castidad

¿Qué importancia tiene la virginidad?

Pregunta:

Como parte de la formación espiritual y humana que se da en la comunidad de jóvenes católicos a la que pertenezco se está tratando de estudiar el tema de la sexualidad. Quisiera preguntar, para tener un mejor punto para ayudar a los demás muchachos, cuál es la importancia de la virginidad para un joven. ¿Qué actitud tomar si una joven de la comunidad sale embarazada o si un joven de la comunidad deja embarazada a una muchacha que no es de la comunidad o si ambos son de la comunidad? Gracias.

Respuesta:

Estimado: Todo ser humano está llamado a vivir la virtud de la castidad. De manera especial los bautizados. Decía San Ambrosio que son tres las formas de la virtud de la castidad: «una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad». La virginidad es la forma en que deben vivir la castidad los que aún no se han casado pero piensan casarse (en este caso se denomina más bien «continencia») y los que renuncian definitivamente a casarse para consagrarse a Dios y a sus hermanos («virginidad consagrada»).

La importancia que tiene la virginidad se desprende de la importancia que tiene la castidad y la continencia para todo ser humano. ¿Qué es la castidad? Es la dimensión espiritual que libera el amor del egoísmo y de la agresividad. La castidad es la virtud por la cual la persona humana sólo usa del sexo dentro de su legítimo matrimonio y según las leyes de Dios. Significa, equivalentemente, la abstención total del uso sexual fuera del matrimonio y antes del matrimonio (aunque sea en vistas del matrimonio); y dentro del matrimonio significa el abstenerse de hacer las cosas al margen de la ley de Dios.

La castidad presupone el aprendizaje del dominio de sí; es decir, el aprender a conseguir la libertad humana, porque «o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado»[1]. Es, por tanto, capacidad de dominio e implica tanto el evitar las ocasiones de provocación al pecado, cuanto el superar los impulsos instintivos de la propia naturaleza.

La castidad torna a la personalidad armónica, madura, y llena de paz interior. No siempre es fácil la castidad. Algunos se encuentran en ambientes donde ésta es ofendida y desacreditada deliberada y sistemáticamente; por lo cual, vivirla requiere una lucha exigente y hasta heroica. Pero con la gracia de Cristo todos pueden vivirla. En todo caso, al joven hay que alentarlo recordándole la expresión de aquel filósofo: «no arrojes al héroe fuera de tu alma».

Asimismo, es importante tener en cuenta que las virtudes o se mantienen conectadas entre sí o no pueden subsistir de ninguna manera. Por eso, para vivir plenamente la castidad se requiere adquirir otras virtudes subsidiarias como la fortaleza, la templanza, la mortificación y la caridad cristiana.

Me preguntas también qué actitud debe tomar un joven si deja embarazada a una muchacha. En realidad poco importa ante esta situación si pertenece o no pertenece a la misma comunidad. Lo primero es asumir las responsabilidades de padre. Si hubiera mediado promesa de matrimonio, debería también asumir esa responsabilidad. Es evidente que el ideal sería contraer matrimonio para dar al hijo que está en camino un hogar digno y unos padres unidos como Dios manda. De todos modos en esto no hay que ser imprudentes. Ya fue un error lo que hicieron al tener relaciones sin estar casados. Si están maduros para el matrimonio y se aman y ven que pueden ser buenos esposos, harían bien en casarse. De todos modos, no deben contraer matrimonio «por el solo hecho» de haber quedado embarazada la chica. Si ven que de ninguna manera van a funcionar como matrimonio, es preferible asumir las responsabilidades de la paternidad y maternidad (crianza y educación del hijo) y no volver a ponerse en ocasión de pecado, pero no casarse y terminar en un pronto fracaso y con un matrimonio deshecho pero indisoluble.

Sin embargo, todo esto conviene hablarlo personalmente con un buen sacerdote.

R. P. Miguel Angel Fuentes, IVE.

Bibliografía para profundizar:

PÍO XII, Enc. Sacra virginitas.

TIHAMER TOTH, Pureza y juventud, Gladius, Buenos Aires 1989.

[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2339.

masturbación en la mujer

La masturbación en la mujer

 Consulta:

Hola Padre. Antes que nada, gracias por encontrase en este foro para ayudar en las dudas que por lo regular tenemos. Mi duda es acerca de la masturbación femenina, y es que a mí me pasa que me cuesta mucho trabajo no llevar a cabo esta práctica. Soy mama soltera, pero ahora no convivo con el papá de mi hijito; pero en ocasiones siento como si mi cuerpo me lo pidiera y en un momento de confusión y alteración accedo a la autoestimulación. Cuando lo hago, al principio me relajo y tranquilizo, pero en seguida me surge una tremenda culpabilidad que me hace sentir mal. He consultado a algunos si esto está mal y es pecado, o no, pero me han dado respuestas distintas, que me han dejado confusa. Me gustaría saber su opinión y que me indique cómo poder superar este problema. Que Dios lo bendiga. Vicky.

 Respuesta:

Estimada Vicky:

 La masturbación en la mujer y en el varón tienen la misma moralidad y, en general, los mismos efectos, que explico más largamente en los artículos cuyos links le envío abajo de esta breve respuesta.

Resumiendo debo decirle:

 1) La masturbación es, objetivamente, un uso indebido de la sexualidad, que está hecha, por su misma estructura, para la unión entre el varón y la mujer, en una entrega amorosa y total (por eso jamás se realiza plenamente fuera del matrimonio, que es la única institución que garantiza esa mutua pertenencia total).

2) Por tanto, si usted realiza este acto con plena libertad, es un pecado.

3) Si usted lo realizara involuntariamente (como puede ocurrir en quien está dormido, o en estado de vigilia, es decir, sin plena conciencia de estar despierto o dormido), o por efecto de una enfermedad que la empuja compulsivamente a estos actos, etc., no sería pecado (al menos no sería pecado “grave”), porque para cualquier pecado (no solo para éste) hace falta obrar con plena libertad (que no significa alguna malicia especial, sino el modo en que realizamos nuestros actos libres de cada día).

4) Además, la masturbación, tanto por el placer, como por las circunstancias en las que muchos la realizan (por ejemplo, por una búsqueda ansiosa del placer, o para escapar de la tristeza, o como reacción ante fracasos, desesperación, etc.) tiende a arraigarse volviéndose un hábito vicioso que esclaviza a la persona. Y en algunos casos más graves (especialmente, cuando se asocia a la pornografía) puede llegar a originar una adicción, volviendo a la persona “adicta sexual”, que es una enfermedad cada vez más frecuente en nuestro tiempo.

Para completar esto que le he dicho de modo excesivamente resumido, le sugiero la lectura de los siguientes artículos que la ayudarán mucho:

1º – Miguel Fuentes – Luchar contra la masturbación

 (Aquí encontrará no sólo los aspectos morales y psicológicos sino también algunas pautas para luchar contra este hábito).

 2º  John Harvey – trad. Miguel Fuentes – El problema pastoral de la masturbación

Este estudio analiza las causas psicológicas de este problema y da pautas muy atinadas para abordarlo pastoralmente.

 3º – Miguel Fuentes, La castidad ¿posible?

 4º – Miguel Fuentes – La trampa rota (cuando el vicio se ha vuelto una adicción)

En Cristo y María

pecado

¿Por qué se dice que todos los pecados contra la castidad son mortales?

Pregunta:

Mi pregunta va orientada a moral sexual. ¿Cuál es el fundamento teológico de considerar “non parvitas materiae” en todos los pecados contra el 6° y 9° mandamientos? ¿Existe alguna definición magisterial al respecto? El teólogo Marciano Vidal dice en su “Moral de Actitudes” que esta categorización moral corresponde a un error en la antropología biológica, pues según él, Santo Tomás de Aquino considera que el esperma ya contiene “homúnculos”, o sea hombres en estado embrional y por tanto todo derrame seminal contendría hombres en estado embrionario. ¿Es real esta afirmación? ¿Cómo le respondería usted?

Respuesta:

Estimado,

Parvitas materiae”, quiere decir “parvedad (= pequeñez) de materia”; el principio que usted menciona: “que no hay parvedad de materia” quiere decir que, desde el aspecto material, cualquier acto realizado contra lo que se manda en esos “mandamientos” es suficiente para que haya pecado mortal.

Ha sido, indudablemente, una enseñanza tradicional el que en materia sexual todo desorden es algo objetivamente serio o grave y constituye, por tanto, materia suficiente para que haya pecado mortal. No se dice, sin más, que en cada caso concreto sea pecado mortal, pues para que haya efectivamente un pecado mortal no basta con que se verifique un desorden grave objetivo sino que además hace falta que sea conocido como tal por quien lo realiza y que lo haya querido o aceptado realizar libremente (podrían, pues, darse causas atenuantes como la ignorancia, violencia, falta de libertad o deliberación, etc.)[1].

En la segunda mitad del siglo XX muchos teólogos se apartaron de esta enseñanza afirmando que esta doctrina hacía una diferencia injustificada entre las cuestiones sexuales y las de otras virtudes (como las de la justicia social, por ejemplo, donde sí se habla de que puede haber parvedad de materia); en consecuencia exigían que se reinterpretara el principio (como Grundel, B. Haring y otros) o bien lo califican de insostenible (J. Ziegler, A. Valsecchi)[2]. Sin embargo, no es exacto decir que la doctrina de la “no parvedad de materia” sea algo que afecte tan solo al campo sexual; hay otros pecados en que tampoco se da parvedad de materia; así, por ejemplo dice el Catecismo: “Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio”[3]. Nótese que se indican actos en que se injuria a Dios, en que se atenta contra la vida del prójimo y -en tercer lugar- la sexualidad.

En los documentos del magisterio no aparece la expresión “no parvedad de materia”, pero sí lo esencial que este principio quiere indicar. Es muy claro a este propósito el párrafo de la Declaración Persona humana que critica el mal uso de la teoría de la opción fundamental (con la que muchos de estos autores negaban la no-parvedad de materia en cuestiones sexuales): “… Según la tradición cristiana y la doctrina de la Iglesia, y como también lo reconoce la recta razón, el orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados, que toda violación directa de este orden es objetivamente grave”[4]. Al decir “toda violación directa… es objetivamente grave”, está enseñando precisamente lo que la tradición teológica anterior indicaba con el principio de “no-parvedad de materia”. “Toda violación” incluye no sólo los actos externos sino también los pensamientos y los deseos.

Más claro todavía se hace al ver que inmediatamente el texto de la Declaración distingue este juicio de gravedad objetiva, del juicio de la responsabilidad subjetiva: “Es verdad que en las faltas de orden sexual, vista su condición especial y sus causas, sucede más fácilmente que no se le dé un consentimiento plenamente libre; esto invita a proceder con cautela en todo juicio sobre el grado de responsabilidad subjetiva de las mismas”. Con esto se pone de manifiesto que la expresión “directa” (toda violación directa) no era una alusión a los elementos subjetivos del acto sino simplemente que hacía referencia a una “violación propia del orden sexual”.

Finalmente el documento une ambas esferas (la objetiva y la subjetiva) al señalar que si bien se deben tener en cuenta los elementos subjetivos (conocimiento y libertad de la persona, u otros condicionamientos) esto no debe llevar a sostener “que en materia sexual no se cometen pecados mortales”.

Si vamos al Catecismo de la Iglesia Católica veremos que al hablar de la lujuria en general no se afirma directamente la gravedad (entiendo gravedad en el sentido de mortalidad, es decir, “pecado mortal”) de todos los pecados en esta materia; tan solo la objetividad del desorden que ellos entrañan; en efecto, señala que “el placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo separado de las finalidades de procreación y de unión”[5].

Pero al pasar a hablar, a continuación, de cada una de las especies de lujuria, se usa una terminología equivalente a la que expresa la “no-parvedad de materia”. Así, por ejemplo de la masturbación afirma (apelando a dos fuentes: “el magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante” y “el sentido moral de los fieles”) como “un acto intrínseca y gravemente desordenado”[6]. Y se refiere al acto considerado en sí, objetivamente, o si se quiere: materialmente; es el acto considerado en su aspecto material, objetivamente, al margen del conocimiento y de la libertad del sujeto que lo realiza. Por eso, se añade a continuación los demás elementos del juicio concreto sobre la responsabilidad moral de los sujetos que lo cometen; para esto, dice, deberá tenerse en cuenta: “la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral”. Nótese, pues, que todos estos factores pueden atenuar o reducir la “culpabilidad moral”. Culpabilidad es la responsabilidad que a alguien le cabe por la ejecución de un acto desordenado. El acto es gravemente desordenado en sí, pero la culpabilidad o responsabilidad de uno puede estar atenuada por ignorancia o falta de libertad u otros factores. Lo que se ha afirmado, es, por tanto, la gravedad objetiva del desorden sexual en todo su género.

Los demás párrafos del Catecismo que hacen referencia a las otras “ofensas contra la castidad” mantienen el lenguaje de “gravedad” (es decir, pecado grave por su objeto o intrínsecamente grave) para el juicio objetivo: así al hablar de la fornicación se dice que es “gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana”[7]; la pornografía “atenta gravemente a la dignidad (…); es una falta grave”[8]; en la prostitución quien paga “peca gravemente”, y dedicarse a ella “es siempre gravemente pecaminoso” (y luego nuevamente indicará la posibilidad de atenuación de la imputabilidad en las víctimas de chantaje, presión, etc.)[9]; la violación “es siempre un acto intrínsecamente grave”[10]; los actos homosexuales “son intrínsecamente desordenados”[11]; al hablar de las uniones libres dice de modo universal: “el acto sexual debe tener lugar exclusivamente en el matrimonio; fuera de éste constituye siempre un pecado grave”[12], pero es evidente que el Catecismo no desconoce que algunas personas tienen una enorme ignorancia en estos temas, por tanto, está hablando de la gravedad material (y decir “siempre grave” equivale a decir “no admiten parvedad de materia”). Más adelante, en el resumen del capítulo, el mismo Catecismo llama a muchos de los actos que acabamos de mencionar: “pecados gravemente contrarios a la castidad”[13]; al hablar de la anticoncepción dice que es “intrínsecamente mala”[14]. Lo dicho debe extenderse también a los actos interiores pues varias veces se cita la expresión de Jesucristo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mt 5,28)[15]; le cabe pues el mismo juicio que el adulterio, el cual está “absolutamente prohibido” y “denunciado en su gravedad por los profetas”[16]. Téngase en cuenta que los actos internos se califican moralmente del mismo modo que los actos externos que tienen el mismo objeto moral (así, por ejemplo, el acto interno de deseo o complacencia en una acción homosexual tiene la misma calificación que el acto externo, por tanto es propiamente hablando un acto homosexual aunque de deseo o pensamiento). Debe decirse, entonces, que comparten también la misma calificación teológica que tales actos: o sea, en este caso, son intrínsecamente graves por su objeto[17].

Se distingue siempre, por tanto, entre gravedad -o gravedad objetiva o gravedad intrínseca- que hace referencia a la materia, y responsabilidad, imputabilidad y culpabilidad, que es la atribución del delito o pecado a un sujeto en lo que juega un papel importante el conocimiento y la voluntariedad que se tenga en el momento de realizar el acto. Los primeros términos responden, en los textos arriba citados, a lo que la tradición teológica ha acuñado como “no-parvedad de materia”[18].

El motivo de este juicio objetivo no es el que se indica en la consulta, sino el que está indicado en algunos de los documentos que hemos señalado, especialmente en la Declaración Persona humana, al decir que “el orden moral de la sexualidad comporta para la vida humana valores tan elevados” que su transgresión es objetivamente grave; son cosas ordenadas de modo intrínseco -por su objeto- al fin último de la vida; por esta razón todo uso desordenado comporta una desviación del fin último de la vida al menos objetivamente; este es el juicio moral del magisterio y de Santo Tomás (y no el indicado por el consultante)[19]. Se trata, pues, de la grandeza de los valores implicados en la sexualidad, que está dada por varios capítulos: (a) por la relación que tiene el uso de la sexualidad con Dios: Dios ha concedido al uso de la sexualidad la dignidad de ser el vehículo por el cual el hombre se asocia al acto creador de los nuevos seres humanos (y por eso, llamamos a los padres pro-creadores); (b) por la relación que tiene el sexo con la existencia de la humanidad: de su recto uso depende la perpetuación de la especie humana (y digo de su recto uso, porque para que haya auténtica perpetuación debe haber generación y educación de la prole); (c) por la relación que tiene el sexo con el amor humano: es el acto de comunión más perfecto que puede darse entre dos seres humanos, el varón y la mujer, pues representa objetivamente la entrega total y sin restricciones de todo el ser de una persona a otra persona; es acto de donación personal (de la persona del amante a la persona del amado); todo uso del sexo fuera de este contexto implica el uso fraudulento de un lenguaje cuasi sagrado.

En cuanto a las tesis de Marciano Vidal carecen de autoridad pues con esos mismos principios el autor ha llegado a legitimar la masturbación para ciertos casos, las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad, etc., todo lo cual ha motivado una Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe que obligó a este teólogo a retractarse de sus posiciones[20].

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía:

Se pueden leer los textos del Catecismo citados en las notas y también: Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, sobre algunas cuestiones de ética sexual; Congregación para la Doctrina de la Fe, Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R., 22 de febrero de 2001.

[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1857.

[2] Se puede ver: B. Haring, “Sexualidad”, en: Diccionario de Teología Moral, Paulinas 1978, p. 1014.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1756. Cf, también nn. 2148; 1856.

[4] Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Persona humana, sobre algunas cuestiones de ética sexual, n.10.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2351.

[6] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352.

[7] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2353

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2354

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2355.

[10] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2356

[11] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2357.

[12] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2390.

[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2396.

[14] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2370.

[15] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1456 (en la nota); 2336; 2380 (en nota); 2513; 2528.

[16] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2380.

[17] Calificación o especie teológica quiere decir en moral la gravedad: mortal o venial. En cambio, especie moral de un acto significa qué clase de acto es: homosexualidad, fornicación, robo, venganza, etc.

[18] Por eso no tienen fuerza los argumentos con los que se intenta criticar esta doctrina; por ejemplo afirma López Azpitarte: “La malicia del acto radica en la renuncia a vivir los valores de la sexualidad, que en cada gesto concreto se eliminan. Si una conducta aislada no llegara a herir gravemente el sentido de aquella, se debería admitir, como en otros campos de la moral, la parvedad de materia” (López Azpitarte, E., Ética de la sexualidad y del matrimonio, Madrid, 1992, p. 173). No hace falta hablar de parvedad de materia porque “renunciar” o no a “vivir los valores de la sexualidad” se explica por los elementos subjetivos del acto: la plena o no plena voluntariedad del acto.

[19] El Catecismo en el n. 1856, cita el texto de Santo Tomás (Summa theologiae, I-II, 88, 2): “Cuando la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal… sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc., o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc… En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al amor de Dios y del prójimo, como una palabra ociosa, una risa superflua, etc., tales pecados son veniales”.

[20] Congregación para la Doctrina de la Fe, Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R., 22 de febrero de 2001. En el preámbulo se habla de “los errores y de las ambigüedades encontrados” en las obras examinadas de Marciano Vidal (“La propuesta moral de Juan Pablo II. Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis Splendor” y “Moral de Actitudes”); al pasar a la Nota doctrinal, punto 2: “Cuestiones particulares”, se toca el tema que aquí hemos tratado indicando entre tales errores y ambigüedades: “El Autor sostiene que no se ha probado ‘la gravedad ex toto genere suo de la masturbación’. Ciertas condiciones personales son en realidad elementos objetivos de ese comportamiento, por lo ‘que no es correcto hacer abstracción objetiva de los condicionamientos personales y formar una valoración universalmente válida desde el punto de vista objetivo’. ‘No todo acto de masturbación es materia objetivamente grave’. Sería incorrecto el juicio de la doctrina moral católica de que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas”.

relaciones

Mi novio me dice que ‘físicamente’ necesita tener relaciones conmigo: ¿existe en verdad esta ‘necesidad física’?

Pregunta:

Escribo desde Estados Unidos. Tengo 22 años. He leído en su pagina la consulta ‘¿Son ilícitas las relaciones prematrimoniales?’. Todo lo que ustedes dicen es exactamente lo que yo pienso y lo que mi mamá me enseñó durante años. Hace seis meses de estoy novia con un muchacho al cual estoy segura que amo y que me gustaría compartir toda mi vida con él. Pero él tiene diferentes maneras de ver la vida con respecto a este tema y a pesar de que durante estos meses me ha respetado, día a día me sale diciendo que se le esta haciendo muy difícil y que además físicamente necesita hacer el amor. También me dice unas veces que si sus hermanas y su mejor amigo saben que el no tiene sexo conmigo van a burlarse de él y lo van a llamar homosexual. Peor es a veces cuando no puedo contestar las preguntas que él me hace, como ‘¿por qué los católicos vemos la virginidad tan importante?’ o ‘¿por qué yo quiero esperar, por quién, debido a qué?’ Y la única respuesta que le doy, es por el amor que le tengo a Dios, pero el no entiende. A veces me surge la pregunta: ‘¿Por qué la iglesia acepta el sexo fuera del matrimonio en los hombres y no en las mujeres?’ Yo no sé qué tan cierto es eso de que mi novio físicamente está teniendo problemas por el deseo sexual que tiene; pero yo no sé qué hacer. No puedo negar que a veces me cuesta mucho decir ‘basta’. Pero en todo momento pienso en Dios, en lo que mi mamá me enseñó y sobretodo no quiero hacer nada con mi cuerpo que después me vaya a arrepentir. ¡Gracias por su pagina!

 

Respuesta

Estimada C.:

Ante todo te felicito por tus claras convicciones. Lo que piensas acerca del noviazgo y del matrimonio es muy acertado. Y lo más importante de todo: de vivir del modo que te ha enseñado tu madre depende la felicidad del matrimonio.

En el matrimonio el sexo es algo muy importante; pero no es lo más importante y sobre todo: no es lo único importante. El noviazgo se ordena, entre otras cosas, a demostrarse que pueden quererse y amarse aun cuando no puedan tener sexo durante algún tiempo. En la vida matrimonial hay muchas circunstancias en las cuales no se pueden tener relaciones sexuales porque uno de los dos no puede hacerlo: durante cierto tiempo del embarazo, después de un parte, en algunas enfermedades, etc. etc. ¿Serán capaces de amarse afectiva y espiritualmente sin faltar a la fidelidad? ¿Podrás ser la única mujer de tu esposo, aunque no puedas tener relaciones con él en algunos momentos? Esto hay que responderlo en el noviazgo. ¿Cómo? Demostrando que se aman sin exigirse algo que no pueden darse todavía (por no estar casados).

Esto no es algo que tu novio pueda ignorar. De cómo lo eduques en el noviazgo dependerá en gran medida el cómo será cuando te cases con él.

No tengas miedo en quedarte para vestir santos. Si eres virtuosa y exiges virtud en tu novio, no podrá faltarte un buen esposo.

En segundo lugar, no hay ningún hombre (y ninguna mujer) que tenga tales necesidades físicas de ejercer su sexualidad que no pueda contenerse. Sólo una persona psíquicamente enferma puede pensar en ‘impulsos irresistibles’. Tu novio debe demostrarte que es capaz de mantener la castidad durante el noviazgo, es decir de que es normal; de lo contrario, cuando estés casada con él, te engañará con otra mujer cuando vuelva a sentir esos deseos físicos y tú no puedas responderle adecuadamente por enfermedad, indisposición o por cualquier otra cosa.

El decirte que los demás pueden pensar que es homosexual si no tiene sexo contigo es una excusa. Si te ama y quiere respetarte, ¿qué le importa lo que piensen los demás? Además, son justamente algunos homosexuales los que tienen relaciones con mujeres (e incluso se casan) para que los demás no piensen que son homosexuales (hay casos famosos).

Finalmente, no es verdad que la Iglesia permita el sexo fuera del matrimonio en los hombres y no en las mujeres: fuera del matrimonio, todo acto sexual es ilícito tanto para el hombre como para la mujer. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 2348-2349): ‘Todo bautizado es llamado a la castidad. El cristiano se ha ‘revestido de Cristo’ (Ga 3,27), modelo de toda castidad. Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad. La castidad debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o célibes. Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia. ‘Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica’ [San Ambrosio]’.


A continuación transcribimos un mensaje que nos hizo llegar un joven después de haber leído este artículo

P. Fuentes:

Es la primera vez que yo ingreso en esta página, y lo primero que me interesó fue este apartado de problemas en el noviazgo.

Leí sobre la experiencia de la señorita que ha tenido dificultades con su pareja por el problema de las relaciones sexuales antes del matrimonio, yo me identifico con ella porque yo también pasé por allí, además este es un problema que está atacando mucho a los noviazgos; y yo no logré mejorar hasta que decidimos hablar con nuestro párroco.

Yo he visto a través de la experiencia la gran ayuda que uno recibe al consultarlos, pero no niego que el pecado de la fornicación nos engaña y nos hace sentir vergüenza para evitar consultarlos.

Aconsejo que consulten con su párroco lo más pronto posible, ya que lamentablemente mi noviazgo terminó a consecuencia de no hablar a tiempo, y cuando lo hice, la relación ya estaba muy dañada, incluso teníamos plan de casarnos y todo se acabó. No hay que darle ocasión al demonio de tentarnos, y si están es una comunidad pidan a los otros miembros que recen por ustedes para no caer en tentación, asimismo también ellos los cuidarán, para no estar solos en casa, en lugares oscuros, etc.

Bueno, me despido pidiendo bendiciones de nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen Madre Maria para que este servicio siga ayudando a los Jóvenes.

Atte.

Fernando

adicción

¿Cómo saber si tengo un problema de Adicción Sexual?

Pregunta:

Bueno primeramente me da gusto encontrar a una persona como usted y espero me pueda ayudar. soy un hombre con 15 años de casado, y amo mucho a mi esposa pero vivo terriblemente atormentado por la pornografía y me masturbo muy frecuentemente y eso está creando en mí que no me ame y sienta en ocasiones odio por mí mismo. Le he pedido ayuda a DIOS pero cada vez es peor al grado que mi vida ya no es vida ya no disfruto los momentos de mi existencia, le pido por favor ayuda y una oración por mi alma.

 

Respuesta:

Estimado:

Considero que su problema tiene que ver con la adicción sexual. Lo primer que usted tiene que hacer es examinarse a sí mismo para ver si su problema es un simple vicio que puede llegar a dominar con ayuda puramente espiritual o bien ya es un problema adictivo; en este segundo caso, necesita ayuda profesional.

Le envío a continución un examen orientativo que ofrecen en la página de Sexólicos Anónimos ( http://www.sa.org/ ) y que puede servirle para ver cuál es la gravedad de su problema.

Examínate a Ti Mismo

  1. ¿Se te ha ocurrido alguna vez que necesitas ayuda para modificar tu comportamiento o pensamientos sexuales?
  2. ¿Que te iría mucho mejor si no te ‘dejaras llevar’ por los impulsos sexuales?
  3. ¿Que el sexo o los estímulos exteriores te controlan?
  4. ¿Has tratado alguna vez de parar o limitar aquello que consideras perjudicial en tu conducta sexual?
  5. ¿Utilizas el sexo para huir de la realidad, aliviar la ansiedad o porque no sabes resolver los problemas que la vida te plantea?
  6. ¿Tienes sentimientos de culpa, remordimientos o depresiones después?
  7. ¿Se ha vuelto más compulsiva tu búsqueda de sexo?
  8. ¿Perjudica a las relaciones con tu cónyuge?
  9. ¿Te ves obligado a recurrir a imágenes o a recuerdos durante el acto sexual?
  10. ¿Se apodera de ti un impulso irresistible cuando la otra parte toma la iniciativa o te propone relaciones sexuales?
  11. ¿Estás siempre saltando de pareja en pareja o de amante en amante?
  12. ¿Crees que ‘el amor verdadero’ te ayudaría a liberarte de la lujuria, a abandonar la masturbación o a dejar de ser tan promiscuo?
  13. ¿Tienes una necesidad destructiva, una necesidad sexual y emocional desesperada de alguien?
  14. La búsqueda de sexo, ¿hace que no prestes atención a tus necesidades o al bienestar de tu familia y de los demás?
  15. ¿Se ha reducido tu rendimiento y tu capacidad de concentración en la medida en que el sexo se ha vuelto más compulsivo?
  16. ¿Te roba tiempo que debieras dedicar al trabajo?
  17. ¿Cuando buscas sexo acudes a un medio social más bajo?
  18. ¿Te entran ganas de alejarte lo más rápidamente posible de la otra persona una vez finalizado el acto sexual?
  19. ¿Te masturbas y tienes relaciones sexuales con otras personas, a pesar de que tu cónyuge es sexualmente satisfactorio?
  20. ¿Te han arrestado alguna vez por algún delito relacionado con el sexo?

© 1997-2006 Sexaholics Anonymous Inc.

Si usted responde que sí más de una de estas preguntas, le sugiero que lea nuestros otros artículos sobre adicción sexual y busque un profesional que pueda orientarlo o un grupo de Sexólicos Anónimos.

En caso de buscar un grupo, asesórese también con un buen sacerdote para que los principios morales que orientan el grupo respondan adecuadamente a la moral que nos enseña la Iglesia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE