Meditaciones sobre Dios Padre

P. Miguel A. Fuentes, IVE

 

PRESENTACIÓN

 Las siguientes meditaciones apuntan a forjarse una idea adecuada de Dios Padre. Comienzan con algunas meditaciones sobre Dios en general, luego sobre la Santísima Trinidad y finalmente se ofrecen algunos puntos para meditar algunas verdades sobre Dios Padre, la Providencia, el Santo Abandono y la permisión del mal y del dolor.

 

Estas son algunas meditaciones posibles; pueden prepararse muchísimas más tomando los textos bíblicos que hablan de la paternidad divina. Sugiero que cada uno adapte las siguientes, en la medida en que le sean útiles, según su propio provecho espiritual.

 

Estas meditaciones deberían ser completadas con algunas meditaciones sobre uno mismo y sobre el prójimo, pues estos tres conceptos (la idea de Dios —en particular de Dios Padre—, la idea de mí mismo y la idea del prójimo) están íntimamente relacionadas y el deterioro de alguna de ellas (como se da, por ejemplo, en quienes tienen una idea tergiversada de sí mismos: menosprecio exagerado, falta de sentido, complejo de inferioridad) repercute necesariamente deteriorando el concepto de la Paternidad divina y el del valor verdadero del prójimo.

 


 

 

1ª MEDITACIÓN: DIOS EXISTE

 

El fundamento de todas las verdades de nuestra fe católica es creer que hay Dios (Hb 11,6).

 

1)   Todas las creaturas nos predican que Dios existe. Todas las creaturas son predicadores de esta gran verdad. Los cielos con sus planetas, galaxias, mundos desconocidos, estrellas; el aire con sus aves, el agua con sus peces y misterios, la tierra con sus animales y plantas. Dios nos hizo (Sal 100,3). Leer y meditar Sabiduría 13, 1-10. Job 12, 7-10: Interroga a las bestias, que te instruyan, a las aves del cielo, que te informen. Te instruirán los reptiles de la tierra, te enseñarán los peces del mar. Pues entre todos ellos, ¿quién ignora que la mano de Dios ha hecho esto? El, que tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre.

2)   Ese testimonio está dentro de nosotros mismos. Sal 139, 6-12: Ciencia es misteriosa para mí, harto alta, no puedo alcanzarla. ¿A dónde iré yo lejos de tu espíritu, a dónde de tu rostro podré huir? Si hasta los cielos subo, allí estás tú, si en el seol me acuesto, allí te encuentras. Si tomo las alas de la aurora, si voy a parar a lo último del mar, también allí tu mano me conduce, tu diestra me aprehende. Aunque diga: « ¡Me cubra al menos la tiniebla, y la noche sea en torno a mí un ceñidor, ni la misma tiniebla es tenebrosa para ti, y la noche es luminosa como el día. Porque tú mis riñones has formado, me has tejido en el vientre de mi madre; yo te doy gracias por tantas maravillas: prodigio soy, prodigios son tus obras. Mi alma conocías cabalmente, y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo formado en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra. Mi embrión tus ojos lo veían; en tu libro están inscritos todos los días que han sido señalados, sin que aún exista uno solo de ellos.

a.       Dentro mío tengo estampada la luz natural. La luz de tu rostro ha sido escrita en nosotros (Sal 4,7, ver. Vulg.).

b.      Nuestra hechura proclama a Dios. Dirán todos mis huesos: Yahveh, ¿quién como tú? (Sal 35,10).

c.       Nuestro espíritu con su nobleza dice que hay Alguien que es espíritu y está por encima de todas las cosas.

3)   Otros testimonios de Dios. No sólo la hermosura proclama a Dios, sino el mismo desorden y desconcierto; porque al no poder librarnos de ellos por nuestras fuerzas, nos recuerdan que hay Dios:

a.       El desconcierto que reina a veces en la naturaleza y en la historia: terremotos, tormentas, guerras, injusticias, etc. Todo pide y exige un orden que el hombre no puede poner. No puede faltar un orden en un universo que es, por otra parte, tan perfecto. Ese orden ha de venir en algún momento de quien pueda regir la historia y el mundo. Postula a Dios para que el universo no sea un absurdo.

b.      La guerra y contradicción en mi interior: la lucha entre mi deseo de algo eterno y mis pasiones tan temporales; siendo tan perfectos en algunas cosas, no podemos reducirnos a la caducidad. Mi lucha interior postula un Dios que habrá de poner fin a esta guerra y habrá de satisfacer esos deseos eternos.

c.       Por reducción al absurdo: el hombre que olvida a Dios se deshumaniza; el hombre necesita la idea pura y magnífica de Dios para ser él mismo hombre cabal y feliz. Sin Dios el hombre no es más libre sino más absurdo e infeliz.

4)   Cuida de no olvidarte de Dios (Dt 6,12). Ten compasión de los que viven sin Dios; de los que viven al margen de Dios, olvidados de Dios. Ten piedad de ti mismo si vives como si Dios no existiera, si Dios no es la Presencia más presente en tus pensamientos; si no es tu meta de cada acto y de cada día y de tu vida entera.

 

Responde: ¿Qué pienso de Dios? ¿Cuánto pienso de Dios? ¿Actúo como creo? ¿Llena el pensamiento de Dios mis días? ¿Olvido con frecuencia a Dios? ¿Puedo vivir sin Dios? ¿Me pesa perder a Dios por el pecado? ¿Me duele la posibilidad de perderlo para siempre en la otra vida? ¿Estoy dispuesto a sacrificar todo antes que perder a Dios?

 


 

2ª MEDITACIÓN: QUIÉN ES DIOS

 

1)   Dios es “El que es”. Yo soy el que soy. Así le dirás a Israel: El que Es, me ha enviado a vosotros (Ex 3,14). Dios necesariamente es, fue y será. Su esencia es su mismo ser; es el Ser absoluto. Yo soy Dios, que no cambio (Mal 3,6): no cambio, no envejezco, no me marchito. Tú, Señor, eres el mismo, y tus años no tienen fin (Sal 102,28). Santo, Santo, Santo, el Señor Dios todopoderoso, el que era, y es, y será y ha de venir (Ap 4,8).

2)   Sólo Dios es por esencia el que Es. Nada ni nadie, fuera de Dios, tiene el ser por sí mismo. 1Tim 6,16: El único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. En esta verdad se funda verdaderamente la vida espiritual seria, porque aquí se apoya la humildad que toda creatura (hombre y ángel) ha de tener ante Dios: Él es el que es; yo soy el que no soy. Gen 3,19: Polvo eres y en polvo te convertirás. Él no tiene medida; yo soy una medida; Sal 39,6: De unos palmos hiciste mis días, mi existencia cual nada es ante ti; sólo un soplo, todo hombre que se yergue. De ahí que debamos amar a Dios como principio y fundamento de toda nuestra vida.

3)   En Dios están todas las perfecciones de las cosas creadas. Lo dice San Juan de la Cruz (Subida, L. I, cap. 4):

a.       “De manera que todo el ser de las criaturas, comparado con el infinito (ser) de Dios, nada es. Y, por tanto, el alma que en él pone su afición, delante de Dios también es nada, y menos que nada; porque, como habemos dicho, el amor hace igualdad y semejanza, y aun pone más bajo al que ama. Y, por tanto, en ninguna manera podrá esta alma unirse con el infinito ser de Dios, porque lo que no es no puede convenir con lo que es. Y descendiendo en particular a algunos ejemplos:

b.      Toda la hermosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad, según Salomón en los Proverbios (31, 30) dice: Fallax gratia, et vana est pulchritudo: Engañosa es la belleza y vana la hermosura. Y así, el alma que está aficionada a la hermosura de cualquiera criatura, delante de Dios sumamente fea es; y, por tanto, no podrá esta alma fea transformarse en la hermosura que es Dios, porque la fealdad no alcanza a la hermosura.

c.       Y toda la gracia y donaire de las criaturas, comparada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo desabrimiento; y, por eso, el alma que se prenda de las gracias y donaire de las criaturas, sumamente es desgraciada y desabrida delante los ojos de Dios; y así no puede ser capaz de la infinita gracia de Dios y belleza, porque lo desgraciado grandemente dista de lo que infinitamente es gracioso.

d.      Y toda la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia. Porque nada hay bueno sino solo Dios (Lc. 18, 19); y, por tanto, el alma que pone su corazón en los bienes del mundo, sumamente es mala delante de Dios. Y así como la malicia no comprehende a la bondad, así esta tal alma no podrá unirse con Dios, el cual es suma bondad.

e.       Y toda la sabiduría del mundo y habilidad humana, comparada con la sabiduría infinita de Dios, es pura y suma ignorancia, según escribe san Pablo ad Corinthios (1 Cor. 3, 19), diciendo: Sapientia huius mundi stultitia est apud Deum. La sabiduría de este mundo, delante de Dios es locura.

f.       Por tanto, toda alma que hiciese caso de todo su saber y habilidad para venir a unirse con la sabiduría de Dios, sumamente es ignorante delante de Dios, y quedará muy lejos de ella. Porque la ignorancia no sabe qué cosa es sabiduría, como dice San Pablo que esta sabiduría le parece a Dios necedad. Porque, delante de Dios, aquellos que se tienen por de algún saber son muy ignorantes; porque de ellos dice el Apóstol escribiendo a los Romanos (1, 22), diciendo: Dicentes enim se esse sapientes, stulti facti sunt, esto es: Teniéndose ellos por sabios, se hicieron necios. Y solos aquellos van teniendo sabiduría de Dios que, como niños ignorantes, deponiendo su saber, andan con amor en su servicio. La cual manera de sabiduría enseñó también san Pablo ad Corinthios (1 Cor. 3, 18­19): Si quis videtur inter vos sapiens esse in hoc saeculo, stultus fiat ut sit sapiens. Sapientia enim huius mundi stultitia est apud Deum, esto es: Si alguno le parece que es sabio entre vosotros, hágase ignorante para ser sabio, porque la sabiduría de este mundo es acerca de Dios locura. De manera que, para venir el alma a unirse con la sabiduría de Dios, antes ha de ir no sabiendo que por saber.

g.       Y todo el señorío y libertad del mundo, comparado con la libertad y señorío del espíritu de Dios, es suma servidumbre, y angustia, y cautiverio. Por tanto, el alma que se enamora de mayorías, o de otros tales oficios, y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenido y tratado no como hijo, sino como bajo esclavo y cautivo, por no haber querido él tomar su santa doctrina, en que nos enseña que el que quisiere ser mayor sea menor, y el que quisiere ser menor sea el mayor (Lc. 22, 26). Y, por tanto, no podrá el alma llegar a la real libertad del espíritu, que se alcanza en su divina unión, porque la servidumbre ninguna parte puede tener con la libertad, la cual no puede morar en el corazón sujeto a quereres, porque éste es corazón de esclavo, sino en el libre, porque es corazón de hijo. Y ésta es la causa por que Sara dijo a su marido Abraham que echase fuera a la esclava y a su hijo, diciendo que no había de ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre (Gn. 21, 10).

h.      Y todos los deleites y sabores de la voluntad en todas las cosas del mundo, comparados con todos los deleites que es Dios, son suma pena, tormento y amargura. Y así, el que pone su corazón en ellos es tenido delante de Dios por digno de suma pena, tormento y amargura. Y así, no podrá venir a los deleites del abrazo de la unión de Dios, siendo él digno de pena y amargura.

i.        Todas las riquezas y gloria de todo lo criado, comparado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. Y así, el alma que lo ama y posee es sumamente pobre y miserable delante de Dios, y por eso no podrá llegar a la riqueza y gloria, que es el estado de la transformación en Dios (por cuanto lo miserable y pobre sumamente dista de lo que es sumamente rico y glorioso)”.

 

Responde: ¿Quién es Dios para mí? ¿Cuánto pesa su pensamiento en mi corazón? ¿Soy consciente de la Bondad y Belleza divinas? ¿Llena mi corazón de alegría el pensamiento de Dios? ¿Me llena de seguridad el saber que Dios es tan grande y la vez tan Padre? ¿Pierden de peso las creaturas en mi corazón cuando medito en la grandeza de Dios?

 


 

3ª MEDITACIÓN: DIOS ES INCOMPREHENSIBLE

 

1)   Dios supera todo lo que podemos percibir por los sentidos. Dios no tiene color, ni imagen, ni medida, no se ve, no se toca, no se oye. Is 40,18: Pues ¿con quién asemejaréis a Dios, qué semejanza le aplicaréis? Sal 35,10: Señor, ¿quién hay semejante a Ti? No es hermoso como las cosas de la tierra sino con otra hermosura superior que ni los ángeles pueden abarcar.

2)   No puede abarcarse con la imaginación ni con el entendimiento creado. Sal 71,18: ¿Quién en las nubes se igualará al Señor? O ¿quién entre sus hijos será semejante a Dios? Por eso para poder conocer la grandeza de Dios debemos renunciar a los sentidos y a la imaginación y la limitación de la inteligencia. Sal 97,2: Nube y bruma densa están en torno a su trono. 1Tim 6,16:Mora una luz inaccesible.

3)   Es infinito en todas sus perfecciones. Job 36,26: Dios es grande y no lo comprendemos, el número de sus años es incalculable. Jer 32,19: Grande en designios y rico en recursos. Sab 9,16:Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los cielos?

4)   Dios al revelarse nos hace una gran misericordia. Porque de otro modo no hubiéramos podido conocerlo jamás en su vida íntima y en su verdadera grandeza. De ahí que debamos: (a) ser muy agradecidos por habernos revelado las Sagradas Escrituras donde se esconden los secretos de su sabiduría; (b) tener una fe muy entregada, dejando cautivar nuestro entendimiento por las verdades divinas; (c) gran confianza en lo que aún quiere mostrarme en la visión cara a cara en la eternidad.

 

Podemos meditar este hermoso himno de San Gregorio Nacianceno:

 

«¡Oh Tú, el más allá de todo!,

¿cómo llamarte con otro nombre?

No hay palabra que te exprese

ni espíritu que te comprenda.

Ninguna inteligencia puede concebirte.

Sólo tu eres inefable,

y cuanto se diga ha salido de ti.

Sólo tu eres incognoscible,

y cuanto se piense ha salido de ti.

Todos los seres te celebran,

los que hablan y los que son mudos.

Todos los seres te rinden homenaje,

los que piensan y los que no piensan.

El deseo universal, el gemido de todos,

suspira por ti.

Todo cuanto existe te ora,

y hasta ti eleva un himno de silencio

todo ser capaz de leer tu universo.

Cuanto permanece,

en ti solo permanece.

En ti desemboca el movimiento del universo.

Eres el fin de todos los seres;

eres único.

Eres todos y no eres nadie.

Ni eres un ser solo ni el conjunto de todos ellos.

¿Cómo puedo llamarte,

si tienes todos los nombres?

¡Oh Tú, el único a quien no se puede nombrar!,

¿que espíritu celeste podrá penetrar

las nubes que velan el mismo cielo?

Ten piedad, oh Tú, el mas allá de todo:

¿como llamarte con otro nombre?».

 


 

4ª MEDITACIÓN: DIOS ES UNO

 

1)   Hay un solo Dios. Escucha Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza (Dt 6, 4-5). Volveos a mí y seréis salvados, confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro… ante mí se doblará toda rodilla y toda lengua jurará diciendo: ¡Sólo en Dios hay victoria y fuerza! (Is 45, 22-24). “Creemos firmemente y afirmamos sin ambages que hay un solo verdadero Dios, inmenso e inmutable, incomprensible, todopoderoso e inefable, Padre, Hijo y Espíritu Santo: Tres Personas, pero una Esencia, una Substancia o Naturaleza absolutamente simple” (IV Concilio de Letrán).

2)   Jesús habla del Dios Único: Jesús mismo confirma que Dios es “el único Señor” y que es preciso amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y todas las fuerzas (cf. Mc 12, 29-30). Deja al mismo tiempo entender que Él mismo es “el Señor” (cf. Mc 12, 35-37).

3)   Las consecuencias de la fe en el Dios Único: Creer en Dios, el Único, y amarlo con todo el ser tiene consecuencias inmensas para toda nuestra vida. Significa:

a.       Reconocer la grandeza y la majestad de Dios: Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia (Jb 36, 26). Por esto Dios debe ser “el primer servido” (Santa Juana de Arco).

b.      Es vivir en acción de gracias: Si Dios es el Único, todo lo que somos y todo lo que poseemos viene de Él: “¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co 4, 7). “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal 116, 12).

c.       Exige usar bien de las cosas creadas: La fe en Dios, el Único, nos lleva a usar de todo lo que no es Él en la medida en que nos acerca a Él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de Él: “Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío, despójame de mí mismo para darme todo a ti” (San Nicolás de Flue).

d.      Implica confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente:

Nada te turbe, Nada te espante,

Todo se pasa, Dios no se muda,

La paciencia, Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene / Nada le falta:

Sólo Dios basta.

 


 

5ª MEDITACIÓN: DIOS ES VERDAD

 

1)   Dios es la Verdad, porque Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna (1 Jn 1, 5). Ahora, mi Señor Dios, tú eres Dios, tus palabras son verdad (2 S 7, 28); por eso las promesas de Dios se realizan siempre (cf. Dt 7,9). Dios es la Verdad misma, sus palabras no pueden engañar. Por ello el hombre se puede entregar con toda confianza a la verdad y a la fidelidad de la palabra de Dios en todas las cosas. El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su fidelidad.

2)   La verdad de Dios es su sabiduría que rige todo el orden de la creación y del gobierno del mundo (cf. Sb 13,1-9). Dios es el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas las cosas creadas en su relación con Él (cf. Sb 7,17-21). Dios es también verdadero cuando se revela: la enseñanza que viene de Dios es una doctrina de verdad (Ml 2, 6). Envía su Hijo al mundo para dar testimonio de la Verdad (Jn 18, 37): Sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero (1 Jn 5, 20).

3)   Dios es la Verdad; y eso quiere decir que nos penetra íntimamente y nos conoce mejor de lo que nosotros nos conocemos. Nada está oculto a sus ojos. Él explora las fuentes de los ríos, y saca a luz lo oculto (Job 28,11). Toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo (Ecle 12,14). Él nos desnuda el alma: yo he desnudado a Esaú, he descubierto sus secretos, estar oculto no puede (Jer 49,10). Yo soy verdaderamente lo que soy a los ojos de Dios. A Él nada se le escapa; puedo disfrazarme a los ojos de los hombres y puedo negar mi verdad ante mis propios ojos; pero no a los de Dios.

4)   Pero también mi justicia está patente a los ojos de Dios. Dios ve también lo bueno que Él ha puesto en mí. Más que yo. Él me ha hecho y su luz me penetra totalmente. Conoce el número de mis huesos: Dios conoce vuestros corazones (Lc 16,15); Tú lo conoces todo (Ester 14,17).Yahveh, tú me escrutas y conoces; sabes cuándo me siento y cuándo me levanto, mi pensamiento calas desde lejos; esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas. Que no está aún en mi lengua la palabra, y ya tú, Yahveh, la conoces entera(Sal 139,1-4).

5)   Dios es el Testigo de nuestros pensamientos, deseos, sufrimientos y alegrías que nadie más penetra. Sab 1,6: Dios es testigo de sus riñones, observador veraz de su corazón y oye cuanto dice su lengua.

 

Responde: ¿Te sientes conocido por Dios? ¿Ese conocimiento te da temor o seguridad? ¿Temes que Dios sea testigo de tus secretos o te alegras de que Él esté de modo constante en lo más profundo de tu conciencia?

 


 

6ª MEDITACIÓN: DIOS ES AMOR

 

1)   Dios es Amor: lo enseña el apóstol Juan (1 Jn 4, 8). A lo largo de su historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía una razón para revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito (Dt 4,37; 7,8; 10,15). E Israel comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo (Is 43,1-7)) y de perdonarle su infidelidad y sus pecados (Os 2). Ese amor Dios mismo lo compara:

a.       con el amor de un padre a su hijo (Os 11,1);

b.      es más fuerte que el amor de una madre a sus hijos (Is 4914-15);

c.       Dios ama a su Pueblo más que un esposo a su amada (Is 62,4-5);

d.      este amor vencerá incluso las peores infidelidades (Ez 16; Os 11);

e.       llegará hasta el don más precioso: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único(Jn 3,16).

2)   El amor de Dios es “eterno” (Is 54, 8). Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará (Is 54, 10). Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti (Jr 31, 3).

3)   Y san Juan irá todavía más lejos al afirmar: Dios es Amor (1 Jn 4, 8.16); el ser mismo de Dios es Amor. Al enviar en la plenitud de los tiempos a su Hijo único y al Espíritu de Amor, Dios revela su secreto más íntimo (1Co 2,7-16; Ef 3,9-12); El mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo, y nos ha destinado a participar en Él.

 


 

7ª MEDITACIÓN: DIOS ES TRINO EN PERSONAS

 

Dios nos ha revelado su misterio íntimo: es Trino en Personas.

 

1)   Confesamos un solo Dios en tres Personas. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad consubstancial” (Concilio de Constantinopla II, año 553). Las personas divinas no se reparten la única divinidad, sino que cada una de ellas es enteramente Dios: “El Padre es lo mismo que es el Hijo, el Hijo lo mismo que es el Padre, el Padre y el Hijo lo mismo que el Espíritu Santo, es decir, un solo Dios por naturaleza” (Concilio de Toledo XI, año 675)). “Cada una de las tres personas es esta realidad, es decir, la substancia, la esencia o la naturaleza divina” (Concilio de Letrán IV, año 1215).

2)   Las personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único pero no solitario” (Fides Damasi). “Padre”, “Hijo”, “Espíritu Santo” no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo” (Concilio de Toledo XI, año 675). Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado, y el Espíritu Santo es quien procede” (Concilio de Letrán IV, año 1215). La Unidad divina es Trina.

3)   A los catecúmenos de Constantinopla, san Gregorio Nacianceno, llamado también “el Teólogo”, confía este resumen de la fe trinitaria: “Ante todo, guardadme este buen depósito, por el cual vivo y combato, con el cual quiero morir, que me hace soportar todos los males y despreciar todos los placeres: quiero decir la profesión de fe en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Os la confío hoy. Por ella os introduciré dentro de poco en el agua y os sacaré de ella. Os la doy como compañera y patrona de toda vuestra vida. Os doy una sola Divinidad y Poder, que existe Una en los Tres, y contiene los Tres de una manera distinta.  Divinidad sin distinción de substancia o de naturaleza, sin grado superior que eleve o grado inferior que abaje… Es la infinita connaturalidad de tres infinitos. Cada uno, considerado en sí mismo, es Dios todo entero… Dios los Tres considerados en conjunto… No he comenzado a pensar en la Unidad cuando ya la Trinidad me baña con su esplendor. No he comenzado a pensar en la Trinidad cuando ya la unidad me posee de nuevo” (San Gregorio Nacianceno, Orationes, 40, 41).

4)   Yo me acuso: Schmaus, en su Teología Dogmática cita a Noulleau (+ 1672) quien escribía: “Me acuso de no haber adorado nunca como debía; me acuso de que hasta desconocía la palabra adoración. Mientras que yo pensaba en muchos actos de piedad, no tenía en cuenta casi nunca la adoración. ¿Cuándo hubiera pensado en adorarte y hablado de ello?”.

 

Responde: ¿Cuál es mi conciencia de la Santísima Trinidad? ¿Cuál es mi actitud frente a ella? ¿Cuál ha sido mi deseo de conocer más y más y este misterio infinitamente adorable y amable? ¿Cuál es mi intimidad con Dios que se revela a mí en su misterio más profundo, su ser mismo?

 


 

8ª MEDITACIÓN: DIOS ES PADRE

 

1)   “La expresión Dios Padre no había sido revelada jamás a nadie. Cuando Moisés preguntó a Dios quién era Él, oyó otro nombre. A nosotros este nombre nos ha sido revelado en el Hijo, porque este nombre implica el nuevo nombre de Padre” (Tertuliano). Podemos invocar a Dios como “Padre” porque Él nos ha sido revelado por su Hijo hecho hombre y su Espíritu nos lo hace conocer.

2)   El conocimiento del Padre es un don que nos ha hecho Jesucristo: nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar, es decir a los pequeños (Mt 11, 25-27).

3)   Para comprender adecuadamente quién es el Padre, debemos despojar a nuestra imagen del padre terreno de todas sus limitaciones, porque éstas siempre son deficientes y opacan la verdadera paternidad divina, infinitamente amable.

4)   Al revelarnos que Dios es nuestro Padre, Dios también nos enseña quiénes somos nosotros (¡hijos!): “Tú, hombre, no te atrevías a levantar tu cara hacia el cielo, tú bajabas los ojos hacia la tierra, y de repente has recibido la gracia de Cristo: todos tus pecados te han sido perdonados. De siervo malo, te has convertido en buen hijo… Eleva, pues, los ojos hacia el Padre que te ha rescatado por medio de su Hijo y di: Padre nuestro… Pero no reclames ningún privilegio. No es Padre, de manera especial, más que de Cristo, mientras que a nosotros nos ha creado. Di entonces también por medio de la gracia: Padre nuestro, para merecer ser hijo suyo” (San Ambrosio).

5)   Reconocer que Dios es nuestro Padre, exige de nosotros tener el deseo y la voluntad de asemejarnos a Él: “Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios ‘Padre nuestro’, de que debemos comportarnos como hijos de Dios” (San Cipriano de Cartago). “No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial” (San Juan Crisóstomo); “Es necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar de ella nuestra alma” (San Gregorio de Nisa).

6)   El conocimiento pleno de Dios no consiste en conocer sólo su existencia, sino en saber que es Padre y de quién es Padre (…) Nuestro Señor Jesucristo ha añadido a la ley mosaica la perfecta y ha dado al precepto de la ley mayor claridad: nos ha regalado un conocimiento de Dios que supera todos los anteriores. Pues nos ha revelado que Dios, además de ser creador y señor del universo, es también Padre” (Cirilo de Alejandría, In Io.).

 


 

9ª MEDITACIÓN: DIOS “ABBÁ-PADRE”

 

1)   Jesús al hablar del Padre lo llama Abbá. “Abbá” es una expresión aramea, que se ha conservado en el texto griego del Evangelio de Marcos (14,36). En labios de Jesús de Nazarettiene un contenido único, irrepetible.

2)   La palabra “Abbá” formaba parte del lenguaje familiar; se usaba para expresar la relación únicaentre el padre y el hijo engendrado por él, entre el hijo que ama al padre y al mismo tiempo es amado por él. Cuando, para hablar de Dios, Jesús utilizaba esta palabra, debía de causar admiración e incluso escandalizar a sus oyentes. Un israelita no la habría utilizado ni en la oración. Sólo quien se consideraba Hijo de Dios en un sentido propio podría hablar así de Él y dirigirse a Él como Padre. “Abbá” es decir, “padre mío”, “papito”, “papá”.

3)   Así esperaba ser invocado Dios. Jeremías dice que Dios espera que se le invoque como Padre:Vosotros me diréis: ‘padre mío’ (Jer 3,19). Jesús habla constantemente del Padre, invoca al Padre como quien tiene derecho a dirigirse a Él sencillamente con el apelativo: “Abbá-Padre mío”.

4)   San Marcos dice que durante la oración en Getsemaní, Jesús exclamó: Abbá, Padre, todo te es posible. Aleja de mí este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras (Mc 14,36). Cuando en los demás evangelios aparece la palabra “Padre mío” en boca de Jesús, debe entenderse en este sentido.

5)   Jesús fue acostumbrando a sus oyentes para que entendieran que en sus labios la palabra “Dios” y, en especial, la palabra “Padre”, significaba “Abbá-Padre mío”. Así, desde su infancia, cuando tenía sólo 12 años, Jesús dice a sus padres que lo habían estado buscando durante tres días: ¿No sabíais que es preciso que me ocupe en las cosas de mi Padre? (Lc 2, 49). Y al final de su vida, en la oración sacerdotal con la que concluye su misión, insiste en pedir a Dios: Padre, ha llegado la hora, glorifica tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti (Jn 17, 1). Padre Santo, guarda en tu nombre a éstos que me has dado (Jn 17, 11). Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te conocí… (Jn 17, 25). Ya en el anuncio de las realidades últimas, hecho con la parábola sobre el juicio final, se presenta como Aquel que proclama: Venid a mí, benditos de mi Padre… (Mt 25, 34). Luego pronuncia en la cruz sus últimas palabras: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc 23, 46). Por último, una vez resucitado anuncia a los discípulos: Yo os envío la promesa de mi Padre (Lc 24, 49). Y cuando debe enseñarnos a orar, nos hace decir a Dios: Padre nuestro (Mt 6, 9-13), o también Padre (Lc 11, 2-4).

6)   De este modo, Jesús nos enseña que realmente nos hace, por la gracia, hijos de Dios: A cuantos le recibieron (es decir, a cuantos recibieron al Verbo que se hizo carne), Jesús les dio poder de llegar a ser hijos de Dios (Jn 1,12). Dice así a María Magdalena: Ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios (Jn 20,17). Somos hijos por participación o, mejor dicho, por adopción, como enseñaron los teólogos siguiendo a San Pablo, que en la Carta a los Gálatas escribe: Dios envió a su Hijo… para que recibiésemos la adopción(Gál 4, 4 y s.; cf. Santo Tomás, S. Th. III q. 23, aa. 1 y 2).

7)   Debemos, pues, clamar constantemente a Dios como sus hijos: Y puesto que sois hijos, envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ‘Abbá, Padre’ (Gál 4, 6); No habéis recibido el espíritu de siervos… antes habéis recibido el espíritu de adopción, por el que clamamos: ‘Abbá, Padre’ (Rom 8,15).

 

Responde: ¿Cuál es mi conciencia de ser hijo de Dios? ¿Cuál es mi intimidad y mi confianza con Dios Padre? ¿Es mi trato personalísimo, confiado, amistoso, abierto, como un hijo con su Padre?

 


 

10ª MEDITACIÓN: LAS DISPOSICIONES DEL BUEN HIJO

 

Un buen hijo tiene disposiciones propias hacia su padre. Respecto de Dios, nuestra filiación exige desarrollar en nosotros cinco disposiciones fundamentales.

 

1)   Ante todo honor. Se queja Dios por el Profeta Malaquías: El hijo honra a su padre, el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honra? (Ml 1,6). Honor que no sólo debe estar en los labios sino en el corazón, para no ser como ese pueblo del que se queja Isaías: Este pueblo me honra con loslabios, pero su corazón está lejos de mí (Is 29,13).

2)   Se le debe imitación. Sed imitadores de Dios, como hijos amados (Ef 5,1). Imitación que debe tender a la perfección: Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5,48). Decía San Cipriano: “Es necesario acordarnos, cuando llamemos a Dios Padre nuestro, de que debemos comportarnos como hijos de Dios”. Y San Juan Crisóstomo: “No podéis llamar Padre vuestro al Dios de toda bondad si mantenéis un corazón cruel e inhumano; porque en este caso ya no tenéis en vosotros la señal de la bondad del Padre celestial”. Y San Gregorio de Nisa: “Es necesario contemplar continuamente la belleza del Padre e impregnar de ella nuestra alma”.

3)   Le debemos también obediencia. ¿No nos someteremos mejor al Padre de los espíritus para vivir? (Hb 12,9). Además esto lo debemos hacer para imitar al Hijo por excelencia, el cual se hizo obediente hasta la muerte (cf. Fil 2).

4)   Le debemos también paciencia en los castigos. No desdeñes, hijo mío, la instrucción de Yahveh, no te dé fastidio su reprensión, porque Yahveh reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido (Pr 3,11-12).

5)   Finalmente, le debemos confianza casi infantil (cf. Mt 18,3); porque el Padre se revela a los “pequeños” (Mt 1,25). Decía hermosamente San Agustín: “Padre nuestro: este nombre suscita en nosotros todo a la vez, el amor, el gusto en la oración, y también la esperanza de obtener lo que vamos a pedir… ¿Qué puede Él, en efecto, negar a la oración de sus hijos, cuando ya previamente les ha permitido ser sus hijos?”.

 


 

11ª MEDITACIÓN: DIOS PADRE ES PROVIDENTE

 

1)   El fin que Dios ha dado a los hombres es un designio magnífico: Dios quiere comunicar libremente la gloria de su vida bienaventurada. Tal es el designio benevolente (Ef 1,9) que concibió antes de la creación del mundo en su Hijo amado, predestinándonos a la adopción filial en él(Ef 1, 4-5), es decir, a reproducir la imagen de su Hijo (Rm 8, 29), gracias al Espíritu de adopción filial (Rm 8, 15). Este designio es una gracia dada antes de todos los siglos (2Tm 1,9-10), nacido inmediatamente del amor trinitario.

2)   La Paternidad de Dios dispone con suavidad todo lo que sus hijos necesitan. Providencia significa dirigir a sus hijos hacia Él mismo como fin.

3)   La solicitud de la divina providencia es concreta e inmediata; tiene cuidado de todo, de las cosas más pequeñas hasta los grandes acontecimientos del mundo y de la historia y nada se escapa de sus manos. Las Sagradas Escrituras afirman con fuerza la soberanía absoluta de Dios en el curso de los acontecimientos: Nuestro Dios en los cielos y en la tierra, todo cuanto le place lo realiza (Sal 115, 3); y de Cristo se dice: si él abre, nadie puede  cerrar; si él cierra, nadie puede abrir (Ap 3, 7); hay muchos proyectos en el corazón del hombre, pero sólo el plan de Dios se realiza (Pr 19, 21).

4)   La divina Providencia es, pues, mi madre que me da a luz, mi maestra porque me aconseja, mi reina porque me gobierna, mi protectora porque me defiende, mi consoladora porque me apacigua en el dolor. Dios Padre, en su Providencia, se muestra amigo, pastor, padre, médico.

5)   Todos los bienes me vienen por la Providencia de Dios: del cuerpo y del alma, la existencia y la conservación en la vida, mis dotes intelectuales y prácticas, mi familia y mis amigos, la gracia y el perdón, el camino en el bien.

6)   Oración a la Divina Providencia de la Beata Isabel de Francia (+ 1270): “¿Que me sucederá hoy, Dios mío? Lo ignoro. Lo único que sé es que nada me sucederá que no lo hayáis previsto, regulado y ordenado desde la eternidad. ¡Me basta esto, Dios mío, me basta esto! Adoro vuestros eternos e imperecederos designios; me someto a ellos con toda mi alma por amor vuestro. Lo quiero todo, lo acepto todo, quiero haceros de todo un sacrificio. Uno este sacrificio al de Jesús, mi Salvador y os pido en su nombre y por sus méritos infinitos la paciencia en mis penas y una perfecta resignación en todo lo que os plazca que me suceda. Amén”.

 

Responde: ¿Reconozco la acción de la Providencia divina en mi vida diaria? ¿Tengo “ojos” para la Providencia? ¿Soy agradecido con Dios?

 


 

12ª MEDITACIÓN: DIOS ES PADRE PERDONADOR

 

Meditación sobre la figura del Padre en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,11-31)

 

1)   Dios Padre no fuerza nuestra voluntad ni para retenernos a su lado: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió  la hacienda.

2)   Pero espera nuestro retorno con ansiedad: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.

3)   Su gozo de recibirnos en su seno es más grande que nuestra necesidad de pedirle perdón por nuestro alejamiento: El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta.

4)   Está dispuesto a devolvernos todo cuanto perdimos al perderlo a Él: nos pone el anillo (que significaba en la antigüedad la libertad; sólo los hombres libres lo llevaban), nos viste un traje nuevo (la gracia), cura nuestros pies cansados de correr tras el pecado.

5)   Su alegría es por nuestra vida: convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado. Ez 18,23: ¿Acaso me complazco yo en la muerte del malvado – oráculo del Señor Yahveh – y no más bien en que se convierta de su conducta y viva? Ez 33,11: Diles: Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, que yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el  malvado se convierta de su conducta y viva. Convertíos, convertíos de vuestra mala conducta. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel?

 


 

13ª MEDITACIÓN: LO QUE VALEMOS A LOS OJOS DEL PADRE

 

¿No valéis vosotros más que dos pichones? (Mt 6,27).

 

1)   Para Dios Padre valemos un precio infinito. ¿En cuánto nos ha tasado Dios? En lo que ha estado dispuesto a pagar: Habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo (1Pe 1,18-19). ¡Habéis sido bien comprados! (1Co 6,20).

2)   Muchos hombres y mujeres viven agobiados por demonio del desvalor: creen no valer nada, no tener sentido ante el mundo, no ser importantes para nadie. Si 10,28: Hijo, estímate en lo que vales.

3)   Este sentimiento de desvalor es injusto para con Dios: para él valemos un precio infinito; ¡y ha pagado ese precio hasta el último centavo, hasta la última gota de sangre! No hay que buscar ser importantes ante los demás, pero hay que reconocer que lo somos para Dios.

4)   Los ojos del Padre son los que ponen valor en nosotros al mirarnos con amor y cariño. Moisés, que era hermoso a los ojos de Dios (Hch 7,20). Como Moisés, cada uno de nosotros es hermoso a los ojos de Dios. Dios Padre ve en nosotros la imagen de su Hijo que él mismo ha puesto en nuestras almas: Nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo (2Co 2,15).

 


 

14ª MEDITACIÓN: DIOS ES UN PADRE DIGNO DE RESPETO

 

 

1)   No tentarás al Señor tu Dios (Mt 4,7; Dt 6,16). Sólo al Señor tu Dios adorarás, y sólo a Él darás culto (Mt 4,10; Dt 6,13). Son dos de las respuestas que da Jesús al demonio durante las tentaciones en el desierto.

2)   Jesús tenía un extraordinario cariño y confianza con su Padre. Estas respuestas manifiestan también su enorme respeto por el Padre. Jesús subraya en estas respuestas la trascendencia del Padre a quien se debe adoración, culto y respeto absoluto.

3)   Dios es un Padre amoroso; pero con Dios no se juega; San Pablo dice: No os engañéis; de Dios nadie se burla (Gal 6,7). Que Dios sea cariñoso con nosotros no implica que debamos tomar superficialmente su nombre o nuestra relación con Él.

4)   Ante Dios Padre debemos tener, como Jesús, un gran sentido de lo sagrado, que pertenece a la virtud de la religión (segundo mandamiento): “Los sentimientos de temor y de ‘lo sagrado’ ¿son sentimientos cristianos o no? Nadie puede dudar razonablemente de ello. Son los sentimientos que tendríamos, y en un grado intenso, si tuviésemos la visión del Dios soberano. Son los sentimientos que tendríamos si verificásemos su presencia. En la medida en que creemos que está presente, debemos tenerlos. No tenerlos es no verificar, no creer que está presente” (Card. John H. Newman). “El Nombre de Dios es grande allí donde se pronuncia con el respeto debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre de Dios es santo allí donde se le nombra con veneración y temor de ofenderle” (San Agustín).

5)   El segundo mandamiento de la ley de Dios prohíbe abusar del nombre de Dios, es decir, todo uso inconveniente del nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de todos los santos. Y también nos obliga a guardar de modo fidelísimo las promesas hechas a Dios. Estas promesas deben ser respetadas en justicia. Ser infiel a ellas es abusar del nombre de Dios y, en cierta manera, hacer de Dios un mentiroso (cf. 1Jn 1,10). Sé fiel hasta la muerte y yo te dará la corona de la vida (Ap. 2:10). Dios en su día dirá a cada uno de quienes le han sido leales: Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor (Mt. 25:21).

 

Responde: ¿Cómo es mi respeto por Dios? ¿Cómo es mi veneración? ¿Es al mismo tiempo cariñosa y llena de respeto, como corresponde a los hijos para con sus padres? ¿Qué conciencia tengo de las promesas que he hecho a Dios? ¿Tengo el sentimiento de lealtad y fidelidad propio de un consagrado o de un laico comprometido?

 


 

15ª MEDITACIÓN: DIOS ES UN PADRE QUE VE EN LO SECRETO

 

1)   Tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará (Mt 6,4); Tu Padre, que está allí, en lo secreto(Mt 6,6; 6,18). Asombra la cantidad de veces que Jesús habla en el Sermón de la Montaña sobre “lo secreto” para referirse al ámbito íntimo de la acción del Padre. Lo secreto es la intimidad del alma, el núcleo profundo del corazón y de la conciencia.

2)   Jesús dice que el Padre ve allí dentro, está, oye, actúa. Dios está en todas partes pero también está en lo más íntimo del alma. San Agustín: “Tarde te amé, Belleza, tan antigua y tan nueva, ¡tarde te amé! Estabas dentro de mí, y yo te buscaba por fuera… Me lanzaba como una bestia sobre las cosas hermosas que habías creado. Estabas a mi lado, pero yo estaba muy lejos de Ti. Esas cosas… me tenían esclavizado. Me llamabas, me gritabas, y al fin, venciste mi sordera. Brillaste ante mí y me liberaste de mi ceguera… Aspiré tu perfume y te deseé. Te gusté, te comí, te bebí. Me tocaste y me abrasé en tu paz”.

3)   Y el Padre está allí dentro del alma para recompensar (Mt 6,4), para escuchar (Mt 6,6), paraver (Mt 6,8). Es un consuelo saber que Dios Padre está siempre “disponible” para quien quiere buscarlo dentro de sí mismo.

4)   Pero no está allí “de cualquier modo”. El Padre viene al alma por la gracia, por el amor a Dios que se manifiesta en el cumplimiento de los mandamientos. San Juan ha escrito: Quien ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1Jn 2,15). Quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él (1Jun 4,16). Puede ser que Dios no esté en algunos. No está en quienes no viven como él vivió (1Jn 2,6).

5)   “Alma querida, tú andas buscando a Dios, y Él está en todas partes. Todo te lo revela, todo te lo da, está junto a ti, a tu alrededor, en ti misma ¡y andas buscándole! Posees la sustancia de Dios, y buscas su idea. Buscas la perfección, y está en todo cuanto de sí mismo se te presenta. Tus sufrimientos, tus acciones, tus inclinaciones, son enigmas bajo los cuales se da Dios a ti por sí mismo, mientras que vanamente sueñas ideas sublimes, de las que no quiere servirse para morar en ti” (J.P. de Caussade).

6)   Pero quienes viven como ha vivido Jesús, caminan por sus mandamientos, son fieles a sus promesas a Dios, pueden estar seguros que Dios está dentro de sus corazones, que siempre pueden hablar al Padre y siempre son escuchados por Él. Debemos, pues, entrar en nuestro aposento interior para buscar el rostro del Padre.

7)   Busca a Dios, que gusta esconderse: “Gusta Dios de disfrazarse para elevar al alma a una pura fe, con la que siempre le encuentra, por más que se encubra bajo enigmas obscuros, pues ella conoce el secreto de Dios, y le dice como a la esposa: Allí está; miradlo detrás de la cerca; mira por la ventana, acecha por entre las celosías [Cant 2,9] (J. P. de Caussade).

 

Responde: ¿Cómo es mi conciencia de la presencia de Dios Padre? ¿Cómo es mi diálogo personal con Dios Padre? ¿Cómo debería ser ese trato de amistad y confianza con Dios Padre en lo interior de mi alma?

 


 

16ª MEDITACIÓN: DIOS ES UN PADRE ATENTO

 

1)   Tu Padre sabe lo que necesitas antes que se lo pidas (Mt 6,8).

2)   En el mundo hay padres ciegos. En el mundo abundan los padres ausentes de sus hogares, los padres que desconocen lo que les sucede a sus hijos, lo que los angustia, lo que los apena y entristece. En el mundo hay padres sin corazón, capaces de olvidarse de sus hijos; porque el corazón humano es limitado y pobre, capaz del olvido y de la indiferencia.

3)   Pero Dios no es así: ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido (Is 49,15). Nuestro Padre nos conoce mejor de cuanto nos conocemos nosotros mismos. Dios no ignora quiénes somos ni cómo somos.

4)   Jesús describe a su Padre como “atento de antemano”. Sólo un corazón maternal, intuitivo, adivino, puede saber lo que alguien (el hijo) necesita antes que éste pueda pedirlo. Así es el Padre, según Jesús. No está distraído ante nuestras necesidades; no mira sólo de tanto en tanto, sino que mira siempre. Sabe lo que necesitamos antes que lo sepamos nosotros, y está dispuesto a darnos lo que necesitamos antes que nosotros sepamos cómo se pide.

5)   Pero no siempre lo que necesitamos coincide con lo que creemos necesitar. Nuestro Padre conoce sin yerros nuestras necesidades verdaderas; nosotros no; estamos sujetos al error, a veces pedimos: ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? (Mt 7,9-10). Pero nosotros a veces pedimos piedras cuando necesitamos pan y pedimos culebras cuando necesitamos peces. A menudo cuando decimos“necesito” deberíamos decir “me gustaría”, “me encapricha”, o simplemente “creo necesitar”.

6)   Debemos, pues, confiarnos en las manos de Dios que es amoroso, preveniente y providente.

 

 

Responde: ¿Cómo es mi confianza en Dios Padre? ¿Cómo es mi petición a Dios Padre?

 


 

17ª MEDITACIÓN: ABANDONARSE EN LAS MANOS DE DIOS

 

1)   Jesús pide un abandono filial en la providencia del Padre celestial que cuida de las más pequeñas necesidades de sus hijos: No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?… Ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura (Mt 6, 31-33).

2)   Mt 10, 29-31: ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro  Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos.

3)   Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial: Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propia preocupación (Mt 6,26-34.)

4)   Por eso el apóstol san Pedro insiste: Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros (1 P 5, 7). Y los Salmos: Descarga en Yahveh tus preocupaciones y él te sustentará; no dejará que para siempre zozobre el justo (Sal  55,23).

5)   Por qué debemos abandonarnos en las manos de Dios.

a.       Porque nada sucede, que de toda la eternidad no haya Dios previsto y querido, o por lo menos permitido. Incluso cuando sólo es permitido por Dios, por ser un mal, siempre es con miras a bienes mayores.

b.      Porque Dios no puede querer ni permitir cosa que no esté conforme con el fin que se propuso al crear, es decir, con la manifestación de su bondad y de sus infinitas perfecciones y con la gloria del Verbo encarnado, Jesucristo, su Unigénito: Todo es vuestro: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios (1Cor 3, 21-23).

c.       Porque todas las cosas contribuyen al bien de los que Dios ama (cf. Rom 8,28).

6)   Oración de Carlos de Foucauld: “Padre, Me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que fuere, Por ello te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo. Lo acepto todo, Con tal de que se cumpla Tu voluntad en mí Y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre. Te encomiendo mi alma, Te la entrego Con todo el amor de que soy capaz, Porque te amo y necesito darme, Ponerme en tus manos sin medida, Con infinita confianza, Porque tu eres mi Padre”.

 

Responde: ¿Dónde están mis preocupaciones? ¿Qué es lo que más busco? ¿En qué medida me confío a la Providencia divina?

 


 

18ª MEDITACIÓN: EN QUÉ CONSISTE EL ABANDONO EN DIOS

 

1)   Abandonarse en las manos de Dios consiste en ceder completamente a Dios los derechos sobre la propia vida, el derecho sobre los planes, pensamientos, proyectos, deseos. Consiste en guiarse no por nuestras propias miras, sino por las de Dios. Buscar su voluntad, y hacer sólo su voluntad.

2)   Consiste además en vivir el momento presente: ver a Dios aquí y ahora; ¿qué quiere Él aquí y ahora? No preocuparnos por el pasado y menos por el futuro; todo lo que no sea presente ha de dejarse en las manos de la Providencia divina. Implica preocuparse solamente por el amor y obediencia a la voluntad actual de Dios (lo que Él quiere aquí y ahora).

3)   Consiste en poner simplemente la propia buena voluntad para dejarse guiar por Dios; convertirse en instrumento de Dios, como el instrumento que usa el obrero para su obra. Consiste en acoger la inspiración y la moción divina.

4)   Esta moción divina se manifiesta no por el capricho sino por dos vías:

a.       La primera es a través de la voluntad de Dios ya expresada: esta voluntad divina la conocemos a través de los diez mandamientos, de la ley natural, de los preceptos de la Iglesia, de nuestros votos y promesas cuando han sido aceptados por la Iglesia, los reglamentos de la comunidad o casa donde vivimos, si es que somos consagrados. Dios quiere aquí y ahora eso: el cumplimiento de todas estas cosas. No es posible dudar de esta voluntad. Dios quiere que vivamos en total fidelidad esta voluntad divina.

b.      Pero hay, además, otro campo en que se manifiesta la voluntad divina: es la voluntad divina de beneplácito. Esta voluntad consiste en aquello que no está contenido en la anterior; es lo que se manifiesta en lo que, de modo extraordinario, nos pide Dios a través de nuestros superiores, de las inspiraciones divinas del momento. Esta voluntad jamás se opone a la anterior; la supone y agrega nuevos pedidos de Dios.

5)   “No hay camino espiritual que sea más seguro que esta sencilla vía, ni que sea tan claro y fácil, tan amable y tan libre de errores e ilusiones. La persona ama a Dios, cumple sus deberes cristianos, frecuenta los sacramentos, practica las obras exteriores de religión que obligan a todos, obedece a sus superiores, cumple sus deberes de estado, resiste continuamente las tentaciones de la carne, la sangre y el demonio. Nadie, en efecto, es más atento y vigilante para cumplir con sus obligaciones que las almas que van por esta vía” (J.P. de Caussade).

6)   “¡Qué claro y luminoso es este camino! Lo defiendo y lo enseño sin ningún temor, y estoy seguro de que todos me comprenden cuando digo que toda nuestra santificación consiste en recibir en cada instante las penas y deberes de nuestro estado como velos que nos ocultan y nos dan al mismo Dios” (J.P. de Caussade).

 

Responde: ¿Cómo es mi abandono en las manos de Dios? ¿Por qué miras y proyectos me guío: por los míos o los de Dios? ¿Hasta dónde me “urge” el buscar la voluntad de Dios? ¿Discuto la voluntad de Dios? ¿Me alegra la voluntad de Dios? ¿Acepto con dolor la voluntad de Dios?

 


 

19ª MEDITACIÓN: DE QUÉ MANERA DEBEMOS ABANDONARNOS EN LAS MANOS DE DIOS

 

¿Cuál tiene que ser el espíritu con que nos abandonemos en las manos de Dios?

 

1)   En las cosas que no dependen de la voluntad humana (accidentes imprevistos, enfermedades incurables, etc.) nunca podremos excedernos en nuestro abandono en Dios. Toda resistencia, además, sería inútil. El P. Girard, como cuenta Garrigou-Lagrange, después de recibir el diaconado, quedó atacado de tuberculosis ósea, que le inmovilizó en el lecho durante veintidós años; todos los días ofrecía sus dolores por los sacerdotes; no habiendo tenido la dicha de celebrar la Misa, se unía diariamente al sacrificio incruento de Jesucristo. Nunca pensó que su enfermedad hubiese malogrado su vocación. Mejor aún, su enfermedad dio plenitud a su sacerdocio. El abandono convierte las pruebas actuales o venideras en medios de santificación, inspiradas por el amor.

2)   Cuando las pruebas vienen de la malevolencia de los hombres (calumnias, persecuciones, afrentas, burlas). Mientras sólo afecten a nuestra persona debemos aceptarlas con serenidad, sin defendernos. Así enseñó Jesucristo: Si alguno te hiere en la mejilla derecha, pon también la izquierda (Mt 5,39). Sólo debemos responder cuando el mal hecho a nosotros afecte a otros (si en nosotros insultan a la Iglesia de Cristo) o podemos esperar un bien para el mismo detractor; pero en este caso se debe responder debemos hacerlo sin pasión, y poniendo en manos de Dios el éxito de nuestra respuesta.

3)   Cuando las molestias o castigos nos vienen por nuestras faltas o nuestra imprudencia o flaqueza, debemos aceptar en silencio y humildad el castigo y abandonarnos gustosos en las manos de Dios. Debemos decir con el Salmo: Es un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos. Yo sé, Yahveh, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú (Sal 119,71-75). Como los santos debemos amar que no nos conozcan, que nos ignoren y que no nos estimen en nada.

4)   San Francisco de Sales escribía (Entretien, 2): “Nuestro Señor Jesucristo ama con extremada ternura a aquellos que cifran su dicha en abandonarse totalmente a su cuidado paternal, dejándose gobernar por la divina Providencia, sin pararse a considerar si los efectos de esta Providencia les serán útiles y provechosos, o perjudiciales; les guía la certeza que tienen de que nada les ha de enviar este divino y amabilísimo corazón, ni cosa alguna permitirá que les suceda, que no sea para utilidad y provecho de las almas, con sólo que pongan en él toda su confianza. Como nos abandonemos enteramente a su divina Providencia, supuesto el cumplimiento de nuestros deberes cotidianos, Nuestro Señor cuida de todo y lo dirige todo… Entonces el alma es para él como un niñito para con su madre; cuando ella le deja en tierra para caminar, camina hasta que de nuevo lo toma en sus brazos; y si la madre quiere llevarle, no se opone: no sabe ni piensa a dónde va, mas de deja llevar y conducir a donde su madre quiera”.

 


 

20ª MEDITACIÓN: BUSCAR EL ROSTRO DE DIOS PADRE

 

1)   “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín, Confesiones). Tenemos una necesidad insuprimible de buscar el rostro de Dios. Es una experiencia atestiguada por las diversas tradiciones religiosas.

2)   Muchos hombres hacen esta búsqueda de Dios «a tientas», como dijo san Pablo en el discurso a los atenienses (cf. Hch 17, 27). ¿Cómo la hacemos nosotros? Todos los hombres sienten esta necesidad de tener un Padre divino; incluso los que se fabrican ídolos, como dice Jeremías: Dicen a un trozo de madera: “Mi padre eres tú”, y a una piedra: “Tú me diste a luz” (Jr 2 27).

