gnosticismo

¿Qué es el gnosticismo?

Pregunta:

Me interesa saber su opinión sobre qué es el gnosticismo, y si considera que vivimos en una sociedad gnóstica… y cuál es el alcance de la afirmación que ‘el pecado original es un pecado de gnosticismo’.

 

Respuesta:

La Enciclopedia Hispánica dice sobre el gnosticismo: La palabra gnosis (término griego que significa ‘conocimiento’) se emplea, al tratar del movimiento filosófico y religioso al que dio nombre, como alusión a un conocimiento esotérico, adquirido no por aprendizaje u observación empírica, sino por revelación divina. La gnosis, posesión de los iniciados, se oponía a la pistis, o mera creencia. Los elegidos que recibían la gnosis experimentaban una iluminación que era regeneración y divinización, y conocían simultáneamente su naturaleza y su origen auténticos. Se reconocían en Dios, conocían a Dios y aparecían ante sí mismos como emanados de Dios y ajenos al mundo. De esta forma adquirían la certidumbre definitiva de su salvación para toda la eternidad.

El corpus de nociones compartido por sus diversas escuelas gnósticas puede sintetizarse en tres grandes temas: la miseria del hombre, prisionero de su cuerpo, pues el gnóstico consideraba a su alma procedente de una realidad supramundana; la dualidad cósmica, en la que el mundo visible, malo y tenebroso, había sido creado por un demiurgo -elemento típicamente neoplatónico- perverso, mientras que existía otro Dios bueno pero desconocido; y, por último, el apocalipsis gnóstico, en virtud del cual el mundo malvado sería sustituido por el reino divino. Los pneumáticos (conocedores puros de la gnosis) ascenderían hasta el pleroma, reino de la luz y la perfección, y el fuego latente oculto en el cosmos se avivaría y consumiría toda la materia con él.

Es preciso hacer notar, sin embargo que, por su propio carácter esotérico, las distintas escuelas gnósticas desarrollaron formas especulativas muy diversas. La mayor parte de los estudios tienden a considerar la existencia de una gnosis no cristiana, que englobaría movimientos como el hermetismo y el maniqueísmo, y de una gnosis cristiana, herética. Esta última, desarrollada en el siglo II por Basílides y Valentín, afirmaba la realidad de un Dios trascendente y desconocido en tanto que identificaba al demiurgo creador del corrupto mundo físico con el Jehová bíblico. Los ataques a estas tesis por teólogos cristianos como Hipólito y san Ireneo son la causa principal de que el gnosticismo fuera considerado ante todo como una desviación del cristianismo.

En cuanto a lo segundo, se puede considerar que el pecado original es un pecado de gnosticismo, en cuanto se trata de adquirir un conocimiento de orden sobrenatural, pero independientemente de la gracia de Dios. Esto es lo que se deduce de las palabras del Génesis: ‘vio Eva que el fruto era deleitable para alcanzar sabiduría’; y la serpiente le ofrece el ‘ser como Dios’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

resurrección

¿Reencarnación o Resurrección?

Pregunta:

Padre:
Me gustaría leer alguna obra fundamental sobre el tema de la resurrección. Además, me interesaría poder argumentar contra aquellos que sostienen la teoría de la reencarnación, para lo cual le solicito me brinde bibliografía. Creo deber de todo católico practicante defender sin atacar, con firmeza y con respeto las verdades de nuestra fe. Poseo formación filosófica.
Muchas gracias.
Atentamente.
Ernesto, de Argentina

Respuesta:

Estimado Ernesto:

Sobre el tema de la reencarnación los mejores escritos son los de Mons. Boaventura Kloppenburg. No tengo las ediciones de sus libros (algunos en portugués), pero tal vez pueda conseguirlos por internet. Sobre la resurrección le recomiendo el libro de Antonio Royo Marín, ‘Teología de la salvación’, BAC, Madrid; que tiene un capítulo muy bueno al respecto; otro clásico es el Cándido Pozo, ‘Teología del más allá’, BAC, Madrid. Este último es un libro altamente documentado donde encontrará abundante bibliografía para ampliar.

También le recomiendo el documento ‘Esperamos la resurrección y la vida eterna’, de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, del 26 de noviembre de 1995. Está en Internet. (http://www.mercaba.org/CEE/C-P/obis-57.htm)

En Cristo y María.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

brujería

¿Existe la Brujería? ¿Qué debemos hacer ante la presunta brujería?

Pregunta:

¿Existe la Brujería? ¿Qué debemos hacer ante la presunta brujería?

 

Respuesta:

Es difícil distinguir claramente entre brujería, hechicería y magia… Estas prácticas utilizan medios ocultos que no son de Dios, para producir efectos mas allá de los poderes naturales del hombre.

La brujería se adapta a los tiempos modernos y se prolifera aun en los libros populares para niños, por ej. Harry Potter

La brujería es perversa porque recurre a espíritus malignos. Implica un pacto o por lo menos una búsqueda de la intervención de esos espíritus. El ser brujo o bruja se obtiene por vínculos satánicos en los que se entra por una ‘dedicación’, muchas veces dentro de la familia.

La brujería implica la creencia en una realidad invisible a la que el practicante queda atado. Las Sagradas Escrituras y los Padres enseñan que se trata de una entidad diabólica (Dt 18,12).

¿Por qué se recurre a la brujería?

La ayuda sobrenatural que ofrece la brujería se busca por diferentes razones. Las principales son: Para hacer daño a quien se odia; para atraerse la pasión amorosa de alguien; para invocar a los muertos; para suscitar calamidades o impotencia contra enemigos, rivales u opresores reales o imaginarios; para resolver un problema el cual se ha convertido en obsesión y ya no importa por que medio se resuelve.

Prácticas de los Brujos

La brujería data desde los tiempos de la antigua Mesopotamia y Egipto. Así lo demuestra la Biblia como también otros antiguos escritos como el Código de Hammurabi (2000 a.C.).

No todos los brujos siguen las mismas prácticas, pero las siguientes son muy comunes entre ellos en la era cristiana. El brujo hace un pacto con el demonio, adjura a Cristo y los Sacramentos, tienen ritos diabólicos en los que hacen una parodia de la Santa Misa o de los oficios de la Iglesia y adoran al Príncipe de las Tinieblas y participan en aquelarres (reuniones de brujos donde hacen sus maledicencias). La brujería está relacionada con el satanismo.

Tanto en la brujería como en la magia se encuentran estos elementos:

1-La realización de rituales o de gestos simbólicos.
2- El uso de sustancias y objetos materiales que tienen significado simbólico.
3- Pronunciamiento de un hechizo .
4- Una condición prescrita del que efectúa el rito.

La brujería consta de rituales para hacer sus hechizos (ejercer un maleficio o atadura sobre alguien), algunos de los cuales requieren hierbas particulares. También hay palabras de conjuro o hechizo que pueden ser escritas para obtener un mayor poder. Quién realiza el rito debe desear su propósito con todas sus fuerzas para obtener mayores efectos y algunas veces debe ayunar por 24 horas antes de realizar el rito para purificar el cuerpo.

¿Es real el poder de la brujería?

Puede ser real, pero en muchos casos puede ser también sugestión de la mente, es decir pura mentira. En ambos casos está actuando el demonio, príncipe de la mentira.

La Biblia, la enseñanza de los Padres de la Iglesia y la tradición no dejan lugar a dudas sobre el hecho que los seres humanos tienen la libertad para pactar con el diablo el cual tiene influencia en la tierra y en las actividades humanas. Por otro lado Padres como San Jerónimo, pensaban que en muchos casos la brujería es sugestión de la mente.

La Biblia condena la brujería y la hechicería, no como falsas o fraudulentas, sino por ser una abominación: ‘A la hechicera no la dejarás con vida’ (Exodo 22,18; Ver también Deuteronomio 18,11-12). La narrativa de la visita del rey Saúl a la hechicera de Endor (I Reyes 28) demuestra que su evocación de Samuel fue real y tuvo efecto. En Levítico 20,27 se lee: ‘ El hombre o la mujer en que haya espíritu de nigromante o adivino, morirá sin remedio: los lapidarán. Caerá su sangre sobre ellos’. Está claro que hay un espíritu adivino y no se trata de una impostura.

El Pueblo de Israel, en muchas ocasiones, se tornó a la práctica de la adivinación y a la consulta de brujos, yendo así en contra de los mandatos de Dios. (Ez 13:18-19; 2 Cron 33:6; Jer 27:9…).

El Antiguo Testamento muestra claramente como los Israelitas y sus vecinos paganos estaban conscientes de la brujería y la magia. En el libro de Éxodo 7:11 leemos que el Faraón: ‘llamó a todos los sabios y adivinos. Y ellos también, los magos de Egipto, hicieron las mismas cosas (que Moisés) por medio de sus artes secretas’.

El Primer Mandamiento condena la brujería, la magia y todo tipo de adivinación: ‘Yo Soy el señor tu Dios…no tendrás dioses extraños delante de mi’ (Ex 20:2-3).

El Nuevo Testamento igualmente condena la brujería como una realidad perversa: (Gálatas 5,20; 13,6; Apocalipsis 21,8; 22,15). El mago Simón era practicante de la magia pero estaba envidioso de los Apóstoles cuando vio a la gente recibir el Espíritu Santo a través de la imposición de las manos. Ofreció dinero a los Apóstoles para que le enseñaran como hacer esto y Pedro le contestó: ‘…tú corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete , pues, de esa tu maldad…’ (Hechos 8:9-22).

En mi vida sacerdotal he tratado numerosas veces con personas que han hecho pactos satánicos y posteriormente han experimentado graves consecuencias. También con frecuencia he orado por personas que han sido víctimas de ‘trabajos’ de brujería.

La brujería opera con poder satánico (dado por Satanás). Se trata de los poderes que oprimen a los hombres y que Jesucristo confrontó hasta morir y resucitar para librarnos de ellos. Su victoria no nos evita la lucha contra el maligno sino que nos da la fuerza para vencerlo si tenemos fe.

Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Efesios 6:12

Debemos evitar tanto el exagerar como el minimizar el poder de Satanás. En una guerra es esencial conocer las fuerzas contrarias y saber como vencerlas. Satanás tiene poder para tentar y asediar a los fieles, pero su poder no es comparable al de Dios Todopoderoso. Satanás puede causar persecuciones y hasta el martirio de los fieles. La victoria de los santos no está en vivir sin pruebas sino en vencerlas manteniéndose fieles a Dios.

El demonio existe y entra en relación con aquellos que lo buscan. Como recompensa a quién le ofrece culto, el demonio otorga poderes preternaturales para obtener poder, fama, dinero, influencia, es decir las cosas que desea la carne. Por medio de la brujería se puede llegar a lograr el éxito en el mundo profesional ya sea como artista, profesional, militar, político, etc. Estas personas pueden parecer muy atractivas y tener un gran don de ganarse a la gente hasta el punto de atraer grandes multitudes y convertirse en dioses para sus admiradores los cuales son capaces de hacer hasta lo irrazonable por sus ellos. Los poderes del mal pueden cegar las mentes y fanatizarlas portentosamente. La brujería no es mera superstición. El demonio ciertamente arrastra hacia su reino del mal a los que se involucran en ella y a sus aduladores. Si no hay arrepentimiento y conversión, el final será el infierno.

Qué hacer contra las brujerías

Al enterarse de que alguien le está haciendo un ‘trabajo’ de brujería, muchas personas tienen miedo.Esto es lo que el quiere ya que por el miedo puede dominarnos. Debemos recordar que el demonio nada puede contra los que son fieles a Dios. Nuestro Padre Celestial es Todopoderoso y nos ama. El demonio sólo puede con aquellos que no confían en Dios y por falta de fe están espiritualmente débiles o muertos. Son como pollitos que se han alejado de la protección de la gallina y se exponen al gavilán. Por eso Jesús nos dice:

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas, y no habéis querido! Mateo 23:37

Quién está amenazado por brujerías que recurra al Señor por protección y no tema. Debe poner en Dios toda su confianza y practicar su fe, no por miedo a la brujería sino por convicción: acercarse a los sacramentos, la oración personal y pedir a los hermanos que oren por él. La gracia del Señor jamás faltará a quién la busque.

Jamás debemos ir a otro brujo para ‘defendernos’. Eso sería caer en la trampa del demonio haciendo lo que él quiere: que desconfiemos de Dios para que recurramos a él.

Muchas veces las personas recurren a la brujería en momentos de desesperación, cuando creen que es el último recurso que les queda. En esos momento vulnerables alguien les ofrece la brujería como una solución fácil. Como católicos jamás recurrimos a ningún medio espiritual fuera de Dios. Cuando pedimos la intercesión de los santos, por ejemplo, no buscamos una vía alterna sino que buscamos su ayuda tan solo y precisamente para mantenernos fieles al Señor como ellos lo hicieron. Hay dos familias: la de Dios y la del demonio.Cada uno recurre a los miembros de la suya. Pidamos a Dios que prefiramos morir antes de buscar algo del demonio.

Fantasías en torno a la brujería

Aunque es cierto que en la brujería hay acción diabólica, la gente ignorante y supersticiosa ha creado muchísimas fábulas y supersticiones: Brujas que vuelan sobre una escoba, encantaciones que transforman a la víctima en un sapo… Estas fantasías no son causadas por la religión, sino al contrario, ocurren por faltar la auténtica fe.

En el trabajo ‘De ecclesiasticis disciplinis’ atribuido a Regino de Prum (906 d.C.), en la sección 364, critica a ‘ciertas mujeres’ que ‘seducidas por ilusiones y fantasmas de demonios, creeny abiertamente profesan que en plena noche ellas viajan sobre ciertas bestias junto con la diosa pagana Diana y una cantidad innumerable de mujeres, y que en estas horas de silencio vuelan sobre vastas expansiones de terreno y la obedecen como señora…’ Regio se lamenta que ellas llevan a esas fantasías y por lo tanto al paganismo a mucha gente (innumera multitudo). Concluye que es ‘el deber de los sacerdotes enseñar a la gente que estas cosas son absolutamente falsas… implantadas por el maligno’

Falsas acusaciones y crueldades contra presuntos brujos y brujas.

Lamentablemente no siempre se siguió el consejo de Regino de Prum. La brujería se convirtió en escape para culpar de cualquier cosa, hasta desastres naturales y epidemias. Pero existieron otras razones, entre ellas el poder y el interés de crear causa contra enemigos. El resultado fue la persecución y ‘caza de brujas’ en el que se enjuiciaron y condenaron a muerte injustamente a muchas personas, casi siempre las más indefensas. Quizás el caso más famoso es el de Santa Juana de Arco quién, acusada de bruja, murió quemada. Nos sirve para elucidar los intereses de poder, venganza y maldad que daban lugar a las persecuciones de brujas.

La persecución de las brujas comienza con el poder secular. El Imperio Romano, en el siglo III, castigaba con la pena de la hoguera a los que causaran la muerte de alguien con sus encantamientos (Julius Paulus, ‘Sent.’, V, 23, 17). En el siglo IV, la legislación eclesiástica quiso atenuar la severidad del estado. El Concilio de Elvira (306), Canon 6, rehusó el Viáticum a aquellos que matasen con una encantación (per maleficium) y añade que la razón por tal crimen no podía efectuarse ‘sin idolatría’; ya que el culto al demonio es idolatría. El canon xxiv del Concilio de Ancyra (314) impone cinco años de penitencia a los que consulten magos. Penas similares fueron establecidas por el concilio oriental en Trullo (692).

En los primeros trece siglos de la era cristiana no se dieron por lo general las crueles persecuciones y cazas de hechiceros que aparecieron más tarde. Mientras el estado permitía la tortura contra los hechiceros, el Papa Nicolás I (d.C. 866) la prohibió. Una ordenanza similar aparece en los Decretos Pseudo-Isidoros. Pero la Iglesia no pudo eliminar la tortura y otros abusos que están arraigados en el corazón del hombre. Llevar el nombre de cristiano no es suficiente para comportarse como tal.

En muchas ocasiones el clero habló con autoridad para evitar las acusaciones fanáticas y abusivas. Entre ellos San Agobardo, arzobispo de Lyon (m. 841) quien escribió ‘Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis’ (contra las necias creencias de la gente sobre el granizo y el rayo) (P.L., CIV, 147). El Papa Gregorio VII en 1080 escribió al Rey Harold de Denmark prohibiendo que las brujas sean sentenciadas a muerte.

La Inquisición

En la segunda mitad del siglo XIII, la recién instituída Inquisición Papal comenzó a ocuparse con cargos de hechicería. Alejandro IV, ordenó (1258) que los inquisidores deben limitar su intervenciones a casos con alguna clara presunción de creencias heréticas (manifeste haeresim saparent). Pero como la brujería, con sus prácticas diabólicas, está muy ligada a la herejía, la persecución de brujas no se evitó.

En Toulouse, cede de la herejía de los Cátaros, fue donde en 1275 se dio el primer caso conocido de una bruja llevada a la hoguera por la sentencia jurídica de un inquisitor (Hugues de Baniol (Cauzons, ‘La Magic’, II, 217). La mujer, ‘confesó’ haber dado a luz un monstruo, resultado de su relación carnal con espíritus malignos y haberlo alimentado con carne de infantes la cual procuraba en expediciones nocturnas. La posibilidad de relaciones carnales entre seres humanos y demonios era aceptado por algunos grandes teólogos como Santo Tomas y San Buenaventura, sin embargo, en la Iglesia prevalecía el sentir contrario. Un testigo poco amistoso a la Iglesia, Riezler (Hexenprozesse en Bayern, p. 32) reconoce que ‘entre los representantes oficiales de la Iglesia, esta tendencia más saludable prevaleció hasta los umbrales de la epidemia del juicio de brujas, o sea, hasta avanzado el siglo XVI’. En el Sínodo Provincial de Salzburg de 1569 (Dalham, ‘Concillia Salisburgensia’, p. 372), hay una fuerte tendencia a prevenir la imposición de la pena de muerte en acusaciones de brujería, insistiendo que estas son ilusiones diabólicas.

Pero no hay duda de que en el siglo XIV algunas constituciones papales de Juan XXII y Benedicto XII (cf. Hansen, ‘Quellen und Untersuchungen’, pp. 2-15) estimularon mucho el enjuiciamiento por brujería y otras prácticas mágicas por parte de los inquisitores, especialmente en el sur de Francia. En un juicio a gran escala en Toulouse en 1334, de 63 personas acusadas de ofensas de este tipo, 8 fueron entregadas al poder secular para ser quemadas. El resto fueron a prisión de por vida o con largas sentencias. Dos de las condenadas, ambas mujeres mayores, después de ser torturadas, confesaron haber asistido a un aquelarre de brujas, haber allí adorado al demonio y ser culpable de indecencias con él y otras personas presentes y haber comido carne de infantes. (Hansen, ‘Zauberwahn’, 315; y ‘Quellen und Untersuchungen’, 451). En 1324 Petronilla de Midia fue quemada en Irlanda por recomendación de Richard, Obispo de Ossory. Durante este período, las cortes seculares acusaban y enjuiciaban por brujería con igual o mayor severidad que los tribunales eclesiásticos. Se usaba la tortura y la hoguera.

No se conoce que enjuiciamientos de este tipo se llevaron a cabo en Alemania por inquisitores papales durante los siglos XIII y XIV. Alrededor del año 1400 encontramos muchos enjuiciamientos de brujas en Berne, Suiza por manos de Pedro de Gruyères, que, a pesar de lo que dice Riezler, era sin lugar a dudas un juez secular (Hansen, ‘Quellen, etc.’, 91 n.). También jueces seculares en Valais (1428-1434) mataron 200 brujas y en Briancon en 1437 más de 150. Las víctimas de los inquisitores, ej. en Heidelberg en 1447; o Savoya en 1462, parecen no haber sido tan numerosas.

Algunos escritores han pensado que la Bula, ‘Summis desiderantes affectibus’, del Papa Inocencio VIII (1484) fué responsable por la fiebre contra las brujas. Esto no es cierto ya que las campañas anti-brujas preceden a esta Bula la cual no contiene nada nuevo. Su efecto fue más bien el de ratificar el poder ya conferido a los inquisitores Enrique Institoris y Santiago Sprenger, para tratar con crímenes de brujería y herejía y pedir al Obispo de Strasburg que apoye a los inquisitores. Esta Bula Papal, sin embargo, no pronuncia ninguna decisión dogmática. Quizás el libro ‘Malleus Maleficarum’ (el martillo de las brujas), publicado unos dos años después por los mismos inquisitores, fue el que más incitó al enjuiciamiento de brujas. Pero los enjuiciamientos de brujas en los siglos XVI y XVII fueron en su mayoría hechos por el poder secular.

La Reforma Protestante ante la caza de brujas.

Lutero y Calvino y sus seguidores acentuaron la creencia popular en el poder del demonio en la brujería y otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento Bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. ‘La Historia del Pueblo Alemán’ de Janssen, argumenta con muchas pruebas (capítulos IV y V, del último volumen -vol. XVI de la edición inglesa), que una gran responsabilidad por la caza de brujas recae en los Reformadores.

El código penal conocido como ‘Carolina’ (1532), decretó que la hechicería debe ser tratada como una ofensa criminal en el imperio Alemán y si causó daño a alguna persona, la bruja debía ser quemada. Hubo mayor actividad de cacería de brujas en los distritos Protestantes de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello son Osnabruck y Wolfenbuttenl. En Osnabruck, en 1583, 121 personas fueron quemadas en tres meses. En Wolfenbuttenl, en 1593 hasta diez brujas fueron quemadas en un día. No fue hasta el 1563 que se le hizo una resistencia eficaz a la persecución por medio de un protestante de Cleues, Juan Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.

En el debate sobre las brujas habían católicos y protestantes en ambos lados. Quizás la protesta más efectiva contra la caza de brujas fue la del jesuita Friedrich von Spee, quién en 1631 publicó ‘Cautio criminalis’.

La persecución ocurrió en muchos países

La persecución de brujas se extendió por muchos países. En el siglo XVI habían enjuiciamientos por tribunales seculares en Roma. En Inglaterra y Escocia también hubo persecuciones pero no hay cifras precisas sobre las ejecuciones. Howell, escribiendo en 1648, dice que en el período de dos años hubo casi 300 brujas procesadas y la mayoría ejecutadas en Essex y Suffolk solamente.

El Papa Gregorio XV, en su constitución ‘omnipotentis’ (1623), recomendó un procedimiento más clemente y en 1657 una Instrucción de la Inquisición amonestó con eficacia la crueldad de las persecuciones. Al final del siglo XVII la persecución comenzó a reducirse en casi en todo el mundo y al principio de XVIII prácticamente cesaron. El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada como bruja en el Cantón Protestante de Glarus en 1783.

En los Estados Unidos, Cotton Mather, en su ‘Maravillas del Mundo Invisible’ (1693), cuenta que 19 ejecuciones de brujas ocurrieron en Nueva Inglaterra. En la actualidad Estados Unidos celebra Halloween el 31 de octubre (la víspera del día de todos los santos) en que se recuerdan las historias de brujas de una forma fantasiosa. Se acostumbra a disfrazarse, preferiblemente de brujas, duendes, monstruos o cualquier cosa que de miedo, se reviven los cuentos de brujas. En el ambiente materialista de la actualidad se hace de todo ello una broma, pero en el fondo opera también un deseo pagano de llenar un vacío espiritual.

No hay pruebas para las alegaciones de que algunas mujeres fueron enjuiciadas formalmente en México a finales del siglo XIX (ver Stimmen aus Maria-Laach, XXXII, 1887, p. 378).

En un gran número de enjuiciamientos, las confesiones de haber participado en toda clase de horrores satánicos, fueron hechas espontáneamente y aparentemente sin amenaza o miedo de tortura. Además el pleno reconocimiento de culpa parece constantemente haber sido confirmado justo antes de la ejecución, cuando el acusado no tenía nada que ganar o perder con la confesión. Esto puede atribuirse en muchos casos a razones psicológicas.

Conclusión

Los males que sufre la humanidad son fruto de su apertura al demonio por el pecado. Una forma extrema de esa relación es la brujería. Se llega a pactar con él y buscar su intervención. La enseñanza de la Biblia, los Padres de la Iglesia y la tradición concuerdan en que la brujería es real y digna de condenación. Jesucristo vino para vencer y atar al demonio. Con frecuencia se enfrentó directamente con él para reprimir su actividad sobre sus víctimas. El tiempo entre la primera y segunda venida del Señor son de gran batalla espiritual que envuelve a todos.

Por muchos siglos y en muchas naciones la ignorancia, la crueldad y falta de justos procesos judiciales llevaron a terribles persecuciones, falsas acusaciones y la matanza de muchos acusados de brujería. Hechos injustificados y deplorables.

En la actualidad hemos caído en el extremo opuesto: se niega la realidad de la actividad satánica y por ende la brujería.

Como cristianos debemos seguir el camino de Jesucristo quién rechaza el pecado pero ama al pecador. La enseñanza de Jesús en el caso de la mujer sorprendida en adulterio se aplica también a la brujería como a cualquier pecado. El camino de Jesús no es la condenación al estilo de los que se proponían apedrearla. Tampoco es el la actitud de los que hoy pretenden que no existe el pecado. Eso sería abandonarla sumida en su desgracia. El camino de Jesús es el amor que defiende de la crueldad y llama a una vida nueva, libre de pecado. El mal no se vence matando sino ayudando con amor y verdad a salir del pecado. El Señor nos enseña a amar a nuestros enemigos. El amor de Dios es más fuerte que la maldición de todos los brujos del mundo. Una gota de su Preciosa Sangre tiene poder para disipar el más enfurecido ataque diabólico.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

consagrarme

¿Puedo consagrarme a Dios a pesar de haber vivido una mala vida y ser ya grande?

Pregunta:

Estimado padre Miguel Ángel Fuentes, soy una persona de México, de 39 años. Entrando en el internet y debido a mis dudas y constantes cuestionamientos sobre Dios y su Reino, he decidido decirle a Dios que utilice a sus instrumentos para poder saber qué quiere el de mí. Yo estaba a punto de entrar a consagrarme para el Señor, pero en ocasiones tengo miedo por las diferentes situaciones de mi vida; pero ahora siento que podré seguir el camino que él me manda. No sé si es un problema la edad que tengo, para entrar en un monasterio o en un convento. Me encanta la vida religiosa pero en ocasiones me da miedo; sé que el miedo no es de Dios y por lo tanto pido su consejo espiritual con las siguientes preguntas: 1. A pesar de haber vivido una vida pagana ¿seré digno para tomar el camino del sacramento del sacerdocio o bien por lo menos ser hermano? 2. La edad ¿será un impedimento para poder servir al señor?

Respuesta:

Estimado:

A lo primero: Esto sólo lo pueden discernir los superiores. En principio si la conversión ha sido sincera, no habría obstáculos, salvo que existan impedimentos (como estar casado, o tener tendencias desordenadas de algún tipo, como inclinaciones homosexuales, etc.).

A lo segundo: la edad en sí no es un impedimento, pues existen seminarios para vocaciones adultas y muchos santos se han consagrado a Dios a edad superior a la suya.

A lo último: Dios habla de modo definitivo por quienes ha puesto como ministros de su Iglesia, en particular por los superiores de una comunidad religiosa o seminario y en definitiva por el Obispo (lo cual no impide que éstos a veces no sean indóciles a Dios; pero por lo general debemos seguir lo que ellos nos digan si se trata de personas buenas, bien formadas en la doctrina, prudentes y sobre todo fieles al Papa). Son ellos, pues, quienes ordinariamente tienen la última palabra sobre la autenticidad de nuestra vocación.

Espero que estas simples indicaciones iluminen su conciencia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Existió el profeta Daniel?

Pregunta:

Estimado, quisiera conocer la autoría del libro de Daniel, si existió él o fue una personaje inventado, muchas gracias.

 

Respuesta:

Estimado:

Le respondo con el artículo sobre el profeta Daniel de www.aciprensa.com

Es el héroe y autor tradicional del libro que lleva su nombre, el cual también es adjudicado a otras dos personas en el Antiguo Testamento (Heb. Dnyal o dnal; Sept, Daniel, cf. I Paral., iii, 1; I Esd., viii, 2, y II Esd. (Nehem), x, 6). El nombre significa ‘Dios es mi juez’ y por tanto encaja en la denominación del libro de Daniel. Allí muchas veces se anuncian los juicios de Dios sobre los poderes de los gentiles.

Casi todo lo que es conocido acerca del Profeta Daniel, se deriva del libro que se le adjudica. Perteneció a la tribu de Judá (i, 6) y fue un noble, o quizá perteneció a descendencia de la realeza (i, 3; cf. Josefo, Antiquities of the Jews, Bk, x, ch, x, § 1). Cuando aún estaba joven, probablemente de unos 14 años de edad, fue llevado cautivo a Babilonia, por Nabucodonosor, en el cuarto año del reinado de Joaquim (605 B.C.). Allí con otros tres jóvenes de igual rango, llamados Ananías, Misael y Azarías, fueron entregados al cuidado de Asfonos, el maestro de los eunucos del rey. Fueron educados en el lenguaje ya las enseñanzas de los caldeos, lo que significaba que aprendieron de profesores versados en adivinación, magia y astrología en Babilonia (i, 3, 4).

A partir de este pasaje, la tradición judía ha inferido que Daniel y sus compañeros fueron eunucos, pero esa no es necesariamente la conclusión que se deriva. El maestro de los eunucos simplemente entrenó a esos jóvenes judíos, entre otras cosas, previendo que los jóvenes podrían ser incorporados al servicio del rey (i, 5). En ese entonces Daniel recibió el nombre de Baltasar (Babil., Balâtsu-usur, ‘Bel protege al rey’) y estando de acuerdo con Ananías, Misael y Azarías -que recibieron los nombres de Sidra, Misa y Abdenago, respectivamente- pidieron que en lugar de alimentarse con los bienes de la mesa real, pudieran tener solamente una dieta vegetariana.

Al final del tercer año, Daniel y sus compañeros comparecieron delante del rey, quien encontró que ellos mostraban mayor excelencia que los otros que se habían educado conjuntamente con ellos y los promovió a otras posiciones dentro de la corte. En cada ocasión en la que el príncipe los ponía a prueba, ellos demostraban ser superiores a ‘todos los adivinos y los sabios que habían en el reino’ (i, 7-20).

Inmediatamente después, que pudo haber sido en el segundo o en el duodécimo año del reinado de Nabucodonosor, Daniel dio una prueba de su maravillosa sabiduría. Dada la falla de otros sabios, él repitió e interpretó, para satisfacción del monarca, los sueños que este tenía. En particular uno, referente a una estatua colosal que estaba hecha de varios materiales y la cual, una vez que fue golpeada con una piedra, fue hecha pedazos. La referida piedra, en cambio, llegó a crecer, transformarse en una montaña y llenar toda la tierra. Con base en esto, Daniel en Babilonia como lo José en el viejo Egipto, llegaron a tener grandes favores del príncipe. El monarca no solamente la dio muchos regalos, sino lo hizo regente de la ‘provincia completa de Babilonia’ y jefe gobernador de ‘todos los sabios’.

A requerimiento de Daniel, también, sus tres amigos recibieron importantes promociones (ii). Otra oportunidad que tuvo Daniel de dar muestras de su sabiduría, fue con ocasión de otro sueño de Nabucodonosor. También en esa oportunidad, él fue el único intérprete. Consistía el sueño en que el rey había visto un árbol de cuyo comando había recibido la orden de que fuera cortado y que ‘siete veces’ fuera destruida la parte que había quedado saliente. La situación, interpretó Daniel, consistía en que, en castigo a su orgullo, el monarca perdería su trono durante un tiempo, imaginándose a si mismo como un buey y viviendo en el campo abierto. Sin embargo, luego de un período, recuperaría su reino, convencido ya de las bondades del Supremo.

Con base en la libertad divina, aunque en vano, el Profeta exhortó al rey a evitar tal castigo mediante arrepentimiento de sus pecados y misericordia, y la predicción de Daniel se cumplió (iv). Para información complementaria sobre esto véase el relato de Abydenus (siglo II a, c.) lo cual es citado por Eusebio (Praep, Evang. IX, xl).

Nada se dice de la suerte de Daniel a la muerte de Nabucodonosor (561 a, c.) simplemente se menciona que perdió su alto cargo en la corte y se vivió una vida de retiro. El incidente que nuevamente lo colocó como noticia pública, ocurrió en el palacio de Baltasar, en las vísperas de la conquista de Babilonia por parte de Cyro (538 a, c.). Mientras Baltasar (Heb. Belshaccar, correspondiente a Babil., Balâtsu-usur, ‘Bel protege al rey’) y su corte tenían banquetes e impíamente bebían vino en los preciosos vasos que habían tomado del Templo de Jerusalén, aparecieron los dedos de un hombre escribiendo en los muros: ‘Mane, Thecel, Fares’.

Eran palabras misteriosas que ninguno de los sabios del rey pudo interpretar. Las mismas fueron explicadas por Daniel y como recompensa se le hizo uno de los tres ministros en jefe del reino. El profeta tenía, para ese entonces, al menos unos ochenta años de edad, y permaneció en esa posición bajo el dominio de Darío, un príncipe que posiblemente se le identifica con Darius Hystaspes (485 a, c.). Darío pensó en colocarlo al frente de todo su reino (vi, 4) sin embargo, al saber de esto, los compañeros funcionarios de Daniel, teniendo miedo de su aumento de poder, buscaron su ruina. Para ello convencieron a Darío de acusaciones de deslealtad a la corona por parte de Daniel.

Esos oficiales se aseguraron que el rey emitiera un decreto mediante le cual se prohibía, bajo pena de ser lanzado a la jaula de leones, a que durante treinta días, ningún hombre hiciera petición alguna frente a otro humano o dios, con excepción del monarca. Tal y como sus enemigos habían anticipado, Daniel oró tres veces al día, desde su ventana abierta hacia Jerusalén. Ellos entonces, lo reportaron al rey y lo forzaron a aplicar las amenazas contenidas en el decreto contra quien lo hubiera violado. Ante la evidencia de que Daniel había salido ileso de la jaula de los leones, como un milagro, Darío publicó un decreto en el cual daba a conocer que veneraría al Dios de Daniel y que lo proclamaba como el ‘Dios viviente y eterno’. Daniel continuó una vida próspera durante el resto del reinado de Darío y de su sucesor Ciro de Persia (vi). Eso en resumen, son los hechos que se pueden extraer de la biografía del Profeta Daniel contenida en la narrativa de su libro (i-vi).

Escasamente se tienen otros datos que puedan contribuir a enriquecer el conocimiento que se posee de su biografía, en la segunda parte del Libro de Daniel, una parte más apocalíptica (vii-xii). Las visiones que allí se presentan, hacen que Daniel sea favorecido con la comunicación divina respecto al castigo que recibirán los poderes de los gentiles y el establecimiento del Reino Mesiánico. Estas misteriosas revelaciones se refieren a los reinos de Darío, Baltasar y Ciro, y en ellas se indica cómo el Ángel Gabriel señala los ‘tiempos del fin’. En el apéndice deuterocanónico de su libro (xiii-xiv), Daniel aparece como el mismo carácter general a que se hace referencia en la primera parte de su trabajo (i-vi). El capítulo xiii se le presenta como un inspirador de la juventud en temas de la sabiduría superior y menciona castigos para los falsos acusadores de la castidad de Susana.

En lo concluyente de capítulo xiv se cuenta la historia de la destrucción de Bel y el dragón. Allí se representa la valentía de Daniel y la caracterización del mismo como campeón del Dios viviente y verdadero. Fuera del Libro de Daniel, las Santas Escrituras tienen pocas referencias al profeta. Ezequiel (xiv, 14) habla de Daniel, junto con Noe y Job, como un patrón de rectitud y, en el capítulo xxviii, 3, como representante de la sabiduría. El escritor del Primer Libro de los Macabeos (ii, 60) se refiere al episodio frente a los leones, y San Mateo (xxiv, 15) a la ‘abominación y la desolación que le fue comunicada a Daniel el Profeta’. Como se podía haber esperado, la tradición judía ha estado ocupada en completar la historia de Daniel en las Sagradas Escrituras. Ya fue hecha una alusión a la tradición judía y que fue aceptada por muchos Padres de la Iglesia, en el sentido de que fue hecho eunuco en Babilonia.

Otras tradiciones judías lo representan rechazando honores que habían sido ofrecidos por Nabucodonosor. Se explica también porque el profeta no fue forzado, junto con sus tres amigos, a la adoración de la estatua del príncipe de Dura (Dan., iii). Se le envió lejos, dado que se sabía que Daniel nunca habría estado de acuerdo en realizar tal acto de idolatría. Se dan también otros muchos datos, como por ejemplo, que fue lo que pasó con Daniel estando dentro de la jaula de los leones. Otras historias dan cuenta de que el profeta no retornó a la tierra de Jehová, el Dios, luego del decreto de restauración que emitió Ciro. Otros al contrario afirman que Daniel regresó a Judea y que allí murió.

Existen leyendas menos conflictivas en relación con el sitio de su tumba que aquellos enunciados respecto a la vida de Daniel. Muchas de las primeras provienen de la literatura árabe, aún cuando su nombre no es mencionado en el Koran. Durante la Edad Media se creyó que Daniel había sido enterrado en Susa, en el moderno Shuster, en la provincia de Khuzistan. En un recuento de su visita a Susa en 1165, el Rabino Benjamín de Tudela, narra que la tumba de Daniel le fue mostrada en la fachada de una de las sinagogas de la ciudad. La festividad de Daniel está contenida en el Martirologio Romano y se asigna el día 21 de julio. En el mismo se considera que el lugar de la tumba se encuentra en Babilonia.

Bibliografía:

VIGOROUX, La Bible et les découvertes modernes (Paris, 1889), IV, Bk. III; DRANE, Daniel, His Life and Times (Londres, 1888). Véanse también los comentarios y las introducciones a la bibliografía del Libro de Daniel.
FRANCIS E. GIGOT
Transcrito por W. G. Kofron
En agradecimientos a la iglesia de Santa María, Akron, Ohio.
Traducido por Giovanni E. Reyes