alma

¿Por qué se habla del “valor” del alma?

Pregunta:

Me invitaron a visitar una página de Internet donde había un juego (que no parecía muy “juego” que digamos, porque me dio un poco de temor) en el que había que llenar los datos de uno y entonces salía “cuánto vale” mi alma y cuántas personas hay más puras que yo en el mundo. Lo tomé un poco en broma, pero en un foro al que entré después todos los muchachos y chicas habían entrado allí y habían hecho “cotizar” su alma y medio lo tomaban en serio. Mi pregunta es ésta: ¿se puede poner valor o precio al alma?

 

Respuesta:

Estimado amigo:

A esta pregunta debo responde con un “sí” y un “no”. “No” en el sentido que le quieren dar las personas que han armado ese pretendido “juego”; ¡cuidado!, el único que calcula el precio de un alma en dinero o en cosas peores es el diablo. Él comercia con los hombres, vendiéndolos al pecado, o comprándolos por pecado.

Pero, desde otro ángulo, hay que decir que “sí”: toda alma tiene un valor, y un precio. Y esto lo reconoce el mismo demonio. Si leemos el relato de las tentaciones de Jesús en el desierto veremos que en la tercera tentación el diablo ofrece al Señor todos los reinos del mundo a cambio de una postración (Mt 4,8-10): Entonces le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, y le dice: “Todo esto te daré si postrándote me adoras”. El demonio piensa que ofrece un buen precio por el alma de Cristo. Pero el Señor le responde haciéndole entender que el alma vale infinitamente más que todo el mundo: Jesús entonces le respondió: “Apártate, Satanás, porque está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto”.

Tal vez este juego tonto en que los jóvenes buscan “tasar” su alma no sea más que una reacción (equivocada indudablemente) al ateísmo, al materialismo y el descreimiento de los valores espirituales propios de nuestra época, que conllevan el olvido del alma, o el desinterés por ella, la burla de los que creen en el alma, e incluso la necedad de aceptar la realidad del alma inmortal pero ¡arriesgarse a condenarla eternamente!

El olvido de la primacía del alma es una tara que está reprendida en los mismos Evangelios. Jesús proponiendo la parábola del rico que nunca pensaba en su alma le hace escuchar a su personaje aquellas duras palabras: Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma (Lc 12,20).

Tenemos un alma espiritual e inmortal. Incluso los paganos llegaron a intuirlo y algunos a afirmarlo. La fe nos lo confirma. E incluso sin usar de la fe, nos lo dice la inteligencia. El mismo afán de eternidad que sentimos en nuestro interior, en la apertura a la verdad y a la belleza, en el sentido del bien moral, en la experiencia de nuestra libertad y en la voz de nuestra conciencia, que nos hace aspirar al infinito y a la dicha, percibimos, signos de nuestra alma espiritual. La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia” su alma, no puede tener origen más que en Dios[1].

Si hablamos de precio, debemos decir que el alma hecha por Dios “para” Dios vale más que el universo entero. Si las cosas se valúan por lo que cuestan, recordemos que mientras el universo costó a Dios una sola palabra (pues como dice el Salmo 148: Habló Dios y todo fue creado), en cambio el alma del hombre costó el precio de la Sangre y de la Vida del Hijo de Dios, quien murió por nuestra alma en la Cruz.

 El valor de un alma, incluso la del último de los miserables, lo vemos reflejado si oponemos dos cuadros evangélicos asombrosos. El primero es la tercera tentación de Cristo, que mencionábamos más arriba; el segundo es la última cena. En la primera escena el diablo ofrece el mundo, del cual es príncipe en cierto sentido, a cambio de una sola postración de Jesús (Si cadens adoraveris me). En la segunda escena, cuando, como dice San Lucas, el diablo ya se había apoderado del corazón de Judas (Lc 23,3), Jesucristo mismo se pone de rodillas, humillándose, para lavarle los pies. Él, que despreció el mundo entero que le ofrecía el diablo, ¡se postra por ganar el alma de un traidor!

Ni siquiera comprenden con exactitud el valor de su alma quienes la cuidan sólo por miedo de verse condenados eternamente. No alcanzan a ver el valor en sí; tan solo temen una consecuencia. Se cuenta que en una ocasión Dios mostró a Santa María Magdalena de Pazzis un alma; y cuenta su biógrafo que quedó ocho días fuera de sí, arrebatada del asombro y admiración que le había producido aquella vista. Debemos valorar justamente nuestra alma. Entre tantos motivos, al menos: (a) por su origen divino, por su inmortalidad, por la encarnación del Hijo de Dios que para salvarla se hizo hombre, por haberle sido asignado un ángel custodio para guardarla, por las inspiraciones divinas, etc.; dicho de otro modo: por la estimación que le tiene el mismo Dios. (b) También por el aprecio que le tiene el demonio que por ganarla para sí hace tantos malabarismos; cuando alguien hace tantas cosas para comprar algo y está dispuesto a tantos sacrificios por conseguirlo, ¡al menos nos tendría que venir la sospecha de que se trata de algo valioso! (c) Y por la estimación que le tienen los santos quienes no dudan en sacrificarse enteramente antes que ensuciarla con la más pequeña arruga, por la constancia de los mártires que prefirieron perder la vida antes que perder el alma, por los trabajos de los misioneros que por salvar almas dejaron todo.

 Por tanto, pensemos en nuestra alma; pensemos en los pobres locos que la venden por una moneda. Pensemos también con cuánta ligereza la arriesgamos. Y sobre todo deberíamos meditar aquellas palabras del Señor: ¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo pierde su alma? (Lc 9:25). Y lo que añade en otro lugar: ¿Qué podrá dar el hombre a cambio de su alma? (Mt 16,26). Es decir, una vez perdida el alma (o sea, ya condenada en el infierno), ya no se puede volver a comprar.

 Recordemos siempre las palabras con que Don Bosco despedía a los jóvenes que por su mala conducta debía expulsar del Oratorio; con duras penas y lágrimas les decía como último recuerdo: “No tienes nada más que una alma: si la salvas, has salvado todo: si la pierdes, has perdido todo para siempre”[2].

Bibliografía: A. Bea, Anima, en: Enciclopedia Cattolica, I, Ciudad del Vaticano 1948, 1307 ss.; J. Campos, “Anima” y “animus” en el N. T.: su desarrollo semántico, “Salmanticensis”, 4 (1957), pp. 585-601; A. Fernández, La inmortalidad del alma en el A. T., “Razón y Fe” (1913), 316-333; A. Willwoll, Alma y espíritu, Madrid 1953; E. Rohde, Psique. Idea del alma y la inmortalidad entre los griegos, México 1948; B. Echeverría, El problema del alma humana en la Edad Media, Buenos Aires 1941; C. Fabro, L’anima, Edivi, Segni 2005.

[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 32.

[2] San Juan Bosco, Memorias biográficas, IV, 437.

alma

¿Cuál es la verdadera naturaleza del alma?¿Son mis ideas aceptables para la iglesia católica?

Pregunta:

Yo soy católico de toda la vida, por tradición familiar, aunque francamente en pocas oportunidades me he planteado ‘problemas’ teológicos. Pero ahora, enfrascado en un debate cuasi teológico con un amigo partidario de la ‘reencarnación’, me encuentro con pocos elementos para saber si lo que yo pienso al respecto se puede considerar aceptable dentro de la teología católica o no. Esa es mi duda, y paso a contarle cual es mi pensamiento. Por supuesto rechazo la ‘reencarnación’. Considero que el ‘alma’ de los hombres es la presencia de Dios en nosotros. Dios es esencialmente Amor, y nuestra ‘facultad’ de amar, nuestra capacidad de conectarnos con otros humanos en el amor, es también lo que nos conecta íntimamente con Dios. Entiendo que vivimos en el Espíritu Santo, y al morir nuestro cuerpo, nuestra alma, parte esencial del Espíritu Santo, sigue viviendo en él. No se si estoy pensando en forma cristiana católica, por favor me gustaría que me orienten al respecto. Desde ya muchas gracias.

Respuesta:

Estimado:

Algunas de sus afirmaciones deben entenderse de modo preciso para que no induzcan al error. Concretamente sobre la naturaleza del alma la teología católica enseña:

1º El alma de cada hombre es espiritual, simple e inmortal (cf. entre otros lugares del Magisterio: León X, DH, 1440) (DH = Denzinger-Hunermann, El Magisterio de la Iglesia).

2º Es creada inmediatamente por Dios de la nada y no transmitida por sus padres (cf. Anastasio II, DH, 360).

3º ‘El alma no es parte de Dios sino que fue creada de la nada’ (DH, 685; es la Confesión de fe del Papa León IX, del año 1053).

4º Dios está presente en toda alma como su causa y conservador (llamada ‘presencia de inmensidad’).

5º La Santísima Trinidad está presente de modo especialísimo en el alma del justo por la gracia; no en quien está en pecado mortal.

6º La muerte es la separación del alma y del cuerpo. El alma es inmortal.

Vea también: Catecismo de la Iglesia Católica, nnº 363; 365-366.

Puede ver también nuestro artículo sobre la ‘reencarnación‘.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

vida

¿Qué diferencia hay entre el alma y la vida?

Pregunta:

Quisiera saber qué es el alma y cuál es la diferencia entre vida y alma, si es que la hay.

 

Respuesta:

El alma racional es la forma substancial del cuerpo. La palabra alma viene del latín anima, de la misma raíz que el griego ánemos, viento. Por alma, y con el mismo significado que spiritus (en griego psikhé, soplo, aliento, vida), se entiende por lo común el principio vital del cuerpo, o el principio inmaterial que se considera origen de la vida material, de la sensibilidad y del psiquismo del hombre. A veces se da este nombre a la mente humana, o también se la llama espíritu.

Aristóteles la define como ‘primera perfección de un cuerpo natural orgánico’ (De Anima, II,1); y también: ‘el principio por el que vivimos, sentimos, nos movemos y pensamos’ (II,2).

La vida es el fruto de la acción de un principio formal estructurador de la materia, es decir, del alma.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

animación

¿Contradice la teoría de la animación inmediata el fenómeno de los gemelos provenientes de un mismo óvulo fecundado?

Pregunta:

Según tengo entendido, y creo, la animación se da en el mismo momento de la concepción, fundamento muy utilizado en contra del aborto. Si no me equivoco a esta teoría se la llama animación inmediata o por lo menos así me la enseñaron. Se me plantea un problema: a diferencia de los mellizos que resultan de la fecundación simultanea de dos óvulos diferentes por dos espermatozoides distintos, los mellizos idénticos son causados por la división, inmediatamente después de la concepción, de un mismo óvulo fecundado. Según la teoría de la animación inmediata, tendríamos primeramente una persona humana, que luego se dividiría en dos mitades para transformarse en dos personas humanas. ¿No es esto una imposibilidad metafísica? Agradezco sinceramente este trabajo que realiza y rezo por sus intenciones y las de todo el instituto. Lo saludo en Cristo y María M. De M.

Respuesta:

Estimado:

 El individuo humano está compuesto de un alma y un cuerpo; la división de la mórula en dos partes no implica de por sí la división del alma: es el cuerpo del individuo el que se divide y no su espíritu, y por tanto no hay contradicción alguna con la realidad ontológica del zigoto. Por otra parte, en el momento en que llega a determinarse físicamente otro embrión (es decir, cuando la mórula se divide dando origen  a un embrión nuevo) éste recibe su propia alma que no tiene nada que ver con el alma del embrión del que ha tomado origen.

 Dios infunde, por tanto, un alma en el momento de fusionarse el espermatozoide con el óvulo. Luego, por un fenómeno aún no explicado, en algunos casos rarísimos, una de las células de ese ser humano, que por su estado es todavía ‘totipotente’, se separa comportándose como si fuera un nuevo embrión; es en ese momento en que Dios infunde un alma a ese nuevo individuo, distinta del anterior. De ahí que tengamos no sólo dos individuos distintos sino uno ‘más viejo’ que el otro.

 Le recomiendo leer de Antonio Spagnolo, Bioetica nella ricerca e nella prassi medica, Edizione Camilliane, Torino 1997, pp. 239-244. Y también: Caspar, Ph., Individuation génétique et gémellité: l’objection des jumeaux monozygotes, Rev. ‘Étique’ 1992, 4: 81-90. Aquí el autor muestra que la objeción a la que Usted hace referencia proviene de la concepción del individuo elaborada por la filosofía de Leibniz (el cual hunde sus raíces en Descartes), mientras que es fácilmente explicable aceptando la filosofía aristotélica.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


Una contribución del doctor Mario Caponetto:

Buenos Aires, 29 de septiembre de 2003.

Muy estimado Padre Fuentes:

He leído, con suma atención, una respuesta suya a un/una consultante que preguntaba acerca de la teoría de la animación inmediata del cigoto y la dificultad que dicha teoría plantea en los casos de mellizos procedentes de un mismo cigoto que se divide.

Tanto en la consulta cuanto en su respuesta se vuelve a presentar una cuestión sumamente difícil respecto de la cual las soluciones que se ofrecen no son siempre las más ajustadas a una recta Filosofía de la Naturaleza y, aún a la misma Metafísica. Por eso me permito hacerle llegar algunas reflexiones con ánimo de contribuir, bien que en modesta medida, a la dilucidación del tema.

Se advierte, por empezar, en la pregunta y en la respuesta, una imprecisión terminológica que debe ser prestamente aclarada. En efecto, no es correcto hablar de animación retardada versus animación inmediata. En todo caso se ha de decir animación humana retardada o animación humana inmediata. No hay duda de que el cigoto -primer estadio del proceso generativo humano- está animado pues si se dan en él (y esto es innegable) operaciones vitales esas operaciones no pueden sino proceder de un principio formal que llamamos alma. Lo que está en discusión es si el alma presente en el cigoto es, ab initio, un alma humana o no. O mejor, si el alma humana es infundida en el mismo momento de la fecundación o en otro momento del proceso generativo humano. Y este es el verdadero tema en debate. Repito, nadie discute que el cigoto está animado.

En segundo lugar, ambas, pregunta y respuesta, reflejan la opinión corriente entre los moralistas católicos hodiernos. Parece, en efecto, que si no se afirma con total certeza que el alma presente en el cigoto es el alma humana y si no se sostiene, a pie juntillas, elstatus de persona de este cigoto, no hay modo de fundar un juicio moral contrario al aborto (como expresamente lo señala el autor/a de la consulta). Los defensores del aborto se basan, precisamente, en negar que el embrión primitivo sea algo más que un conjunto de células totipotenciales; por tanto, queda por completo excluida la posibilidad de atribuir a ese embrión cualquier carácter humano o personal. La conclusión que sacan estos defensores del aborto es que si hasta un determinado tiempo después de la fecundación no podemos hablar de persona humana, es perfectamente lícito interrumpir el embarazo pues no se está matando, propiamente, una persona humana. Pero aquí, como en tantos otros temas, los católicos cometemos el error de aceptar que la discusión sea llevada al terreno de los adversarios. Y es así como se toma parte en un debate estéril y carente de sentido desde la estricta perspectiva formal de la Ciencia Moral. Pero a este tema me referiré enseguida.

Por último, en consultante y consultado, se hace presente un tema muy traído y llevado: ¿qué pasa en el caso de los gemelos que proceden de la división de un mismo cigoto? Si el cigoto es persona y la persona es indivisa ¿cómo puede dividirse? ¿Se puede hablar aquí de una nueva generación, a saber, que la persona del cigoto engendra a otra persona? Estamos, otra vez, en el terreno del adversario lo que nos obliga a dar respuestas certeras en una materia de suyo difícil, conjetural y opinable, según veremos.

En mi opinión, Padre, para una mejor dilucidación de esta cuestión, debe tenerse en cuenta, ante todo, una adecuada articulación epistemológica entre Biología y Genética, Filosofía de la Naturaleza, Metafísica, Sagrada Teología y Ciencia Moral. En efecto, se ha de advertir que no corresponde a las ciencias biológicas determinar acerca de si el alma humana está presente ya en el cigoto, ni tampoco expedirse  acerca del estatuto de persona individual del embrión, sino tan sólo aportar datos que puedan ser útiles a la reflexión de aquellas ciencias a cuyo cometido sí corresponde efectuar tales determinaciones. Dichas ciencias son, fundamentalmente, la Filosofía de la Naturaleza, la Metafísica y la Teología Sagrada. Corresponde, pues, de acuerdo con una recta metodología, fiel a los cometidos epistémicos de cada disciplina (esto es, sus objetos), primero examinar, clasificar, reunir y organizar los datos de la Biología para obtener, de este modo, una fenomenología- incontaminada de cualquier especulación- del proceso generativo. Cumplido este primer paso, corresponde a la Filosofía Natural determinar acerca de cuestiones como la unidad e individualidad del embrión desde sus etapas más tempranas (sobre todo, respecto de las células paternas) y la consideración de si las organizaciones citológicas de tales etapas tempranas constituyen o no una materia signataadecuada para la recepción de la forma racional (el alma humana). El tercer paso es iluminar, desde una sólida fenomenología biológica y, por sobre todo, desde una recta Filosofía Natural, el cometido específico de la Ética que, en tanto ciencia práctica, debe subalternarse a los principios de la ciencia superior, es decir, la Filosofía de la Naturaleza. La consideración del embrión como persona así como el origen del alma humana, atañen, finalmente, a la Metafísica (la persona es una noción de carácter eminentemente metafísico) y a la Sagrada Teología, únicas ciencias que pueden otorgar el fundamento último a tales cuestiones. Tal, a mi modesto juicio, la adecuada concatenación de los pasos a seguir en la investigación de este arduo tema. Pero ocurre que, habitualmente, no se sigue esta articulación y, por eso, se incurre en errores que desprestigian y debilitan a la doctrina católica antes que fortalecerla.

Veamos más de cerca lo que llevamos dicho. Si nos atenemos, en primer término, a los estrictos datos de la Biología actual podemos concluir lo siguiente:

a) el proceso generativo humano se inicia con la penetración de un gameto masculino (espermatozoide) en un gameto femenino (óvulo);

b) antes de la antedicha penetración, cada uno de estos gametos exhibe una serie de procesos de carácter enzimático (muy importante a este respecto la llamada fasedel ciclo celular) que les son propios y que tienden a posibilitar y dirigir de manera ordenada la fusión de ambas células germinales;

c) con la unión de los gametos se origina una célula, el llamado cigoto, que constituye una novedad, estructural y genéticamente hablando, y que a partir del momento mismo de su constitución como célula nueva, exhibe una serie de procesos todos ellos orientados a la fusión de los pronúcleos masculino y femenino (singamia) y a un subsiguiente e intenso número de eventos concatenados de división, diferenciación y organización celulares que lleva a esa estructura celular original y primera, es decir el cigoto, a sucesivas formas de organización cada vez más complejas que conducen, de no oponerse alguna falla de la naturaleza, a la constitución de uno o más organismos humanos completos ( subrayo lo de uno o más pues existe la posibilidad de que las células del llamado macizo central puedan orientarse a la división del cigoto en varios embriones);

d) todo este proceso de extraordinaria plasticidad aparece, claramente, como uncontinuum vital, único, irreversible (de no mediar alguna falla en el curso natural de los eventos antes mencionados) y movido por una incuestionable teleología: la constitución de uno, dos o más organismos humanos completos.

Ahora bien; estos hechos, firmemente probados por la ciencia biológica, han de ser objeto de una adecuada interpretación a la luz de los principios de la Filosofía Natural. ¿Qué puede aportar esta ciencia? Fundamentalmente una visión filosófica, fuertemente arraigada en el hylemorfismo, del entero proceso generativo humano.Y aquí sigue siendo plenamente válido lo que enseña Aristóteles, a saber, que en la generación de algo se presupone la corrupción de una forma anterior y la adición de nuevas formas. Así, en el desarrollo embrionario, a una forma vegetativa sucede, por corrupción de ésta, una forma sensitiva a la que, corrupción mediante de la sensitiva, sucede otra racional. Esta teoría (si se quiere, la ‘animación humana retardada’) es asumida plenamente por Santo Tomás (cf. especialmente Quaestio disputata de anima, a 11, ad 1) aunque hay que decir que, en verdad, el Aquinate jamás se ocupó de este tema sino en el contexto de otros asuntos y aceptando, con gran respeto, las opiniones científicas de su época.

Pues bien; en el caso del hombre, la teoría aristotélica de la generación tropieza con un inconveniente que el Filósofo no pudo prever, a saber, que se haría necesario admitir que el alma humana, que es una substancia espiritual, procedería de la corrupción de formas materiales. Ciertamente,spiritus non ex materia. Santo Tomás enseñó, de modo constante, que el alma humana es, a la vez, una forma corporis, un motor corporisy una substancia espiritual (hoc aliquid). Y por ser una substancia espiritual sólo puede ser producida por creación de Dios lo que no compete a las otras formas, negando de este modo toda forma de traducianismo (cf. Summa Theologiae I, q 90, a 2, corpus). Pero entonces, ¿en qué momento de la generación del hombre es creada e infundida por Dios el alma humana? El Padre Ubeda Purkiss, en sus introducciones al tratado del hombre de la Summa, responde: ‘No lo sabemos con certeza. Santo Tomás dice que al fin de la generación humana […] no encuentra ninguna dificultad en la generación sucesiva de estas formas por la acción de dos agentes coordinados que, en el caso presente, son el hombre y Dios’ (Suma teológica, versión española de la BAC, página 510).

Nuestros actuales conocimientos biológicos no desmienten la teoría de Santo Tomás ni han hecho más certeros nuestros conocimientos. Porque aquí entra, además, otro aspecto fundamental del hylemorfismo: me refiero a la congruencia y mutua conveniencia que ha de haber entre la materia y su forma. En este caso habría que decir que hasta no alcanzar un cierto grado de desarrollo, la materia embrionaria no estaría apta para recibir la forma humana que por ser tan eminente requiere de una materia de suma complexidad y organización, como también lo enseña claramente Santo Tomás (cfr. Quaestio disputata de anima, artículo 8). Ahora bien; hoy se afirma (sin ningún fundamento) que por poseer el cigoto toda la información genética es ya materia apta para recibir la forma humana. Pero ¿por qué? La posesión de la totalidad de la información genética no vuelve a la materia más apta para recibir la forma racional toda vez que esa información es casi pura potencialidad y ha de considerarse más bien como una propiedad o disposición de la materia. ¿No es más razonable decir que el cigoto es la materia ex qua in qua se han de formar uno o más seres humanos y no avanzar más allá de este juicio cierto?

Y vamos ahora al aspecto moral de nuestro tema. La certeza de que la materia embrionaria, ab initio, es materia ex qua e in qua se generan uno o más organismos humanos completos, basta para que esta materia embrionaria merezca la máxima protección y tutela desde el punto de vista de la Moral y del Derecho. Pues lo único que compete a la Ciencia Moral es establecer un juicio práctico: puesto que esa materia embrionaria es el substracto de un proceso cuyo fin natural es generar seres humanos, no es lícito destruirla (aborto) ni alterarla (técnicas de fecundación asistida) de ningún modo. Por eso insisto en que lo que ha de tenerse en cuenta no es el cigoto (solamente un estadio inicial del desarrollo embrionario) sino el entero proceso generativo humano quenaturalmente está ordenado, como a su fin propio, a la generación de seres humanos.

Si nos mantenemos en esta posición no sólo evitaremos un debate estéril e innecesario para la Moral sino que, además, quedaría salvada la cuestión planteada en la consulta: el tema de los gemelos procedentes de la división de un único cigoto. Al respecto, dice usted, Padre, que ‘es el cuerpo del individuo el que se divide y no su espíritu, y por tanto no hay contradicción alguna con la realidad ontológica del zigoto’. Pero esto suena más a cartesiano que a Aristóteles.  No me parece razonable suponer que una célula de un embrión genera otro embrión y que Dios infunde en ese nuevo embrión un alma humana. Porque siempre sigue en pie la misma pregunta: ¿bajo qué forma se divide el embrión y genera otro embrión? Se puede decir: esa forma no es otra que el alma humana que engendra a otro ser al modo como un ser humano adulto engendra a otro. Pero en ese caso ¿cómo puede algo engendrar si carece de los órganos naturalmente necesarios para el ejercicio de la potencia reproductiva? ¿Y cómo podría engendrar sólo?

Bueno, estimado Padre, no quiero ocupar más su tiempo. Sólo le transmito algunas sugerencias que, tal vez, puedan ayudar a esclarecer una cuestión de suyo ardua.

Que Dios y la Sma. Virgen lo bendigan y lo ayuden en la encomiable tarea que lleva usted a cabo en pro del bien de tantas almas.

Afectuosamentein Domino.

Mario Caponnetto

mcaponnetto@fibertel.com.ar

animación retardada

¿Hay un alma humana desde la fecundación?¿Qué decir de la animación retardada?

Pregunta:

Hola, gracias por responder a tantas dudas nuestras. ¿Existe alguna manera de demostrar teológica/metafísicamete e incluso biológicamente la existencia del alma espiritual desde la fecundación? Esto es básicamente para demostrar su dignidad humana desde el inicio pues leí que según Verneaux en el libro ‘filosofía del hombre’ (en el apartado de la persona humana, no recuerdo la pagina, pero está en el último capítulo) el argumenta que en un inicio el cigoto no le es infundida el alma sino hasta que va tomando forma de humano… es cierto? Gracias.

Respuesta:

Estimado:

 Probablemente Verneaux se esté refiriendo las doctrinas antiguas, las cuales, basadas en una biología precaria y errónea, creían que hasta cierto tiempo después de la concepción no se daban las condiciones para que se pudiera hablar de una materia propiamente humana. Eso se denominó en la antigüedad ‘animación retardada’, y no creo que Verneaux la sostenga. Hoy en día, es insostenible, puesto que la biología moderna, y en especial la genética, han demostrado que desde el primer instante ya hay un individuo genéticamente humano; y como desde el punto de vista genético de allí para adelante no habrá alteraciones sustanciales (tan sólo serán accidentales), lo que no existen son argumentos para afirmar que no esté presente ya el alma, así como no hay argumentos para afirmar que haya otro momento fuera de la concepción que reúna más argumentos para ser indicado como el momento de la animación.

P. Miguel A. Fuentes, IVE