3)   Para los antiguos griegos el dios Zeus manifestaba su paternidad tanto con la benevolencia como con la ira y la maldad. En la Odisea se lee: «Padre Zeus, nadie es más funesto que tú entre los dioses. No tienes piedad de los hombres, después de haberlos engendrado lo lanzas a la desventura y a grandes dolores». ¿Es así nuestra idea de Dios a veces?

4)   Dios se queja de que sus hijos no lo buscan: Dice el Señor: Hijos crié y saqué adelante, y ellos se rebelaron contra mí (Is 1,2). Y él invita a ser buscado: Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré Señor (Sal 27, 8). Buscar el rostro de Dios es un camino necesario, que se debe recorrer con sinceridad de corazón y esfuerzo constante. Sólo el corazón del justo puede alegrarse al buscar el rostro del Señor (cf. Sal 105, 3 ss) y, por tanto sobre él puede resplandecer el rostro paterno de Dios (cf. Sal 119,135).

5)   Jesús nos muestra en su propio Corazón, el rostro paternal de Dios; a Felipe, que le pide:Muéstranos al Padre y esto nos basta (Jn 14, 8), le responde que conocerlo a él significa conocer al Padre, porque el Padre obra por él (cf. Jn 14,8-11). Así pues, quien quiere encontrar al Padre necesita creer en el Hijo: mediante él Dios no se limita a asegurarnos una próvida asistencia paterna, sino que comunica su misma vida, haciéndonos «hijos en el Hijo». Es lo que subraya con emoción y gratitud el apóstol san Juan: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, y ¡lo somos! (1 Jn 3, 1).

 

Responde: ¿Busco el rostro de Dios Padre? ¿Veo el rostro del Padre reflejado en la misericordia de Jesucristo, en su pecho compasivo, en su vocación consoladora?

 


 

21ª MEDITACIÓN: EL PADRE PERMITE EL MAL

 

1)   ¿Por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor (Santo Tomás de Aquino). Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo “en estado de vía” hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección.

2)   Dios permite el mal, incluso (respetando la libertad de su criatura) el pecado; pero, misteriosamente, sabe sacar de él el bien: “Porque el Dios Todopoderoso… por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si El no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal” (San Agustín).

3)   Debemos ser conscientes de que sólo con el tiempo se puede descubrir que Dios, en su providencia todopoderosa, puede sacar un bien de las consecuencias de un mal, incluso moral, causado por sus criaturas: No fuisteis vosotros, dice José a sus hermanos, los que me enviasteis acá, sino Dios…, aunque vosotros pensasteis hacerme daño, Dios lo pensó para bien, para hacer sobrevivir… un pueblo numeroso (Gn 45,8; 50,20). Por eso, del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres) Dios, por la superabundancia de su gracia (Rm 5,20), sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención.

4)   San Pablo nos recuerda esta difícil verdad: Todo coopera al bien de los que aman a Dios (Rm 8,28). Los santos lo confirman:

a.       Santa Catalina de Siena dice a los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede: “Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin”.

b.      Santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija: “Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que El quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor”.

c.       Juliana de Norwich: “Yo comprendí, pues, por la gracia de Dios, que era preciso mantenerme firmemente en la fe y creer con no menos firmeza que todas las cosas serán para bien… Tú verás que todas las cosas serán para bien”.

5)   Debemos creer firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia; que, con frecuencia, no conocemos los caminos de su providencia; y que sólo al final de la historia, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial y veamos a Dios cara a cara (1Co 13,12), entenderemos plenamente los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios conduce toda la creación hasta la gloria.

 

Responde: ¿Cómo es mi confianza en la guía providente que Dios hace de la historia? ¿Me escandaliza el mal, el pecado, la caída de los buenos, la injusticia de los malos? ¿Dejo a Dios todo juicio insondable que me supera? ¿Me desespera o entristece el ver el mal y el sufrimiento del inocente? ¿Soy capaz de agachar la cabeza y adorar en silencio los planes divinos que no puedo entender?

 


LETANÍAS A LA DIVINA PROVIDENCIA

 

-Señor, ten piedad de nosotros

-Cristo, ten piedad de nosotros

-Señor, ten piedad de nosotros

-Cristo, óyenos

-Cristo, escúchanos

 

-Dios, Padre celestial, Ten piedad de nosotros

-Dios, Hijo Redentor del mundo,

-Dios, Espíritu Santo,

-Trinidad Santa, Un solo Dios,

-Dios, en quien vivimos, nos movemos y somos,

-Tú, que creaste el cielo, la tierra y el mar,

-Tú, que creaste las cosas según su medida, número y peso,

-Tú, que equilibraste los cielos con tu mano y señalaste sus límites al mar,

-Tú, que lo diriges todo según el designio de tu voluntad,

-Tú, Dios omnipotente y sapientísimo,

-Tú, que abres tu mano y colmas de bendiciones a todos los vivientes,

-Tú, que haces salir el sol sobre los justos y pecadores,

-Tú, que alimentas las aves del cielo y vistes los lirios del campo,

-Tú, Dios lleno de bondad y de misericordia,

-Tú, que diriges todo al bien de los que te aman,

-Tú, que envías la tribulación para probarnos y perfeccionarnos,

-Tú, que sanas a los heridos y levantas a los abatidos del corazón,

-Tú, que premias con alegría eterna la paciencia cristiana,

-Padre de bondad y Dios de todo consuelo.

 

-Senos propicio Perdónanos, Jesús.

-Senos propicio Escúchanos, Jesús.

 

-De todo mal, Líbranos Señor

-De todo pecado,

-De tu ira,

-De la peste, el hambre y la guerra,

-Del rayo y de la tempestad,

-Del granizo, de la lluvia y de la sequía destructores,

-De la pérdida de las cosechas y de la carestía,

-De toda desconfianza en tu divina Providencia,

-De la murmuración y quejas contra tus santas disposiciones,

-Del desánimo y la impaciencia,

-De la excesiva preocupación de las cosas temporales,

-Del abuso de tus gracias y beneficios,

-De la insensibilidad para con el prójimo,

-En el día del juicio.

 

-Nosotros, pecadores, Te rogamos óyenos

-Que siempre confiemos en tu divina Providencia,

-Que no seamos arrogantes en la buena fortuna, ni desalentados en la calamidad,

-Que nos sometamos filialmente a todas tus disposiciones,

-Que alabemos tu Nombre cuando quieras darnos algo o cuando quieras quitárnoslo,

-Que nos des lo necesario para la conservación de nuestra vida,

-Que te dignes bendecir nuestros esfuerzos y trabajos,

-Que te dignes darnos fortaleza y paciencia en todas las adversidades,

-Que te dignes conducirnos por la tribulación a la enmienda,

-Que te dignes concedernos la alegría eterna por los padecimientos temporales

 

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Perdónanos, Jesús.

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Óyenos, Jesús.

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten misericordia de nosotros Jesús.

 

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios que nos has concedido a tus siervos el don de conocer la gloria de la eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe, y la de adorar la unidad en el poder de tu majestad; te rogamos que por la firmeza de esta misma fe, nos libres siempre de todas las adversidades. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

2 comentarios en “Meditaciones sobre Dios Padre

  1. amigo me parece excelente tu estudio acerca de la grandeza de Dios, pero al orar debemos hacerlo de corazón con nuestras propias palabras que salgan de lo más profundo de nuestra alma y espíritu y no con palabras repetidas como hacían los hipócritas según mateo 6: 5 “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. 6 Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” …

    1. Estimada Arlette: Una cosa no quita la otra. El rezar con las palabras de uno, no impide que uno acuda a otras. Por ejemplo, cuando usamos el Padrenuestro enseñado por el mismo Cristo, o cuando recitamos los Salmos inspirados por el mismo Dios. Hipocresía no es rezar usando oraciones compuestas por otros, sino decir con la boca una cosa pero tener en el corazón sentimientos contrarios, por ejemplo, seguir aferrados al pecado mientras le decimos a Dios que lo amamos.
      Con mi bendición. P. MF

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