Manuel Belgrano

¿El Gral. Belgrano fue católico?

Pregunta:

¿El Gral. Belgrano fue católico?

Respuesta:

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en una casona familiar, el 3 de junio de 1770, en la calle de Santo Domingo (actual avenida Belgrano 430) de la ciudad de Buenos Aires, a pocos metros del convento de Santo Domingo, en la misma vivienda donde también falleció. Fue el cuarto hijo de trece hermanos. Su madre, Josefa González Caseros, era criolla y su padre, Domingo Belgrano y Peri, un comerciante italiano emigrado a Cádiz y luego a América.

En Buenos Aires cursó las primeras letras. Alumno del Real Colegio de San Carlos, es iniciado en latín, filosofía, lógica, física, metafísica y literatura. Antes de cumplir la edad de l6 años, sus padres deciden que complete sus estudios en España, a donde viaja en compañía de su hermano Francisco. Manuel Belgrano estudia en la Universidad de Salamanca.

Recibe la influencia de la Ilustración Española, que se diferencia de la francesa, ya que no deja de lado la religión y respeta la figura del monarca. Sus ideales tomaron los principios de la Ilustración Española, y siendo Belgrano profundamente católico promovía el estudio del catecismo en las escuelas.

Algunos consideraron a Manuel Belgrano un afeminado, suposición muy alejada de la verdad. Belgrano conoció muchas mujeres en su vida, tanto en España durante su juventud y luego en la alta sociedad del Buenos Aires colonial. Se dedicó a la emancipación del país con entusiasmo, pero esto no fue impedimento para que continuara teniendo amigas. El rumor, todavía vigente, acerca de su afeminamiento surge por su carácter amable, sensible, fino y delicado; contando también con el tono aflautado de  su voz. A raíz de esta voz, se suscitó su enemistad con Manuel Dorrego.

Incidió también su profunda fe católica, que lo llevó a imponer en sus tropas una disciplina espartana.

En su ejército, se acaban los bailes, las mujeres y las barajas. Por las noches, irrumpe en los cuarteles para sorprender a oficiales desobedientes. Despectivamente, lo llamaban Bomberito de la Patria. Mitre le reprocha la disciplina monástica, excesiva, que imponía a su tropa. Había prácticas religiosas continuas, y ejercía una severidad extrema, aún respecto de la vida privada de los oficiales. En este proceder, además de su gran catolicismo, lo guiaba el espectáculo desagradable que habían ofrecido sus oficiales y los capellanes del ejército.

Su más grande amor fue una niña de 15 años que conoció en Tucumán. Era María de los Dolores Helguero. Pasaron los años, y a mediados de 1816, Dolores ya tenía 19 años, y era una hermosa tucumana de buena familia. El general, que tenía 46 años, se enamoró de ella, y fue correspondido en su amor. A lo largo de dos años no dejaron de verse, y fueron el comentario social. Como dice Fray Jacinto Carrasco: ‘Su conducta fue siempre clara y recta. Por eso, cuando vio que nacía en su corazón ese amor por la joven tucumana,  y su conciencia no le permitía llegar a ella sino por el matrimonio, resolvió casarse con Dolores; y se hubiera casado, si la fatalidad no se hubiera interpuesto 
en el camino’.

En efecto, finalizando 1818, Belgrano recibió órdenes del gobierno de marchar rumbo al sur. Pero el 4 de mayo de 1819, nace Manuela Mónica del Sagrado Corazón, y entonces Dolores por orden de sus padres, se casa con un catamarqueño de apellido Rivas. Cuando Rondeau le autoriza a dejar su cargo para poder atender su salud, que empeoraba cada día, parte rumbo a Tucumán, adonde llega en noviembre de 1819. Dolores, apenas enterada de la llegada del general, corrió a su lado, y junto a su hijita, hizo más llevadero el sufrimiento por el que pasaba Belgrano. El marido de Dolores se había trasladado a Bolivia, y Belgrano continuamente averiguaba si aún estaba con vida, porque él quería cumplir su promesa y contraer nupcias con Dolores. Pero, a causa de su enfermedad, partió a Buenos Aires en un viaje sin retorno.

El proceso de instauración de una falsa separación entre lo natural y lo sobrenatural, entre la Fe y la razón, entre la Religión y la vida diaria, que asolaba a toda la cristiandad, no tenía como excepción a Buenos Aires. Pero aquí resistían la descristianización dos pilares aún no bien estudiados. ¿Que sería de nuestra Argentina sin la acendrada devoción que afortunadamente en estas tierras se tiene por la Santísima Virgen?

Y aquí podemos observar algunas contradicciones en la vida de Belgrano: reparte escapularios, le recomienda a San Martín la preservación de las tradiciones católicas y del respeto a la religión, pero participa de logias y hasta las organiza.

El general Belgrano funda la Logia Argentina de la ciudad de Tucumán, denominada posteriormente Unidad Argentina y que trabajó con Carta Constitutiva otorgada por la Masonería de Nueva Granada. Funcionó entre los oficiales del Ejército del Norte que él comandaba.

Acerca de esas Logias se ha entablado una polémica, más de una vez apasionada, sobre si eran o no masónicas. Los que les negaron tal carácter sostienen que ‘aparte del formulismo masónico esas agrupaciones tenían fines patrióticos y que sus componentes eran profundamente católicos’.

“El masón argentino, Martín Lazcano -de antigua y activa militancia en la institución-, afirma que todas las asociaciones políticas y secretas que fueron apareciendo en nuestro escenario patrio, después de 1806 hasta 1856, no fueron masónicas sino político-revolucionarias de carácter meramente profano; si bien empleaban en su régimen interno y en su acción externa modalidades masónicas, y pudieron contar con algunos masones emboscados entre sus miembros.” [1]

Manda acuñar una medalla para conme­morar la batalla de Tucumán. En el anverso se lee: Victoria del 24 de se­tiembre de 1812, en derredor: Bajo la protección de Nuestra Señora de Mer­cedes, Generala del ejército. En el reverso: Tucumán, sepulcro de la tiranía.

Proclamación de la Virgen de las Mercedes Generala del ejército

El título de Generala es invención de Belgrano, mérito todo suyo, con el que entendió reconocer que la vic­toria de Tucumán se debía a su ma­ternal patrocinio.

