procesión

¿Cuál es el origen de la procesión?, ¿Cuál su significado teológico?

Pregunta:

Estimado Reverendo Padre: Estoy haciendo una tesis de grado optando por la licenciatura de Comunicación Social, el tema es La Procesión de viernes santo: semióloga e historia. Es un tema muy interesante ya que trato subtemas como religiosidad popular, cofradías y hermandades, etc. Sin embargo no he encontrado todavía algún dato bibliográfico a cerca de la historia a nivel mundial y el significado científico de ella. Le agradecería mucho, si puede ayudarme al respecto: ¿cual es el origen de la procesión?, ¿cual su significado teológico?, ¿cual la relación identidad-religión en ella? Muchas gracias de antemano. Francia.

Respuesta:

Estimada:

Las procesiones como rito religioso, es decir, como una manifestación de culto público a la divinidad, se encuentra en todos los pueblos y religiones. Como acto de culto se celebraban también en el Antiguo Testamento. La Iglesia ha adaptado e incorporado esa tradición religiosa natural y espontánea al culto cristiano, depurándola y reservándola para algunas ocasiones especiales. En el Código de Derecho canónico se encuentra una especie de definición: ‘Bajo el nombre de sagradas procesiones se da a entender las solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente da un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino’ (canon 1290,1)

Las procesiones de los cultos paganos eran, en general, muy frecuentadas. Se daban tanto en las religiones mistéricas, como en las religiones étnico-políticas o nacionales. En el Antiguo Testamento, al menos una docena de salmos hacen referencia a una procesión o peregrinación. También puede ver: 2 Sam 6,1ss y 1 Cro 16 donde se describen solemnes pompas, con cantos de salmos y gran júbilo del pueblo, que celebraban el traslado del Arca, y también 1 Re 8 y 2 Cro 5. Los judíos realizaban procesiones para Pascua, Pentecostés y para la fiesta de los Tabernáculos, y se dirigían a Jerusalén.

En los primeros siglos de la era cristiana fue muy común ver reunidos a los cristianos, aun en tiempo de persecución, para llevar en procesión a los cuerpos de los mártires hasta el lugar de su sepulcro; así lo cuentan las Actas de los martirios de S. Cipriano y de otros muchos. Pronto los fieles comenzaron a acudir en peregrinación a visitar los Lugares Santos: Belén, Jerusalén, etc. (hay testimonios explícitos ya en el s. III) Y también acudían de diversas partes a visitar, en Roma, los sepulcros de S. Pedro y S. Pablo, y los cementerios de los mártires; en Asia Menor, el de Santa Tecla; en Nola, el de S. Félix; y así un sinfín de lugares más. Tras la paz de Constantino surgieron otras formas procesionales. En Roma las procesiones de las ‘Estaciones’ donde el Papa celebraba la liturgia en las grandes solemnidades. En Jerusalén, la peregrina Eteria habla de cómo toda la comunidad, los días señalados (como el Domingo de Ramos, por ejemplo), marchaban en procesión a uno de los Lugares Santos (Calvario, Monte de los Olivos, etc.) para conmemorar un acontecimiento de la salvación y celebrar después la Eucaristía. Y así hay un sinnúmero de testimonios desde los primeros siglos cristianos de la costumbre de celebrar procesiones.

En la Edad Media continuó la práctica de celebrar procesiones públicas. Los protestantes atacaron fuertemente esta costumbre, por eso el Concilio de Trento aprobó tan laudable costumbre. Después de Trento, los papas han mandado celebrar en diversas ocasiones procesiones públicas.

En cuanto al sentido y valor de las procesiones hay que tener en cuenta que la Iglesia en esta tierra es un pueblo inmenso que avanza en procesión hacia la Ciudad Eterna, la Jerusalén celestial (Ap 7, 1 – 12). Así, pues, las procesiones tienen el alto significado de anticipar simbólicamente el misterio último de la Iglesia, que es la entrada en el Reino Celestial; las procesiones ponen de manifiesto el gran misterio de la Iglesia en constante peregrinación hacia el cielo. Además de esto, son un acto de culto público a Dios, que al mismo tiempo lleva consigo un carácter de proclamación y manifestación externa y pública de la fe. Y con todo ello ayudan a la oración y a los deseos de mejor (ir hacia adelante). La prohibición de las procesiones ha sido siempre uno de los episodios tristes y característicos de la lucha contra el cristianismo y la Iglesia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

confesarme

¿Cómo hacer para confesarme?

Pregunta:

Siendo Católica y mas o menos practicante, ¿qué se ha de hacer para realizar una buena confesión cuando se ha estado varios años sin hacerla? Siento la necesidad de recibir la comunión, pero hace mucho tiempo que no me confieso. Ayúdeme, pues realmente, no sé por dónde empezar.

 

Respuesta:

Estimada:

Me alegra mucho su decisión de acercase a la confesión.

Sobre la necesidad de confesarse puede usted leer lo que dice el Catecismo de la Iglesia, al hablar del sacramento de la Reconciliación.

Para hacer una buena confesión debe hacer un buen examen de conciencia, tratando de recordar los pecados cometidos contra cada uno de los mandamientos de la ley de Dios. Le envío algunas reglas prácticas para confesarse:

MODO PRACTICO DE CONFESARTE

1. Antes de la confesión rece lo siguiente (no es necesario hacerlo pero puede ayudarle mucho):

Jesús, Salvador mío, concededme la gracia de confesarme bien para alcanzar el perdón de mis pecados y salvar mi alma.

Virgen Santísima, Madre de Jesús y Madre mía, alcanzadme de vuestro Hijo Jesús la gracia de conocer todos mis pecados y confesarlos sinceramente.

Examen de conciencia

Pregúntate: ¿Cuánto tiempo hace que me confesé por última vez? ¿Lo hice bien? ¿Olvidé algún pecado grave? ¿Callé alguno a sabiendas? ¿Cumplí la penitencia que me dio el confesor?

Tratarás luego de recordar todos los pecados que hubieres cometido después de la última confesión bien hecha. Si hubieras cometido pecados graves, pensarás cuántas veces los has cometido, y si no lo sabes con exactitud, al menos de manera aproximada. Si la última vez te confesaste mal, callando pecados graves por vergüenza, dirás hoy al confesor que la última vez te confesaste mal y le dirás aquel pecado que has callado.

Primer Mandamiento: -¿Recé mis oraciones de la mañana y de la noche? -¿Estudié bien el catecismo? -¿Tuve compañías irreligiosas?

Segundo Mandamiento: -¿Juré mentirosamente por Dios? -¿Cuántas veces? -¿Dije palabras injuriosas contra Dios, la Virgen o los Santos? -¿Cuántas veces?

Tercer Mandamiento: -¿He faltado a Misa los Domingos o Fiestas de guardar, o he llegado lo bastante tarde para no cumplir con el precepto? -¿He trabajado el Domingo sin necesidad?

Cuarto Mandamiento: -¿Desobedecí a mis padres? -¿Les contesté? -¿Los hice enojar? -¿Falté al respeto a mi maestro, a los sacerdotes, a los ancianos? -¿Tengo amor a mi Patria y me sacrifico por ella?

Quinto Mandamiento: -¿Me he peleado con mis hermanos y compañeros? -¿Les guardo odio o rencor? -¿Fui orgulloso… envidioso?

Sexto y Noveno Mandamientos: -¿Tuve malos pensamientos o malos deseos y los consentí? -¿Cuántas veces? -¿He conversado de cosas malas? ¿Cuántas veces?-¿He mirado cosas indecentes? ¿Cuántas veces? -¿Hice cosas malas? ¿Cuántas veces? ¿Sólo o acompañado?

Séptimo y Décimo Mandamientos: -¿He robado alguna cosa? -¿Acepté cosas robadas? -¿Robé dinero a mis padres?

Octavo Mandamiento: -¿He calumniado gravemente? ¿Cuántas veces? -¿He mentido? -¿He difamado gravemente? ¿Cuántas veces? -¿He hecho juicios temerarios? ¿Cuántas veces?

Preceptos de la Iglesia: -¿Confesé y comulgué a lo menos una vez al año, en el tiempo de Pascua? -¿Comí carne en días de abstinencia o no guardé el ayuno?

Terminado el examen de conciencia, rezarás el Acto de contrición (con la cabeza inclinada).

2. Durante la Confesión

Comenzarás tu confesión arrodillándote en el confesionario, allí sucederá lo siguiente:

1) Recepción del penitente: El sacerdote te recibirá con amor y amabilidad, luego te harás la señal de la Santa Cruz, diciendo: ‘En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’.

2) Invitación a la confianza: Lo hace el sacerdote y al terminar, tú dices: ‘Amén’.

3) Lectura de la Palabra de Dios.

4) Confesión de los pecados: Comenzando por decir cuánto tiempo hace que no te confiesas, seguirás luego diciendo todos los pecados que te acuerdes y el sacerdote te ayudará, si lo cree necesario, a que hagas una confesión íntegra. Te dará algunos consejos.

5) Aceptación de la penitencia: El Padre te dará la penitencia y la aceptarás diciendo: ‘Gracias, Padre’ o algo parecido.

6) Oración del penitente: Manifestarás tu contrición rezando el Acto de contrición.

7) Fórmula de la absolución: El sacerdote en nombre y con el poder de Cristo te da la absolución, que te perdona los pecados.

8) Alabanza a Dios: Dice el sacerdote: ‘Dad gracias al Señor porque es bueno’, y tú contestarás: ‘Porque es eterna su misericordia’.

9) Despedida del penitente: El sacerdote te despide diciéndote: ‘El Señor ha perdonado tus pecados. Vete en paz’.

(No es necesario que te acuerdes de todo eso para poder confesarte. Anda con toda confianza que el sacerdote te ayudará a hacer la confesión muy bien).

Después de la confesión Ante todo, darás gracias al Señor por el inestimable beneficio del perdón, cumplirás inmediatamente la penitencia que te señaló por el confesor, y renovarás el propósito de huir de los pecados y de sus ocasiones.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

sacerdocio

Crítica al artículo sobre sacerdocio femenino y nuestra respuesta

Pregunta:

A raíz de nuestra respuesta sobre el ‘sacerdocio de las mujeres’ (publicado en esta página web) nos ha llegado la siguiente crítica (a la que respondemos a continuación): Saludo en Cristo. Veo con admiración que muchas de las respuestas morales que ustedes plantean tienen su fundamento en la tradición y poco en la Biblia, aunque se deduzca a veces, un tanto forzada de ella. En el caso del sacerdocio de las mujeres no hay fundamento bíblico, sino de tradición. El evangelio se utiliza para demostrar tradiciones y supuestos quereres de Jesús. Creo que la lógica es pobre, porque si tomamos a los apóstoles, por ejemplo, como el fundamento del sacerdocio y a Jesús como el que los escogió ‘hombres’ y no mujeres para este ministerio, ¿porque no decir lo mismo de que algunos los escogió ‘casados’? Con la lógica aplicada al primer caso estamos dando cabida a la posibilidad de los sacerdotes casados. ¿Es así?

Respuesta:

Estimado opinante:

La lógica siempre es lógica: de los textos escriturísticos del Nuevo Testamento se deducen las dos cosas que Usted señala:

a) El sacerdocio es exclusivo del varón, y por tanto, quedan excluidas las mujeres de él. Esto por todos los argumentos que aparecen en el artículo y que se basan en la Tradición (como Usted nota muy bien), la cual no necesariamente es en todos los casos posterior a la Escritura, pues como Usted debe saber muy bien, la tradición de la Iglesia es anterior a los textos ‘escritos’ del Nuevo Testamento. ‘Yo no creería en los Evangelios, dice San Agustín, si no me lo enseñara así la Iglesia’. No hay que hacer, por tanto, dialéctica entre Tradición y Escritura.

b) En cuanto a la posibilidad del sacerdocio para los casados, la Iglesia nunca ha dicho que el celibato sacerdotal sea la única voluntad de Cristo sobre el sacerdocio. De hecho la Iglesia católica de rito oriental tiene sacerdotes casados. La ley del celibato es una ley eclesiástica de la Iglesia católica de rito latino que se remonta al Concilio de Elvira.

Atentamente en Cristo y María Santísima.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

reliquias en el altar

¿Cual es el objetivo de colocar reliquias en los altares? ¿Cual es su función?

Pregunta:

Buenos días,

Mucho Agradeceré si me pudieran ayudar con estas dudas:

– ¿Cual es el objetivo de colocar reliquias en los altares? ¿Cual es su función?
– ¿Desde cuando la Iglesia coloca reliquias en los altares?
– ¿Son indispensables las reliquias para dedicar un altar? Si la respuesta es ‘si’, ¿puede ocurrir que no haya reliquias disponibles para dedicar un nuevo altar? ¿que se hace en esos casos?
– ¿La falta de reliquias hace que las celebraciones litúrgicas sean ilícitas o invalidas?
-¿Que se entiende exactamente por reliquias? ¿Son restos mortales de Santos? ¿Bastan sus vestiduras y artículos personales o deben ser restos mortales?

Muchas gracias por su respuesta
J.O.

Respuesta:

Estimado José:

Respondo a su pregunta con un artículo que estimo interesante; está escrito por un miembro de los Misioneros del Sagrado Corazón del Perú y pienso que en él están respondidas las dudas que presenta.

Atentamente.

Padre Daniel Cima, IVE


Reliquias en los altares

Las reliquias son restos (en latín: reliquiae = remanentes) del cuerpo de santos o beatos. En sentido amplio se incluyen también objetos que los santos o beatos han utilizado durante su vida o también objetos que han tocado las reliquias.

Doctrina

Fundamental es la enseñanza del Concilio Tridentino: ‘También los cuerpos de los santos mártires y de los demás que vivían con Cristo, que fueron miembros vivos de Cristo y santuario del Espíritu Santo, que serán resucitados en algún momento para vida eterna y glorificados, deben ser venerados por los fieles… Se rechaza, por tanto, cuando algunos opinan que no se debe prestar reverencia a las reliquias de loa santos y que no sirve para nada que sean veneradas por los fieles como otros recuerdos. Estas opiniones han sido condenadas por la Iglesia y la Iglesia las condena ahora de nuevo’ (Denzinger 985; comparar 998). Relacionadas están también las decisiones acerca de veneración de las sagradas imágenes del segundo concilio de Nicea (Dz 302), el capítulo 62 del 4. concilio lateranense acerca del abuso de las reliquias.

Los documentos subrayan que la Sagrada Escritura presenta casos cuando por las reliquias se realizaron milagros (2 Re 2, 14; 13, 21; Mt 9, 20; Hechos 5, 15; 19,12; Apc 6,9). También se mencionan las prácticas muy antiguas de la Iglesia (veneración de los sepulcros de San Pedro y San Pablo [Eusebio Historia Eclesiásticas II, 25 Padres Griegos-Migne 20, 208s], Jerónimo [contra Vigil, Padres Latinos-Migne 23, 361s] y la piadosa reserva de las reliquias de los mártires).

El culto de las reliquias es, como la Iglesia siempre subraya, un culto relativo, es decir, la veneración manifestada a las reliquias está en relación con la persona del mártir y de los santos que son venerables de por sí (Dz 302, 337, 985). La ‘ultima ratio’ del culto de las reliquias es siempre la ‘excelencia divina que resplandece en todos estos diversos elementos’.

La justificación del culto de las reliquias parte de una necesidad simplemente humana de respetar a la persona que ha dado muestras de santidad. Esto no excluye que las formas exteriores del culto de las reliquias han tenido variaciones diversas a través de los tiempos.

Liturgia

Desde siempre los cristianos se han reunido en los aniversarios de la muerte de los mártires y santos para recordar su luminoso ejemplo e implorar su intercesión. Durante la persecución de los cristianos estos solían celebrar la eucaristía en las catacumbas cerca o sobre los sepulcros de los mártires y de los santos. Estos lugares eran memoriales, es decir, lugar y circunstancias de la acción especial de Dios en los hombres. Recuérdese, por ejemplo, que cuentan del padre de Orígenes que solía besar el pecho de su hijo bautizado para venerar la presencia del Espíritu Santo.

Más tarde se erigían altares y capillas y hasta basílicas sobre o cerca de las tumbas de los mártires y santos como las basílicas de San Pedro y de San Pablo fuera le muri en Roma. En el siglo V conocemos el dato que a veces no se podía erigir la iglesia en el lugar mismo sino en otro lugar más apto. Se comenzó a trasladar las reliquias del santo a esta iglesia y se las colocaba en una cripta debajo del altar mayor.

No es nada más que una consecuencia lógica que también otras iglesias quisieran tener estos signos de estar unidas a la fe de los mártires y de los santos. Se desarrolló la costumbre de compartir con las comunidades que no tenían tumbas de los santos enviándoles algunas reliquias. Estas fueron encerradas en la piedra o la madera del alter mayor.

Hoy en día el ritual prevé que el altar es consagrado por el obispo. Y en el lugar donde sobre el altar descansan generalmente los signos eucarísticos del cuerpo y la sangre de Cristo se ha abre una cavidad donde el obispo deposita las reliquias que luego son cubiertas con una piedra lisa de manera que forma un nivel plano con la mesa del altar. Esta piedra es fijada con argamasa.

Todas las iglesias consagradas cuentan con reliquias en el altar mayor.

Para terminar queremos citar un pasaje de San Gregorio de Nisa que, luego de ponderar la hermosura de los templos erigidos en honor de lo santos, escribe: ‘ El creyente se acerca al sepulcro en la firme convicción que tocarlo ya es una santificación y una bendición. Si se le permite llevarse algo del polvo acumulado en el lugar de descanso del mártir , lo considera como un gran regalo. Y cuando se permite tocar las reliquias mismas, si esto fuera alguna vez posible para nuestra felicidad, sólo los que lo han experimentado saben cuánto hay que anhelarlo y cuán preciosa recompensa es para aquel que ora’ (PG 46, 740).

Y para nuestros hermanos evangélicos que con tan temerariamente aplican la prohibición del Antiguo Testamento de la adoración de estatuas de dioses falsos a la veneración de los mártires y santos – hasta podríamos hablar de una calumnia y falso testimonio – les ofrecemos lo que escribió San Jerónimo ya en el siglo 4: ‘Nosotros no adoramos preocupados por no inclinarnos antes la creatura y no ante el Creador sino veneramos las reliquias de los mártires para así adorar más y mejor a Aquel de quien son testigos’ (Ad Riparium, PL 22, 907).

Nota: Mártir significa ‘testigo’

P. Daniel Cima, IVE

Flores en el altar

¿Para qué se ponen flores en el altar?

Pregunta:

Somos catequistas y necesitamos tener datos sobre las flores que se ponen alrededor del Altar para la Santa Misa, saber su significado, como alegría y recepción, etc. Todos los datos que pueda enviarnos nos servirán. En Cristo Jesús, María Santísima y San José, modelo de Familia.

Respuesta:

Lo primero que hay que decir es que las flores en el altar tienen una función de ornamentación (así como los cirios, el mantel, el incienso, etc.), es un modo de honrar a Cristo, pues, el altar es Cristo. Secundariamente, también honrar a sus miembros más gloriosos, que son los mártires, cuyas reliquias están depositadas en el altar, es decir, la Iglesia triunfante, Esposa de Cristo. Relaciónese esto con la corona de flores de naranjo que llevaba la novia en el matrimonio, y por qué no, con el mismo Cristo, ya que, por ejemplo, en el rito bizantino, también el esposo es coronado.

Según una antiquísima tradición, atestiguada ya en la Traditio Apostolica (año 215), atribuida a San Hipólito de Roma, los cristianos llevaban rosas y lirios como ofrenda al altar: “algunas veces ofrecían flores; se ofrecía, pues, la rosa y el lirio, y no otras” (Traducimos el texto de la edición de BOTTE, 1963, 78). Como nota el famoso liturgista italiano, Mons. Mario Righetti, “el pavimento a mosaico de la basílica de Aquilea, construido en los primeros años del s. IV, lleva también un panel que representa las mujeres que ofrecen a la Iglesia flores sueltas y a festones”. (M. RIGHETTI, Storia Liturgica, I, 544). Desde el s. IV, y probablemente antes, los sepulcros de los mártires, conforme al uso universal, que de este modo honraba todas las tumbas, eran adornados con perfume de flores, que llegaba también a la mesa del altar que custodiaba las reliquias.  De aquí que cantara Prudencio († 410 ca.): “Violis et fronde frequenti/Nos tecta fovebimus ossa” (Cathemerinon, X, v. 169). Que podríamos traducir: “Con asiduas violetas y frondas/honraremos los huesos cubiertos”. San Jerónimo elogiaba a Nepociano que cuidaba diligentemente la decoración floral de las basílicas y lugares de los mártires, con diversas flores, ramas de árboles y sarmientos (Cf. EpistLX ad Heliodorum).

A falta de ramos de olivo y de palmeras, se bendijeron flores (y aún se bendicen) en los países septentrionales el Domingo de Ramos (de aquí, “Pascua Florida”). Esta circunstancia dio nombre a la península de “Florida” en los Estados Unidos, precisamente por este uso litúrgico, ya que los españoles llegaron allí para esa fecha en el año 1513 (Cf. M. RIGHETTI, Idem, II, 184). Una costumbre característica de la época medieval el día de Pentecostés, era la de hacer llover rosas, durante el canto de Tertia o de la Sequentia de la Misa, que recreaban simbólicamente las lenguas de fuego y los dones del Espíritu Santo, por eso se conoce esta solemnidad también con el nombre de “Pascua rosada” (Cf.Ibidem, II, 316).
En fin, sirvan estos datos históricos para atestiguar el uso litúrgico de las flores.

Vayamos ahora a las normas de la Ordenación General del Misal Romano: el principio es que “en la ornamentación del altar se guardará moderación” (OGMR, 305). Hay templos en los que uno no sabe si se encuentra en una florería, un vivero, o una selva. En el afán de adornar, se convierte en principal aquello que es accesorio, y pierde visibilidad lo más importante, que es el altar, o incluso, se dificulta la movilidad del sacerdote en el desenvolvimiento del rito. Ahora bien, hay tiempos litúrgicos en los que la moderación debe ser aún mayor, como en el Adviento, o incluso no deben ponerse flores, como durante la Cuaresma (excepto el IV domingo, conocido como domingo de “Laetare” – “Alégrate”, como un anticipo de la alegría pascual, que ya está próxima). Las solemnidades y fiestas, por supuesto, requieren de mayor abundancia floral (Cf. OGMR, 305). Entre paréntesis, a veces se ve un lunes cualquiera del año la iglesia llena de flores que quedaron del matrimonio celebrado el día anterior, esto no se condice con la función de manifestar la alegría festiva que reservamos para las ceremonias más solemnes, porque no puede ser fiesta todos los días, con lo cual se perdería el verdadero sentido de la fiesta, que exige que haya algún exceso significativo.

Sin embargo, la Ordenación vuelve a insistir: “el empleo de las flores como adorno del altar ha de ser siempre moderado, y se colocarán, más que sobre la mesa del altar, en torno a él” (OGMR, 305). Esto último tiene un motivo práctico o funcional, que es, precisamente, para que no se entorpezca la visibilidad de los fieles sobre los diferentes ritos que realiza el sacerdote, pero, hay un motivo más de fondo, y es que el altar no es solamente la mesa de un banquete, sino sobre todo, el ara del sacrificio, como se deduce de lo que dice la misma OGMR: “El altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo los signos sacramentales, es, además, la mesa del Señor, para cuya participación es convocado en la Misa el pueblo de Dios…” (OGMR, 296).

P. Jon M. de Arza, IVE