Meditación Trascendental

¿Qué es la “meditación trascendental”?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Le agradezco mucho sus respuestas que comparto con mi esposa. He leído en una pagina norteamericana (ABCNews.com) que trae noticias e información diversa, que hay estudios efectuados que demuestran que la meditación produce beneficios orgánicos y psíquicos diversos. Incluso, parece que en algunos hospitales de ese país se está comenzando a dar clases de meditación concentrando la atención en la respiración, por los efectos positivos que produce. Entonces ¿es pecado meditar? Yo creo, salvo su mejor opinión, Padre, que si uno no comparte teorías o doctrinas orientales, puede hacerse como una defensa antistress. Saludos y gracias una vez más.

Respuesta:

Estimado:

Le contesto brevemente tomando algunos datos del libro del P. Esteban Tavares Bettencourt, benedictino, ‘Crenças, religioes, igrejas e seitas: quem sao?'(Ed. O Mesageiro de Santo Antonio, Sao Paulo 1995, 79-82).

El fundador de la llamada ‘meditación trascendental’ fue Maharishi Mahesk Yogi, quien practicó esta técnica de meditación como ermitaño en el Himalaya y luego se dedicó a difundirla.

El término ‘trascendental’ pretende indicar que apunta a sobrepasar las cosas sensibles para alcanzar el centro del ser. Consiste en una técnica mental que lleva a la persona, primeramente, a colocarse en estado de relajación interior; y en ese estado intenta olvidar todas las realidades sensibles y vaciar la mente de todas las imágenes materiales que habitualmente lo distraen. Así se crea un estado de ‘percepción vacía’ que acarrea la cesación de emociones, sentimientos y afectos. Así (pretenden) la persona alcanza la realidad más íntima de su propio ser. En los sucesivos niveles de profundidad de la mente, el individuo se hace cada vez más consciente de su naturaleza divina (!). Este estado final es denominado ‘percepción pura’.

Hay personas que se dicen beneficiadas por la meditación trascendental cuando están todavía en los estados iniciales de sus ejercicios. Pero con el tiempo los efectos de la técnica son nefastos. Se han detectado consecuencias físicas de decaimiento, propensión a manifestaciones esquizofrénicas, con frecuentes accesos de cólera e impulsos incontrolables. Los problemas aparecen especialmente en muchos instructores y más rápidamente en quien más se entrega a la práctica.

Por otra parte resta el problema de la filosofía subyacente. Aunque muchos cultores afirmen que nada tiene que ver con la religión o filosofía, sin embargo, está ligada a la filosofía religiosa de los maestros hindúes que es el panteísmo. Su fundador afirma claramente un panteísmo al que apunta este ejercicio. También profesa la reencarnación.

Demás está decir que nada tiene que ver con la meditación cristiana propuesta por todos los grandes autores espirituales y que puede ver en el Catecismo nn. 2705-2708.

Puede ver Usted nuestro artículo sobre el ‘Yoga‘ y las citas que allí se encuentran sobre el documento ‘Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana’, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que trata de este tema.


El siguiente artículo es gentileza de la página www.corazones.org

Un método basado en la repetición de un ‘mantra’ por unos 15 a 20 minutos, 2 veces al día. Dicha mantra pretende ser estrictamente personal, un sonido que corresponde a la ‘vibración profunda’ de cada ser y que no debe ser revelado a terceras personas. Pero en realidad cada mantra es el nombre cifrado de una deidad hindú. Hay una deidad específica que se le da a meditar al adepto según su edad. Además se puede ir ampliando al cabo de unos meses mediante sucesivos pagos, hasta formar frases de adoración religiosa.

MT dice lograr que las hondas cerebrales sean coherentes pero no existe ninguna base para creer en esta jerga pseudo científica.

En 1977 la MT perdió un pleito en EE.UU. en el que se estableció su naturaleza religiosa y que no se trata de una verdadera ‘ciencia’ como sus proponentes intentan hacer creer.

En Alemania, el 6 de agosto de 1980, la MT pierde una querella contra el gobierno federal y este queda autorizado para afirmar que ‘la MT es una secta que puede conducir a daños psíquicos y destrucción de la personalidad’. Maharishi entonces huye a la India.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


EL CONFLICTO BASICO ENTRE EL MAHARISHI Y EL CRISTIANISMO
Pastoral de su Eminencia Jaime Cardinal Sin, Arzobispo de Manila, sobre ciertos aspectos doctrinales del Maharishi, 1984
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Metodología del Campo Unido, considerada luego de efectuar consultas con expertos en teología.

La doctrina y enseñanza del Maharishi expone información relacionada con (1) Dios, (2) el hombre, (3) la manera de llegar a Dios, (4) el dolor y el sufrimiento y (5) el pecado que se manifiesta en abierta contradicción con la doctrina cristiana.

1. El ‘Dios’ del Maharishi es impersonal, en lugar del Dios manifestado en la revelación cristiana en donde Dios es un Dios personal que ama a cada persona humana de una manera íntima.

Al negar al Creador como ser Supremo y enseñar que ‘Todo es Uno’, el Maharishi suprime la distinción entre el Creador y la criatura. Esto conduce directamente al, o es una forma equivalente del panteísmo.

Se ha descubierto que los ‘mantras’ presentados a los seguidores del Maharishi son invocaciones, en la mayoría de los casos, a todas las deidades veneradas por los hindúes, negando así en un sentido real la unidad de Dios y fomentando el politeísmo.

2. El hombre es considerado capaz de lograr una perfección ilimitada, de ser totalmente liberado de todo dolor y sufrimiento a través de la práctica de la Meditación Trascendental (MT) realizada de la manera propuesta por el Maharishi. Asimismo, a través de la MT, el hombre puede encontrar la solución a todos los problemas que oscilan desde el control de los elementos hasta el logro de la indestructibilidad e inmortalidad.

Dos deficiencias, entre otras, se presentan claramente en esta doctrina: (a) la misma no acepta la inmortalidad del alma, ni la vida después de la muerte, como parte de la naturaleza del alma; (b) ignora completamente la existencia del pecado original, un dogma cristiano, y las consecuencias de las realidades de la vida.

3. Maharishi plantea la manera de llegar a Dios a través de la MT y la manifiesta como una manera interpretada por el mismo, sus libros, y sus seguidores. Además, la MT se presenta como la manera exclusiva de llegar a Dios.

Nuevamente, dos deficiencias se esconden detrás de estas afirmaciones: (a) el abuso del término MT que ha sido apropiado por ellos como si su método fuera ‘la’ MT por excelencia, la única auténtica (existe el misticismo cristiano, incluso los autores hablan del misticismo hindú y budista, y ciertamente, existe además el afamado método de meditación za-zen); y (b) la manera de llegar a Dios en la enseñanza actual para todos es el camino de la Cruz mientras somos peregrinos, como lo predicara explícitamente Cristo mismo, y fuera aceptado en la doctrina y en la vida cristiana. El heroísmo del sufrimiento cristiano fiel, manifestado con el mayor coraje y dignidad parece encontrarse ausente en la manera de llegar a Dios del Maharishi.

4. El rechazo del valor redentivo del sufrimiento y de la existencia de Cristo como el Redentor se encuentra implícito en el método del Maharishi con respecto al problema del dolor y el sufrimiento. En realidad, el Maharishi en su libro, Meditaciones del Maharishi Mahesh Yogi (Nueva York, Editorial Bantam, 1968, p.23), escribe explícitamente: ‘No creo que Cristo haya sufrido alguna vez o que Cristo pudiera sufrir.’ (Los seguidores del Maharishi han repetido esta afirmación en varios lugares.)

5. El pecado. El Maharishi trata de ignorar la existencia del pecado. A este respecto, el Maharishi sigue la doctrina védica que considera al pecado una cuestión corporal y que no tiene nada que ver con el espíritu o el alma del hombre. El concepto global del ‘pecado’, si se lo acepta implícitamente, es considerado como algo externo y legalista. El sentido real de la libertad y la responsabilidad se encuentra ausente, y los ‘efectos’ del pecado son objeto de rituales, mantras, y MT. No existe una conversión interior, sino un uso bastante manipulador de la MT para lograr las liberaciones.

En la base de este concepto y de este método se encuentra el concepto de Dios, del hombre, de la manera de llegar a Dios, del dolor y el sufrimiento descriptos anteriormente. A partir de este punto de vista, uno no puede ser un cristiano y un seguidor del Maharishi.

6. La MT puede ser considerada como doctrina (contenido) o técnica (método). Desde el punto de vista del contenido, el mismo no es aceptable para un católico, o para un cristiano en general. Desde el punto de vista de una técnica, de la manera en que el grupo del Maharishi la presenta, la MT no es aceptable debido a sus relaciones intrínsecas con la doctrina (observar información sobre los ‘mantras’ y el punto 1 y 2).

Esta clase de MT debe ser distinguida de las diversas formas de oración adecuadas a las actitudes religiosas orientales, algunas de las cuales podrían ser aceptables, e incluso beneficiosas, si fueran escudriñadas y utilizadas apropiadamente. La MT, no obstante, como la propone el Maharishi y como resultado final observado por la doctrina y los seguidores del Maharishi, es, por no decir otra cosa, bastante peligrosa. La misma llega a ser un escape y no un remedio. Su resultado inevitable, dentro del contexto de la doctrina del Maharishi, es la desensibilización de la conciencia tratando de liberar no la culpa y el desorden real sino solamente sus síntomas y su desasosiego concomitante.

Traducido del inglés por Teresa Galiano.

yoga

¿Es lícito el Yoga?

