Freud

¿Cuáles son las partes rescatables de las posturas de Freud y que armonizan con la enseñanza y la Psicología que propone la Iglesia?

Pregunta:

Quisiera que en la medida de lo posible se hiciera una separación a modo de síntesis, respecto a la doctrina de Freud, cuáles son las partes rescatables de sus posturas y que armonizan con la enseñanza y la Psicología que propone la Iglesia. Como comentario, quiero decir que he leído sobre distintos temas en vuestra página, con mucho provecho espiritual para mí; que Dios los bendiga.

Respuesta:

Estimado/a:

Le respondo con este artículo de Antonio Orozco.

Sigmund Freud: Un mito creador de mitos

La revista Europe Today (28-XII-1995) da noticia de la protesta de 50 psicólogos, historiadores y feministas, por la celebración de una exposición dedicada a Sigmund Freud en la Biblioteca del Congreso de Washington. Las críticas no han sido atendidas. La exposición no se había organizado en torno a ningún aniversario, pero la Biblioteca del Congreso dispone de la más amplia colección de cartas y objetos del fundador del psicoanálisis y ha parecido lógico que organizase una exposición sobre ese hombre que ha marcado ‘un nuevo rumbo al pensamiento del siglo XX’.

Más de 50 años después de su muerte, la personalidad de Freud (1856-1939) sigue siendo controvertida. El premio Nobel de Medicina Sir Peter Medawar, ha calificado al freudismo como ‘uno de los pasajes más tristes y extraños de la historia del pensamiento del siglo XX’. El mismo Freud sufrió, durante su vida, duras críticas que le acusaban de poco científico, subjetivo y charlatán. Su personalidad autoritaria, la tentación de convertir a sus discípulos en leales miembros de una cuasi religión y sus trabajos especulativos sobre el fenómeno religioso y sobre la civilización, hicieron que se le tomara por un loco. Pero Freud transformó las pautas del pensamiento de su tiempo. Fue una extraña mezcla de racionalista y de profeta, destruyó unos mitos y creó otros.

‘Los científicos y los psicólogos experimentales –dice Europ Today– nunca han tenido mucho tiempo para estudiar a Freud. Ha sido más sugerente en terrenos como la literatura de la mente, o para quienes querían conocer la estructura de la psique humana y todo lo que se esconde al pensamiento cotidiano’. Sea de esto lo que fuere, es difícil no ver en algunos ambientes más o menos intelectuales, que les llegan las nuevas corrientes culturales cuando entre los profesionales más especializados ya carecen de vigencia por haber sido superadas. Pasa incluso –con las necesarias salvedades, por supuesto– en centros de enseñanza de nivel supuestamente elevado y en centros de enseñanza media.

QUÉ APORTA SIGMUND FREUD

La teoría psicoanalítica de Sigmund Freud presupone una antropología de la que podríamos hablar aquí con conocimiento de causa. Pero vamos a limitarnos a transmitir valoraciones de especialistas de reconocida solvencia en antropología y psicopatología. El asunto es relevante, porque no es infrecuente que lo freudiano se encuentre más o menos explícito en clases, tertulias televisivas y radiofónicas, en escaparates de librerías corrientes, etcétera. Se lanzan ideas al aire como si fuesen tesis indiscutibles y los inexpertos en el rigor científico se impregnan de ellas, adquieren un concepto distorsionado del hombre e insensiblemente pierden (si lo tenían) el rumbo vital.

¿No son fascinantes, por ejemplo, algunas películas del genial director cinematográfico católico Alfred Hitkoch (que muchos hemos visto y, si tuviéramos tiempo volveríamos a ver con fruición)? Ahí subyace Freud y su teoría de los sueños tramando el argumento o la clave de un suspense admirable; el análisis de los sueños conduce al descubrimiento del origen de tremendos desequilibrios psíquicos, incluso al criminal de la película.

De otra parte, no pocos católicos –y no me refiero ya a Hitkoch–, con un inexplicable complejo de inferioridad ante todo lo que parece moderno, quedan deslumbrados por el aparato científico con que el freudismo se ha venido presentando desde sus orígenes (lo mismo ha sucedido con el ya obsoleto marxismo), de tal manera que ante él sienten conmoverse los cimientos de su fe. No es que deba afirmarse simplemente que el freudismo es falso por oponerse a la fe, ni que esto no sea cierto. Lo que es de subrayar es que a estas alturas de un nuevo milenio, muchos eminentes psicólogos han demostrado, o al menos mostrado, que la antropología freudiana es insostenible. En el freudismo hay mucho de discutible y mucho de obviamente falso, aunque, como en todo lo que hace furor, algo haya de verdad. Pero lo normal es que la verdad involucrada en un inmenso error pueda hallarse también en otros campos, sin necesidad de tragarse equívocos que pueden resultar estragadores.

Hay cosas, como la energía atómica, que son ambivalentes: pueden utilizarse para el bien o para el mal. Si se utilizan mal, la culpa no es de la teoría que lo ha hecho posible. Hay también teorías que son globalmente un inmenso error, aunque contengan alguna verdad, que les presta credibilidad y fascinación. Cuando se aplican éstas, el balance es siempre letal. Pero, si satisface alguna pasión humana vehemente, es difícil de ver o reconocer. Ciertos materialismos encierran una verdad: la materia es cosa buena; el placer es deseable. Pero su error es incalculable, porque distorsiona el conocimiento de la realidad -la verdad sobre el hombre, la familia, la sociedad–, que posee una dimensión y sentido trascendente a todo lo material. Por otra parte, la verdad que pueda haber en el materialismo se puede encontrar también, y con mucha mayor riqueza, en el cristianismo, que profesa nada menos que la encarnación del Hijo de Dios. El bien que ha hecho el materialismo es exiguo; el mal, inmenso.

¿Qué bien ha hecho la antropología materialista de Freud a la medicina, a la psicología, a la ciencia en general, a los enfermos? Se dice que Freud introdujo una relación más humana con el enfermo. Pero cada día son más los que cuestionan la aportación de Freud a la medicina. El reciente descubrimiento de documentos relacionados con Freud y su círculo, además de la parsimoniosa autorización para publicar otros por parte de sus herederos, han proporcionado crecientes datos sobre el hombre y sus obras. Algunos son inquietantes. El hecho es que las historias publicadas de casos clínicos de Freud registran resultados poco convincentes o lamentables.

UN GENIO DE LA PROPAGANDA

Hans J. Eysenk, profesor de Psicología de la Universidad de Londres, ha escrito un documentado ensayo que lleva por título Decadencia y caída del imperio freudiano. Después de examinar, durante lustros, casos tratados por Freud, concluye que ‘fue, ciertamente, un genio, pero no de la ciencia, sino de la propaganda; no de la prueba rigurosa, sino del arte de persuadir; no del esquema de experimentos, sino del arte literario’. Eysenck dice que aunque parezca un juicio duro, el futuro lo respaldará. Y añade que del psicoanálisis ‘sólo nos queda una interpretación imaginaria de seudo-acontecimientos, fracasos terapéuticos, teorías ilógicas e inconsistentes, plagios disimulados de los predecesores, percepciones erróneas de valor no demostrado y un grupo dictatorial e intolerante de seguidores que no insisten en la verdad, sino en la propaganda’. Eysenck denuncia, además, que los dogmas freudianos han logrado minar valores fundamentales para la civilización, subjetivizar las normas morales y perturbar el sano ejercicio de la sexualidad.

Ante acusaciones tan duras y difíciles de rebatir, algunos de sus seguidores se han defendido: ‘Freud puede no haber sido muy hábil al practicar lo que predicaba, pero ese defecto no invalida en modo alguno sus teorías generales’. Sin embargo, el abrumador número de fracasos prácticos lógicamente ha de poner en tela de juicio la teoría. Muchos son ya los científicos de prestigio que suscribirían el epitafio que el humorista Máximo puso -en una de sus viñetas de humor negro– sobre la tumbra de Freud: ‘Sigmund Freud. Amplió ilimitadamente el desconocimiento del hombre’. Hay una riada de nuevos libros que atacan a Freud y a su invento del psicoanálisis por ‘una extensa serie de errores, duplicidades, pruebas amañadas y pifias científicas’.

LOS SUEÑOS Y LA REPRESIÓN

Su conocida ‘teoría de los sueños’ supone que los sueños son fantasías repletas de deseos. Pero no se puede demostrar científicamente. De ser verdadera, ¿a qué extraños deseos corresponderían esos sueños terribles sobre sufrimientos y desastres que tenemos alguna vez? Lo cierto es que algunos sueños pueden revelar deseos escondidos, otros esconderlos y unos terceros refutar la teoría de Freud.

Para Freud toda represión sería causa de una neurosis. Adolf Grunbaum –eminente filósofo de la ciencia y profesor en la Universidad de Pittsburgh– ha publicado un libro (Validation in the clinical theory of psychoanalysi), en el que examina desapasionadamente una serie de premisas psicoanalíticas claves: la teoría de la represión (lo que Freud denominaba ‘la piedra angular sobre la que descansa toda la estructura del psicoanálisis’). Grunbaum no pretende que la idea de los recuerdos reprimidos, por ejemplo, sea falsa. Simplemente, sostiene que ni Freud ni ninguno de sus sucesores ha demostrado alguna vez la existencia de un vínculo causa-efecto entre un recuerdo reprimido y una neurosis posterior, o entre un recuerdo recuperado y una consecutiva curación. Grunbaum, como es lógico, no se satisface con una retórica más o menos brillante, exige pruebas, y no las encuentra en las teorías freudiana de los sueños y de la represión: ‘Hay que demostrar más’.

Es difícil saber por qué Freud ha dominado de forma tan profunda la imaginación del siglo XX. Existe un difícil equilibrio entre sus pretensiones ‘científicas’ y sus atrevidas especulaciones. El profesor de Cambridge John Casey afirma: ‘Creo que me he librado de la influencia de Freud, y odio la sociología freudiana, que siempre busca motivos sexuales y ‘lapsus freudianos’ en los motivos de actuación de las personas. Pero aún así no me parece posible librarme de la figura de Freud. Creo que el pensamiento de Freud ha deformado el pensamiento occidental, y que su pseudo-ciencia no dice nada nuevo sobre el mundo. Como dijo Wittgenstein, ‘en Freud no hay sabiduría, sólo inteligencia».

SEXUALIDAD Y LIBIDO

Aquilino Polaino-Lorente (Universidad Complutense) ha escrito varios libros sobre el tema y afirma que aunque los partidarios del psicoanálisis consideren a Freud como el liberador de la represión sexual del hombre, el hecho es que no sólo no hizo tal cosa, sino algo bien distinto: ‘intentó comprender la neurosis desde un punto de vista meramente sexual y lo que hizo, en realidad, fue sexualizar la neurosis. Como consecuencia, neurotizó la sexualidad humana. No deja de ser curioso -añade el profesor- que cuanto mayor es el contacto de un cliente con las interpretaciones psicoanalíticas -un contacto siempre comprometido, porque exige creer en ellas-, más frecuentemente aparecen las neurosis sexuales. ¿Puede llamarse a esto liberación sexual?’

Algo hay de verdad en las teorías de Freud, dice el profesor Polaino. Pero añade que, en conjunto, son interpretaciones sin apenas valor científico. Freud no ha liberado a la humanidad, sino que la ha humillado. Ha pretendido que el hombre no se sienta ya dueño de sus actos. Según Freud, nuestros actos responderían siempre a una motivación inconsciente, de tal manera que no quedaría espacio para la libertad: el hombre de la interpretación freudiana no es más que un autómata instintivo al servicio de la pulsión sexual, más o menos latente.

Freud, en efecto, es uno de tantos ‘liberadores’ que niegan la libertad, porque en su antropología materialista la libertad personal que confiere dominio de los propios actos, no puede por menos de naufragar en un piélago de instintos, entre los que se destaca enormemente el sexual. Pretende ‘liberar’ de supuestas represiones, de neurosis más o menos reales y no se da cuenta -no puede desde su antropología materialista- de lo que es el hombre, de lo que es la sexualidad humana, ni siquiera de lo que es la neurosis.

Para Freud y todavía bastantes psiquiatras y psicólogos actuales (cada vez menos), la religión no sería más que el efecto de conflictos reprimidos. Las actividades del yo, el pensamiento, el juicio nacerían de la libido. Freud rechazó siempre la etiqueta de pansexualismo. Pero de hecho, en su obra, la libido está en la génesis de todos los trastornos mentales. Es más, se halla también en el origen de toda la Historia, la Cultura, el Arte y la Religión, siempre productos –estos últimos– de la sublimación de la libido. El mismo desarrollo de la personalidad, desde el nacimiento a la madurez viene explicado según hipotéticas etapas de evolución del instinto sexual, dentro del cual sería normal (!) el complejo de Edipo. Casi todas las relaciones psicológicas del hombre nacerían en esa zona instintiva sexual. De modo que si no es pansexualismo lo de Freud, al menos es una hipertrofia increíble de lo sexual. En ese contexto, la vida religiosa y la moral cristiana aparece como una enajenación o fuente de desequilibrios mentales.

Es bueno, por eso, recordar lo que ya hace lustros escribía Giambattista Torelló, profundo conocedor tanto de la ciencia psquiátrica como del fenómeno religioso : ‘La vida religiosa no engendra neuróticos, sino que es el neurótico quien deforma la vida religiosa, y en determinados casos el enfermo da exclusivos o determinados contenidos religiosos a su neurosis… Sería fácil pensar, juzgando por el contenido religioso de tales neurosis, que son de origen religioso. Lo que sucede es muy distinto: la personalidad neurótica se ha adueñado de la religiosidad para manifestarse, como habría podido, por ejemplo, instalarse en la higiene, en la sexualidad o en los celos’

Especialistas en el tema aseguran que el psicoanálisis freudiano podrá desplazar seguramente el objeto de los escrúpulos de un neurótico, pero nunca curar su neurosis que se centrará, en otros objetos. Se habrá cambiado el objeto de la neurosis, pero no curado la enfermedad. Así, por ejemplo, del escrúpulo en materia sexual, se pasará a la falsa liberación de la entrega sin condiciones (a eso se llamará liberación) al abuso de la genitalidad. El psiquiatra competente, quizá no logre curar ciertas neurosis, pero no las agravará con engaños. Si una determinada neurosis hoy por hoy no es curable, la vida de fe la hará al menos más llevadera; y en modo alguno hay que excluir que la oración obtenga de Dios no sólo el alivio sino incluso la sanación del enfermo.

Vivir la religión cristiana no sólo no altera el equilibrio psíquico de las personas normales. ‘Los ideales religiosos, vividos en intensa vida espiritual, pueden prevenir, y de hecho previenen, algunos trastornos mentales, y a veces alivian e incluso curan estados en los que los medios terapéuticos han resultado ineficaces’ (Moore). C. Jung llega a afirmar que el psicoanalista tendría pocos enfermos si la gente viviera de acuerdo con los Mandamientos. Y Victor Frankl asegura que la religión ‘resulta también psicohigiénica; es más, tiene eficacia en sentido psicoterapéutico, por cuanto recoge y ofrece asilo al hombre y le da una seguridad sin par’.

Antonio OROZCO

¿Presenta internet objeciones morales?

Pregunta:

¿Presenta  Internet o su uso alguna objeción moral?

 

Respuesta:

La Internet fue creada en 1983; diez años más tarde conectaba alrededor de dos millones de computadoras y era usada por cerca de 23 millones de usuarios. Las cifras se han multiplicado vertiginosamente desde esa fecha. En la actualidad ha desbordado ampliamente su uso primario como ‘correo electrónico’ entrando en el campo de las transacciones monetarias, del desarrollo cultural e incluso de los servicios médicos.

¿Qué decir de los aspectos morales que se relacionan con ella? Internet, como la Informática en general es una obra de la técnica y desde esa perspectiva debe ser analizada. Las obras del hombre se dividen en dos clases: los actos morales, y los actos del arte o técnica; los primeros tienen por objeto directamente la persona humana del que obra de su prójimo; los segundos tienen como objeto las cosas exteriores materiales que se fabrican, construyen o transforman. La clave de todo el problema consiste en responder a la pregunta: ¿hay independencia entre la técnica y la ética o moral? Muchos reivindican una absoluta independencia (por ejemplo, en el plano de la experimentación embrional, clonación, fecundación artificial, experimentación química y atómica, etc.). Sin embargo debemos afirmar que no puede darse una independencia absoluta, y esto hay que defenderlo con todas las fuerzas pues está en riesgo la misma persona humana.

La ciencia y la técnica están al servicio de la persona humana, versan sobre realidades materiales pero siguen siendo actos de una persona humana sobre el universo material al que pertenece esa persona humana. Por eso, aunque los criterios sean diversos, el campo de la técnica debe estar subordinado al de la ética. Este es el marco: el técnico puede buscar siempre más y más el progreso técnico pero siempre subordinándose al bien de la persona humana; y debe abandonar una técnica por muy provechosa o redituable que sea cuando ella atenta contra la dignidad de la persona humana. Ha sido dicho: ‘Sería ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios orientadores no se pueden tomar ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que pueden reportar a unos a costa de otros, ni, peor todavía, de las ideologías dominantes. A causa de su mismo significado intrínseco, la ciencia y la técnica exigen el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad: deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables y de su bien verdadero e integral según el plan y la voluntad de Dios'[1].

Los actos técnicos o artísticos pueden ser bien usados o mal usados: transmitir información, perfeccionar las técnicas de comunicación visual o dominar la materia atómica, puede servir para usos moralmente buenos o para usos éticamente reprobables; el problema no es la máquina sino el hombre que la usa. ‘La ‘técnica’, entendida como un conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo, es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos de trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Pero, por otra parte, es un hecho que a veces la técnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanización del trabajo ‘suplanta’ al hombre, quitándole toda satisfacción personal y el estímulo a la creatividad y responsabilidad; cuanto quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltación de la máquina reduce al hombre a ser su esclavo'[2]. De aquí que se despierten tantos interrogantes en torno a este desarrollo tecnológico; interrogantes que ‘encierran una carga particular de contenidos y tensiones de carácter ético y ético-social'[3]. Por eso la importancia de dictaminar los criterios morales que han de regir este campo.

Esto es lo que sucede con la Informática en general y con Internet en particular. Y este es el motivo por el cual la ciencia debe estar subordinada necesariamente a la moral. Quisiera indicar los principales usos buenos y malos que presenta hoy en día Internet y el campo de acción que este fenómeno abre.

1. El buen uso

Los buenos empleos son innumerables y bien conocidos; por eso me limito a mencionar algunos.

1) En el campo de la educación permite el acceso a una mejor y más rápida documentación. Hoy en día el ingreso a las grandes bibliotecas del mundo no es algo restringido a quienes tienen los medios económicos para viajar. Las pistas informáticas han puesto documentación antes casi inaccesible a disposición de los investigadores. Lo mismo se diga con la revolución educativa introducida por los métodos interactivos en todas las materias, y de modo particular en el estudio de las lenguas. Los medios informáticos permiten hoy en día una educación a distancia con cierta eficacia; ya desde 1985 se dictan por este medio cursos y carreras completas. En la actualidad cerca de 300 universidades enseñan de esta manera.

2) En el campo de la salud y de la vida está permitiendo intercambios de información y consulta médica; por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos lanzó el 26 de junio de 1997 un ‘sitio’ en Internet llamado ‘Medline’ que compendia resúmenes de cuatro mil revistas médicas, con nueve millones de referencias; cinco meses más tarde, según el diario La Nación, recibía un millón de consultas diarias[4]. También se hacen ya intervenciones quirúrgicas con asesoramiento actual de expertos que se encuentran a distancia.

3) En el campo de la información es más que evidente su utilidad: tenemos información mundial al instante de todo tipo de acontecimientos.

4) En el campo de las relaciones humanas y sociales vale otro tanto: el correo electrónico y las otras vías de comunicación informática aceleran las relaciones, sacan del aislamiento a personas solitarias, acortan las distancias de los seres queridos que se ven alejados temporal o definitivamente, permiten mantener vivas las amistades y los intercambios de opinión, etc.

Resumiendo todo esto ha escrito hace ya algunos años el Papa Juan Pablo II hablando del porvenir del próximo milenio: ‘El desarrollo de la informática multiplicará la capacidad creadora del hombre y le permitirá el acceso a las riquezas intelectuales y culturales de otros pueblos. Las nuevas técnicas de la comunicación favorecerán una mayor participación en los acontecimientos y un intercambio creciente de las ideas…'[5].

2. El mal uso

Internet también puede ser mal usada y abusada. Señalemos entre otros problemas:

1) Ante todo, el carácter absorbente que puede revestir Internet (de modo particular el ‘navegar’ por la ‘web’). Los medios de comunicación en general son cautivantes, porque se dirigen a los sentidos que quedan como absortos por la imagen, el sonido y especialmente por la imagen en movimiento. Según datos actuales[6] el 19% de los ‘navegantes’ argentinos se internan en la web entre 50 y 100 horas semanales (¡esto significa un promedio entre 7,5 a 14,5 horas diarias!); el 17% lo hace entre 10 y 19 horas semanales y el 15% lo hace entre 20 y 29 horas. Se comprende que un fenómeno semejante haya llevado en algunos casos a rupturas familiares, separaciones, hijos que abandonan sus hogares o son puestos directamente en la calle por sus padres. Los periódicos han hablado hace unos años de un hombre en Estados Unidos que tomó conciencia de que su esposa (quien ya no le preparaba la comida, ni arreglaba la casa, ni lo acompañaba a jugar al golf) lo había reemplazado por su adicción a Internet; cuando la conminó a elegir entre Internet y él, ella eligió Internet. El uso de la computación tanto para juegos como para la navegación por Internet (y en mucho menor escala en otro tipo de trabajos) puede comportarse como una droga, produciendo una suerte de adicción compulsiva relacionada con la curiosidad y que reviste síntomas psíquicos y físicos bien definidos (problemas en la vista, dolores físicos, pesadillas, pensamientos obsesivos, aislamiento social, incapacidad de relación real, etc.).

2) El segundo problema es el fenómeno aislante que puede causar Internet. Se suele escuchar que el desarrollo de los medios de comunicación informáticos ha hecho de nuestro planeta una ‘gran aldea’, o aldea global: todos vivimos más cerca, nos conocemos, las acciones de uno repercuten prontamente en los demás… Sin embargo, existe el peligro de que esta gran aldea se convierta en un enorme desierto poblado de solitarios. Hay muchas personas que viven a gusto en las llamadas ‘ciudades virtuales’ (en las que la gente que se conecta obtiene ciudadanías, hace negocios o se encuentra con amigos sin salir de su casa[7]) pero no viven a gusto en su propia sociedad. Uno puede preguntarse si muchos de los que se conectan con cientos de ‘ciberamigos’ en realidad se conectan con ‘otras personas’, es decir, si experimentan realmente la ‘alteridad’ en sus comunicaciones, o si bien la comunicación se realiza con su propia computadora (como lo haría con un juego interactivo) a la cual sin saberlo otras personas prestan voz y pensamiento. A veces ‘los otros’ no pasan de ser un singular tamagotchi encerrado en la computadora personal que bien podría no ser una persona real sino un juego programado para dialogar con el jugador; en tal caso, ¿habría alguna diferencia? Esto significa que la multiplicidad de comunicaciones mediante la informática no constituyen necesariamente un antídoto contra el aislamiento; podemos estar viendo crecer una generación de ‘autistas informáticos’.

3) Otro problema grave que se presenta relacionado con Internet es el servicio que la Red puede prestar a la canalización de ideologías y de comportamientos desviados. Dos son los fenómenos más relacionados con este peligro: la propaganda pornográfica y la propaganda sectaria.

a) La propaganda sectaria. La dificultad de controlar la información ofrecida en Internet permite que la red informática se convierta en canal de proselitismo sectario. Peligro que se agudiza en nuestro tiempo pues, como ha dicho Hank Hanegraff, presidente del Instituto de Investigación Cristiana: ‘a medida que nos acercamos al fin del milenio, los cultos religiosos y pseudocristianos hacia los OVNI aumentan'[8]. Es bien conocido el caso de Marshall Applewhite, fundador de la secta ‘Heaven’s Gate’, que se suicidió el 26 de marzo de 1997 en Rancho Santa Fe, California, con 38 correligionarios, creyendo que de este modo se engancharían en la cola del cometa Hale Bopp donde los esperaba una nave redentora extraterrestre. Los miembros de esta secta hacían prosélitos por medio de Internet, y un año antes de su suicidio colectivo habían puesto a disposición e todos los usuarios de Internet una página Web con un manual de 400 páginas donde se ilustraban los contenidos y fines de la secta, así como los preparativos de su muerte. Nadie hizo nada para impedirlo ni para evitar que algunos descarriados los siguiesen. Algunos periódicos informaban del suicidio diciendo: ‘tragedia anunciada por Internet'[9]. Tomás E. Martínez ha escrito en La Nación el año pasado un artículo que tituló ‘Cuidado con el Apocalipsis’; entre otras cosas escribía: ‘Dos o tres veces por semana aparecen en mi correo electrónico mensajes de jóvenes que tienen entre 16 y 22 años y que se imaginan a sí mismos reencarnaciones de Evita Perón o del Che Guevara… Si el intercambio se prolongaba a dos o tres cartas, cualquiera de mis frases era aprovechada para aludir al Apocalipsis, a la muerte próxima, al anticristo inevitable'[10]. Hay muchos predicadores apocalípticos al asecho; Internet se está convirtiendo en una plataforma de propaganda. Desde este punto de vista, la proximidad del Tercer Milenio combinado con una Internet sin control puede convertirse en un ‘caldo de cultivo sectario’ sobre el que se derrama un peligroso catalizador.

b) Junto a esto hay que señalar la amenaza no menos preocupante de la pornografía desenfrenada que ha encontrado en el campo de la informática una nueva fuente comercial. Hoy se habla corrientemente de sexo tecnológico, de ciberporno, sexo virtual, etc. En un informe publicado en Inglaterra en 1994, se establecía que la pornografía por computadora afectaba al 10% de los colegios secundarios británicos y, además, que ya estaba presente también en las escuelas primarias; según las cifras oficiales del mismo país, el 2% de los niños entre 5 y 11 años ya han ‘tragado’ pornografía informática alguna vez[11]. La pornografía ofrece muchas variantes en el campo informático:

-Versiones de las revistas pornográficas.

-Juegos de computación pornográficos de todo tipo. Algún vendedor de estos productos confiesa que recibe 10 pedidos de juegos pornográficos por cada 2 juegos de ajedrez que vende. En Europa en los últimos meses (escribo esto en junio de 1998) la empresa italiana Peruzzo Informática ha lanzado ya ‘Mujer Virtual’, una ‘Tamagotchi para adultos'[12].

-También hay que señalar las conexiones pornográficas ‘on line’.

-Señalo también el llamado ‘sexo virtual’ que mediante programas interactivos y diversos accesorios (casco, auriculares, guantes sensoriales, prótesis tecnológicas, etc.), simulan el partner sexual.

-La red se ha convertido en un campo de publicidad de la prostitución, e incluso en un espacio libre para los pederastas: la prostitución infantil y el abuso de menores ha encontrado entre muchos niños que son usuarios habituales de Internet y navegantes solitarios de la red un coto de caza sin guardianes.

Este bombardeo pornográfico que se ha incrementado al encontrar el cauce de Internet, es responsable, según autorizadas investigaciones psiquiátricas y sociológicas, de numerosos efectos constatables en forma creciente en nuestro tiempo como, por ejemplo: la insensibilización social ante comportamientos desviados y ante los casos de violación femenina e infantil, el interés morboso por la desviación sexual, el aumento de la hostilidad y la violencia individual y social, la insatisfacción sexual dentro y fuera del matrimonio, en algunos casos es causante de hondas angustias y tentativas de suicidio, y, al no superar la actitud de egoísmo fundamental que caracteriza al comportamiento pornográfico, también es responsable de crear personalidades neuróticas, utilitaristas, antisociales, antisexuales, afectivamente retrasadas y frustradas.

4) Otro peligro es el de una mal entendida globalización cultural. Los contactos culturales son sumamente importantes y buenos. Pero realizados como hoy en día se llevan a cabo pueden comportar la pérdida de las diferencias culturales en lo que éstas tienen de enriquecedoras. Con la globalización cultural corremos el riesgo de crear una ‘subcultura’: una cultura chata, forjada de comunes denominadores, con un idioma pobre compuesto de palabras técnicas claves pero desprovistas de sentido. Hay también un peligro serio y cierto de ‘colonialismo cultural electrónico’. Una dependencia total de los medios de comunicación globales puede hacer perder los valores propios de cada cultura o país: su lengua, sus cantos, sus bailes, usanzas, pintura, arquitectura, historia, instituciones, etc., y ser reemplazados por los de otra cultura, incluso inferior. Y esto es muy grave, pues un pueblo sin identidad cultural propia, es un pueblo sin conciencia, sin personalidad, apático, frío y triste; es un pueblo que agoniza desnudo en una calefaccionada sala de terapia intensiva globalizada.

5) Otro peligro es el de dar supremacía a lo mediatico sobre lo inmediato o como ha dicho un autorizado autor, ‘la tendencia a las experiencias secundarias’. La Internet pone a nuestra disposición una enormidad de recursos culturales, intelectuales, musicales, pictóricos, turísticos, informativos, etc. Debemos saber usarlos sin caer en gustos desequilibrantes. Hoy en día se corre el riesgo de crear una cultura de lo secundario: muchas personas en lugar de contemplar las obras de arte prefieren leer lo que se dice acerca de las obras de arte; en vez de experimentar un concierto en directo prefieren escucharlo en un buen reproductor de CD; en lugar de ir a un museo prefieren pasear por sus galerías desde el acceso fácil que les da su computadora o simplemente coleccionar en fascículos las reproducciones pictóricas más famosas. Este es el mundo de la experiencia indirecta, origen de una cultura ‘fast food’. La Internet puede aumentar esta tendencia poniendo al alcance de nuestro modem las bibliotecas, los museos, los paisajes, la música y la geografía del mundo entero. Hay que saber poner las cosas en su lugar. Nunca lo mediato será mejor que lo inmediato. Lo mediato es sólo un reemplazo de lo inmediato por nuestras limitaciones; pero debemos tratar de superar nuestras limitaciones y no ceder a la tentación de convertirnos en turistas cibernéticos, músicos cibernéticos, amigos cibernéticos, profesores cibernéticos… porque simplemente no hay hombres cibernéticos, en todo caso hay seres frustrados como hombres por culpa de una cibernética mal digerida.

6) Finalmente, indico como problema el posible empobrecimiento intelectual de los adictos a la navegación por Internet. Ya mencioné que la adicción a Internet tiene que ver con el vicio de la curiosidad, exacerbada por la capacidad atractiva de los medios audiovisuales. Un gran campo de la ‘navegación’ tiene como finalidad la investigación; ciertamente esto no ofrece problemas, sino todo lo contrario. Pero un amplio margen de esta actividad tiene como única finalidad el satisfacer la curiosidad, frecuentar juegos, o el simple intercambio electrónico. Cuando el tiempo que consume es elevado comienza a tener repercusiones graves en el plano intelectual del usuario. Giovanni Sartori, famoso politicólogo italiano, ha publicado un libro titulado ‘Homo videns. La sociedad teledirigida'[13]. El ‘hombre vidente’ es el que se forma y crece teniendo ante sus ojos imágenes; el autor sostiene que el acto de ver (sensitivo) empobrece y atrofia la capacidad de entender y comprender abstracciones. Esto, que tiene una aplicación principal respecto de la Televisión, también se puede verificar, en los casos que hemos indicado, para la navegación indiscriminada.

3. Los nuevos areópagos

Con gran inspiración escribió en 1990 el Papa Juan Pablo II: ‘El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola ‑como suele decirse‑ en una ‘aldea global’. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizá se ha descuidado un poco este areópago'[14].

Este texto de Juan Pablo II dice una enorme verdad: los medios de comunicación son el principal instrumento no sólo de información sino de formación e inspiración para los comportamientos de todo tipo: social, individual y familiar. Sobre la base y el modelo que transmiten estos medios se estructura y forma el futuro modelo de humanidad, de civilización, de sociedad, de familia y de persona, para los miembros de las nuevas generaciones totalmente impregnadas en esta realidad.

Debemos ser capaces de insertarnos en este fenómeno y tratar de canalizarlo, guiarlo y enmarcarlo moralmente para que sea una realidad al servicio del hombre. Esto requiere muchas exigencias:

1) Para los políticos: establecer una legislación sobre este campo que sea respetuosa de la auténtica libertad y no del libertinaje, recordando para esto que ‘la libertad depende fundamentalmente de la verdad. Dependencia que ha sido expresada de manera límpida y autorizada por las palabras de Cristo: Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,32)'[15].

2) Para los educadores (padres de familia, maestros, profesores, etc.): forjar en los jóvenes y niños la capacidad del autodominio para que no se dejen arrastrar y absorber por algo tan subyugante como es la cultura de la imagen. Junto a esto hay que formarles criterios de discernimiento para que puedan juzgar y distinguir lo bueno y lo malo en estos medios. Finalmente, hay que educarlos para que sepan posponer los fenómenos mediáticos ante la experiencia inmediata, la relación familiar, social y amical.

3) Para los trabajadores de la información: que tomen conciencia del valor fundamental de la verdad y que reconozcan que no es la ‘masa’ de la información lo que forja las inteligencias y las culturas (por el contrario, puede banalizarlas y hacerlas superficiales) sino la calidad y esencialidad de los conocimientos transmitidos.

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Introducción, 2.

[2] Juan Pablo II, Laborens exercens, 5.

[3] Ibid.

[4] Cf. La Nación, 5 de noviembre de 1997, 6ª sección, p.4.

[5] Juan Pablo II, Dives in misericordia, 10.

[6] Cf. La Nación, 24 de mayo de 1998, p.15.

[7] Cf. La Nación, 23 de junio de 1997, 5ª Sección, p. 3-4.

[8] Cf. La Nación, 31 de marzo de 1997, p.2.

[9] Cf. La Nación, 29 de marzo de 1997, p.3.

[10] Cf. La Nación, 11 de abril de 1997, p.21.

[11] Cf. Europe Today, nº 118, 22 de junio de 1994.

[12] Cf. Los Andes, 7 de junio de 1998, p.6.

[13] Cf. La Nación, 7 de junio de 1998, 4ª Sección, p. 9.

[14] Juan Pablo II, Redemptoris missio, 37; cf. Tertio millennio adveniente, 57.

[15] Juan Pablo II, Veritatis splendor, 34.

¿Es lícito practicar deportes de alto riesgo como el boxeo, la escalada libre o el alpinismo?

Pregunta:

¡Paz y bien en el Señor! Quisiera saber cual es la valoración moral de los deportes extremos o de quienes practican los deportes extremos como el salto en bongee, paracaidismo, buceo entre tiburones, vuelo en ala delta, navegar entre rápidos, escalada libre, corridas de toros… entre otros. ¿Cómo se puede orientar a la gente que practica este tipo de cosas? De antemano agradezco su respuesta. Gracias.

Respuesta:

Estimado:

‘La norma que preside todas las manifestaciones deportivas en orden a los eventuales peligros a que puede exponerse el hombre se remonta al quinto mandamiento: no matar, no abreviar tu vida, no insidiarla, no perjudicar tu propio organismo. Nuestra vida es un capital que es preciso cuidar de los modos y maneras más parecidos a una sabia administración. Si el cuerpo y el espíritu lo exigen para reforzar las estructuras originales y el desarrollo de las capacidades superiores, el organismo puede ser sometido a deportes que incluso comportan cierto riesgo de lesiones‘ (G. Perico, voz ‘Deporte’, Diccionario Enciclopédico de Teología Moral, Paulinas 1980, p. 200).

La clave para acertar en un juicio moral depende del factor ‘riesgo’.

Los riesgos de una actividad pueden surgir de dos fuentes diversas:

a) Los riesgos se consideran debidos a factores extrínsecos, cuando no están en la intención misma de tal o cual deporte ni se siguen necesariamente del ejercicio de ese deporte. Así por ejemplo, en el automovilismo el riesgo que depende de las situaciones climáticas adversas, o desperfectos en las máquinas de carrera, o del ejercicio de ese deporte más allá de ciertos límites de velocidad o en determinados circuitos poco seguros.

Este tipo de riesgos extrínsecos, a su vez, habrá que ver si son previsibles o no, y si son graves o leves.

Juicio moral: cuando el riesgo es debido sólo a factores extrínsecos, es lícita toda actividad deportiva mientras se ponga en acto, antes y durante el desarrollo de tal actividad, todas las medidas capaces de reducir el grado de riesgo al mínimo posible, hasta el punto de dejar subsistir sólo un cierto riesgo dependiente de factores incidentales imprevisibles. Dicho de otra manera: mientras subsisten peligros que pueden ser eliminados, no es moralmente lícito exponer la vida o la salud, porque esto equivaldría a posponer la vida a otros valores inferiores a ella.

Además hace falta un motivo justificado para desarrollar una actividad que, aunque sea incidentalmente, comporta un mínimo de riesgo. Son motivos suficientes la educación del carácter o de la voluntad, la sana diversión, la utilidad para la vida física individual o social, etc.

En esta categoría pueden colocarse el montañismo, el motociclismo, el automovilismo, etc., cuando las medidas de seguridad optimizan las condiciones del ejercicio de estos deportes (poniendo límites a la velocidad, equipamiento obligatorio, preparación física suficiente, etc.).

Evidentemente, también hay que tener en cuenta que aquello que no representa un riesgo próximo para una persona suficientemente entrenada, sí puede representar un riesgo grave para otra no suficientemente preparada. Así mientras para algunos es lícito, no lo es para otros.

b) Los riesgos se consideran debidos a factores intrínsecos cuando el peligro es intrínseco a la naturaleza de la actividad o del deporte en cuestión. Por ejemplo, en el boxeo, el riesgo de golpear la cabeza del púgil es intrínseco, pues tales golpes están en la intención y en la técnica del mismo deporte: se intenta dejar al adversario en condiciones de no poder continuar combatiendo.

Este tipo de riesgos son siempre previsibles. Habrá que ver si son graves (o sea, que implican peligro para la vida, o daño notable para la salud) o leves.

Juicio moral: los riesgos intrínsecos graves que tienen una relación de causa-efecto con el deporte que los causa son ilícitos e inmorales. El deber que se impone es quitar la causa, es decir, eliminar la actividad. El motivo es que no es lícito exponerse a actividades innecesarias que comportan peligros graves ineliminables.

La mayoría de los moralistas considera como el ejemplo más notorio de este tipo de actividades ilícitas el boxeo, al menos el boxeo profesional. En la segunda mitad del siglo XX se conocen aproximadamente unas 400 muertes producidas sobre el ring. Sin llegar a tanto, es evidente que entre las consecuencias de este deporte se han de enumerar las lesiones cerebrales que implican un acortamiento de la vida y pérdida de lucidez en las facultades mentales (al punto que se habla de la encefalopatía crónica progresiva como la enfermedad de los boxeadores profesionales).

A esto hay que añadir que esta actividad (que no puede ser encuadrada propiamente bajo el concepto de deporte) despierta en quien la practica y en los espectadores la ‘saevitia’ (violencia en el sentido de crueldad), es decir, el complacerse en el sufrimiento físico del prójimo, lo cual ‘es una especie de bestialidad, pues tal delectación no es humana sino bestial, proveniente o de la mala costumbre, o de la corrupción de la naturaleza como las demás afecciones bestiales’ (Santo Tomás, II-II,159). El mismo vicio se extiende frecuentemente a los espectadores y hay que tener en cuenta que es reprobable todo cuanto fomenta el interés complacido y la fruición por los gestos de violencia.

A este tipo de actividad pueden equipararse otros ‘deportes’ que implican lucha con violencia y daño propio y del adversario. No entra, en cambio, en esta categoría (sino en la anterior) el llamado ‘boxeo de palestra’ (y todos aquellos modos de lucha se equiparan a él) que sólo es un ejercicio de músculos con tales garantías de seguridad que casi eliminan todo tipo de riesgos.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía:

Elio Sgreccia, Manuale di Bioetica, Milano 1991, II, pp. 330-333.

Ciccone, L., Non uccidere, Milano 1988, p. 408-427.

suicidio

La gente que se suicida, ¿tiene posibilidad de ir al cielo?

Pregunta:

La gente que se suicida, ¿tiene posibilidad de ir al cielo?

 

Respuesta:

Estimado:

Lo que impide a una persona entrar o no al cielo (es decir salvarse o no salvarse) es el morir en estado de gracia, o sea, sin pecado mortal. Para que una persona cometa pecado mortal es condición necesaria:

1º que haya materia grave (este es el elemento objetivo de todo pecado),

2º que tenga conciencia plena de que es algo grave y

3º que consienta perfectamente al acto grave (estas últimas condiciones son los elementos subjetivos que se requieren para que haya un acto sustancialmente humano).

En el caso del suicido se trata ciertamente de materia grave, pues la vida humana (la propia y la ajena) son bienes fundamentales de la persona custodiados por los mandamientos de la ley natural y por los diez mandamientos de la Ley divina. Hay que ver luego, en cada caso particular, si la persona estaba en plena posesión de sus facultades como para hacer un acto plenamente humano. A continuación trataré de esbozar los principios generales para poder hacer un juicio aproximado de este doloroso fenómeno(se puede consultar lo siguiente en: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, cuestión 64, 5; LINO CICCONENon Uccidere, Ed. Ares, Milán 1988, p. 107ss; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2280-2283).

1. Nociones y datos generales

El suicidio consiste propiamente en producirse la muerte a sí mismo por propia iniciativa o autoridad, ya sea mediante una acción o una omisión.

Se divide en suicidio directo e indirecto, según la muerte se intente directamente o sólo sea permitida buscando otra finalidad (como quien, intentando salvar a otra persona, arriesga su vida y muere).

Lo consideraron lícito por principios filosóficos Hume, Montesquieu, Bentham, Schopenhauer, Nietzsche, algunos estoicos como Séneca; más cercano a nuestros tiempos, el existencialismo hizo de él un valor positivo, como ‘la última libertad de la vida’ (Jaspers). Algunos lo han defendido por cuestiones de honor patriótico, militar o personal.

Los datos estadísticos son escalofriantes, aun teniendo en cuenta que los datos oficiales son inferiores a la realidad. La relación que suele establecerse entre suicidios efectivos e intentos de suicidio varía según los diversos autores que se consulte: unos dicen que se llega a un suicidio cada tres intentos; otros afirman que por cada suicidio hay diez intentos fallidos; por tanto, como término medio, puede decirse que por cada suicidio hay al menos cinco intentos frustrados. Ahora bien, la OMS (Organización Mundial para la Salud) indicaba en 1976, que cada día se suicidan en el mundo 1000 personas (lo que indicaría que otras 4000 o 5000 lo intentan sin llegar a él); aproximadamente 500.000 lo hacen por año (y por tanto, 2.500.000 quedan en el intento).

2. Juicio moral

La tradición cristiana, la doctrina del Magisterio y la reflexión teológica no han tenido ninguna duda sobre la inadmisiblidad moral del suicidio. Si ha habido alguna evolución ha sido sólo en torno a la valoración de la culpabilidad y responsabilidad subjetiva del que se suicida o intenta hacerlo.

Para no hacer un juicio erróneo, es necesario distinguir entre el juicio ‘objetivo’ sobre el suicidio, y el juicio sobre ‘la responsabilidad subjetiva’ del suicidio.

a) Valoración objetiva del suicidio

Como ya ha indicado Santo Tomás, el suicidio directo, objetivamente considerado, es un acto gravemente ilícito, por tres razones principales:

1º Porque es contrario a la inclinación natural (ley natural) y a la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo.

2º Porque hace injuria a la sociedad a la cual el hombre pertenece y a la que su acto mutila: la priva injustamente de uno de sus miembros que debería colaborar al bien común.

3º Porque injuria a Dios: ‘la vida es un don dado al hombre por Dios y sujeto a su divina potestad que mata y da la vida. Por tanto el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo… A sólo Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida…’ (Santo Tomás).

Pío XII lo calificó de ‘signo de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana’ (discurso del 18/II/58). El Concilio Vaticano II lo colocó con otros delitos que atentan contra la vida misma, juzgados como ‘cosas… vergonzosas’ que ‘atentan la civilidad humana… y constituyen el más grave insulto al Creador’ (Gaudium et spes, 27). En la Declaración sobre la eutanasia (26/VI/80) se afirma: ‘La muerte voluntaria, es decir, el suicidio, es inaceptable a la par que el homicidio. Toda la doctrina del Magisterio ha sido resumida por el Catecismo Universal en los nn. 2280-2283.

La Sagrada Escritura no se ocupa de él pero es legítimo verlo incluido en el mandamiento que dice: No matar (Ex 20,13). Ya San Agustín lo había interpretado de tal manera: ‘No es lícito matarse, ya que esto se debe entender como incluido en el precepto No matar, sin ningún agregado. No matar, por tanto, ni a otro ni a ti mismo. Porque efectivamente, quien se mata a sí mismo, mata a un hombre’ (De civitate Dei, I,20).

En cuanto al así llamado suicidio indirecto (es decir, quien pierde la vida a causa de otra acción, como el médico o la religiosa que se contagia gravemente atendiendo enfermos y muere por esta razón) es también ilícito, a no ser con causa gravemente proporcionada. Aunque la acción que indirectamente produzca la muerte pueda no ser mala o incluso buena (como en el ejemplo dado: el acto de caridad de cuidar un enfermo gravemente contagioso), se requiere causa justa y proporcionada para permitir la propia muerte. Es lícito arriesgar apelando al principio de doble efecto; en este caso, las condiciones que debe reunir la acción, para ser lícita, han de ser: 1º que la acción u omisión sea buena o indiferente; 2º que se siga también un efecto bueno (y con la misma o mayor inmediatez del malo); 3º que solo se intente el bueno; 4º que haya una causa proporcionada (como puede ser el bien de la patria, el bien espiritual ajeno, el ejercicio de una virtud, etc.).

b) El juicio sobre la responsabilidad subjetiva

Otra cosa es la valoración de la responsabilidad moral del suicida. Hasta el siglo pasado era común juzgar al suicida como responsable de su gesto, y por tanto, culpable de su acción. Hoy en día, tanto la situación social, cuanto la formación moral del hombre moderno, obligan a tener otros criterios de valoración.

Dicho de otro modo:

1º dada la situación social potencialmente cargada de mentalidad suicida;

2º dado el elevado número de sujetos psíquicamente frágiles e incluso disturbados mentalmente;

3º y dado, por último, los escasos o casi nulos valores morales que pueden contrarrestar la mentalidad antivida reinante…

… podría admitirse que: en los casos en que faltan elementos para juzgar que un suicidio es plenamente voluntario, puede presumirse que la persona que se ha quitado la vida no ha gozado de suficiente responsabilidad moral, o incluso, en algunos casos, ha sido totalmente irresponsable. Se podría decir que, en muchos casos, lo que debe demostrarse es la ‘total responsabilidad’ del suicida.

De todos modos, hay que decir que en muchos casos sí hay ciertos elementos que pueden servir de guía para elaborar un cierto juicio sobre la responsabilidad objetiva del suicida (dejando, por supuesto, el juicio último únicamente a Dios). Así, por ejemplo, indican responsabilidad plena en un suicidio: el hecho de que éste haya sido preparado fríamente, o por largo tiempo, o con motivaciones precisas, o por una persona psíquicamente sana. También el que la decisión haya madurado dentro de una concepción de vida en la que no hay lugar para Dios o en la cual no se encuentra sentido a la vida por principios filosóficos (aunque sean vulgares).

En cambio, son indicios de responsabilidad incompleta: el suicidio impulsivo, el suicidio realizado bajo el shock de una tragedia, el suicidio ocurrido en contraste con toda una vida o una concepción de vida en la cual no parece haber lugar para el mismo, o, finalmente, el suicidio realizado por sujetos psíquicamente alterados.

3. Responsabilidad social

Gran responsabilidad por el fenómeno del suicidio corresponde a la misma sociedad, en cuanto ejerce o permite influencias que llevan a tal desenlace. Entre estos elementos cabe señalar:

a) La disgregación de los grupos primarios, especialmente la familia; la desaparición o al menos el enrarecimiento de las relaciones familiares (con el consecuente predominio de las relaciones de tipo funcional y utilitaristas) conducen al aislamiento de los individuos, condenándolos a afrontar solitariamente los problemas personales más profundos de la persona.

b) La proposición de ‘valores’ que no satisfacen las exigencias más profundas del alma (bienestar, afirmación personal, riqueza, hedonismo, culto de la personalidad, el divismo o idolatrización de algunos personajes públicos).

c) La negligencia en formar el carácter de sus miembros con una educación humana auténtica. Esto, en vez de robustecer las estructuras psíquicas, las debilita. Surgen de aquí notables debilidades psíquicas.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

animales

¿Hasta que punto es lícito hacer sufrir a los animales?

Pregunta:

Buenos días: Mi nombre es C. y soy de Puerto Rico. Quisiera saber qué comenta la Iglesia católica y los cristianos acerca de la cacería como deporte y la matanza continua y salvaje de los animales quienes también son la creación de Dios. Le agradecería muchísimo que pudiera contestarme. Gracias.

Respuesta:

La enseñanza de la Iglesia sobre este punto está resumida en el Catecismo de la Iglesia nn. 2414-2418:

‘El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación.

Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE