Misa de sufragios

¿Cuál es el valor de los Sufragios?

Pregunta:

Quisiera saber si una Misa que se ofrece en sufragio de una sola alma bendita del purgatorio, tiene el mismo valor, ante Dios nuestro Señor que una Misa comunitaria, es decir la que se ofrece por varias almas. Desde ya muy agradecida y que el Señor le bendiga mucho.

Respuesta:

Estimada:

En la Santa Misa, considerada como sacrificio expiatorio – en sufragio por los pecados de vivos y difuntos – e impetratorio – para obtener de Dios las gracias necesarias – pueden distinguirse cuatro clases de frutos, que se dan en todas las misas: los frutos generalísimo, general, especial y especialísimo.

El fruto generalísimo es el que sobreviene a toda la Iglesia Universal por el solo hecho de celebrarse la Misa, independientemente de la intención del ministro, quien no puede impedir este fruto o aplicarlo a otra finalidad distinta ya que proviene de la Misa en cuanto ofrecida a Dios por Cristo y por la Iglesia. Este fruto generalísimo afecta a todos los fieles, vivos o difuntos, con tal que no pongan óbice (obstáculo). Esto queda claro cuando los fieles responden: ‘El Señor reciba de tus manos este sacrificio para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su Santa Iglesia‘. No todos los cristianos, sin embargo, reciben por igual este fruto generalísimo. Depende en gran parte del grado de fervor con que se unan espiritualmente a todas las misas celebradas en el mundo entero; práctica utilísima, que descuidan, por desgracia, muchos fieles.

El fruto general es el que perciben los que participan en la celebración de la Santa Misa en unión con el sacerdote, y es independiente también de la intención del sacerdote, que no puede impedirlo o desviarlo. En realidad, coincide sustancialmente con el fruto anterior, del que sólo se distingue en el grado de participación. Es, en definitiva, el fruto que reciben los que sirven inmediatamente al altar (diáconos y ministros) y los fieles que asisten al sacrificio, sobre todo si se unen al sacerdote celebrante y toman parte activa en los cantos y en las oraciones. El grado con que se recibe este fruto depende también de la devoción y el fervor de los que participan de la celebración.

El fruto especial es el que recibe la persona o personas por quienes el sacerdote aplica la Santa Misa, y es al que apunta su pregunta. Este fruto puede aplicarse por los vivos o por los difuntos, ya sea en general, ya por alguno de ellos en particular; y es impetratorio, es decir, pidiendo una gracia a Dios, y satisfactorio, o sea, en reparación por los pecados para quien se aplica.

El cuarto fruto es el llamado especialísimo. Es el fruto que corresponde al sacerdote celebrante, que lo recibe siempre e infaliblemente, aunque celebre la misa por otros.

En cuanto al valor de la aplicación de los frutos de la Santa Misa hay que afirmar: en cuanto a los frutos generalísimo y general, es indiferente que la Misa se aplique por una sola persona o finalidad, o por muchas personas o finalidades. El fruto especialísimo se aplica siempre a una persona (el celebrante).

Pero, y esto va de lleno a su pregunta, incluso en cuanto al fruto especial, la Misa aplicada por muchos (vivos o difuntos) aprovecha a cada uno de ellos exactamente igual que si se aplicase por uno solo en particular. La razón es porque el sacrificio de la Misa tiene en sí mismo un valor infinito, tanto intensiva como extensivamente. Y si, al aplicarse a nosotros, se limita y circunscribe, ello no se debe al sacrificio mismo, sino única y exclusivamente a las disposiciones del sujeto a quien se aplica. Luego, después que este sujeto ha recibido íntegramente la porción que le corresponde según sus disposiciones, todavía queda un remanente infinito, que puede ser percibido por millares de sujetos secundarios sin mengua ni menoscabo del primer participante. El que pide una Misa por una intención especial no debe sentirse defraudado por esto, porque aquel sobre los cuales pide que se aplique el fruto especial lo recibe íntegro y sin la menor disminución. No tendrán menos frutos por más que otros miles pidan la misma Misa para sí o para otros. La Santa Misa es, de suyo, un tesoro infinito e inagotable intensiva y extensivamente, y no puede tocarle a uno menos de lo que le correspondería por sus disposiciones por muchos que sean los que participen de ella.

Cabe aquí recordar que cuando se aplica la Misa por tal o cual alma del purgatorio, no se mide la cantidad del fruto expiatorio por la devoción o fervor de quienes encargan la Misa, sino por el grado mayor o menor de caridad y de gracia que posee el alma actualmente en el purgatorio o por el modo con que se condujo durante su vida en la tierra.

La Iglesia, a la vez que ora en la Santa Misa por todos los fieles vivos y difuntos, no tiene inconveniente en que se aplique de una manera especial por una determinada alma o por algunas pocas, porque esta práctica tiene muchas ventajas, ya que excita la devoción de los fieles, les hace rogar de manera especial por los seres queridos, multiplica la celebración del Santo Sacrificio, etc; y todo esto sin perjuicio para nadie, antes bien, con gran provecho de todos.

En Cristo y María Santísima.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

santos

¿Es lícito el culto a los santos y la veneración de imágenes?

Pregunta:

Estimado Padre Miguel. A pesar de haber leído las explicaciones referentes al culto a los Santos, siempre tengo algunas dudas al respecto. La primera es la siguiente: Es muy fácil, a través de este tipo de culto, perder la atención de nuestro punto de partida que es Cristo. Fácilmente, mucha gente cae en la petición de favores a los Santos como en una especie de acto supersticioso, tema que también ha sido tratado por Ud. como algo grave ( ‘Las supersticiones’). Muchos textos de la llamada ‘Nueva Era’, se apoyan fuertemente en el culto a tal o cual Santo. Entonces, ¿porque la Iglesia permite que esto siga ocurriendo, en vez de facilitar las cosas y en definitiva poner punto final a este tipo de devociones? Segundo: Siempre me ha parecido que el culto a los Santos no es otra cosa que una especie de ‘sincretismo’ que se ha producido luego de siglos de historia, en que la propagación del Evangelio se ha ido topando con pueblos cuyas mitologías estaban plagadas de deidades menores, a las cuales se le erigían templos en donde sus fieles realizaban sacrificios a fin de tenerlos propicios. ¿ No es esto lo que se produce con los Santos hoy en día ? La Biblia es muy clara en cuanto a no rendir culto a imágenes y Jesús mismo es muy claro en decir que él es ‘EL’ camino ( el único ) y el nexo entre los hombres y el Padre. Es verdad que la Iglesia da una explicación a este tema, pero creo que no es posible negar que este tipo de culto, da pie para que muchas personas caigan en el error grave de aferrarse a los Santos casi como una cábala mágica para solucionar sus problemas. Creo que la Iglesia debería ser más enfática en este tema, y dejar atrás este error. Esperando su respuesta, se despide respetuosamente. J. C. (Chile)

Respuesta:

Estimado:

Si bien es cierto que muchas personas se confunden acerca de la naturaleza de la devoción a los santos, no por eso hay que decir en absoluto que el culto a ellos sea un error que deba ser desechado. Más bien es necesario dar una mayor instrucción a los fieles para que sepan usar bien de este medio que está a nuestro alcance y que la Iglesia, desde sus orígenes, propone. En los más antiguos documentos de la literatura cristiana aparece que ya en los primeros tiempos de la Iglesia se tributaba un culto a los mártires y a sus reliquias. En el s. IV se añadió el culto a los Obispos que sobresalieron por la santidad de su vida y muy pronto también el de los anacoretas y otros fieles que con su vida de grande austeridad imitaron de algún modo a los mártires.

La Iglesia al canonizarlos da testimonio y sanciona que estos hombres y mujeres ejercitaron las virtudes de un modo heroico, y que actualmente gozan de Dios en el cielo. De esta forma ellos se convierten para los creyentes en un modelo de santidad y enintercesores en favor nuestro. Por supuesto que la Iglesia Católica no obliga a nadie a invocar y tener devoción a los santos. Solamente los propone como modelos para ser imitados.