Pregunta:

Necesito saber qué grado de peligrosidad tiene para un cristiano la práctica de la gimnasia Yoga. ¿En qué puede comprometerme como creyente cristiano?, ya que esta práctica se ofrece libremente en Parroquias, escuelas, etc. y además están recomendadas por sacerdotes católicos.(P/ej. Padre Antony de Melo y Padre Ignacio Larrañaga), que promueven ejercicios del Yoga para entrar en oración con Dios. ¿Que me pueden aconsejar? Los saludo en Cristo Jesús.

 

Respuesta:

1. El Yoga

En el pensamiento tradicional hindú el yoga es un conjunto de técnicas de ascésis y métodos de meditación para lograr la unión con la divinidad o con lo divino; puede describirse también como un conjunto de técnicas y ejercicios de ascetismo y de dominio de sí, que comprende desde ejercicios y métodos físicos, gimnásticos, corporales, respiratorios, etc., más o menos naturales, hasta complicadas prácticas y procedimientos de concentración mental o meditación, posturas, etc.; todo esto mezclado con ideas filosófico-religiosas propias del hinduismo, con la pretensión de llegar a una mística o unión con lo divino. Hay varias formas de yoga: la clásica (expuesto por Patañjali), la budista, la jaina. En su aspecto técnico necesita una iniciación, pues no puede aprenderse en solitario, sino que hay que tener un maestro, un guru[1].

‘Las técnicas del yoga consisten en suprimir los estados de conciencia, calmar las vibraciones mentales y reemplazarlas por una experiencia intuitiva, extra-racional'[2].

Para eso, el yogui tiene que pasar por ocho etapas que señalo porque son importantes para hacer un juicio moral[3]:

1. El freno de sí mismo (yama), que implica disciplina de las emociones y de las pasiones, un vivir sencillo, laborioso, honesto, morigerado, etc.

2. El freno de la mente (niyama), obtenido por medio de un régimen oportuno de lavados internos, buscando la purificación física (sin esto no podría soportar los difíciles ejercicios de los estadios siguientes).

3. Las posturas y actitudes (âsana y mudrâ) que son muy numerosas (algunas conocidas como la ‘del loto’, en la cual se suele figurar el Buda; la ‘del árbol’, en la que se sostiene con un solo pie, teniendo el otro apoyado con la planta sobre el interior del muslo; la ‘del sostenerse sobre la cabeza’; etc.). Muchos creen equivocadamente que todo el yoga se reduce a esto, es decir, hacen de él un método gimnástico.

4. Los ejercicios de respiración (prânâyâma) con sus tres etapas (inspiración, respiración y parada del soplo durante un tiempo determinado.

5. El abstraer los sentidos del mundo exterior (pratyâhâra).

6. La concentración de la mente (dhâranâ) que posibilitan mantener la mente fija sobre un determinado asunto, sin posibilidad de distracción.

7. Control de la voluntad (dhyâna). Es un estadio de total alejamiento de toda sensación, de calma interior sin pensamiento alguno.

8. El éxtasis (samâdhi) o aislamiento del verdadero Yo de los ilusorios velos de las apariencias (mâyâ). Apunta al conocimiento del verdadero Yo mediante la extinción de la individualidad a través de una extraordinaria concentración del pensamiento.

Suele decirse que estas etapas van acompañadas por poderes extraordinarios y por conocimientos sobrehumanos que corresponderían al contacto del yogui con la ‘Verdad’; o al menos se pueden manifestar poderes telepáticos o fenómenos similares.

2. Problemas médicos

Como se ve por lo dicho más arriba el Yoga mezcla principios de orden filosófico y religioso con elementos físicos (posturas, métodos de relajación, de concentración, etc.). ¿Es posible separar la metodología de autodominio corporal de sus principios filosóficos? En cierta medida es innegable. Suponiendo que una persona sólo usa del yoga como ejercicio físico y de meditación, ¿puede esto perjudicarlo? Según escribía Carlo Rizzo (quien fuera docente en la cátedra de Enfermedades Nerviosas y Mentales, en la Universidad de Roma en la década del sesenta) para realizar adecuadamente el método físico que el yoga enseña en sus primeros estadios es necesario ser joven y además estar exento de enfermedades cardio-respiratorias o pleuro-pulmonares, de lo contrario algunos ejercicios no podrán ser realizados con la necesaria intensidad y perseverancia, resultando dañosos para el organismo del aprendiz. Pero sobre todo hacía importantes reservas desde el punto de vista psiquiátrico respecto de los últimos estadios yógicos, por cuanto tales experimentos de autodominio podrían favorecer -en individuos jóvenes, inmaduros o constitucionalmente provistos de un sistema nervioso poco sólido- la aparición de manifestaciones psicopatológicas (del tipo histérico o psicasténico)[4].

En cuanto a aquellos que se limitan a usar del yoga lo que prescribe para la tercera o cuarta etapa, sólo hay que decir que se trata de un comportamiento superficial que no puede ser considerado propiamente yoga.

3. Problemas filosóficos y teológicos

Hay que señalar algunos recelos totalmente justificados que impone el uso del yoga por parte de un cristiano.

A) Ante todo, ‘en las ideas y técnicas del yoga en sus varias escuelas y formas, junto a elementos naturales (afirmaciones o prácticas que pueden ser útiles para el domino de sí o para la oración), se encuentran elementos que difícilmente se pueden considerar válidos, ni aun naturalmente (por ejemplo, la tendencia al panteísmo, la disolución de la persona y de la actividad personal como meta ideal de la ‘mística’, confusas y equívocas explicaciones sobre la naturaleza humana y sus relaciones con el resto de la realidad, infravaloración de aspectos de este mundo, etc.)'[5].

Es cierto que pueden separarse los ejercicios físicos y psíquicos del yoga de las ideas de fondo del pensamiento yoga. Pero esto no es siempre fácil de hacer, y especialmente hay que tener en cuenta que la mayoría de los autores que divulgan las prácticas yogicas participan también de las ideas orientalistas que están debajo.

B) Si no es inmoral, al menos es indudablemente muy peligroso el que recurre a la técnica yoga en orden a adquirir (creyendo que lo conseguirá de este modo) algún poder mental como la telepatía o alguno de los fenómenos relacionados. Esto es jugar con fuego y exponerse a despertar alguna tendencia histérica o paranoica.

C) ¿Qué decir de uso de las técnicas yogicas como auxiliares de la oración cristiana? Me parece que el posible uso erróneo de estas técnicas (como de cualquier otra inspirada en las modas orientalizantes) queda suficientemente advertidas en la Carta de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre ‘algunos aspectos de la meditación cristiana’. Este documento responde al valor que pueden tener para los cristianos formas de meditación o métodos orientales. En una nota aclara que ‘Con la expresión ‘métodos orientales’ se entienden métodos inspirados en el Hinduismo y el Budismo, como el ‘Zen’, la ‘meditación trascendental’ o el ‘Yoga’. Se trata, pues, de métodos de meditación del Extremo Oriente no cristianos que, no pocas veces hoy en día, son utilizados también por algunos cristianos en su meditación. Las orientaciones de principio y de método contenidas en el presente documento, desean ser un punto de referencia no sólo para este problema, sino también, más en general, para las diversas formas de oración practicadas en las realidades eclesiales, particularmente en las Asociaciones, Movimientos y Grupos'[6].

Al tratar sobre los modos erróneos de hacer oración dice[7]: ‘Ya en los primeros siglos se insinuaron en la Iglesia modos erróneos de hacer oración, de los cuales se encuentran trazas en algunos textos del Nuevo Testamento (cfr. 1 Jn 4, 3; 1 Tm 1, 3-7 y 4, 3-4). Poco después, aparecen dos desviaciones fundamentales de las que se ocuparon los Padres de la Iglesia: la pseudognosis y el mesalianismo. De esa primitiva experiencia cristiana y de la actitud de los Padres se puede aprender mucho para afrontar la problemática contemporánea.

Contra la desviación de la pseudognosis[8], los Padres afirman que la materia ha sido creada por Dios y, como tal, no es mala. Además sostienen que la gracia, cuyo principio es siempre el Espíritu Santo, no es un bien propio del alma, sino que debe implorarse a Dios como don. Por esto, la iluminación o conocimiento superior del Espíritu -‘gnosis’- no hace superflua la fe cristiana. Por último, para los Padres, el signo auténtico de un conocimiento superior, fruto de la oración, es siempre el amor cristiano.

Si la perfección de la oración cristiana no puede valorarse por la sublimidad del conocimiento gnóstico, tampoco puede serlo en relación con la experiencia de lo divino, como propone el mesalianismo. Los falsos carismáticos del siglo IV identificaban la gracia del Espíritu Santo con la experiencia psicológica de su presencia en el alma. Contra éstos los Padres insistieron en que la unión del alma orante con Dios tiene lugar en el misterio; en particular, por medio de los sacramentos de la Iglesia. Esta unión puede realizarse también a través de experiencias de aflicción e incluso de desolación. Contrariamente a la opinión de los mesalianos, éstas no son necesariamente un signo de que el Espíritu ha abandonado el alma. Como siempre han reconocido los maestros espirituales, pueden ser en cambio una participación auténtica del estado de abandono de Nuestro Señor en la Cruz, el cual permanece siempre como Modelo y Mediador de la oración.

Ambas formas de error continúan siendo una tentación para el hombre pecador. le instigan a tratar de suprimir la distancia que separa la criatura del Creador, como algo que no debería existir; a considerar el camino de Cristo sobre la tierra -por el que El nos quiere conducir al Padre- como una realidad superada; a degradar al nivel de la psicología natural -como ‘conocimiento superior’ o ‘experiencia’- lo que debe ser considerado como pura gracia.

Distintas formas erróneas, que resurgen esporádicamente a lo largo de la historia al margen de la oración de la Iglesia, parecen hoy impresionar nuevamente a muchos cristianos, que se entregan a ellas como remedio -psicológico o espiritual- y como rápido procedimiento para encontrar a Dios[9].

Pero estas formas erróneas, donde quiera que surjan, pueden ser diagnosticadas de modo muy sencillo. La meditación cristiana busca captar, en las obras salvíficas de Dios, en Cristo -Verbo Encarnado- y en el don de su Espíritu, la profundidad divina, que allí se revela siempre a través de la dimensión humano-terrena. Por el contrario, en aquellos métodos de meditación, incluso cuando se parte de palabras y hechos de Jesús, se busca prescindir lo más posible de lo que es terreno, sensible y conceptualmente limitado, para subir o sumergirse en la esfera de lo divino, que, en cuanto tal, no es ni terrestre, si sensible, ni conceptualizable[10]. Esta tendencia, presente ya en la tardía religiosidad griega -sobre todo en el ‘neoplatonismo’-, se vuelve a encontrar en la base de la inspiración religiosa de muchos pueblos, enseguida que reconocen el carácter precario de sus representaciones de lo divino y de sus tentativas de acercarse a él.

Con la actual difusión de los métodos orientales de meditación en el mundo cristiano y en las comunidades eclesiales, nos encontramos de frente a una aguda renovación del intento, no exento de riesgos y errores, de fundir la meditación cristiana con la no cristiana. las propuestas en este sentido son numerosas y más o menos radicales: algunas utilizan métodos orientales con el único fin de conseguir la preparación psicofísica para una contemplación realmente cristiana; otras van más allá y buscan originar, con diversas técnicas, experiencias espirituales análogas a las que se mencionan en los escritos de ciertos místicos católicos[11]; otras incluso no temen colocar aquel absoluto sin imágenes y conceptos, propio de la teoría budista[12], en el mismo plano de la majestad de Dios, revelada en Cristo, que se eleva por encima de la realidad finita. Para el fin, se sirven de una ‘teología negativa’ que supera cualquier afirmación que tenga algún contenido sobre Dios, negando que las cosas del mundo puedan ser una señal que remita a la infinitud de Dios. Por esto, proponen abandonar no sólo la meditación de las obras salvíficas que el Dios de la Antigua y Nueva Alianza ha realizado en la historia, sino también la misma idea de Dios, Uno y Trino, que es Amor, en favor de una inmersión ‘en el abismo indeterminado de la divinidad'[13].

Estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente cribadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de método, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo’.

De hecho algunos autores han quedado fascinados por la moda oriental y pretendiendo usar sólo la metodología oriental han terminado asimilando también sus principios filosóficos erróneos. Ejemplo suficiente es el jesuita Anthony de Mello, cuya obra ha sido objeto de una ‘Notificación de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe’, fechada el 24 de junio de 1998. Este autor, dice el referido documento ‘sustituye la revelación acontecida en Cristo con una intuición de Dios sin forma ni imágenes, hasta llegar a hablar de Dios como de un vacío puro’. La Congregación para la doctrina de la fe señaló que estas ‘posiciones… son incompatibles con la fe católica y pueden causar grave daño’.


¿Qué decir a quien se considera capaz de abstraer los mecanismos físicos de relajación y concentración de todo el conjunto de elementos equívocos filosóficos, religiosos y morales que están detrás del yoga auténtico, en orden a usarlos solamente como auxiliares de su método de estudio o de oración? Hay que decirle que la moral no puede poner más objeciones particulares que las arriba indicadas; a estas objeciones la prudencia añade la experiencia que demuestra que, en la práctica, los que son capaces de no quedar atrapados en el pensamiento pseudo orientalista son los menos de los que se aventuran en él.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Cf. J. Roger Rivière, Yoga, en Gran Enciclopedia Rialp, t. 23, pp. 802-803.

[2] Cf. J. Roger Rivière, p. 803.

[3] Cf. Carlo Rizzo, El Yoga, en: AA.VV., Cien problemas de conciencia, Difusión, Bs.As. 1962, pp. 305-317.

[4] Cf. Carlo Rizzo, loc. cit., pp. 313-314.

[5] Cf. J. Roger Rivière, p. 802.

[6] Introducción, nota 1.

[7] SCDF, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 1989, n. 8-12;

[8] La pseudognosis consideraba la materia como algo impuro, degradado, que envolvía el alma en una ignorancia de la que debía librarse por la oración; de esa manera, el alma se elevaba al verdadero conocimiento superior y, por tanto, a la pureza. Ciertamente, no todos podían conseguirlo, sino sólo los hombres verdaderamente espirituales; para los simples creyentes bastaban la fe y la observancia de los mandamientos de Cristo.

[9] En la Edad Media existían corrientes extremistas al margen de la Iglesia, descritas, no sin ironía, por uno de los grandes contemplativos cristianos, el flamenco Jan Van Ruysbroek. Distingue este en la vida mística tres tipos de desviación (Die gheestelike Brulocht 228, 12-230, 17; 230, 18 – 232 , 22; 232, 23 – 236, 6 ) y hace también una crítica general referida a estas formas (236, 7 – 237, 29). Más tarde, técnicas semejantes han sido descritas y rechazadas por Sta. Teresa de Jesús. Observa ésta agudamente que ‘ el mismo cuidado que se pone en no pensar en nada despertará la inteligencia a pensar mucho ‘ y que dejar de lado el misterio de Cristo en la meditación cristiana es siempre una especie de ‘ traición ‘ (Véase: STA. TERESA DE JESUS, Vida 12, 5 y 22, 1-5).

[10] Mostrando a toda la Iglesia el ejemplo y la doctrina de Santa Teresa de Jesús, que en su tiempo debió rechazar la tentación de ciertos métodos que invitaban a prescindir de la Humanidad de Cristo en favor de un vago sumergirse en el abismo de la divinidad, el Papa Juan Pablo II decía en una homilía el 1-XI-1982 que el grito de Teresa de Jesús en favor de una oración enteramente centrada en Cristo ‘ vale también en nuestros días contra algunas técnicas de oración que no se inspiran en el Evangelio y que prácticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vacía mental de dentro del cristianismo no tiene sentido. Toda técnica de oración es válida en cuanto se inspira en Cristo y conduce a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida’ (cfe. Jn 14, 6). Véase: Homelia Abulae habita in honorem Sanctae Teresiae, AAA 75 (1983), 256-257.

[11] Véase, por ejemplo ‘ La nube de la ignorancia ‘, obra espiritual de un escritor anónimo inglés del siglo XIV.

[12] El concepto ‘ nirvana ‘ viene entendido en los textos religiosos del budismo, como un estado de quietud que consiste en la anulación de toda realidad concreta por ser transitoria y, precisamente por eso, decepcionante y dolorosa.

[13] El Maestro Eckhart habla de una inmersión ‘ en el abismo indeterminado de la divinidad ‘ que es una ‘ tiniebla en la cual la luz de la Trinidad nunca ha resplandecido ‘. Cfr. Sermo ‘ Ave gratia plena ‘, al final , (J. Quint, Deutsche Predigten und Traktate, Hanser 1955, p. 261).

san malaquias

¿Son verdaderas las profecías de San Malaquías? ¿Viene el fin del mundo dentro de pocos papas?

Pregunta:

Padre Fuentes: He estado leyendo en diferentes paginas de internet, las profecías de San Malaquías con respecto a los Papas, y que este, Juan Pablo II sería el último antes de la venida de Cristo. También hay quienes dicen que esto es mentira porque estas predicciones son falsas y no habrían sido escritas por el sino por otro y en otro tiempo. Sería tan amable de contestarme sobre este tema. Atte. J.M.R.

 

Respuesta:

Estimado:

La ‘Profecía de los Papas’ es atribuida a San Malaquias, monje de Bangor y obispo de Armagh (Irlanda), que nació en 1094 y murió en Claraval (Francia) en 1148; se cree que fue editada por el santo, cuando, en 1139, pasó un mes en Roma, gozando de la peculiar amistad del papa Innocencio II. El texto abarca 111 dísticos latinos -de sólo dos o tres palabras cada uno- que intentan caracterizar las distintas figuras de los Papas que se sucederán hasta el juicio final.

Aunque atribuido a dicho autor del siglo XII el texto de la profecía sólo llegó a conocimiento del publico en 1595. En ese año, un monje benedictino, Arnoldo de Wyon, natural de Donai (Flandria), publicó en Venecia el libro ‘Lignum Vitae’ (‘Arbol de la Vida’). Esta obra es un catalogo e los benedictinos que se hicieron famosos por su talento, sus trabajos o sus virtudes. Entre ellos, el autor presenta a S. Malaquías de Armagh en breves trazos biográficos.

Se trata de 111 dísticos, acompañados de un breve comentario del historiador español Alonso Ciacconio O.P. (1540- † después del 1601). Este comentario aplica los dísticos de la Profecía de los 74 Papas que gobernaron a partir de Celestino II (1143-44), uno de los contemporáneos de S. Malaquías, hasta Urbano VII († 1590). El comentarista le muestra la coincidencia de cada oráculo con los datos históricos del correspondiente Pontífice. El comentario de Ciacconio es de importancia capital, pues señala dónde comienza la serie de los Papas a quienes el dístico se refiere, lo que permite calcular, aproximadamente (siguiendo sus predicciones), la época del fin del Papado y de la venida del Señor. Los comentadores posteriores tomaron como base para sus estudios las explicaciones de Ciacconio. Debido a ello, a partir de Urbano VII († 1590) hasta el fin del mundo, serían con toda precisión 38 los Pontífices que ocuparían la Cátedra de Pedro, y a Pío XII, llamado allí ‘El Pastor Angélico’, le seguirían seis Papas, el último de los cuales verá con sus contemporáneos la segunda venida de Cristo.

