animales

¿Hasta que punto es lícito hacer sufrir a los animales?

Pregunta:

Buenos días: Mi nombre es C. y soy de Puerto Rico. Quisiera saber qué comenta la Iglesia católica y los cristianos acerca de la cacería como deporte y la matanza continua y salvaje de los animales quienes también son la creación de Dios. Le agradecería muchísimo que pudiera contestarme. Gracias.

Respuesta:

La enseñanza de la Iglesia sobre este punto está resumida en el Catecismo de la Iglesia nn. 2414-2418:

‘El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación.

Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

vaticano

¿Qué decir de las riquezas del Vaticano?

Pregunta:

Han llegado dos consultas similares.

1. A muchas personas se les oye decir lo siguiente: ‘¿Por qué el Vaticano no vende todas sus riquezas en edificios y obras de arte para darle de comer a los pobres?’. ¿Cuál es la respuesta a esa popular acusación? Gracias.

2. ¿Cómo responder con total fundamento y seguridad ante los comentarios sobre las riquezas del Vaticano?

Respuesta:

Esta es una vieja crítica que muchas sectas lanzan contra la Iglesia católica. Hay que contestar en varios puntos:

1. No se puede comparar las necesidades económicas de la Iglesia en nuestros tiempos con las necesidades económicas del pequeño grupo de los apóstoles reunidos en torno a Jesús. Algunos hacen dialéctica sobre este punto: Jesús nació pobre en Belén y el Papa, en Roma, vive en un rico palacio.

El mismo Jesús comparó a su Iglesia con un grano de mostaza que una vez sembrado se convierte en un gran árbol que cobija entre sus ramas a todas las aves del cielo (cf. Mt 13,31-32). Jesús, por su ministerio itinerante y el reducido número de sus discípulos, no necesitaba casas ni posesiones. Sin embargo, necesitaba de la generosa colaboración de algunas personas, las cuáles lo seguían y ayudaban con su dinero: Le acompañaban los Doce, y algunas mujeres… que les servían con sus bienes (Lc 8,1-3).

Por otra parte, Jesús hablando muchas veces del mal uso de las riquezas y del bien de la pobreza, nunca profirió ninguna palabra en contra de la riqueza y esplendor del Templo de Dios; por el contrario, expulsó enérgicamente a los vendedores que profanaban la santidad del mismo (cf. Mt 21,12; Mc 12,42). En el Antiguo Testamento es el mismo Dios quien determina la rica ornamentación de la Tienda de Reunión y luego del Templo divino. Esto nos manifiesta cómo el Evangelio enseña no se debe escatimar en ornamentar la casa de Dios. Y así lo han entendido los grandes santos, como el santo cura de Ars, quien viviendo para sí en la extrema pobreza, nunca fue mezquino en gastos para la casa de Dios.

2. Cuando se habla de ‘las riquezas del Vaticano’ no hay que perder de vista que se está hablando de bienes culturales que son patrimonio de la humanidad, y de los cuales la Iglesia no es más que la custodia segura. El Vaticano, fuera de sus templos, es un gigantesco museo, bibliotecas, etc. Si el Papa tuviese que vender esos bienes para ayudar a los pobres, con mayor razón tendrían que vender cada nación y estado sus propios museos y bibliotecas y patrimonios culturales para ayudar a los pobres de sus propios países. Se trata de una ridiculez y un sinsentido, pues el hacer pasar estos bienes a personas particulares (que podrían comprarlos) sería privar a todos los estudiosos y personas de todas las creencias religiosas que se benefician con ellos, al ser puestos a la disposición general por la Santa Sede que los custodia. Allí acuden innumerables personas del mundo entero para conocer parte del patrimonio científico, filosófico, teológico y artístico de la humanidad.

Además, es evidente que ésta no sería ninguna solución para la pobreza en el mundo, la cual pasa por la conversión del corazón de los gobernantes y magnates de la tierra. Hay estadísticas según las cuales si se vendiese todo el Vaticano sólo se daría de comer a los pobres durante tres días.

Hay que ser conscientes de que esto no es más que un sofisma que busca desacreditar a la Iglesia.

3. Hemos dicho que la Iglesia ha crecido enormemente desde los tiempos de Cristo. Hay que tener presente, por eso, que, como ha explicado monseñor Sergio Sebastiani, presidente de la Prefectura de los Asuntos Económicos (Zenit 8 de julio de 1999), aún siendo una institución cuya tarea es estrictamente espiritual, necesita dinero para cumplir con su labor. La mayor parte de los gastos de la Santa Sede se destinan a mantener lo que se llaman ‘actividades institucionales’, una voz del presupuesto vaticano que abarca todos los organismos de la Curia Romana: las congregaciones, los consejos, los tribunales, el Sínodo de los Obispos, las Oficinas, etc. En total, estas instituciones cuentan con 2.581 empleados. Se trata de todas aquellas personas que asisten más de cerca al Santo Padre en su ministerio al Servicio de la Iglesia en el mundo. Estos organismos están llamados a ofrecer servicios que no producen entradas económicas.

Incluso hay obras que sólo ocasionan pérdidas económicas, pero que se mantienen por el valor apostólico que representan, como el periódico L’Osservatore Romano que actualmente tiene 36 mil suscriptores, y Radio Vaticano que ahora transmite en 47 lenguas (Zenit 23 de junio de 2000).

4. Por otra parte, la Santa Sede, así como muchas instituciones de la Iglesia ayudan económicamente de manera fue importante a las personas pobres. Para tener una idea, en los años 1998-1999, sólo ‘Caritas italiana’ distribuyó 34,5 millones de dólares destinados a 69 países de los cinco continentes (Zenit 18 de enero de 2000).

Y en cuanto a la caridad personal del Papa, él destina para las obras de caridad y para sostener las Iglesias más necesitadas, lo que se denomina el ‘Obolo de San Pedro’, que es fruto de las ofertas de los fieles para ayudar al Papa en su fin caritativo. En el año 1999, estas ofertas ascendieron a 55.313.587 dólares, que luego el Papa destinó a obras caritativas (Zenit 23 de junio de 2000), como son escuelas, leproserías, hospitales, centros de asistencia especiales, zonas azotadas por grandes calamidades (terremotos, sequías, hambre, etc.).

La Santa Sede también ayuda al sostenimiento de los Lugares Santos y de las Obras misionales.

No se puede acusar a la Iglesia de que no ayude a los necesitados por el hecho de que no venda sus bienes culturales. Por el contrario, las grandes obras de misericordia que ennoblecen la humanidad han sido invento e iniciativa de la Iglesia. Ella inventó los hospitales, los orfanatos, los cotolengos, los hogares para discapacitados, las mismas universidades. Si hoy podemos asistir a una universidad es gracias a la Iglesia; si hoy podemos acudir a un hospital es gracias a la Iglesia.

5. En cuanto a la vida personal del Papa, él vive modestamente, sin propiedades personales. Don Bosco cuenta que cuando fue a visitar a Pío IX, al papa no le quedaba ni un centavo para sus gastos personales, y que su habitación era tan pobre y sencilla como la de los chicos que él juntaba por la calle. Un periodista narra que el Papa Pío XII murió en su habitación que era sumamente sencilla, recostado en una pobre cama de hierro; su comida diaria consistía en unas pocas verduras. El médico de San Pío X, asistiéndolo en su enfermedad, quedó desconcertado al comprobar que el gran Papa llevaba puesto debajo de su blanca sotana, unos pantalones remendados como los de cualquier pobre del pueblo. El Papa al morir, ni siquiera deja a sus familiares sus bienes personales; sólo su enseñanza y buen ejemplo. Vive y muere pobre como Jesús.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

tatuajes

¿Es pecado hacerse tatuajes?

Pregunta:

¿Es pecado hacerse tatuajes?

 

Respuesta:

El tatuaje es una marca o un dibujo permanente en el cuerpo que se realiza introduciendo pigmento en las roturas de la piel. Ha sido practicado en muchas partes del mundo, aunque es raro entre poblaciones de piel oscura y ha estado ausente en muchas partes de China (al menos en los últimos siglos).

En ocasiones se los realiza para tener protección mágica contra la enfermedad o la desgracia; también se usan para identificar el rango de su dueño, se estado o pertenencia a un determinado grupo.

El ‘Diccionario de los Símbolos’ de Chevalier-Cheerbrant (Herder, Barcelona 1991, p. 980) dice: ‘el tatuaje pertenece en suma a los símbolos de identificación y está impregnado de todo su potencial mágico y místico. La identificación tiene siempre un doble sentido: tiende a atribuir a un sujeto las virtudes y las fuerzas del ser-objeto al cual se asimila; pero tiende también a inmunizar al primero contra las posibilidades maléficas del segundo. También se verán tatuajes de animales peligrosos, como el escorpión y la serpiente, o de animales símbolos de fecundidad, como el toro, de potencia, como el león, etc. La identificación implica también un sentido de don, e incluso de consagración al ser simbólicamente representado por el tatuaje; es entonces un signo de alianza’.

Se han encontrado tatuajes en momias egipcias datadas en el 2.000 a.C. Su uso es mencionado por autores clásicos en relación con los Tracios, Griegos, Galos, antiguos Germanos y Bretones; los Romanos tatuaban a los criminales y a los esclavos. Con la llegada del Cristianismo, el tatuaje fue prohibido en Europa, pero persistió en Medio Oriente y en otras partes del mundo.

En América, muchas tribus indias acostumbraban tatuarse el cuerpo y/o la cara. La técnica más usual consistía en los simples pinchazos, pero algunas tribus de California introducían color dentro de los rasguños, y algunas tribus del Artico y Subártico, muchos esquimales, y otros pueblos de Siberia Oriental hacían punturas con agujas a través de las cuales pasaban por debajo de la piel un hilo cubierto con pigmento (usualmente hollín). En la Polinesia, Micronesia y partes de Malasia, el pigmento era introducido en la piel arañándola con una especie de un pequeño rastrillo.

Con pequeñas variantes encontramos cosas semejantes den Nueva Zelanda, Japón, Túnez, Borneo, los Ibos de Nigeria, los indios Chontal de México, etc.

El tatuaje fue redescubierto por los europeos cuando entraron en contacto con los indios americanos y polinesios en la época de las grandes exploraciones. La misma palabra tatuaje (tattoo) fue introducida en la lengua inglesa y en otras europeas provenientes de Tahiti, donde fue recogido por la expedición de James Cook en 1769. Indios y polinesios tatuados, y más tarde europeos tatuados en el extranjero, atrajeron mucho interés en exhibiciones, ferias y circos de Europa y Estados Unidos, durante los siglos XVIII y XIX.

Estimulados por ejemplos polinesios y japoneses, ‘parlatorios’ de tatuajes, donde profesores especializados tatuaban a marineros europeos y americanos, pulularon por todas las ciudades del mundo. El primer implemento eléctrico para tatuar fue patentado en los Estados Unidos en 1891. Los Estados Unidos se convirtió en un centro de influencia en tatuajes, especialmente con la expansión de los tatuajes con motivos americanos. Los motivos nauticos, militares, patrioticos, románticos y religiosos son ahora similares en estilo y temas a través del mundo; los motivos característicos nacionales de comienzos del siglo XX han desaparecido.

En el siglo XX miembros de grupos callejeros y de motociclistas frecuentemente se identifican a sí mismos por determinados tatuajes. Durante la última parte del siglo XIX, el tatuaje estuvo en boga entre hombres y mujeres en las clases altas de Inglaterra. Excepto para tipos euroamericanos y japoneses y especiales aplicaciones médicas, el tatuaje está moribundo o extinguido en muchas partes del mundo.

A veces se ponen objeciones religiosas a la práctica del tatuaje (Lev 19,28: ‘No haréis incisiones en vuestra carne por los muertos; ni os haréis tatuaje. Yo, Yahveh’). El tatuaje ha estado implicado en algunos desordenes como el cáncer de piel, y en 1961 la práctica fue severamente restringida por el gobierno de la ciudad de Nueva York a causa del rol que jugó el material de tatuaje contaminado en la expansión de la hepatitis.

Desde el punto de vista moral habrá que tener en cuenta qué imágenes son las que se tatúan, con qué intención, qué implicaciones tiene para la salud, etc.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Santo-Tomás-de-Aquino

¿Qué enseña el Papa Juan Pablo II sobre Santo Tomás de Aquino y su teología?

Pregunta:

¿Qué dice el Papa Juan Pablo II a cerca de Santo Tomás de Aquino? Porque he escuchado varios tipos de comentarios, diciendo que es una doctrina conservadora. ¿Cómo puedo refutarlo, citando algún tipo de documentación? J. G.

Respuesta:

Estimado:

Le indico sólo algunos discursos importantes del Papa:

Escribía el 17/11/79: ‘Recomendaciones de los doctos y del Magisterio de la Iglesia sobre la doctrina del Aquinate. Las tres dotes aludidas, que acompañaron todo el esfuerzo especulativo de Santo Tomas, son también las que han garantizado la ortodoxia de sus resultados. Esta es la razón por la que el Papa León XIII, queriendo ‘agere de ineunda philosophicorum studiorum ratione, quae et bono fidei apte respondeat, et ipsi humanarum scientiarum dignitati sit consentanea’ (LEONIS XIII Acta, vol. 1 p.256), remitía, sobre todo, a Santo Tomás, ‘inter Scholasticos Doctores omnium princeps et magister’ (ibid., p.272). El método, los principios, la doctrina del Aquinate, recordaba el inmortal Pontífice, han encontrado, en el curso de los siglos, el favor preferencial no sólo de los doctos, sino también del supremo Magisterio de la Iglesia (cf. Encicl. Aeterni Patris, l.c., p.274-277). También hoy, insistía él, a fin de que la reflexión filosófica y teológica no se apoye sobre un ‘fundamento inestable’ que la vuelva ‘oscilante y superficial’ (ibid., p.278), es necesario que retorne a inspirarse en la ‘sabiduría áurea’ de Santo Tomás, para sacar de ella luz y vigor en la profundización del dato revelado y en la promoción de un conveniente progreso científico (cf. ibid., p.282). Después de cien años de historia del pensamiento, estamos en disposición de sopesar cuán ponderadas y sabias fueron estas valoraciones. No sin razón, pues, los Sumos pontífices sucesores de León XIII y el mismo Código de derecho canónico (cf. can. 1366 SS 2) las han recogido y hecho propias. También el Concilio Vaticano II prescribe como sabemos, el estudio y la enseñanza del patrimonio perenne de la filosofía, una parte insigne del cual la constituye el pensamiento del Doctor Angélico. (A este propósito me agrada recordar que Pablo VI quiso invitar al Concilio al filósofo Jacques Maritain, uno de los más ilustres intérpretes modernos del pensamiento tomista, intentando también de este modo manifestar alta consideración al Maestro del siglo XX y al mismo tiempo a un modo de hacer filosofía’ en sintonía con los ‘signos de los tiempos’. El Decreto sobre la formación sacerdotal Optatam totius, antes de hablar de la necesidad de tener en cuenta la enseñanza de las corrientes filosóficas modernas, especialmente ‘de las que ejercen mayor influjo en la propia nación’, exige que ‘las disciplines filosóficas se enseñen de manera que los alumnos lleguen, ante todo, a un conocimiento sólido y coherente del hombre, el mundo y de Dios apoyados en el patrimonio filosófico de perenne validez’. En la Declaración sobre la educación cristianaGravissimum educationis leemos: ‘…teniendo en cuenta con esmero las investigaciones más recientes del progreso contemporáneo, se percibe con profundidad mayor cómo la fe y la razón tienden a la misma verdad, siguiendo las huellas de los Doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino’ (n. 10). Las palabras del Concilio son claras: en la estrecha conexión con el patrimonio cultural del pasado, y en particular con el pensamiento de Santo Tomás, los Padres han visto un elemento fundamental para una formación adecuada del clero y de la juventud cristiana, y, por lo tanto, una perspectiva, una condición necesaria para la deseada renovación de la Iglesia’.

En 1990, volviendo sobre el tema dijo: ‘Es un hecho que la Iglesia, consciente de las posibilidades y los riesgos que con. lleva un camino así, continúa recomendando a sus hijos con insistencia materna ese humilde y gran ‘guía de los estudios’ que ha sido durante siglos santo Tomás de Aquino’ (Discurso a los participantes en el IX congreso tomista internacional, Roma, 29 de setiembre de 1990).

Puede ver también, del 13/09/80, el discurso ‘SANTO TOMÁS DE AQUINO, ‘DOCTOR COMMUNIS ECCLESIAE’ Y ‘DOCTOR HUMANITATIS», A los participantes en el VIII Congreso Tomista Internacional, celebrado en Roma con ocasión del centenaria de la Encíclica ‘Aeterni Patris’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

pena de muerte

¿Ha cambiado la doctrina de la Iglesia sobre la pena de muerte?

Pregunta:

De mi consideración. Aprovecho la oportunidad que me brinda de hacer una consulta. Mi pregunta es ¿por qué ha cambiado la doctrina de la Iglesia, aparentemente, sobre la licitud de la pena de muerte aplicada por el Estado, cuando durante tantos siglos se ha opinado lo contrario? ¿Obligan estas opiniones del Papa en conciencia a los fieles, o hay libertad de opinión al respecto? Atentamente.

Respuesta:

Estimado:

La doctrina de la Iglesia no ha cambiado sobre la licitud o ilicitud de la pena de muerte. Tradicionalmente se sostuvo que el Estado podía recurrir a esta pena para castigar determinados delitos. Eso es precisamente lo que dice la Encíclica ‘Evangelium vitae’ y el Catecismo de la Iglesia Católica. Por ejemplo, este último: ‘La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto, las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona’ (n. 2267-2268).

En cambio, es innegable un cambio respecto a dos cosas:

a) Éste ya no parece ser el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto. Hoy en día, la justicia tiene, o puede tener si quiere, más medios para proteger del agresor injusto sin tener que recurrir a la muerte del mismo. Si no lo hace es porque no quiere.

b) Se ha perdido el sentido de la ‘vidicta’ como virtud, es decir: del restablecimiento de la justicia por medio de este castigo. Hoy en día, hay más peligro de que se vea la pena de muerte como una simple ‘revancha’ del ofendido contra el ofensor. Estaríamos ante una especie de ‘linchamiento’ permitido por el Estado.

A esto se suma otro motivo en el que el Papa ha hecho mucho hincapié. En la actualidad una muerte, incluso merecida (como puede ser la del culpable) no alimenta el sentido de la justicia sino el sentido o cultura del desprecio, o al menos menosprecio, de la vida. La Iglesia está más urgida a dar un testimonio de su lucha por la vida en todos los frentes. Reivindicar la pena de muerte, ante una sociedad sedienta de sangre, hace perder fuerza moral a la Iglesia en su lucha contra el aborto, contra la eutanasia, contra la drogadicción, contra la guerra injusta, etc.

Sume a esto, otra constatación conyuntural: el 80 por ciento de las penas de muerte que se aplican en el mundo tiene por objeto a personas que sólo han cometido el ‘delito’ de profesar una religión distinta de la del estado (es el caso de la pena de muerte a los cristianos en los países árabes donde se practica la ley de la sharia) y por delitos menores (como es el caso de los simples ladrones de carteras en China). Por ejemplo: en 1995 se ejecutaron 2931 presos en 41 países, de los cuales 2190 ejecuciones se realizaron en China, 192 en Arabia Saudita y más de 100 en Nigeria; es decir, el 85% del total (Cf. Rev. NOTICIAS, 20 de julio de 1996, p. 97). A su vez, en países como en Estados Unidos, se aplica en procesos de dudosa legalidad y con una marcada línea racista antihispana, como han acusado algunos jueces americanos.

Por supuesto, como puede ver, se trata de opinar sobre la necesidad o no de llegar a tal extremo o si se da o no se da tal necesidad social e histórica. En este caso, siendo opiniones, puede usted opinar en contrario.

P. Miguel A. Fuentes, IVE