‘El piadoso jefe -dirá un mes después el vicario foráneo de Tucumán, padre José Agustín Molina, en público sermón, es­tando presentes Belgrano y los jefes de la tropa- atribuye al cielo toda la glo­ria… ¡Cuán grato no es figurárnoslo, ce­diendo voluntariamente a la Madre de Dios todo el honor de la victoria, y por un acto auténtico confesar (yo se lo he oído más de una vez) que a María y no a él de­be reconocerse deudora la patria de su salvación!’[2]

Existe una Memoria del militar don Juan Pardo de Zela, hecha de público dominio en 1964 por el Bo­letín de la Academia Nacional de la Historia.[3]

Pardo de Zela, oficial entonces y guerrero en las acciones así de Hua­qui como de Tucumán y Salta, ex­puso con llaneza lo que había visto personalmente, cuando se disponía al ataque de las tropas de Tristán:

Formó el ejército en línea de batalla con ‘un horizonte despejado y limpio de nubes… En esto una pequeña nube se des­cubre en el cielo en figura piramidal, sos­tenida por una base que parecía sostener una efigie de la imagen de Nuestra Señora.

‘Era día en que se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de la Merced; y cada soldado creyó ver en la indicada nube la redentora de sus fatigas v privaciones; cuya ilusión, aumentándose progresiva­mente, daba más fortaleza a nuestra Pe­queña línea, va enfrentada con la del enemigo…’

Acaso se diese una ilusión óptica, lo que no hubo de cierto ilusión, en el convencimiento general de que el triunfo se debía a Nuestra Señora, dadas las circunstancias por demás imprevistas con que se había decidido.

El padre Molina, en el citado discurs­o, expresaba sin embozo que la victoria era efecto de una ‘especialísim­a (permitidme que añada) mi­lagrosa asistencia’ de María. ‘Yo entiendo -agregaba luego- que to­do el mundo está ya persuadido que este beneficio no nos ha venido sino de lo alto.’

Un año después, el 30 de agosto 1813, el Cabildo secular de Tucumán escribía al gobierno de Buenos Aires:

“Se ha sensibilizado el amparo y auxilio de la Santísima Virgen Nuestra Señora de Mercedes en favor de nuestra sagrada causa”

Entre los protagonistas de la batalla ­figuró el futuro general José María Paz, que tan valiosos recuerd­os ha conservado de ella en sus Memorias póstumas. El 24 de septiembre de 1820, ocho años después, conmemorando en una orden la vic­toria

de ese mismo ejército acantonado en Tucumán, daba esta con­signa:

‘Recordad también que esta brillante victoria se consiguió mediante la Generala y Patrona del ejército, y que hoy es el día destinado a su celebridad.’[4]

También participó en la batalla el cordobés Mariano Benites; quien el 5 de julio de 1813 escribía al go­bierno:

‘En la memorable batalla de Tucumán de 24 de setiembre próximo pasado, fui de los primeros que acometieron con de­nuedo…, [y] me contraje con ardor y en­tusiasmo a perseguirlos y derrotarlos, co­mo lo conseguimos bajo los auspicios de Nuestra Señora de Mercedes.’[5]

Lo extraño es que también doña Feli­pa Zavaleta de Corvalán, contemporánea de la
batalla, trajo en sus Recuerdos fa­miliares,  igual referencia: ‘Los mismos prisioneros enemigos decían que a la hora de la acción en la línea del ejército tu­cumano, vieron una Señora vestida de blanco y que les batía el manto sobre los españoles… Se cree que esta Señora fue Nuestra Madre de Mercedes’ [6]

Testigo de excepción, si bien de oídas simplemente, fue don Marce­lino de la Rosa. Conversó don Mar­celino con muchos de los que parti­ciparon en la batalla. Oyó todo lo que pudo oír para conservarlo en sus Tradiciones históricas. Y llegó a esta conclusión:

El resultado de la batalla de Tucumán ‘fue debido en su mayor parte un cúmu­lo de hechos providenciales, y no a com­binaciones militares; por lo que el pueblo lo atribuyó a milagro de la Virgen de Mer­cedes, porque tuvo lugar el día de su fes­tividad’.[7]

Guarda, en fin, mucha significa­ción que un hombre tan escasamente provisto de ideas religiosas como fue Bernardo de Monteagudo, se vie­se en la necesidad de reconocer el 29 de octubre de 1812, hablando a la Sociedad Patriótica y Literaria, que la victoria de Tucumán se había conseguido ‘por una especial provi­dencia del Eterno’ [8]

La coincidencia de la batalla con el 24 de septiembre, había impedido la festividad, que se postergó al si­guiente mes.

Por bando dispuso el General su preparación con un suntuoso nove­nario y tres días de iluminación y regocijos populares.

Las celebraciones tuvieron un ex­celente cronista en el testigo José María Paz y susMemorias póstumas.

La misa del domingo 27 de octubre alcanzó el digno aparato de las ceremonias litúrgicas. A ella -cuen­ta Paz- ‘asistió el General y todos los oficiales del ejército. Predicó el doctor don [José] Agustín Molina (obispo después)’.

Celebróse la procesión en la tarde del otro día, fiesta de los santos patronos de Tucumán.

La concurrencia fue ‘numerosa, y además, asistió la oficialidad y tropa, sin armas, fuera de la peque­ña escolta que es de costumbre’. Entraba en el itinerario el campo de batalla,‘donde aún no había aca­bado de borrarse la sangre que lo había enrojecido’ el mes anterior.

El general Belgrano seguía devo­tamente tras las andas de la Virgen.

Un episodio vino a dar mayor realce a la ceremonia. Cuando ya marchaba la procesión y antes que desembocase en el campo de las Carreras, entraron en la ciudad los hombres de Díaz Vélez salidos en persecución de Tristán. Su llegada debió de producir natural regocijo.

El General, sin hacer atención del uniforme de campaña que traían, Y del cansancio consiguiente al trajín de aquellas jornadas, ‘ordenó -se­gún la relación de Paz- que a caba­llo, llenos de sudor y polvo, como venían, siguiesen en columna atrás de la procesión; con lo que se au­mentó considerablemente la comiti­va y la solemnidad de aquel acto’­

A todo esto la piadosa columna desembocaba en el campo de las Carreras.

