secta

¿Qué es una secta y qué no es una secta?

Pregunta:

Estimado Padre:
En el lenguaje del periodismo se habla a veces de «secta» refiriéndose a cosas muy diversas, hasta se menciona como «secta» a instituciones como el Opus Dei, los Neocatecumenales, los Legionarios de Cristo o el Instituto del Verbo Encarnado, Sodalitium Christianae Vitae, etc. Supongo que usted estará al tanto de esto, pues no hace mucho tiempo el periodista Alfredo Silleta acusó de sectas a algunos de estos grupos 1. Esto me confunde, por eso quería pedirle que me envíe una caracterización de una secta, según la doctrina del Magisterio o al menos expuesta por serios autores.

Respuesta:

Estimado:
Hace bien en pedir una caracterización de lo que es una «secta» según la doctrina de serios autores. Hoy en día cualquiera se arroga el título de «sectólogo», porque escribir de las sectas «guitarreando» 2 es facilísimo y normalmente se puede hacer con total impunidad, porque en este tipo de personas no vale la pena gastar tinta; sus lecciones y acusaciones son paja que se lleva el viento (Salmo 1, 4). Escribir en serio sobre este fenómeno exige, en cambio, preparación y cultura religiosa e histórica; y, sobre todo, honestidad. Por eso no hay tantos.

La expresión «secta» admite, por lo menos, tres usos diversos. El primero en la línea de su sentido etimológico original (con dos aplicaciones relacionadas entre sí); el segundo es exclusivamente subjetivo y el tercero sería el uso más moderno y derivado.

Etimológicamente secta viene de sectare que en latín significa cortar, desgajar. De allí que, ante todo, se aplique tanto a personas o doctrinas que se han separado de una raíz o un cauce madre. Encontramos estas dos acepciones reconocidas por la Real Academia Española: «conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica» y «doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra». Todo cuanto se desgaja de algo (de un grupo de personas o de un conjunto doctrinal, es algo «sectario»). En tal sentido, la expresión «secta» no tiene un sentido necesariamente negativo, como no sería necesariamente positiva la realidad de la que se ha separado. Aristóteles se separa de las doctrinas de Platón, conservando algunas ideas del maestro pero desarrollándolas en otro sistema filosófico. En la Sagrada Escritura se habla, así, de «la secta de los saduceos» (Hch 5, 17), de «la secta de los fariseos» (Hch 15, 5), de «la secta de los nazoreos» (Hch 24, 5); el Apóstol Pablo, defendiéndose ante el procurador Félix, dice que pertenece al «Camino que ellos [sus enemigos] llaman secta» (Hch 24, 14); y así llamaban los judíos a los primeros cristianos (cf. Hch 28, 22).

Otro alcance de esta expresión corresponde a la tercera acepción de la Real Academia: «conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa». En este caso lo que define a una secta no es algo objetivo sino la calificación de tal que realiza «el hablante». En tal sentido secta puede convertirse en el adjetivo comodín con el que oportune et inoportune podemos designar a quien nos venga en gana descalificar. Así, por ejemplo pueden ser «sectarios» los musulmanes para los cristianos y viceversa, los capitalistas para los comunistas y recíprocamente, los rusos para los polacos e altretanto, e incluso los gallinas para los xeneises y éstos para aquéllos. Con esta seriedad deben leerse las definiciones de Silleta (a quien no llamaremos sectariosimplemente para no caer en sus mismas zonzeras).

Pero hay una tercera acepción del término «secta» que ha ido imponiéndose en las últimas décadas y que si bien se deriva de su sentido etimológico, implica, sin embargo, una restricción del mismo. Según este nuevo uso, el término «secta» designa puntual y exclusivamente, como dice Manuel Guerra Gómez, a «un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal, expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo (de la humanidad), ya individual (o del “hombre” en una especie de “superhombre”)» 3. Ésta es la idea de secta que subyace en varios documentos pontificios 4.
En este último sentido, que es el que debemos utilizar hoy en día para que nuestro lenguaje no navegue impunemente por las aguas de la ambigüedad, una secta es un grupo, generalmente pequeño 5 con cinco características:

1º Es autónomo: o sea, independiente, no integrado de manera vinculante en una realidad o institución más amplia, cuyas decisiones deba acatar. Puede estar vinculado a un grupo más amplio; en tal caso, será una secta siempre y cuando lo sea la institución a la que se vincula. Al decir «autónomo» entendemos que ejerce esa autonomía en todas las dimensiones de la vida de sus adeptos: en la doctrina, en las normas morales y en la organización. Es precisamente dicha autonomía total respecto de cualquier otra entidad, la que explica que la autoridad del líder sea, a menudo, incuestionable e incluso despótica, y que abunden los cambios de doctrina en materias importantes.

2º Es «no cristiano»: cuando hablamos del Cristianismo nos referimos principalmente a los católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes históricos (luteranos, calvinistas, etc.). Una secta en sentido estricto es, en cambio, un grupo «no cristiano», aunque muchas de ellas se presenten con una apariencia cristiana, sea porque hablan de Jesucristo o porque usan la Biblia. A una secta verdaderamente tal no podemos considerarla cristiana (protestante): a) porque no admite el mínimo dogmático requerido para ser cristiano protestante (por lo menos: la fe en la divinidad de Jesucristo, en el dogma de la Santísima Trinidad y el bautismo válidamente administrado); b) además porque, aún admitiendo y usando la Biblia (por ejemplo los Testigos de Jehová y los Mormones), también sostienen que la revelación sigue abierta al menos hasta la muerte de su fundador y no pocas hasta su director actual, o sea, indefinidamente; c) en fin, muchas de estas sectas o marginan la Biblia, que queda convertida en uno de tantos libros de índole religiosa, o, aunque le den un valor o autoridad especial, ésta es inferior al de los libros del fundador/a de la secta.

3º Es fanáticamente proselitista: El Papa Juan Pablo II ha explicado: «La palabra “proselitismo” tiene un sentido negativo cuando refleja un modo de ganar adeptos no respetuoso de la libertad de aquellos a quienes se dirige una determinada propaganda religiosa» 6. Y tal es la característica de estos movimientos religiosos: «Entre las características más sobresalientes de tales movimientos y sectas merecen citarse el proselitismo y el fanatismo religioso» 7.

4º Es exaltador del esfuerzo personal: «En las sectas todo es obra del esfuerzo de los adeptos con la ayuda del grupo, pero sin la gracia divina. Prescindo de las excepciones (Soka Gakkai, iglesia cristiana palmariana, etc.) confirmatorias de la ley general, o sea, de las sectas en las que se cuenta con la ayuda divina, con la oración, etc.» 8.

5º Y espera un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual: «Las sectas, dice Guerra Gómez, dan por supuesto que la humanidad de nuestro tiempo se halla en un período de decadencia, especie de Edad de Hierro de las mitologías de los pueblos indoeuropeos. El inminente cambio colectivo puede ser de naturaleza: a) apocalíptica: fin del mundo (Testigos de Jehová, Misión Rama, iglesia universal y triunfante, iglesia universal de Dios, etc.), catastrófica aunque sin fin del mundo (final de cada ciclo cósmico: harekrisnitas, etc., y demás sectas de origen hindú, también las budistas, etc.; guerra nuclear: mormonismo, etc.): b) utópica, bucólica o advenimiento de una nueva era, al modo de la mitológica Edad de Oro: Era Acuario (Nueva Era, Escuela arcana, Buena voluntad mundial, etc.), Nuevo Orden (masonería, etc.); el paso a un paraíso extraterrestre (sectas ufónicas: Misión Rama, Puerta del Cielo, etc.)». «El cambio maravilloso individual suele consistir en la transformación del “hombre” en una especie de “superhombre”. Es, de ordinario, la aspiración de las sectas “desacralizadas, esotéricas, etc.”, así como de los métodos llamados del potencial humano: Dianética (vinculada a la iglesia de la cienciología),  Meditación trascendental, Método Silva del control mental, Instituto Arica, I AM/YO SOY (Nueva Era), yoga (hinduismo y sus sectas), zen (budismo), etcétera. Lo peligroso de esta transformación psicológica radica en que cada uno debe actuar según su conciencia, aunque sea errónea. Y lógicamente el que se cree “superhombre” no puede no mirar con conmiseración a los simples “hombres”, a los cuales forzará a aceptar de grado o por fuerza sus deseos de superdotado» 9.

Como vemos el uso del término «secta» por parte de presuntos «sectólogos» no es otra cosa que un abuso verbal, fruto o de la malicia de sus labios o de la debilidad de sus neuronas. Y hacen, en definitiva, un flaco servicio a la auténtica prevención del fenómeno sectario, del que, con mayor tino e intención dijo Juan Pablo II: «Los avances proselitistas de las sectas y de los nuevos grupos religiosos en América no pueden contemplarse con indiferencia. Exigen de la Iglesia en este continente un profundo estudio, que se ha de realizar en cada nación y también a nivel internacional, para descubrir los motivos por los que no pocos católicos abandonan la Iglesia. A la luz de sus conclusiones será oportuno hacer una revisión de los métodos pastorales empleados, de modo que cada Iglesia particular ofrezca a los fieles una atención religiosa más personalizada, consolide las estructuras de comunión y misión, y use las posibilidades evangelizadoras que brinda una religiosidad popular purificada, a fin de hacer más viva la fe de todos los católicos en Jesucristo, por la oración y la meditación de la palabra de Dios» 10.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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1  Efectivamente, corroboro lo que dice el consultante, pues en el artículo de A. Silleta, «¿Secta católica en Argentina?» (del 13 de julio de 2006) se lee: «No todos estos movimientos que nacieron a partir de Concilio Vaticano II son positivos, muchos tienen características sectarias y manipuladoras hacia sus miembros, además de lideres carismáticos y megalómanos. Por ejemplo, Tradición, Familia y Propiedad, Camino Neocatecumenal, Instituto del Verbo Encarnado, Sodalitium Christianae Vitae, Los legionarios de Cristo o la Comunidad Jerusalén del padre Antelo son ejemplos claros de sectas católicas» (www.clubdelarazon.org/content/view/36/29/). En el 2007 ha vuelto a acusar algunos de estos grupos como sectarios.

2  «Guitarrear» es un término de la jerga argentina, que significa improvisar en un examen o en una exposición oral, cuando no se tienen conocimientos del tema. Es una de las notas características del chanta.

3  Cf. M. Guerra Gómez, Historia de las religiones, Madrid 1999; Idem, Diccionario enciclopédico de las Sectas, Madrid 1998.

4  Por ejemplo, Sínodo de los Obispos, Asamblea especial para América. Encuentro con Cristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad en América. Instrumentum laboris, 1997, especialmente los nn. 45-46; también: Consejos Pontificios para la Cultura y para el Diálogo Interreligioso, Jesucristo portador del agua viva. Una reflexión cristiana sobre la «Nueva Era», 2003.

5  Aunque el número reducido de miembros no sea una nota definitoria (contra lo que opinan algunos), de todos modos, tiene importancia, pues facilita la acogida más cálida, el saberse querido, la pertenencia más personalizada y comprometida, etc.

6  Ecclesia in America, 73.

7  Sínodo de los Obispos, Asamblea especial para América, 45.

8  Cf. M. Guerra Gómez, Historia de las religiones, Madrid, (1999).

9  Cf. M. Guerra Gómez, Historia de las religiones, Madrid, (1999).

10  Juan Pablo II, Ecclesia in America, 73.

secta

¿Qué diferencia hay entre religión, culto y secta?

Pregunta:

Ante mi reciente actividad en esta area, desearía conocer que se considera: A.-Religion.- B.-Culto.- C.-Secta.  Gracias. José Luis 

Respuesta:

Estimado José Luis:

Santo Tomás de Aquino, dice en la Suma Teológica, II-II, 81, 1, que

a)«conforme escribe San Isidoro en el libro Etymol., llamamos religioso, palabra derivada, según dice Cicerón, de re-lección, a quien repasa y como que relee lo referente al culto divino. Así, pues, la palabra religión proviene, según parece, de releer lo concerniente al culto divino, por el hecho de que a estas materias hay que darles muchas vueltas en nuestro interior, según se nos manda en Prov 3,6: En todos tus caminos, piensa en El.

b)Aunque también pudiéramos suponer que se llama así a la religión por nuestraobligación de reelegir a Dios, a quien por negligencia hemos perdido, como dice San Agustín en el X De Civ. Dei .

c)O puede asimismo pensarse que la palabra religión se deriva de religar, y de ahí la frase de San Agustín en el libro De vera relig. : La religión nos religa al Dios único y omnipotente.

Ahora bien: sea que la religión se llame así por la repetida lectura, por la reelección de lo que por negligencia hemos perdido o por la religación, lo cierto es que propiamente importa orden a Dios. Pues a El es a quien principalmente debemos ligarnos como a principio indeficiente, a El debe tender sin cesar nuestra elección como a fin último, perdido por negligencia al pecar, y El es también a quien nosotros debemos recuperar creyendo y atestiguando nuestra fe». Santo Tomás añade que “La religión se acerca a Dios más que las otras virtudes morales, en cuanto que se ocupa de cosas que directa e inmediatamente están ordenadas al honor divino; y por lo mismo, la religión sobresale entre las otras virtudes morales”(II-II, 81, 6). Y dice también en qué consiste: “la religiónconsiste en el acto por el cual el hombre rinde culto a Dios, sometiéndose a Èl”.

El culto, por su parte, es la correcta relación del hombre con Dios. Deriva de colere, cultum, es decir, cultivo. Cultivar es una acción que implica una cierta frecuencia, un cuidado, una repetición, una “cultura”. El hombre cultiva su cuerpo, cultiva el oído, cultiva sus talentos, cultiva su inteligencia por el estudio, su voluntad por la repetición de actos buenos, sus relaciones con los demás (cultiva la amistad), y su relación con Dios (culto), es decir, cultiva su vida espiritual. El hombre, por ser espiritual y libre, es un ser “cultual” por naturaleza, inclinado a la adoración del Ser Supremo, de aquello que lo trasciende(“trans-scandere”). Cuando Dios creó al hombre, dice el Génesis, plantó un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había creado (Gn 2, 8), para que lo cultivase y lo cuidase (Gn 2, 15).

Etimológicamente, la palabra española «secta», en latín, era el femenino del participio del verbo «seco, secare»: «cortar, desprender». Designa la entidad separada de otra realidad mayor y más antigua como la rama desgajada de un árbol.
Realmente, por su definición descriptiva o sus rasgos definitorios, «secta es un grupo autónomo, no cristiano, fanáticamente proselitista, exaltador del esfuerzo personal y expectante de un inminente cambio maravilloso, ya colectivo, ya individual» (según Luis Moya, tomado de www.unav.es). Puede ver ese link para una ampliación del tema.

P. Jon M. Arza, IVE

amor a Dios

¿Cómo crecer en el amor de Dios?

Pregunta:

Estimado Padre: Yo se por la escritura que la ley de nuestro señor es Amar a Dios con toda nuestras fuerzas y con toda nuestra mente e inteligencia, así como al prójimo como a uno mismo. Con esta ley no se da cabida al pecado. Sin embargo, es fácil decir….amar con todas tus fuerzas…pero ¿hacerlo?…. ¿En que depende que en mi crezca más el amor, que puedo hacer para que el amor a Dios en mi sea cada vez mas grande….?……Quiero amar a Dios al máximo.

Respuesta:

Hay que distinguir entre los medios para adquirir la caridad hacia Dios y los medios para crecer en ella.

Disposiciones para ‘adquirir’ la caridad son fundamentalmente dos.

La primera es la escucha amante de la Palabra divina; porque, humanamente hablando, cuando escuchamos hablar bien de alguien nos encendemos en su amor. Y esto hacen las divinas Escrituras que nos hablan de Dios. Por eso dice el Salmo: La palabra de Dios lo inflamaba (Sal 104,19); y los discípulos de Emaús lo experimentaron de Cristo gran exegeta cuando dicen: ¿Acaso no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino abriéndonos de la Escrituras? (Lc 24,32).

A esto hay que añadir la continua meditación de los bienes divinos. Dice Santo Tomás: ‘si quieres conseguir el amor divino, medita sus bienes’. Pues muy duro sería quien meditando los dones y bienes que ha recibido de Dios, los peligros de los que ha sido librado por Dios, y la felicidad que Dios le ha prometido… no comienza a arder en el divino amor.

Otras son, en cambio, las disposiciones que nos hacen crecer en la caridad ya adquirida.

La primera de ellas es el desapego de las cosas terrenas, pues un corazón no puede tender perfectamente hacia cosas diversas. Por eso no se puede amar a Dios y al mundo. Por el contrario, el amor de uno crece según disminuye el amor al otro.

La segunda disposición es la paciencia en las adversidades. Cuanto más graves cosas soportamos por aquel a quien amamos, menos se destruye nuestro amor sino que, por el contrario, crece. Las muchas aguas (que podemos entender como tribulaciones) no pudieron apagar el amor, dice el Cantar de los Cantares (8,7). Así se puede entender místicamente las palabras del Génesis referidas al arca de Noé: aumentaron las aguas(las tribulaciones) y el arca (el alma y la Iglesia) se elevó a las alturas (Gn 7,17).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

existencia de Dios

La ciencia moderna. ¿niega o prueba la existencia de Dios?

Pregunta:

Estimado Padre: Soy universitario y estoy haciendo un trabajo sobre la ciencia y el cristianismo. Resulta que he leído varios artículos sobre lo que piensan los científicos sobre Dios y a pesar de que había creído que la ciencia (me refiero a la física y otras como la astronomía) no puede hablar de Dios (o sea no puede llegar a Dios), resulta que he leído dos artículos de buenos científicos que defienden que su ciencia puede probar la existencia de Dios. Al comentar mi perplejidad a mi profesor, éste me dijo que le presentara una exposición del tema. ¿En qué me puede orientar usted?

Respuesta:

Estimado Ramiro:

Te envío este artículo del Dr. Luis Fernández Cuervo (titulado ‘Sobre el Universo y Dios. Hablan ateos y creyentes’, publicado en www.arvo.net); creo que da una breve pero adecuada visión del tema.

Es frecuente en el mundo actual la gente que lleva su admiración por la Ciencia hasta el punto de creer que sólo allí se encierra toda la sabiduría y certeza posibles. Algunos, además, elevan su admiración hasta la idolatría, pensando que el avance de ella supone siempre un descrédito y derrota de la religión.

Eso equivale a anclar su mentalidad en lo peor de los ilustrados del Siglo XVIII. No hace mucho leí, en un artículo de otro diario, la chocante afirmación de que Pasteur, al demostrar que no existía la generación espontánea de seres vivos a partir de material inerte, había refutado con ello una idea religiosa.

Pero esa idea nunca fue una idea religiosa, sino una idea científica equivocada en la que creyeron los científicos, creyentes y no creyentes, hasta que en el Siglo XIX, el genial Louis Pasteur demostró lo contrario. ¡Pero resulta que Pasteur fue siempre un católico practicante! y, además, dijo que ‘un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a él’.

Si revisamos la historia, podemos comprobar que muchos de los grandes avances científicos fueron hechos por gente que no tuvo ningún conflicto entre la ciencia que cultivaba y la religión en la que creía.

La lista de ellos es larga. Sin embargo, también es verdad que, hoy día, muchos científicos ilustres son agnósticos -no saben decir si Dios existe o no-, o son ateos que pretenden convencerse y convencernos de que su ciencia demuestra la no existencia de Dios.

Aparte de los que mencioné en mi artículo anterior, Watson y Crick, destacan hoy por su franco ateísmo Steven Weinberg y Peter Atkins.

Asegura Atkins que no es necesaria la existencia de un creador y que, mirado a fondo, ‘todo es caos’ y que ‘esta es la frialdad que hemos de aceptar cuando escrutamos profunda y desapasionadamente el corazón del universo’. En cuanto a Weinberg, Premio Nóbel de Física, para él todo el universo que conocemos, incluyendo la vida humana, sólo es el resultado accidental, por casualidad, de un cúmulo de coincidencias que pudieron no haberse dado. (¿Alabemos, entonces, a la diosa Casualidad?).

E insiste en que: ‘Cuanto más comprensible parece el Universo, tanto más sin sentido parece también’. Con eso no están de acuerdo muchos otros físicos, entre ellos Albert Einstein, que, sin practicar nunca ninguna religión, aseguraba que: ‘Cuanto más estudio la ciencia más creo en Dios’.

El error de esos agnósticos o ateos está en lo limitado de su ciencia y en lo desorbitado de su soberbia intelectual. Cuando hablan de caos habría que decirles que siempre parece sin sentido lo que conocemos mal o sólo en parte y que si acaso creen que ya lo saben todo sobre el Universo. Cuando al descifrar las etapas y estructuras del cosmos y de la vida observan, sin que se vea un agente externo que la produzca, cómo unas cosas son causas de otras y cómo se coordinan entre sí, llegan a la conclusión, como el viejo Laplace, que no hace falta Dios, que aquello se ha hecho solo. ¿Qué supone más sabiduría y más poder humanos? ¿Un reloj antiguo que había que darle cuerda o uno actual que no lo necesita? Escuchar un concierto transmitido en ese mismo momento por la radio supone más inteligencia y poder humanos que estar allí presentes en ese concierto.

La ciencia y el poder humanos han vencido el espacio. Y escuchar años más tarde ese mismo concierto en una casete, supone mayor inteligencia y poder humanos que los de aquella radio, pues ahora se ha vencido no sólo el espacio sino también el tiempo. Si ésa es nuestra experiencia sobre el poder creador del hombre, ¿por qué en cambio se lo niegan a Dios? Precisamente, cuanto más autónomo aparece algo, en su existencia y funcionamiento, más inteligente y poderosa tiene que ser la Causa que pudo producirla. Y también cuanto mayor complejidad y finura de estructuras y funcionamiento tiene. Hay mayor inteligencia y poder creador para hacer un moderno cronómetro que para hacer un reloj de arena.

Por eso, muchos físicos comprueban que los parámetros fundamentales que rigen la fuerza de la gravedad, la carga de los protones y la masa de los neutrones, la distancia de la tierra al sol, etc., parecen haber sido ajustados muy precisa e inteligentemente de modo que permitiesen surgir organismos conscientes.

De hecho, modificar en lo más mismo esos valores habrían hecho perder a los átomos su integridad, que las estrellas no brillasen, que ninguna galaxia hubiera podido albergar vida o que el colapso del universo sucediera segundos después del ‘Big Bang’. John Polkinghorne, físico de la Universidad de Cambridge, observa que ‘cuando uno se da cuenta de que las leyes de la naturaleza tienen que estar coordinadas con máxima precisión para que den como resultado el universo visible, es difícil resistirse a la idea de que el universo no es casual, sino que tiene que haber un propósito en él’. Y Jerzy A. Janik, físico nuclear y miembro de la Academia de Ciencias de Polonia y Noruega, concluye: ‘Tengo respeto al agnosticismo en los físicos. Pero cuando dicen que son agnósticos porque son científicos, hacen una extrapolación. Pueden serlo, pero no partiendo de la física.

Hay que ser ateos honestos. La física no da prueba negativa de Dios o de la realidad trascendente: no es su objeto. (…) Eso no es el resultado de la ciencia, depende de otros factores personales: el sufrimiento, la pobreza de un pueblo…’. Sí, y precisamente el sufrimiento es una piedra de escándalo que a algunos científicos puede apartarles de Dios -tal parece ser el caso de Weinberg- y a otros -como a Max Planck- la ocasión para encontrarle. Espero poder hablarles también de esto último.

(*) Luis Fernández Cuervo, Dr. en Medicina, columnista de El Diario de Hoy, colaborador de Arvo Net; artículo publicado en El Diario de Hoy, 23.6.2003; en Arvo Net, 23 de noviembre 2003.

inhabitación trinitaria

¿Qué es la inhabitación trinitaria?

Pregunta:

Padre Miguel Ángel. Muchas gracias por su servicio. Necesito conceptualizar y explicar ‘inhabitación trinitaria’. Yo creo entender que es que Dios es uno en tres personas y que habitan juntos, que es uno en esencia, pero no se mas que eso y no encuentro en la bibliografía que tengo, este tema con la palabra inhabitación. Muchas gracias. Rezo un Ave María por usted.

Respuesta:

Estimada:

Propiamente se llama ‘inhabitación trinitaria’ al misterio por el cual la Santísima Trinidad habita en el corazón de la persona que está en gracia (es decir, sin pecado mortal).

1. Lo dice el mismo Señor: Jn 14,23: Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. Y San Pablo: Ef 3,17: Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones. Igualmente leemos en el Apóstol San Juan: 1 Jn 4,12-13, 15-16: A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu…. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

En algunos lugares se habla de la presencia del Hijo, en otros de la del Espíritu Santo; en otros del Padre y del Hijo. Evidentemente que el hablar de una de las divinas Personas entraña la referencia a las otras dos, pues confesamos en nuestra fe, como dice hermosamente el Símbolo Atanasiano: ‘la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra también la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal también el Espíritu Santo…, etc., El que quiera salvarse, así ha de sentir de la Trinidad’ (Dz 39-40).

2. Ya los Santos Padres insistieron en la presencia de Dios Trino en el alma del justo; aunque a veces sólo refiriéndose a una de las personas. Ignacio de Antioquía gustaba en llamarse ‘Theóforos’, portador de Dios; o también ‘Cristóforos’, portador de Cristo. San Ireneo frecuentemente nos recuerda que el Hijo enviado por el Padre, nos revela al Padre en nuestro interior. Los Padres Griegos enseñan comúnmente que ni los hombres ni los ángeles pueden ser justificados, santificados y deificados sino por la participación en las personas divinas. Y se podrían citar numerosísimos testimonios.

3. Los teólogos han hablado, tratando de explicar estos hermosísimos datos, de las misiones invisibles de las Personas divinas y de la inhabitación trinitaria. Las divinas personas se hacen presentes al alma por donación y misión: el Padre, al ser Principio sin principio, no puede ser enviado por nadie y, por tanto, se nos dona a Sí mismo a nosotros; el Hijo, como tiene al Padre por principio, es ‘enviado’ (eso quiere decir ‘misión’) por el Padre; finalmente el Espíritu Santo, al tener como principios al Padre y al Hijo, es enviado por la primera y la segunda Personas de la Trinidad.

4. Santo Tomás explica: ‘Las Personas divinas no pueden ser poseídas por nosotros sino o para gozarlas (fruirlas) de modo perfecto, lo cual se da en el estado de la Gloria del cielo; o para gozarlas de modo imperfecto, lo cual se da en esta vida por la gracia santificante’ (I Sent., d.14, q.2, a.2, ad 2). ¡Para que gocemos de su presencia y con su presencia y posesión! Qué impresionante y qué riqueza extraordinaria significa esto. Si cada una de las divinas Personas son nuestras ¡y para gozarlas! ¿cómo no lo será todo lo demás? ¿qué podemos temer? ¿qué nos puede faltar? De modo muy hermoso San Juan de Ávila ponía en boca de Cristo algo semejante: ‘Yo (soy) vuestro Padre por ser Dios, yo vuestro primogénito hermano por ser hombre. Yo vuestra paga y rescate, ¿qué teméis deudas, si  vosotros con la penitencia y la Confesión pedís suelta de ellas? Yo vuestra reconciliación, ¿qué teméis ira? Yo el lazo de vuestra amistad, ¿qué teméis enojo de Dios? Yo vuestro defensor, ¿qué teméis contrarios? Yo vuestro amigo, ¿qué teméis que os falte cuanto yo tengo, si vosotros no os apartáis de Mí? Vuestro mi Cuerpo y mi Sangre, ¿qué teméis hambre? Vuestro mi corazón, ¿qué teméis olvido? Vuestra mi divinidad, ¿qué teméis miserias? Y por accesorio, son vuestros mis ángeles para defenderos; vuestros mis santos para rogar por vosotros; vuestra mi Madre bendita para seros Madre cuidadosa y piadosa; vuestra la tierra para que en ella me sirváis, vuestro el cielo porque a él vendréis; vuestros los demonios y los infiernos, porque los hollaréis como esclavos y cárcel; vuestra la vida porque con ella ganáis la que nunca se acaba; vuestros los buenos placeres porque a Mí los referís; vuestras las penas porque por mi amor y provecho vuestro las sufrís; vuestras las tentaciones, porque son mérito y causa de vuestra eterna corona; vuestra es la muerte porque os será el más cercano tránsito a la vida. Y todo esto tenéis en Mí y por Mí; porque lo gané no para Mí solo, ni lo quiero gozar yo solo; porque cuando tomé compañía en la carne con vosotros, la tomé en haceros participantes en lo que yo trabajase, ayunase, comiese, sudase y llorase y en mis dolores y muertes, si por vosotros no queda. ¡No sois pobres los que tanta riqueza tenéis, si vosotros con vuestra mala vida no la queréis perder a sabiendas!’ (Epístola 20).

P. Miguel A. Fuentes, IVE