Son modelos de santidad: alguno podría decir que no necesitamos otro modelo de santidad pues ya tenemos el modelo del propio Jesús. O, como Ud. me dice, que Cristo es el único camino. Esto es verdad, pero no significa que no hubo hombres y mujeres que, transitando el único camino que es Cristo, puedan transformarse para nosotros en ejemplo del seguimiento de Jesús. Así lo afirma San Pablo: ‘Para mí la vida es Cristo, y la muerte es una ganancia… Hermanos, sigan mi ejemplo y fíjense también en los que viven según el ejemplo que nosotros les hemos dado a ustedes’ (Fil. 1, 21 y 3, 17).

En otra parte dice el Apóstol: ‘Sigan ustedes mi ejemplo como yo sigo el ejemplo de Cristo Jesús’ (1 Tim. 1, 16). En estos textos vemos claramente que Pablo se pone a sí mismo como ejemplo de seguidor de Cristo, e incita a los creyentes a ser sus imitadores, como él lo es de Cristo.

Otro ejemplo nos muestra la Biblia en María, la Madre de Jesús. Ella es la mujer ‘que Dios ha bendecido más que a todas las mujeres’ (Lc. 1, 28 y 1, 42), como dijeron el ángel Gabriel y su prima Isabel. Y en el cántico de María (Lc. 1, 46-55); ella se presenta también como ejemplo de humilde servidora y de esclava, ‘en adelante todos los hombres me llamarán bienaventurada’ (Lc. 1, 48). La Biblia, entonces, pone claramente a María como modelo de santidad para todas las generaciones. Y es eso lo que celebra la Iglesia Católica al venerar a María. La veneración a María nunca puede ser culto de adoración; la veneración es un culto de honra y de profundo respeto hacia la Madre de Jesús.

Cuando leemos con atención las Escrituras, nos damos cuenta de que la Biblia nos ofrece muchos modelos de santidad; por ejemplo: al apóstol Tomás, que era un hombre con grandes dudas sobre la fe pero que al fin proclamó a Jesús como su Señor y su Dios (Jn. 20, 26-28). Así también la Iglesia católica presenta el ejemplo de Juan Bautista que con gran valentía dio testimonio de Jesús hasta derramar su sangre por el Señor (Mt. 14, 1-12). De igual manera, la Iglesia Católica presenta ahora a los santos de nuestros tiempos como ejemplos de fe cristiana. Ellos nos señalan un camino y muchos ven en ellos la gracia del Señor Jesús, que fue tan eficaz en sus vidas. Los santos son para nosotros verdaderos modelos a imitar. Ellos tuvieron una clara prioridad en su vida: Jesucristo. Y es este modelo de fe cristiana el que tocó de diversas maneras el corazón de mucha gente. La fe en los santos no es, de ninguna manera, un obstáculo a la fe en Jesucristo sino un estímulo para seguir a Cristo.

Por supuesto debemos evitar excesos, los santos no son semidioses y la santidad de tal o cual persona nunca puede oscurecer el seguimiento de Cristo. Al contrario, la verdadera santidad de los santos siempre anima hacia una mayor búsqueda de Dios.

Son intercesores en nuestro favor: Jesucristo es el único Mediador entre Dios y los hombres : ‘Hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús’ (1 Tim. 2, 5; Hebr. 8, 6 y 9, 11-14). Nosotros, los católicos, también que proclamamos esto. Pero los santos no son un obstáculo para dirigirnos directamente a Jesucristo, a Dios Padre o al Espíritu Santo. Los santos no nos alejan de Dios; simplemente ellos con sus ejemplos de fe cristiana nos estimulan a acercarnos a Dios con la sola mediación de Jesucristo.

Ahora bien, cuando la Iglesia Católica dice que los santos son intercesores nuestros delante de Jesucristo, eso no quiere decir que ellos son los que hacen los milagros. Es siempre Dios Padre, Jesucristo o el Espíritu Santo, quienes obran maravillas entre nosotros, aunque sí puede ser que los milagros sean hechos ‘por intercesión’ de estos santos.