Sigue con su narración nuestro cronista:

“Repentinamente el General deja su puesto, y se dirige solo hacia las andas donde era conducida la imagen de la advocación que se celebraba; la procesión para; las miradas de todos se dirigen a indagar la causa de esta novedad; todos  están pendientes de lo que se propone el General; quien, haciendo bajar las andas hasta ponerlas a su nivel, entrega el bas­tón que llevaba en su mano, y lo acomoda

el cordón, en las de la imagen de Mercedes. Hecho esto, vuelven los con­ductores a levantar las andas, y la pro­cesión continúa majestuosamente su ca­rrera.’ [9]

Concluía Paz:

‘La conmoción fue entonces universal. Hay ciertas sensaciones que perderían mucho queriéndolas describir y explicar al menos yo no me encuentro capaz de ello. Si hubo allí espíritus fuertes que ridiculizaron aquel acto, no se atrevieron a sacar la cabeza.’ 

Otro dato acerca de su catolicismo es su última voluntad, expresada en su testamento:

Testamento del Gral. Don Manuel Belgrano

‘En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn. Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas de Sud America, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas las cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa madre Iglesia Católica Apostólica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Ángeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:

‘1ª Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.

‘2ª Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con las que separo mis bienes.

‘3ª Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.

‘4ª Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensarán en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y preste en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echeverría, para la compra de una mulata – Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas; tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.

‘5ª Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombró por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de la Santa Iglesia Catedral, al cual respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todas mis acciones y Dros. Presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testamentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. Escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M, Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público.’

Prof. Carlos Alberto López


[1] (Cit. Por el P. Fuentes en  El teólogo responde, del  16 de Julio de 2006)
[2] ADOLFO P. CARRANZA: El clero argentino de 1810 a 1830, T. I: Oraciones patrióticas, Bs. As., 1907, p. 33.
[3] Bs. As., 36, 1ª Sección, (1964) p. 406.
[4]  Museo MITRE, Documentos del Archivo de Belgrano, VI, 687.
[5] ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓN, Bs. As., X-3, 10, 6.
[6] Recogió el dato el PJOAQUÍN TULA, Discursos y escritos conmemorativos, Tucumán, 1915, p. 200.
[7] Publicadas dichas Tradiciones históri­cas en apéndice a las Memorias del gene­ral Gregorio Aráoz de La Madrid, t. I, Bs. As., 1895, p. 576.
[8] 1 El Grito del Sud, Bs. As., martes 10.XI.1812, t. I, n. 18, p. 141.
[9] JOSÉ MARÍA PAZ, Memorias póstumas, parte, ed. Anaconda, s/f., 62-63. Doña María Pondal de Iramáin cita también esta ­ceremonia que oyó contar a su madre, testigo ocular:‘Pasados treinta días del triunfo, se realizó una procesión, y allí Belgrano colocó a la imagen que existe la Merced el bastón que él usaba, hasta ­que más tarde le regaló a la misma el bastón de marfil que hoy existe en Merced’ (J. TULA, Ib., 258). Es de adver­tir que Paz junta misa, procesión y vuelta de  Díaz Vélez, todo en el mismo día. Pero caso es que el P. Molina data su sermón la mañana del 27 de octubre, al paso que Belgrano pone la vuelta de Díaz Vélez la noche del 28′ (ARCHIVO GENERAL DE NACIÓN, Bs. As., X-3, 10, 4). La dificultad se resuelve admitiendo que la misa fue domingo 27, y la procesión por la tarde ­del 28, fiesta de los santos Simón y Judas, patronos de la ciudad. Así lo afirma P. Diego León Villafañe, en carta fecha­da en Tucumán el 9.XI.1812: ‘Se ha hecho y celebrado un novenario a Nuestra Señora de Mercedes en su iglesia, y des­pués su misa solemne de acción de gra­cias, con sermón, que predicó el Dr. Mo­lina, con asistencia de la ciudad y del general Belgrano. El día 28, día de los san­tos apóstoles Simón y Judas, salió la pro­cesión con las estatuas de dichos Santos, de Nuestra Señora de Mercedes, y de San Miguel Arcángel, y se enderezaron al cam­po de las Carreras, que es al poniente de la ciudad y lugar de la victoria. Hubo sus ceremonias, y el general Belgrano entregó el bastón a la Santísima Virgen. Acciones todas muy religiosas y cristia­nas, que le hacen a Belgrano más honor que ningunas otras’ (GUILLERMO FURLONG, Diego León Villafañe y su ‘Batalla de Tu­cumán’ [1812], Bs. As., 1962, p. 99). Es fá­cil que se confundiese Paz, escribiendo sus Memorias -según propia referencia­ ‘más de treinta y seis años’ después de estos sucesos (Ib., 23), que no Villafañe, cuya carta está fechada en Tucumán doce días después de la ceremonia.

marciano vidal

¿Podemos considerar a Marciano Vidal un moralista Católico?

Pregunta:

Mi pregunta es sobre Marciano Vidal. Yo he leído algunos libros suyos (pues he hecho un curso en una facultad teológica de nuestro país), como ‘Ética de la sexualidad’ y otro sobre las actitudes, cuyo nombre no recuerdo. En general me han gustado, aunque reconozco que no puedo entender todo, y que algunas cosas me han causado perplejidad. Leí al pasar que ha tenido problemas con el Vaticano, pero que ha sido muy apoyado por sus colegas. ¿Me puede explicar cuál es el problema con este autor?

Respuesta:

Estimado:

Trataré de ser lo más claro posible sobre un asunto de capital importancia para su coherencia católica.

1. Marciano Vidal, sus obras y la Notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe

Marciano Vidal es un profesor de moral español, religioso redentorista. Ha escrito numerosas obras, de las cuales, la más conocida es su “Moral de actitudes”, cuya primera edición (si no me equivoco) es de 1974; muy pronto fue traducida a otras lenguas, al punto tal que en 1994 en Italia se traducía la 8ª edición española. Desde la década del ’70 y más aún en las del 80 y 90 ha sido un libro muy usado en institutos superiores de teología, seminarios y universidades católicas.
Sin embargo esta obra, como muchas que la siguieron, están plagadas de enseñanzas contrarias a la doctrina moral católica. Durante años la Congregación para la Doctrina de la Fe examinó sus escritos y entabló un diálogo con su autor para que clarificara sus posiciones y el sentido de sus doctrinas. Finalmente, el 15 de mayo de 2001, la Congregación  para la Doctrina de la Fe comunicó en una Notificación que esa obra y otras dos más “no pueden ser utilizadas para la formación teológica” 1.

Lamentablemente, la Notificación llegó un cuarto de siglo después de que se comenzaran a utilizar las obras; han pasado numerosos cursos de teología por las aulas donde se estudiaban estos escritos, y hoy en día no son pocos (son demasiados) los sacerdotes que han abrevado su conocimiento moral en estos libros. Muchos de ellos son actualmente profesores de universidades y seminarios y han transmitido a su vez esas enseñanzas a otros. El mal hecho (y considero que es mucho) difícilmente pueda repararse con una Notificación: pero bienvenida sea, por lo que pueda hacer.

De todos modos, durante todo este tiempo, no han faltado voces que han advertido sobre los errores contenidos en esos libros, al menos de forma oral. Y muchos cristianos que han tenido claro lo enseñado en sus épocas de catecismo o que han seguido de cerca la enseñanza del magisterio de la Iglesia, han sido conscientes de que mucho de lo que Marciano Vidal escribía en sus obras no tenía nada que ver con la enseñanza católica.

La Notificación de la Congregación para la Doctrina de Fe ha tenido en cuenta cuatro obras de Vidal: “Diccionario de ética teológica”, “La propuesta moral de Juan Pablo II”, “Comentario teológico-moral de la encíclica Veritatis Splendor” y “Moral de Actitudes”. Esto no quiere decir que los demás escritos carezcan de errores; por el contrario, se repiten sustancialmente los indicados para estas obras.

El examen de las mismas no ha sido hecho apresuradamente, sino todo lo contrario, con detenimiento y con las idas y vueltas propias que exige el proceso de examen de las doctrinas en este Dicasterio romano. La misma Notificación resume así el proceso llevado a cabo:

  • Primero se examinaron las obras mencionadas (no se indica en qué fecha).
  • En este examen se evidenciaron numerosos errores, y en razón de la gravedad de éstos y de la amplia difusión de tales libros en la formación teológica, se decidió hacer un examen más profundo, tal como está establecido en el proceso “Ratio agendi in doctrinarum examine”.
  • En diciembre de 1997, le fue enviado al Autor el texto de la “Contestatio”, o sea las objeciones que la Congregación para la Doctrina de la Fe hacía a determinadas enseñanzas: relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio; relación entre el teólogo y el Magisterio, errores sobre Persona-Sexualidad-Bioética; Moral Social: Escatología-Utopía.
  • En junio de 1998 el Autor envió su Respuesta, que fue considerada “insatisfactoria” por la Congregación. Por esta razón se le ofreció una segunda oportunidad de clarificar su pensamiento.
  • En enero de 1999 se elaboró, pues, un nuevo texto con preguntas puntuales (aprobado por el Santo Padre Juan Pablo II), concediéndole tres meses (es lo que prevé la “Ratio Agendi”) para responder. Al entregar este material al Superior General de Marciano Vidal, la Congregación destacaba que esta segunda oportunidad era algo excepcional y manifestaba “la viva esperanza de que el P. Vidal viese la nueva oportunidad que se le concedía como una llamada a una más profunda reflexión para su propio bien y para el bien de la Iglesia”. Creo que las palabras son más que elocuentes para indicar que se hacía entender a Vidal que se estaba descarrilando de la Iglesia y dañando con su actitud y doctrinas al pueblo cristiano. Ese es el bien común puesto en juego. Y para evitar nuevos subterfugios del Autor se determinaba que la respuesta (para la cual tenía tres meses de tiempo) debía ser “redactada de forma personal, inequívoca y sucinta”.
  • El P. Vidal “aseguró que se atendría a cuanto la Congregación le pedía”. El texto de la Segunda Respuesta fue sometido al juicio de la Congregación.
  • En noviembre de 1999, después de examinar este escrito, la “Congregación para la Doctrina de la Fe acogió con satisfacción la disponibilidad manifestada por el Autor para corregir las ambigüedades referentes a la procreación artificial heteróloga, al aborto terapéutico y eugenésico y a las leyes sobre el aborto, así como su declarada adhesión al Magisterio de la Iglesia por lo que se refiere a los principios doctrinales, pero notando que el Autor no proponía modificaciones concretas y sustanciales a las otras posiciones erróneas señaladas en la Contestatio, juzgó necesario preparar una Notificación”. Por tanto, la referida Notificación se debe a que la actitud de Marciano Vidal siguió, en la práctica, siendo ambigua.
  • Si bien la Notificación le sería comunicada a Vidal, exigiéndole el reconocimiento “explícito de los errores y ambigüedades” y “para verificar la disponibilidad para corregir los libros”, ya a esta altura de los acontecimientos, sería publicada. El Papa Juan Pablo II aprobó las resoluciones en 1999.
  • En la reunión del 2 de junio de 2000 (participando además de Marciano Vidal, el Prefecto y Secretario de la Congregación, el Arzobispo de Granada —miembro de la Congregación— como representante de la Conferencia Episcopal Española, el Superior General de los Redentoristas P. Joseph William Tobin, el antiguo Superior general, P. Joseph Pfab, y otros), el P. Marciano Vidal aceptó el juicio doctrinal formulado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, y se comprometió formalmente a reelaborar sus escritos, según los criterios establecidos.
  • La Congregación para la Doctrina de la fe decidió, además de publicar la Notificación, que las ediciones de las obras de Marciano Vidal “Moral de actitudes”, “Diccionario de ética teológica” y “La propuesta moral de Juan Pablo II”, anteriores a la Notificación (en cualquier idioma) “no pueden ser utilizados para la formación teológica, y que el Autor debe reelaborar, especialmente ‘Moral de Actitudes’, bajo la supervisión de la Comisión Doctrinal de la Conferencia Episcopal Española”. El P. Marciano Vidal aceptó y firmó estas exigencias, que pueden leerse todas en la Notificación de la Congregación.

La misma Notificación afirmaba que no se enjuiciaba en ella ni al autor ni su intención, ni la totalidad de su obra, sino sólo esos escritos mencionados. Lo cual no quiere decir que las intenciones del autor hayan sido las mejores, sino que ese juicio se deja a Dios; ni tampoco que las demás obras no contengan errores o ambigüedades, sino que no son las más divulgadas o usadas en la formación teológica en seminarios e instituciones teológicas.

Sin embargo, cuatro años más tarde, en junio de 2005, la Conferencia Episcopal Española emitió un comunicado en el que recuerda que el libro “Moral de Actitudes” de Marciano Vidal no debe ser usado en los seminarios ni en las facultades de teología. Este comunicado fue dirigido a las Conferencias Episcopales de Portugal y Latinoamérica, y recuerda que luego de que el P. Vidal se negara a reelaborar y reeditar su libro Moral de Actitudes “bajo la supervisión de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, el mismo P. Vidal, el presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y el Provincial de Madrid de la Congregación del Santísimo Redentor (Redentoristas) firmaron una declaración conjunta en la que se reconoce que el libro ‘Moral de Actitudes’ no es apto para ser utilizado como manual en las Facultades, Seminarios, Institutos y Centros de formación teológica”. Y la Carta prosigue: “Conscientes de que en algunos Centros de Estudios Eclesiásticos se sigue utilizando el libro ‘Moral de Actitudes’ como libro de texto de los candidatos al sacerdocio”, la Conferencia Episcopal Española decidió enviar una copia de la “declaración conjunta aludida” para que ya no se utilice más dicho texto en los lugares mencionados 2.

Por tanto, en la práctica las obras del P. Vidal siguen censuradas y contienen serios errores. No pueden considerarse doctrina moral católica. ¡Pero se siguen usando para formar a los futuros sacerdotes católicos!

¿Cuáles son los principales errores indicados por la Notificación?

2. Algunas críticas generales a la obra de Vidal

De las tres obras que se manda corregir, me detendré principalmente en la “Moral de Actitudes”, por ser la más usada en los estudios de teología y la que es más puntualmente analizada por la Notificación. Ésta consta de tres volúmenes (el primero trata de la moral fundamental, el segundo —a su vez dividido en dos tomos— de la moral de la persona, bioética teológica, la moral del amor y la sexualidad, y el tercero de la moral social) 3.
La Congregación para la Doctrina de la Fe le critica el dejar en segundo plano aspectos esenciales de la doctrina moral de la Iglesia como: “el uso de una metodología teológica correcta, la adecuada definición de la moralidad objetiva de las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación de argumentaciones completas”.

Por eso el autor no puede “evitar algunos de los errores que contiene, que son sustancialmente los señalados por la Encíclica Veritatis splendor”.

Su perspectiva teológica es lo que él llama modelo (o paradigma) de la “autonomía teónoma” reinterpretado desde la “ética de liberación” 4. Eso lleva a Vidal a relacionar (o separar) indebidamente la fe y la razón, por lo que la “ratio” normativa 5 es entendida por él como un diafragma que se interpone entre el hombre y Dios, por lo que no resulta ya posible poner en la Sabiduría divina el fundamento ontológico (y, por ello, objetivo) del conocimiento moral que todo hombre indudablemente posee, ni admitir que la razón moral pueda ser iluminada por la Revelación divina y por la fe 6.

Como consecuencia práctica de esta posición Vidal sostiene que “lo propio y específico del êthos cristiano no hay que buscarlo en el orden de los contenidos concretos del compromiso moral”, sino “en el orden de la cosmovisión que acompaña” esos contenidos7. La Notificación sugiere comparar estas afirmaciones con lo que dice la Encíclica Veritatis splendor, n. 37: “En consecuencia, se ha llegado hasta el punto de negar la existencia, en la divina Revelación, de un contenido moral específico y determinado, universalmente válido y permanente: la palabra de Dios se limitaría a proponer una exhortación, una parénesis genérica, que luego sólo la razón autónoma tendría el cometido de llenar de determinaciones normativas verdaderamente ‘objetivas’, es decir, adecuadas a la situación histórica concreta”. O sea que la enseñanza de Marciano Vidal es la que critica el documento moral más importante de Juan Pablo II. Para Marciano Vidal Jesús de Nazaret, y en general la Sagrada Escritura, sólo nos da un “horizonte o ámbito nuevo de comprensión y de vivencia de la realidad” 8, una orientación, influjo o contexto 9. De todos modos, como Vidal es un autor ambiguo y los autores ambiguos tienen una mente “renga” que a cada paso que dan los hace entrar y salir de la línea de la ortodoxia católica, encontraremos en el redentorista afirmaciones como: “la Norma decisiva de la ética cristiana es Cristo” y “no hay otra norma para el cristiano que el acontecimiento de Jesús de Nazaret” 10; sin embargo, como aclara la Notificación, “su intento de fundamentación cristológica no consigue conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en Cristo” 11. En la realidad, Jesucristo y su enseñanza no es la norma moral de la doctrina de Marciano Vidal, como veremos en sus enseñanzas morales prácticas.

De ahí que el resultado sea, como sigue diciendo la Notificaciónuna ética débilmente influida por la fe, donde la fe “se yuxtapone de hecho a una racionalidad secularizada enteramente proyectada sobre un plano horizontal”. Vidal se sitúa, por tanto, en un horizontalismo y en un secularismo barnizado con lenguaje vagamente cristiano. Algo así como el gnosticismo pseudocristiano. La Notificación es muy clara al respecto: “en ‘Moral de Actitudes’ no se resalta suficientemente la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia, las virtudes teologales, la oración, las bienaventuranzas, la resurrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales”. A esto se añade, como lógica consecuencia, “un papel insuficiente a la Tradición y al Magisterio moral de la Iglesia”, incluso separándose críticamente de la doctrina eclesial. Llamar, pues, “moralista católico” a Marciano Vidal, es una afirmación tan gratuita como considerar predicador evangélico al Dalai Lama.

También señala la Notificación la tendencia de Vidal a usar el método del conflicto de valores o de bienes en el estudio de los diversos problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias al nivel óntico o pre-moral” 12, lo que lleva “a tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre opción fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven positivamente por la falta de una toma de posición coherente del Autor. En el plano práctico, no se acepta la doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y sobre el valor absoluto de las normas que prohíben esas acciones”. Por tanto, Vidal no acepta el valor absoluto ni siquiera de los Diez Mandamientos.

