sida

¿Es lícito el uso del preservativo para prevenir el SIDA dentro del matrimonio?

Pregunta:

¿Qué dice la Iglesia del uso de los preservativos como anti-Sida en un matrimonio católico con la única intención de evitar el contagio del Sida cuando uno de los cónyuges está ciertamente infectado por el virus?

Respuesta:

Sobre esta pregunta me veo obligado a contestar en dos niveles:

1. Desde el punto de vista científico

Desde el punto de vista médico intentar combatir el Sida por medio del uso de preservativos es una necedad. Ha dicho en Sidney el Doctor John Billings, especialista en los métodos de regulación de la natalidad: ‘El profiláctico no es garantía suficiente para prevenir el contagio del Sida y los expertos se dan cuenta una vez más de que a este respecto, la verdad ya está dicha’. Es absolutamente cierto que los espermatozoides pueden pasar por los agujeros microscópicos de los preservativos (que miden 5 micras), razón por la cual los preservativos tienen un margen de ineficacia para evitar el embarazo: fallan en prevenir los embarazos por lo menos en un 17,7% del tiempo durante un año de uso y puede llegar a fallar el 36,3% del tiempo en el caso de las jóvenes solteras de grupos minoritarios[1]. Si esto es así en el embarazo, téngase en cuenta que:

…las fallas para evitar el embarazo (del 15,7 al 36,3% del tiempo) se producen a pesar de que la mujer ovula una sola vez durante su ciclo y que, por tanto, el tiempo de fertilidad durante cada ciclo es muy limitado, mientras que la persona puede contagiarse del Sida en cualquier momento de su vida…

…los espermatozoides pueden ser dañados por las altas o bajas temperaturas en que se almacenan o transportan los preservativos…

…los poros de latex de los preservativos de mejor calidad están diseñados para, a duras penas, impedir el paso de los espermatozoides, pero el virus que transmite el Sida es, según algunos datos científicos, 3 veces más pequeño que el virus que transmite el herpes, 6 veces más pequeño que la espiroqueta que causa la sífilis, y 450 veces más pequeño que el espermatozoide… Otros, sin llegar a tanto afirman que ‘está bien establecido que el latex contiene defectos inherentes que son al menos 50 veces más grande que el virus del Sida'[2].

…los preservativos vienen a veces con fallas, que se rompen durante el uso, etc…[3]

…aún cuando un preservativo de buena calidad pudiese impedir el paso del virus, sin embargo, cuando el hombre de lo coloca, lo toca con sus manos humedecidas de secreciones uretrales y bulbo uretrales pre-eyaculatorias que aparecen mucho antes de la erección, por lo que la pared externa del preservativo se contamina con estos fluidos, y que todas las secreciones pre-eyaculatorias (del orden de 0,2 a 0,5 ml.) de un infectado contienen el virtud del Sida, idéntico al que se encuentra en el esperma, por lo que todo sujeto seropositivo podría contagiar a su pareja, aún cuando el preservativo no dejase pasar nada…[4]

…el boletín de ONUSIDA (principal difusor de los preservativos para combatir el Sida) ha declarado, en su análisis de 1998 que a los ‘preservativos distribuidos o vendidos por número de personas que reciben material educativo’… ‘no se le imputan variaciones en la seroprevalencia del VIH en la población'[5], lo que quiere decir que: el reparto de preservativos no disminuye la cantidad de infectados por más que se regalen preservativos a la población sexualmente activa…

Así se comprende que en 1998 la cantidad de personas infectadas haya aumentado un 10% (casi 6 millones de personas más en 1998; un promedio de 11 personas por minuto)[6]; por esto mismo el Dr. Peter Piot, Director de ONUSIDA, informó recientemente que la epidemia del Sida está fuera de control. De acuerdo con las evidencias científicas actuales, no cabe duda que las recomendaciones del ‘sexo seguro’ o ‘de menor riesgo’ ha contribuido a su expansión.

Por tal razón ninguno de los 800 sexólogos que asistían a una conferencia (la National Conference on HIV, Washington DC, 15-18 de Noviembre de 1991) levantó la mano cuando se les preguntó quiénes de ellos le confiarían su vida a un preservativo durante las relaciones sexuales con alguien que ellos supieran que tuviera Sida[7].

2. Desde el punto de vista moral

Desde el punto de vista moral le transcribo esta noticia de ANFA, Servicio Internacional Informativo de Vida Humana Internacional, reproducido en el Boletín ‘Liga por la Decencia’, 134, mayo de 1988: ‘Dando término a una enconada controversia en el episcopado norteamericano, el Diario L’Osservatore Romano dijo que el uso de preservativos como medio para combatir el Sida, ‘es moralmente inaceptable’.

‘La Iglesia Católica, en un comentario titulado ‘Prevención del Sida, aspectos de la ética cristiana’, señaló que ‘buscar la solución al problema del contagio promoviendo el uso de preservativos, significa tomar un rumbo que no sólo no es muy eficaz desde el punto de vista técnico, sino también y por sobre todo, es inaceptable desde el punto de vista moral’.

‘Y agrega: ‘La proposición de que una sexualidad de esta manera es segura, ignora las causas reales del problema, cual es la permisividad que, en la esfera corroe la fibra moral de la gente. La única manera efectiva de prevención es en un 95% de los casos, abstenerse de la práctica sexual fuera del matrimonio y del consumo de drogas’ concluye’.

Veamos los principios que se usan para justificar el uso del preservativo dentro del matrimonio.

1) Principio de intencionalidad: ‘es lícito cuando la intención no es recurrir a su aptitud anticonceptiva sino sólo para evitar el contagio’. Hay que responder que las fuentes de la moralidad son tres, objeto, fin y circunstancias. Por rigor científico la primera que se analiza es el objeto (o sea, la moralidad del acto mismo elegido por la voluntad), y no la intención (es la segunda en el análisis, aunque tal vez no sea la más importante todos y cada uno de los actos). La duda recae precisamente sobre el objeto del acto y no sobre la intención del agente.

2) Principio terapéutico. Se pretende aplicar lo que dice Humanae vitae, 15: ‘La Iglesia, en cambio, no retiene de ningún modo ilícito el uso de los medios terapéuticos verdaderamente necesarios para curar enfermedades del organismo, a pesar de que se siguiese un impedimento, aún previsto, para la procreación, con tal de que ese impedimento no sea, por cualquier motivo, directamente querido’. Este principio no puede aplicarse al caso porque:

a) El uso del preservativo no constituye terapia alguna.

b) Tampoco previene auténticamente.

c) Aun cuando fuese terapéutico no se aplicaría al caso porque el principio terapéutico exige que el medio empleado sea ‘verdaderamente necesario’ (HV,15), y esto en moral se entiende: cuando no hay ninguna otra alternativa más segura para evitar el mal; aquí precisamente hay otra alternativa más segura: la abstinencia sexual[8].

3) Principio de doble efecto: ‘del uso del preservativo se seguirían dos efectos, uno malo (la contracepción) y uno bueno (el amor conyugal sin poner en riesgo la vida del cónyuge)’. No se aplica tampoco porque no cumple la primera de las condiciones para la licita aplicación del principio, a saber: que el acto puesto sea bueno o indiferente; ahora bien, el uso del preservativo no es indiferente, puesto que separa de suyo las dos dimensiones del acto conyugal[9].

4) Principio del mal menor. Algunos dicen que se ‘puede permitir e incluso aconsejar cuando los cónyuges están dispuestos a hacer algo peor (como separarse, recurrir a relaciones extramatrimoniales)’. El principio no se aplica a este caso porque sobre esto hay que tener en cuenta:

a) El principio del mal menor es un principio restringido a un campo particular del obrar humano: el que versa sobre los actos indiferentes y sobre los males puramente físicos (por ejemplo, el obrero que queda con una mano atrapada en un derrumbe y debe elegir entre cortarse la mano o perder la mano y la vida).

b) No vale nunca cuando una de las alternativas es un acto intrínsecamente malo, es decir, un pecado formal. No se aplica, pues, al caso en que haya que elegir entre dos pecados (tomar anticonceptivos o abortar) ya que no se puede elegir ninguno de los dos; o entre un pecado y un mal puramente físico (usar preservativas o tolerar que el marido abandone a su mujer). Porque ante el mal moral rige un principio anterior y superior: ‘hay que hacer el bien y evitar el mal’, y sobre los primeros principios no caben excepciones. Jamás se puede elegir el mal moral, por más que sea el menor de dos males morales: aquello que es inmoral por su objeto, no se hace bueno porque exista la posibilidad de que sucedan males peores, y mientras siga siendo malo jamás podrá ser objeto de elección de un acto bueno y lícito[10].

c) Cuando se trata de actos intrínsecamente malos, el principio del mal menor autoriza a ‘tolerar’ a veces el mal que otros hacen o nos hacen, es decir, no obliga siempre a impedir que otros hagan el mal. Esto no es otra cosa que ‘consentir actué la voluntad del prójimo en una forma determinada, cayendo sobre él toda la responsabilidad de la acción, si es mala'[11]. Esto vale también para la cooperación formal objetiva y material inmediata.

d) Tampoco está bien planteado el caso pues no es cierto que la anticoncepción sea el mal menor de los dos ejemplos dados; en realidad: entre alterar voluntariamente el plan de Dios sobre el acto matrimonial y tolerar el mal de los demás (por ejemplo, que el marido abandone a la familia), el mal mayor siempre es el pecado personal del que plantea el problema (en este caso, el de la esposa que consulta si debe cooperar con el marido).

En cuanto a aconsejar el mal menor:

a) Nunca se puede aconsejar positivamente hacer un mal menor porque además de que se da una mala inteligencia del principio, se incurre en escándalo teológico. ‘Tratándose de un mal, aunque menor, el consejo o la persuasión nunca pueden ser buenos, pues, siendo esencialmente causa motiva de la acción, se cualifica, por necesidad, por el fin objetivo al que se ordena, y éste es malo'[12].

b) A quien está decidido a hacer el mal moral se puede intentar ‘disuadirlo’ de hacer sólo parte del mal ya decidido. Por ejemplo, a quien está decidido a robar y matar a una persona, se lo puede disuadir de matarlo diciéndole: ‘si ya te estás llevando el dinero, al menos perdónale la vida’; en este caso no se aconseja robar sino que, ante el hecho ya consumado o ya decidido, se sugiere que no se haga más mal todavía.

 P. Miguel A. Fuentes, IVE

 


[1] Cf. Family Planning Perspectives, 21, May/June 1989, 103, 105.

[2] C.M. Roland, del United States naval research laboratory, Rubber World, citado por John Kelly, Obstetra consultor y Ginecologista del Birmingham Maternity Hospital (Inglaterra), en The Tablet, 16 de diciembre de 1995, p. 1620.

[3] Cf. todos estos datos en: Nature 335, 1 de Septiembre de 1988; American Journal of Nursing, Octubre de 1987; social Science and Medicine, Vol. 36, nº 113, junio de 1993.

[4] Cf. Dra. María Isabel Pérez de Pío, El preservativo masculino no es seguro para la mujer, en: Boletín de Noticias de la ONU, nº 99, 16/99; Bs. As. 22 de marzo de 1999. Se basa en datos del Prof. Henri Lestradet, miembro de la Academia de Medicina de Francia, cf. Le Figaro, 22, de junio de 1994.

[5] Cf. ONUSIDA, Análisis de la eficacia del costo y VIH/SIDA: Actualización técnica del ONUSIDA, Agosto de 1998, p. 5.

[6] Son datos de ONUSIDA.

[7] Citado por Theresa Crenshaw, In Defense of a Little Virginity, USA Today, April 14, 1992.

[8] Cf. Sgreccia, Manuale di Bioetica, Vita e Pensiero, Milano 1991, Tomo II, p. 265.

[9] Ibid.

[10] Cf. HV,14.

[11] Peinador, Moral Profesional, nº 385.

[12] Ibid., nº 258.

 


Reproducimos a continuación un artículo publicado por la agencia de noticias ACI el 10 de Diciembre de 2002.

SIDA arrasa Sudáfrica pese a masivo consumo de preservativos

ROMA, 10 Dic. 02 (ACI).- Un nuevo estudio reveló que en los últimos cuatro años, Sudáfrica ha atravesado una revolución en el uso masivo de preservativos. Sin embargo, la popularidad de los profilácticos no ha detenido el SIDA y la difusión de la enfermedad ha aumentado hasta convertirse en una epidemia.

La médica Olive Shisana, investigadora principal del estudio, destacó la creciente incidencia del uso de preservativos entre las mujeres. ‘Por ejemplo, para las mujeres entre los 15 y 49 años, el uso de preservativos se ha triplicado de 8 por ciento en 1998 a 28.6 por ciento en este estudio, y entre las mujeres de 20 a 24, su uso subió de 14.4 por ciento a 47 por ciento’, indicó.

A pesar de la difusión de los profilácticos, el estudio estima que ahora el 11.6 por ciento de la población sudafricana está infectada con el VIH. Entre los que tienen de 15 a 49 años, esta cifra sube a 15.6 por ciento. La investigación también encontró que el 5.6 por ciento de los niños entre 2 y 14 por ciento son seropositivos y el 13 por ciento de los menores en este rango ha perdió al menos a uno de sus padres por la enfermedad.

Uganda, en cambio, ha tenido un éxito sin precedentes en la lucha contra el SIDA sin promover los preservativos. Un estudio de Harvard encontró que entre fines de los ’80s y el año 2001, el número de mujeres embarazadas infectadas con el VIH en Uganda cayó de 21.2 por ciento al 6.2 por ciento debido a la promoción de la abstinencia antes del matrimonio y la fidelidad en él.

preservativo

¿Es obligatorio el uso del preservativo cuando uno de los esposos tiene sida?

Pregunta:

Si uno de los dos, padece el Sida, la verdad sea dicha, el uso del preservativo es primordial, pero si no se sabe, lo primordial es hacerse los correspondientes análisis. En cuanto a tener hijos, si es varón el que padece la enfermedad es posible la procreación, mediante la inseminación artificial de la mujer mediante una técnica que permite inseminar a la mujer sin que transmitir a la esposa la enfermedad. Resumiendo: si uno de los esposos tiene el Sida el uso del preservativo es obligatorio…

 

Respuesta:

Estimado:

Con todos mis respetos:

1. No es esta la doctrina moral de la Iglesia. El preservativo siempre es un acto: a) anticonceptivo; b) anticonyugal. La doctrina de la Humanae vitae es definitiva e irreformable y no sujeta a discusión. El uso del matrimonio debe permanecer siempre abierto a la procreación, independientemente de la salud o enfermedad de los cónyuges. Ya indiqué esto en mi artículo anterior.

2. Añado que es también falso el aparente respeto por la salud del otro cónyuge. Un cónyuge sidásico no evita contagiar a su cónyuge sano por el uso del preservativo. Si así lo cree, desde el punto de vista médico, se engaña. Por tanto, si verdaderamente ama a su cónyuge, evitaría exponerlo a una especie de ruleta rusa sexual.

La mejor manera de comprobar la seguridad que ofrecen los preservativos es un estudio sobre la frecuencia de la transmisión del virus entre las parejas heterosexuales ‘HIV-discordantes’, es decir, en las que solo uno de los miembros es cero positivo. ‘Los resultados del único estudio de este tipo realizado hasta la fecha han demostrado que el uso del preservativo reduce solo en un 69% la posibilidad de contraer el SIDA’ (Susan C. Weller, ‘A Meta-Analysis of Condom Effectiveness in reducing sexually transmitted HIV’, 1993). ‘En otras palabras en el 31% de los casos existe un peligro real de contagio del SIDA, … Por ello, la Dra. Helen Singer Kaplan, sexóloga y directora del ‘Programa de Sexualidad Humana’, del Centro Medico de la Universidad de Cornell, en Nueva York, opina que ‘confiar en los preservativos, es coquetear con la muerte’.

‘El doctor Lelkens afirma que la causa del SIDA se encuentra en el ‘Acquired Integrity Deficiency Syndrome’, es decir, en la perdida de la integridad moral que ha comportado la ideología de la libertad sexual. ‘Quien no lo entienda así, o no quiera entenderlo, que sepa al menos que de seguridad, el preservativo ofrece tanta como el tambor de un revolver en la ruleta rusa’ (‘El preservativo no siempre preserva’, en EUROPE TODAY, Bruselas, Bélgica, nº 138, 22-XI-94, pp. 4 y 5).

Por lo que se puede decir que el condón es como un Bungee Jump que falla en 1 de cada 4 que se lanzan. Alguna realidad se indicara cuando se utilizan guantes especiales o doble guante en la atención de enfermos contagiados de este mal. Si esto se realiza con los guantes de cirujano para dar protección al cirujano y al enfermo ¿como se pretenderá ofrecer la misma seguridad en un preservativo que intenta la máxima sensibilidad?

Amar es querer el bien. Querer el bien implica renunciar a muchas cosas.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

conflicto

¿Puede darse conflicto de deberes entre la conciencia de los esposos y la doctrina del Magisterio?¿A quien hay que seguir en esos casos?

Pregunta:

Estimado Padre: ¿Es válido y correcto aplicar en materia de moral conyugal, en la planificación familiar, el conflicto de deber (situación conflictiva) para validar el uso de métodos artificiales? Esta situación podría darse en dos casos: a) que los implicados, después de tratar de formar su conciencia lo más adecuadamente posible, no lo logren, y consideren tener subjetivamente buenas razones para considerar que la doctrina expuesta en la Humanae vitae es errónea. Para el Magisterio Pontificio son ellos los que están en un error. Pero, puesto que han hecho el esfuerzo de salir de él y no lo han logrado, las Conferencias Episcopales, basadas en la doctrina tradicional, dicen que esas personas pueden recurrir al uso de métodos artificiales por el estado de su conciencia, que es invenciblemente errónea, pero cierta. b) que los implicados estén convencidos de la verdad de la doctrina expuesta por HV. Aquí hay que pensar en una doble posibilidad: 1. Que vivan en una situación no-conflictiva, en cuyo caso han de cumplir la encíclica tal cual, es decir, utilizando métodos naturales y no utilizando los artificiales. 2. Pero puede que vivan una situación conflictiva, en la que no pueden realizar todos los valores implicados en la situación. Supón, por ejemplo, que una pareja no está junta más que los días en que la mujer es genésica (a), que tienen buenas razones para controlar la natalidad, no fundadas en egoísmo de ningún tipo (b) y que no creen oportuno interrumpir su vida sexual (c). Esta pareja está en una situación conflictiva, porque si utiliza métodos naturales (a) y ejercita la sexualidad (c), no controlará la natalidad (b). Si no quisiera esta solución y tratara de ejercitar la sexualidad (c) controlando la natalidad (b), no tendría más remedio que utilizar métodos artificiales. Si esta solución tampoco le parece y quiere utilizar métodos naturales (a) y controlar la natalidad (b), entonces no tendría más remedio que abstenerse de la sexualidad (c). Es decir, cualquiera que sea la decisión que tome, siempre deja un valor sin realizar. Por eso, se llama situación conflictiva. Pero la aportación de las Conferencias Episcopales es que, si no puede llegar a hacer el bien total, hay que hacer el mayor bien posible. ¿Cuál es el mayor bien posible? Esto ha de determinarlo la pareja en cuestión. Pero puede ser la segunda solución. El sacerdote usa la frase ‘mayor bien posible’ y menciona que no es lo mismo decir, mal menor que mayor bien posible’ ¿Es correcta esta afirmación?

 

Respuesta:

Estimado:

El sacerdote en cuestión afirma que los esposos pueden recurrir lícitamente a los medios anticonceptivos en dos casos: a) cuando subjetivamente tienen buenas razones para considerar que la doctrina expuesta en la Humanae vitae es errónea; y b) cuando se hallan ante un conflicto de deberes: la obligación de controlar la natalidad y la imposibilidad de hacerlo según los métodos naturales.

Ninguno de los dos casos es moralmente correcto, según mi entender.

1º La primera situación porque, salvo el caso de una conciencia invenciblemente errónea (y por tanto, mala formación cristiana), ningún fiel católico puede decir que su conciencia, sobre un determinado tema, está madura y por tanto puede seguirla lícitamente, mientras no haya hecho lo posible por conocer la enseñanza de la Iglesia y por adecuarse a dicha enseñanza. El Papa Juan Pablo II ha dicho que ‘entre los medios que el amor redentor de Cristo ha dispuesto para evitar este peligro de error (de la conciencia), se encuentra el Magisterio de la Iglesia… Por tanto, no se puede decir que un fiel ha realizado una diligente búsqueda de la verdad, si no tiene en cuenta lo que el Magisterio enseña'[1].

2º La segunda situación, que postula un ‘conflicto de deberes’ tampoco puede aplicarse al caso conyugal presentado. Sólo puede plantearse un auténtico conflicto de deberes (es decir, la alternativa ante dos situaciones a las que una persona está igualmente ‘obligado’) cuando las dos obligaciones en oposición son buenas en sí; el mal, en tal caso, provendría de ‘dejar de cumplir una’ y por tanto, de una ‘omisión’. Así, en el ejemplo clásico, la persona que se ve exigida por el precepto de asistir a la Misa dominical y el precepto de la caridad que le manda cuidar un enfermo o quedarse con una persona que amenaza con hacer una locura. No hay ‘conflicto de deberes’ cuando uno de los dos casos (o los dos) es una acción pecaminosa. En efecto, nadie está ‘obligado’ a realizar un pecado. Si una de las alternativas es un pecado, estamos obligados a hacer la otra; y si las dos son pecado, estamos obligados a no hacer ninguna: antes no hacer nada que cometer un pecado.

En el caso planteado, es evidente que hay situaciones familiares en que es necesario controlar la natalidad. Pero si la única alternativa para hacerlo fuese una acción anticonyugal o anticonceptiva, entonces cesaría la obligación de controlar la natalidad.

El principio del ‘mayor bien posible’ es una forma elegante de presentar el principio del ‘mal menor’: vale lo mismo decir que queremos el 70 por ciento de un pastel, como decir que renunciamos al 30 por ciento del mismo. Ahora bien, sobre este principio hay que decir:

a) Es un principio restringido a un campo particular del obrar humano: el que versa sobre los actos indiferentes y sobre los males puramente físicos (por ejemplo, el obrero que queda con una mano atrapada en un derrumbe y debe elegir entre cortarse la mano o perder la mano y la vida).

b) No vale nunca cuando una de las alternativas es un acto intrínsecamente malo, es decir, un pecado formal. No se aplica, pues, al caso en que haya que elegir entre dos pecados (tomar anticonceptivos o abortar) ya que no se puede elegir ninguno de los dos; o entre un pecado y un mal puramente físico (usar preservativos o tolerar que el marido abandone a su mujer). Porque ante el mal moral rige un principio anterior y superior: ‘hay que hacer el bien y evitar el mal’, y sobre los primeros principios no caben excepciones. Jamás se puede elegir el mal moral, por más que sea el menor de dos males morales: aquello que es inmoral por su objeto, no se hace bueno porque exista la posibilidad de que sucedan males peores, y mientras siga siendo malo jamás podrá ser objeto de elección de un acto bueno y lícito (cf. Humanae vitae, 14).

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Juan Pablo II, Discurso al II Congreso de teología moral, en L’Osservatore Romano, 22/01/89, p. 45, n. 4.

impotencia

¿Es válido el matrimonio cuando hay impotencia por parte de uno de los cónyuges?

Pregunta:

¿Es válido un matrimonio en el que los cónyuges no pueden consumarlo, sabiéndolo de antemano? Por ejemplo: una mujer y un hombre que haya quedado paralítico accidentalmente y no pueda tener relaciones. No obstante, ellos deciden casarse igual.

 

Respuesta:

Estimado:

Le recuerdo que la impotencia de consumar el matrimonio es un impedimento tratado en el Código de Derecho Canónico, canon 1084.

Consiste en la imposibilidad de realizar la cópula carnal y la efusión del semen en la vagina de la mujer. Sin esto no hay posibilidad alguna de generar hijos.

Esta impotencia puede ser de orden físico, o bien puede responder a problemas psicológicos. A su vez, puede ser absoluta (no poder hacerlo con nadie) o relativa (no poder hacerlo con una persona determinada). También puede ser temporal o perpetua.

Ahora bien, hay que decir, que la impotencia que se considera impedimento matrimonial es la impotencia antecedente al matrimonio, perpetua, aunque sea relativa (al menos con esa persona no se puede casar). Este impedimento es de derecho natural; y esto quiere decir que no puede ser dispensado.

De todos modos, no hay que confundir impotencia (imposibilidad de copular) con imposibilidad de concebir (infecundidad), aunque se trate de infecundidad por esterilización o vasectomía. El caso de la vasectomía es más delicado porque lo que se deposita en la vagina de la mujer no es semen verdadero sino líquido seminal; sin embargo, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe respondió, el 13 de mayo de 1977 que esto no constituía propiamente impedimento de impotencia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Se puede perder el derecho a la patria potestad por maltratos?

Pregunta:

Cordial saludo.Mi hija quedó embarazada de su novio. Llevaban 3 años de noviazgo, él 24 años, ella 27, él estudiante, ella trabaja. Cuando nació la bebe, ni el muchacho ni su familia han querido asumir las responsabilidades que implican tener un hijo. Él siguió su vida normal de estudiante y ni siquiera se esforzó por estudiar de noche y trabajar de día. La mamá de él dice que ellos no tienen dinero para ayudar, cosa que no es cierto porque tienen más dinero que nosotros.

Mi hija terminó esa relacion sentimental con él, pues fue victima de maltrato y se dio cuenta que con él no iba para ninguna parte. Ella ha asumido toda la responsabilidad de su hija ayudada por nosotros, pero sin embargo este hombre se siente con derecho a disponer de su hija para llevarla y traerla cuando le viene en gana. La niña lo rechaza y llora siempre que él la quiere forzar ha estar con él y su familia. La bebé tiene 6 meses. Nosotros hemos sido muy pacientes, pero como todo se ha vuelto un problema, no sabemos qué hacer. Gracias por aconsejarme.

 

Respuesta:

Estimada:

Sin duda que están haciendo una obra de caridad muy hermosa ante Dios al apoyar a vuestra hija en este traspié que ha tenido. Asimismo es muy bello que puedan ayudar a educar esa criatura que es inocente de los errores que puedan haber cometido sus papás.

Por lo que refiere en su mail el papá se está comportando muy mal. De todos modos por razón de haberla engendrado el padre posee un derecho natural que le permite, por ejemplo, el poder visitarla y verla al menos esporádicamente. Cierto que ello no justifica sus malos comportamientos y el modo injusto en que ha procedido. En caso que de esas visitas se sigan males morales graves y/o peligros serios para el alma de la criatura ese derecho se puede perder o al menos suspender hasta que haya cambio de actitud.

Encomendamos esta situación en nuestras oraciones.

Atentamente.

P. Miguel A. Fuentes, IVE