La Profecía gozó de buena aceptación, tanto por parte del clero como de los fíeles, hasta fines del siglo XVII, en que el P. Claudio Francisco Menes­trier S. J. († 1705), uno de los hombres más eruditos y autorizados de su tiempo, publicó el libro ‘Refutación de las Profecías, falsamente atribuidas a S. Malaquías, sobre la elección de los Papas’ (París 1669). El autor, que era historiador y también cultor de la heráldica, pretendía, con gran aparato de conocimientos, demostrar la falsedad de la Profecía de S. Malaquías. Su argumentación se resume en los tres puntos siguientes:

1) El primer indicio de falsificación es el hecho de que, durante cerca de 450 años, a saber, desde S. Malaquías (1148) hasta ‘El Árbol de la Vida’ (1595), jamás autor alguno hizo la mínima alusión a la Profecía. El propio S. Bernardo no la menciona, aunque conoció de cerca al Santo Obispo, escribió su biografía y refirió otros vaticinios detallados de S. Malaquías (entre ellos la predicción del día y lugar de su muerte). Ninguno de los otros contemporáneos del santo irlandés, que tuvieron estrechas relaciones con él, menciona la Profecía. Tampoco es citada por los historiadores irlandeses posteriores a él. Ni los escritores medievales ni los renacentistas toman en cuenta ese documento, que de haberlo conocido hubieran ciertamente aludido a él. Y ¿por qué vía, qué ciudad o región, el texto profético habría caído en manos de Ciacconio, después de 450 años de ocultamiento? Todavía más: el propio Ciacconio, presentado por Wyon como autor de un comentario de la Profecía, no alude absolutamente a este docu­mento en su libro de ‘Biografías de los Papas y Cardenales’, editado repetidamente en 1601, 1630 y 1677. ¿Habrá, tal vez, Ciacconio reconocido posteriormente la falsedad de los oráculos a los cuales inicialmente diera crédito?

2) El argumento del silencio es corroborado por la compro­bación de fallas históricas y teológicas en la presunta profecía. Pues no parece posible que un autor movido por Dios haya introducido en la lista de los Papas a antipapas como: Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), Benedicto XIII (1394-1423), Clemen­te VIII (1423-39), Félix V (1439-49). La finalidad misma de la Profecía -insinuar la época del fin del mundo- parece opuesta a la aserción de Cristo, que declaró solemnemente que no competía a los hombres conocer los tiempos y momentos dispuestos por la Providencia del Padre (cf. Hch 1,7). Además, la aplicación de los dísticos a los respectivos Papas se basa en notas bastante acciden­tales, lo que le da un sabor de arbitrariedad. Así: Nicolás V (1447-55) estaría designado por ‘De modicitate lunae’ (‘De la pequeñez de la luna’) por haber nacido de una familia modesta en un lugar llamado Lunegiana; Pío II (1458-64) es llamado ‘De capra et albergo’ (‘De la cabra y del albergue’) ¡por haber sido secretario de los Cardenales Capranica y Albergati!, etc.

3) Las razones negativas: Menestrier y otros historiadores posteriores agregan la explicación probable de cómo pudo haberse dado la falsificación. Débese notar, en primer lugar, que todas las divisas de los Papas, hasta 1590, aluden a características concretas de cada Pontífice: lugar de nacimiento, origen de la familia, cargos ejer­cidos antes de la elección, símbolos de sus blasones, etc. Mientras que, desde 1590 en adelante, los dísticos se refieren solamente a cualidades morales, cuya aplicación es muy vaga y puede convenir a más de un Pontífice. Así, ‘Vir religiosus’ (‘Varón religioso’ ), ‘Ignis ardens’ (‘Fuego ardiente’), ‘Fides intrépida’ (‘Fe intrépida’). ¿Qué Papa, no siendo del todo indigno, no merecería estos calificativos?

Observada la diferencia entre los oráculos anteriores y posterio­res a 1590, se presume háyase forjado la profecía justamente por entonces, con el propósito de atender a las dificultades de la elección del Cónclave de ese año, 1590, después de la muerte de Urbano VII.

La refutación del P. Menestrier alcanzó gran boga entre los estudiosos de nuestros días. Los adversarios de la profecía la consideran definitiva. No obstante, hay todavía autores contemporáneos de valía que prefieren suspender el juicio sobre el documento, cuando no lo reconocen auténtico.