Es suficientemente claro que estas críticas de fondo son muy serias y hacen que la doctrina moral contenida en este libro —el más usado de los escritos de Vidal en los seminarios y facultades de teología— atente contra la auténtica moral católica. Se lo puede tomar como punto de referencia de los “errores” contra la moral, pero no como exposición de la moral católica. Indudablemente, no afirmo que todo lo que dice Vidal en esta obra contradice la moral católica; pero lo hace en los principios que condicionan todo juicio moral posterior, y ciertamente en muchos de los puntos sustanciales, como indicaremos a continuación.

3. Algunos errores puntuales sobre cuestiones especiales de moral

Como en todas las cuestiones doctrinales, si los principios pueden ser confusos y ambiguos, cuando se baja a su aplicación concreta suele verse más claramente la pata de la zorra debajo del disfraz. Limitándonos a los yerros que señala la Notificación, podemos enumerar entre las afirmaciones erróneas de Vidal:

  • Que los métodos artificiales de regulación de la natalidad “interceptivos”, es decir, aquéllos que actúan después de la fecundación y antes de la anidación, no son abortivos. También enseña que si “generalmente” no se pueden considerar como medios lícitos para controlar la natalidad 13, son moralmente aceptables “en situaciones de notable gravedad, cuando es imposible el recurso a otros medios” 14. Estamos, pues, ante una ética de situación y de circunstancias excepcionales y ante la negación de normas universalmente válidas. Esta enseñanza en contraria a la doctrina católica 15.
  • Que la esterilización en algunas situaciones no ofrece dificultades morales, “ya que lo que se intenta es realizar de una manera responsable un valor humano”, y en algunos casos “es la solución adecuada” 16. Esta afirmación es contraria a la enseñanza de la Iglesia 17.
  • Que la doctrina de la Iglesia sobre la homosexualidad posee cierta coherencia, pero no goza de suficiente fundamento bíblico 18, que adolece de importantes condicionamientos 19 y ambigüedades 20; que en la valoración moral de la homosexualidad se debe “adoptar una actitud de provisionalidad”, y desde luego “ha de formularse en clave de búsqueda y apertura” 21. Asimismo que para el homosexual irreversible un juicio cristiano coherente “no pasa necesariamente por la única salida de una moral rígida: cambio a la heterosexualidad o abstinencia total” 22. Compárese esta doctrina con lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica y se verá la oposición 23.
  • Habla de los fallos que pueden advertirse “en todo el edificio histórico de la ética sexual cristiana” 24.
  • Sostiene igualmente que no se ha probado “la gravedad ex toto genere suo de la masturbación” 25, es decir, afirma que “no todo acto de masturbación es ‘materia objetivamente grave’” 26. Esto contradice (y Vidal lo reconoce) la doctrina moral católica de que los actos autoeróticos son objetivamente acciones intrínsecamente malas 27.
  • Enseña que ninguno de los métodos actuales para regular los nacimientos reúne una bondad absoluta. “Es incoherente y arriesgado inclinar la valoración moral por un método determinado” 28.
  • …y por tanto (la pata de la zorra) en casos de conflicto “seguirá siendo válido el principio básico de la inviolabilidad de la conciencia moral” 29; o sea, que son los esposos los que deciden qué método (natural o artificial) es conveniente para ellos y por tanto lícito. Por eso no es de extrañar, como indica la Notificación que “entre los diversos criterios ofrecidos por el Autor para guiar ese discernimiento 30, no se encuentra el valor objetivo y vinculante de la norma moral contenida en laHumanae vitae y en los demás documentos del Magisterio pontificio anteriores y posteriores a ella” 31.
  • Tampoco debería extrañarnos que Vidal después hable de que incluso fuera de los casos conflictivos, “la utilización moral de los métodos estrictamente anticonceptivos ha de ser objeto de responsable discernimiento de los cónyuges” 32. De hecho, debemos reconocer que el recurrir al conflicto de deberes o a la presunta colisión de bienes, es una excusa para gambetear las enseñanzas del magisterio, mientras que la enseñanza contraria al magisterio es la que autores como Marciano Vidal proponen como solución real para todos los casos y no sólo para sus presuntas situaciones extremas.
  • Enseña, asimismo, que es lícita la fecundación artificial in vitro entre esposos: “Por lo que respecta a la fecundación completamente intraconyugal (‘caso simple’), creemos que no puede ser descartada…” 33; “la fecundación artificial homóloga no puede ser declarada en principio como inmoral” 34.
  • Es ambiguo sobre la inseminación artificial en un matrimonio con semen de un donador 35.
  • Es también ambiguo sobre la fecundación in vitro heteróloga (con semen de donador) 36.
  • También es ambiguo sobre el tema del aborto. “Es verdad —dice la Notificación— que el autor da una valoración moral negativa del aborto en términos generales, pero su posición acerca del aborto terapéutico es ambigua 37: al sostener la posibilidad de ciertas intervenciones médicas en algunos casos más difíciles, no se entiende claramente si se está refiriendo a lo que tradicionalmente se llamaba ‘aborto indirecto’, o si en cambio admite también la licitud de intervenciones no comprendidas en la categoría tradicional mencionada”.
  • No menos ambigua es su posición sobre el aborto eugenésico 38.
  • En cuanto a las leyes abortistas, Vidal sostiene que “no toda liberalización jurídica del aborto es contraria frontalmente a la ética” 39, “parece, dice la Notificación, que se refiere a las leyes que permiten una cierta despenalización del aborto 40. Pero, dado que existen diversos modos de despenalizar el aborto —algunos de los cuales equivalen, en la práctica, a su legalización, mientras que ninguno de los demás es, en todo caso, aceptable según la doctrina católica 41— y que el contexto no es suficientemente claro, al lector no le es posible entender qué tipo de leyes despenalizadoras del aborto se consideran ‘no contrarias frontalmente a la ética’”.

Quienes se hayan formado —sin espíritu crítico (y muy crítico)— con estos libros, ¿tienen una mente católica en la moral? ¿Cómo podremos extrañarnos del desvío moral entre los fieles y entre los mismos consagrados y profesores de teología, si han aceptado un cuerpo de doctrina que no es católico? Porque estas enseñanzas no son solamente discusiones atrevidas y temerarias: simplemente no son católicas, y minan el fundamento de la visión evangélica de la vida y del obrar humano. Se sitúan en esa sabiduría mundana que evacua la cruz de la vida cristiana.

