egoísmo

¿Qué es el egoísmo?

Pregunta:

Podría informarme algo acerca de ‘el egoísmo’, o un lugar en donde buscar al respecto. Gracias
Por M., de 37 años, de Guatemala.

Respuesta:

En realidad el egoísmo es lo contrario del verdadero amor, ya que este nos hace salir de nosotros mismos y nos hace darnos a lo que amamos transformándonos en la cosa amada, en cambio el egoísmo nos tiene como centro de todas las cosas a nosotros mismos y hacemos que todo convenga para lo que nosotros queremos, por eso el egoísta no se sale de sí mismo sino que todo lo que haga será buscando su propio interés. El mejor ejemplo del verdadero amor contrario al egoísmo es el de Jesucristo que dio su vida por nuestro rescate sin sacar El ninguna ventaja, solo buscando nuestro bien. Y también podes tomar los ejemplos de lo santos que por amor de Dios se olvidaron de su bien terrenal y se dieron por completo en el bien del prójimo, pero por amor a Dios, o sea el orden que Jesús enseñó cuando el fariseo le preguntó cual era el primero y principal de los mandamientos.

En otro pasaje cuando Jesús dice aquello de que quien ama su vida la perderá y quien odia su vida, por amor a Mi, la salvará, justamente se refiere al verdadero amor y al egoísta que hace que nos amemos de modo desordenado o sea mas que a Dios y ese amor desordenado de nosotros mismo nos llevará a perder la vida que es la vida eterna.

Te mando algo que salió en nuestra página web de la parte que se llama El Sembrador, allí Monseñor Fulton Sheen describe como somos en realidad y lo que nuestro egoísmo nos hace creer que somos. Si querés encontrar la continuación de lo que trata Monseñor Futlon Sheen podes buscar en nuestra página web en: EL Sembrador de los días: 11, 22, y 29 de mayo de 2004 y 5 de junio del mismo año.

El «Ego» y el «Yo»

“El extraño caso del Dr. Jekylly de Míster Hyde” es la historia de todo hombre nacido de mujer, porque dentro de cada uno de nosotros viven dos nosotros mismos: el “Ego” y el “Yo”; el que aparece exteriormente y el que es; el hombre que trata con otros hombres y el hombre desconocido para todos los demás.

El ego es lo que pensamos que somos; el yo es lo que, en realidad, somos.

El ego es el niño consentido: egoísta, petulante, alborotador y mimado, el origen de nuestros errores en la vida. ¡El yo es nuestra personalidad hecha a imagen y semejanza de Dios!

Las vidas de nuestros dos nosotros mismos no pueden ser vividas simultáneamente. Si pretendemos e intentamos hacerlo, sufriremos remordimientos, ansiedades y descontento interno. Si la verdadera libertad se ha de hallar dentro de nosotros mismos, el ego debe ceder al nacimiento de nuestra propia personalidad. Pero es un compañero tan familiarizado, para algunas personas, que no puede ser fácilmente dejado de lado, y no hay provecho ninguno en decirles que el superficial ego no tiene lugar legítimo en su interior. Lo mismo que la capa de arcilla de las fundiciones, el falso ego debe ser arrancado, separado y arrojado, y es éste un proceso que implica desasimiento, dolor, y que causa cierta indignación.

Cuando el ego domina nuestra vida, vituperamos pequeñas faltas en los demás y excusamos grandes errores en nosotros mismos; vemos la paja en el ojo ajeno e ignoramos la viga en el nuestro. Somos injustos con los demás y negamos que haya falta en nuestra actitud; otros hacen lo mismo con nosotros y decimos que debieran conocer mejor las cosas. Odiamos a otros seres y a ese odio lo calificamos de “celo”; halagamos a otras personas teniendo en cuenta lo que pueden hacer en nuestro favor, y a esto lo llamamos “amor”; les mentimos, y esas mentiras las justificamos denominándolas “tacto”. Somos remisos para defender en público los derechos de Dios, y a eso lo calificamos como “prudencia”; procediendo egoisticamente hacemos a un lado a otros seres, y esa actitud es ante nuestros ojos “procurar nuestros justos derechos”; somos severos críticos de los demás y decimos que “enfrentamos valientemente los hechos”; nos rehusamos a abandonar nuestra vida de pecado, y a cualquiera que así procede lo tildamos de “escapista”. Nos cuidamos excesivamente y decimos “cuidar la salud”; juntamos más riquezas de las que son necesarias para nuestra situación en la vida y decimos procurar la “seguridad”; nos causa disgusto la riquezas de los demás y nos vanagloriamos de ser “defensores de los sumergidos”; negamos inviolables principios de justicias, nos aseguramos con toda firmeza en el aire y decimos ser “liberales”. Empezamos nuestras frases con el pronombre “Yo”, y condenamos a otras personas como inaguantables, porque desean hablar acerca de sí mismas, siendo así que nosotros deseamos hablar acerca de nosotros; arruinamos la vida familiar por medio del divorcio, y decimos que nos es preciso “vivir nuestra vida”; creemos ser virtuosos… simplemente porque hemos hallado a alguna otra persona más viciosa.

Atentamente.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

corrección fraterna

¿Cómo hacer una Corrección Fraterna?

Pregunta:

Paz y Bien. Mi problema es que en mi casa no nos acostumbraron a hablar sobre lo que no nos agrada porque sentimos que si le decimos algo al otro lo vamos a dañar, o lo vamos a hacer sentir mal. A veces quisiera decir cosas que no me gustan que pase y me da miedo porque todos parecemos un cristal… ¿Qué me aconseja hacer?

Respuesta:

Estimada Lissette:

Dos obras de misericordia espirituales que debe hacer todo cristiano  son: la de corregir al que yerra y  enseñar, aconsejar a quien lo necesite. Existe entonces el deber de caridad de hablar para edificar y ayudar al prójimo.

Jesucristo nos repite muchas veces en el Evangelio: no temáisno tengáis miedo (cf. Mt 14,27). El motivo que nos da es que “Él está con nosotros”. Aunque camine por oscuras cañadas, nada temo, porque Tú estás conmigo (Sal 22).

Pero lo que debemos cuidar para que realmente sea fructífera nuestra palabra ha de ser el modo de decirla. Jesús nos explica como debe hacerse lo que se llama corrección fraterna: Si tu hermano peca, vé y corrigelo en privado; si te escuchase habrás ganado a tu hermano. Si no te escuchase toma contigo dos o tres personas para que la cosa se resuelva entre la palabra de dos o tres testigos. Si después no escuchare ni siquiera a éstos, dilo a la asamblea; y si tampoco escuchase a la asamblea, sea para tí como un pagano o un publicano. (Mt 18, 15,17) Cada corrección debe ser hecha por caridad, con buena intención; no por desahogo ni de modo apasionado. Sobretodo en privado y rezando antes para ver que se va a tener éxito. También hay que ser paciente y dar tiempo a las personas para que entiendan y se corrijan. Cuando hay que corregir un defecto primero uno debe examinarse así mismo para ver si se tiene el mismo defecto, y ,entonces, nos corregimos nosotros y somos más humildes para corregir en el mejor modo.

Pero eso no quiere decir que yo deba pasarme el día corrigiendo los defectos de los demás, sino me haría insoportable y perdería eficacia la corrección cuando es verdaderamente necesaria, hay que pesar la magnitud del mal que se ha hecho, sobretodo si se trata de un pecado grave y que puede hacer un mal a otro o así mismo, o si es algo que ha cometido repetidamente y que puede llevarlo a un mal mas grande o un vicio.

Si no se da esto, lo mejor es callar por que se puede hacer un mal mayor, que se empecine en el mal o se falte a la caridad.

En Cristo y María.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

arrepentimiento

¿Qué es el arrepentimiento?

Pregunta:

El arrepentimiento es necesario para poder recibir la absolución…. pero qué es el arrepentimiento? Si se está consciente de que en realidad no existe el verdadero arrepentimiento sino que se acude al confesonario a querer recibir la absolución por el solo temor. es válida la confesión?….

Respuesta:

Estimado:

El arrepentimiento o contrición es una condicción indispensable para que sea válida la absolución. Tengo que decirle en primer lugar que la contrición no es algo sensible necesariamente. A veces uno puede estar muy arrepentido, pero no llorar ni sentir dolor interno; y a veces se puede decir estar muy arrepentido, pero no se desea quitar el pecado. La contrición es algo de la voluntad: es desear no haber hecho lo que se hizo, es desear no hacerlo más. Es una decisión y no un sentimiento.

Para saber si es verdadera hay que ver los motivos del arrepentimiento. Si estoy arrepentido porque ofendí a Dios el Ser mas amable, y a quien tanto amo y que por mis pecados sufrió la cruz, entonces es perfecta; si en cambio me duelo porque veo que, por haber pecado, estoy mereciendo el infierno y tengo miedo, entonces es contrición imperfecta o atrición, aunque verdadera y es suficiente para la absolución; si, por el contrario, me arrepiento porque me da vergüenza de que los demás me conozcan como soy, o porque por esa falta puedo perder un trabajo o un beneficio, entonces no es verdadera contrición y es insuficiente para la absolución.

En Cristo y María,

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Es una apostasía menor todo este asunto del Evangelio de Judas?

Pregunta:

Estimado Padre:

¿Es una apostasía menor todo este asunto del Evangelio de Judas? ¿Y qué hay de las otras noticias que han salido últimamente en los diarios sobre que Jesucristo dejó cartas diciendo que él no era Dios u otras cosas que he leído?

 

Respuesta:

Estimado:

En parte sí, tien algo de apostasía. Pero también el dar fe a estas cosas es un castigo para todos los que en lugar de estudiar mejor nuestra fe y leer al menos algunos de los libros serios que se han escrito sobre Jesucristo, se dejan embromar por las noticias contra Cristo y la Iglesia que divulgan por los medios de comunicación personas que no tienen escrúpulos en mentir o difundir teorías peregrinas sin dar ningún argumento. Si uno quiere creer o acepta tomar en serio a quien les vende un buzón sin darle argumentos demostrativos, ya con esto está manifestando que que merece que lo engañen.

Le aconsejo estudiar un magnífico libro sobre el tema de Jesucristo: ‘Jesucristo’, de Leoncio de Grandmaison; reeditado por Arcabuz, Madrid, año 2000.

En Cristo y María,

P. Miguel A. Fuentes, IVE

evangelio de judas

¿Qué opina sobre el ‘Evangelio de Judas’?

Pregunta:

Padre Miguel Ángel, mucho agradeceré su comentario al tema que ha salido ahora a la luz con lo del ‘Evangelio de Judas’, pues las personas que saben que estamos estudiando la Biblia (yo pertenezco a un grupo de Biblia) nos hacen preguntas y yo pues realmente de esto no sé absolutamente nada. Necesito su comentario para tener armar para seguir defendiendo mi fe en Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre. Gracias de antemano y Dios lo bendiga.

Respuesta:

Estimada:

Le respondo con la ‘ Declaración del presidente de la Conferencia Episcopal de Chile sobre el Evangelio de Judas’ (aparecida en Zenit, 13 de abril de 2006).


Acerca del Evangelio de Judas

(Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo de Rancagua por encargo del Comité Permanente de Chile)

Los medios de comunicación social han dado a conocer en estos días la publicación de un antiguo texto manuscrito encontrado en Suiza en 1983, en idioma copto y que correspondería a un supuesto «Evangelio de Judas». Con la intención de aclarar dudas y responder a muchas interrogantes, resulta interesante y oportuno entregar algunas orientaciones. Nos ayudará una reciente entrevista al P. Thomas D. Williams, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma ( Zenit, 6 de abril de 2006 ) y un artículo de opinión del sacerdote chileno P. Samuel Fernández, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile ( http://www.iglesia.cl ).

I. Evangelios Apócrifos 

• El texto pareciera estar fechado entre el siglo IV y el siglo V, es decir, unos 300 ó 400 años después de la vida de Jesús. Es imposible, por lo tanto, que sea Judas su autor directo, sino que puede tratarse de una copia del «Evangelio de Judas», citado por San Ireneo de Lyon hacia el año 180.

• Fue redactado por la secta gnóstica de los Cainitas y presenta a Judas Iscariote de una manera positiva, como un personaje que sólo obedeció una supuesta orden divina de entregar a Jesús para que pudiera cumplirse la obra de salvación.

• Siempre se supo de la existencia de Evangelios Apócrifos, es decir, no inspirados porque no contienen la verdad acerca de la Revelación de Dios y su deseo de salvación para la humanidad y desde siempre fueron rechazados por el conjunto de la comunidad cristiana porque son incompatibles con la fe.

• La Iglesia nunca ha ocultado o negado la existencia de estos documentos. Al contrario, estos textos han sido publicados y están editados en muchas editoriales a través del mundo entero, como la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) o la Editorial Ciudad Nueva, entre otras.

• Los Evangelios Apócrifos no son reconocidos como inspirados por Dios porque simplemente buscaban satisfacer la curiosidad de algunos, o contenían leyendas fantasiosas respecto a Jesús, o explicaban opiniones particulares de algunos grupos religiosos acerca de Cristo. No buscaban la verdad más profunda sobre Dios y su obra salvadora.

• Algunos de estos Evangelios Apócrifos pertenecen a sectas gnósticas, como la de los Cainitas, cuyo propósito principal era reivindicar figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento que cayeron en la maldad, como Caín (que mató a su hermano Abel) y como Judas (que traicionó a Jesús). Los gnósticos pretendían que la salvación se logra sólo por el conocimiento que tengamos de Dios, no por obra del amor y de la misericordia de Dios, que envió a su Hijo Jesús al mundo.

II. Diferencias entre cristianos y gnósticos 

• La principal diferencia entre los gnósticos y los cristianos radica en su concepción acerca del origen del mal en el mundo. Los cristianos creemos en un Dios bueno que ha creado un mundo bueno. Los gnósticos creen en un Dios que ha creado el mal y ha creado al mundo de manera desordenada.

• Los cristianos creemos que la maldad nace a partir del mal ejercicio de la libertad con la que Dios nos ha creado, porque Dios siempre respeta nuestra libertad. Los gnósticos afirman que Dios quiere el mal en el mundo y por eso se explica la acción de los hombres malos, como Caín o Judas.

• Dios conoce todas nuestras intenciones, incluso los errores, pecados y decisiones equivocadas. A veces se vale de ellas para obtener un bien en su plan providencial para el hombre.

Asumiendo estas orientaciones y aclaraciones, podemos entender de mejor manera lo que puede representar un texto como el que comentamos y cómo ello no afecta en nada la fe y la doctrina católica. Así, podemos responder algunas otras interrogantes.

III. El drama de Judas 

• ¿Cómo podemos entender el papel y la persona de Judas Iscariote? Judas fue, como todos los demás seres humanos, un hombre creado con el atributo de la libertad. No se puede decir que Dios buscó que Judas cayera en el mal y se viera obligado a cumplir un rol histórico ya determinado, como una opción fatalista a la que no podía sustraerse de ninguna manera. No nació con el sello de una condena fatal. Judas usó su libertad para hacer el mal.

• ¿Podemos saber si Judas se salvó o se condenó? La Iglesia, a través de los procesos de beatificación y de canonización de una persona, puede tener la absoluta certeza de la santidad de alguien y de que esa persona goza de la presencia eterna ante Dios, que ha practicado las virtudes cristianas y merece la gloria de Dios y la salvación eterna. Pero no puede tener la certeza absoluta de una condena eterna y de que alguna persona esté en esa condición. Ni siquiera respecto a Judas. Lo que la fe siempre ha manifestado es la inmensa bondad y misericordia de Dios. Sólo Dios conoce el destino de las personas. Cualquier ser humano puede arrepentirse de sus pecados y errores en el último momento de su existencia terrenal. El drama de Judas, más que la gravedad de su pecado en sí, fue su falta de esperanza, el hecho de cerrarse en sí mismo, en vez de reconocer su falta, llorar su pecado y volver al amor de Dios, como lo hizo, por ejemplo, el Apóstol Pedro.

• ¿Por qué despiertan tanto interés temas o libros como el «Evangelio de Judas» u otros similares? La obra musical «Jesucristo Superestrella» y algunos ejemplos de la literatura reciente nos muestran una figura de Judas que podríamos llamar «simpática» o «benevolente» respecto a este personaje. Ello llama la atención y es una invitación a que ese tratamiento de la persona redunde en éxitos mediáticos y comerciales, en una perspectiva sociológica, comunicacional o de la propia psicología humana.

IV. Jesús, Único Salvador de la Historia 

• ¿Cuál es la única fuente segura para conocer la obra, las acciones y la enseñanza de Jesús? Sólo los Evangelios son considerados como obras inspiradas por Dios y se les reconoce una autoridad especial. Nos referimos a los textos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Son libros canónicos, reconocidos por el mismo pueblo fiel desde los inicios del cristianismo y luego por la autoridad de la Iglesia. Su mérito consiste en su antigüedad, en la autoridad de quienes los redactaron y que sus escritos se basan en el testimonio de testigos directos de su obra; testigos de su enseñanza, sus milagros, la condena, la muerte, la sepultura y la misma resurrección de Jesús. Mientras más tardíos sean algunos escritos, más dudosa se vuelve la autenticidad y fidelidad de la transmisión de estos hechos hasta nuestros días. El Nuevo Testamento en su conjunto refleja la plena seguridad en esta autenticidad y fidelidad.

• ¿Por qué la Obra y la Persona de Jesús resultan tan atrayentes, incluso para los que no creen en El? El sensacionalismo y la supuesta revelación de datos que contradicen lo esencial de la fe en Jesucristo ha sido un tema de todos los tiempos, no sólo de ahora. Hoy se habla del «Evangelio de Judas». Después se hablará de otro texto, de otro descubrimiento o de otras fantasías u opiniones particulares de grupos sectarios. Pero resulta muy significativo y hasta emocionante que la Persona de Jesús, el Redentor y Salvador de la humanidad, sea motivo de una «profunda fascinación», incluso para aquellos que no creen en Él, lo rechazan o tratan de desprestigiar su figura y su mensaje. Jesús a nadie deja indiferente. Para los que tenemos el don de la fe, es el Único – no hay otro – Salvador de la Historia.

• ¿Qué hemos de hacer los discípulos de Cristo? Renovar nuestra fe y nuestro amor a Jesús Redentor de la humanidad. Profundizar el fundamento histórico de nuestra fe cristiana, para no dejarnos sorprender por falsificadores de todo tipo como ya nos advierte la Santa Escritura: «Tengan cuidado de los falsos profetas» (Mt. 7, 15)

+ Alejandro Goic Karmelic 
Obispo de Rancagua
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
(Por encargo del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile) 

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