amor

¿Que pasa cuando dos novios católicos sienten un gran amor y respeto mutuo, y creen estar preparados para mantener una relación sexual sin estar casados?¿ Está bien o mal?

Pregunta:

¿Quisiera saber qué pasa cuando dos novios católicos sienten un gran amor y respeto mutuo y creen estar preparados para mantener una relación sexual sin estar casados? ¿Está bien o mal? Lo que sienten es amor.

 

Respuesta:

Muy estimado:

Muchas veces sucede que personas muy buenas se equivocan, sin mala voluntad, en cosas que son fundamentales. La preguntas que me envías (la cual es muy común escuchar en boca de adolescentes) es uno de esos casos. Hay en ella un par de cosas que están un tanto erradas.

1) Ante todo, si dos jóvenes realmente sienten el uno por el otro un gran amor y respeto mutuo, justamente es ese amor el que les hará de muro de contención contra las tentaciones de adelantar la vida sexual que sólo puede tener lugar dentro del matrimonio. Si un muchacho ama a una chica ‘realmente’, entonces ese mismo amor le hace ‘entender’ misteriosamente que no está todavía en condiciones de darle a su novia (con un gesto sexual), lo que ella se merece:

– no puede darle la totalidad de su persona;

– no puede darle su apellido;

– no puede darle la seguridad de su futuro;

– no puede darle el regalo de hacerla madre (porque él no se ha comprometido públicamente para ser el padre de sus hijos);

– etc.

El amor les hace darse cuenta de esto, como a una madre que quiere regalar una torta a su hijo en el día de su cumpleaños, se da cuenta que no puede regalarle la torta cuando todavía está cruda. Por más apurada que esté por hacer su regalo, haría mal en regalarla antes que termine de cocinarse.

Igualmente, un novio no ama verdaderamente cuando le regala a su novia un amor todavía crudo. Sólo el compromiso público dado ante la Iglesia y la sociedad corona definitivamente el amor de los novios, convirtiéndolos en esposos y, ya sí, dueños el uno del otro.

2) Siendo esto así, si ellos se creen preparados para tener esa relación sexual sin estar casados, entonces en realidad esto es señal de que ‘no están preparados para esa relación sexual’. Justamente: no están preparados porque todavía se engañan en algo tan importante para una pareja como es el modo y el momento en que pueden y deben manifestarse sexualmente el amor.

En realidad, pensar como ellos piensan es un signo de que deben seguir creciendo en madurez, con la ayuda de Dios.

Si dos novios se aman verdaderamente, entonces tratarán de crecer en la virtud, por amor a la persona que aman. Y tratarán de que la persona que aman no pierda, por culpa suya, la gracia y la virtud. Esto es signo de amor auténtico y verdadero.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

abrazos

¿Son lícitos los besos y abrazos?

Pregunta:

Tengo 23 años, de profesión mercadólogo, mi duda es acerca de los besos y los abrazos, pienso que a veces es difícil establecer la barrera entre los besos y los abrazos que son ilícitos y los lícitos, mi pregunta concreta es lo siguiente: ¿besar en la boca utilizando la lengua es ilícito? Para mí, casi está claro que sí, porque es casi imposible dar un beso de esa forma y no despertar alguna sensación placentera, aunque en algunas ocasiones he besado a mi novia utilizando la lengua y el beso fue de una manera tan tierna y sintiendo el amor que ella me transmite, que no se despertaron esas sensaciones placenteras. Saludos, y considero muy importante su presencia en la red, ya que son pocas las páginas que proponen conductas moralmente buenas con fundamento en lo que se dice y con propuestas coherentes. Hasta luego y espero su respuesta.

 

Respuesta:

Contesto con lo que expone el P. Antonio Royo Marín, en su Teología Moral para Seglares, sobre los besos y abrazos (cf. Teología Moral para Seglares, B.A.C., Madrid, Tomo 1, n. 601):

1) Constituyen pecado mortal cuando se intenta con ellos excitar directamente el deleite venéreo, aunque se trate de parientes y familiares (y con mayor razón entre éstos, por el aspecto incestuosos de estos actos)

2) Pueden ser mortales, con mucha facilidad, los besos pasionales entre novios (aunque no se intente el placer deshonesto), sobre todo si son en la boca y se prolongan algún tiempo; pues es casi imposible que no representen un peligro próximo y notable de movimientos carnales en sí mismo o en otra persona. Cuando menos, constituyen una falta grandísima de caridad para con la persona amada, por el gran peligro de pecar a que se la expone. Es increíble que estas cosas puedan hacerse en nombre del amor. Hasta tal punto les ciega la pasión, que no les deja ver que ese acto de pasión sensual, lejos de constituir un acto de verdadero y auténtico amor -que consiste en desear o hacer el bien al ser amado-, constituye, en realidad, un acto de egoísmo refinadísimo, puesto que no vacila en satisfacer la propia sensualidad aún a costa de causarle un gran daño moral a la persona amada. Dígase lo mismo de los tocamientos, miradas, etc., entre esta clase de personas.

3) Un beso rápido, suave y cariñoso dado a otra persona en testimonio de afecto, con buena intención, sin escándalo para nadie, sin peligro (o muy remoto) de excitar la propia o ajena sensualidad, no puede prohibirse en nombre de la moral cristiana, sobre todo si hay alguna causa razonable para ello; por ejemplo, entre prometidos formales, parientes, compatriotas (donde haya costumbre de ello), etc.

4) Lo que acabamos de decir puede aplicarse, en la debida proporción, a los abrazos y otras manifestaciones de afecto.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

afectuosidades

¿Hasta qué punto son buenas las ‘afectuosidades’ en el noviazgo?

Pregunta:

Si bien está claro que las relaciones premaritales son pecado, quisiera algunas precisiones sobre el tema de los besos y las caricias en una pareja que aún no ha contraído nupcias.

 

Respuesta:

Respondo, ante todo, con las reflexiones del Padre Carlos Buela, en el artículo ‘El noviazgo católico’ (cf. Revista Diálogo nº 4 [1992], pp. 11-14):

LAS AFECTUOSIDADES

Siendo jóvenes y briosos, con el bichito del amor en el corazón, mentalizados por toda una propaganda pansexualista y, a veces, incluso por algún -como los llama el P. Cornelio Fabro- ‘pornoteólogo’, es evidente que en la manifestación del amor mutuo se muestren demasiado efusivos. Hay toda una moda, a la que no muchos se sustraen, en bailes, atrevimientos en el caminar juntos, prendidos como ventosas, en apasionados e interminables besos, colgados uno de otro como sobretodos del perchero; nuestro lunfardo caracteriza esto con una palabra: ‘franeleros’. En lengua culta se los llama sobadores. A muchos jóvenes les han hecho creer que la esencia del noviazgo consiste en pasarse horas sobándose y sobándose más que cincha de mayordomo. Esos coqueteos, manoseos y besuqueos de los novios y novias sobadores que se adhieren entre sí como hiedra a la pared y que no llegan a una relación sexual completa se realiza, en el fondo, por razón de que los placeres imaginarios son más vivos, más fascinantes, más duraderos, más íntimos, más secretos, y más fuertes que los placeres y deleites del cuerpo. Es mucho más excitante y más ‘espiritual’, para algunos, el hacer todo como para llegar a la relación sexual, pero quedarse en el umbral. Aún fuera del aspecto moral, esas desmedidas son de muy deplorables consecuencias:

1) Son causa muchas veces de frigidez, sobre todo en la mujer, ya que por un lado siente cierto placer y al mismo tiempo, miedo de que las cosas pasen a mayores, por lo que busca reprimir aquello que siente.

2) Según me aseguran algunos médicos, puede ser, en algún caso, causa de infecundidad en el matrimonio: el dolor que luego de grandes efusividades sienten en sus órganos genitales ambos novios, es indicio innegable de que la naturaleza protesta por un uso indebido.

3) Generalmente, esas prácticas empujan a la masturbación y al joven, además, al prostíbulo (donde lo masturban ya que no es un acto de amor lo que allí hace con una prostituta). Lo más grave aún, es que quien está habituado a la masturbación, aún casado lo sigue haciendo, en consecuencia el mismo acto matrimonial deviene en una masturbación de dos. El egoísmo del que cae habitualmente en el pecado solitario es tan crónico, que, por resultante, concluye siendo impotente de realizar el acto sexual por amor, como Dios manda. A ello empujan las novias que muy sueltas de cuerpo excitan al novio creyendo que así, ellos las van a amar más. No dudo en afirmar que ésta es la causa principal de tantas desgracias familiares. Cuando ella o él descubre que el otro lo usa como ‘objeto’, es decir, por egoísmo, la muerte del amor es casi inevitable y de allí, las peleas, rupturas y separaciones. Porque, es preciso decirlo con toda claridad: generalmente, cuando en un matrimonio anda bien lo sexual, todo otro problema encuentra solución fácilmente.

4) No hay que olvidarse de que ‘aunque todas las potencias del alma estén inficionadas por el pecado original -enseña Santo Tomás- especialmente lo está (entre otras facultades)… el sentido del tacto’, que, como todos sabemos, se extiende por todo el cuerpo.

5) Tratándose de seres normales, es muy poco lo que les puede provocar excitación; entonces, hay que evitar completamente todo aquello que pueda producirla. Querer evitar excitaciones y no evitar las efusividades, es como pretender apagar un incendio con nafta. Los novios en el tema de la pureza tienen las mismas obligaciones que los solteros. A la pregunta siempre repetida: ‘Padre, ¿hasta dónde no es pecado?’, algunos responden con la consabida fórmula que se puede encontrar en cualquier buen manual de moral: ‘mientras no haya consentimiento en ningún placer desordenado’. Pero este principio por más que los jóvenes lo tengan grabado en su alma con letras de fuego, pierde toda eficacia cuando se enciende la llama de la pasión; de ahí que lo más prudente es aconsejar a los novios, como se hacía antaño: ‘Trátense como hermanos’. Percibimos la sonrisa sobradora de algunos que se pasan todo el día hablando de ‘hermanos’ (no refiriéndose a esto), mas la experiencia nos dice que eso es lo efectivo e innumerables novios y novias nos lo han agradecido de todo corazón y viven, ahora, un muy feliz matrimonio. Todos los sacrificios que se hagan durante el noviazgo para respetarse mutuamente, son nada comparados con los tan grandes y dichosos frutos, que por esos sacrificios, se tendrá en el matrimonio. Todo lo que los jóvenes hagan en este sentido no terminarán de agradecerlo el día de mañana, porque redundará en la felicidad del cónyuge, en la felicidad de los hijos y en la felicidad de quienes los rodeen. Y, por el contrario, lo que no hagan en éste sentido, dejándose arrastrar por el torbellino de la pasión, será causa de amarga tristeza, de grandes desilusiones y frustraciones. El fruto del egoísmo no puede ser la alegría ni la paz. La alegría es la expresión de aquel ‘a quien ha caído en suerte aquello que ama».

Hasta aquí cuanto dice el P. Buela. Podemos sintetizar la doctrina moral sobre las afectuosidades en general diciendo lo siguiente:

-son lícitas las demostraciones de afecto, aceptadas por las costumbres y usansas, que son signo de cortesía, urbanidad y educación;

-son ilícitas las expresiones púdicas (abrazos, besos, miradas, pensamientos, deseos) con la intención expresa y deliberada de placer venéreo o sexual, aunque no se tenga voluntad de llegar a la relación sexual completa;

-también son ilícitas cuando, aun sin tener intención deliberada de placer venéro o sexual, son ocasión próxima de actos pecaminosos internos (malos pensamientos, deseos, etc.);

-con más razón son ilícitas las relaciones sexuales completas.

En resumen: ‘reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal’ (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2350).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

primos

¿Es posible estar de novios y casarse entre primos?

Pregunta:

Actualmente estoy llevando un noviazgo con una prima; de verdad la quiero y la respeto pero no sé si es lícita esta relación. Yo pienso que no puede ser mala puesto que sentimos un gran amor el uno por el otro, somos muy felices y si fuera posible nos casaríamos a su debido tiempo. Agradeceré su respuesta.

Respuesta:

Estimado:

El tema que Usted me consulta se trata en el Derecho Canónico de la Iglesia bajo el título de ‘impedimento de consanguinidad’ (cf. canon 1091). El código dice: ‘§1. En línea recta de consanguinidad, es nulo el matrimonio entre todos los ascendientes y descendientes, tanto legítimos como naturales. §2. En línea colateral, es nulo hasta el cuarto grado inclusive. §3. El impedimento de consanguinidad no se multiplica. §4. Nunca debe permitirse el matrimonio, cuando subsiste alguna duda sobre si las partes son consanguíneas en algún grado de línea recta o en segundo grado de línea colateral’.

Esto significa que son inhábiles para contraer matrimonio las personas que están unidas por vínculo de sangre en determinados grados:

1) En línea recta, entre todos los ascendientes y descendientes (padres e hijos, abuelos y nietos, etc.)., tanto legítimos como naturales.

2) En línea colateral, es nulo hasta el cuarto grado inclusive, es decir, hasta los primos carnales.

No se dispensa nunca en línea recta ni en segundo grado colateral (hermanos). Pero, el matrimonio entre hermanos no bautizados celebrado en un país donde la ley lo permite, si luego se convierten a la fe, no ha de ser inquietados, ya que de tal impedimento, en este caso algunos dudan si es de derecho natural (Cf. Respuesta del Santo Oficio, 13/XII/1916).

Si su parentesco es el de ‘primos carnales’, tienen el referido impedimento, pero puede ser dispensado. Debe hablar bien esto en la curia diocesana de su diócesis.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

novios

Los novios ¿debe hablar de cómo llevarán la vida de fe cuando se casen?

Pregunta:

Estimado Padre: usted al escribir sobre el noviazgo dice que ‘hablar y planear la vida de la fe es un aspecto esencial que debe ser aclarado en el tiempo del noviazgo’. Mi pregunta es: ¿qué asuntos exactamente se deben planear y hablar? Agradezco de todo corazón su ayuda.

Respuesta:

Estimada:

Lo que se debe hablar con claridad es cómo se va a encarar la vida de la fe, es decir, la vida de los sacramentos, la asistencia a Misa, la formación en la fe (estudio, catequesis), la oración personal y de familia, la educación de los hijos en la fe católica, etc. Si esto no se habla claro cuando son novios, el noviazgo pierde una parte esencial de su finalidad.

Esto deberá encararse especialmente cuando uno de los novios no sea católico, pues en tal caso, la parte católica debe saber con claridad cómo será su situación en cuanto a la práctica de su fe.

Igualmente habrá que conversarlo muy seriamente cuando uno de los novios no es practicante (católico de nombre, pero sin práctica de oración y sacramentos) porque la futura esposa o el futuro esposo que quiere vivir su fe, debe saber que contará con el apoyo de su cónyuge.

El no aclarar estas cosas durante este período ocasiona muchas veces los principales conflictos matrimoniales.

P. Miguel A. Fuentes, IVE