Veamos nuevamente el ejemplo de María, ahora en las bodas de Caná. Es María la Madre de Jesús la que invita discretamente a su Hijo a hacer un milagro diciendo: ‘Ya no tienen vino’. Y Jesús le hace entender que la hora de hacer signos no ha llegado todavía. Sin embargo, por la intercesión de su Madre María, Jesús hace su primer milagro (Jn. 2, 1-12). Este es el sentido bíblico de la intercesión de los santos. Hay muchos ejemplos más de la intercesión de los santos ante Dios. Veamos algunos textos: Moisés ora a Dios por intercesión de Abraham, Isaac y de Jacob (Ex. 32, 11-14). Jesús manda a sus Apóstoles a sanar enfermos, a resucitar muertos, a limpiar leprosos y echar demonios (Mt. 10, 8). Pedro y Juan, en nombre de Jesús, sanan a un hombre tullido (Hech. 3, 1-10). En el pueblo de Tróada, el apóstol Pablo devuelve la vida a un joven accidentado (Hech. 20, 7-11). Cuando el apóstol Pedro pasaba por la calle, la gente sacaba a los enfermos y los ponía en camillas para que, al pasar Pedro, por lo menos su sombra cayera sobre algunos de ellos, y todos eran sanados (Heh. 5, 15-16). Dios hacía grandes milagros por medio de Pablo, tanto que hasta los pañuelos o las ropas que habían sido tocados por su cuerpo eran llevadas a los enfermos y los espíritus malos salían de éstos (Hech. 19, 11-12).

Todos estos textos nos dicen que Jesucristo hacía milagros por medio de sus discípulos. ‘Ustedes han recibido este poder sin costo; úsenlo sin cobrar’, dijo Jesús (Mt. 10, 8).

Pero además de todos estos ejemplos, en los cuales nuestro Único mediador Jesucristo realiza milagros por medio de otros hombres, la Biblia nos enseña también que ‘la oración de los santos es como perfume agradable ante el trono de Dios‘ (Apoc. 8, 4). ‘Ahora me alegro, dice el Apóstol Pablo, en lo que sufro por ustedes, porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo por la Iglesia, que es su cuerpo’ (Col. 1, 24). ‘La oración fervorosa del hombre bueno tiene mucho poder. El profeta Elías era un hombre tal como nosotros, y cuando pidió en su oración que no lloviera, dejó de llover sobre la tierra durante tres años y medio y después cuando oró otra vez, volvió a llover y la tierra dio su cosecha’ (Stgo. 5, 16-18). ‘Los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se pusieron de rodillas delante del Cordero. Cada uno de los ancianos tenía un arpa, y llevaban copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los que pertenecen a Dios’ (Apoc. 5, 8). En todos estos textos notamos que la oración fervorosa o la intercesión de los santos tiene mucho poder delante del trono de Dios. No podemos dudar de que estos santos, que ahora están delante de Dios, van a interceder por nosotros, como lo hizo Moisés al hablar con Dios para aplacar su ira invocando a Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 32, 13).

Al invocar a los santos siempre contemplaremos las virtudes que obró Dios en ellos. Dios debe estar siempre en el trasfondo de nuestra invocación o veneración a los santos. Los santos no nos alejan de Dios, sino que nos invitan a ponernos directamente en contacto con El, con la sola mediación de Jesucristo.

Por supuesto que, como dice Ud., en la veneración a los santos hay que evitar los excesos. Hay gente que no busca a los santos como un modelo de fe cristiana, sino solamente como remedio a sus dolencias, angustias y dificultades, o para encontrar un objeto que se le ha perdido. Sabemos muy bien que hay gente que se acerca a los santos con una fe casi mágica. Pero no nos corresponde juzgar los sentimientos de nuestros hermanos que tienen una fe débil. Estoy seguro de que Dios respeta la conciencia de cada uno. Pensemos en aquella mujer de la Biblia que sufría hemorragias de sangre durante tantos años, la que se acercó a Jesús tal vez con una fe mágica, pensando que con sólo tocar su manto sanaría, y la señora con esta fe que a nosotros nos parece medio mágica sanó. Pero luego Jesús buscó a aquella mujer y quiso darle más que un simple remedio a sus dolencias. Jesús deseaba un encuentro personal con aquella enferma y aclarar la verdadera razón de su sanación: La fe. ‘Hija, has sido sanada porque creíste’ (Lc. 8, 43-48). Eso debemos hacer nosotros: fortalecer la fe de nuestro hermanos, enseñándoles qué enseña la Iglesia acerca de los santos y de su veneración. Debemos ayudarles con mucho amor a purificar su fe, como lo hizo Jesús con aquella mujer enferma. Un poco de fe basta para que Dios actúe.

Por el tema de las imágenes, le recuerdo que la Biblia rechaza enérgicamente el culto de adoración a los ídolos (falsos dioses), pero la Biblia nunca ha rechazado las imágenes como signos religiosos. Dios mismo manda a Moisés hacer imágenes como símbolos religiosos: ‘Harán dos querubines de oro macizo, labrados a martillo y los pondrán en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado… Allí me encontraré contigo y te hablaré desde el lugar del perdón, desde en medio de los querubines puestos sobre el arca del Testimonio…’ (Ex. 25,18-22). Estos dos querubines parecidos a imágenes de ángeles, eran adornos religiosos para el lugar más sagrado del templo. Pues bien, estas imágenes, hechas por manos de hombres, estaban en el templo, en el lugar más sagrado y nunca fueron consideradas como ídolos, sino todo lo contrario, el mismo Dios ordenó construirlos. También confrontar: Números 21, 8-9 donde Dios manda a Moisés que construya una serpientes de bronce; o el Salmo 74, 4-5, donde se ve que en el Templo de Jerusalén había imágenes religiosas.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

rosario

¿Cómo se formo el Santo Rosario y de donde surge la segunda parte del Ave María?

Pregunta:

Estimado Padre Miguel, He sido católico toda mi vida y desde hace 8 años pertenezco a una Comunidad Católica en El Salvador; días atrás he estado conversando con hermanos separados acerca del Rosario y me he estado preguntando lo siguiente: 1.) ¿Por qué en el Rosario se reza un Padre Nuestro y diez Ave Marías? 2.) La primera parte del Ave Maria esta en la Biblia y es la salutación del Ángel Gabriel a Maria, entonces, ¿Cómo surge la segunda parte ‘ Santa Maria Madre de Dios …’ ? Por la atención a mis inquietudes, Gracias. Atentamente, J. C. A.

Respuesta:

Estimado:

1. La formación del Santo Rosario no es tan clara en cuanto a su origen. Es antiquísimo el uso de numerar las oraciones con granos o cuentas tanto entre los cristianos como entre los paganos. En el s. IV el monje Pablo solía contar sus Padrenuestros con piedrecitas. El uso del Rosario se hizo común en el s. XV, después de la propagación de la devoción del Rosario. Para algunos su formación de una lenta evolución. Comúnmente se presenta a Santo Domingo como quien recibió esta oración de manos de la Virgen María. De hecho, la Virgen en sus apariciones, la Iglesia a través de sus pastores, y la historia de los santos (que siempre lo rezaban diariamente), demuestran que es del agrado divino que se rece el Rosario.

2. La primera parte, que es una alabanza a la Santísima Virgen María, la componen como Ud. dice las palabras de salutación del Arcángel Gabriel el día de la Anunciación (Lc 1,28), y las de la santa Isabel el día de la Visitación (Lc 1,42). La Iglesia a añadido a estas salutaciones los nombres de María y Jesús.

Los dos saludos reunidos con la inclusión del nombre de María (aun falta el de Jesús) se encuentran como oración colecta del cuarto Domingo de Adviento, en el antifonario de San Gregorio (muerto en el 604). Probablemente, el uso de repetir a María Santísima los dos saludos reunidos se remonta al menos a un siglo antes, ya que se encuentra en la más antigua liturgia antioquena, la de Santiago. El nombre de Jesús aparece por primera vez en el s. VI. Al repetir a María la salutación del Arcángel junto con las bendiciones de santa Isabel tratamos de gozarnos con ella por los singulares privilegios y dones que Dios le concedió con preferencia sobre todas las creaturas y bendecimos juntamente y damos gracias a Dios por habernos dado a Jesucristo por medio de María.

La segunda parte del Ave María está compuesta en tiempos relativamente recientes. Parece que se debe al primer período franciscano (s XIII) el uso de añadir, a las palabras de alabanza de la oración colecta de San Gregorio, una invocación pidiendo su ayuda a la Virgen Madre de Dios. La forma actual se encuentra usada en distintos lugares hacia la mitad del s. XV; fue adoptada posteriormente por el papa San Pío V en su edición del breviario (libro de oraciones de los religiosos) en 1568, y desde entonces se fue haciendo de uso común. Con la segunda parte del Ave María pedimos a la Virgen su materna intercesión por nosotros en el curso de nuestra vida y especialmente en la hora de la muere, donde esperamos la Santísima Virgen nos asiste y nos alcance de Dios la gracia de la perseverancia final, es decir, de poder morir en gracia e ir al cielo a gozar eternamente de Dios.

Le recuerdo que a muchos de nuestros hermanos separados les es difícil aceptar el rezo del Santo Rosario por algunos motivos muy concretos que uno debe tener en cuenta cuando conversa con ellos: no creen en la intercesión de la Santísima Virgen María por nosotros (ni en la de ningún otro santo, culto que ellos consideran, erróneamente y en contra del mismo querer de Dios, idolátrico); no aceptan que María sea Madre de Dios al ser Madre de Cristo (de hecho, muchos de ellos no aceptan la Divinidad de Nuestro Señor); y no creen que la Iglesia puedan realizar actos de docencia, es decir, enseñar a los cristianos cómo deben rezar, ni nada que se le parezca, olvidándose que fue el mismo Jesús quien les mando a los Apóstoles que enseñasen a las gentes y que confirmasen su fe, dándoles una autoridad tal que la equiparó a la de Dios (‘Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo’ Mt 18:18).

Hay que tener presente también la excelencia del Santo Rosario, que es una fuente de gracias para el que lo reza con devoción y amor. Uno va considerando, en el transcurso de los padrenuestros (oración enseñada por Cristo) y avemarías (oración también tomada en su primera parte, como vimos, de la Sagrada Escritura), los misterios más excelentes de la vida de Cristo y de María, dándose que no hay otra oración más bíblica que esta. Además en casi todas las apariciones de la Virgen, Ella pide que los hombres recen todos los días el Santo Rosario, prometiéndole el cielo al que así lo haga. También los Papas han mostrado la excelencia de esta oración al conceder muchas indulgencias al que lo rece. Por todas estas cosas nos damos cuenta de la importancia del rezo del Rosario, y no podemos menos que hacernos el propósito de rezarlo y de motivar a los otros para que lo recen también. No hacerlo es privarse absurdamente de un sinfín de gracias y de la materna protección de María.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

procesión

¿Cuál es el origen de la procesión?, ¿Cuál su significado teológico?

Pregunta:

Estimado Reverendo Padre: Estoy haciendo una tesis de grado optando por la licenciatura de Comunicación Social, el tema es La Procesión de viernes santo: semióloga e historia. Es un tema muy interesante ya que trato subtemas como religiosidad popular, cofradías y hermandades, etc. Sin embargo no he encontrado todavía algún dato bibliográfico a cerca de la historia a nivel mundial y el significado científico de ella. Le agradecería mucho, si puede ayudarme al respecto: ¿cual es el origen de la procesión?, ¿cual su significado teológico?, ¿cual la relación identidad-religión en ella? Muchas gracias de antemano. Francia.

Respuesta:

Estimada:

Las procesiones como rito religioso, es decir, como una manifestación de culto público a la divinidad, se encuentra en todos los pueblos y religiones. Como acto de culto se celebraban también en el Antiguo Testamento. La Iglesia ha adaptado e incorporado esa tradición religiosa natural y espontánea al culto cristiano, depurándola y reservándola para algunas ocasiones especiales. En el Código de Derecho canónico se encuentra una especie de definición: ‘Bajo el nombre de sagradas procesiones se da a entender las solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente da un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino’ (canon 1290,1)

Las procesiones de los cultos paganos eran, en general, muy frecuentadas. Se daban tanto en las religiones mistéricas, como en las religiones étnico-políticas o nacionales. En el Antiguo Testamento, al menos una docena de salmos hacen referencia a una procesión o peregrinación. También puede ver: 2 Sam 6,1ss y 1 Cro 16 donde se describen solemnes pompas, con cantos de salmos y gran júbilo del pueblo, que celebraban el traslado del Arca, y también 1 Re 8 y 2 Cro 5. Los judíos realizaban procesiones para Pascua, Pentecostés y para la fiesta de los Tabernáculos, y se dirigían a Jerusalén.

En los primeros siglos de la era cristiana fue muy común ver reunidos a los cristianos, aun en tiempo de persecución, para llevar en procesión a los cuerpos de los mártires hasta el lugar de su sepulcro; así lo cuentan las Actas de los martirios de S. Cipriano y de otros muchos. Pronto los fieles comenzaron a acudir en peregrinación a visitar los Lugares Santos: Belén, Jerusalén, etc. (hay testimonios explícitos ya en el s. III) Y también acudían de diversas partes a visitar, en Roma, los sepulcros de S. Pedro y S. Pablo, y los cementerios de los mártires; en Asia Menor, el de Santa Tecla; en Nola, el de S. Félix; y así un sinfín de lugares más. Tras la paz de Constantino surgieron otras formas procesionales. En Roma las procesiones de las ‘Estaciones’ donde el Papa celebraba la liturgia en las grandes solemnidades. En Jerusalén, la peregrina Eteria habla de cómo toda la comunidad, los días señalados (como el Domingo de Ramos, por ejemplo), marchaban en procesión a uno de los Lugares Santos (Calvario, Monte de los Olivos, etc.) para conmemorar un acontecimiento de la salvación y celebrar después la Eucaristía. Y así hay un sinnúmero de testimonios desde los primeros siglos cristianos de la costumbre de celebrar procesiones.

En la Edad Media continuó la práctica de celebrar procesiones públicas. Los protestantes atacaron fuertemente esta costumbre, por eso el Concilio de Trento aprobó tan laudable costumbre. Después de Trento, los papas han mandado celebrar en diversas ocasiones procesiones públicas.

En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 – 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo. Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de mejor (ir hacia adelante). La prohibición de las procesiones ha sido siempre uno de los episodios tristes y característicos de la lucha contra el cristianismo y la Iglesia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

confesión y comunión

¿Por qué debemos confesarnos antes de comulgar?

Pregunta:

Padre. Si Dios nos ama a todos y nos acepta tal y como somos. ¿por qué para tomar la sagrada Hostia se supone que debemos estar sin pecado alguno?. Todos los días pecamos, y Dios es un ser misericordioso que se alegra cuando sus ovejas regresan. No creo que Dios te rechace por esto. ¡Explíqueme!

Respuesta:

Estimada:

El Catecismo (n. 1384) nos recuerda que ‘El Señor nos dirige una invitación urgente a recibirle en el sacramento de la Eucaristía: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros’ (Jn 6, 53)’.

Pero también nos dice a continuación (n. 1385): ‘Para responder a esta invitación, debemos prepararnos para este momento tan grande y santo. San Pablo exhorta a un examen de conciencia: ‘Quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma entonces del pan y beba del cáliz. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo’ (1 Co 11, 27-29). Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar’.

Usted dice que Dios nos ama a todos, y en esto tiene razón. Pero añade a continuación ‘y nos acepta tal y como somos’, y en esto se equivoca. Dios nos quiere santos. Jesucristo no comenzó su predicación diciendo ‘quédense como están porque yo los acepto así’, sino: ‘convertíos y creed en el Evangelio’. Y dio su vida por nosotros en la Cruz para que cambiásemos de vida. Si Dios nos quiere a todos tal como somos, debemos respetar a los ladrones y a los homicidas porque Dios los quiere tal como son, ¿quiénes somos nosotros para obligarlos a cambiar o para meterlos en la cárcel?

San Pablo mismo dice (y está citado en el texto del Catecismo) que quien come el Cuerpo o la Sangre de Cristo ‘indignamente’ será reo y come y bebe su propio castigo.

Por esta razón añade el Catecismo (n. 1386): ‘Ante la grandeza de este sacramento, el fiel sólo puede repetir humildemente y con fe ardiente las palabras del Centurión: ‘Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme’. En la Liturgia de san Juan Crisóstomo, los fieles oran con el mismo espíritu: A tomar parte en tu cena sacramental invítame hoy, Hijo de Dios: no revelaré a tus enemigos el misterio, no te daré el beso de Judas; antes como el ladrón te reconozco y te suplico: ¡Acuérdate de mí, Señor en tu reino!’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE