¿Presenta internet objeciones morales?

Pregunta:

¿Presenta  Internet o su uso alguna objeción moral?

 

Respuesta:

La Internet fue creada en 1983; diez años más tarde conectaba alrededor de dos millones de computadoras y era usada por cerca de 23 millones de usuarios. Las cifras se han multiplicado vertiginosamente desde esa fecha. En la actualidad ha desbordado ampliamente su uso primario como ‘correo electrónico’ entrando en el campo de las transacciones monetarias, del desarrollo cultural e incluso de los servicios médicos.

¿Qué decir de los aspectos morales que se relacionan con ella? Internet, como la Informática en general es una obra de la técnica y desde esa perspectiva debe ser analizada. Las obras del hombre se dividen en dos clases: los actos morales, y los actos del arte o técnica; los primeros tienen por objeto directamente la persona humana del que obra de su prójimo; los segundos tienen como objeto las cosas exteriores materiales que se fabrican, construyen o transforman. La clave de todo el problema consiste en responder a la pregunta: ¿hay independencia entre la técnica y la ética o moral? Muchos reivindican una absoluta independencia (por ejemplo, en el plano de la experimentación embrional, clonación, fecundación artificial, experimentación química y atómica, etc.). Sin embargo debemos afirmar que no puede darse una independencia absoluta, y esto hay que defenderlo con todas las fuerzas pues está en riesgo la misma persona humana.

La ciencia y la técnica están al servicio de la persona humana, versan sobre realidades materiales pero siguen siendo actos de una persona humana sobre el universo material al que pertenece esa persona humana. Por eso, aunque los criterios sean diversos, el campo de la técnica debe estar subordinado al de la ética. Este es el marco: el técnico puede buscar siempre más y más el progreso técnico pero siempre subordinándose al bien de la persona humana; y debe abandonar una técnica por muy provechosa o redituable que sea cuando ella atenta contra la dignidad de la persona humana. Ha sido dicho: ‘Sería ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios orientadores no se pueden tomar ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que pueden reportar a unos a costa de otros, ni, peor todavía, de las ideologías dominantes. A causa de su mismo significado intrínseco, la ciencia y la técnica exigen el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad: deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables y de su bien verdadero e integral según el plan y la voluntad de Dios'[1].

Los actos técnicos o artísticos pueden ser bien usados o mal usados: transmitir información, perfeccionar las técnicas de comunicación visual o dominar la materia atómica, puede servir para usos moralmente buenos o para usos éticamente reprobables; el problema no es la máquina sino el hombre que la usa. ‘La ‘técnica’, entendida como un conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo, es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos de trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Pero, por otra parte, es un hecho que a veces la técnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanización del trabajo ‘suplanta’ al hombre, quitándole toda satisfacción personal y el estímulo a la creatividad y responsabilidad; cuanto quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltación de la máquina reduce al hombre a ser su esclavo'[2]. De aquí que se despierten tantos interrogantes en torno a este desarrollo tecnológico; interrogantes que ‘encierran una carga particular de contenidos y tensiones de carácter ético y ético-social'[3]. Por eso la importancia de dictaminar los criterios morales que han de regir este campo.

Esto es lo que sucede con la Informática en general y con Internet en particular. Y este es el motivo por el cual la ciencia debe estar subordinada necesariamente a la moral. Quisiera indicar los principales usos buenos y malos que presenta hoy en día Internet y el campo de acción que este fenómeno abre.

1. El buen uso

Los buenos empleos son innumerables y bien conocidos; por eso me limito a mencionar algunos.

1) En el campo de la educación permite el acceso a una mejor y más rápida documentación. Hoy en día el ingreso a las grandes bibliotecas del mundo no es algo restringido a quienes tienen los medios económicos para viajar. Las pistas informáticas han puesto documentación antes casi inaccesible a disposición de los investigadores. Lo mismo se diga con la revolución educativa introducida por los métodos interactivos en todas las materias, y de modo particular en el estudio de las lenguas. Los medios informáticos permiten hoy en día una educación a distancia con cierta eficacia; ya desde 1985 se dictan por este medio cursos y carreras completas. En la actualidad cerca de 300 universidades enseñan de esta manera.

2) En el campo de la salud y de la vida está permitiendo intercambios de información y consulta médica; por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos lanzó el 26 de junio de 1997 un ‘sitio’ en Internet llamado ‘Medline’ que compendia resúmenes de cuatro mil revistas médicas, con nueve millones de referencias; cinco meses más tarde, según el diario La Nación, recibía un millón de consultas diarias[4]. También se hacen ya intervenciones quirúrgicas con asesoramiento actual de expertos que se encuentran a distancia.

3) En el campo de la información es más que evidente su utilidad: tenemos información mundial al instante de todo tipo de acontecimientos.

4) En el campo de las relaciones humanas y sociales vale otro tanto: el correo electrónico y las otras vías de comunicación informática aceleran las relaciones, sacan del aislamiento a personas solitarias, acortan las distancias de los seres queridos que se ven alejados temporal o definitivamente, permiten mantener vivas las amistades y los intercambios de opinión, etc.

Resumiendo todo esto ha escrito hace ya algunos años el Papa Juan Pablo II hablando del porvenir del próximo milenio: ‘El desarrollo de la informática multiplicará la capacidad creadora del hombre y le permitirá el acceso a las riquezas intelectuales y culturales de otros pueblos. Las nuevas técnicas de la comunicación favorecerán una mayor participación en los acontecimientos y un intercambio creciente de las ideas…'[5].

2. El mal uso

Internet también puede ser mal usada y abusada. Señalemos entre otros problemas:

1) Ante todo, el carácter absorbente que puede revestir Internet (de modo particular el ‘navegar’ por la ‘web’). Los medios de comunicación en general son cautivantes, porque se dirigen a los sentidos que quedan como absortos por la imagen, el sonido y especialmente por la imagen en movimiento. Según datos actuales[6] el 19% de los ‘navegantes’ argentinos se internan en la web entre 50 y 100 horas semanales (¡esto significa un promedio entre 7,5 a 14,5 horas diarias!); el 17% lo hace entre 10 y 19 horas semanales y el 15% lo hace entre 20 y 29 horas. Se comprende que un fenómeno semejante haya llevado en algunos casos a rupturas familiares, separaciones, hijos que abandonan sus hogares o son puestos directamente en la calle por sus padres. Los periódicos han hablado hace unos años de un hombre en Estados Unidos que tomó conciencia de que su esposa (quien ya no le preparaba la comida, ni arreglaba la casa, ni lo acompañaba a jugar al golf) lo había reemplazado por su adicción a Internet; cuando la conminó a elegir entre Internet y él, ella eligió Internet. El uso de la computación tanto para juegos como para la navegación por Internet (y en mucho menor escala en otro tipo de trabajos) puede comportarse como una droga, produciendo una suerte de adicción compulsiva relacionada con la curiosidad y que reviste síntomas psíquicos y físicos bien definidos (problemas en la vista, dolores físicos, pesadillas, pensamientos obsesivos, aislamiento social, incapacidad de relación real, etc.).

2) El segundo problema es el fenómeno aislante que puede causar Internet. Se suele escuchar que el desarrollo de los medios de comunicación informáticos ha hecho de nuestro planeta una ‘gran aldea’, o aldea global: todos vivimos más cerca, nos conocemos, las acciones de uno repercuten prontamente en los demás… Sin embargo, existe el peligro de que esta gran aldea se convierta en un enorme desierto poblado de solitarios. Hay muchas personas que viven a gusto en las llamadas ‘ciudades virtuales’ (en las que la gente que se conecta obtiene ciudadanías, hace negocios o se encuentra con amigos sin salir de su casa[7]) pero no viven a gusto en su propia sociedad. Uno puede preguntarse si muchos de los que se conectan con cientos de ‘ciberamigos’ en realidad se conectan con ‘otras personas’, es decir, si experimentan realmente la ‘alteridad’ en sus comunicaciones, o si bien la comunicación se realiza con su propia computadora (como lo haría con un juego interactivo) a la cual sin saberlo otras personas prestan voz y pensamiento. A veces ‘los otros’ no pasan de ser un singular tamagotchi encerrado en la computadora personal que bien podría no ser una persona real sino un juego programado para dialogar con el jugador; en tal caso, ¿habría alguna diferencia? Esto significa que la multiplicidad de comunicaciones mediante la informática no constituyen necesariamente un antídoto contra el aislamiento; podemos estar viendo crecer una generación de ‘autistas informáticos’.

3) Otro problema grave que se presenta relacionado con Internet es el servicio que la Red puede prestar a la canalización de ideologías y de comportamientos desviados. Dos son los fenómenos más relacionados con este peligro: la propaganda pornográfica y la propaganda sectaria.

a) La propaganda sectaria. La dificultad de controlar la información ofrecida en Internet permite que la red informática se convierta en canal de proselitismo sectario. Peligro que se agudiza en nuestro tiempo pues, como ha dicho Hank Hanegraff, presidente del Instituto de Investigación Cristiana: ‘a medida que nos acercamos al fin del milenio, los cultos religiosos y pseudocristianos hacia los OVNI aumentan'[8]. Es bien conocido el caso de Marshall Applewhite, fundador de la secta ‘Heaven’s Gate’, que se suicidió el 26 de marzo de 1997 en Rancho Santa Fe, California, con 38 correligionarios, creyendo que de este modo se engancharían en la cola del cometa Hale Bopp donde los esperaba una nave redentora extraterrestre. Los miembros de esta secta hacían prosélitos por medio de Internet, y un año antes de su suicidio colectivo habían puesto a disposición e todos los usuarios de Internet una página Web con un manual de 400 páginas donde se ilustraban los contenidos y fines de la secta, así como los preparativos de su muerte. Nadie hizo nada para impedirlo ni para evitar que algunos descarriados los siguiesen. Algunos periódicos informaban del suicidio diciendo: ‘tragedia anunciada por Internet'[9]. Tomás E. Martínez ha escrito en La Nación el año pasado un artículo que tituló ‘Cuidado con el Apocalipsis’; entre otras cosas escribía: ‘Dos o tres veces por semana aparecen en mi correo electrónico mensajes de jóvenes que tienen entre 16 y 22 años y que se imaginan a sí mismos reencarnaciones de Evita Perón o del Che Guevara… Si el intercambio se prolongaba a dos o tres cartas, cualquiera de mis frases era aprovechada para aludir al Apocalipsis, a la muerte próxima, al anticristo inevitable'[10]. Hay muchos predicadores apocalípticos al asecho; Internet se está convirtiendo en una plataforma de propaganda. Desde este punto de vista, la proximidad del Tercer Milenio combinado con una Internet sin control puede convertirse en un ‘caldo de cultivo sectario’ sobre el que se derrama un peligroso catalizador.

b) Junto a esto hay que señalar la amenaza no menos preocupante de la pornografía desenfrenada que ha encontrado en el campo de la informática una nueva fuente comercial. Hoy se habla corrientemente de sexo tecnológico, de ciberporno, sexo virtual, etc. En un informe publicado en Inglaterra en 1994, se establecía que la pornografía por computadora afectaba al 10% de los colegios secundarios británicos y, además, que ya estaba presente también en las escuelas primarias; según las cifras oficiales del mismo país, el 2% de los niños entre 5 y 11 años ya han ‘tragado’ pornografía informática alguna vez[11]. La pornografía ofrece muchas variantes en el campo informático:

-Versiones de las revistas pornográficas.

-Juegos de computación pornográficos de todo tipo. Algún vendedor de estos productos confiesa que recibe 10 pedidos de juegos pornográficos por cada 2 juegos de ajedrez que vende. En Europa en los últimos meses (escribo esto en junio de 1998) la empresa italiana Peruzzo Informática ha lanzado ya ‘Mujer Virtual’, una ‘Tamagotchi para adultos'[12].

-También hay que señalar las conexiones pornográficas ‘on line’.

-Señalo también el llamado ‘sexo virtual’ que mediante programas interactivos y diversos accesorios (casco, auriculares, guantes sensoriales, prótesis tecnológicas, etc.), simulan el partner sexual.

-La red se ha convertido en un campo de publicidad de la prostitución, e incluso en un espacio libre para los pederastas: la prostitución infantil y el abuso de menores ha encontrado entre muchos niños que son usuarios habituales de Internet y navegantes solitarios de la red un coto de caza sin guardianes.

Este bombardeo pornográfico que se ha incrementado al encontrar el cauce de Internet, es responsable, según autorizadas investigaciones psiquiátricas y sociológicas, de numerosos efectos constatables en forma creciente en nuestro tiempo como, por ejemplo: la insensibilización social ante comportamientos desviados y ante los casos de violación femenina e infantil, el interés morboso por la desviación sexual, el aumento de la hostilidad y la violencia individual y social, la insatisfacción sexual dentro y fuera del matrimonio, en algunos casos es causante de hondas angustias y tentativas de suicidio, y, al no superar la actitud de egoísmo fundamental que caracteriza al comportamiento pornográfico, también es responsable de crear personalidades neuróticas, utilitaristas, antisociales, antisexuales, afectivamente retrasadas y frustradas.

4) Otro peligro es el de una mal entendida globalización cultural. Los contactos culturales son sumamente importantes y buenos. Pero realizados como hoy en día se llevan a cabo pueden comportar la pérdida de las diferencias culturales en lo que éstas tienen de enriquecedoras. Con la globalización cultural corremos el riesgo de crear una ‘subcultura’: una cultura chata, forjada de comunes denominadores, con un idioma pobre compuesto de palabras técnicas claves pero desprovistas de sentido. Hay también un peligro serio y cierto de ‘colonialismo cultural electrónico’. Una dependencia total de los medios de comunicación globales puede hacer perder los valores propios de cada cultura o país: su lengua, sus cantos, sus bailes, usanzas, pintura, arquitectura, historia, instituciones, etc., y ser reemplazados por los de otra cultura, incluso inferior. Y esto es muy grave, pues un pueblo sin identidad cultural propia, es un pueblo sin conciencia, sin personalidad, apático, frío y triste; es un pueblo que agoniza desnudo en una calefaccionada sala de terapia intensiva globalizada.

5) Otro peligro es el de dar supremacía a lo mediatico sobre lo inmediato o como ha dicho un autorizado autor, ‘la tendencia a las experiencias secundarias’. La Internet pone a nuestra disposición una enormidad de recursos culturales, intelectuales, musicales, pictóricos, turísticos, informativos, etc. Debemos saber usarlos sin caer en gustos desequilibrantes. Hoy en día se corre el riesgo de crear una cultura de lo secundario: muchas personas en lugar de contemplar las obras de arte prefieren leer lo que se dice acerca de las obras de arte; en vez de experimentar un concierto en directo prefieren escucharlo en un buen reproductor de CD; en lugar de ir a un museo prefieren pasear por sus galerías desde el acceso fácil que les da su computadora o simplemente coleccionar en fascículos las reproducciones pictóricas más famosas. Este es el mundo de la experiencia indirecta, origen de una cultura ‘fast food’. La Internet puede aumentar esta tendencia poniendo al alcance de nuestro modem las bibliotecas, los museos, los paisajes, la música y la geografía del mundo entero. Hay que saber poner las cosas en su lugar. Nunca lo mediato será mejor que lo inmediato. Lo mediato es sólo un reemplazo de lo inmediato por nuestras limitaciones; pero debemos tratar de superar nuestras limitaciones y no ceder a la tentación de convertirnos en turistas cibernéticos, músicos cibernéticos, amigos cibernéticos, profesores cibernéticos… porque simplemente no hay hombres cibernéticos, en todo caso hay seres frustrados como hombres por culpa de una cibernética mal digerida.

6) Finalmente, indico como problema el posible empobrecimiento intelectual de los adictos a la navegación por Internet. Ya mencioné que la adicción a Internet tiene que ver con el vicio de la curiosidad, exacerbada por la capacidad atractiva de los medios audiovisuales. Un gran campo de la ‘navegación’ tiene como finalidad la investigación; ciertamente esto no ofrece problemas, sino todo lo contrario. Pero un amplio margen de esta actividad tiene como única finalidad el satisfacer la curiosidad, frecuentar juegos, o el simple intercambio electrónico. Cuando el tiempo que consume es elevado comienza a tener repercusiones graves en el plano intelectual del usuario. Giovanni Sartori, famoso politicólogo italiano, ha publicado un libro titulado ‘Homo videns. La sociedad teledirigida'[13]. El ‘hombre vidente’ es el que se forma y crece teniendo ante sus ojos imágenes; el autor sostiene que el acto de ver (sensitivo) empobrece y atrofia la capacidad de entender y comprender abstracciones. Esto, que tiene una aplicación principal respecto de la Televisión, también se puede verificar, en los casos que hemos indicado, para la navegación indiscriminada.

3. Los nuevos areópagos

Con gran inspiración escribió en 1990 el Papa Juan Pablo II: ‘El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola ‑como suele decirse‑ en una ‘aldea global’. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizá se ha descuidado un poco este areópago'[14].

Este texto de Juan Pablo II dice una enorme verdad: los medios de comunicación son el principal instrumento no sólo de información sino de formación e inspiración para los comportamientos de todo tipo: social, individual y familiar. Sobre la base y el modelo que transmiten estos medios se estructura y forma el futuro modelo de humanidad, de civilización, de sociedad, de familia y de persona, para los miembros de las nuevas generaciones totalmente impregnadas en esta realidad.

Debemos ser capaces de insertarnos en este fenómeno y tratar de canalizarlo, guiarlo y enmarcarlo moralmente para que sea una realidad al servicio del hombre. Esto requiere muchas exigencias:

1) Para los políticos: establecer una legislación sobre este campo que sea respetuosa de la auténtica libertad y no del libertinaje, recordando para esto que ‘la libertad depende fundamentalmente de la verdad. Dependencia que ha sido expresada de manera límpida y autorizada por las palabras de Cristo: Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,32)'[15].

2) Para los educadores (padres de familia, maestros, profesores, etc.): forjar en los jóvenes y niños la capacidad del autodominio para que no se dejen arrastrar y absorber por algo tan subyugante como es la cultura de la imagen. Junto a esto hay que formarles criterios de discernimiento para que puedan juzgar y distinguir lo bueno y lo malo en estos medios. Finalmente, hay que educarlos para que sepan posponer los fenómenos mediáticos ante la experiencia inmediata, la relación familiar, social y amical.

3) Para los trabajadores de la información: que tomen conciencia del valor fundamental de la verdad y que reconozcan que no es la ‘masa’ de la información lo que forja las inteligencias y las culturas (por el contrario, puede banalizarlas y hacerlas superficiales) sino la calidad y esencialidad de los conocimientos transmitidos.

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Introducción, 2.

[2] Juan Pablo II, Laborens exercens, 5.

[3] Ibid.

[4] Cf. La Nación, 5 de noviembre de 1997, 6ª sección, p.4.

[5] Juan Pablo II, Dives in misericordia, 10.

[6] Cf. La Nación, 24 de mayo de 1998, p.15.

[7] Cf. La Nación, 23 de junio de 1997, 5ª Sección, p. 3-4.

[8] Cf. La Nación, 31 de marzo de 1997, p.2.

[9] Cf. La Nación, 29 de marzo de 1997, p.3.

[10] Cf. La Nación, 11 de abril de 1997, p.21.

[11] Cf. Europe Today, nº 118, 22 de junio de 1994.

[12] Cf. Los Andes, 7 de junio de 1998, p.6.

[13] Cf. La Nación, 7 de junio de 1998, 4ª Sección, p. 9.

[14] Juan Pablo II, Redemptoris missio, 37; cf. Tertio millennio adveniente, 57.

[15] Juan Pablo II, Veritatis splendor, 34.

Sida

¿Cómo debemos considerar el SIDA desde la moral católica?

Pregunta:

¿Cómo debemos considerar el SIDA desde la moral católica?

Respuesta:

Transcribo a continuación una conferencia que he dado en un congreso sobre el SIDA en San Rafael (27/04/95 ) .

———————————

Quisiera comenzar con una historia, entre fábula y parábola. Hace varios siglos atrás en uno de los tantos minúsculos reinos orientales, el monarca llamó a sus tres principales consejeros, y les puso este problema: «Desde que mis soldados volvieron de conquistar las comarcas vecinas la peste se ha encarnizado en mi reino y cada vez se extiende más, ¿qué debo hacer?». Los tres pensaron un poco y luego, cada uno a su turno dieron su consejo al Rey.

El primero le dijo: «Conviene que llames a los mejores médicos de los reinos vecinos; construye grandes tiendas para albergar a los enfermos y pregunta a nuestros ancianos cuáles son las hierbas y las medicinas más adecuadas para curarlos».

El segundo le dijo: «Encierra a todos los que están enfermos en la isla que tienes al norte del reino, para que no contagien a nadie más; y a todos los que hayan estado en contacto con ellos obsérvalos: si se enferman mándalos también allí, si no que se queden, pero vigilados».

El tercero le dijo: «Haz lo que dice el primero; no hagas lo que te dice el segundo; pero por sobre todo cambia las costumbres morales de tu ejército, de lo contrario te fatigarás en vano, y a la postre también tú y nosotros moriremos apestados».

El Rey nombró al tercero como su único consejero y a los otros dos los mandó a cuidar enfermos.

Dejemos por ahora esta historia…

* * * * *

Si pretendemos hablar del SIDA hemos de tener en cuenta que estamos tratando de una epidemia, o mejor -debido a las dimensiones que ha tomado y que tomará según los más razonables cálculos- de una pandemia . Y como ante cualquier enfermedad de tal envergadura, las preocupaciones de toda persona sensata, con un mínimo de solidaridad, son dos: 1º que no se enfermen los sanos; 2º ayudar cuanto se pueda a los que están enfermos. Lo primero se dice «prevención», lo segundo «asistencia». Como me han pedido que hable de los problemas morales relacionados con el SIDA, me referiré brevemente a las cuestiones morales o éticas implicadas en uno y otro aspecto.

1. La prevención .

Prevenir significa anticiparse a una situación. Cuando se trata de prevenir algo que no deseamos que suceda, será el realizar cuanto sea necesario y verdaderamente eficaz para que tal situación no se dé. Todo ser racional sabe que para prevenir algo desagradable debe buscar aquellos medios que sean eficaces (nadie busca curar el cáncer con té de tilo) y que respeten la dignidad e integridad de la persona (para prevenir que se me encarne una uña podría cortarme todos los dedos, pero eso no respeta mi integridad ni mi dignidad).

Estas dos cosas (la eficacia y el respeto por la dignidad) son esenciales para establecer la moralidad o inmoralidad de todo cuanto se haga para prevenir la enfermedad de la que estamos tratando. Y para conseguir esto, es decir, que los sanos no se enfermen [y eventualmente que los enfermos no se enfermen más] hay sólo dos medios u objetivos que deben procurarse: una correcta información y una recta educación.

a) Los dos objetivos.

-La correcta información. Lo primero debe dirigirse a la inteligencia y es enseñar la verdad. Como dice el Papa: sin miedos infundados, pero también sin falsas esperanzas. Muchas de las causas por las que el SIDA crece en proporciones alarmantes provienen de una información falsa o parcializada sobre el mismo, sobre sus causas, los medios para combatirlo, los medios de prevenirlo.

-La recta educación . Este segundo aspecto se dirige a la voluntad. Para que alguien sea consecuente con lo que se le informa, es decir, para que lleve a la práctica, a su vida, lo que se la dicho (y no quede, por tanto, en puras palabras) tiene que tener fuerza de voluntad, tiene que tener las virtudes que le capaciten para vivir según lo que sabe.

b) Tres enfoques informativo-educativos actuales.

Pues bien, hoy día no todos proponen ni realizan la misma información y educación para prevenir el SIDA. Podemos decir que sobre esto hay tres posturas, tres tipos de información y educación diversos, que responden a tres concepciones diversas de la vida, de la moral, del hombre:

a. Ante todo, tenemos y muy difundida una concepción que algunos llaman ‘medico-epidemiológica’ ; es puramente positivista (apunta a lo que aparentemente tenga más éxito inmediato); esta concepción razona así: allí donde no se pueda obtener la abstinencia de la droga o de las relaciones sexuales riesgosas, se debe insistir en el uso de la jeringa personal y descartable y del preservativo. En consecuencia, ‘informan’ sobre ‘el sexo y la droga seguros’. Reconocen que esto no tiene total seguridad, pero insisten en que reduce en algo los riesgos. El único criterio son los porcentajes. El uso de estos elementos reduce el porcentaje de contagios…. es por tanto, bueno. Ahora bien, suponiendo que esto tiene alguna efectividad, ¿se puede decir que el fin justifica los medios? Desde el punto de vista moral esto es una postura inaceptable. En otro orden de cosas sería la misma concepción que justificó hace medio siglo las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki para poner fin a la guerra con Japón. ¿Por qué esa masacre de inocentes nos parece aberrante, mientras que la aplicación del mismo principio en nuestro caso no nos choca? Si los principios que usamos con tranquilidad de conciencia, cuando son aplicados a otro tema conducen a aberraciones, es señal que son erróneos y que debemos abandonarlos cuanto antes. Entonces, el problema aquí subyacente no es la mayor o menor efectividad, o bien que los fines no sean laudables, sino que el acto mismo que se realiza es inmoral y no puede ser justificado bajo ningún criterio moral.

Por otra parte, aun desde el punto de vista de la efectividad esta posición se caracteriza por una falsedad fundamental, a saber, la de la pretendida eficacia, ya que no es tan efectiva como pretende [1]; si a esto se suma el problema cultural del que luego hablaremos cabe dudar incluso del valor material de esta campaña.

b. En segundo lugar, tenemos la concepción ‘ideológica’ . Es la de los que promulgan la liberación sexual (homo-hetero y bisexual) y la liberación de la droga. Sus portavoces sostienen las campañas de ‘sexo-droga libre’. En general, como se ha visto en algunos lugares (Europa, EEUU), minimizan el peligro del SIDA, afirmando que de trata de un montaje alarmista manipulado por grupos culturales nostálgicos de una moral represiva. Acusan especialmente a la moral católica. No hacen falta palabras para refutarla; lo hacen los hechos y las estadísticas.

c. Por último, está la posición que parte, ante todo, de la visión integral de la persona humana, que busca evitar la infección y el contagio no aisladamente, sino con actos y dentro de un modelo de vida que promuevan el bien integral de la persona humana, y respeten su dignidad y la ley moral que la salvaguarda.

-Ante todo, ésta enseña que no puede intentar salvarse un aspecto humano (la salud o la vida) produciendo el detrimento de otro (como la vida espiritual o la vida psíquica) [2].

-En segundo lugar, parte de la visión integral y completa de la enfermedad que trata de evitar. Esta visión integral nos lleva a considerar, no sólo los efectos, sino también las causas de la enfermedad. Todo efecto tiene una causa, y si no queremos los efectos, debemos prevenir ante todo que no se verifiquen las causas: las goteras no se solucionan poniendo baldes sino arreglando el techo.

Hay que reconocer que muchos casos de transmisión del SIDA no están ligados a ningún comportamiento deshonesto; de hecho, muchos enfermos han contraído la enfermedad por una transfusión con sangre infectada, o en el período de gestación en el seno materno, o contagiados por el cónyuge legítimo ignorante tal vez de la enfermedad que llevaba, o bien -algún caso hay- atendiendo a los enfermos. Sin embargo, estos casos, aún siendo muchos, no son sino un pequeño porcentaje entre las demás causas de la difusión del mal del SIDA. La causa principal ha sido, y sigue siendo (como lo demuestra elocuentemente el estudio de los ambientes en que se difunde), la promiscuidad sexual y la drogadicción y, por consecuencia, el ambiente cultural en que estos dos males de nuestro tiempo se cultivan y que el Papa Juan Pablo II ha denominado «la cultura de muerte».

• En efecto, en muchos casos esta enfermedad se enmarca por un lado en la cultura hedonista que propone como ideal supremo el placer y singularmente el placer del sexo; y que por eso alienta y alimenta la promiscuidad sexual, la sexualidad prematrimonial, extramatrimonial, la homosexualidad, la bisexualidad, la degeneración sexual, la destrucción del ideal del matrimonio monogámico y fiel, y la destrucción de la familia.

• Por otro lado, se cultiva en la cultura cerrada a la vida e incluso antivida . ¿Cuántas de las manifestaciones más características de nuestro tiempo (y por las que nuestra época será tristemente recordada en la historia) no suponen acaso el desprecio y la conculcación de la vida? La sexualidad cerrada a la transmisión de la vida, el aborto, la eutanasia, la manipulación y destrucción de embriones, la guerra, la violencia, el suicidio. Y lo que es peor y el punto más elocuente de la gravedad de nuestra situación, a saber, que muchas de estas cosas que son signo de muerte, nuestra sociedad (nuestros científicos, nuestros literatos, nuestros medios de comunicación, nuestras leyes) no sólo las toleran sino que las justifican. Por eso dice el Papa en su última encíclica: «… Se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y -podría decirse- aún más inicuo…: amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual» [3]. Junto a esta justificación, el otro hecho gravísimo es la insensibilidad de nuestra conciencia: «… No menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma… le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana» [4]. Por eso decía el Papa que junto a la difusión del SIDA se ha ido también difundiendo una especie de inmunodeficiencia en el plano de los valores morales [5].

Desde este ángulo es fácil darse cuenta que es muy infantil pensar que la causa de la transmisión del SIDA podría ser el descuidado uso de las jeringas por parte de los drogadictos, o la práctica del sexo sin preservativo. No es eso, es, más profundamente, el fenómeno cultural de la drogadicción, el fenómeno de una falsa sexualidad, y la mentalidad que está detrás de uno y otro hecho.

De ahí que la campaña del preservativo o de la jeringa descartable no sean sino unclamoroso acto farisaico . Las campañas higiénicas contra el SIDA creen que protegen contra la epidemia repartiendo o aconsejando el uso de preservativos para que realicen ‘sin riesgo’ y libremente los actos sexuales y lo mismo se diga de la gratuita distribución de jeringas descartables. En realidad, con esto se va creando y promoviendo la mentalidad en la cual el SIDA se alimenta y expande. Como indica el actual secretario de la Pontificia Comisión para la Familia, Mons. Sgreccia, en las personas que practican la homosexualidad, la prostitución y la promiscuidad sexual, la ilusión o falsa seguridad del preservativo podría llevar a graves consecuencias en cuanto a la difusión del contagio.

Más aún. Con tales campañas se hacen dos actos más nefastos todavía: primero confunden las inteligencias de los incautos que creen que el sexo ‘seguro’ (?) es lícito sólo con la condición de que sea ‘seguro’. Segundo: con la excusa de ‘informar’ sobre este modo de prevenir el contagio despiertan la curiosidad y la malicia, haciendo perder la inocencia, la pureza, la castidad a muchísimos jóvenes y niños. ¿Cuántas veces, la ‘información’ para prevenir el SIDA no se ha convertido en un incentivo, en una incitación, en una invitación, en un estímulo para el pecado?

Por tanto, hay que atacar las causas, cambiar la mentalidad, cambiar los corazones y, sobre todo, educar en la virtud. Hoy en día, en muchos países se va tomando conciencia de que lo único verdaderamente seguro es la vida conyugal y familiar. Ella puede preservar de la tentación de recurrir a ambientes donde circule la droga y además porque la vida sexual intraconyugal es la única vía segura para evitar los peligros que vienen por el abuso de la sexualidad.

Esto está bien, pero no basta. El vivir de acuerdo con las leyes de la sana moral no es ni debe ser una especie de ‘profiláctico social’, es decir, que sólo hay que vivir moralmente bien para ‘no contagiarse’. No es así. Hay que vivir moralmente bien porque en ello está la perfección humana espiritual y sobrenatural, porque sólo así respetamos nuestra dignidad, sólo así maduramos, sólo así cumplimos la voluntad de nuestro Creador y sólo así alcanzamos el Fin para el que hemos sido creados.

La castidad (absoluta en quien no está casado y conyugal en quien lo está) es el mejor medio, el más seguro y eficaz, para evitar el SIDA, pero no sólo para eso. Se puede ser casto por miedo al SIDA, y eso no es virtud. Y cuando no hay virtud, seguirá latente el riesgo de que en algún momento se tire todo por la borda, especialmente cuando el único móvil es el temor a la infamia, a la enfermedad o a la muerte. Porque como nuestra sociedad va inyectando gérmenes de muerte en nuestro pensamiento, para aquéllos que no encuentran sentido a la vida, la muerte se convierte en un hecho que hay que afrontar tarde o temprano.

Por tanto, la única y la mejor prevención es el educar en las virtudes. La virtud de la fortaleza, de la caridad, de la esperanza, de la castidad… Mientras no trabajemos por este lado estaremos sembrando en un salitral.

2. La asistencia.

El segundo aspecto es la asistencia a los enfermos de SIDA. El enfermo de SIDA es un enfermo más, un ser que sufre. Cómo se contagió es algo que tiene que arreglar entre él y Dios. Moralmente estamos obligados a prestarle toda nuestra ayuda, espiritual, material, psicológica y moral se trate de quien se trate.

Es más, teniendo en cuenta que la gran mayoría de los enfermos provienen o viven en esa cultura que hemos señalado anteriormente, necesitan más que cualquier otro enfermo nuestra atención.

Ellos necesitan de nosotros:

-ante todo, todos nuestros esfuerzos materiales, médicos, económicos, para ayudarlo y tratar de sanarlos si fuese posible…
-que se les explique el sentido del sufrimiento, del dolor y de la muerte
-que se les enseñe que también por ellos murió Jesucristo en la Cruz
-que se les dé consuelo; no nos damos cuenta de cuántos son los que mueren abandonados, en la miseria de la soledad, rechazados y cuántos pueden morir desesperados por causa de nuestra indiferencia o de nuestro rechazo. Jesucristo no obró así; la Iglesia nunca obró así. Nosotros no podemos obrar así.

Si la caridad ha de ser nuestro distintivo, estos enfermos son nuestra oportunidad para vivirla y para que no nos limitemos a pronunciarla con los labios. A los enfermos no los ayudamos con Congresos sino con nuestra caridad operante. Moralmente ¿qué tenemos que hacer? Jesucristo lo dijo con palabras muy sencillas: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos y a los presos.

* * * * *

Volviendo a la parábola con la que empezamos:

-el que aconsejó al rey perfeccionar sus servicios médicos, tenía buenas intenciones, pero una estrategia insuficiente e ineficaz: tal vez podría mejorar momentáneamente la situación, pero si siguen vivas las causas que lo desencadenaron, tarde o temprano lo volverán a desencadenar una vez más;

-el que aconsejó mandarlos a la isla es la figura del hombre cómodo y discriminador, el hombre sin corazón y sin misericordia;

-el tercero es el hombre prudente: curemos a los enfermos y tratemos que los sanos cambien sus costumbres para que el mal no sea sólo ‘contenido’ sino ‘vencido’.

Empecé con una parábola, termino con otra. Un hombre baja de Jerusalén a Jericó y unos ladrones le robaron lo que tenía, lo apalearon y lo dejaron desnudo, y malherido. Pasó por allí un hombre que tenía por oficio hacer misericordia y viéndole pasó de largo porque, creyéndolo enfermo, tuvo miedo de comprometerse, de contagiarse o de arriesgarse; pasó luego otro cuyo oficio era predicar sobre la amistad entre los hombres e hizo lo mismo: no tenía tiempo porque iba ocupado pensando su próximo discurso sobre el amor a los hombres. Pasó finalmente un hombre que todos consideraban enemigo y de trato indigno, pero éste viéndolo se conmovió, limpió y curó sus heridas, y cargándolo sobre su mula lo llevó a una posada y dándole todo su dinero al posadero se lo encargó diciendo: «cuida de él y no repares en gastos; cuando yo vuelva si gastaste algo de más te lo pagaré».

Jesucristo dijo que sólo este último se comportó como prójimo del desgraciado. Jesucristo se estaba describiendo a Sí mismo, y también a nosotros, puesto que poco más tarde diría «obrad según yo os he dado ejemplo».

P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] El Dr. Miroli, rector del programa nacional del lucha contra el sida, afirmó a un periodista, después de su ponencia en el Congreso de bioética de Rosario que ’82 de cada 100 preservativos en circulación, no sirven ni para bombitas de agua’ (Cf. Boletín de la Liga por la Decencia, Rosario, marzo de 1993, p.3).

[2] Cf. Donum vitae, Introducción, 3.

[3] Evangelium vitae, nº 4.

[4] Ibid.

[5] Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 26/11/89, p. 6, nº 4.

espermiograma

¿Cuáles son las objeciones morales del espermiograma?

Pregunta:

Me dirijo a Uds. con el objeto de preguntar acerca de la posibilidad moral de la realización de un espermiograma para un análisis de esterilidad. Hace un año y medio que estoy casado y no logramos la concepción.

Respuesta:

Estimado:  

 La respuesta depende de determinados elementos morales que hay que conjugar. 

1. Técnicas

 Las técnicas de obtención del semen masculino para poder realizar un espermiograma pueden darse en tres contextos distintos:

 1) En conexión con la relación sexual:

 a) A continuación de una ‘relación interrumpida’

 b) Con el uso de preservativo

 2) Después de una relación conyugal

 a) Con el uso de preservativo perforado

 b) Recogiendo el semen en el fondo de la vagina

 c) Recogiendo el semen residual en la uretra masculina

 3) Separadamente de la relación conyugal

 a) Mediante masturbación

 b) Recogiendo el semen en la uretra tras polución involuntaria

 c) Con electroeyaculación

 d) Exprimiendo la próstata y vesículas seminales

 e) Con puntura del epididimo y del conducto deferente

 f) Mediante biopsia testicular

2. Moralidad

 La moralidad de este acto se juzga tanto por el fin cuanto por el método empleado.

 1) El fin debe ser bueno en sí mismo. De este modo:

 a) Es ilícita la obtención del semen para realizar fecundación ‘in vitro’ o fecundación ‘in vivo’ (cuando ésta última exceda una mera ‘asistencia médica’).

 b) Es lícita con fines de estudio para solucionar problemas de esterilidad, para prever posibles malformaciones genéticas en los futuros hijos, para dictaminar alguna enfermedad, etc.

 2) Pero para la bondad de un acto no basta la bondad del fin sino que es necesario que sea bueno también el medio mismo que se emplea. En este sentido hay que distinguir:

 a) Cuando la obtención del semen es independiente del ejercicio voluntario del órgano sexual lo métodos empleados no ofrecen problema moral (pueden ofrecer deficiencias técnicas en cuanto el semen no es el semen capaz de fecundar, por lo cual sirve para determinar algunas enfermedades, pero tal vez no para identificar las causas de la esterilidad masculina). Hay que colocar aquí tanto las técnicas de obtención exprimiendo la próstata y vesículas seminales, la puntura del epididimo y del conducto deferente, la biópsia testicular; asimismo, el recoger el semen después de una polución involuntaria.

 b) En cambio cuando la obtención del semen se relaciona con el ejercicio voluntario del órgano sexual, el acto de obtención debe respetar las dimensiones fundamentales del acto conyugal, es decir: tanto su dimensión unitiva y cuanto su dimensión procreativa. Esto implica:

 -Que es ilícita la obtención por: masturbación, relación interrumpida, relación condomada (con preservativo).

 -Que es lícita la obtención: recogiendo el semen en el fondo de la vagina de la mujer tras el acto conyugal; o recogiendo el semen residual en la uretra masculina después del acto.

 –Discuten los moralistas sobre la licitud sobre el uso del preservativo perforado. A. Peinador piensa que no es lícito porque pervertiría el acto conyugal[1]. Pero Mons. E. Sgreccia sostiene que en sí mismo no es objetable mientras se respete integralmente el acto conyugal. Personalmente, opino que si el preservativo perforado deja pasar gran parte del semen masculino no tiene nada de anticonceptivo y no parece perjudicar significativamente el aspecto unitivo de los esposos; en este sentido me parece suficiente la autoridad de Mons. Sgreccia[2].

P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Tratado de Moral Profesional, BAC, Madrid 1962, p. 351.

[2] Manuale di Bioetica, Vita e Pensiero, Milano 1988, p.299.

píldoras anticonceptivas

¿Es verdad que las píldoras anticonceptivas producen cáncer?

Pregunta:

Durante 8 años he tomado estas píldoras y ahora quisiera saber si es verdad esta noticia…

Respuesta:

Estimada:

Le envío la noticia completa, tomada de Aciprensa:

Las píldoras anticonceptivas y el riesgo de cáncer
Documento del Centro Médico de la Universidad de Bonn, Alemania

Las píldoras anticonceptivas se pusieron a la disposición de las mujeres estadounidenses al principio de los años sesenta. La conveniencia, efectividad y reversibilidad de acción de las píldoras anticonceptivas (conocidas popularmente como ‘la píldora’) han hecho de ellas la forma más popular de control de la natalidad en Estados Unidos. Sin embargo, una correlación entre el estrógeno y un riesgo mayor de cáncer de seno ha generado una controversia continua acerca de una posible relación entre la píldora y el cáncer.

Esta hoja informativa trata solamente de lo que se sabe acerca del uso de las píldoras anticonceptivas y el riesgo de desarrollar cáncer. No abarca el más serio efecto secundario del uso de los anticonceptivos, o sea, el riesgo mayor de enfermedades cardiovasculares en ciertos grupos de mujeres.

Píldoras anticonceptivas

En la actualidad, en Estados Unidos hay disponibles dos tipos de píldoras anticonceptivas. Las que se recetan con más frecuencia contienen dos versiones sintéticas de las hormonas femeninas naturales (estrógeno y progesterona) que son similares a las hormonas producidas normalmente por los ovarios. El estrógeno estimula el crecimiento y desarrollo del útero en la pubertad, engruesa el endometrio (el revestimiento interno del útero) durante la primera mitad del ciclo menstrual y estimula los cambios en los tejidos del seno en la pubertad y al dar a luz. En las píldoras anticonceptivas, se utilizan dos tipos de estrógenos sintéticos: el etinilestradiol y el mestranol.

 La progesterona, la cual se produce durante la segunda mitad del ciclo menstrual, prepara el endometrio para recibir el óvulo. Si el óvulo es fertilizado, la secreción de progesterona continúa, impidiendo la salida de más óvulos de los ovarios. Por esta razón, la progesterona se conoce como ‘la hormona que apoya el embarazo’ y los científicos consideran que tiene efectos anticonceptivos valiosos. La progesterona sintética que se utiliza en las píldoras se llama progestágeno o progestina. La noretindrona y el levonorgestrel son ejemplos de progesteronas sintéticas utilizadas en anticonceptivos orales.

 El otro tipo de píldora disponible en Estados Unidos se conoce como la minipíldora y contiene solamente un progestágeno. La minipíldora es menos efectiva que la píldora combinada para impedir el embarazo, por esta razón se receta con menos frecuencia.

 Los científicos han estado investigando una posible conexión entre el uso de la píldora y el riesgo de cáncer, debido a que las investigaciones médicas sugieren que el cáncer de los órganos reproductores femeninos algunas veces depende de las hormonas sexuales naturales para su desarrollo y crecimiento. Durante los últimos 30 años los investigadores médicos han puesto bastante atención en las mujeres que usan la píldora. Este escrutinio ha producido una gran cantidad de datos acerca del uso de la píldora y el desarrollo de ciertos cánceres, aun cuando los resultados de estos estudios no siempre han sido consistentes.

Cáncer de seno

El riesgo de una mujer de desarrollar cáncer de seno depende de varios factores, algunos de los cuales están relacionados con sus hormonas naturales. Los factores hormonales que aumentan el riesgo de cáncer de seno son aquellas condiciones que permiten la persistencia de niveles elevados de estrógeno durante largos períodos de tiempo, tales como una edad precoz al menstruar por primera vez (antes de los 12 años), una edad tardía para la menopausia (después de los 55 años de edad), el haber tenido hijos después de los 30 años de edad y el no haber tenido hijos. El riesgo de una mujer de desarrollar cáncer de seno aumenta según la cantidad de tiempo que ella estuvo expuesta al estrógeno.

 Debido a que muchos de los factores de riesgo de cáncer de seno están relacionados con las hormonas naturales y dado que las píldoras anticonceptivas funcionan al manipular esas hormonas, han surgido algunas inquietudes acerca de los posibles efectos de medicamentos como las píldoras en el riesgo de desarrollar cáncer de seno, especialmente si se toman por muchos años. Ya ha transcurrido tiempo suficiente desde que se introdujo la píldora para el control de la natalidad para permitir que los investigadores estudien el gran número de mujeres que la tomaron por muchos años empezando a una edad joven y que las observen a medida que ellas envejecen.

Los estudios que han examinado el uso de la píldora como un factor de riesgo para desarrollar cáncer de seno han producido resultados inconsistentes. Los científicos sugieren que los resultados pueden haber sido inconsistentes porque las participantes en estudios diferentes usaron anticonceptivos orales de dosis y formas diferentes. Además, otros factores que influyen en los niveles hormonales base en las mujeres bajo estudio pueden haber llevado a resultados diferentes entre los estudios. En general, la mayoría de los estudios no han encontrado un mayor riesgo de cáncer de seno que esté relacionado con el uso de los anticonceptivos orales. En junio de 1995, sin embargo, investigadores del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) informaron de un riesgo mayor de desarrollar cáncer de seno entre las mujeres menores de 35 años de edad que habían tomado píldoras anticonceptivas durante por lo menos seis meses, comparadas con quienes nunca las habían tomado. También observaron un riesgo ligeramente menor, aunque todavía elevado, entre las mujeres de 35 a 44 años de edad. Además, su investigación mostró un mayor riesgo entre las mujeres que tomaron la píldora durante un tiempo prolongado, especialmente quienes empezaron a tomarla antes de los 18 años de edad.

 Un análisis hecho en 1996 de datos epidemiológicos a nivel mundial, que incluyó la información del estudio de 1995, encontró que las mujeres que tomaban o habían tomado recientemente las píldoras para el control de la natalidad tenían un riesgo ligeramente elevado de desarrollar cáncer de seno. Sin embargo, el riesgo volvía a un nivel normal 10 años o más después de discontinuarla, como si nunca hubieran tomado píldoras anticonceptivas.

Para llevar a cabo este análisis, los investigadores examinaron los resultados de 54 estudios que se llevaron a cabo en 25 países, que incluyó a 53.297 mujeres con cáncer de seno y a 100.239 mujeres sin este cáncer. Más de 200 investigadores participaron en este minucioso análisis combinado de sus estudios originales, los cuales representaron cerca del 90 por ciento de los estudios de epidemiología de todo el mundo que habían investigado la posible relación entre las píldoras anticonceptivas y el cáncer de seno.

 El regreso del riesgo a niveles normales después de 10 años o más de no tomar la píldora fue consistente sin importar la historia familiar de cáncer de seno, los antecedentes de reproducción, el área geográfica de residencia, antecedentes étnicos, diferencias en los diseños del estudio, dosis y tipo de hormona y la duración del uso. El cambio en el riesgo, en general, se mantuvo con respecto a la edad en la que se empezó a tomar la píldora; sin embargo, por razones que no se comprendieron en su totalidad, hubo un riesgo que continuaba siendo elevado entre las mujeres que habían empezado a usar los anticonceptivos antes de los 20 años de edad.

Los científicos sugieren que el riesgo ligeramente elevado que se ha visto tanto en quienes usan actualmente los anticonceptivos como en quienes dejaron de usarlos hace menos de 10 años no se deba a los anticonceptivos mismos. El riesgo ligeramente elevado puede resultar de la capacidad del estrógeno para promover el crecimiento de las células cancerosas del seno que ya están presentes, más que de su capacidad de iniciar cambios en las células normales que pueden llevar al desarrollo de cáncer.

 Más aún, la observación de que el riesgo ligeramente elevado de desarrollar cáncer de seno que se vio en este estudio que llegaba a su punto más alto durante el uso de la píldora anticonceptiva, que bajó gradualmente cuando dejó de tomarse y para regresar a su nivel normal de riesgo 10 años o más después de haber dejado de tomarla, no es consistente con el proceso ordinario de carcinogénesis (el proceso por el cual las células normales se transforman en células cancerosas). Es más típico que el riesgo de cáncer llegue a su punto máximo décadas después de la exposición, no inmediatamente después. El cáncer, en general, es más probable que ocurra cuando la exposición a un carcinógeno (una sustancia que causa cáncer) es más larga o el grado de exposición es mayor. En este estudio analítico, ni la dosis o tipo de hormona ni la duración del uso afectó el riesgo de desarrollar cáncer de seno.

Cáncer de ovarios y cáncer de endometrio

Muchos estudios han encontrado que el uso de los anticonceptivos reduce en un 40 o 50 por ciento el riesgo de una mujer de desarrollar cáncer de ovarios cuando se compara con mujeres que no han usado los anticonceptivos. El estudio Cáncer y la Hormona Esteroide (CASH) de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC), junto con otras investigaciones realizadas en los últimos 20 años, muestra que entre más usa los anticonceptivos una mujer, menor es el riesgo que tiene de desarrollar cáncer de ovarios. Más aún, este riesgo menor se mantiene por mucho tiempo después de que se dejan de usar los anticonceptivos. El estudio CASH encontró que el riesgo menor de cáncer de ovarios se ha visto en mujeres que han usado los anticonceptivos durante un tiempo tan corto como 3 ó 6 meses y que esta reducción del riesgo continúa por 15 años después de que se termina de usarlos. Otros estudios han confirmado que el riesgo menor de cáncer de ovarios continúa por lo menos durante 10 o 15 años después de que una mujer dejó de tomar los anticonceptivos. Se han ofrecido varias hipótesis para explicar en qué forma los anticonceptivos puedan proteger contra el cáncer de ovarios, como la que dice que el número de ovulaciones que tiene una mujer durante su vida se reduce, pero no se conoce todavía el mecanismo exacto.

 Los investigadores han encontrado también que el uso de los anticonceptivos puede reducir el riesgo del cáncer de endometrio. Los resultados del estudio CASH y otros informes muestran que el uso de anticonceptivos de combinación pueden proteger contra el desarrollo de cáncer de endometrio. El estudio CASH encontró que el uso de la píldora de combinación durante por lo menos un año reduce el riesgo de desarrollar cáncer de endometrio a la mitad de lo que se observa en mujeres que nunca tomaron píldoras para el control de la natalidad. Además, los efectos beneficiosos de tomarlas continuaron hasta por lo menos 15 años después de haberlas dejado de tomar. Algunos investigadores han encontrado que el efecto protector de los anticonceptivos contra el cáncer de endometrio aumenta de acuerdo al tiempo que dure el uso de los anticonceptivos de combinación, pero los resultados no han sido consistentes.

 La disminución del riesgo de desarrollar cáncer de ovarios y de endometrio en las mujeres que toman anticonceptivos no se aplica a la píldora de tipo secuencial, en el que cada ciclo mensual contiene 16 píldoras de estrógeno, seguidas por cinco píldoras de estrógeno con progesterona. (Las píldoras de tipo secuencial se retiraron del mercado en 1976, de manera que pocas mujeres se expusieron a ellas.) Los investigadores creen que los anticonceptivos orales reducen el riesgo de cáncer sólo cuando su contenido de estrógeno está balanceado con el contenido de progestógeno en la misma píldora.

Cáncer de cérvix

Hay alguna evidencia de que el uso prolongado de la píldora puede aumentar el riesgo de cáncer de cérvix (la parte estrecha, más baja, del útero). Los resultados de los estudios realizados por científicos del Instituto Nacional del Cáncer y otros investigadores apoyan una relación entre el uso prolongado de la píldora (cinco años o más) y un riesgo ligeramente mayor de cáncer de cérvix. Sin embargo, la naturaleza exacta de esta relación no está clara todavía.

 Una razón por la cual la relación no está clara aún es que dos de los principales factores de riesgo de cáncer cervical (edad precoz de la primera relación sexual, especialmente a los 16 años o más joven y una historia de muchos compañeros sexuales) se relacionan con el comportamiento sexual. Ya que estos factores de riesgo pueden ser diferentes entre las mujeres que usan los anticonceptivos orales y las que no los han usado nunca, es difícil para los investigadores determinar el papel exacto que puedan tener los anticonceptivos orales en el desarrollo del cáncer cervical.

 Los dos factores principales de riesgo que contribuyen al desarrollo del cáncer cervical son también factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de la infección del virus del papiloma humano en el cérvix. Más de 30 virus del papiloma humano, de los más de 100 tipos de VPH, se pueden pasar de una persona a otra por contacto sexual. La infección del virus del papiloma humano es una de las enfermedades más comunes que se transmiten sexualmente. Ciertos virus del papiloma humano, en particular el tipo 16, se sabe que causan cáncer cervical. Comparadas con las mujeres que no toman anticonceptivos orales, es posible que las mujeres que los toman usen con menos probabilidad métodos de control de la natalidad de barrera (como los condones). Puesto que los condones pueden impedir la transmisión de los virus del papiloma humano, quienes usan anticonceptivos orales y no usan condones pueden tener un riesgo mayor de infectarse con el virus del papiloma humano. Por esto, el riesgo mayor de cáncer cervical que según algunos estudios es causado por el uso prolongado de anticonceptivos orales, en realidad puede ser el resultado de la infección de virus del papiloma humano.

 Hay evidencia de que las mujeres que toman la píldora y nunca utilizan otro método anticonceptivo de protección o que tienen antecedentes de infecciones genitales, tienen un riesgo mayor de desarrollar cáncer de cérvix. Esta relación apoya la teoría de que los anticonceptivos orales pueden actuar junto con los agentes que se transmiten sexualmente (como los virus del papiloma humano) en el desarrollo del cáncer cervical. Los investigadores continúan estudiando la naturaleza exacta de la relación entre el uso de los anticonceptivos orales y el cáncer de cérvix.

 Las etiquetas de productos anticonceptivos orales han sido modificadas para advertir a las mujeres del posible riesgo de cáncer cervical. Las etiquetas advierten también que las píldoras para el control de la natalidad no protegen contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y otras enfermedades que se transmiten sexualmente como el VPH, la clamidia y el herpes genital.

Tumores del hígado

Hay alguna evidencia de que el uso de los anticonceptivos orales puede aumentar el riesgo de ciertos tumores malignos (cancerosos) de hígado. Sin embargo, el riesgo es difícil de evaluar debido a los diferentes patrones de uso de los anticonceptivos y a que estos tumores son raros en las mujeres estadounidenses (la incidencia es de aproximadamente 2 casos por cada 100.000 mujeres). También se ha descubierto, aunque muy raramente, un tumor benigno (no canceroso) de hígado llamado adenoma hepático entre quienes toman la píldora. Estos tumores no se diseminan pero pueden reventarse y causar hemorragia interna.

 Disminución de los riesgos por medio de exámenes selectivos de detección Los estudios han encontrado que el hacerse exámenes selectivos de detección para cáncer de seno por medio de mamografías reduce el número de muertes por cáncer de seno en mujeres de 40 a 69 años de edad. Las mujeres que tienen un riesgo mayor de cáncer de seno deberán buscar el consejo del médico para saber cuándo empezar a hacerse las mamografías y con qué frecuencia hacerse los exámenes. Una mamografía de alta calidad, con un examen clínico (un examen hecho por un proveedor profesional de cuidados de la salud), es la forma más efectiva para detectar el cáncer de seno precoz.

 Las mujeres que son activas sexualmente o que lo han sido, o que casi tienen 20 años o más, pueden reducir su riesgo de cáncer de cérvix al hacerse pruebas de Papanicolaou con regularidad. Los cambios anormales en el cérvix pueden con frecuencia detectarse con la prueba de Pap y tratarse antes de que se desarrolle el cáncer.
Se recomienda a las mujeres que tienen preocupación de su riesgo de cáncer que platiquen con su médico.

______________________________________

Bibliografía:

Cáncer de seno
Brinton LA, Daling JR, Liff JM, et al. Oral contraceptives and breast cancer risk among younger women. Journal of the National Cancer Institute 1995; 87(13):827-835.
The Centers for Disease Control and the National Institute of Child Health and Human Development. Oral contraceptive use and the risk of breast cancer: The Centers for Disease Control and the National Institute of Child Health and Human Development Cancer and Steroid Hormone Study. New England Journal of Medicine 1986; 315:405-411.
Chilvers C, McPherson K, Pike MC, et al. Oral contraceptive use and breast cancer risk in young women. Lancet 1989; 1:973-982.
McPherson K, Vessey MP, Neil A, et al. Early oral contraceptive use and breast cancer: results of another case-control study. British Journal of Cancer 1987; 56:653-660.
Meirik O, Lund E, Adami HO, et al. Oral Contraceptive use and breast cancer in young women: a joint national study in Sweden and Norway. Lancet 1986; 2:650-654.
Miller DR, Rosenberg L, Kaufman DW, et al. Breast cancer before age 45 and oral contraceptive use: new findings. American Journal of Epidemiology 1989; 129:269-280.
Olsson H, Olsson ML, Moeller TR, et al. Oral contraceptive use and breast cancer in young women in Sweden. Lancet 1985; 1:748-749.
Paul C, Skegg DCG, Spears GFS. Oral contraceptives and risk of breast cancer. International Journal of Cancer 1990; 46:366-373.
Pike MC, Henderson BE, Krailo MD, et al. Breast cancer in young women and use of oral contraceptives: possible modifying effect of formulation and age at use. Lancet 1983; 2:926-930.
Romiu I, Berlin JA, Colditz G. Oral contraceptives and breast cancer: review and meta-analysis. Cancer 1990; 66:2253-2263.
Rookus MA, Van Leeuwen FE. Oral contraceptives and risk of breast cancer in women aged 25-54 years: The Netherlands Oral Contraceptives and Breast Cancer Study Group. Lancet 1994; 344:844-851.
Thomas DB. Oral contraceptives and breast cancer: review of the epidemiologic literature. Contraception 1991; 43(6):597-642.
White E, Malone KE, Weiss NS, et al. Breast cancer among young U.S. women in relation to oral contraceptive use. Journal of the National Cancer Institute 1994; 86:505-514.
Wingo PA, Lee NC, Ory HW, et al. Age-specific differences in the relationship between oral contraceptive use and breast cancer. Cancer Supplement 1993; 71(4):1506-1517.
Cáncer de ovarios y de endometrio
Brinton LA, Huggins GR, Lehman HF, et al. Long-term use of oral contraceptives and risk of invasive cervical cancer. International Journal of Cancer 1986; 38:339-344.
The Centers for Disease Control. Oral contraceptive use and the risk of ovarian cancer: The Centers for Disease Control Cancer and Steroid Hormone Study. Journal of the American Medical Association 1983; 249:1596-1599.
The Centers for Disease Control. Oral contraceptive use and the risk of endometrial cancer: The Centers for Disease Control Cancer and Steroid Hormone Study. Journal of the American Medical Association 1983; 249:1600-1604.
The Centers for Disease Control and the National Institute of Child Health and Human Development. The reduction in risk of ovarian cancer associated with oral contraceptive use: The Cancer and Steroid Hormone Study of the Centers for Disease Control and the National Institute of Child Health and Human Development. New England Journal of Medicine 1987; 316:650-655.

Cáncer de cérvix
Brinton LA. Epidemiology of cervical cancer-overview. IARC Scientific Publications 1992; 119:3-23.
Brinton LA. Oral contraceptives and cervical neoplasia. Contraception 1991; 43(6):581-595.
Brinton LA, Huggins GR, Lehman HF, et al. Long-term use of oral contraceptives and risk of invasive cervical cancer. International Journal of Cancer 1986; 38(3):399-444.
Daling JR, Madeleine MM, McKnight B, et al. The relationship of human papillomavirus-related cervical tumors to cigarette smoking, oral contraceptive use, and prior herpes simplex virus type 2 infection. Cancer Epidemiology, Biomarkers, and Prevention 1996; 5(7):541-548.
Giuliano AR, Papenfuss M, Schneider A, et al. Risk factors for high-risk type human papillomavirus infection among Mexican-American women. Cancer Epidemiology, Biomarkers, and Prevention 1999; 8(7):615-620.
Gram IT, Macaluso M, Stalsberg H. Oral contraceptive use and the incidence of cervical intraepithelial neoplasia. American Journal of Obstetrics and Gynecology 1992; 167(1):40-44.
Kjellberg L, Hallmans G, Ahren AM, et al. Smoking, diet, pregnancy and oral contraceptive use as risk factors for cervical intra-epithelial neoplasia in relation to human papillomavirus infection. British Journal of Cancer 2000; 82:1332-1338.
Lacey JV Jr., Brinton LA, Abbas FM, et al. Oral contraceptives as risk factors for cervical adenocarcinomas and squamous cell carcinomas. Cancer Epidemiology, Biomarkers, and Prevention 1999; 8(12):1079-1085.
Munoz N, Bosch FX, de Sanjose S, et al. The causal link between human papillomavirus and invasive cervical cancer: A population-based case-control study in Colombia and Spain. International Journal of Cancer 1992; 52(5):743-749.
Ylitalo N, Sorensen P, Josefsson A, et al. Smoking and oral contraceptives as risk factors for cervical carcinoma in situ. International Journal of Cancer 1999; 81(3):357-365.

Cáncer de hígado
Palmer J, Rosenberg L, Kaufman DW, et al. Oral contraceptive use and liver cancer. American Journal of Epidemiology 1989; 130:878-882.
Rooks JB, Ory HW, Ishak KG, et al. Epidemiology of hepatocellular adeonoma:
the role of oral contraceptive use. Journal of the American Medical Association 1979; 242:644-648.
Tao, LC. Oral contraceptive-associated liver cell adenoma and hepatocellular carcinoma. Cancer 1991; 68:341-347.
Revisión 5/17/02

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Cuál es la posición de la Iglesia sobre el aborto legal en caso de sida?

Pregunta:

¿Cuál es la posición de la Iglesia sobre el aborto legal en caso de SIDA?

 

Respuesta:

Estimado:

 El aborto, sean cuales sean las circunstancias en que se encuentra el feto y las condiciones de salud de éste es siempre un homicidio cualificado.

 En la Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II, puede usted leer (nº 58): ‘El aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento. La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican.

 1º Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: ¡jamás podrá ser considerado un agresor, y menos aún un agresor injusto!

 2º Es débil, inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido.

 3º Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno. Sin embargo, a veces, es precisamente ella, la madre, quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura.

 Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. A veces se temen para el que ha de nacer tales condiciones de existencia que hacen pensar que para él lo mejor sería no nacer. Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente’.

 Esta última frase sobre las posibles malas condiciones de salud condiciones del nascituro responden a su pregunta.

 En cuanto a la legislación que aprueba el aborto en algunos casos (por ejemplo, en caso de niño sidasico o de padres sidasicos), le recuerdo cuanto dice la Declaración sobre el aborto procurado, de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, nº 22: ‘Debe quedar bien claro que un cristiano no puede jamás conformarse a una ley inmoral en sí misma; tal es el caso de la ley que admitiera en principio la licitud del aborto. Un cristiano no puede ni participar a una campaña de opinión a favor de semejante ley, ni darle su voto, ni colaborar en su aplicación’. Por eso ha dicho Juan Pablo II: ‘una norma que viola el derecho natural a la vida de un inocente es injusta y, como tal, no puede tener valor de ley’ (Evangelium vitae, 90).

P. Miguel A. Fuentes, IVE