preservativo

¿Es obligatorio el uso del preservativo cuando uno de los esposos tiene sida?

Pregunta:

Si uno de los dos, padece el Sida, la verdad sea dicha, el uso del preservativo es primordial, pero si no se sabe, lo primordial es hacerse los correspondientes análisis. En cuanto a tener hijos, si es varón el que padece la enfermedad es posible la procreación, mediante la inseminación artificial de la mujer mediante una técnica que permite inseminar a la mujer sin que transmitir a la esposa la enfermedad. Resumiendo: si uno de los esposos tiene el Sida el uso del preservativo es obligatorio…

 

Respuesta:

Estimado:

Con todos mis respetos:

1. No es esta la doctrina moral de la Iglesia. El preservativo siempre es un acto: a) anticonceptivo; b) anticonyugal. La doctrina de la Humanae vitae es definitiva e irreformable y no sujeta a discusión. El uso del matrimonio debe permanecer siempre abierto a la procreación, independientemente de la salud o enfermedad de los cónyuges. Ya indiqué esto en mi artículo anterior.

2. Añado que es también falso el aparente respeto por la salud del otro cónyuge. Un cónyuge sidásico no evita contagiar a su cónyuge sano por el uso del preservativo. Si así lo cree, desde el punto de vista médico, se engaña. Por tanto, si verdaderamente ama a su cónyuge, evitaría exponerlo a una especie de ruleta rusa sexual.

La mejor manera de comprobar la seguridad que ofrecen los preservativos es un estudio sobre la frecuencia de la transmisión del virus entre las parejas heterosexuales ‘HIV-discordantes’, es decir, en las que solo uno de los miembros es cero positivo. ‘Los resultados del único estudio de este tipo realizado hasta la fecha han demostrado que el uso del preservativo reduce solo en un 69% la posibilidad de contraer el SIDA’ (Susan C. Weller, ‘A Meta-Analysis of Condom Effectiveness in reducing sexually transmitted HIV’, 1993). ‘En otras palabras en el 31% de los casos existe un peligro real de contagio del SIDA, … Por ello, la Dra. Helen Singer Kaplan, sexóloga y directora del ‘Programa de Sexualidad Humana’, del Centro Medico de la Universidad de Cornell, en Nueva York, opina que ‘confiar en los preservativos, es coquetear con la muerte’.

‘El doctor Lelkens afirma que la causa del SIDA se encuentra en el ‘Acquired Integrity Deficiency Syndrome’, es decir, en la perdida de la integridad moral que ha comportado la ideología de la libertad sexual. ‘Quien no lo entienda así, o no quiera entenderlo, que sepa al menos que de seguridad, el preservativo ofrece tanta como el tambor de un revolver en la ruleta rusa’ (‘El preservativo no siempre preserva’, en EUROPE TODAY, Bruselas, Bélgica, nº 138, 22-XI-94, pp. 4 y 5).

Por lo que se puede decir que el condón es como un Bungee Jump que falla en 1 de cada 4 que se lanzan. Alguna realidad se indicara cuando se utilizan guantes especiales o doble guante en la atención de enfermos contagiados de este mal. Si esto se realiza con los guantes de cirujano para dar protección al cirujano y al enfermo ¿como se pretenderá ofrecer la misma seguridad en un preservativo que intenta la máxima sensibilidad?

Amar es querer el bien. Querer el bien implica renunciar a muchas cosas.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

conflicto

¿Puede darse conflicto de deberes entre la conciencia de los esposos y la doctrina del Magisterio?¿A quien hay que seguir en esos casos?

Pregunta:

Estimado Padre: ¿Es válido y correcto aplicar en materia de moral conyugal, en la planificación familiar, el conflicto de deber (situación conflictiva) para validar el uso de métodos artificiales? Esta situación podría darse en dos casos: a) que los implicados, después de tratar de formar su conciencia lo más adecuadamente posible, no lo logren, y consideren tener subjetivamente buenas razones para considerar que la doctrina expuesta en la Humanae vitae es errónea. Para el Magisterio Pontificio son ellos los que están en un error. Pero, puesto que han hecho el esfuerzo de salir de él y no lo han logrado, las Conferencias Episcopales, basadas en la doctrina tradicional, dicen que esas personas pueden recurrir al uso de métodos artificiales por el estado de su conciencia, que es invenciblemente errónea, pero cierta. b) que los implicados estén convencidos de la verdad de la doctrina expuesta por HV. Aquí hay que pensar en una doble posibilidad: 1. Que vivan en una situación no-conflictiva, en cuyo caso han de cumplir la encíclica tal cual, es decir, utilizando métodos naturales y no utilizando los artificiales. 2. Pero puede que vivan una situación conflictiva, en la que no pueden realizar todos los valores implicados en la situación. Supón, por ejemplo, que una pareja no está junta más que los días en que la mujer es genésica (a), que tienen buenas razones para controlar la natalidad, no fundadas en egoísmo de ningún tipo (b) y que no creen oportuno interrumpir su vida sexual (c). Esta pareja está en una situación conflictiva, porque si utiliza métodos naturales (a) y ejercita la sexualidad (c), no controlará la natalidad (b). Si no quisiera esta solución y tratara de ejercitar la sexualidad (c) controlando la natalidad (b), no tendría más remedio que utilizar métodos artificiales. Si esta solución tampoco le parece y quiere utilizar métodos naturales (a) y controlar la natalidad (b), entonces no tendría más remedio que abstenerse de la sexualidad (c). Es decir, cualquiera que sea la decisión que tome, siempre deja un valor sin realizar. Por eso, se llama situación conflictiva. Pero la aportación de las Conferencias Episcopales es que, si no puede llegar a hacer el bien total, hay que hacer el mayor bien posible. ¿Cuál es el mayor bien posible? Esto ha de determinarlo la pareja en cuestión. Pero puede ser la segunda solución. El sacerdote usa la frase ‘mayor bien posible’ y menciona que no es lo mismo decir, mal menor que mayor bien posible’ ¿Es correcta esta afirmación?

 

Respuesta:

Estimado:

El sacerdote en cuestión afirma que los esposos pueden recurrir lícitamente a los medios anticonceptivos en dos casos: a) cuando subjetivamente tienen buenas razones para considerar que la doctrina expuesta en la Humanae vitae es errónea; y b) cuando se hallan ante un conflicto de deberes: la obligación de controlar la natalidad y la imposibilidad de hacerlo según los métodos naturales.

Ninguno de los dos casos es moralmente correcto, según mi entender.

1º La primera situación porque, salvo el caso de una conciencia invenciblemente errónea (y por tanto, mala formación cristiana), ningún fiel católico puede decir que su conciencia, sobre un determinado tema, está madura y por tanto puede seguirla lícitamente, mientras no haya hecho lo posible por conocer la enseñanza de la Iglesia y por adecuarse a dicha enseñanza. El Papa Juan Pablo II ha dicho que ‘entre los medios que el amor redentor de Cristo ha dispuesto para evitar este peligro de error (de la conciencia), se encuentra el Magisterio de la Iglesia… Por tanto, no se puede decir que un fiel ha realizado una diligente búsqueda de la verdad, si no tiene en cuenta lo que el Magisterio enseña'[1].

2º La segunda situación, que postula un ‘conflicto de deberes’ tampoco puede aplicarse al caso conyugal presentado. Sólo puede plantearse un auténtico conflicto de deberes (es decir, la alternativa ante dos situaciones a las que una persona está igualmente ‘obligado’) cuando las dos obligaciones en oposición son buenas en sí; el mal, en tal caso, provendría de ‘dejar de cumplir una’ y por tanto, de una ‘omisión’. Así, en el ejemplo clásico, la persona que se ve exigida por el precepto de asistir a la Misa dominical y el precepto de la caridad que le manda cuidar un enfermo o quedarse con una persona que amenaza con hacer una locura. No hay ‘conflicto de deberes’ cuando uno de los dos casos (o los dos) es una acción pecaminosa. En efecto, nadie está ‘obligado’ a realizar un pecado. Si una de las alternativas es un pecado, estamos obligados a hacer la otra; y si las dos son pecado, estamos obligados a no hacer ninguna: antes no hacer nada que cometer un pecado.

En el caso planteado, es evidente que hay situaciones familiares en que es necesario controlar la natalidad. Pero si la única alternativa para hacerlo fuese una acción anticonyugal o anticonceptiva, entonces cesaría la obligación de controlar la natalidad.

El principio del ‘mayor bien posible’ es una forma elegante de presentar el principio del ‘mal menor’: vale lo mismo decir que queremos el 70 por ciento de un pastel, como decir que renunciamos al 30 por ciento del mismo. Ahora bien, sobre este principio hay que decir:

a) Es un principio restringido a un campo particular del obrar humano: el que versa sobre los actos indiferentes y sobre los males puramente físicos (por ejemplo, el obrero que queda con una mano atrapada en un derrumbe y debe elegir entre cortarse la mano o perder la mano y la vida).

b) No vale nunca cuando una de las alternativas es un acto intrínsecamente malo, es decir, un pecado formal. No se aplica, pues, al caso en que haya que elegir entre dos pecados (tomar anticonceptivos o abortar) ya que no se puede elegir ninguno de los dos; o entre un pecado y un mal puramente físico (usar preservativos o tolerar que el marido abandone a su mujer). Porque ante el mal moral rige un principio anterior y superior: ‘hay que hacer el bien y evitar el mal’, y sobre los primeros principios no caben excepciones. Jamás se puede elegir el mal moral, por más que sea el menor de dos males morales: aquello que es inmoral por su objeto, no se hace bueno porque exista la posibilidad de que sucedan males peores, y mientras siga siendo malo jamás podrá ser objeto de elección de un acto bueno y lícito (cf. Humanae vitae, 14).

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Juan Pablo II, Discurso al II Congreso de teología moral, en L’Osservatore Romano, 22/01/89, p. 45, n. 4.

impotencia

¿Es válido el matrimonio cuando hay impotencia por parte de uno de los cónyuges?

Pregunta:

¿Es válido un matrimonio en el que los cónyuges no pueden consumarlo, sabiéndolo de antemano? Por ejemplo: una mujer y un hombre que haya quedado paralítico accidentalmente y no pueda tener relaciones. No obstante, ellos deciden casarse igual.

 

Respuesta:

Estimado:

Le recuerdo que la impotencia de consumar el matrimonio es un impedimento tratado en el Código de Derecho Canónico, canon 1084.

Consiste en la imposibilidad de realizar la cópula carnal y la efusión del semen en la vagina de la mujer. Sin esto no hay posibilidad alguna de generar hijos.

Esta impotencia puede ser de orden físico, o bien puede responder a problemas psicológicos. A su vez, puede ser absoluta (no poder hacerlo con nadie) o relativa (no poder hacerlo con una persona determinada). También puede ser temporal o perpetua.

Ahora bien, hay que decir, que la impotencia que se considera impedimento matrimonial es la impotencia antecedente al matrimonio, perpetua, aunque sea relativa (al menos con esa persona no se puede casar). Este impedimento es de derecho natural; y esto quiere decir que no puede ser dispensado.

De todos modos, no hay que confundir impotencia (imposibilidad de copular) con imposibilidad de concebir (infecundidad), aunque se trate de infecundidad por esterilización o vasectomía. El caso de la vasectomía es más delicado porque lo que se deposita en la vagina de la mujer no es semen verdadero sino líquido seminal; sin embargo, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe respondió, el 13 de mayo de 1977 que esto no constituía propiamente impedimento de impotencia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Se puede perder el derecho a la patria potestad por maltratos?

Pregunta:

Cordial saludo.Mi hija quedó embarazada de su novio. Llevaban 3 años de noviazgo, él 24 años, ella 27, él estudiante, ella trabaja. Cuando nació la bebe, ni el muchacho ni su familia han querido asumir las responsabilidades que implican tener un hijo. Él siguió su vida normal de estudiante y ni siquiera se esforzó por estudiar de noche y trabajar de día. La mamá de él dice que ellos no tienen dinero para ayudar, cosa que no es cierto porque tienen más dinero que nosotros.

Mi hija terminó esa relacion sentimental con él, pues fue victima de maltrato y se dio cuenta que con él no iba para ninguna parte. Ella ha asumido toda la responsabilidad de su hija ayudada por nosotros, pero sin embargo este hombre se siente con derecho a disponer de su hija para llevarla y traerla cuando le viene en gana. La niña lo rechaza y llora siempre que él la quiere forzar ha estar con él y su familia. La bebé tiene 6 meses. Nosotros hemos sido muy pacientes, pero como todo se ha vuelto un problema, no sabemos qué hacer. Gracias por aconsejarme.

 

Respuesta:

Estimada:

Sin duda que están haciendo una obra de caridad muy hermosa ante Dios al apoyar a vuestra hija en este traspié que ha tenido. Asimismo es muy bello que puedan ayudar a educar esa criatura que es inocente de los errores que puedan haber cometido sus papás.

Por lo que refiere en su mail el papá se está comportando muy mal. De todos modos por razón de haberla engendrado el padre posee un derecho natural que le permite, por ejemplo, el poder visitarla y verla al menos esporádicamente. Cierto que ello no justifica sus malos comportamientos y el modo injusto en que ha procedido. En caso que de esas visitas se sigan males morales graves y/o peligros serios para el alma de la criatura ese derecho se puede perder o al menos suspender hasta que haya cambio de actitud.

Encomendamos esta situación en nuestras oraciones.

Atentamente.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

dificultades matrimoniales

¿Qué hacer en las dificultades matrimoniales?

Pregunta:

Padre, estoy pasando un momento muy duro en mi matrimonio, casi al borde de la separación; se meten muchas personas de afuera (tanto de mi familia como de la de mi esposo) y nos confunden con sus apremios y consejos, a veces muy contradictorios. ¿Qué hacer? Déme algún consejo, por favor. 

Respuesta:

Estimada:

Le repito las consoladoras palabras de la Virgen de Guadalupe al indiecito San Juan Diego, y que hoy parece decírselas a Usted: “Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige. No se turbe tu corazón ni te inquiete cosa alguna. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No estás, por ventura, en mi regazo?”

Confíe en Dios, no pierda la serenidad. Para Dios no hay nada imposible, y cualquier persona, aún el corazón más duro, se puede convertir, y puede cambiar, y puede pasar de ser un gran pecador, a ser un gran santo. Hay que dejar obrar a Dios , y poner de nuestra parte, todos los medios necesarios, porque Dios quiere también nuestra generosidad. Hablen los problemas matrimoniales entre Ustedes, en la intimidad familiar, y preséntenlos en la oración, frente a Jesucristo. No importa cuántos fracasos hayamos tenido en la vida; quedarán en el misterio de los designios divinos. Lo importante es levantarse, con la gracia de Dios, y seguir luchando, resurgir de las cenizas, y preguntarnos, ¿para qué Dios permitió esto en mi vida? ¿Qué es lo que quiere de mí? Al fin de cuentas, lo que importa es salvar el alma, y si uno se casa es para salvar el alma, aún en un matrimonio en el que no todo vaya de acuerdo a mis expectativas humanas. No se deje vencer por el mal; venza el mal a fuerza de bien!

En cuanto a los juicios humanos, le recuerdo lo que dice el Apóstol: a mí lo que menos me importa es ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano. ¡Ni siquiera me juzgo  a mí mismo!  (1 Cor 4, 3), y más adelante, dice también: Así que, no juzguéis nada antes de tiempo hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor la alabanza que le corresponda. (1 Cor, 4, 5).

Hablen con un sacerdote, vayan juntos a verlo, e intensifiquen su vida espiritual. Al menos Usted, vaya a Misa, si puede, todos los días, y no solamente los Domingos, pues en la Comunión con Cristo encontrará una fuerza irresistible; rece el Rosario todos los días (ojalá que su marido pueda participar de la oración); lea la Biblia al menos 5’ cada día y medite un poco sobre lo que ha leído; tenga confesión frecuente, más o menos cada quince días, y dedíquese a su marido, a ser misericordiosa con él, a ayudarlo en este momento difícil. La invito a ser la mujer fuerte alabada en la Sagrada Escritura y que enaltece el poeta: La mujer tiene que ser perfecta. Y ¿cuál es la mujer perfecta?, se preguntaba el poeta, y respondía:

La que sabe padecer,
La que a todos sabe amar,
Y sabe a todos llevar
Por la senda del deber.
La que el hogar santifica.
La que a Dios en él invoca,
La que todo cuanto toca
Lo ennoblece y dignifica.
La que mártir debe ser
Y fe a todos sabe dar,
Y les enseña a rezar
Y les enseña a creer.
La que de esa fe a la luz
Y al impulso de su ejemplo,
Erige en su casa un templo
Al trabajo y la virtud.
La que eso de Dios consiga
Es la perfecta mujer,
¡Y así tienes tú que ser
Para que Dios te bendiga!

José M. Gabriel y Galán.

P. Jon M. de Arza, IVE