mejilla

La otra mejilla. Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto? Si alguien agrede físicamente a otro, ¿no tiene éste derecho a defenderse? Gracias. Osvaldo

 

Respuesta:

Estimado:

1. Poner la otra mejilla

Ante todo, el sentido de ‘poner la otra mejilla’ debe entenderse en el contexto del discurso de la Montaña en que Jesucristo reforma la ‘ley del talión’ (cf. Mt 5,38-42)

Jesucristo toma por tema la ley del talión, que se hallaba formulada en la ley judía: ‘habéis oído -en las lecturas y explicaciones sinagogales- que se dijo (a los antiguos): ojo por ojo y diente por diente’ (cf. Manuel de Tuya, Biblia comentada, BAC, Madrid 1964, pp. 119-122).

Lo que Cristo enseña, en una forma concreta, extremista y paradójica, es cuál ha de ser el espíritu generoso de caridad que han de tener sus discípulos en la práctica misma de la justicia, en lo que, por hipótesis, se puede reclamar en derecho.

Por eso frente al espíritu estrecho y exigente del individuo ante su prójimo, pone Cristo la anchura y generosidad de su caridad. ¿Cuál ha de ser, pues, la actitud del cristiano ante el hombre enemigo? ‘No resistirle’, no por abulia, sino para ‘vencer el mal con el bien’ (Rom 12, 21).

Pero la doctrina que Cristo enseña va a deducirse y precisarse con cuatro ejemplos tomados de la vida popular y cotidiana y expresados en forma de fuertes contrastes paradójicos, por lo que no se pueden tomar al pie de la letra. Estos casos son los siguientes:

a) Si alguno te abofetea en la mejilla derecha, muéstrale también la otra. La paradoja es clara, pero revela bien lo que lo que debe ser la disposición de ánimo en el discípulo de Cristo para saber perdonar.

b) Al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. Ante esto, se le promete por Cristo ceder también de buen grado su túnica. La crudeza a que llevaría esta realización hacer ver el valor paradójico de la misma. La enseñanza de Cristo es ésta: Si te quisiera quitar una de las dos prendas únicas o necesarias de tu vestido ( de lo necesario o casi necesario a la vida), que no se regatee; que haya también una actitud, en el alma, de generosidad, de perdón, que se manifestaría incluso, como actitud, hasta estar dispuesto a darle también todo lo que se pueda.

c) Si alguno te requisa por una milla, vete con él dos. Esta sentencia de Cristo es propia de Mt. La expresión y contenido de ‘requisar’ es de origen persa. Y se expresa esto con el grafismo del caso concreto. Si se requisa por ‘una milla’ (que es el espacio que los romanos señalaban con la ‘piedra milaria’ = 18000 m.) habrá de responderse generosamente ofreciéndose para una prestación doble. La misma duplicidad en la fórmula hace ver que se trata de cifras convencionales. La idea es que la caridad ha de mostrarse con generosidad, enseñado por Cristo con un término técnico.

d) Da a quién te pida y no rechaces a quien te pide prestado (Lc. 6, 30). Teniéndose en cuenta el tono general de este contexto, en el que se acusan exigencias e insolencia por abuso (la bofetada, el despojo del manto , ‘la requisa’), probablemente este último ha de ser situado en el plano de lo exigente. Puede ser el caso de una petición de préstamo en condiciones de exigencia o insolencia.

El discípulo de Cristo habrá de tener un espíritu de benevolencia y caridad tal, que no niegue su ayuda- limosna o préstamo- a aquel que se lo pide , incluso rabasando los modos de la digna súplica para llevar a los de la exigencia injusta e insolente. El discípulo de Cristo deberá estar tan henchido del espíritu de caridad, que no deberá regatear nada por el prójimo como a sí mismo’.

 ¿Cuál es la doctrina que se desprende de estos cuatro casos en concretos que utiliza para exponerla?

Igualmente en estos cuatro casos hay que distinguir la hipérbole gráfica y oriental de su formulación y el espíritu e intento verdadero de su enseñanza.

Y para esto mismo vale la enseñanza práctica de Jesucristo.

Así cuando el sanedrín lo procesa y cuando un soldado le da una bofetada, no le presenta la otra mejilla, sino que le dice: ‘Si he hablado mal, muéstrame en qué , y si bien ¡, ¿por qué me abofeteas?’ (Jn. 18,22.23).

a enseñanza de Cristo y de Pablo muestran bien a las claras que la enseñanza de Cristo no tiene un sentido material, Si en la hagiografía cristiana llegó el celo a practicar literalmente estos mandatos, fue ello efecto de un ardiente espíritu de caridad que se llegó a desbordar, incluso en el gesto.

2. La legítima defensa

La doctrina católica está expuesta en el Catecismo nn. 2263-2267:

‘La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ‘La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor… solamente es querido el uno; el otro, no’ (Santo Tomás de Aquino).

El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal: ‘Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita… y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro’ (Santo Tomás de Aquino).

La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

condenados

¿Se puede amar a los demonios y a los condenados? ¿Podemos rezar por ellos?

Pregunta:

Estimado Padre: Desde hace un par de años me hago la siguiente pregunta: Jesús nos enseña a amar a nuestros enemigos; ¿esto es válido aplicarlo con los Ángeles caídos?; ¿Sufre Dios por sus ángeles caídos?; ¿Se aplica a ellos la parábola del hijo prodigo, en el sentido que puedan ser ellos hijos pródigos alejados de la voluntad del padre? ¿Por otro lado es válido rezar por quienes se han portado tan mal que la historia humana ya los ha condenado?; Por ejemplo, yo incluyo a Judas el Iscariote (Hitler y Nerón, entre otros) porque siento compasión y además porque ¿no tenemos todos algo de Judas? Gracias!!! Desde Maracay, Venezuela.

 

Respuesta:

Santo Tomás estudia este tema en su tratado de la Caridad (Suma Teológica, II-II, cuestión 25). Allí, después de preguntarse por el amor a Dios, al prójimo y a sí mismo, también se pregunta si se puede amar a los pecadores y a los enemigos. Le resumo sus enseñanzas:

1) La caridad respecto de los pecadores

Si bien la caridad es debida a los hombres, hay algunos que parecen excluidos de la amistad caritativa como enemigos de Dios, que son los pecadores, y otros, además, como enemigos nuestros.

Sin embargo, Santo Tomás recuerda el razonamiento de San Agustín diciendo: ‘Dice San Agustín que ‘amarás a tu prójimo’, vale lo mismo que ‘a todo hombre hay que tener por prójimo’. Los pecadores no dejan de ser hombres, porque el pecado no destruye la naturaleza. Por tanto, han de ser amados por caridad’.

¿Cómo puede y debe ser amado caritativamente el pecador, a pesar de su pecado? Explica Santo Tomás que en el hombre pecador hay que distinguir la naturaleza, por la que es capaz de Bienaventuranza, y la culpa, que le impide conseguirlo. Por eso, todo pecador como tal debe ser odiado, pero como hombre ha de ser amado: ‘debemos odiar en los pecadores su condición de tales, y amar su condición de hombres capaces de Bienaventuranza’.

Se debe amar a los pecadores con caridad ‘no porque queremos lo que ellos quieren o nos gocemos en lo que ellos se gozan, sino para hacerlos querer lo que queremos y que se gocen en lo que nosotros nos gozamos’. Por eso recuerda aquello de Jeremías 15,19: ‘Se convertirán ellos a ti, y tú no te convertirás a ellos’.

2) Caridad a los enemigos.

Hay que entender por ‘enemigos’ aquellas personas que nos odian pecaminosamente. En tal sentido, es una especie del amor a los pecadores.

El amor a los enemigos es preceptuados por la Sagrada Escritura y allí se nos pone como ejemplar el amor de Dios a nosotros cuando éramos enemigos; se puede leer: Mt 5,44-48; Rom 5,8-10; Ef 2,1-7.

Lo mismo nos recuerda el Magisterio: ‘Cristo murió por amor a nosotros ‘cuando éramos todavía enemigos’ (Rom 5,10). El Señor nos pide que amemos como El hasta a nuestros enemigos…’ (Catecismo, 1825).

Podemos resumir la doctrina de ambos artículos en los puntos siguientes:

-Al enemigo, como tal, es decir, en cuanto posee la cualidad pecadora que lo constituye en enemigo y perseguidor, sería perverso amarle.

-Al enemigo, como hombre y capaz de Bienaventuranza divina, se le debe amar bajo pena de condenación, con el amor caritativo que se tiene a todos en general. Y, por tanto, se le debe conceder los signos y beneficios caritativos que se otorgan en general al prójimo.

-No es necesario amar al enemigo con el amor especial que se reserva para los más queridos, ni, por tanto, hacerle objeto de las atenciones y beneficios correspondientes a ese amor.

-Sin embargo, es necesario estar dispuesto a tener y ejercitar esa caridad especial con el enemigo en caso de necesidad.

-No es obligación, sino perfección de la caridad, tenerla y ejercitarla especialmente con los enemigos no necesitados.

3) La caridad hacia los condenados y los demonios

Santo Tomás habla directamente sobre los ángeles condenados, y lo que dice podemos también aplicarlo a los hombres condenados.

Los demonios no pueden ser objeto de la caridad, porque ésta se extiende a las creaturas que poseen o pueden poseer la divina Bienaventuranza. Y los demonios están definitivamente imposibilitados para ello por justicia divina, que debemos amar.

Únicamente en cuanto la caridad puede amar lo que es un bien para otro, puede quererse caritativamente la conservación de los demonios en el ser, para gloria de Dios.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

masturbación

¿Por qué está mal la masturbación? ¿Tiene consecuencias en la persona?

Pregunta:

Consulta: Quisiera saber desde el punto de vista de la Iglesia por qué es mala la masturbación y por qué los ‘sexologos’ la defienden, yo lo hago y quisiera saber si lo que hago es un pecado y si es grave y si puede tener problemas para mí en el futuro (o en mi matrimonio cuando me case).

 

Respuesta:

Lo siguiente lo tomo del libro del Padre Jorge Loring, ‘Para salvarte’ (n. 68,23).

El vicio solitario (masturbación) consiste en abusar del propio cuerpo excitando los órganos genitales para procurarse voluntariamente el placer hasta el orgasmo. A veces, se comienza por mera curiosidad; pero si no se corrige esta inclinación se convierte en un vicio obsesivo que esclaviza a la persona y le desinteresa por todo lo demás: como le pasa al drogadicto.

La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Conozco casos de matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro del matrimonio.
Quien se deja esclavizar del vicio de la masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio. Una mujer joven se quejaba en la consulta de un médico de que su marido tenía con ella muy pocas relaciones sexuales. Él reconoció, delante de ella, que prefería masturbarse .

Quien tiene la desgracia de verse esclavizado de esta mala costumbre debe poner el mayor esfuerzo en corregirse cuanto antes. Este vicio encadena fuertemente, cada vez es más difícil desligarse de él, y cuando tiene esclavizada a una persona, la envilece, la embrutece, anula su voluntad, destroza su carácter, perturba el desarrollo de su personalidad, debilita la fe, produce desequilibrio nervioso, hace egoístas e incapacita para amar a otra persona.

No se puede abusar del organismo. La naturaleza pasa después la factura. El cuerpo humano tiene sus límites. No se pueden gastar las energías destinadas al desarrollo integral de la persona humana.

Incluso para Freud ‘el masturbador incurre en riesgo de bloquear el desarrollo y maduración de su psicoafectividad’ (Dr. HONORIO SANJUÁN: Estudios sobre sexualidad, 3º, III. Toledo, 1979).

‘La práctica habitual de la masturbación conduce a graves desequilibrios nerviosos’ (Dr. JOSÉ TODOLÍ: Estudios sobre sexualidad, 4º, II. Toledo).

Todos los médicos están de acuerdo que cuando la masturbación es frecuente, conduce a la neurastenia (DUBOIS: La revolución sexual, XIII, 2. Barcelona, 1975).

Y cuando la masturbación es un vicio esclaviza como todos los vicios.

‘Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (…) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado. (…) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas’.

Hay maníacos sexuales que buscan el placer una y otra vez por sí mismo, y caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento, las incesantes frustraciones.

‘La masturbación hecha costumbre da por lo general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de elevarse a un auténtico amor sexual’ (B. HÄRING: La ley de Cristo, 3º, 3ª, I. Ed. Herder. Barcelona).

El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas.

Cuando un ser humano se habitúa a satisfacer un instinto en una forma determinada, puede llegar a perder, a través de un mecanismo psicológico, el deseo o la atracción por todas las demás formas.

El hábito de saciar el hambre sexual de una forma anormal y viciosa, puede llegar a provocar la repelencia por el acto natural, con lo cual el masturbador entra de lleno en el campo de la incapacidad sexual psicológica.

El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial.

Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas.

Dice el Dr. Luis Riesgo: ‘No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente. No sólo en el campo religioso, sino en el afectivo, psicológico, intelectual, etc., donde se hacen sentir sus malos efectos. (…) El que en plena adolescencia el joven sienta fuertemente el impulso sexual, tiene un profundo valor educativo.

(…). Más tarde en su vida conyugal, muchas veces tendrá que dominar sus inclinaciones’ (Dr. LUIS RIESGO: Hablando en familia, III, 5. EAPSA. Madrid).

Estas partes del cuerpo deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza, higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto. Con eso no se juega.

Éste es un pecado degradante, repugnante, inconcebible en una persona delicada. Sin embargo, si después te da vergüenza confesarlo, entonces la desgracia es doble e irreparable. Si tuviste la desgracia de la caída, no permitas la de la vergüenza de confesarlo. Acude a un sacerdote y ábrele tu conciencia para que te perdone y te ayude a salir de tan triste estado. Ten confianza. Tienes remedio.

Muchos empezaron esta mala costumbre sin conocer su importancia. Bien porque lo descubrieron de un modo casual, bien porque fueron enseñados por otra persona que intencionadamente quitó importancia al asunto.
Pero la masturbación es un vicio que puede esclavizar fuertemente y transformar el carácter de la persona, y hasta su ideología religiosa.

La masturbación puede llevar a perder la fe. Muchas incredulidades han empezado en la masturbación. El joven siente inclinación a masturbarse, oye que la Iglesia lo prohíbe, y siente la tentación de dejar la Iglesia que le prohíbe lo que le gusta hacer, y quizás le cuesta trabajo evitar.

Dice José Antonio Sayés:’Pero, por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación no contribuye a la superación del problema sexual o de la tensión de un momento dado. Conduce, por sí misma, a la larga, a una erotización mayor y a una obsesión creciente, de modo que a la larga el problema no se soluciona.

El sexo, no lo olvidemos, (Chauchard no se cansa de repetirlo) está sobre todo en la cabeza. Tiene una capacidad obsesionante tal, que la solución del problema sólo se logra cuando el hombre consigue entregar su pensamiento a tareas que le ilusionen. La solución al problema del sexo, y a una obsesión excesiva, sólo se encuentra de modo indirecto, cuando el hombre consigue centrar su pensamiento en algo que le ilusiona. He sido testigo de cómo muchachos que se han entregado con ilusión a una ocupación deportiva, incluso en presencia de chicas, o a otro tipo de ocupación, no tenían problema alguno sexual; mientras éste surgía siempre que se dejaban llevar por el ocio’.

Es fácil que quienes han contraído el hábito de la masturbación experimenten un fuerte sentimiento de culpabilidad capaz de destruir todo estímulo de vida y de producir un permanente complejo de inferioridad. El único tratamiento pastoralmente eficaz es el de procurar abrir horizontes hacia expresiones plenas de la afectividad y hacia tareas culturales, profesionales, sociales y religiosas, que den sentido a sus vidas .

La gravedad de cada acto masturbatorio no siempre es fácil determinarla pues depende de muchas circunstancias y pueden darse atenuantes de la responsabilidad. Sin embargo se debe poner un serio empeño en evitarlo por el peligro de caer en la esclavitud del hábito.

Dice Robinson: ‘Los trastornos afectivos y algunas situaciones neuróticas provocan frecuentemente manifestaciones de autoerotismo, que alcanza, a veces, un carácter convulsivo claramente psicopático…

Está comprobado que la masturbación ejerce siempre una mala influencia, sobre todo en la psicología juvenil. Debilita la fuerza de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad. Crea melancólicos e introvertidos y, en el fondo, egoístas. La masturbación es una satisfacción sexual egoísta, que marca a la persona y la incapacita para el verdadero amor.

La masturbación es, muchas veces, un recurso barato y triste; una compensación, un consuelillo de segunda clase por algún otro éxito de cualquier otro tipo que no hemos sido capaces de conseguir.

Con todo, no todos los actos masturbatorios son de la misma gravedad.

Cuando un joven tiene interés en corregirse y pone los medios que tiene a su alcance aunque tenga caídas, éstas pueden tener atenuantes a su culpabilidad. Siempre se puede acudir a Dios pidiéndole ayuda, pues Él nunca abandona a los que acuden a Él, pidiéndole ayuda para algo bueno y conveniente. Y como dice San Pablo: ‘Todo lo puedo en Aquel que me conforta’.

En la adolescencia, la masturbación puede aparecer como algo pasajero.

Como eso de los granos.

Pero si es repetitivo, puede degenerar en hábito; y esto es grave. Lo lógico es que deje un sentimiento de culpa. Sin duda es mejor dominarse que dejarse vencer. Dominarse es señal de adultez. La victoria es señal de madurez. La caída es señal de debilidad; por eso deja sentimiento de culpa.

En la edad madura, la masturbación puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general puede aparecer en todos los estados mentales, en los que se dé una descohesión de la personalidad que tenga por consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos’.

A veces las caídas en la masturbación no son por una intención lujuriosa. Son consecuencia de una depresión, una angustia, una ansiedad que no permite conciliar el sueño, etc. Casos así pueden remediarse con algún sedante inofensivo como Huberplex, Librium, etc.

En una conferencia que le oí en 1976 al Dr. D. José M Poveda Ariño, Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, titulada ‘Ciencia y Doctrina Moral Sexual’, dijo que la masturbación es un fenómeno evitable por cualquier persona normal. Y en los casos en que esta superación parezca difícil es perfectamente asequible con los productos que un médico puede recomendarle.

En enero de 1976 el Vaticano publicó un documento sobre Moral Sexual donde dice: ‘El uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad de esta facultad (n 5)’. También dice este documento que ‘la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado (n 9)’.

Y en 1983 el Vaticano ha publicado otro documento sobre la educación sexual donde dice: ‘La masturbación es un grave desorden moral .Y aunque sólo Dios conoce la responsabilidad moral subjetiva de cada acto, de ningún modo se puede sostener que en el campo sexual no se cometen pecados mortales’.

Pero no has de considerar pecado todos los tocamientos en tus órganos genitales. Pueden ser pecado los tactos encaminados a excitar el placer sexual; pero otros actos que se hacen por necesidad o por higiene, no son pecado alguno. Y en las conmociones orgánicas que sientas involuntariamente, reprime el consentimiento, y en paz. No has pecado contra la pureza. Aprende a distinguir entre el sentir y el consentir. Puede ser que a veces sientas movimientos contra tu voluntad en tus órganos genitales. Acostúmbrate a prescindir de esas sensaciones.
El pecado no está en el sentir, sino en el consentir. En el noveno mandamiento te expongo el modo de luchar contra estas tentaciones molestas.

Pero si tuvieras la desgracia de haberte complacido voluntariamente en ese placer sexual, entonces manchaste tu pureza.

El orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda evitar la sensación placentera.

Pero cuando ocurre durmiendo no es pecado alguno.

El placer venéreo completo, el orgasmo, buscado directamente, sólo está permitido dentro del matrimonio, dentro del acto conyugal.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

protestantes

¿Cuáles son las principales acusaciones de los protestantes contra la Iglesia Católica y cuales son las respuestas?

Pregunta:

¿Cuáles son las principales acusaciones de los protestantes contra la Iglesia Católica?

 

Respuesta:

La generalidad de los escritos apologéticos se han concentrado, con particular lucidez y buena documentación, en los aspectos principales del Protestantismo. En efecto: su historia, circunstancias históricas, consecuencias religioso-políticas, doctrina de las principales sectas o sub-doctrinas, etc., son la tónica principal de estos documentos que muy pronto también incluiremos en nuestro sitio.

Sin embargo, la experiencia cotidiana de los fieles en el día de hoy clama por un diagrama simplificado de argumentos esgrimidos por ellos y las respuestas que fundamentalmente pueden oponerse.

Como en todo trabajo apologético, nunca, jamás, el problema se centra en las personas que profesan estas doctrinas, sino en las ideas que dan nombre y agrupan estas denominaciones.

Este es, por lo tanto, el primer primer trabajo que ponemos a disposición de nuestros lectores. Y, bajo esta premisa, resumiremos los argumentos ‘evangelistas’, en el siguiente cuadro acusador:

‘Sólo tenemos un intercesor que es Jesucristo y solo su palabra nos hará libres, por lo tanto no puede haber Papas, ni Vírgenes, ni imágenes ni ídolos, sino solo Jesucristo’

Procediendo con el uso de la sana razón y de las mismas Sagradas Escrituras, que en verdad y auténticamente ellos aman y estudian tanto, procederemos a un análisis atento y cuidadoso de cada punto.

1) ‘Sólo tenemos un intercesor que es Jesucristo’

Hay dos maneras de ser mediador o intercesor.

La primera es: pagando la deuda que el ofensor tenía con el ofendido. En esto, únicamente Cristo es el Mediador porque Él murió para pagar nuestros pecados, y nadie más ha muerto por nuestros pecados. En este sentido Cristo es el único mediador.

Pero hay otra manera de ser mediador: y consiste en suplicar al ofendido que perdone al ofensor, y en rogar al Todopoderoso que envíe ayudas especiales al necesitado. Y en esta segunda forma los Santos si pueden ser mediadores: rogando a Dios por nosotros, para que nos libre de nuestros males y nos conceda los favores que necesitamos.

Para ilustrar lo que decimos, pondremos dos ejemplos bíblicos:

Cuando Dios se disgustó por los cuatro hombres que le habían inventado al Patriarca Job lo que él no había hecho, les dijo: ‘Mi siervo Job intercederá por vosotros y Yo le atenderé su petición para no trataros duramente como os merecéis’ (Job 42,8) En este caso Job aparece como mediador entre los hombres y Dios, pero no para pagar las deudas que le tenían al Señor sino para rogar en favor de ellos. Y el Señor atendió su petición y los perdonó.

Moisés dice a Dios: ‘Perdona las maldades de este pueblo, según la grandeza de Tu misericordia’ (Números 14,19) Y Dios le responde: ‘Los perdono conforme a tu súplica’ Aquí aparece Moisés como mediador, no pagando los pecados de los otros (que eso solamente lo pudo hacer y lo hizo Jesucristo) sino rogando en favor de ellos.

Único mediador pagando es Cristo. Pero mediadores rogando, si pueden ser la Santísima Virgen María, los santos y lo podemos ser nosotros rogando en favor de los demás. Por eso el Congreso Internacional de Mariología reunido en Zaragoza en 1979 (con participación de muchos protestantes, católicos y ortodoxos) declaró: ‘Creemos que todo cristiano debe orar por los demás’. Los cristianos que ya han llegado a la perfección en la eternidad, ¿por qué no podrán orar por nosotros? Y María, la más perfecta de todas las personas cristianas, ¿por qué no podrá orar por nosotros?

Por eso dice el apóstol Santiago: ‘Por eso orad unos por otros para que seáis salvos’ (Santiago 15,16)

2) ‘Y solo su palabra nos hará libres’

Recordamos primero que los Santos Evangelios nos advierten que: ‘Muchas cosas hizo Jesús, que, si se escribiesen una por una, creo que este mundo no podría contener los libros’ (Juan 21, 25) Por eso delegó en Su Iglesia, gobernada por los Apóstoles (que conocían todo lo que dijo el Señor) la tarea de ir y predicar a todas las gentes la Buena Nueva, el Evangelio, que era la noticia que Dios nos había entregado a Su Hijo para que muriendo por nosotros tuviésemos vida eterna. Por eso coincidimos en que Sólo La Verdad Nos Hará Libres, como es el lema de nuestro Sitio. La Verdad es una y miles sus consecuencias y aplicaciones. La segunda fuente de Revelación, aparte de las Sagradas Escrituras, es la Tradición, es decir, aquello que las personas más justas ante los ojos del Señor nos han enseñado, es la enseñanza vida de Dios entre los hombres. Dios mismo les ha ido revelando en el tiempo muchas cosas que hoy por hoy son verdades para la gran mayoría de cristianos en el mundo. Un ejemplo son los libros que usted lee. El peso de 1500 años de tradición católica, el peso de Su autoridad, validó los libros que las distintas confesiones protestantes y evangelistas atesoran.

Jesucristo nos da un sólo mandamiento y es Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. En eso se basa nuestra Fe. Su palabra nos da vida y la visión más perfecta de las cosas.

3) ‘Ni Papas’

Dice Jesús, Señor Nuestro: ‘Bienaventurado tú, Simón Bar Jona, porque no es la carne ni la sangre quien es te ha revelado, sino Mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Yo Mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella’

Como habrá leído usted, éstos versículos han sido negados argumentando que puede dudarse de su autenticidad. Pero un estudio serio y profundo revela que nunca ha faltado en los códices y versiones antiguas. Por tanto su autenticidad crítica está sólidamente fundada y reconocida por muchas confesiones cristianas.

Sabemos por Juan 1,42 que Jesús había cambiado misteriosamente el nombre de Simón en Pedro (Kefas) cuando éste se le presentó por primera vez. El Evangelista no da explicación de este sorprendente cambio. Es en Mateo 16,18 donde se da la razón de ello. Cristo, al verlo por primera vez, le destinaba ya para ser el fundamento de Su Iglesia y ahora lo declara solemnemente. En la comunidad primitiva cristiana se le llamará Cephas, palabra aramea (Kefas), que significa ‘piedra’, aludiendo a su misión de piedra angular de la Iglesia. En efecto, Cristo declara que el edificio de Su Iglesia (que en versículo 19 se identifica con el ‘Reino de los Cielos’) se asentará sobre la persona de Pedro como sobre ‘roca’ inconmovible, de tal forma que las ‘puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella’; es decir, el poder del mal.

Este poder y autoridad pasó de San Pedro al próximo Papa, y así a través de los 264 pontífices ha llegado hasta nosotros. Por lo tanto, es lógico suponer que Cristo no ha querido, a la muerte de San Pedro, dejar sin una piedra angular a sus hijos. Creemos, en cambio, que desobedecer este mandato o ignorarlo es, de alguna manera, no seguir a Cristo y desconocer las Escrituras.

4) ‘Ni Vírgenes’

Jesucristo necesitó de María Santísima para que Lo formara en su vientre, Lo trajera al mundo, Lo alimentara con sus pechos, lo cuidara en sus primeros años, lo enseñara y educara como toda madre a su hijito. Jesucristo necesitó de la Virgen María, nosotros, orgullosos, ¿vamos a decir que no necesitamos de Ella?

Los apóstoles necesitaron de la Virgen María. Ella los acompañaba y consolaba en sus reuniones después de la Pasión. La Sagrada Biblia dice que: ‘los apóstoles se reunían a orar con María, la Madre de Jesús’ (Hechos 1,14) Y podemos estar seguros de que la honraban y consultaban como a la más buena de las madres y a la más sabia de las consejeras.

Jesús mismo le dio esa importancia. Durante 30 de sus 33 años sobre la tierra le rindió los honores que el más obediente de los hijos puede ofrecer a la más venerada de las madres. Si Cristo le ha dado tanta honra, y si en el Cielo sigue teniendo las mismas cualidades que Él tenía en la tierra y por lo tanto sigue siendo el mejor Hijo que ha existido y como tal sigue honrando infinitamente a Su Madre Santísima, ¿por qué los seguidores de Jesús no podremos venerarla y honrarla de manera semejante a como lo hace Él?

¿Una anécdota curiosa? Hace poco un obispo protestante alemán afirmaba: ‘Muchos protestantes se niegan a rendirle honores a la Madre de Jesucristo, no porque no estén convencidos de que deberían hacerlo, sino sólo y únicamente porque le tienen antipatía a lo que enseñan los católicos’

Toda persona le puede pedir a Dios favores para otros, con cuánta mayor razón le podrá pedir favores para nosotros Ella que durante 33 años acompañó y ayudó con tan inmenso amor al Hijo de Dios en la tierra. Ya sabemos que en las bodas de Caná, María intercedió a favor de dos recién casados y obtuvo que Jesús hiciera Su primer milagro (San Juan 2) Ahora Ella sigue rogando a Su Hijo por nosotros y Cristo sigue haciendo milagros a favor de las personas por quienes Su Madre le ruega.

5) ‘Ni imágenes ni ídolos’

Los católicos veneramos a las imágenes y a los santos, porque se merecen un verdadero respeto. Las imágenes nos traen ideas religiosas muy provechosas. Por ejemplo al mirar la imagen de Cristo crucificado, recordamos lo mucho que Él sufrió por nosotros, y nos sentimos movidos a amarlo más, a confiar más en Él, y a portarnos de una manera digna de un discípulo suyo. Cuando vemos una imagen de las benditas almas del Purgatorio, recordamos los seres difuntos, y sentimos el deseo de orar por ellos, para que descansen de las penas que merecieron por sus pecados, según nos pide el Espíritu Santo en las Sagradas Escrituras y a semejanza de los Macabeos. Al ver una imagen de la Madre de Dios o de un santo, nos viene a la memoria que tenemos en el cielo a alguien que nos ayuda, nos defiende y nos pide que llevemos una vida más santa, etc.

Por otra parte, es común tener en casa el retrato de los padres y mirarlo con respeto. También en las plazas y en los edificios patrios hay estatuas de grandes héroes a los que se les colocan coronas de flores, y eso está bien. En los libros se publican retratos de grandes personajes para que los lectores los amen y los admiren y eso a nadie le parece mal. Y los católicos no les estamos diciendo a todas esas personas que ellos adoran imágenes porque sabemos que lo que hacen es venerar (o sea, recordar con gran respeto) a esas personas.

Tomado de www.cristiandad.org

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BIBLIOGRAFIA:

Quién lo desee puede descargar AQUI nuestro libro ¿EN DONDE DICE LA BIBLIA QUE…?, donde respondemos a las principales objeciones de los protestantes.

resucitado

¿Se apareció Jesús resucitado a su Madre?

Pregunta:

Estimado Padre: Cada vez que llega el tiempo pascual y escucho los relatos de las apariciones de Jesucristo resucitado me llama la atención que no se haga referencia a ninguna aparición a la Virgen Santísima. Entiendo, si no me equivoco, que no aparece en los Evangelios. ¿Cómo puede entenderse que Nuestro Señor no se haya aparecido a su madre?

Respuesta:

Efectivamente, los Evangelios no relatan ninguna aparición de Jesucristo a María Santísima, pero la omisión de tal referencia no indica que dicho acontecimiento no haya tenido lugar. Por el contrario, una antiquísima tradición conmemora dicha aparición como la primera de las apariciones de Cristo. El arte ha dejado plasmado esto en los inmortales versos del poeta cristiano Sedulio, quien en el siglo V, sostenía que Cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su madre. En efecto, dice el poeta, ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la resurrección, para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del Resucitado, ella anticipa el “resplandor” de la Iglesia 1.

Haciéndose eco de esta tradición, San Ignacio, en la Cuarta Semana de sus Ejercicios Espirituales, sugiere la meditación de este paso con las siguientes palabras: “Primero: apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho, en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: ‘¿También vosotros estáis sin entendimiento?’”.

“Se tiene por dicho” para quien tenga una sana psicología a la hora de leer los textos revelados. Sin embargo, esto no nos exime de buscar los motivos de esta sugestiva “omisión”. ¿Por qué razón los evangelistas no refieren esta aparición? Podemos conjeturar varios argumentos 2.

Ante todo, por la finalidad de los relatos de la resurrección. Todos los relatos son apologéticos; tienen como finalidad mostrar la veracidad de este acontecimiento central de nuestra fe (1Co 15,14: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe). Por eso dice el libro de los Hechos que la primerísima predicación se encomendó a testigos escogidos por Dios(Hch 10,41), es decir, a los Apóstoles, los cuales con gran poder (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Y cuando los Apóstoles se reunieron a elegir el reemplazante de Judas Iscariote, Pedro puso como cualidad esencial de los candidatos el ser capaces de dar testimonio personal y experimental de la verdad de la resurrección de Cristo: Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió  con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros  de su resurrección (Hch 1,21-22). Los relatos de las apariciones consignados en los Evangelios son, pues, relatos de la resurrección hechos por testigos fidedignos. En este sentido puede pensarse que “si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe” 3. ¡El relato de la propia madre de Jesús podía ser juzgado como testimonio de quien es parte comprometida!

En segundo lugar, porque los Evangelios no intentan ser exhaustivos en sus relatos. De hecho, dejan de lado apariciones de Jesús mucho más espectaculares que las que encontramos en el texto transmitido. Así, por ejemplo, no se hace ninguna narración de la aparición que sólo mencionará más adelante San Pablo a más de quinientos hermanos a la vez (1Co 15,6). Del mismo modo, la aparición a Pedro (¡privilegiadísima!) sólo es mencionada al pasar (Lc 24,34: se ha aparecido a Simón).

Asimismo, nos inclina a pensar que Jesús se ha aparecido a su madre, ¡y en primer lugar!, la extraña ausencia de María Santísima entre el grupo de mujeres que se dirige al sepulcro para dar los últimos cuidados al cuerpo muerto del Señor (cf. Mc 16,1; Mt 28,1). ¿Por qué sólo parece estar ausente quien más motivo tenía para cumplir esos últimos gestos de piedad con el cadáver del hijo amado? Esto sólo es comprensible si se piensa que María no fue al sepulcro porque sabía que su Hijo no estaba allí. Más todavía si se tiene en cuenta que, por la misteriosa voluntad de Dios y probablemente en premio de su fidelidad en el Calvario, las mujeres serán las primeras encargadas de anunciar el misterio de la Resurrección; ¡pero la más fiel de esas mujeres —y la causa de que las demás tuviesen el valor de estar junto a la Cruz— fue su Madre! ¿Cómo ese anuncio no iba a comenzar por Ella?

Finalmente, esta aparición es postulada por un motivo teológico: la singular asociación de María Santísima a los misterios de su Hijo. La asociación única y especialísima de María a los misterios de la Encarnación, del Nacimiento y sobre todo de la Pasión y Muerte (Jan 19,25: junto a la cruz Jesús, estaba María su madre) exige que también en este misterio central de la Resurrección Ella ocupe un lugar privilegiado. La más cercana en la encarnación, la más cercana en el nacimiento, la más cercana en su muerte, ¿no iba a ser la más cercana en su resurrección?

“No sale tan hermoso el lucero de la mañana —dice fray Luis de Granada—, como resplandeció en los ojos de la Madre aquella cara llena de gracias y aquel espejo sin mancilla de la gloria divina. Ve el cuerpo del Hijo resucitado y glorioso, despedidas ya todas las fealdades pasadas, vuelta la gracia de aquellos ojos divinos y resucitada y acrecentada su primera hermosura. Las aberturas de las llagas, que eran para la Madre como cuchillos de dolor, verlas hechas fuentes de amor, al que vio penar entre ladrones, verle acompañado de ángeles y santos, al que la encomendaba desde la cruz al discípulo ve cómo ahora extiende sus amorosos brazos y le da dulce paz en el rostro, al que tuvo muerto en sus brazos, verle ahora resucitado ante sus ojos. Tiénele, no le deja, abrázale y pídele que no se le vaya, entonces, enmudecida de dolor, no sabía qué decir, ahora, enmudecida de alegría, no puede hablar” 4.

Por eso decía Juan Pablo II: “Los evangelios no nos hablan de una aparición de Jesús resucitado a María. De todos modos, como Ella estuvo de manera especialmente cercana a la cruz del Hijo, hubo de tener también una experiencia privilegiada de su resurrección”5.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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1 Cf. Sedulio, Carmen pascale, 5, 357-364: CSEL 10, 140 s.
2 Véase sobre esto la Catequesis de Juan Pablo II, María y la Resurrección de Cristo, 21 de mayo de 1997.
3 Juan Pablo II, ibidem, 1.
4 Fray Luis de Granada, Libro de la oración y meditación, 26, 4, 16.
5 Juan Pablo II, Discurso en el santuario de Nª Sª de la Alborada, Guayaquil, 31 de enero de 1985