¿Presenta internet objeciones morales?

Pregunta:

¿Presenta  Internet o su uso alguna objeción moral?

 

Respuesta:

La Internet fue creada en 1983; diez años más tarde conectaba alrededor de dos millones de computadoras y era usada por cerca de 23 millones de usuarios. Las cifras se han multiplicado vertiginosamente desde esa fecha. En la actualidad ha desbordado ampliamente su uso primario como ‘correo electrónico’ entrando en el campo de las transacciones monetarias, del desarrollo cultural e incluso de los servicios médicos.

¿Qué decir de los aspectos morales que se relacionan con ella? Internet, como la Informática en general es una obra de la técnica y desde esa perspectiva debe ser analizada. Las obras del hombre se dividen en dos clases: los actos morales, y los actos del arte o técnica; los primeros tienen por objeto directamente la persona humana del que obra de su prójimo; los segundos tienen como objeto las cosas exteriores materiales que se fabrican, construyen o transforman. La clave de todo el problema consiste en responder a la pregunta: ¿hay independencia entre la técnica y la ética o moral? Muchos reivindican una absoluta independencia (por ejemplo, en el plano de la experimentación embrional, clonación, fecundación artificial, experimentación química y atómica, etc.). Sin embargo debemos afirmar que no puede darse una independencia absoluta, y esto hay que defenderlo con todas las fuerzas pues está en riesgo la misma persona humana.

La ciencia y la técnica están al servicio de la persona humana, versan sobre realidades materiales pero siguen siendo actos de una persona humana sobre el universo material al que pertenece esa persona humana. Por eso, aunque los criterios sean diversos, el campo de la técnica debe estar subordinado al de la ética. Este es el marco: el técnico puede buscar siempre más y más el progreso técnico pero siempre subordinándose al bien de la persona humana; y debe abandonar una técnica por muy provechosa o redituable que sea cuando ella atenta contra la dignidad de la persona humana. Ha sido dicho: ‘Sería ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios orientadores no se pueden tomar ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que pueden reportar a unos a costa de otros, ni, peor todavía, de las ideologías dominantes. A causa de su mismo significado intrínseco, la ciencia y la técnica exigen el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad: deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables y de su bien verdadero e integral según el plan y la voluntad de Dios'[1].

Los actos técnicos o artísticos pueden ser bien usados o mal usados: transmitir información, perfeccionar las técnicas de comunicación visual o dominar la materia atómica, puede servir para usos moralmente buenos o para usos éticamente reprobables; el problema no es la máquina sino el hombre que la usa. ‘La ‘técnica’, entendida como un conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo, es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos de trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Pero, por otra parte, es un hecho que a veces la técnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanización del trabajo ‘suplanta’ al hombre, quitándole toda satisfacción personal y el estímulo a la creatividad y responsabilidad; cuanto quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltación de la máquina reduce al hombre a ser su esclavo'[2]. De aquí que se despierten tantos interrogantes en torno a este desarrollo tecnológico; interrogantes que ‘encierran una carga particular de contenidos y tensiones de carácter ético y ético-social'[3]. Por eso la importancia de dictaminar los criterios morales que han de regir este campo.

Esto es lo que sucede con la Informática en general y con Internet en particular. Y este es el motivo por el cual la ciencia debe estar subordinada necesariamente a la moral. Quisiera indicar los principales usos buenos y malos que presenta hoy en día Internet y el campo de acción que este fenómeno abre.

1. El buen uso

Los buenos empleos son innumerables y bien conocidos; por eso me limito a mencionar algunos.

1) En el campo de la educación permite el acceso a una mejor y más rápida documentación. Hoy en día el ingreso a las grandes bibliotecas del mundo no es algo restringido a quienes tienen los medios económicos para viajar. Las pistas informáticas han puesto documentación antes casi inaccesible a disposición de los investigadores. Lo mismo se diga con la revolución educativa introducida por los métodos interactivos en todas las materias, y de modo particular en el estudio de las lenguas. Los medios informáticos permiten hoy en día una educación a distancia con cierta eficacia; ya desde 1985 se dictan por este medio cursos y carreras completas. En la actualidad cerca de 300 universidades enseñan de esta manera.

2) En el campo de la salud y de la vida está permitiendo intercambios de información y consulta médica; por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos lanzó el 26 de junio de 1997 un ‘sitio’ en Internet llamado ‘Medline’ que compendia resúmenes de cuatro mil revistas médicas, con nueve millones de referencias; cinco meses más tarde, según el diario La Nación, recibía un millón de consultas diarias[4]. También se hacen ya intervenciones quirúrgicas con asesoramiento actual de expertos que se encuentran a distancia.

3) En el campo de la información es más que evidente su utilidad: tenemos información mundial al instante de todo tipo de acontecimientos.

4) En el campo de las relaciones humanas y sociales vale otro tanto: el correo electrónico y las otras vías de comunicación informática aceleran las relaciones, sacan del aislamiento a personas solitarias, acortan las distancias de los seres queridos que se ven alejados temporal o definitivamente, permiten mantener vivas las amistades y los intercambios de opinión, etc.

Resumiendo todo esto ha escrito hace ya algunos años el Papa Juan Pablo II hablando del porvenir del próximo milenio: ‘El desarrollo de la informática multiplicará la capacidad creadora del hombre y le permitirá el acceso a las riquezas intelectuales y culturales de otros pueblos. Las nuevas técnicas de la comunicación favorecerán una mayor participación en los acontecimientos y un intercambio creciente de las ideas…'[5].

2. El mal uso

Internet también puede ser mal usada y abusada. Señalemos entre otros problemas:

1) Ante todo, el carácter absorbente que puede revestir Internet (de modo particular el ‘navegar’ por la ‘web’). Los medios de comunicación en general son cautivantes, porque se dirigen a los sentidos que quedan como absortos por la imagen, el sonido y especialmente por la imagen en movimiento. Según datos actuales[6] el 19% de los ‘navegantes’ argentinos se internan en la web entre 50 y 100 horas semanales (¡esto significa un promedio entre 7,5 a 14,5 horas diarias!); el 17% lo hace entre 10 y 19 horas semanales y el 15% lo hace entre 20 y 29 horas. Se comprende que un fenómeno semejante haya llevado en algunos casos a rupturas familiares, separaciones, hijos que abandonan sus hogares o son puestos directamente en la calle por sus padres. Los periódicos han hablado hace unos años de un hombre en Estados Unidos que tomó conciencia de que su esposa (quien ya no le preparaba la comida, ni arreglaba la casa, ni lo acompañaba a jugar al golf) lo había reemplazado por su adicción a Internet; cuando la conminó a elegir entre Internet y él, ella eligió Internet. El uso de la computación tanto para juegos como para la navegación por Internet (y en mucho menor escala en otro tipo de trabajos) puede comportarse como una droga, produciendo una suerte de adicción compulsiva relacionada con la curiosidad y que reviste síntomas psíquicos y físicos bien definidos (problemas en la vista, dolores físicos, pesadillas, pensamientos obsesivos, aislamiento social, incapacidad de relación real, etc.).

2) El segundo problema es el fenómeno aislante que puede causar Internet. Se suele escuchar que el desarrollo de los medios de comunicación informáticos ha hecho de nuestro planeta una ‘gran aldea’, o aldea global: todos vivimos más cerca, nos conocemos, las acciones de uno repercuten prontamente en los demás… Sin embargo, existe el peligro de que esta gran aldea se convierta en un enorme desierto poblado de solitarios. Hay muchas personas que viven a gusto en las llamadas ‘ciudades virtuales’ (en las que la gente que se conecta obtiene ciudadanías, hace negocios o se encuentra con amigos sin salir de su casa[7]) pero no viven a gusto en su propia sociedad. Uno puede preguntarse si muchos de los que se conectan con cientos de ‘ciberamigos’ en realidad se conectan con ‘otras personas’, es decir, si experimentan realmente la ‘alteridad’ en sus comunicaciones, o si bien la comunicación se realiza con su propia computadora (como lo haría con un juego interactivo) a la cual sin saberlo otras personas prestan voz y pensamiento. A veces ‘los otros’ no pasan de ser un singular tamagotchi encerrado en la computadora personal que bien podría no ser una persona real sino un juego programado para dialogar con el jugador; en tal caso, ¿habría alguna diferencia? Esto significa que la multiplicidad de comunicaciones mediante la informática no constituyen necesariamente un antídoto contra el aislamiento; podemos estar viendo crecer una generación de ‘autistas informáticos’.

3) Otro problema grave que se presenta relacionado con Internet es el servicio que la Red puede prestar a la canalización de ideologías y de comportamientos desviados. Dos son los fenómenos más relacionados con este peligro: la propaganda pornográfica y la propaganda sectaria.

a) La propaganda sectaria. La dificultad de controlar la información ofrecida en Internet permite que la red informática se convierta en canal de proselitismo sectario. Peligro que se agudiza en nuestro tiempo pues, como ha dicho Hank Hanegraff, presidente del Instituto de Investigación Cristiana: ‘a medida que nos acercamos al fin del milenio, los cultos religiosos y pseudocristianos hacia los OVNI aumentan'[8]. Es bien conocido el caso de Marshall Applewhite, fundador de la secta ‘Heaven’s Gate’, que se suicidió el 26 de marzo de 1997 en Rancho Santa Fe, California, con 38 correligionarios, creyendo que de este modo se engancharían en la cola del cometa Hale Bopp donde los esperaba una nave redentora extraterrestre. Los miembros de esta secta hacían prosélitos por medio de Internet, y un año antes de su suicidio colectivo habían puesto a disposición e todos los usuarios de Internet una página Web con un manual de 400 páginas donde se ilustraban los contenidos y fines de la secta, así como los preparativos de su muerte. Nadie hizo nada para impedirlo ni para evitar que algunos descarriados los siguiesen. Algunos periódicos informaban del suicidio diciendo: ‘tragedia anunciada por Internet'[9]. Tomás E. Martínez ha escrito en La Nación el año pasado un artículo que tituló ‘Cuidado con el Apocalipsis’; entre otras cosas escribía: ‘Dos o tres veces por semana aparecen en mi correo electrónico mensajes de jóvenes que tienen entre 16 y 22 años y que se imaginan a sí mismos reencarnaciones de Evita Perón o del Che Guevara… Si el intercambio se prolongaba a dos o tres cartas, cualquiera de mis frases era aprovechada para aludir al Apocalipsis, a la muerte próxima, al anticristo inevitable'[10]. Hay muchos predicadores apocalípticos al asecho; Internet se está convirtiendo en una plataforma de propaganda. Desde este punto de vista, la proximidad del Tercer Milenio combinado con una Internet sin control puede convertirse en un ‘caldo de cultivo sectario’ sobre el que se derrama un peligroso catalizador.

b) Junto a esto hay que señalar la amenaza no menos preocupante de la pornografía desenfrenada que ha encontrado en el campo de la informática una nueva fuente comercial. Hoy se habla corrientemente de sexo tecnológico, de ciberporno, sexo virtual, etc. En un informe publicado en Inglaterra en 1994, se establecía que la pornografía por computadora afectaba al 10% de los colegios secundarios británicos y, además, que ya estaba presente también en las escuelas primarias; según las cifras oficiales del mismo país, el 2% de los niños entre 5 y 11 años ya han ‘tragado’ pornografía informática alguna vez[11]. La pornografía ofrece muchas variantes en el campo informático:

-Versiones de las revistas pornográficas.

-Juegos de computación pornográficos de todo tipo. Algún vendedor de estos productos confiesa que recibe 10 pedidos de juegos pornográficos por cada 2 juegos de ajedrez que vende. En Europa en los últimos meses (escribo esto en junio de 1998) la empresa italiana Peruzzo Informática ha lanzado ya ‘Mujer Virtual’, una ‘Tamagotchi para adultos'[12].

-También hay que señalar las conexiones pornográficas ‘on line’.

-Señalo también el llamado ‘sexo virtual’ que mediante programas interactivos y diversos accesorios (casco, auriculares, guantes sensoriales, prótesis tecnológicas, etc.), simulan el partner sexual.

-La red se ha convertido en un campo de publicidad de la prostitución, e incluso en un espacio libre para los pederastas: la prostitución infantil y el abuso de menores ha encontrado entre muchos niños que son usuarios habituales de Internet y navegantes solitarios de la red un coto de caza sin guardianes.

Este bombardeo pornográfico que se ha incrementado al encontrar el cauce de Internet, es responsable, según autorizadas investigaciones psiquiátricas y sociológicas, de numerosos efectos constatables en forma creciente en nuestro tiempo como, por ejemplo: la insensibilización social ante comportamientos desviados y ante los casos de violación femenina e infantil, el interés morboso por la desviación sexual, el aumento de la hostilidad y la violencia individual y social, la insatisfacción sexual dentro y fuera del matrimonio, en algunos casos es causante de hondas angustias y tentativas de suicidio, y, al no superar la actitud de egoísmo fundamental que caracteriza al comportamiento pornográfico, también es responsable de crear personalidades neuróticas, utilitaristas, antisociales, antisexuales, afectivamente retrasadas y frustradas.

4) Otro peligro es el de una mal entendida globalización cultural. Los contactos culturales son sumamente importantes y buenos. Pero realizados como hoy en día se llevan a cabo pueden comportar la pérdida de las diferencias culturales en lo que éstas tienen de enriquecedoras. Con la globalización cultural corremos el riesgo de crear una ‘subcultura’: una cultura chata, forjada de comunes denominadores, con un idioma pobre compuesto de palabras técnicas claves pero desprovistas de sentido. Hay también un peligro serio y cierto de ‘colonialismo cultural electrónico’. Una dependencia total de los medios de comunicación globales puede hacer perder los valores propios de cada cultura o país: su lengua, sus cantos, sus bailes, usanzas, pintura, arquitectura, historia, instituciones, etc., y ser reemplazados por los de otra cultura, incluso inferior. Y esto es muy grave, pues un pueblo sin identidad cultural propia, es un pueblo sin conciencia, sin personalidad, apático, frío y triste; es un pueblo que agoniza desnudo en una calefaccionada sala de terapia intensiva globalizada.

5) Otro peligro es el de dar supremacía a lo mediatico sobre lo inmediato o como ha dicho un autorizado autor, ‘la tendencia a las experiencias secundarias’. La Internet pone a nuestra disposición una enormidad de recursos culturales, intelectuales, musicales, pictóricos, turísticos, informativos, etc. Debemos saber usarlos sin caer en gustos desequilibrantes. Hoy en día se corre el riesgo de crear una cultura de lo secundario: muchas personas en lugar de contemplar las obras de arte prefieren leer lo que se dice acerca de las obras de arte; en vez de experimentar un concierto en directo prefieren escucharlo en un buen reproductor de CD; en lugar de ir a un museo prefieren pasear por sus galerías desde el acceso fácil que les da su computadora o simplemente coleccionar en fascículos las reproducciones pictóricas más famosas. Este es el mundo de la experiencia indirecta, origen de una cultura ‘fast food’. La Internet puede aumentar esta tendencia poniendo al alcance de nuestro modem las bibliotecas, los museos, los paisajes, la música y la geografía del mundo entero. Hay que saber poner las cosas en su lugar. Nunca lo mediato será mejor que lo inmediato. Lo mediato es sólo un reemplazo de lo inmediato por nuestras limitaciones; pero debemos tratar de superar nuestras limitaciones y no ceder a la tentación de convertirnos en turistas cibernéticos, músicos cibernéticos, amigos cibernéticos, profesores cibernéticos… porque simplemente no hay hombres cibernéticos, en todo caso hay seres frustrados como hombres por culpa de una cibernética mal digerida.

6) Finalmente, indico como problema el posible empobrecimiento intelectual de los adictos a la navegación por Internet. Ya mencioné que la adicción a Internet tiene que ver con el vicio de la curiosidad, exacerbada por la capacidad atractiva de los medios audiovisuales. Un gran campo de la ‘navegación’ tiene como finalidad la investigación; ciertamente esto no ofrece problemas, sino todo lo contrario. Pero un amplio margen de esta actividad tiene como única finalidad el satisfacer la curiosidad, frecuentar juegos, o el simple intercambio electrónico. Cuando el tiempo que consume es elevado comienza a tener repercusiones graves en el plano intelectual del usuario. Giovanni Sartori, famoso politicólogo italiano, ha publicado un libro titulado ‘Homo videns. La sociedad teledirigida'[13]. El ‘hombre vidente’ es el que se forma y crece teniendo ante sus ojos imágenes; el autor sostiene que el acto de ver (sensitivo) empobrece y atrofia la capacidad de entender y comprender abstracciones. Esto, que tiene una aplicación principal respecto de la Televisión, también se puede verificar, en los casos que hemos indicado, para la navegación indiscriminada.

3. Los nuevos areópagos

Con gran inspiración escribió en 1990 el Papa Juan Pablo II: ‘El primer areópago del tiempo moderno es el mundo de la comunicación, que está unificando a la humanidad y transformándola ‑como suele decirse‑ en una ‘aldea global’. Los medios de comunicación social han alcanzado tal importancia que para muchos son el principal instrumento informativo y formativo, de orientación e inspiración para los comportamientos individuales, familiares y sociales. Las nuevas generaciones, sobre todo, crecen en un mundo condicionado por estos medios. Quizá se ha descuidado un poco este areópago'[14].

Este texto de Juan Pablo II dice una enorme verdad: los medios de comunicación son el principal instrumento no sólo de información sino de formación e inspiración para los comportamientos de todo tipo: social, individual y familiar. Sobre la base y el modelo que transmiten estos medios se estructura y forma el futuro modelo de humanidad, de civilización, de sociedad, de familia y de persona, para los miembros de las nuevas generaciones totalmente impregnadas en esta realidad.

Debemos ser capaces de insertarnos en este fenómeno y tratar de canalizarlo, guiarlo y enmarcarlo moralmente para que sea una realidad al servicio del hombre. Esto requiere muchas exigencias:

1) Para los políticos: establecer una legislación sobre este campo que sea respetuosa de la auténtica libertad y no del libertinaje, recordando para esto que ‘la libertad depende fundamentalmente de la verdad. Dependencia que ha sido expresada de manera límpida y autorizada por las palabras de Cristo: Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Jn 8,32)'[15].

2) Para los educadores (padres de familia, maestros, profesores, etc.): forjar en los jóvenes y niños la capacidad del autodominio para que no se dejen arrastrar y absorber por algo tan subyugante como es la cultura de la imagen. Junto a esto hay que formarles criterios de discernimiento para que puedan juzgar y distinguir lo bueno y lo malo en estos medios. Finalmente, hay que educarlos para que sepan posponer los fenómenos mediáticos ante la experiencia inmediata, la relación familiar, social y amical.

3) Para los trabajadores de la información: que tomen conciencia del valor fundamental de la verdad y que reconozcan que no es la ‘masa’ de la información lo que forja las inteligencias y las culturas (por el contrario, puede banalizarlas y hacerlas superficiales) sino la calidad y esencialidad de los conocimientos transmitidos.

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre el respeto de la vida humana naciente y la dignidad de la procreación, Introducción, 2.

[2] Juan Pablo II, Laborens exercens, 5.

[3] Ibid.

[4] Cf. La Nación, 5 de noviembre de 1997, 6ª sección, p.4.

[5] Juan Pablo II, Dives in misericordia, 10.

[6] Cf. La Nación, 24 de mayo de 1998, p.15.

[7] Cf. La Nación, 23 de junio de 1997, 5ª Sección, p. 3-4.

[8] Cf. La Nación, 31 de marzo de 1997, p.2.

[9] Cf. La Nación, 29 de marzo de 1997, p.3.

[10] Cf. La Nación, 11 de abril de 1997, p.21.

[11] Cf. Europe Today, nº 118, 22 de junio de 1994.

[12] Cf. Los Andes, 7 de junio de 1998, p.6.

[13] Cf. La Nación, 7 de junio de 1998, 4ª Sección, p. 9.

[14] Juan Pablo II, Redemptoris missio, 37; cf. Tertio millennio adveniente, 57.

[15] Juan Pablo II, Veritatis splendor, 34.

¿Es lícito practicar deportes de alto riesgo como el boxeo, la escalada libre o el alpinismo?

Pregunta:

¡Paz y bien en el Señor! Quisiera saber cual es la valoración moral de los deportes extremos o de quienes practican los deportes extremos como el salto en bongee, paracaidismo, buceo entre tiburones, vuelo en ala delta, navegar entre rápidos, escalada libre, corridas de toros… entre otros. ¿Cómo se puede orientar a la gente que practica este tipo de cosas? De antemano agradezco su respuesta. Gracias.

Respuesta:

Estimado:

‘La norma que preside todas las manifestaciones deportivas en orden a los eventuales peligros a que puede exponerse el hombre se remonta al quinto mandamiento: no matar, no abreviar tu vida, no insidiarla, no perjudicar tu propio organismo. Nuestra vida es un capital que es preciso cuidar de los modos y maneras más parecidos a una sabia administración. Si el cuerpo y el espíritu lo exigen para reforzar las estructuras originales y el desarrollo de las capacidades superiores, el organismo puede ser sometido a deportes que incluso comportan cierto riesgo de lesiones‘ (G. Perico, voz ‘Deporte’, Diccionario Enciclopédico de Teología Moral, Paulinas 1980, p. 200).

La clave para acertar en un juicio moral depende del factor ‘riesgo’.

Los riesgos de una actividad pueden surgir de dos fuentes diversas:

a) Los riesgos se consideran debidos a factores extrínsecos, cuando no están en la intención misma de tal o cual deporte ni se siguen necesariamente del ejercicio de ese deporte. Así por ejemplo, en el automovilismo el riesgo que depende de las situaciones climáticas adversas, o desperfectos en las máquinas de carrera, o del ejercicio de ese deporte más allá de ciertos límites de velocidad o en determinados circuitos poco seguros.

Este tipo de riesgos extrínsecos, a su vez, habrá que ver si son previsibles o no, y si son graves o leves.

Juicio moral: cuando el riesgo es debido sólo a factores extrínsecos, es lícita toda actividad deportiva mientras se ponga en acto, antes y durante el desarrollo de tal actividad, todas las medidas capaces de reducir el grado de riesgo al mínimo posible, hasta el punto de dejar subsistir sólo un cierto riesgo dependiente de factores incidentales imprevisibles. Dicho de otra manera: mientras subsisten peligros que pueden ser eliminados, no es moralmente lícito exponer la vida o la salud, porque esto equivaldría a posponer la vida a otros valores inferiores a ella.

Además hace falta un motivo justificado para desarrollar una actividad que, aunque sea incidentalmente, comporta un mínimo de riesgo. Son motivos suficientes la educación del carácter o de la voluntad, la sana diversión, la utilidad para la vida física individual o social, etc.

En esta categoría pueden colocarse el montañismo, el motociclismo, el automovilismo, etc., cuando las medidas de seguridad optimizan las condiciones del ejercicio de estos deportes (poniendo límites a la velocidad, equipamiento obligatorio, preparación física suficiente, etc.).

Evidentemente, también hay que tener en cuenta que aquello que no representa un riesgo próximo para una persona suficientemente entrenada, sí puede representar un riesgo grave para otra no suficientemente preparada. Así mientras para algunos es lícito, no lo es para otros.

b) Los riesgos se consideran debidos a factores intrínsecos cuando el peligro es intrínseco a la naturaleza de la actividad o del deporte en cuestión. Por ejemplo, en el boxeo, el riesgo de golpear la cabeza del púgil es intrínseco, pues tales golpes están en la intención y en la técnica del mismo deporte: se intenta dejar al adversario en condiciones de no poder continuar combatiendo.

Este tipo de riesgos son siempre previsibles. Habrá que ver si son graves (o sea, que implican peligro para la vida, o daño notable para la salud) o leves.

Juicio moral: los riesgos intrínsecos graves que tienen una relación de causa-efecto con el deporte que los causa son ilícitos e inmorales. El deber que se impone es quitar la causa, es decir, eliminar la actividad. El motivo es que no es lícito exponerse a actividades innecesarias que comportan peligros graves ineliminables.

La mayoría de los moralistas considera como el ejemplo más notorio de este tipo de actividades ilícitas el boxeo, al menos el boxeo profesional. En la segunda mitad del siglo XX se conocen aproximadamente unas 400 muertes producidas sobre el ring. Sin llegar a tanto, es evidente que entre las consecuencias de este deporte se han de enumerar las lesiones cerebrales que implican un acortamiento de la vida y pérdida de lucidez en las facultades mentales (al punto que se habla de la encefalopatía crónica progresiva como la enfermedad de los boxeadores profesionales).

A esto hay que añadir que esta actividad (que no puede ser encuadrada propiamente bajo el concepto de deporte) despierta en quien la practica y en los espectadores la ‘saevitia’ (violencia en el sentido de crueldad), es decir, el complacerse en el sufrimiento físico del prójimo, lo cual ‘es una especie de bestialidad, pues tal delectación no es humana sino bestial, proveniente o de la mala costumbre, o de la corrupción de la naturaleza como las demás afecciones bestiales’ (Santo Tomás, II-II,159). El mismo vicio se extiende frecuentemente a los espectadores y hay que tener en cuenta que es reprobable todo cuanto fomenta el interés complacido y la fruición por los gestos de violencia.

A este tipo de actividad pueden equipararse otros ‘deportes’ que implican lucha con violencia y daño propio y del adversario. No entra, en cambio, en esta categoría (sino en la anterior) el llamado ‘boxeo de palestra’ (y todos aquellos modos de lucha se equiparan a él) que sólo es un ejercicio de músculos con tales garantías de seguridad que casi eliminan todo tipo de riesgos.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía:

Elio Sgreccia, Manuale di Bioetica, Milano 1991, II, pp. 330-333.

Ciccone, L., Non uccidere, Milano 1988, p. 408-427.

suicidio

La gente que se suicida, ¿tiene posibilidad de ir al cielo?

Pregunta:

La gente que se suicida, ¿tiene posibilidad de ir al cielo?

 

Respuesta:

Estimado:

Lo que impide a una persona entrar o no al cielo (es decir salvarse o no salvarse) es el morir en estado de gracia, o sea, sin pecado mortal. Para que una persona cometa pecado mortal es condición necesaria:

1º que haya materia grave (este es el elemento objetivo de todo pecado),

2º que tenga conciencia plena de que es algo grave y

3º que consienta perfectamente al acto grave (estas últimas condiciones son los elementos subjetivos que se requieren para que haya un acto sustancialmente humano).

En el caso del suicido se trata ciertamente de materia grave, pues la vida humana (la propia y la ajena) son bienes fundamentales de la persona custodiados por los mandamientos de la ley natural y por los diez mandamientos de la Ley divina. Hay que ver luego, en cada caso particular, si la persona estaba en plena posesión de sus facultades como para hacer un acto plenamente humano. A continuación trataré de esbozar los principios generales para poder hacer un juicio aproximado de este doloroso fenómeno(se puede consultar lo siguiente en: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, cuestión 64, 5; LINO CICCONENon Uccidere, Ed. Ares, Milán 1988, p. 107ss; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2280-2283).

1. Nociones y datos generales

El suicidio consiste propiamente en producirse la muerte a sí mismo por propia iniciativa o autoridad, ya sea mediante una acción o una omisión.

Se divide en suicidio directo e indirecto, según la muerte se intente directamente o sólo sea permitida buscando otra finalidad (como quien, intentando salvar a otra persona, arriesga su vida y muere).

Lo consideraron lícito por principios filosóficos Hume, Montesquieu, Bentham, Schopenhauer, Nietzsche, algunos estoicos como Séneca; más cercano a nuestros tiempos, el existencialismo hizo de él un valor positivo, como ‘la última libertad de la vida’ (Jaspers). Algunos lo han defendido por cuestiones de honor patriótico, militar o personal.

Los datos estadísticos son escalofriantes, aun teniendo en cuenta que los datos oficiales son inferiores a la realidad. La relación que suele establecerse entre suicidios efectivos e intentos de suicidio varía según los diversos autores que se consulte: unos dicen que se llega a un suicidio cada tres intentos; otros afirman que por cada suicidio hay diez intentos fallidos; por tanto, como término medio, puede decirse que por cada suicidio hay al menos cinco intentos frustrados. Ahora bien, la OMS (Organización Mundial para la Salud) indicaba en 1976, que cada día se suicidan en el mundo 1000 personas (lo que indicaría que otras 4000 o 5000 lo intentan sin llegar a él); aproximadamente 500.000 lo hacen por año (y por tanto, 2.500.000 quedan en el intento).

2. Juicio moral

La tradición cristiana, la doctrina del Magisterio y la reflexión teológica no han tenido ninguna duda sobre la inadmisiblidad moral del suicidio. Si ha habido alguna evolución ha sido sólo en torno a la valoración de la culpabilidad y responsabilidad subjetiva del que se suicida o intenta hacerlo.

Para no hacer un juicio erróneo, es necesario distinguir entre el juicio ‘objetivo’ sobre el suicidio, y el juicio sobre ‘la responsabilidad subjetiva’ del suicidio.

a) Valoración objetiva del suicidio

Como ya ha indicado Santo Tomás, el suicidio directo, objetivamente considerado, es un acto gravemente ilícito, por tres razones principales:

1º Porque es contrario a la inclinación natural (ley natural) y a la caridad por la que uno debe amarse a sí mismo.

2º Porque hace injuria a la sociedad a la cual el hombre pertenece y a la que su acto mutila: la priva injustamente de uno de sus miembros que debería colaborar al bien común.

3º Porque injuria a Dios: ‘la vida es un don dado al hombre por Dios y sujeto a su divina potestad que mata y da la vida. Por tanto el que se priva a sí mismo de la vida peca contra Dios, como el que mata a un siervo ajeno peca contra el señor de quien es siervo… A sólo Dios pertenece el juicio de la muerte y de la vida…’ (Santo Tomás).

Pío XII lo calificó de ‘signo de la ausencia de la fe o de la esperanza cristiana’ (discurso del 18/II/58). El Concilio Vaticano II lo colocó con otros delitos que atentan contra la vida misma, juzgados como ‘cosas… vergonzosas’ que ‘atentan la civilidad humana… y constituyen el más grave insulto al Creador’ (Gaudium et spes, 27). En la Declaración sobre la eutanasia (26/VI/80) se afirma: ‘La muerte voluntaria, es decir, el suicidio, es inaceptable a la par que el homicidio. Toda la doctrina del Magisterio ha sido resumida por el Catecismo Universal en los nn. 2280-2283.

La Sagrada Escritura no se ocupa de él pero es legítimo verlo incluido en el mandamiento que dice: No matar (Ex 20,13). Ya San Agustín lo había interpretado de tal manera: ‘No es lícito matarse, ya que esto se debe entender como incluido en el precepto No matar, sin ningún agregado. No matar, por tanto, ni a otro ni a ti mismo. Porque efectivamente, quien se mata a sí mismo, mata a un hombre’ (De civitate Dei, I,20).

En cuanto al así llamado suicidio indirecto (es decir, quien pierde la vida a causa de otra acción, como el médico o la religiosa que se contagia gravemente atendiendo enfermos y muere por esta razón) es también ilícito, a no ser con causa gravemente proporcionada. Aunque la acción que indirectamente produzca la muerte pueda no ser mala o incluso buena (como en el ejemplo dado: el acto de caridad de cuidar un enfermo gravemente contagioso), se requiere causa justa y proporcionada para permitir la propia muerte. Es lícito arriesgar apelando al principio de doble efecto; en este caso, las condiciones que debe reunir la acción, para ser lícita, han de ser: 1º que la acción u omisión sea buena o indiferente; 2º que se siga también un efecto bueno (y con la misma o mayor inmediatez del malo); 3º que solo se intente el bueno; 4º que haya una causa proporcionada (como puede ser el bien de la patria, el bien espiritual ajeno, el ejercicio de una virtud, etc.).

b) El juicio sobre la responsabilidad subjetiva

Otra cosa es la valoración de la responsabilidad moral del suicida. Hasta el siglo pasado era común juzgar al suicida como responsable de su gesto, y por tanto, culpable de su acción. Hoy en día, tanto la situación social, cuanto la formación moral del hombre moderno, obligan a tener otros criterios de valoración.

Dicho de otro modo:

1º dada la situación social potencialmente cargada de mentalidad suicida;

2º dado el elevado número de sujetos psíquicamente frágiles e incluso disturbados mentalmente;

3º y dado, por último, los escasos o casi nulos valores morales que pueden contrarrestar la mentalidad antivida reinante…

… podría admitirse que: en los casos en que faltan elementos para juzgar que un suicidio es plenamente voluntario, puede presumirse que la persona que se ha quitado la vida no ha gozado de suficiente responsabilidad moral, o incluso, en algunos casos, ha sido totalmente irresponsable. Se podría decir que, en muchos casos, lo que debe demostrarse es la ‘total responsabilidad’ del suicida.

De todos modos, hay que decir que en muchos casos sí hay ciertos elementos que pueden servir de guía para elaborar un cierto juicio sobre la responsabilidad objetiva del suicida (dejando, por supuesto, el juicio último únicamente a Dios). Así, por ejemplo, indican responsabilidad plena en un suicidio: el hecho de que éste haya sido preparado fríamente, o por largo tiempo, o con motivaciones precisas, o por una persona psíquicamente sana. También el que la decisión haya madurado dentro de una concepción de vida en la que no hay lugar para Dios o en la cual no se encuentra sentido a la vida por principios filosóficos (aunque sean vulgares).

En cambio, son indicios de responsabilidad incompleta: el suicidio impulsivo, el suicidio realizado bajo el shock de una tragedia, el suicidio ocurrido en contraste con toda una vida o una concepción de vida en la cual no parece haber lugar para el mismo, o, finalmente, el suicidio realizado por sujetos psíquicamente alterados.

3. Responsabilidad social

Gran responsabilidad por el fenómeno del suicidio corresponde a la misma sociedad, en cuanto ejerce o permite influencias que llevan a tal desenlace. Entre estos elementos cabe señalar:

a) La disgregación de los grupos primarios, especialmente la familia; la desaparición o al menos el enrarecimiento de las relaciones familiares (con el consecuente predominio de las relaciones de tipo funcional y utilitaristas) conducen al aislamiento de los individuos, condenándolos a afrontar solitariamente los problemas personales más profundos de la persona.

b) La proposición de ‘valores’ que no satisfacen las exigencias más profundas del alma (bienestar, afirmación personal, riqueza, hedonismo, culto de la personalidad, el divismo o idolatrización de algunos personajes públicos).

c) La negligencia en formar el carácter de sus miembros con una educación humana auténtica. Esto, en vez de robustecer las estructuras psíquicas, las debilita. Surgen de aquí notables debilidades psíquicas.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

animales

¿Hasta que punto es lícito hacer sufrir a los animales?

Pregunta:

Buenos días: Mi nombre es C. y soy de Puerto Rico. Quisiera saber qué comenta la Iglesia católica y los cristianos acerca de la cacería como deporte y la matanza continua y salvaje de los animales quienes también son la creación de Dios. Le agradecería muchísimo que pudiera contestarme. Gracias.

Respuesta:

La enseñanza de la Iglesia sobre este punto está resumida en el Catecismo de la Iglesia nn. 2414-2418:

‘El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura. El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación.

Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial. Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria. También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen. Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos’.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

verdad

¿Cuáles son los pecados contra la verdad?

Pregunta:

Estimado Padre, quisiera que me informara cuáles son los pecados que ofenden a la verdad.

Respuesta:

Estimado:

A la verdad se oponen varios pecados:

1. LA MENTIRA.

a) La mentira propiamente dicha. Consiste en decir una falsedad con intención de engañar, es decir, para inducir a error al que tiene el derecho de conocer la verdad. La gravedad se mide por la naturaleza de la verdad que deforma, por las circunstancias, por las intenciones del que la comete, por los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.

Con la mentira se relaciones otros pecados que lesionan la verdad; son los siguientes:

b) La falsificación de documentos y otros escritos. Es una mentira cualificada y de graves consecuencias. Muchas veces acompaña al pecado de fraude, es decir, cuando con la falsificación, se adueña del bien ajeno y simula el derecho. En este caso, a la mentira se suele añadir el abuso de un cargo o de una relación contractual. El que comete fraude está obligado a reparar el daño cometido, cuando pudo y debió preverlo.

c) La simulación. Es la mentira que se verifica con los hechos. Por ejemplo, el obrero que, ante la mirada del jefe, simula estar trabajando. No toda simulación es pecado: es pecado simular una acción mala por la mentira y el escándalo que con ello se da al prójimo; pero no lo es cuando se oculta con ella lo que debe permanecer oculto (como un secreto) o un pecado ya cometido, con el fin de evitar el escándalo del prójimo[1].

d) La hipocresía. Es una simulación especial que consiste en aparen­tar exteriormente lo que no se es en realidad. Se opone a la veracidad, y puede ser mortal o venial, según sea su objeto, su fin o las circunstan­cias que la acompañen.

e) La mentira periodística. Tiene una gravedad particular por ser mentira cualificada (es decir, de quien tiene por oficio publicar la verdad) y por la repercusión pública. De hecho puede ser responsable de falsas expectativas, falsos miedos; puede empujar a que alguien tome decisiones perjudiciales basándose en las noticias que ha escuchado o leído. Cuando tales mentiras quitan la fama equivale a la calumnia, particularmente grave por la publicidad dada al hecho. El que realiza tal obra está obligado a la reparación pública.

f) La restricción mental ilícita. No sólo es lícito sino también obligatorio el ocultar la verdad cuando su comunicación causaría daño a los oyentes o a otros. Si bien uno debe decir la verdad, no está obligado, en algunas circunstancias, a decir toda la verdad.

Esto suele hacerse mediante la restricción mental. Sin embargo, hay que distinguir varios fenómenos que tienen cierta semejanza entre sí pero no la misma moralidad.

La ‘anfibología’, es decir, el recurso a una expresión o frase equívoca, de doble sentido, cuyo verdadero significado conoce sólo quien la dice, pero que el oyente tomará casi seguramente en otro sentido. Por ejemplo, si alguien dice ‘le digo que no lo sé’, no pretendiendo decir que no sabe algo sino ‘le digo las palabras siguientes: que no lo sé‘. Es algo ilícito y equivale a una mentira.

La ‘restricción mental estricta’: es una especie de anfibología que consiste en trasladar con la mente una expresión o frase a un sentido distinto del que se desprende de la significación obvia de las palabras, pero en el cual no hay ningún rastro o indicio por donde pueda descubrirse la verdad. Así por ejemplo, si alguien dice ‘no he cometido tal falta’ añadiendo interiormente ‘cuando tenía cinco años’, o ‘vi Roma’ añadiendo en su mente ‘en fotografías’. En este caso jamás es lícita.

La ‘restricción mental remota o lata’, es como la anterior, pero queda alguna rendija por donde puede vislumbrarse la verdad. Hay que decir que es ilícita sin causa justa, pero puede ser lícita con causa justa y proporcionada:

-ilícita sin justa causa: porque si bien el prójimo podría descubrir la verdad si prestara atención al verdadero significado, sin embargo, ordinariamente no la presta y sufre un verdadero engaño.

-lícita con causa justa y proporcionada: porque en tal caso es una aplicación del voluntario de doble efecto. En este caso, el efecto bueno y querido es la guarda de un secreto (profesional, natural, sacramental) o el evitar un daño mayor, etc.; el efecto malo permitido es el engaño de la otra persona. ¿Cuándo hay causa justa y proporciona­da? En general, siempre que sea obligatorio ocultar la verdad o cuando el prójimo formula imprudentemente una pregunta a la que no tiene ningún derecho[2].

En general hay que desaconsejar el uso de la restricción mental por lo fácil que es engañarse sobre la existencia de causa proporcionada e incurrir en mentiras auténticas.

2. También se oponen a la verdad los pecados que lesionan la fama del prójimo

Estos son:

a) Juicio temerario. Consiste en admitir, incluso tácitamente, como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo.

b) Maledicencia. Consiste en manifestar los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran, sin una razón objetivamente válida.

c) Calumnia.Consiste en dañar la reputación del prójimo afirmando cosas falsas o dando ocasión a juicios falsos respecto del mismo, mediante palabras contrarias a la verdad.

d) El falso testimonio. Consiste en una afirmación contraria a la verdad sobre el prójimo (calumnia) realizada ante un tribunal. Si además es pronunciada bajo juramento se denomina perjurio. Puede tener como intención condenar a un inocente o disculpar a un culpable o aumentar la sanción en que ha incu­rrido el acusado.

Puede ver la explicación de algunos de estos pecados en el Catecismo. nn. 2475-2487.

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Cf. S.Th., II-II, 111, 1 ad 3 y 4.

[2] Cf. Royo Marín, Teología Moral para Seglares, I, nº 794.