,22), el doble puede significar una sobreabundancia (cf. Jer 16,18; Is 40,2); el 3 es una aproximación del número (cf. 1Re 7,23); el 4 indica la totalidad del horizonte geográfico (delante, detrás, la derecha, la izquierda): como los 4 vientos (Ez 37,9), los 4 ríos (Gn 2,10); el 5 tiene valor mnemotécnico (dedos de una mano); el 7 sugiere un número bastante considerable (Caín será vengado 7 veces: Gn 4,15; el justo cae 7 veces al día: Prov 24,16; Jesús lanza 7 demonios de la Magdalena: Lc 16,9); también el 10 tiene valor mnemotécnico (los dedos de las dos manos ayudan a recordar), de ahí el resumen de la ley en diez mandamientos, las diez plagas de Egipto, etc. El 12 es el número de las lunaciones del año y sugiere por tanto la idea de un ciclo anual completo: las 12 prefecturas de Salomón (1Re 4,7ss), se eligen 12 tribus de Israel, etc. Lo mismo se diga de otros números como 40 (los años convencionales de una generación: 40 años en el desierto, 40 años de tranquilidad –Jue 3,11.30–, 40 años de reinado de David –2Sa 5,4–; 40 días y 40 noches de diluvio; 40 días de viaje de Elías, etc.); se podrían multiplicar los ejemplos con los números 70, 80, 100 y 1000 (Dios hace misericordia por mil generaciones: Ex 20,6; para Él 1000 años son como un día: Sal 90,4); la miríada (10.000) designa una cantidad fabulosa (Lev 26,8).

También encontramos en la Biblia las gematrías, un procedimiento caro a los antiguos, según el cual una cifra dada designa un hombre o un objeto, porque el valor numérico de las letras que constituyen su nombre corresponde al número en cuestión; es claro en el famoso 666, nombre del Anticristo, del que ya hemos hablado.

De aquí que no siempre podamos dar a las cifras bíblicas un valor estrictamente material, sino, en muchos casos, simbólico, especialmente cuando el mismo contexto lo sugiere. Tal es el caso de los 144.000 salvados; doce mil de cada tribu de Israel (12 x 12 x 1000) que designa una inmensa multitud. Incluso los exegetas discuten de la interpretación de este grupo y de su identidad con los 144.000 de Ap 14,1-5. Dice por ejemplo Salguero: “¿A quiénes representan estos 144.000 sellados? Creemos que la opinión que tiene mayor probabilidad es la que ve en esta multitud de marcados a toda la Iglesia cristiana. Se identificaría con la ingente muchedumbre de que nos va a hablar San Juan en Ap 7,9-17. Pero San Juan presenta a esta inmensa multitud ya en el plano glorioso del cielo. Según Ap 3,9-10, las doce tribus de Israel designan a la Iglesia militante, en cuanto que los cristianos son considerados como formando el verdadero pueblo de Israel, que sucede al antiguo. Y los 144.000 vírgenes de Ap 14,1-5 que siguen al Cordero, pudieran también identificarse con la inmensa multitud de nuestro texto. Sin embargo, es más probable que revistan matices un tanto distintos esos dos grupos de 144.000: el grupo inmenso de sellados de Ap 7,4 representaría a la totalidad de los cristianos; mientras que los 144.000 vírgenes de Ap 14,4 designaría a la totalidad de los elegidos. Orígenes, Primasio, Beda, Beato de Liébana, y autores modernos, como Rénan, Swete y otros, ven en esta cifra, simbolizada la multitud de los fieles de Cristo, que serán liberados de los azotes en el día de la cólera de Dios contra los impíos. Otros escritores, siguiendo a Victorino Pettau y a Andrés de Cesarea, creen más bien que el número 144.000 representa a los cristianos convertidos del judaísmo, desde los días apostólicos hasta la entrada en masa de Israel en la Iglesia. Y, finalmente, ciertos autores, como, por ejemplo, el P. S. Bartina, identifican esa muchedumbre inmensa de 144.000 con un grupo escogido que habría de quedar excluido de las calamidades que se abatirán sobre la tierra, y que sería el que prolongase la Iglesia en la historia”[5].

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía:

Ugo Vanni, La struttura letteraria dell’Apocalisse, Herder, Roma 1971;

Alcañiz-Castellani, La Iglesia patrística y la Parusía, Paulinas, Buenos Aires 1962.