4. Conclusión
Realmente Marciano Vidal se ha esmerado en cubrir un amplísimo espectro de la doctrina moral con errores y contradicciones a la enseñanza católica no sólo de otros teólogos tradicionales sino del Magisterio de la Sagrada Escritura. Es comprensible que ante la necesidad de corregir tantos traspiés teológicos en sus obras no se haya sentido (a pesar de haberse comprometido a ello) con ánimo de emprender semejante tarea, muy parecida a “quemar lo que se adorado y adorar lo que se ha venido quemando” hasta este momento. Pero en un teólogo que realmente ama la verdad —si queremos salvar la intención de nuestro autor— esto debería ser un imperativo de conciencia. No sólo por purificar la verdad que ha oscurecido sino también como reparación en justicia por los errores enseñados durante años y cuyos efectos nocivos siguen corriendo por las venas de la Iglesia por obra de tantos sacerdotes, religiosos y laicos que han abrevado en sus aguas contaminadas.

En todo caso, mientras esperamos este acto de coherencia con la verdad de parte del P. Vidal, corresponde a los superiores, profesores y pastores recordar que, tal como están sus obras (en particular las que ha criticado la Congregación para la Doctrina de la Fe), contradicen “la fe de la Iglesia que profesamos en nuestro bautismo”, cuya confesión es el requisito esencial para ser católicos.

Temores en el favor

Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro
y la cándida víctima levanto, 
de mi atrevida indignidad me espanto 
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto, 
que arrepentido de ofenderos tanto 
con ansias temo y con dolor suspiro. 

Volved los ojos a mirarme humanos,
que por las sendas de mi error siniestras 
me despeñaron pensamientos vanos; 

no sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos 
Vos le dejéis de las divinas vuestras. 

Lope de Vega.

__________________

1 Cf. Congregación para la doctrina de la Fe, Notificación sobre algunos escritos del Rvdo. P. Marciano Vidal, C.Ss.R.; puede leerse íntegra, con la Nota doctrinal que la acompaña, en la página de la Santa Sede (www.vatican.va), sección de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

2 Cf. Aciprensa 12 de julio de 2005.

3 Citaremos “Moral de Actitudes” tomos I-III, Editorial PS, Madrid 1990, 1991 y 1995,. (para cada una de los tomos de la 8ª edición). En adelante la citaremos “MA”.

4 MA I, p. 260; cf. pp. 260-284.

5 Cf. MA I, p. 213.

6 Contra lo que dice la VS 36, 42-45.

7 MA I, p. 203; cf. MA II/1, pp. 131 y 139, MA III, pp. 99-100 y en MA I, p. 99 referida a la Sagrada Escritura.

8 MA I, pp. 203-204.

9 Cf. MA I, pp. 192-193.

10 MA I, p. 452.

11 Cf. MA I, pp. 268-270.

12 Cf. MA I, p. 468.

13 MA II/2, p. 574.

14 Ibidem.

15 Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. De abortu procurato (18 de noviembre de 1974), nn. 12-13; Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 58; Pablo VI, Enc. Humanae vitae, n. 14.

16 MA II/1, p. 641; cf. también MA II/2, p. 575, donde la esterilización es considerada una “solución adecuada” para algunos casos, y “Diccionario de ética teológica”, Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra) 1991, p. 225, donde se afirma que en algunas ocasiones la esterilización será el “único método aconsejable”.

17 Cf. Pablo VI, Enc. Humanae vitae n. 14; Congregación para la Doctrina de la Fe, Resp. Circa sterilizationem in nosocomiis catholicis (13 de marzo de 1975); Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2399.

18 Cf. MA II/2, pp. 266-267.

19 29 Cf. MA II/2, p. 267.

20 Cf. MA II/2, p. 268; también “Diccionario de ética teológica”, pp. 294-295.

21 MA II/2, pp. 281-282.

22 MA II/2, p. 283

23 Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2357-2359.

24 MA II/2, p. 268 ; cfr. pp. 268-270.

25 MA II/2, p. 324.

26 MA II/2, p. 332.

27 Cf. Decl. Persona humana, n. 9; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2352. Cf. también León IX, Carta Ad splendidum nitentis, año 1054: DS 687-688. He tratado este tema en “El Teólogo Responde”, vol. 3, Ed. Verbo Encarnado, San Rafael 2005, pp. 72 y ss.

28 MA II/2, p. 576.

29 MA II/2, p. 576.

30 Cf. MA II/2, pp. 576-577.

31 Cf. Enc. Humanae vitae, nn. 11-14; Juan Pablo II, Exhort. Familiaris consortio, n. 32; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2370 y 2399. Cf. también MA II/2, pp. 571-573.

32 MA II/2, p. 576.

33 MA II/1, p. 597.

34 Ma II/1, p. 597.

35 Cf. MA II/1, p. 586 y “Diccionario…”, p. 315.

36 Cf. MA II/1, p. 597.

37 Cf. MA II/1, p. 403.

38 Cf. MA II/1 p. 403.

39 MA II/1, p. 412.

40 Cf. MA II/1, p. 408.

41 Cf. Decl. De abortu procurato, nn. 19-23; Enc. Evangelium vitae, nn. 71-74.

malos recuerdos

¿Es pecado recordar hechos malos del pasado?

Pregunta:

¿Estoy en pecado si recuerdo a un ex novio? Solo me acuerdo del trato que tenía conmigo y comparo a mi actual pareja con él.

Respuesta:

Estimada:

La memoria es una facultad sensible del hombre por medio de la cual se retiene y recuerda lo pasado. La memoria retiene toda clase de conocimientos, buenos y malos. Recordar significa hacer presente algo del pasado. En el lenguaje común, se habla de “buenos recuerdos”, por ejemplo, los beneficios recibidos de nuestros padres; y se habla de “malos recuerdos”, cuando se trata de un hecho desagradable, triste, etc.

Pero en la teología moral católica, se entiende por “malos recuerdos” aquellos cuyo contenido es pecaminoso, como por ejemplo, los pecados mortales cometidos, las escenas deshonestas que hayamos visto, las informaciones inconvenientes (a la fe y a la moral) que hemos recibido a través de las lecturas, fotografías, Internet, etc.

Ahora bien, ¿cuándo los recuerdos pecaminosos constituyen pecado? Hay dos principios:

1° Cuando se advierte la gravedad de tales recuerdos y se consienten plenamente (es decir, se quieren plenamente) son de suyo pecado mortal. Si tal recuerdo se rechaza inmediatamente, no hay pecado. Cuando se ha rechazado a medias, es decir, no con bastante prontitud o generosidad, hay pecado venial.

2° Es pecado mortal cuando se intenta y busca voluntariamente el recuerdo pecaminoso para obtener un placer en ello.

Estos criterios valen también para los malos pensamientos y los malos deseos (Cf. Antonio R. Marín, Teología moral para seglares, t. I, B.A.C., Madrid 1996, n. 570-571).

Pero también es necesario tener presente dos cosas:

– Primero, la vida cristiana no consiste únicamente en no pecar; sino también en la práctica de las virtudes (las teologales: fe, esperanza y caridad; y las morales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza). Así, puede uno recordar cosas pasadas, pero: ¿es conveniente? ¿Se puede sacar algún provecho? ¿Es útil? Como dice el apóstol San Pablo:«Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada! (1 Co 6,12).

– Segundo, como dice el refrán: “Las comparaciones son odiosas”. A veces no son útiles, y otras veces no son convenientes.

¡Anímese a vivir su noviazgo con alegría y fe! Ruegue al Buen Pastor y a su Santísima Madre, la gracia de conocer si son el uno para el otro y para siempre, que no es otra cosa que descubrir la voluntad del Buen Dios sobre vuestras vidas, es decir, la vocación al matrimonio cristiano.

En Cristo y María.

P. Héctor Guerra, IVE

confesion

Confesión a distancia

Pregunta:

¿Se puede confesar a una persona vía e-mail? Gracias. Romina.

 

Respuesta:

Analicemos la cuestión que se plantea, por parte del penitente y por parte del confesor.

Para que el sacramento de la reconciliación sea válido, se requiere, entre otras cosas, la declaración de los pecados por parte del penitente (esto es, la «confesión» propiamente dicha, como acto del penitente[1]), lo cual se debe realizar de palabra, ya que la expresión vocal es el modo más usual para la manifestación de nuestros pensamientos.

Sin embargo, en caso de necesidad, sería lícito expresar los pecados por escrito, por signos o por intérprete, pero el penitente siempre debe estar presente al confesor.

¿En qué casos se puede recurrir a la confesión o declaración de los propios pecados por escrito? «… se podría recurrir a la confesión por escrito a un confesor presente en ciertos casos como los siguientes –indica el P. Miguel Á. Fuentes-:

– Cuando el penitente es mudo o habla con dificultad;

– Cuando el confesor es muy sordo o al menos tanto que hay peligro de que se escuchen los pecados confesados;

– Por vergüenza extraordinaria del penitente o por la tentación de callar alguno;

– Por falta de memoria.

Pero en estos casos es conveniente que el penitente exprese al confesor vocalmente (si es posible) que se arrepiente de los pecados consignados por escrito; al menos debe hacerlo por algún gesto[2]», como por ejemplo, golpearse el pecho, besar un crucifijo, u otros semejantes.

Sin embargo, el mayor inconveniente para la validez de una confesión vía e-mail, viene por parte del confesor, puesto que, para sean válidas las palabras de la absolución, las mismas «han de ser pronunciadas vocalmente (aunque sea en voz baja e imperceptible) por el sacerdote sobre el penitente presente al menos moralmente. Vocalmente, porque las palabras del sacerdote son instrumento para producir la gracia en el alma del penitente. Por tanto, el sacerdote mudo no puede absolver, y también es inválida la absolución por escrito (carta, telegrama, etc.)[3]».

Por tanto, el penitente debe estar presente al confesor, «al menos moralmente». ¿Qué significa esa presencia? No es necesario que el penitente pueda ser visto por el confesor, siendo suficiente que éste estime su presencia[4], como sucede cuando uno se confiesa en un confesionario provisto de rejilla. «En caso de necesidad (naufragio, terremoto, batalla) puede darse la absolución a cualquier distancia (mientras se perciba a los penitentes, pero sub conditione)[5]».

Resumiendo: se requieren la presencia real del penitente (al menos moral), y la transmisión real de las palabras de la absolución conferida por el confesor.

El P. Fuentes concluye:

«De lo dicho se colige la probable invalidez de la absolución dada por teléfono, radio o televisión, ya que falta la presencia real del penitentey no hay real transmisión de las palabras de la absolución, sino que son vibraciones eléctricas que reproducen la palabra humana. De todos modos la Santa Sede no se ha pronunciado definitivamente sobre esta cuestión. Por tanto, en la práctica, en caso de extrema necesidad (imposibilidad absoluta de presentarse ante el moribundo) el sacerdote puede y debe enviarle sub conditione la absolución por teléfono o radio; y con mucha mayor razón a través de un tubo o canal fonético (por ejemplo a aquéllos que quedasen atrapados en un derrumbe con peligro de muerte)»[6].

Ahora bien, en el caso del mail es claro que no se puede dar la absolución (en este caso sería «enviar la absolución», porque no es un medio vocal (y ya vimos que es inválida la absolución por escrito). Además, el Papa Clemente VIII condenó y prohibió la absolución por mensajero[7], y aquí entra todo tipo de correo, ya sea personal, ya sea electrónico. Diverso es el caso del uso del «skype» o la comunicación a través de una video cámara, por ejemplo, que, en mi opinión, caería bajo el mismo juicio expresado en el párrafo anterior, es decir, que se trataría de una absolución probablemente inválida, pero que el sacerdote (dado que no existe un pronunciamiento definitivo del Magisterio sobre la cuestión) podría y debería enviar «bajo condición», en caso de extrema necesidad.

P. Jon M. de Arza, IVE

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[1] Dice el P. Miguel A. Fuentes: «La confesión sacramental es la acusación voluntaria de los propios pecados cometidos después del bautismo, hecha por el penitente al sacerdote legítimo, en orden a obtener la absolución de los mismos en virtud del poder de las llaves» (FUENTES, M. A., Revestíos de entrañas de misericordia. Manual de preparación para el ministerio de la penitencia, Ediciones del Verbo Encarnado, San Rafael 52007, 71).

[2] Idem, 72.

[3] Idem, 75.

[4] Cf. Ibidem.

[5] Ibidem.

[6] Idem, 74-75. El subrayado es nuestro.

[7] Cf. DS 1994/1088.