confesarme

¿Cómo hacer para confesarme?

Pregunta:

Siendo Católica y mas o menos practicante, ¿qué se ha de hacer para realizar una buena confesión cuando se ha estado varios años sin hacerla? Siento la necesidad de recibir la comunión, pero hace mucho tiempo que no me confieso. Ayúdeme, pues realmente, no sé por dónde empezar.

 

Respuesta:

Estimada:

Me alegra mucho su decisión de acercase a la confesión.

Sobre la necesidad de confesarse puede usted leer lo que dice el Catecismo de la Iglesia, al hablar del sacramento de la Reconciliación.

Para hacer una buena confesión debe hacer un buen examen de conciencia, tratando de recordar los pecados cometidos contra cada uno de los mandamientos de la ley de Dios. Le envío algunas reglas prácticas para confesarse:

MODO PRACTICO DE CONFESARTE

1. Antes de la confesión rece lo siguiente (no es necesario hacerlo pero puede ayudarle mucho):

Jesús, Salvador mío, concededme la gracia de confesarme bien para alcanzar el perdón de mis pecados y salvar mi alma.

Virgen Santísima, Madre de Jesús y Madre mía, alcanzadme de vuestro Hijo Jesús la gracia de conocer todos mis pecados y confesarlos sinceramente.

Examen de conciencia

Pregúntate: ¿Cuánto tiempo hace que me confesé por última vez? ¿Lo hice bien? ¿Olvidé algún pecado grave? ¿Callé alguno a sabiendas? ¿Cumplí la penitencia que me dio el confesor?

Tratarás luego de recordar todos los pecados que hubieres cometido después de la última confesión bien hecha. Si hubieras cometido pecados graves, pensarás cuántas veces los has cometido, y si no lo sabes con exactitud, al menos de manera aproximada. Si la última vez te confesaste mal, callando pecados graves por vergüenza, dirás hoy al confesor que la última vez te confesaste mal y le dirás aquel pecado que has callado.

Primer Mandamiento: -¿Recé mis oraciones de la mañana y de la noche? -¿Estudié bien el catecismo? -¿Tuve compañías irreligiosas?

Segundo Mandamiento: -¿Juré mentirosamente por Dios? -¿Cuántas veces? -¿Dije palabras injuriosas contra Dios, la Virgen o los Santos? -¿Cuántas veces?

Tercer Mandamiento: -¿He faltado a Misa los Domingos o Fiestas de guardar, o he llegado lo bastante tarde para no cumplir con el precepto? -¿He trabajado el Domingo sin necesidad?

Cuarto Mandamiento: -¿Desobedecí a mis padres? -¿Les contesté? -¿Los hice enojar? -¿Falté al respeto a mi maestro, a los sacerdotes, a los ancianos? -¿Tengo amor a mi Patria y me sacrifico por ella?

Quinto Mandamiento: -¿Me he peleado con mis hermanos y compañeros? -¿Les guardo odio o rencor? -¿Fui orgulloso… envidioso?

Sexto y Noveno Mandamientos: -¿Tuve malos pensamientos o malos deseos y los consentí? -¿Cuántas veces? -¿He conversado de cosas malas? ¿Cuántas veces?-¿He mirado cosas indecentes? ¿Cuántas veces? -¿Hice cosas malas? ¿Cuántas veces? ¿Sólo o acompañado?

Séptimo y Décimo Mandamientos: -¿He robado alguna cosa? -¿Acepté cosas robadas? -¿Robé dinero a mis padres?

Octavo Mandamiento: -¿He calumniado gravemente? ¿Cuántas veces? -¿He mentido? -¿He difamado gravemente? ¿Cuántas veces? -¿He hecho juicios temerarios? ¿Cuántas veces?

Preceptos de la Iglesia: -¿Confesé y comulgué a lo menos una vez al año, en el tiempo de Pascua? -¿Comí carne en días de abstinencia o no guardé el ayuno?

Terminado el examen de conciencia, rezarás el Acto de contrición (con la cabeza inclinada).

2. Durante la Confesión

Comenzarás tu confesión arrodillándote en el confesionario, allí sucederá lo siguiente:

1) Recepción del penitente: El sacerdote te recibirá con amor y amabilidad, luego te harás la señal de la Santa Cruz, diciendo: ‘En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’.

2) Invitación a la confianza: Lo hace el sacerdote y al terminar, tú dices: ‘Amén’.

3) Lectura de la Palabra de Dios.

4) Confesión de los pecados: Comenzando por decir cuánto tiempo hace que no te confiesas, seguirás luego diciendo todos los pecados que te acuerdes y el sacerdote te ayudará, si lo cree necesario, a que hagas una confesión íntegra. Te dará algunos consejos.

5) Aceptación de la penitencia: El Padre te dará la penitencia y la aceptarás diciendo: ‘Gracias, Padre’ o algo parecido.

6) Oración del penitente: Manifestarás tu contrición rezando el Acto de contrición.

7) Fórmula de la absolución: El sacerdote en nombre y con el poder de Cristo te da la absolución, que te perdona los pecados.

8) Alabanza a Dios: Dice el sacerdote: ‘Dad gracias al Señor porque es bueno’, y tú contestarás: ‘Porque es eterna su misericordia’.

9) Despedida del penitente: El sacerdote te despide diciéndote: ‘El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz’.

(No es necesario que te acuerdes de todo eso para poder confesarte. Anda con toda confianza que el sacerdote te ayudará a hacer la confesión muy bien).

Después de la confesión Ante todo, darás gracias al Señor por el inestimable beneficio del perdón, cumplirás inmediatamente la penitencia que te señaló por el confesor, y renovarás el propósito de huir de los pecados y de sus ocasiones.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

sacerdocio

¿Qué dificultades ve la Iglesia en la ordenación sacerdotal de mujeres?

Pregunta:

¿Por qué la Iglesia Católica no acepta la ordenación sacerdotal de las mujeres? ¿No es esto una discriminación que ya han superado algunas confesiones como el Anglicanismo? La actitud de Cristo ¿no debe ser entendida, acaso, como propia de su tiempo y ya caducada?

 

Respuesta:

El problema de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial es uno de los problemas más candentes en los países con tradición anglicana y allí donde los autores del progresismo católico han tenido o tienen fuerza particular. Así, por ejemplo, E. Schillebeeckx O.P. dice: ‘…Las mujeres… no tienen autoridad, no tienen jurisdicción. Es una discriminación… La exclusión de las mujeres del ministerio es una cuestión puramente cultural que ahora no tiene sentido. ¿Porqué las mujeres no pueden presidir la eucaristía? ¿Por qué no pueden recibir la ordenación? No hay argumentos para oponerse al sacerdocio de las muje­res… En este sentido, estoy contento de la decisión [de la Iglesia anglicana] de conferir el sacer­docio también a las mujeres, y, en mi opinión, se trata de una gran apertura para el ecumenismo, más que de un obstáculo, porque muchos católicos van en la misma dirección’[1].

Por el contrario, el Magisterio católico ha mantenido de forma firme e invariable la negativa sobre la posibilidad de la ordenación femenina, y esto en documentos de carácter definitivo[2]. ¿Cuál es el motivo último por el que la mujer no puede acceder al sacerdocio ministerial?

1. A partir de la Tradición

El Magisterio apela a la Tradición, entendida no como ‘costumbre antigua’ sino como garantía de la voluntad de Cristo sobre la constitución esencial de su Iglesia (y sacramentos). Esta Tradición se ve reflejada en tres cosas: la actitud de Cristo, de sus discípulos y de la tradición; veamos cada una de ellas señalando también las principales objeciones que suelen plantearse al respecto.

1) La actitud de Jesucristo. Históricamente Jesucristo no llamó a ninguna mujer a formar parte de los doce. En esto debe verse una voluntad explícita, pues podía hacerlo y manifestar con ello su voluntad. Jesucristo debía prever que al tomar la actitud que tomó, sus discípulos la interpretarían como que tal era su voluntad.

Objeción. La objeción más común es que Jesucristo obró de este modo para conformarse con los usos de su tiempo y de su ambiente (el judaísmo) en el que las mujeres no desempeñaban actividades sacerdotales.

Respuesta. Precisamente respecto de la mujer Jesucristo no se atuvo a los usos del ambiente judío. Entre los judíos rígidos, las mujeres sufrían ciertamente una severa discriminación desde el momento de su nacimiento, que se extendía luego a la vida política y religiosa de la nación. ‘¡Ay de aquel cuya descendencia son hembras!’, dice el Talmud. Tristeza y fastidio causaba el nacimiento de una niña; y una vez crecida no tenía acceso al aprendizaje de la Ley. Dice la Mishná: ‘Que las palabras de la Torá (Ley) sean destruidas por el fuego antes que enseñársela a las mujeres… Quien enseña a su hija la Torá es como si le enseñase calamidades’. Las mujeres judías carecían frecuentemente de derechos, siendo consideradas como objetos en posesión de los varones. Un judío recitaba diariamente esta plegaria: ‘Bendito sea Dios que no me hizo pagano; bendito sea Dios que no me hizo mujer; bendito sea Dios que no me hizo esclavo’

Por eso la actitud de Jesús respecto de la mujer contrasta fuertemente con la de los judíos contemporáneos, hasta el punto tal que sus apóstoles se llenaron de maravilla y estupor ante el trato que les brindaba (cf. Jn 4,27). Así:

-conversa públicamente con la samaritana (cf. Jn 4,27)

-no toma en cuenta la impureza legal de la hemorroísa (cf. Mt 9,20-22)

-deja que una pecadora se le acerque en casa de Simón el fariseo e incluso que lo toque para lavarle sus pies (cf. Lc 7,37)

-perdona a la adultera, mostrando de este modo que no se puede ser más severo con el pecado de la mujer que con el del hombre (cf. Jn 8,11)

-toma distancia de la ley mosaica para afirmar la igualdad de derechos y deberes del hombre y la mujer respecto del vínculo matrimonial (cf. Mt 19,3-9; Mc 10,2-11).

-se hace acompañar y sostener en su ministerio itinerante por mujeres (cf. Lc 8,2-3)

-les encarga el primer mensaje pascual, incluso avisa a los Once su Resurrección por medio de ellas (cf. Mt 28,7-10 y paralelos).

Esta libertad de espíritu y esta toma de distancia son evidentes para mostrar que si Jesucristo quería la ordenación ministerial de las mujeres, los usos de su pueblo no representaban un obstáculo para Él.

2) Actitud de los Apóstoles. Los apóstoles siguieron la praxis de Jesús respecto del ministerio sacerdotal, llamando a él sólo a varones. Y esto a pesar de que María Santísima ocupaba un lugar central en la comunidad de los primeros discípulos (cf. Act 1,14). Cuando tienen que cubrir el lugar de Judas, eligen entre dos varones.

Objeción 1. Puede ponerse la misma objeción: también los apóstoles se atuvieron a las costumbres de su tiempo.

Respuesta. La objeción tiene menos valor que en el caso anterior, porque apenas los Apóstoles y San Pablo salieron del mundo judío, se vieron obligados a romper con las prácticas mosaicas, como se ve en las discusiones paulinas con los judíos. Ahora bien, a menos que tuvieran en claro la voluntad de Cristo, el ambiente nuevo en que comenzaron a moverse los tendría que haber inducido al sacerdocio femenino, pues en el mundo helenístico muchos cultos paganos estaban confiados a sacerdotisas.

Su actitud tampoco puede deberse a desconfianzas o menosprecio de la mujer, pues los Hechos apostólicos demuestran con cuanta confianza San Pablo pide, acepta y agradece la colaboración de notables mujeres:

-Las saluda con gratitud y elogia su coraje y piedad (cf. Rom 16,3-12; Fil 4,3)

-Priscila completa la formación de Apolo (cf. Act 18,26)

-Febe está al servicio de la iglesia de Cencre (cf. Rom 16,1)

-Otras son mencionadas con admiración como Lidia, etc.

Pero San Pablo hace una distinción en el mismo lenguaje:

-cuando se refiere a hombres y mujeres indistintamente, los llama ‘mis colaboradores’ (cf. Rom 16,3; Fil 4,2-3)

-cuando habla de Apolo, Timoteo y él mismo, habla de ‘cooperadores de Dios’ (cf. 1 Cor 3,9; 1 Tes 3,2).

Objeción 2. Las disposiciones apostólicas y especialmente paulinas son claras, pero se trata de disposiciones que ya han caducado, como han caducado otras, por ejemplo: la obligación para las mujeres de llevar el velo sobre la cabeza (cf. 1 Cor 11,2-6), de no hablar en la asamblea (cf. 1 Cor 14,34-35; 1 Tim 2,12), etc.

Respuesta. Como es evidente, el primer caso (el velo femenino) se trata de prácticas disciplinares de escasa importancia, mientras que la admisión al sacerdocio ministerial no puede ponerse en la misma categoría. En el segundo ejemplo, no se trata de ‘hablar’ de cualquier modo, porque el mismo San Pablo reconoce a la mujer el don de profetizar en la asamblea (cf. 1 Cor 11,5); la prohibición respecta a la ‘función oficial de enseñar en la asamblea cristiana’, lo cual no ha cambiado, porque en cuanto tal sólo toca al Obispo.

3) Actitud de los Padres, la Liturgia y del Magisterio. Cuando algunas sectas gnósticas heréticas de los primeros siglos quisieron confiar el ministerio sacerdotal a las mujeres, los Santos Padres juzgaron tal actitud inaceptable en la Iglesia. Especialmente en los documentos canónicos de la tradición antioquena y egipcia, esta actitud viene señalada como una obligación de permanecer fiel al ministerio ordenado por Cristo y escrupulosamente conservado por los apóstoles[3].

2. A la luz de la teología sacramental

La argumentación central es la anteriormente reseñada; podemos, sin embargo, acceder a otra vía argumentativa que pone más en evidencia que la tradición que se remonta a Cristo no es una mera disposición disciplinar sino que tiene una base ontológica, es decir, se apoya en la misma estructura de la Iglesia y del sacramento del Orden. Los dos argumentos que damos a continuación apelan al simbolismo sacramental.

1) El sacerdocio ministerial es signo sacramental de Cristo Sacerdote. El sacerdote ministerial, especialmente en su acto central que es el Sacrificio Eucarístico, es signo de Cristo Sacerdote y Víctima. Ahora bien, la mujer no es signo adecuado de Cristo Sacerdote y Víctima, por eso no puede ser sacerdote ministerial.

En efecto, los signos sacramentales no son puramente convencionales. La economía sacramental está fundada sobre signos naturales que representan o significan por una natural semejanza: así el pan y el vino para la Eucaristía son signos adecuados por representar el alimento fundamental de los hombres, el agua para el bautismo por ser el medio natural de limpiar y lavar, etc. Esto vale no sólo para las cosas sino también para las personas. Por tanto, si en la Eucaristía es necesario expresar sacramentalmente el rol de Cristo, sólo puede darse una ‘semejanza natural’ entre Cristo y su ministro si tal rol es desempeñado por un varón[4].

De hecho, la Encarnación del Verbo ha tenido lugar según el sexo masculino. Es una cuestión de hecho que tiene relación con toda la teología de la creación en el Génesis (la relación entre Adán y Eva; Cristo como nuevo Adán, etc.) y que, si alguien no está de acuerdo con ella o con su interpretación, de todos modos se enfrenta con el hecho innegable de la masculinidad del Verbo encarnado. Si se quiere, por tanto, tendrá que discutirse el por qué Dios se encarna en un varón y no en una mujer; pero partiendo del hecho de que así fue, no puede discutirse que sólo un varón representa adecuadamente a Cristo-varón.

Objeción 1. La objeción de los anglicanos proclives a la ordenación femenina es que, según ellos, lo fundamental de la encarnación no es que Cristo se haya hecho varón sino que se haya hecho ‘hombre’. Por tanto, no es tanto el varón quien representa adecuadamente a Cristo sino el ‘ser humano’ en cuanto tal.

Respuesta. El problema de la objeción consiste en un insuficiente concepto de lo que se denomina, en la teología sacramental, ‘representación adecuada’. Los signos sacramentales tienen que guardar una representación adecuada, es decir, lo más específica posible. Desde este punto de vista, el ‘ser humano’ (varón-mujer) es una representación adecuada de Cristo pero en su sacerdocio común (el sacerdocio común de los fieles), no de Cristo en su Sacerdocio ministerial de la Nueva Alianza. El ‘ser humano’ representa adecuadamente al Verbo hecho carne, pero representa sólo genérica y borrosamente a Cristo sacerdote. De hecho, el carácter sacerdotal (ministerial) es una subespecificación del carácter general cristiano que viene dado a todo hombre (varón y mujer) por el bautismo.

Objeción 2. Cristo está ahora en la condición celestial, por lo cual es indiferente que sea representado por un varón o por una mujer, ya que ‘en la resurrección no se toma ni mujer ni marido’ (Mt 22,30).

Respuesta. Este texto (Mt 22,30) no significa que la glorificación de los cuerpos suprima la distinción sexual, porque ésta forma parte de la identidad propia de la persona. La distinción de los sexos y, por tanto, la sexualidad propia de cada uno es voluntad primordial de Dios: ‘varón y mujer los creó’ (Gn 1,27).

2) El simbolismo nupcial. Cristo es presentado en la Sagrada Escritura como el Esposo de la Iglesia. De hecho en Él se plenifican todas las imágenes nupciales del Antiguo Testamento que se refieren a Dios como Esposo de su Pueblo Israel (cf. Os 1-3; Jer 2, etc.). Esta caracterización es constante en el Nuevo Testamento:

-en San Pablo: 2 Cor 11,2; Ef 5,22-33

-en San Juan: Jn 3,29; Ap 19,7.9

-en los Sinópticos: Mc 2,19; Mt 22,1-14

Ahora bien, esto resalta la función masculina de Cristo respecto de la función femenina de la Iglesia en general. Por tanto, para que en el simbolismo sacramental el sujeto que hace de materia del sacramento del Orden (que representa a Cristo), y luego el sujeto que hace de ministro de la Eucaristía (que obra ‘in persona Christi’) sea un signo adecuado, tiene que ser un varón.

Objeción. El sacerdote también representa a la Iglesia, la cual tiene un rol pasivo respecto de Cristo. Ahora bien, la mujer puede representar adecuadamente a la Iglesia; entonces también puede ser sacerdote.

Respuesta. Es verdad que el sacerdote también representa a la Iglesia y que esto podría ser desenvuelto por una mujer. Pero el problema es que no sólo representa a la Iglesia sino también a Cristo y que esto, por todo cuanto hemos dicho, no puede representarlo una mujer. Por tanto, el varón puede representar ambos aspectos, pero la mujer sólo uno, el cual no es el propiamente sacerdotal.

3. Conclusión

Los errores principales giran en torno a dos problemas. El primero es no concebir adecuadamente el sacerdocio sacramental, confundiéndolo con el sacerdocio común de los fieles. El segundo, es dejarse llevar por los prejuicios que ven en el sacerdocio ministerial una discriminación de la mujer y paralelamente un enaltecimiento del varón en detrimento de la mujer; es una falta de óptica: en la Iglesia católica, el sacerdocio ministerial es un servicio al Pueblo de Dios y no una cuestión aristocrática; es más, esto último es, precisamente, un abuso del sacerdocio ministerial, semejante al que contaminó el fariseísmo y saduceísmo de los tiempos evangélicos. Finalmente, los más grandes en el Reino de los Cielos no son los ministros sino los santos; y -excluida la humanidad de Cristo- la más alta de las creaturas en honor y santidad, la Virgen María, no fue revestida por Dios de ningún carácter sacerdotal.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] E. Schillebeeckx O.P., Soy un teólogo feliz. Entrevista con F. Strazzati, Sociedad de Educación Atenas, Madrid 1994, pp. 117-118.

[2] Dos documentos han tocado explícitamente el tema: Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Inter insigniores, La cuestión de la admisión de las mujeres al sacerdocio ministerial, 15 de octubre de 1976. Enchiridion Vaticanum, Volumen 5 (1974-1976), nnº 2110-2147; Carta Apostólica de Juan Pablo II, , 22 de mayo de 1994. A lo que hay que añadir: Card. Ratzinger Ordinatio Sacerdotalis, ‘Respuesta a la duda sobre la doctrina de la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis‘, del 28 octubre de 1995.

[3] Cf. Inter insigniores, nº 2115.

[4] Inter insigniores, nº 2134.

sacerdocio

Crítica al artículo sobre sacerdocio femenino y nuestra respuesta

Pregunta:

A raíz de nuestra respuesta sobre el ‘sacerdocio de las mujeres’ (publicado en esta página web) nos ha llegado la siguiente crítica (a la que respondemos a continuación): Saludo en Cristo. Veo con admiración que muchas de las respuestas morales que ustedes plantean tienen su fundamento en la tradición y poco en la Biblia, aunque se deduzca a veces, un tanto forzada de ella. En el caso del sacerdocio de las mujeres no hay fundamento bíblico, sino de tradición. El evangelio se utiliza para demostrar tradiciones y supuestos quereres de Jesús. Creo que la lógica es pobre, porque si tomamos a los apóstoles, por ejemplo, como el fundamento del sacerdocio y a Jesús como el que los escogió ‘hombres’ y no mujeres para este ministerio, ¿porque no decir lo mismo de que algunos los escogió ‘casados’? Con la lógica aplicada al primer caso estamos dando cabida a la posibilidad de los sacerdotes casados. ¿Es así?

Respuesta:

Estimado opinante:

La lógica siempre es lógica: de los textos escriturísticos del Nuevo Testamento se deducen las dos cosas que Usted señala:

a) El sacerdocio es exclusivo del varón, y por tanto, quedan excluidas las mujeres de él. Esto por todos los argumentos que aparecen en el artículo y que se basan en la Tradición (como Usted nota muy bien), la cual no necesariamente es en todos los casos posterior a la Escritura, pues como Usted debe saber muy bien, la tradición de la Iglesia es anterior a los textos ‘escritos’ del Nuevo Testamento. ‘Yo no creería en los Evangelios, dice San Agustín, si no me lo enseñara así la Iglesia’. No hay que hacer, por tanto, dialéctica entre Tradición y Escritura.

b) En cuanto a la posibilidad del sacerdocio para los casados, la Iglesia nunca ha dicho que el celibato sacerdotal sea la única voluntad de Cristo sobre el sacerdocio. De hecho la Iglesia católica de rito oriental tiene sacerdotes casados. La ley del celibato es una ley eclesiástica de la Iglesia católica de rito latino que se remonta al Concilio de Elvira.

Atentamente en Cristo y María Santísima.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

ordenación

Si un obispo ordena mujeres: ¿son válidas esas ordenaciones? ¿Son ilícitas pero válidas?

Pregunta:

Querido Padre: Con sorpresa de mi parte leí hace unos días que un obispo cismático ordenó algunas mujeres en Austria. Sé que la Iglesia prohíbe la ordenación de mujeres, pero mi duda es: ¿fueron válidas estas ordenaciones? ¿Son ilícitas pero válidas?

 

Respuesta:

Estimado:

Comprendo su perplejidad.

Usted se refiere al acto realizado el pasado 29 de junio de 2002 por Rómulo Antonio Braschi, fundador de una comunidad cismática, quien ha pretendido conferir la ordenación sacerdotal a algunas mujeres católicas.

Debo decirle al respecto que la Iglesia no sólo ha ‘prohibido’ la ordenación de mujeres sino que ha afirmado que ‘no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia’ (Carta Apostólica ‘Ordinatio sacerdotalis’ de Juan Pablo II, n. 4).

Por este motivo, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado un ‘Monitum’ (una advertencia canónica oficial) aclarando la situación. El documento dice así:

‘El pasado 29 de junio, Rómulo Antonio Braschi, fundador de una comunidad cismática, ha pretendido conferir la ordenación sacerdotal a las siguientes mujeres católicas: Christine Mayr-Lumetzberger, Adelinde Theresia Roitinger, Gisela Forster, Iris Müller, Ida Raming, Pia Brunner y Angela White. 

Con el objeto de orientar la conciencia de los fieles y disipar cualquier duda sobre la materia, la Congregación para la Doctrina de la Fe quiere recordar que, según la Carta Apostólica ‘Ordinatio sacerdotalis’ de Juan Pablo II, la Iglesia ‘no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia’ (n. 4).

La ‘ordenación sacerdotal’ realizada no es sino la simulación de un sacramento, y por ello resulta inválida y nula, y constituye un grave delito contra la constitución divina de la Iglesia. Ya que el obispo ‘ordenante’ pertenece a una comunidad cismática, se trata, además, de una grave ofensa contra la unidad de la Iglesia. Asimismo, lo sucedido, lejos de contribuir, perjudica a una auténtica promoción de la mujer, la cual ocupa un lugar peculiar, específico e insustituible en la Iglesia y en la sociedad.

Con la presente, teniendo en cuenta las declaraciones del Obispo de Linz y de la Conferencia Episcopal Austríaca al respecto, se amonesta formalmente, a norma del canon 1347 § 1 CIC, a las mujeres arriba mencionadas que incurrirán en excomunión reservada a la Santa Sede si, antes del 22 de julio de 2002, no 1°) reconocen la nulidad de las ‘órdenes’ recibidas de un obispo cismático y en contraste con la doctrina definitiva de la Iglesia, y 2°) se declaran arrepentidas y piden perdón por el escándalo causado entre los fieles.

Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 10 de julio de 2002.

Joseph Card. Ratzinger, Prefecto
Tarcisio Bertone, S.D.B.
Arzobispo emérito de Vercelli, Secretario

P. Miguel A. Fuentes, IVE

bautismo

Si Cristo se bautizó de 30 años ¿por qué la Iglesia bautiza a niños y/o bebes?

Pregunta:

Mi pregunta es acerca del bautismo de Cristo, ¿cuándo fue y cuál es su real significado, cómo debemos tomarlo? Una pregunta inocente podría ser: si Cristo se bautizó de 30 años ¿por qué la Iglesia bautiza a niños y/o bebes?, Le pido por favor sea lo mas especifico posible, gracias Luis.

Respuesta:

Estimado Luis:

El bautismo con el que se bautizó Cristo no es el bautismo instituido por Nuestro Señor. El bautismo de Juan el Bautista era un signo de arrepentimiento y de disposición para aceptar la próxima venida del Mesías; el bautismo de Cristo borra realmente el pecado original. El Catecismo de la Iglesia habla sobre uno y otro diciendo:

El Bautismo de Jesús 

535. El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba ‘un bautismo de conversión para el perdón de los pecados’ (Lc 3,3). Una multitud de pecadores, publicanos y soldados, fariseos y saduceos y prostitutas viene a hacerse bautizar por él. ‘Entonces aparece Jesús’. El Bautista duda. Jesús insiste y recibe el bautismo. Entonces el Espíritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jesús, y la voz del cielo proclama que él es ‘mi Hijo amado’. Es la manifestación (‘Epifanía’) de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios.

536. El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores; es ya ‘el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’ (Jn 1,29); anticipa ya el ‘bautismo’ de su muerte sangrienta. Viene ya a ‘cumplir toda justicia’ (Mt 3,15), es decir, se somete enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados. A esta aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo. El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a ‘posarse’ sobre él (Jn 1,32-33). De él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, ‘se abrieron los cielos’ (Mt 3,16) que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación.

537. Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y ‘vivir una vida nueva’ (Rm 6,4):

“Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos con él; ascendamos con él para ser glorificados con él”. [San Gregorio Nacianceno]

“Todo lo que aconteció en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios”. [San Hilario de Poitiers]

P. Miguel A. Fuentes, IVE