suegras

¿Dificultades entre suegras y nueras?

Pregunta:

Estimado Padre:

Tengo un hijo casado hace tres años; no sé cómo explicarlo pero yo me había imaginado que cuando él se casara las cosas serían distintas. Estoy decepcionada de mi nuera; sin ser mala no lleva la familia como a mí me parece que debe ser.  Desde hace tiempo noto en ella frialdad y rechazo hacia mí. Sé también que discuten con mi hijo por mi causa. Estoy intranquila y no sé cómo obrar. ¿Cuáles son mis deberes?

Respuesta:

Estimada Señora:

 Buscando entre mis notas, recordé esta noticia aparecida hace un par de años. Entre jocosa y seria, creo que puede servir magníficamente de respuesta a su consulta. Se titula: «La Acción Católica crea una escuela para suegras y nueras»[1].

 Comienza con este tragicómico episodio: «El técnico del teléfono no podía creerlo: “Señora, usted tiene un interfono?”, «¿No, por qué?”, “Aquí detrás del teléfono hay un cable extraño con un micrófono…”. Espionaje en plena regla. ¿Y a donde llevaba el cable indiscreto? Adivinen: directamente al apartamento de la suegra, que se encontraba abajo. La historia auténtica de la “suegra-KGB” circula en la región italiana de Reggio Emilia. La pareja espiada ha acabado separándose. Es una más de las se arruinan por culpa de la intromisión de la “mamma” en la vida conyugal».

 «Lamentablemente, la fama de las suegras no es sólo un chiste, indica la abogada Paola Mescoli que ha hecho una pequeña encuesta entre colegas y ha descubierto que tres separaciones de cada diez tienen detrás a una “mamma” que no se resigna a perder autoridad sobre el hijo adulto y casado».

 Estos hechos han ocasionado que la Acción Católica Italiana creara en Reggio Emilia la primera escuela de convivencia entre suegras y nueras. El programa prevé un mes de clases con abogados, sociólogos, psicólogos, para ayudarles a comprenderse, a aprender a comunicarse, a desarmar un conflicto que dura siglos. La sorpresa fue que ha habido inscripciones a decenas, según atestiguó la presidenta de la Acción Católica.

 «Y allí están, sentadas como escolares, codo a codo», continúa la nota. Una nuera combativa, explica: «No somos ya las nueras de antes que entraban en casa del patriarca con la cabeza inclinada». Y una suegra: «Me he obligado a no entrometerme, pero ha sido un sufrimiento». Y una ex nuera que se ha convertido en suegra añade: «He sufrido mucho, mi suegra no me habría aceptado aunque hubiese sido la reina Isabel, y yo ahora no quiero hacer sufrir así a mis hijos. Hay que romper esta rueda».

 «Hoy no se viene a las manos entre suegras y nueras –dice la abogada Mescoli– no se discute ya y quizá es peor. Se ha convertido en una batalla de posiciones». Y en esta estrategia de desgaste las suegras ganan. Tienen un repertorio sofisticadísimo de golpes bajos. He aquí una pequeña antología recogida en el aula: la suegra que limpia a escondidas el suelo para humillar a la nuera; la suegra que organiza una red de espionaje formada por el tendero, portero y peluquera; la que dice al hijo: «Ayer tu mujer bajó de un coche, no he visto quien conducía pero me parecía un hombre»; la que usa el ragú como veneno: «Te lo guiso yo porque tu mujer no es capaz»; y la más pérfida de todas, la suegra que llama por teléfono todas las noches para recomendar: «¡Quiero un nietecito!».

 «Pero las nueras no son siempre inocentes. Las escolares admiten que entran en desesperadas competiciones culinarias, desplantes, chantajes (Ya no te llevo más a los niños), etc.».

 Entre las causas se apuntan las siguientes: los hijos que permanecen en casa hasta pasados los treinta años (situación muy extendida en Italia), la convivencia forzada, la falta de servicios para la familia. Los problemas se agravan hacia el sexto o séptimo año de matrimonio, cuando la nuera explota acusando al marido de preferir a la madre. Y lamentablemente tiene razón: según una encuesta, puesto contra las cuerdas, en nueve casos sobre diez, elige a la «mamma».

 De la mujer se puede divorciar, pero de la madre no.

 «Sería mejor que pasaran por el psicólogo antes que por el juez», subraya la abogada. ¿Y qué podría hacer el psicólogo? Por ejemplo, la doctora Alessandra Cassanese recomienda «no sentir complejos de culpa si no se está de acuerdo. Es natural que la suegra tenga miedo de perder el amor de su hijo, es natural que la nuera esté celosa de la primera mujer en la vida de su marido… Basta permanecer dentro de los límites». ¿Y cómo?

 No es tan sencillo. «La suegra es el termómetro de la solidez de la pareja», indica la psicóloga. «La intromisión destruye sólo si encuentra una fisura a ensanchar». Y la fisura es el hijo. Entre dos mujeres que compiten, hay siempre un hombre débil que no sabe elegir. Debería ser él el que tendría que aprender a cortar el cordón umbilical. Si no lo hace, y luego discuten la nuera y la suegra, la culpa es suya, según han reconocido ya dos sentencias de la casación en Italia.

 Por tanto, habría que rehabilitar a la suegra, objeto de tantos chistes.

 «Es sólo una mujer que vive el momento más difícil de su vida –dice comprensiva Maria Chesi, presidenta de la Acción Católica Italiana–, el de la separación de los hijos. Ser madre se elige pero ser suegra, no. Los celos, la intromisión, son una auténtica petición de ayuda. Entonces es necesario que haya diálogo y no guerra».

 ¿Qué podemos agregar a esto? Sólo dos cosas.

 La primera se encuentra en el libro del Génesis (2,24) y la recuerda San Pablo (Ef 5,31) y Nuestro Señor: dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne (Mt 19,5).

 La segunda la leemos en la Carta a los Colosenses, y nos señala las relaciones cristianas entre padres e hijos, extensivo a suegras y nueras: Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección… Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados (Col 3,12-14. 18-21).

 

P. Miguel A. Fuentes, IVE

 

[1] Cf. Zenit, 11 de octubre de 1999.