existencia de Dios

Las cinco vías para la demostración de la existencia de Dios según Santo Tomás

Pregunta:

Deseo recibir explicación de las 5 vías según Santo Tomás para probar la existencia de Dios. Muchas gracias.

 

Respuesta:

Estimado:

La ‘existencia’ de Dios no pertenece ‘necesariamente’ a la fe. A esta verdad puede acceder el hombre mediante su razón. Esto no quita que también esta verdad esté revelada (la encontramos en la Sagrada Escritura). Por este motivo, el Concilio Vaticano I (1869-1870), definió contra el fideísmo y el agnosticismo la posibilidad universal de conocer a Dios, por medio de la sola razón natural (de aquí que esta verdad sea enumerada entre los ‘preámbulos de la fe’). De todos modos, como no todos los hombres llegan a este conocimiento por su razón (a causa de la debilidad que ha dejado en nuestra inteligencia el pecado original) hay una ‘necesidad moral’ de que esta verdad sea revelada por Dios, para que lleguen a la misma todos los hombres, prontamente y sin mezcla de error.

Las pruebas más tradicionales para demostrar la existencia de Dios son estas cinco vías expuestas de modo magistral por Santo Tomás de Aquino (‘Suma Teológica’, Prima pars, cuestión 2, artículo 3). Son éstas pruebas propiamente metafísicas. Estas vías son cinco argumentos a posteriori (a partir de las cosas más conocidas por el hombre) que demuestran la existencia de Dios; así, por ejemplo:

1) La primera es la vía del movimiento: la realidad del cambio o del movimiento (en sentido aristotélico) exige necesariamente la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible fundarse en una serie infinita de iniciadores del movimiento.

2) La segunda es la vía de las causas eficientes: puesto que las causas eficientes forman una sucesión y nada es causa eficiente de sí mismo, hay que afirmar la existencia de una primera causa.

3) La tercera es la vía de la contingencia y del ser necesario: como es un hecho que hay seres que existen y que podrían no existir, esto es, que son contingentes, es forzoso que exista un ser necesario, ya que, de otra forma, lo posible no sería más que posible.

4) La cuarta es la vía de los grados de perfección: puesto que todas las cosas existen según grados (de bondad, verdad, etc.), debe también existir el ser que posee toda perfección en grado sumo, respecto del cual las demás se comparan y del cual participan.

5) La quinta es la vía teleológica o del orden y la finalidad: existe un diseño o un fin en el mundo, por lo que ha de existir un ser inteligente que haya pretendido la finalidad que se observa en todo el universo.

Existen otras vías a las que mejor corresponde llamar ‘argumentos complementarios’. Estas son:

1) La demostración por el consentimiento universal del género humano: todos los pueblos, cultos o bárbaros, en todas las zonas y en todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser supremo. Ahora bien, como es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan importante y tan contraria a las pasiones, debemos exclamar con la humanidad entera: ¡Creo en Dios!

2) Por el deseo natural de la perfecta felicidad: consta con toda certeza que el corazón humano apetece la plena y perfecta felicidad con un deseo natural e innato; consta también con certeza que un deseo propiamente natural e innato no puede ser vano, o sea, no puede recaer sobre un objetivo o finalidad inexistente o de imposible adquisición; y consta, finalmente, que el corazón humano no puede encontrar su perfecta felicidad más que en la posesión de un Bien Infinito. Por tanto, existe el Bien Infinito al que llamamos Dios.

3) Por la existencia de la ley moral: existe una ley moral, absoluta, universal, inmutable, que prescribe el bien, prohibe el mal y domina en la conciencia de todos los hombres. Ahora bien, no puede haber ley sin legislador, como no puede haber efecto sin causa. Este legislador ha de ser, al igual que esa ley, absoluto, universal, inmutable, bueno y enemigo del mal. Esto es lo que denominamos Dios.

4) Por la existencia de los milagros: el milagro es, por definición, un hecho sorprendente que es realizado a pesar de las leyes de la naturaleza, ya sea suspendiéndolas o anulándolas en un momento dado. Ahora bien, es evidente que sólo aquel que domine y tenga poder absoluto sobre estas leyes puede suspenderlas o anularlas a su arbitrio. Por tanto, existe un Ser supremo que tiene ese poder soberano.

Es evidente que no he hecho más que exponer el núcleo central de todos estos argumentos. Para entenderlos bien y ver su fuerza probativa, es necesario estudiarlos en profundidad y con los textos completos. Estos textos puede Usted encontrarlos en:

-Santo Tomás, Suma Teológica, Primera parte, cuestión 2, artículo 3 (conviene leer también algún comentario; por ejemplo, R. Garrigou-Lagrange, ‘Dios, su existencia y su naturaleza’, Ed. Palabra, Madrid).

-Santo Tomás, Suma Contra Gentiles, libro I, capítulo 13.

De modo resumido y muy claro para quien no tiene mucha formación filosófica puede encontrarlo en el libro clásico de Hillaire, ‘La religión demostrada’ (Barcelona 1955; hay numerosas ediciones); o: Antonio Royo Marín, ‘Dios y su obra’ (Ed. BAC, Madrid 1963).

Estos argumentos, sin embargo, sólo nos llevan a conocer la existencia de Dios. Pero la naturaleza misma de Dios, su misterio íntimo, sólo es alcanzado por revelación del mismo Dios. Jesucristo es el revelador del Padre, es decir, del misterio íntimo de la Santísima Trinidad. Y esto sólo se alcanza recibiendo la fe, la cual nos viene por medio de la Iglesia fundada por Cristo.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

evolución

¿Cuál es la relación que establece la Iglesia entre la Creación y la Evolución de las Especies?

Pregunta:

Estimado Padre: Mi consulta se refiere a ¿Cuál es la relación que establece la Iglesia entre La Creación y la Evolución de las Especies? J. L. M.

Respuesta:

Estimado:

Ante todo, el hecho de la ‘creación’ de todas las cosas de la nada es un artículo de nuestra fe. Explicitando más puedo decirle lo siguiente:

1) Es de fe divina y católica definida que el mundo y todas las cosas que en él se contienen, espirituales y materiales, han sido producidas por Dios de la nada según toda su sustancia. Afirmar lo contrario es herejía. Esta verdad se contiene en la Escritura (Gn 1,1; 2 Mac 7,28) y en el Magisterio (Concilio IV de Letrán, Concilio Vaticano I).

2) Es de fe divina y católica definida que Dios creó al mundo por voluntad libre de toda necesidad. Afirmar lo contrario es herejía. Esta verdad se contiene en la Escritura (Salmo 134,6, Ef 1,11) y en el Magisterio (Concilio de Florencia, Concilio Vaticano I).

3) Es de fe divina y católica definida que Dios creó de modo inmediato el alma del primer hombre y la de todo hombre que viene a este mundo. Afirmar lo contrario es herejía. Esta verdad se contiene en la Escritura (Gn 1,27; 2,7; Eccl 12,7) y en el Magisterio (Concilio IV de Letrán, Concilio Vaticano I, etc.).

4) En cambio no ha definido la Iglesia el modo en que se ha formado el cuerpo del primer hombre hasta el momento de la infusión de su alma. Hay distintas teorías que van desde la creacionista (también creado el cuerpo) a las distintas teorías de la evolución (que son muchas y muy dispares entre sí). En la medida en que no nieguen la creación del alma, se denominan ‘teorías moderadas de la evolución’ y son compatibles con la doctrina católica. Es, en cambio, errónea y herética las llamadas teorías exageradas de la evolución que hacen proceder el alma (cuando no la niegan) de la evolución de la materia.

Como su consulta puede ser ampliada al tema más general del ‘valor’ que tiene para la ciencia (evolucionista oo) el tema de la ‘creación’, le envío también este interesante artículo de Rab Iosef Bitton, www.masuah.org sobre la opinión de algunos Científicos de vanguardia sobre la ‘creación’ (tomado de www.arvo.net).

Sobre el Génesis y el Big Bang

En las últimas décadas, varios científicos honestos de vanguardia, que no encuentran otra posible explicación de cómo de pronto surge algo de la nada y habiendo abandonado el modelo del universo estático, empiezan a hablar con un término que no tiene casi nada que ver con lo científico. Comienzan a mencionar el concepto ‘Creación’.

Les voy a leer un pequeño párrafo de un libro que recomiendo mucho. Es del Prof. Natan Aviezer, de la Universidad de Bar Ilan. El libro se llama ‘Bereshit Bará’ (En el principio creó…) El autor escribe acerca de las coincidencias entre el relato bíblico de la creación y la descripción científica de la Cosmogonía, (el nacimiento del Cosmos). Está en castellano. Ha sido traducido hace muy poco tiempo. Les voy a leer las citas que trae respecto a los científicos modernos que hablan de Creación. Aviezer dice así, citando a prestigiosos científicos: ‘La creación del universo ha llegado a ser un hecho científicamente aceptado. El desarrollo de la radioastronomía en los últimos años ha aumentado considerablemente nuestro conocimiento de partes distantes del universo. Como resultado el origen violento y espontáneo del universo ha sido aceptado en forma general. Parece ser acertado que hubo un tiempo definitivo de la creación’ .

[Ver Bibliografía al final]. Quiero que entiendan, queridos amigos, qué significa la palabra Creación en el vocabulario de un científico. Es instructivo repasar algunas frases dichas por cosmólogos que son considerados líderes en su profesión. ¿Quién conoce alguno de ellos? Quizas el más famoso y popular de todos sea el inglés Stephen Hawking, que no es para nada un científico religioso. El escribió lo siguiente : ‘El actual punto de vista de la Creación ocurre fuera del campo de las leyes conocidas de la física’. Lo dice en el libro de Stephen Hawking, ‘The Large scale Structure of Space Time’, Cambridge, 1973. El Prof. Allan Guth, del Instituto Tecnológico de Massachussets, el Prof. Paul Steinhart, de la Universidad de Pennsilvania, escriben: ‘El momento de la creación sigue aún sin ser explicado’, en una publicación que edita la prestigiosa revista ‘Scientific American’ en 1984 hablando de creación. Los títulos de dos recientes libros de Cosmología -no de Teología- son: ‘La creación’ y ‘El momento de la creación’. Y finalmente, un reciente título publicado por las más prestigiosas revistas de investigación de física, lleva el siguiente título: ‘La creación del Universo a partir de la nada’. Todo esto nos hace replantearnos, yo creo que positivamente, cómo la ciencia o los científicos van descubriendo, en cierta forma, lo que la Torá afirmó hace mucho tiempo…

Carta de lector

En la revista Newseek apareció el año pasado una editorial acerca del Big Bang. Las últimas descripciones del Big Bang a partir de las nuevas fotografías de los más modernos satélites. En el otro número del NewsWeek, hay una carta de un lector. Resulta que en el artículo mencionado se habla de cómo la teoría del Big Bang explica o describe el surgimiento del mundo. Entonces un señor llamado Walter Edgard, de Louisiana escribe lo siguiente: ‘Estuve sorprendido de las fotografías que vi del periscopio Hubble. ( En ese artículo se mostraban fotografías impresionantes de las galaxias, y se deducía cómo habría sido su comienzo y evolución…) Pero cuando leí la declaración de que en un momento dado, según la teoría del Big Bang, las luces del universo se encendieron le dije instintivamente a mi esposa: suena como Génesis, cuando Dios dijo: ‘Que sea la luz’ y surgió una explosión de luz. Entonces pregunto: ¿Están los astrónomos gastando millones de dólares por algún tipo de descubrimiento que ya conocemos desde hace tantos siglos atrás?’ Esa es la interesante reflexión que hace este lector de la Newsweek.

Hace muy poco tiempo atrás, en 1988, la NewsWeek presenta otra editorial con un título muy provocativo ‘Science finds God’ = ‘La ciencia descubre a Dios’. También en este artículo se afirma lo que recién acabamos de decir, que el Big Bang es en realidad una corroboración del Bereshit. Claro, insisto nuevamente en esa pregunta a la que no tengo respuesta. ¡Así no nos lo enseñan en la escuela! Al contrario, pareciera ser que al Big Bang se lo presenta en oposición a Bereshit, como la alternativa laica para explicar el surgimiento del mundo. ¡Cuando en realidad es exactamente al revés! El Big Bang es la primera (y por ahora mayor) confirmación científica de Bereshit.

Un científico moderno citado en este artículo dice: ‘Ha sido la ciencia, mi ciencia, la Cosmología, quien me ha acercado más a la conclusión de que el mundo es mucho más complicado que lo que la ciencia lo puede explicar. Es únicamente a través de lo Sobrenatural que puedo llegar a entender el misterio de la existencia’. Es como si algo sorprendente estuviera pasando entre aquellos dos contrincantes, viejos contrincantes -la ciencia y la religión- parece que están encontrando un camino en común. Uno está ayudando a descubrir al otro. Pero como dijimos, aquí esa información no nos llega…

En el artículo del Newsweek que les mencione se explica: ‘George Gamow, a partir del Big Bang, describió la teoría de que el universo comenzó a partir de una primera explosión, una creación o un surgimiento instantáneo… la teoría del Big Bang, abre las puertas para la idea de un Creador’. Lejos, muy lejos de que el Big Bang sea una teoría de exclusión de Dios, es una teoría que confirma Bereshit.

Teología subjuntiva

Quisiera analizar ahora, no las similitudes, sino lo que aparentemente son las grandes diferencias entre el Big bang y el relato bíblico de la Creación: el primer tema es el tiempo ‘cuándo, cuánto hace que surgió/fue creado el Mundo’

Veamos si son insalvables las diferencias entre la Torá y la teoría del Big Bang.

La ciencia dice que el Big Bang ocurrió hace 15.000 millones de años. La Torá dice: 5760 años… Bueno, la diferencia no es tan pequeña como para atribuirla a un mero error de cálculo… Es decir, aquí tenemos una distancia abismal entre una y otra postura, un punto de desencuentro muy grande. Veamos si es posible encontrar una forma de consonancia entre ambos puntos…

Para ello quiero describir, compartir con ustedes, dos pensamientos que creo nos ayudarán a entender qué significa esto de los tiempos distintos. Antes quisiera contarles lo que una investigadora americana, Nancy Murphy, propone para el estudio de las ciencias y de la Teología, generalmente excluída, en los niveles de educación media y académica: ella propone una Teología Subjuntiva. ¿Qué significa ‘La Teología Subjuntiva’? Una manera de plantear las verdades teológicas de manera teórica y confrontarlas de ese modo con el conocimiento científico moderno. Una presentación de la teología que no sea indicativa y mucho menos imperativa. Subjuntiva significa ‘si fuera qué… si hubiera existido, por ejemplo, una creación.’

Yo voy a hacer uso de la misma estrategia para explicarles a ustedes cómo puede funcionar esto de las diferencias de cálculo de edades entre el Big Bang y la Torá. Si por ejemplo ‘suponemos’ la creación y partimos de que Dios acaba de crear hace un minuto al primer hombre. Y ahora tratamos de visualizar este escenario ¿Cómo imaginamos al primer hombre creado por Dios? ¿Lo creó como un bebé recién nacido o como un adulto? Ustedes, aunque sea intuitivamente ¿qué dirían? Seguramente pensaran que no lo creo como un bebe porque de esa manera no hubiera podido sobrevivir. El Midrash, es decir la parte no Halájica del Talmud afirma, que Dios creó al hombre ya desarrollado, con un cuerpo de unos 20 años. Ahora imaginemos que a través del túnel del tiempo viajamos hasta ese primer minuto de la creación del hombre. Estamos allí, frente a frente, con Adam, con el primer hombre de la creación. Y asumiendo lo que dice el Midrash, este hombre (¿sin ombligo?) tiene el cuerpo de un joven. Supongamos que somos científicos y nuestra misión desde el futuro es investigar la edad de este hombre. Llegamos un minuto después que fue creado. Ya no está Dios ‘explícitamente’ presente. (¡Como ahora!). Ustedes como científicos ¿qué edad le atribuiría a este individuo? Creo que ninguno de nosotros se atrevería a pensar que este joven tiene sólo un día de vida, ya que como científicos tenemos que basarnos exclusivamente en los datos que tenemos frente a nosotros.

Entonces más o menos estimaremos que este hombre tiene… digamos entre 18 y 22 años. La pregunta es si estaremos equivocados al atribuirle al primer hombre esa edad. ¿Sí o no? En realidad ‘Sí y no’. Desde el punto de vista científico NO estamos equivocados, porque el individuo en cuestión posee un cuerpo de 20 años. Pero desde el punto de vista de la realidad que asumimos, o sea nuestra Teología Subjuntiva estaremos muy equivocados, porque este hombre tiene un minuto de vida. Es decir que en general, si suponemos la creación, si partimos del supuesto de la creación, se presentan ante nosotros dos formas de medir el tiempo totalmente distintas, y en cierta forma las dos correctas. Tomando en cuenta las reglas de juego de la ciencia, no puedo esperar que los científicos digan otra cosa, porque lo que la ciencia no ve, no detecta y no mide (en este caso el fenómeno de la Creación) no puede considerar. La ciencia sólo puede trabajar con los elementos que tiene frente a sí, nada más. ¿De que podríamos culpar a un científico si nos dice que ese hombre, que Adam, tiene 20 años?

Pensemos ahora, por ejemplo, en la edad de una cadena montañosa. Imaginemos que Dios dijo: ‘Que sea la cadena montañosa’. Y en un minuto se crea la cadena montañosa. Un científico que se presente en ese momento nos va a decir: Bueno, esta cadena montañosa tiene, digamos, un millón de años. Ya que es el tiempo que le llevaría a los movimientos sísmicos y geológicos hacer surgir una cadena de montañas.

Nuevamente, por un lado -internamente- tiene un millón de años, pero fue creada ayer. Alguien puede decir: la luz de esa estrella tardaría cinco millones de años en llegar a la tierra. Es verdad. Entonces ¿cuántos años tiene esa estrella? ¡Por lo menos cinco millones de años! Pero si suponemos que Dios la creó ‘ayer’ con la luz ya sobre la tierra, estaríamos midiendo simplemente cuánto tiempo le hubiera llevado a la luz llegar si no hubiera sido creada así por Dios. Un último ejemplo. Si suponemos la creación, volvemos a los primeros días, cortamos un árbol y encontramos que tiene 50 anillos, como científicos vamos a afirmar que tiene 50 años, aunque en realidad puede ser que tenga un solo un día.

¿Quién da más?

En conclusión, la cuestión es si consideramos la creación o excluimos la creación. Si suponemos la creación, las edades casi ‘necesariamente’ se van a medir de dos formas muy distintas.

Entonces, a mí como judío, no me preocupa que la ciencia afirme que el mundo tiene seis mil millones de años o más. En realidad para mí, los científicos estarían describiendo cuánto tiempo le hubiera llevado al mundo llegar a lo que fue si no hubiera sido creado por Dios. Nada más que eso.

Dios dijo: ‘Que sea la luz y fue la luz’. El Todopoderoso pudo haber creado todo el inmenso Universo que existe en un breve instante. Si la ciencia calcula que para que eso sucediera, para que surja este Universo ‘si no hubiera mediado la creación’ habrían tenido que pasar quince mil millones de años, es un tema de la ciencia y es una conclusión correcta desde el punto de vista de la ciencia, dadas sus reglas del juego. Pero esa medición de tiempo científica es teológicamente irrelevante y no representa ninguna contradicción al relato bíblico de ‘la creación’.

Relatividad

Para profundizar un poquito más, no mucho, porque no tengo los conocimientos para hacerlo, veamos lo que Einstein nos ha enseñado acerca del tema ‘tiempo’. Creo que es una idea muy valiosa para entender el fenómeno Bereshit y los seis primeros días de la creación. Einstein descubrió lo que Newton no sabía. Newton afirmó que el tiempo en todos lados, en todas las circunstancias, transcurría de la misma manera. La gran y célebre teoría de la relatividad de Einstein define que el tiempo es relativo. No pasa de igual forma en todos lados. Les voy a dar un ejemplo muy famoso: el de dos gemelos que nacen juntos. Uno de los gemelos sale hacia el espacio en una cápsula a una velocidad que se aproxima a la de la luz y vuelve después de 90 años, tiempo-tierra. El gemelo que está acá ya lleva su bastón, y el que regresa está todavía con chupete y sus pañales. Esto es ciencia, no es ficción. (Nada más que es muy teórico hablar de alcanzar la velocidad de la luz…) Y en teoría es absolutamente cierto. Einstein nos asegura que el transcurso del tiempo depende del marco de referencia, el tiempo no pasa en todos lados de la misma forma. En ninguna estrella pasa el tiempo igual que en la otra estrella, porque el tiempo depende de dos variables. Una es la velocidad, como en el caso de los gemelos y la otra es la gravedad, o sea la masa (en realidad una está relacionada con la otra, pero eso es más complicado…). Estas son las dos variables que afectan el transcurrir del tiempo. Por lo tanto -dice Gerald Schroeder, un científico que escribió un libro fabuloso llamado ‘Génesis y el Big Bang’- : en esos seis días de la creación, ¿quién estableció el marco para la medición del tiempo? El hombre todavía no había sido creado. El marco de tiempo no tiene porque haber sido el humano, nuestro actual reloj.

El día lo fijamos en función del sol, y según la Torá el sol no fue creado hasta el cuarto día. Y sin embargo la Torá me habla del día Uno y del día Dos. Es posible entonces, que cuando la Torá habla de un día, se esté refiriendo a un día de acuerdo al ‘ reloj del Todopoderoso’ lo que no tiene que equivaler a una jornada de veinticuatro horas. Es más: al no haber sol, ese día tendría que haber sido ‘necesariamente’ distinto a un día ‘normal’.

En un marco de tiempo ‘divino’ los acontecimientos pueden ocurrir a otra velocidad… Aunque resulte un poco vertiginoso, imagínense el surgimiento de una montaña, por la voluntad de Dios, en unos cuantos segundos.

Por supuesto que en nuestro reloj estarían transcurriendo millones de años ‘simultáneamente’… La relatividad del tiempo, la comprensión de que el tiempo puede transcurrir y/o ser medido de formas distintas, contribuye notablemente a nuestra comprensión del fenómeno Bereshit… nos ayuda a entender un poco más el hecho de que esta disparidad de edades no se excluyen…

Hay una canción en ladino que los judíos sefaradíes conocen bien, que se llama ‘A la una yo nací’. Y dice más o menos así: ‘A la una yo nací, a las dos me engrandecí, a las tres tomé amante (es decir, mujer, esposa), a las cuatro me casi (me casé…) Es una canción basada en un Midrash, que habla de Adam, el primer hombre. Según nuestro Midrash, en el mismo sexto día de la creación, el hombre fue creado en la primera hora, en la segunda hora creció, en la tercera hora el hombre tomó a su mujer, en la cuarta hora la desposó y en la quinta hora tuvo un hijo etc etc. Y hasta el mismo episodio de la fruta de árbol prohibido, todo ocurrió ese mismo sexto día. Estoy hablando de una fuente que tiene al menos 1800 de años de antigüedad. Un texto en el cual los Sabios mencionan un fenómeno sumamente parecido a de los ‘tiempos relativos’ de Einstein y justamente durante uno de los seis días de la creación, algo que seguramente habrá sonado absolutamente escandaloso o fantasioso durante siglos. Y que hoy -gracias a la ciencia- podemos apreciar con otros ojos.

El tema bíblico

Para finalizar la pregunta del ‘Cómo’. Primero, una aclaración importantísima. En verdad la Torá no es un libro de ciencia. ¿Por qué? Porque hubiera sido un tremendo desperdicio que Dios revelara algo que el hombre puede llegar a conocer por sus propios medios. A la verdad científica el hombre puede llegar por su propios medios, por su propio conocimiento. Lo verdadero y lo falso es demostrable. La Torá es un libro del bien y del mal, para lo cual el hombre es éticamente impotente, como ya lo ha demostrado la filosofía moderna. Al bien y al mal no se llega por consenso o por demostración. La Torá es un libro de ética. Una ley para la vida del pueblo judío. Por lo tanto, los comentaristas dicen que cuando en la Torá se nos relata la creación, no es para describirnos ‘cómo’ fueron los mecanismos científicos o cosmológicos que Dios puso en marcha y ejecutó, porque eso es en cierta manera irrelevante para la existencia del hombre y es esencialmente tarea de la ciencia descubrirlo… ¿Cuál es entonces el principal mensaje del relato bíblico de la creación, se preguntan los comentaristas hebreos? Tomemos el primer versículo de la Torá: ‘En el principio creó Dios los cielos y la tierra’. ¿Qué nos quiere enseñar este versículo? El mensaje principal no es: ‘En el principio’, lo trascendente no es cuándo fue creado el Mundo. Ni tampoco es ‘Cómo’, si a partir de algo preexistente o ex nihilo. Creo que lo trascendente tal como nos transmite el Midrash y lo registra el gran comentarista clásico Rashi, es que el mundo fue creado por Dios. El tema es ‘Quién lo creó’. Y creo que esto sí es relevante: si somos seres creados por una inteligencia superior y con un destino, o si somos los bisnietos de los chimpancés, simples mutaciones genéticas con una gran dosis de suerte. Este es el gran mensaje. Yo podría irme esta noche a dormir sin ningún problema, sin saber exactamente si el mundo tiene 14.500 millones o 15.500 millones de años, pero no creo que podamos ir muy fácilmente a dormir si no tenemos resuelta la gran pregunta: si somos seres creados por Dios o si descendemos de los orangutanes. Es una gran diferencia ¿Verdad? No da lo mismo una respuesta que la otra. Hay una cuestión absolutamente existencial de por medio. Bueno, ese es el mensaje fundamental de la Torá.

Fisiología o embriología

Otro punto: Maimónides dice que nos sería imposible saber ‘cómo’ Dios creó el mundo. Y que todo esfuerzo humano para llegar a conocer de forma definitiva el cómo de la Creación es estéril. Stephen Hawking tiene esas pretensiones. Llegar a saber exactamente todos los misterios de la Creación. En verdad él y otros científicos de esas escuelas neopositivistas -como dicen algunos filósofos- se refiere a Dios como a un hermano mayor, como alguien fácilmente aprehensible. Para nosotros, los judíos, se considera todo un antropomorfismo intelectual pensar que podemos acceder a la mente de Dios. Eso está más allá de nuestra limitadísima posibilidad humana. Maimónides estableció una teoría del conocimiento de Dios vía negativa. Saber lo que Dios no es, sin afirmar nada de Él, como cuando negamos la corporalidad de Dios, pero dejémoslo allí. Volviendo a lo nuestro, cuando Maimónides discutía con los sabios aristotélicos respecto a si el mundo era eterno o había sido creado, decía que tenemos un insuperable problema epistemológico: nuestro desconocimiento total de las condiciones iniciales de la creación.

Por ejemplo, en el segundo versículo de Bereshit dice VehaArets Haieta Tohu vaBohu, ‘ Y la tierra era caos y desorden…’ Porque aún no estaban establecidas las mínimas leyes físicas. Fíjense qué interesante. ¿Qué es lo primero que crea Dios? Coincidiendo con el Big Bang: La luz, que en hebreo se dice OR. Ustedes saben que luz y energía son lo mismo -radiación electromagnética- en diferentes variaciones. ¿Y qué es lo próximo que hace Dios luego de crear la luz? Distingue la luz de la oscuridad. ¿Qué gran cosa hizo el Todopoderoso al ‘separar’ la luz de la oscuridad? Porque en verdad cuando no hay luz, automáticamente hay oscuridad…

Dios estableció justamente esa ley, que hoy nos parece automática. Según nuestros Sabios, antes de esta separación ‘Or vaJoshej Haiu Meshameshim beIrbubia’ ‘la luz y la oscuridad eran simultaneas’. Algo que hoy nos resulta imposible concebir… ya que nuestra mente se ha estructurado ‘definitivamente’ de acuerdo a esta realidad.

Vale decir que hasta esa ley física primordial, cuya ausencia no podemos concebir, fue establecida según nuestra Torá en ese momento. Durante los primeros días, las leyes físicas que conocemos hoy no existían. Como ya lo explicamos, al parecer hasta el transcurrir del tiempo era totalmente distinto al nuestro. Y así fue hasta el Shabat. El Shabat establece el final de Maase Bereshit, del ‘fenómeno de la creación’.

Dice Maimónides que querer entender cómo fue la creación es imposible. Y nos da un ejemplo: imaginemos un niño abandonado en una isla desierta. Que vive allí sin haber conocido a una mujer. Al cabo de unos años es rescatado y le preguntan ¿Cómo crees haber nacido? Y el dice: Bueno, yo creo que habré sido chiquitito, muy chiquito y habré ido creciendo lentamente. Si le dijeran a él que en verdad estuvo en un vientre, viviendo dentro de una panza humana, él se resistiría a creerlo. Diría que no es posible, porque dentro de un vientre no se puede comer ni beber, no se puede respirar… Y sin respirar y sin comer no se puede vivir. Él no podría aceptar -y mucho menos concebir por si mismo- la idea del embarazo. ¿Porqué? Porque desde la fisiología no se puede deducir la embriología. Son dos sistemas distintos, en gran medida ‘excluyentes’. En la fisiología se respira de una forma y en la embriología de una forma distinta. Si no conociéramos la embriología, jamás la podríamos adivinar. Y si nos basáramos en nuestra conocida fisiología para hacerlo, nos equivocaríamos más todavía. Dice entonces Maimónides: ‘No conocemos la embriología del universo -aquello que aconteció en los seis primeros días- y jamás la podríamos deducir. Pues al querer hacerlo, sólo estaríamos proyectando los elementos que conocemos sobre un sistema que desconocemos.

Ahí tal vez tenemos el límite. Nuestro absoluto desconocimiento de las condiciones iniciales de la Creación, nuestra ignorancia definitiva de la gestación del Cosmos.

En conclusión, en este segundo aspecto no podemos discutir con lo que afirme el Big Bang respecto a cómo fue surgiendo el Universo. Primero porque la Torá no le dedica una descripción ya que no lo considera relevante de y segundo porque conocemos nuestra limitación cognitiva para acceder a la embriología del Universo y a sus condiciones iniciales.

Estas condiciones iniciales concluyen en Shabat. Shabat Shalom!

Queridos amigos, me conformaría si ustedes salen hoy sabiendo que el Shabat no es un día de descanso. Es una de las confusiones más grandes que la gente tiene en su mente. Shabat no es el día de descanso. Dios no descansó, porque no necesita descansar. Shabat es el día en que Dios ‘Cesó de crear’. Esa es justamente la traducción correcta de la palabra ‘Shabat’: cesó, terminó, en este caso: dejó de crear. El Shabat establece el final de la embriología del universo. Con el Shabat llega el final de toda esa ‘evolución’, dirigida por Dios, desde los orígenes de la vida hasta la creación del hombre. En Shabat comienza a regir nuestro reloj humano, el tiempo que conocemos ahora y las leyes físicas que hoy nos gobiernan. Ese es el sentido del Shabat como ‘Zejer leMaase Bereshit’ ‘en homenaje al fenómeno de la Creación’. Otros pueblos celebran la creación recordando el primer día, el domingo, o el día en el cual fue creado el hombre, el viernes. Pero los judíos, para celebrar e indicar que la creación ha sido un fenómeno, un milagro único, lo hacemos a través del Shabat. El Shabat, cuando el Creador concluye su actividad gestadora, es lo que afirma que la creación fue algo ‘único’ que no se va a repetir otra vez. Celebramos la creación el día que Dios cesó de crear y de esa forma estableció lo excluyente de este milagro y lo exclusivo de esos seis días divinos.

De esta forma, nos vamos aproximando un poquito más a la comprensión de Bereshit, de la mano de la ciencia.

Muchas gracias.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografia:

– Lawrence Kelemen ‘Permission to believe’ Targum/Feldheim, Jerusalem 1990

– Stanley L Jaki ‘From scientific cosmology to a Created universe’ en Intellectualls speak about God. Chicago 1984

-‘EL PRIMER DÍA DE LA CREACIÓN- EL ORIGEN DEL UNIVERSO’, Profesor Nathan Aviezer publicado en BBD, Journal of Torah and scholarship, de la Universidad de Bar Ilan, Israel1995

-Dr Gerald Schroeder ‘Génesis y el Big Bang’ Ediciones B, Barcelona, España, 1992.

-S. W. Hawking y G. F. R. Ellis, The Large Scale Structure of Space-Time (Cambridge University Press, Cambridge: 1973), p.364.

– A. H. Guth y P. J. Steinhardt, ‘The Inflatory Universe’, Scientific American, Vol.250 (Mayo de 1984), p.102.

– A. Vilenkin, Physics Letters, Vol. 117B (1982),pp.25-28.

-Lee M Spetner: ‘Not by chance, the fall of neodarwinian theory’ Jewish Heritage and Roots Library, Jerusalem (1996)

evolución

¿Cómo responde la Iglesia Católica a la Teoría científica de Darwin?

Pregunta:

¿Cómo responde la Iglesia Católica a la teoría científica de Darwin? M. M.

 

Respuesta:

Estimada:

Le respondo al tema de la posición de la Iglesia respecto de la evolución con el artículo de E. Wasmann, de la Enciclopedia Católica.


Los católicos y la evolución

Una de las cuestiones más importantes para todo católico educado de hoy es: ¿Qué hemos de pensar sobre la teoría de la evolución? Acaso hemos de rechazarla como sin fundamento o enemiga del cristianismo, o más bien hemos de aceptarla como una teoría establecida del todo compatible con los principios de una concepción cristiana del universo?
Debemos distinguir cuidadosamente entre los diferentes significados de las palabras teoría de la evolución para poder dar una respuesta clara y correcta a esta interrogante. Distingamos (1) entre la teoría de la evolución como una hipótesis científica y como una especulación filosófica; (2) entre la teoría de la evolución basada en principios teístas y la basada en fundamentos materialistas y ateístas; (3) entre la teoría de la evolución y el Darwinismo; (4) entre la teoría de la evolución aplicada a los reinos animal y vegetal y aplicada al ser humano.

Hipótesis científica vs especulación filosófica.

Como una hipótesis científica, la teoría de la evolución busca determinar una sucesión histórica de varias especies de plantas y animales en nuestra tierra, y, con la ayuda de la paleontología y otras ciencias, tales como la morfología comparativa, la embriología y la bionomía, con el fin de demostrar que en el transcurso de las diferentes épocas geológicas, estas especies evolucionaron gradualmente desde sus inicios por causas naturales puramente de su desarrollo específico. La teoría de la evolución, entonces, como hipótesis científica, no considera las especies de plantas y animales actuales como formas directamente creadas por Dios, sino como resultado final de una evolución de otras especies existentes en períodos geológicos anteriores. Por lo tanto, es llama la ‘teoría de la evolución’ o ‘la teoría de la descendencia’ ya que implica la descendencia de las presentes especies de otras ya extintas. Esta teoría se opone a la teoría de la constancia que asume la inmutabilidad de las especies orgánicas. La teoría científica de la evolución, entonces, no se involucra con el origen de la vida. Simplemente investiga las relaciones genéticas de especies sistemáticas, géneros y familias y se propone colocarlos de acuerdo a las series de descendencia naturales (árboles genéticos).

¿Qué tan basada en hechos observados está la teoría de la evolución? Se entiende que aún solo es una hipótesis. La formación de nuevas especies se observa directamente solo en unos cuantos casos, y solamente en referencia a las formas que está íntimamente relacionadas; por ejemplo, las especies sistemáticas de género planta Oenothera, y del género escarabajo Dimarda. Sin embargo, no es difícil dar una prueba indirecta de alta probabilidad para la relación genética de muchas especies sistemáticas entre ellas y con formas fósiles, como ocurre en el desarrollo genético del caballo (Equidae), de las amonitas, y de muchos insectos, especialmente de aquéllos que viven como ‘huéspedes’ con hormigas y termitas, y que se ha adaptado de muchas maneras con anfitriones. Al comparar las pruebas científicas de la probabilidad de la teoría de la evolución, encontramos que ellos crecen en número y en peso, conforme es más pequeño el círculo de formas en consideración, pero se vuelven cada vez más débiles si incluimos un mayor número de formas, tales como las comprendidas en una clase o en un sub-reino. De hecho, no existe ninguna evidencia de la descendencia genética común de todas las plantas y animales de un mismo organismo primitivo. Por eso, hay más botánicos y zoólogos que consideran la evolución poligenética (polifilética) como más aceptable que una monogenética (monofilética). En la actualidad, sin embargo, es imposible decidir cuántas series genéticas independientes han de ser aceptadas en los reinos animal y vegetal. He ahí el meollo de la teoría de la evolución como hipótesis científica. Está en perfecta concordancia con el concepto cristiano del universo; pues la Sagrada Escritura no nos dice en qué forma las especies de plantas y de animales existentes en la actualidad fueron creadas originalmente por Dios. Tan temprano como 1877, Knabenbauer afirmó ‘que no hay objeción en lo que concierne la fe, en suponer la descendencia de toda especie animal y vegetal de unos cuantos tipos’ (Stimmen aus Maria Laach, XIII, p. 72).

Ahora bien, pasando a la teoría de la evolución como especulación filosófica, la historia de los reino animal y vegetal en nuestra tierra no es más que una pequeña parte de la historia de todo el planeta. De igual manera, el desarrollo geológico de nuestra tierra no constituye sino una pequeña parte de la historia del sistema solar y del universo. La teoría de la evolución como concepto filosófico considera la historia entera del cosmos como un desarrollo armónico, producido por leyes naturales. Este concepto está en concordancia con la visión cristiana del universo. Dios es el Creador del cielo y de la tierra. Si Dios produjo el universo por un acto creador singular de su Voluntad, entonces su desarrollo natural por medio de leyes implantadas en él por el Creador, es para mayor gloria de su Poder y Sabiduría Divinos. Santo Tomás dice: ‘La potencia de la causa es mayor entre más remotos los efectos a los que se extiende.’ (Summa c. Gent., III, c1xxvi); y Suarez: ‘Dios no interfiere directamente con el orden natural, allí donde las causas secundarias son suficientes para producir el efecto deseado.’ (De opere sex dierum, II, c.x, n.13). A la luz de este principio de la interpretación cristiana de la naturaleza, la historia de los reinos vegetal y animal en nuestro planeta es, por decirlo así, un versículo en un volumen de un millón de páginas en que el desarrollo natural del cosmos está descrito y sobre cuya portada está escrito: ‘En el principio Dios creó el cielo y la tierra.’

Teorías teístas y ateístas de la evolución

La teoría de la evolución citada antes, se basa en un fundamento teísta. A diferencia de esto, existe otra teoría que tiene bases materialistas y ateístas, cuyo primer principio es la negación de un Creador como persona. La teoría ateísta de la evolución es ineficaz para dar cuenta de los primeros inicios del cosmos o de la ley de su evolución ya que no admite ni creador ni legislador. Por otra parte, la ciencia natural ha probado la generación espontánea -es decir el génesis independiente de un ser viviente a partir de materia no viviente-contradice los hechos observados. Por esta razón, la teoría teísta de la evolución postula una intervención por parte del Creador en la producción de los primeros organismos. Cuándo y cómo fueron implantadas las primeras semillas de la vida, no lo sabemos. La teoría cristiana de la evolución también demanda un acto creador para el origen del alma humana, ya que el alma no puede tener su origen en la materia. La teoría ateísta de la evolución, por el contrario, rechaza el supuesto de una alma separada de la materia, y por lo tanto se hunde en un simple y sencillo materialismo.

La teoría de la evolución vs Darwinismo

El Darwinismo y la teoría de la evolución no son de ninguna manera conceptos equivalentes. La teoría de la evolución fue propuesta antes de Charles Darwin, por Lamarck (1809) y Geoffrey de St Hilaire. Darwin en 1859, le dio una nueva forma tratando de explicar el origen de las especies por medio de la selección natural. De acuerdo con esta teoría, la reproducción de nuevas especies depende de la supervivencia del más fuerte en la lucha por la existencia. La teoría de la selección de Darwin es Darwinismo -en el sentido más estricto y preciso de la palabra. Como teoría, es inadecuada científicamente ya que no da razón del origen de atributos adaptados para el propósito, lo cual debe remitirse a las causas originales, interiores de la evolución. Haeckel, junto con otros materialistas, amplió esta teoría de la selección a una idea filosófica del mundo, intentando así explicar toda la evolución del cosmos mediante la supervivencia azarosa del más fuerte. Esta teoría es Darwinismo en el segundo y más amplio sentido de la palabra. Es esa forma ateísta de la teoría de la evolución que fue señalada arriba (en el numeral 2) como insostenible. El tercer significado del término Darwinismo surgió de la aplicación de la teoría de la selección al ser humano, la cual es igualmente imposible de aceptar. En cuarto lugar, el Darwinismo con frecuencia, en el uso popular, representa la teoría de la evolución en general. Este uso de la palabra se basa en una confusión evidente de ideas, y debe, por lo tanto, dejarse de lado.

Evolución humana vs Evolución animal y vegetal

¿Hasta qué punto la teoría de la evolución es aplicable al hombre? Que Dios debió haber hecho uso de causas originales, evolutivas y naturales en la producción del cuerpo del ser humano, es per se no improbable, y fue propuesto por San Agustín (veáse Agustín de Hipona, San, bajo V. Agustinismo en la historia). Las pruebas actuales de que el cuerpo humano desciende de los animales son sin embargo, inadecuadas y especialmente con respecto a la paleontología. Y el alma humana no puede haber derivado, mediante la evolución natural, de seres brutos, ya que es de naturaleza espiritual; por lo cual, hemos de referir su origen a un acto creador de parte de Dios.

Para una exposición más profunda, Wasmann, Biología Moderna y la Teoría de la evolución (Freiburg im Br., 1904). De la literatura más antigua, Mivort, Sobre el génesis de las especies (Londres y New York, 1871).

E. WASMANN
Transcrito por WG Kofron
Agradecimiento a la iglesia Santa María, Akron, Ohio
Traducido por Delma González Duarte

inhabitación trinitaria

¿Qué es la inhabitación trinitaria en el alma?

Pregunta:

Quisiera, si es posible, que me ayudara con la definición de Inhabitación referente al amor de Dios dentro de nosotros. Le agradezco mucho. G. D.

 

Respuesta:

Estimada G:

La inhabitación trinitaria es la presencia de la Santísima Trinidad en el alma del que está en gracia de Dios.

El valor teológico de esta afirmación: es una verdad de fe divina y católica.

El testimonio de la Sagrada Escritura es claro y constante. Y va desde las promesas y afirmaciones más genéricas hasta las afirmaciones más contundentes, por ejemplo:

Si alguno me ama… mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos mansión(Jn 14,23)

Dios es caridad, y el que vive en caridad permanece en Dios, y Dios en él (1 Jn 4,16)

¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?… El templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros (1Co 3,16-17)

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios? (1Co 6,19)

Vosotros sois templo de Dios vivo (2Co 6,16)

Guarda el buen depósito por la virtud del Espíritu Santo, que mora en nosotros (2Tim 1,14).

Cf. también Rom 8,9-11

En el Magisterio encontramos entre otros testimonios:

El Símbolo de Epifanio, obispo de Salamina (año 374): ‘creemos en el Espíritu Santo que… habita en los santos’ (Denzinger-Hünermann -en adelante: D-H- 44).

Trento, al hablar de la atrición (= contrición imperfecta) dice que ‘es un don del Espíritu Santo, que todavía no inhabita, sino que mueve solamente’ (D-H, 1678).

Dice León XIII: ‘Dios, por medio de su gracia, está en el alma del justo en forma más íntima e inefable, como en su templo; y de ello se sigue aquel mutuo amor por el que el alma está íntimamente presente a Dios, y está en él más de lo que pueda suceder entre los amigos más queridos, y goza de él con la más regalada dulzura. Y esta admirable unión, que propiamente se llama inhabitación, y que sólo en al condición o estado, mas no en la esencia, se diferencia de la que constituye la felicidad en el cielo, aunque realmente se cumple por obra de toda la Trinidad, por la venida y morada de las tres divinas Personas en el alma amante de Dios Vendremos a él y haremos mansión en él (Jn 14,23), se atribuye al Espíritu Santo. Y es cierto que hasta entre los impíos aparecen vestigios del poder y sabiduría divinos; mas de la caridad, que es como una nota propia del Espíritu Santo, tan sólo el justo participa’ (D-H, 3330b-3341).

Pío XII, en la Mystici Corporis: ‘Adviertan que aquí se trata de un misterio oculto, el cual, mientras estemos en este destierro terrenal, de ningún modo se podrá penetrar con plena claridad ni expresarse con lengua humana. Se dice que las divinas Personas habitan en cuanto que, estando presentes de una manera inescrutable en las almas creadas dotadas de entendimiento, entran en relación con ellas por el conocimiento y el amor, aunque completamente íntimo y singular, absolutamente sobrenatural’ (D-H, 3814).

Se puede ver, en el Índice Sistemático de Denzinger-Hunermann: F2ca.

En cuanto a la Tradición es testigo frecuentísimo de esta verdad. Así los Santos Padres griegos: Bernabé (R. 36), Ignacio de Antioquía (R. 40), Hermas (R. 89), Taciano (R. 158), Ireneo (R. 219, 251), Afraates (R. 683), Atanasio (R. 770, 780), Cirilo de Jerusalén (R. 813), Basilio (R. 944), Dídimo (R. 1071), Juan Crisóstomo (R. 1186), Cirilo de Alejandría ((R. 2107, 2114). También los Padres latinos: Novaciano (R. 607), Hilario (R. 872), Agustín (In Io. 75ss; De Trinitate, 15,17-19), etc.

Igualmente la tradición litúrgica. Por ejemplo, el himno Veni Sancte Spiritus: ‘Altissimi donum Dei… Dulcis hospes animae’.

El texto citado de Pío XII, que se apoya en Santo Tomás, señala que la inhabitación envuelve dos cosas:

1º Una presencia física de las personas divinas, que hacen y conservan en nosotros la gracia (y los demás dones sobrenaturales); se la denomina también presencia dinámica.

2º Una presencia intencional que no es otra cosa que la potestad de gozar de Dios por los actos de la inteligencia y de la voluntad en modo sobrenatural y amigable. Por esto León XIII la llama ‘cierta anticipación o incoación del gozo eterno’ y que difiere del mismo ‘sólo en condición y estado’.

La inhabitación consiste en esa presencia de Dios que se realiza por la gracia y por la operación de la creatura; es el modo que señala Dios como propio de los santos (por encima de la presencia de inmensidad por la cual Dios está presente en todas sus creaturas): ‘Dios está en las cosas de dos modos. Uno, como causa eficiente; es el modo como está en todas las cosas creadas por Él. Otro, como el objeto de la operación está en el operante… De este segundo modo Dios está especialmente en la creatura racional, que lo conoce y ama en acto o en hábito. Y como esto la creatura racional lo tiene por la gracia… se dice que está de este modo en los santos por la gracia’. Escribe Régnon: ‘Es la presencia substancial y personal del Espíritu Santo quien nos santifica formando en nosotros su impronta. Sin duda, la gracia habitual no es el Espíritu Santo, así como la impronta en la cera no el sello impresor. Pero la presencia del sello es necesaria tanto para formar la impronta como para conservarla. Pues el alma es como el agua que no guarda la figura impresa sino en tanto que el sello permanece en ella como una especie de virtud informante’. Por tanto, ‘la gracia santificante es una cualidad que afecta la substancia misma del alma. Pero… esta cualidad, que informa el alma, es el resultado inmediato de la Trinidad como el color de una flor es el resultado de la presencia de la luz’. Entonces, si la producción y la conservación de la gracia santificante es el efecto de la venida en nosotros de la Santísima Trinidad, la inhabitación de las divinas personas debe corresponder con esta venida misma y preceder, al menos lógicamente, la producción de la gracia. En nuestro lenguaje indigente e incapaz de expresar adecuadamente las realidades divinas, una sola palabra puede designar de una manera suficientemente clara esta suerte de presencia: presencia de ser mismo de la Divinidad, presencia ontológica.

Por tanto, Dios se une a los justos por la gracia de un doble modo:

1º como principio: causando y conservando en nosotros la gracia, que es la razón de nuestro ser y obrar sobrenatural;

2º como término, en cuanto se da para ser gozado por el alma, ya sea de modo actual o habitual, por el conocimiento y el amor que proceden de la gracia.

Así las Personas divinas se hacen presentes causando y conservando la gracia; esta presencia manifiesta en cierto modo al alma las divinas Personas, las cuales, de este modo se hacen objeto del conocimiento y del amor.

Por tanto, la inhabitación es un hecho ontológico y psicológico, y antes ontológico que psicológico.

Hay, pues, por parte de la Trinidad, como un abandono de sí y una invitación a gozar amigablemente de la presencial del amigo. Es lo que enseña Santo Tomás: ‘no se dice que poseemos verdaderamente sino aquello de lo cual libremente podemos usar y disfrutar‘.

Este efecto, que existe sólo en las almas de los justos, es un efecto asimilador, que imprime en el alma una imagen de la Trinidad mucho más perfecta de la que ha dejado en el alma el acto creador. Llega incluso a reproducir los rasgos más particulares de las personas divinas. Esto por la ley de la apropiación: el don de sabiduría, que nos hace conocer a Dios, es propiamente representativo del Hijo; y el amor de caridad que nos permite amar a Dios es propiamente representativo del Espíritu Santo.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

letanías

¿Qué son las letanías?

Pregunta:

Querido Padre: Hace un tiempo mi hijo me pregunto referente al contenido de las letanías, alguien me dijo que son como un piropo a la Virgen, eso me quedo claro. Pero no alcanzo a comprender por ejemplo: ‘Torre de David, Torre de Marfil, Casa de Oro, Estrella de la mañana’ Yo lo rezo con fe y me queda claro, pero con entendimiento casi no… Por favor si me ayuda con el significado Gracias. A. M. México

Respuesta:

Estimado:

Letanía es un nombre genérico por el cual se designan diversas especies de oraciones de intercesión, que presentan una forma de interpelación. La oración litánica es uno de los modos de oración más comunes. El origen de la oración litánica ha de buscarse en una oración que se realizaba en la sinagoga, que consistía en 18 bendiciones en las que se enumeraban las diferentes categorías sociales de personas y de intenciones por las cuales se oraba. San Pablo, en la carta a Timoteo (2, 1-2) hace alusión a esta costumbre. También entre los paganos existía ya más o menos esta forma de plegaria.

En los escritos de los primeros Padres de la Iglesia encontramos ejemplos de este tipo de oración, como se puede ver en la oración de San Clemente Romano o en la carta de San Policarpo y en las actas de su martirio.

El texto más antiguo conocido de letanías a la Virgen (como un cuerpo orgánico parecido al actual) es el contenido en un Misal de Maguncia del s. XII, aunque existieron en el transcurso de los siglos varias recensiones. El que actualmente se practica, de ordinario al final del Santo Rosario, fue adoptado en el famoso santuario mariano de Loreto, de donde procede el nombre con que se las conoce (Letanía Lauretanas). Fue el papa Sixto V quien las aprobó para toda la Iglesia, en 1587.

Existen otras letanías, como son las de los Santos, la del Sagrado Corazón de Jesús, del Santísimo Nombre de Jesús, de San José, etc. Todas revisten el carácter fundamental de ser oraciones de súplica e intercesión.

En cuanto a la explicación de estas letanías: ‘Torre de David’ aplica a la Virgen el Salmo 66, y hace referencia a la Fortaleza o Castillo del Rey David. La Virgen es para nosotros un lugar de refugio y protección, como un castillo fuerte.

‘Torre de Marfil’ es una imagen poética que aparece en el Cantar de los Cantares; hace referencia a la belleza femenina de la Virgen.

Casa de Oro’ o Palacio de Oro, igualmente hace referencia a la belleza y riqueza de virtudes de la Virgen.

‘Estrella de la mañana’ porque es la Virgen es como el Lucero de la Aurora que antecede a Cristo.

P. Miguel A. Fuentes, IVE