Es evidente que después de todo y a pesar de los esfuerzos hasta hoy realizados para averiguar el día del Señor, éste continúa para nosotros envuelto en densas tinieblas. Y ésta es la única conclusión sabia que se puede sacar de cuanto al respecto acabamos de estudiar.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Podría explicarme que es Hedonismo?

Pregunta:

¿Podría explicarme que es Hedonismo? y como lo ve la Iglesia Católica? Gracias, que Dios los bendiga.

 

Respuesta:

‘Bajo el término general de hedonismo se ha tendido a agrupar a diversos pensadores separados, en realidad, por notables diferencias.

En sentido estricto se define como hedonismo toda doctrina que considera el placer (hedoné en griego) como fin supremo de la vida. Sin embargo, la propia ambigüedad del concepto de placer hace que tal afirmación pueda realizarse desde muy distintas perspectivas.

Manifestaciones históricas. El primer pensador que formuló una tesis explícitamente hedonista fue probablemente Eudoxo de Cnido, que a principios del siglo IV a.C. consideró que el placer era el bien supremo de todos los seres. En similar línea se pronunció la escuela cirenaica, fundada en las mismas fechas por Aristipo de Cirene. Éste entendió por placer una cualidad positiva, una forma de goce tranquilo dominado por el sentido sensitivo. Juzgó, además, el placer como algo fugaz, y de ahí su máxima: aférrate al presente y gózalo, pues sólo el presente nos pertenece realmente.

El placer propuesto por Epicuro, algo posterior, era más moderado y descansaba tanto en el momento presente como en el recuerdo o en la esperanza. El placer más alto tendría naturaleza negativa y seria la ataraxía, es decir, la absoluta imperturbabilidad.

El hedonismo, como fundamento del comportamiento humano, estuvo siempre presente en la historia del pensamiento. Los empiristas británicos Thomas Hobbes, John Locke y David Hume lo integraron en su filosofía, aunque de forma matizada. Más radical fue su compatriota Jeremy Bentham, creador del utilitarismo. De cualquier forma, casi todos los grandes filósofos, como Platón, Aristóteles, Kant y Hegel, se opusieron frontalmente a las tesis hedonistas.

Tipos de hedonismo. Se distinguen básicamente dos formas de hedonismo, el ético y el psicológico. Una acertada definición del primero la ofreció Richard B. Brandt, uno de los filósofos modernos que mayor atención dedicaron a este tema, quien afirmó que ‘una cosa es intrínsecamente deseable (indeseable) si y sólo si y en la medida en que es placentera (no placentera)’.

Por lo que se refiere al hedonismo psicológico, son varias las doctrinas existentes según la determinación temporal del placer. La teoría del placer de los fines o ‘hedonismo psicológico del futuro’ sostiene que el placer personal es el único fin último de una persona. El ya citado Bentham, representante de este tipo de hedonismo, afirmó que todo hombre se siente inclinado a perseguir aquella línea de conducta que cree habrá de conducirle a su mayor felicidad. El denominado ‘hedonismo psicológico del presente’, basado en la motivación placentera por medio del pensamiento, considera que una persona se siente motivada a producir un determinado estado de hechos si el pensar en ellos le resulta placentero. Por último, el ‘hedonismo psicológico del pasado’ mantiene que la intensidad del interés actual de una persona sobre un tipo particular de acontecimiento es función de goces pasados’ (Hasta la Enciclopedia Hispánica).

Digamos, pues, que el hedonismo es la identificación del bien con el placer. Sócrates, Platón y Aristóteles criticaron el hedonismo de los filósofos morales anteriores a ellos. La ética de Aristóteles supera el hedonismo dado que su concepción de la felicidad como fin del hombre supone el acto virtuoso. El cristianismo comprehende la totalidad materio-espiritual del hombre y su felicidad terrenal unida a la eterna. Con su concepción positiva del dolor, a propósito de la participación en la Cruz de Jesucristo, tiene la más clara posición antihedonista. Con el Humanismo vuelve una cierta concepción hedonista de la vida. En la modernidad Kant (1724-1804) critica el placer de la misma manera que se opone a todo sentimiento, también al dolor presentando la postura opuesta al cristianismo. El hombre contemporáneo vuelve al hedonismo materialista con la negación de Dios.

El Papa Juan Pablo II lo indica entre las consecuencias del eclipse del sentido de Dios y del hombre: ‘El eclipse del sentido de Dios y del hombre conduce inevitablemente al materialismo práctico, en el que proliferan el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo. Se manifiesta también aquí la perenne validez de lo que escribió el Apóstol: ‘Como no tuvieron a bien guardar el verdadero conocimiento de Dios, Dios los entregó a su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene’ (Rm 1, 28)’ (Evangelium vitae, 23).

P. Miguel A. Fuentes, IVE