Tomado de nuestro libro ¿EN DONDE DICE LA BIBLIA QUE…?, donde respondemos a las principales objeciones de los protestantes.

NOTAS

Los cristianos no católicos no pueden fundamentar el uso que hacen de la Biblia

Las objeciones y dificultades que ponen los no católicos son numerosas, casi todas basadas en malas comprensiones de textos bíblicos o lecturas parciales de la Sagrada Escritura. Trataremos en los siguientes capítulos de responder católicamente a cada una de esas objeciones. Sin embargo, hay un problema fundamental que, para ser honestos, los cristianos no católicos deben resolver primero, y es el problema de los principios fundamentales de su fe cristiana. Ellos presentan muchas dificultades, todas a partir de su lectura personal de la Biblia; pero el hecho fundamental es que, para poder hacer esto, primero deben justificar por qué usan la Biblia y qué derecho tienen para hacerlo, y, segundo, deben justificar con qué derecho ellos se atribuyen el derecho de interpretar privadamente la Biblia. El recurso exclusivo a la Biblia y el derecho de interpretarla privadamente son los dos grandes principios que todo el cristianismo no católico ha heredado de los primeros reformadores. El gran problema del cristianismo no católico es que los dos principios son imposibles de fundamentar y llevan a un círculo vicioso y a un callejón sin salida.

Nota: el mundo del protestantismo abarca un espectro demasiado amplio de denominaciones e iglesias como para intentar una crítica pormenorizada de cada una de ellas; téngase en cuenta, por tanto, que al hablar de Protestantismo abarcamos tanto a las iglesias surgidas inmediatamente de la Reforma (luteranismo, calvinismo, anglicanismo, bautistas, etc.) llamadas a veces “denominaciones tradicionales”, como también a sectas “protestantes” (adventistas del Séptimo día, pentecostales, distintas divisiones del evangelismo, etc.; por extensión englobamos en esta categoría a los Testigos de Jehová y hasta cierto punto a los Mormones, porque también ellos hacen uso de la Biblia, aunque no son propiamente religiones “cristianas” pues no aceptan la divinidad de Jesucristo y el dogma de la Santísima Trinidad, fundamentos del cristianismo tanto católico como no católico). Por tanto, si bien hay diferencias esenciales entre estas denominaciones y sectas, tienen en común la aceptación de los principios fundamentales de la Reforma protestante y las principales objeciones que hacen al catolicismo. En cuanto a las objeciones que son exclusivas de algunas sectas (como los Testigos de Jehová o los Adventistas), lo aclararemos en los casos particulares. En cuanto a la belicosidad contra el Catolicismo, hay que distinguir entre las personas: hay miembros de algunas sectas que son muy respetuosos de las creencias ajenas y hay miembros de denominaciones tradicionales que tienen una gran beligerancia contra la Iglesia católica, como reconocen algunos protestantes convertidos al catolicismo (por ejemplo, ex calvinistas). Hay que reconocer, y éste es en gran medida el propósito de este libro, que muchas de estas personas no están animadas por mala voluntad, sino por una errónea comprensión de la fe católica, que hace comprensible su rechazo activo de nuestra Iglesia. Quisiera que estas páginas también les sirvieran a ellos para despejar algunos equívocos sobre lo que creemos los católicos.

[1] https://www.jw.org/es (sitio oficial de los TJ).

[2] La verdad que lleva a vida eterna, Watchtower Bible and Tract Society of New York, New York 1981, p. 77.

[3] T. Russell, Cosas en las cuales es imposible que Dios mienta, Watchtower Bible and Tract Society of New York, p. 337.

[4] Vocabulario de Teología Bíblica, dirigido por Xavier León Dufour, Herder, Barcelona 1978, pp. 559-602.

[5] Profesores de Salamanca, Biblia comentada, tomo VII, BAC, Madrid 1965, p. 388.

¿Qué son los Menonitas?

Pregunta:

¿Qué son los Menonitas?

 

Respuesta:

Los menonitas son una denominación protestante de Europa y América del Norte, nacida en Suiza en el siglo XVI. Su nombre deriva de Menno Simons, su lider holandés.

Menno Simons nació en Witmarsum en Friesland, en 1492. En 1515 o 1516 fue ordenado sacerdote católico y en 1532 fue designado párroco de su lugar de nacimiento. Pero el 12 de enero de 1536 renunció a su cargo y se convirtió en Anabaptista. El resto de su vida lo dedicó a los intereses de la nueva secta a la que se había unido.

A pesar de no tener una personalidad imponente, ejercitó no poca influencia como predicador y particularmente como escritor entre los más moderados sostenedores de los puntos de vista anabaptistas.

Murió el 13 de enero de 1559, en Wustenfelde en Holstein.

En 1525 Grebel y Manz fondaron una comunidad anabaptista en Zurich. Fueron perseguidos en varias partes de Suiza desde los comienzos de la fundación de la nueva secta hasta 1710. Pero no pudieron suprimirlos y hay comunidades que existen hasta el día de hoy. En 1620 los menonitas suizos se dividieron en Amish o Upland Menonites y Lowland Menonitas. La primera rama difiere de la última en la creencia de que la excomunión disuelve el matrimonio y otras prácticas más secundarias.

Durante la vida de Menno sus seguidores se dividieron en Holanda (1554) en ‘Flemings’ y ‘Waterlanders’, según sus divergencias sobre la excomunión. La primera subsiguientemente se dividió en diferentes partes y fue menguando hasta la insignificancia, y no quedan más que tres congregaciones en el presente en Holanda. La división también dividió a los ‘Waterlanders’ hasta que en 1811 se unieron, abandonaron el nombre de Menonitas y se llamaron a sí mismos ‘Doopsgezinde’ (persuasión Bautista) que es su actual designación en Holanda.

Menno fundó comunidades exclusivamente en Holanda y en Noroeste de Alemania.

Un cierto número de menonitas emigraron al Sur de Rusia en 1788, a causa del ofrecimientos de tierras y la promesa de libertad religiosa. Esta emigración continuó hasta 1824 fundando importantes colonias menonitas. En América del Norte la primera congregación fue fundada en 1683 en Germantown, Pennsylvania. Siguió luego un crecido número de emigraciones provenientes de Alemania, Holanda, Suiza y, desde 1870, desde Rusia. Hay doce diferentes ramas de la secta en los Estados Unidos en algunas de las cuales los miembros no llegan a 1000.

Entre las principales creencias de la secta encontramos el rechazo del bautismo de los niños, de los juramentos, de los pleitos, del servicio militar y del uso de armas. Aceptan el bautismo de adultos y la Cena del Señor, en la cual enseñan que Jesucristo no se hace realmente presente. Sin embargo, estos dos (bautismo y cena) no son propiamente sacramentos. Un importante principio es la no resistencia a la violencia. De todos modos no todos sostienen hoy en día estas doctrinas, y actualmente algunos menonistas aceptan ejercer oficios seculares. La estructura de la secta es congregacional, con obispos, presbiteros y diáconos. Se calcula que los menonitas son unos 250.000.

Tomado de la Gran Enciclopedia RIALP

Bibliografía: CRAMER, Bibliotheca Reformatoria Neerlandica, II and V (The Hague, 1903, sqq.); CARROLL, Religious Forces of the United States (New York, 1896), 206-220; WEDEL, Geschichte der Mennoniten (Newton, Kansas, 1900-1904); SMITH, The Mennonites of America (Goshen, Indiana, 1909); CRAMER and HORSCH in New Schaff-Herzog Encycl. s.v. (New York, 1910). N.A. WEBER, Mennonites, en The Catholic Encyclopedia, Volume X, 1911 by Robert Appleton Company.

¿Qué son las Iglesias Congregacionalistas?

Pregunta:

¿Qué son las Iglesias Congregacionalistas?

 

Respuesta:

Dentro del protestantismo de orientación calvinista, las iglesias congregacionalistas se caracterizan por la total autonomía religiosa y jurídica de las iglesias o congregaciones locales en las cuales ven plenamente realizada la iglesia.

El congregacionalismo floreció en Inglaterra a fines del siglo XVI y principios del XVII dentro del marco general del movimiento puritano. Tras la muerte, en 1658, de Oliver Cromwell, que puso fin al poder de los puritanos, la separación de las iglesias congregacionalistas respecto al anglicanismo oficial -por lo que fueron llamadas iglesias independientes- motivó su prohibición e hizo que muchos de sus miembros marcharan al exilio. De esta forma, el congregacionalismo arraigó en el norte de Europa y en todas las colonias británicas, sobre todo en los Estados Unidos.

Aunque las iglesias congregacionalistas, al igual que otras disidentes, fueron admitidas de nuevo en Inglaterra a fines del siglo XVII, tardarían casi un siglo en recuperar su vigor. En 1832 se creó la Unión Congregacional de Inglaterra y Gales, que publicó un decreto de fe y orden que no pretendía ‘ser una imposición a nadie’, sino un servicio para formular los puntos de vista doctrinales y facilitar el buen gobierno de las iglesias. Después de la segunda guerra mundial se produjo un movimiento general de unión entre las iglesias reformadas. Así, en 1961 se creó en los Estados Unidos la Iglesia Unida de Cristo, que incluía a evangelistas y congregacionalistas, y éstos se unieron en el Reino Unido a la iglesia presbiteriana para formar, en 1972, la Iglesia Reformada Unida.

De cualquier forma, los congregacionalistas mantienen su énfasis en la ‘particularidad’ de cada iglesia local. Las congregaciones eligen sus propios ministros, ancianos y diáconos, y administran los sacramentos dominicales, aun cuando se fomentan las confederaciones con otras congregaciones locales para mutuo consejo o para actividades asistenciales o misioneras.

Tomado de la Enciclopedia Hispánica

armenios

¿Quienes son los armenios?

Pregunta:

¿Quienes son los armenios?

 

Respuesta:

¿Quiénes son los armenios? ¿De donde proceden?

Aunque la leyenda asegure que el origen del pueblo armenio se remonta a Noé, parece que los armenios se constituyen en pueblo sólo en el siglo VI a.C. en torno al monte Ararat, en las abruptas montañas del Cáucaso. El armenio es un pueblo formado por fusión de los habitantes del antiguo reino de Urartu con tribus indoeuropeas llegadas de Frigia. La primera noticia histórica que tenemos de la existencia de este pueblo es una inscripción cuneiforme de la época de los aqueménides, la dinastía persa fundada por Ciro, hacia el año 550 a.C. En el siglo II a.C. los armenios están ya constituidos en Estado independiente. Uno de sur reyes, Tigrán el Grande (95-55 a.C.) conquistó Capadocia y extendió sus dominios hasta Fenicia en la costa mediterránea. Esta extraordinaria expansión fue muy breve pues en el año 67 a.C. Tigrán fue vencido por los romanos.

Los Armenios en el Mundo

Armenia

3.000.000

Georgia

500.000

Europa

500.000

América Norte

400.000

Líbano

200.000

Irán

100.000

Siria

100.000

Turquía

50.000

Otros

50.000

Hacia el año 299 el rey Tiriades II (287-330) se convierte al cristianismo por obra de San Gregorio el Iluminador proclamando el cristianismo religión de Estado. A partir de esta fecha la fe cristiana junto con la lengua armenia serán los componentes más dinámicos del alma nacional.

Conquistado en el año 642 a sangre y fuego por los musulmanes, el país fue superficialmente ocupado de tal manera que se vio libre de la islamización. A partir del siglo IX la dinastía local de los Bagratides,que tuvo a Ani por capital, aseguró a armenia una relativa prosperidad y un notable renacimiento artístico. Conquistada en el año 1071 por las hordas turcas seljúcidas que devastaron toda la Armenia; una parte de la nación, con sus príncipes a la cabeza, emigraron a tierra bizantina, instalándose en las montañas del Tauro y en Cilicia. Aquí fundaron el principado de Armenia Menor que durará de 1080 a 1375. Tuvo relaciones muy estrechas con los cruzados a quienes los armenios prestaron ayuda militar. En Edesa se constituyó un principado armenio-franco que duró medio siglo.

Un pueblo mártir

Las comunidades armenias de Armenia Mayor y de Armenia Menor pasaron en los siglos XV-XVI, unas después de otras, bajo la dominación de los turcos otomanos, en la que vivieron los armenios con relativa prosperidad gracias a su índole emprendedora y amor por el trabajo. Los problemas aparecieron a mediados del siglo pasado cuando las ideas de igualdad, progreso y autonomía llegados de occidente se propagaron entre las poblaciones cristianas minoritarias del imperio turco. La aplicación concreta de estas ideas de libertad llevará al pueblo armenio al genocidio. En efecto, en el año 1894 un rumor de ‘complot armenio’ se extiende por toda la península turca de Anatolia. La reacción de los turcos fue brutal: fueron asesinados almenos 300.000 armenios, mientras que 100.000 emigraron fuera del imperio. Nuevas matanzas en Adana y Antioquía en 1909, preludio del genocidio del pueblo armenio por los turcos en el curso de la Primera Guerra, 1915-1918. Más de un millón y medio de armenios perdieron la vida en esta tragedia y 200.000, principalmente mujeres y niños, fueron islamizados por la fuerza. Otros tantos huyeron de la tierra que los vio nacer.

Terminada la guerra y las matanzas los armenios del Cáucaso, bajo dominio ruso desde hacía un siglo, aprovecharon la revolución de bolchevique, que desarticuló las bases del Estado, para proclamar una Armenia independiente el 28 de mayo de 1918. La independencia duró hasta el 29 de mayo de 1920 cuando el país fue ocupado por los turcos y los soviéticos.

Los armenios que habían escapado del genocidio turco se instalaron mayoritariamente en Siria y Líbano, entonces bajo mandato francés, donde poco a poco fueron reconstituyendo sus instituciones comunitarias.

La caída del comunismo en Armenia ha permitido realizar en 1991 el antiguo sueño: la independencia de Hayastan (la tierra de los Hayk, armenios). Armenia es hoy una pequeña república de 3.300.000 habitantes, su capital Erevan, con una extensión de 29.000 kilómetros cuadrados. A tener en cuenta que el tratado de Sévres en 1920 la había adjudicado 72.000 kilómetros cuadrados.

Cabe destacar como dato curioso que el actual presidente de Armenia, Levónm Petrossian, fue bautizado en la iglesia franciscana de Tierra Santa de Kesab, Siria, y realizó sus estudios primarios en la escuela parroquial de la misma localidad.

Los inicios de la Iglesia Armenia

La tradición refiere que fueron los apóstoles Bartolomé y Judas Tadeo quienes evangelizaron Armenia. Más seguro es que la evangelización fue obra de misioneros de Siria y de Capadocia. Fue tan pujante que hacia el año 299 se convierte al cristianismo el rey Tiridates II con su pueblo. El promotor de este cambio fue San Gregorio el Iluminador, la figura más sobresaliente del cristianismo armenio, buen administrador y constructor de la catedral de Etchmeadzín, la ciudad santa de los armenios.

Agregada inicialmente a la metrópolis de Cesarea de Capadocia, en territorio romano, la Iglesia armenia se proclama autónoma a principios del siglo V bajo la jurisdicción de una especie de patriarca que toma el título de catholicós. Este título era dado primitivamente al jefe de una comunidad cristiana fuera de los límites del imperio romano-bizantino, fuera, de la jurisdicción de los patriarcas. Actualmente conservan este título los jefes de las Iglesia armenia, nestoriana y georgiana.

A partir del siglo IV se consolidan las instituciones eclesiásticas armenias y se forma la liturgia, fuertemente influenciada por la del antiguo rito de Jerusalén. Al mismo tiempo se crea el alfabeto armenio que la tradición atribuye al monje Mesrop (360-440), lo que permite traducir a la lengua nacional los textos litúrgicos escritos hasta entonces en griego y siríaco.

La Iglesia armenia se separa de la católica

En Calcedonia se celebró en el año 451 un concilio ecuménico que definió dos naturalezas en Cristo, la divina y la humana, en una sola persona. Aunque la Iglesia armenia no participó en los debates conciliares por encontrarse absorta en disensiones internas, las decisiones del concilio fueron acogidas con recelo, vista la participación activa del poder imperial bizantino en las conclusiones del concilio.

Este factor unido al de los obispos monofisitas (que sostenían una sola naturaleza en Cristo) venidos de Siria, los primeros en informar a los prelados armenios de las decisiones conciliares, y unido a los problemas de traducción a la lengua nacionalde los términos teológicos griegos ‘naturaleza’ y ‘persona’, empujó a la Iglesia armenia a rechazar las decisiones de Calcedonia y separarse, por tanto, de la Iglesia Católica. Dos concilios nacionales celebrados, el primero en el año 506 y el otro en 551, confirmaron el rechazo a Calcedonia y a la adopción de la fe monofisita. Sólo algunos de los obispos armenios rechazaron la condena a las decisiones de Calcedonia, lo que originó un cisma dentro de la Iglesia armenia que durará hasta los siglos XI-XIII, cuando la Iglesia latina, representada por los cruzados despertó entre los armenios tendencias unionistas. Así el catholicós Nersés IV (1166-1173) consagró su vida a un acercamiento entre armenios, griegos y latinos. Durante la primera mitad del siglo XIII se llegó a restablecer una unión efímera con Roma. Fue el tiempo en el que dominicos y franciscanos se lanzaron a la evangelización de las regiones de la Armenia Menor, convirtiendo a muchos al catolicismo romano pero sin llegar a formar Iglesia católica paralela. Durante el concilio de Florencia, año 1439, los legados armenios suscribieron el acta de unión a roma. Sin embargo, esta decisión no tuvo efectos prácticos.

Una Iglesia con cuatro patriarcas

La Iglesia armenia estuvo hasta el siglo XI unida bajo único patriarca, el catholicós de Etchmeazín. A partir del gran éxodo armenio a Cilicia, donde se fundó en el año 1073 el principado de la Armenia Menor, el catholicós de Etchmeadzín dejó su sede del Cáucaso para instalarse en la nueva patria armenia. En el año 1293 se instala en la capital, en Sis de Cilicia.

Veinte años despues, exactamente en 1311, el obispo armenio de Jerusalén, descontento del acercamiento entre los armenios de Cilicia y Roma, toma el título de patriarca, confirmado oficialmente por el sultán de Egipto. Un siglo después, en 1441, es la vez de los armenios del Cáucaso que, sintiendo necesidad de dotar a su ciudad santa Etchmeadzín de un nuevo jefe espiritual, nombran un nuevo catholicós con autoridad para los armenios de la Armenia Mayor. El cuarto patriarca tiene origen bajo la dominación de los turcos otomanos. Años despues de la conquista de Constantinopla los turcos favorecen la institución de un patriarcado en la capital, año 1461, con jurisdicción civil y eclesiástica sobre todos los armenios del imperio.

De esta manera la Iglesia armenia ortodoxa queda dividida en cuatro estructuras autónomas hasta el día de hoy: El Catholicós de Etchmeadzín (la Iglesia Primada), elCatholicós de Sis, y los patriarcas de Jerusalén y de Constantinopla, entre las cuales el solo lazo orgánico es el reconocimiento del primado de honor del Catholicós de Etchmeadzín.

El Catholicós de Sis, fundado en 1293, se mantuvo hasta el año 1921. En esta fecha, por falta de fieles, asesinados en el genocidio de los años 1915-1918, el patriarca trasladó su sede, primero, a Alepo y después, en 1930, a Atelias, al Norte de Beirut, donde reside actualmente. Tiene jurisdicción sobre los armenios del Líbano, Siria y parte de la diáspora, contando en todo unas 400.000 personas.

El patriarca de Jerusalén tiene jurisdicción sobre los armenios de Tierra Santa y de Jordania (4000 fieles). Reside en el monasterio de Santiago el Mayor de Jerusalén, centro religioso y social de los armenios de Tierra Santa. En efecto, alrededor de este monasterio ha ido creciendo un barrio enteramente habitado por armenios con sus iglesias, su seminario, escuelas, asociaciones, biblioteca de 50.000 volúmenes, imprenta y museo de arte religioso. El patriarca de Jerusalén es elegido por la Fraternidad de Santiago, compuesta por 60 miembros, entre ellos los monjes del monasterio, los demás son seglares. Está asistido por cuatro obispos, el primero de los cuales ostenta el título deGran Sacristán y es al mismo tiempo superior del monasterio. El patriarcado es propietario de los siguientes santuarios: dos capillas en la basílica del Santo Sepulcro y otra en la Iglesia de la Natividad de Belén, la Iglesia de Santiago el Mayor erigida sobre el lugar de su martirio, y las casas de Anás y Caifás. Es copropietario con los franciscanos y griegos de la Tumba del Señor y de la Gruta de la Natividad.

La Iglesia armenia Católica

La Iglesia armenia católica no nació en las montañas del Cáucaso como su hermana la ortodoxa, llamada también gregoriana, sino en los ambientes arabizados de Siria y Líbano, lejos de las influencias de los dos catholicós, el de Etchmeadzín y el de Sis. El origen de esta Iglesia es fruto del celo apostólico desplegado, a partir del siglo XVI, por los misioneros jesuitas, carmelitas y capuchinos.

Facilitaba la conversión el hecho de no haber divergencias teológicas serias entre los ortodoxos y los católicos armenios, ya

Armenios

Ortodoxos

4.600.000

Católicos

250.000

Protestante

150.000

Otros

50.000

Total

5.050.000

que el monofisismo de los primeros es sólo nominal. De ahí que los armenios ortodoxos no sean considerados herejes sino sólo cismáticos, es decir, separados de la Iglesia universal.

En 1740 un sínodo de obispos armenios unidos a Roma elige al primer patriarca católico de rito armenio en la persona del Arzobispo de Alepo, Abraham Ardzivian, que había sido destituido de su sede por haber abrazado la fe católica.

Recibida la confirmación del Papa, el nuevo patriarca se establece provisionalmente en Kraim, en el Líbano. Su sucesor erige en 1749 la residencia oficial en el monasterio de Santa María de Bzummar, en la montaña libanesa. Al mismo tiempo comienzan a desarrollarse las estructuras episcopales de la nueva Iglesia en Alepo, Palestina, Cilicia, Anatolia y Alta Mesopotamia. Mientras tanto la Iglesia ortodoxa oponía fuerte resistencia a la católica y no dudó en apelar al brazo secular otomano para reducir a los ‘rebeldes de la nación armenia’. Solo en 1831 los armenios católicos conseguirán del Sultán sustraerse a la autoridad del patriarca ortodoxo del que dependían civilmente. El patriarca católico Pedro IX acumula por vez primera en su persona los dos poderes, el religioso y el civil, de la comunidad católica y establece su sede en Constantinopla, donde permanecerá hasta 1928.

La primera Guerra mundial fue también desastrosa para los católicos armenios de la Anatolia turca que prácticamente desaparecieron del mapa, razón por la cual se transfirió la sede patriarcal a Bzummar.

La jurisdicción del patriarca católico, hoy en la persona de Juan XVIII Kasparian, se extiende sobre todos los armenios católicos de Oriente y de la diáspora. Cuenta con cuatro archidiócesis: Beirut, Alepo, Estambul y Bagdad; ocho diócesis: Damasco y Kamichlíe en Siria, Ispahan en Irán, Alejandría en Egipto, Atenas, Rumania y Francia, además de tres exarcados: Jerusalén, Argentina y los Estados Unidos. En la Armenia independiente hay un arzobispo católico con el título de ‘Arzobispo de los armenios de Sebaste’.

A esta Iglesia pertenecen la congregación de los mekhitaristas, divididos en dos ramas: la de la isla de San Lázaro en Venecia fundada en 1717, y la de Viena en Austria fundada en 1800; además de las monjas de la Inmaculada Concepción fundadas en 1852.

En Jerusalén el patriarcado católico está representado por un obispo, sin clero, con el título de exarca, con jurisdicción sobre los armenios católicos de Tierra Santa (unos 400) y de Jordania. La residencia del obispado está en la IV Estación del Via Crucis donde posee la Iglesia adjunta dedicada a ‘Santa María del Pasmo’.

Desde el siglo XIX existen también armenios protestantes, reunidos en la ‘Unión de Iglesia evangélicas armenias’. Su número se estima a unos 150.000.

En una declaración conjunta firmada en Roma el 13 de diciembre de 1996 entre Su Santidad Juan Pablo II y el Patriarca armenio-ortodoxo, Karekin I, catholicós de todos los armenios, se acordaron las dos partes en afirmar una fe única en Cristo: Cristo ‘es Dios, perfecto en su divinidad y hombre perfecto en su humanidad… Su divinidad está unida a su humanidad en la Persona del Unigénito Hijo de Dios, en una unión real, perfecta, sin confusión, sin alteración, sin división, sin forma alguna de separación’. Las dos partes declaran, por tanto, que ‘las controversias y las deplorables divisiones derivadas del modo divergente de expresar la fe no deben continuar a partir de ahora a influir negativamente en la vida de la Iglesia de hoy’. Las controversias cristológicas que originaron la división entre las dos Iglesias hace 15 siglos pertenecen, por consiguiente, al pasado.

P. Ignacio Peña

Este artículo es gentileza de la Revista Tierra Santa.