gnosis

¿Cuál es la Doctrina y la Historia del Gnosticismo?

Pregunta:

¿Cuál es la Doctrina y la Historia del Gnosticismo?

 

Respuesta:


DOCTRINA. (Por L. F. MATEO SECO)

La palabra griega gnosis significa conocimiento o ciencia. Durante el periodo helenístico adquiere un significado propio y habitualmente religioso, y, tras las herejías gnósticas, se aplica casi exclusivamente en sentido heterodoxo. Tres puntos polarizan la gnosis tomada en sentido religioso: conocimiento, revelación y salvación, susceptibles de múltiples interpretaciones, tanto en sí mismos, como en su interdependencia. La cuestión es eterna, pero el abigarrado mundo sincretista de los primeros siglos en los que se inició la historia de la Iglesia resultó un especial caldo de cultivo para transposiciones y subproductos de la gnosis ortodoxa.

l. Gnosis ortodoxa

En los escritos neotestamentarios, el conocimiento (gnosis), resultado de aceptar la Revelación (v.), goza de especial relieve; supone pasar del esfuerzo racional por conocer a Dios a un nuevo y más alto conocimiento basado en el testimonio divino y recibido por fe. Se trata de un auténtico acceso al misterio divino: ‘Os ha sido dado conocer los misterios del reino de los cielos’ (Lc 8,10); conocimiento, que es fruto de la amistad de Cristo: ‘… a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer’ (lo 15,15); la vida eterna consiste en conocer a Dios y a su enviado Jesucristo (lo 17,3). Es claro que se trata de un conocimiento de fe (v.), estrechamente ligado al amor, a la caridad (v.) o agapé: ‘… que Cristo habite en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor a Cristo, que excede todo conocimiento’ (Eph 3,17-19). La oscuridad de la fe es al mismo tiempo luminosidad, también para la inteligencia. La fe es una nueva luz, un nuevo conocimiento; el término fotismós (iluminación) es uno de los utilizados desde los primeros tiempos para designar el Bautismo. En sus obras polémicas, los Padres refutarán la gnosis herética (v. 2), no por ser gnosis, sino por ser falsa. S. Ireneo (v.) titula su libro Elenco y refutación de la falsa gnosis, intentando sustraer el término gnosis del proceso de adulteración. En la Didajé (v.), se dan gracias por el conocimiento y la fe que Dios nos ha dado por medio de Jesucristo (9,3; 10,2); S. Ignacio de Antioquía (v.) dice de ella que lleva a la inmortalidad (Ad Ephesios, 17,2); este conocimiento salvador no es otra cosa que la aceptación de Jesucristo (ib.). ‘La verdadera gnosis, añade S. Ireneo (Adversus Haereses, IV,33: PG 7,1077 B), es la doctrina de los Apóstoles’, subrayando que la explicitación de esta doctrina se lleva a cabo por el estudio, y señalando el primer esfuerzo por distinguir la especulación teológica de la fe. Si S. Ireneo dedica gran parte de sus esfuerzos a desenmascarar la falsa gnosis, Clemente de Alejandría (v.) dedica buena parte de los suyos a delimitar la gnosis auténtica. El fundamento de esta gnosis no puede ser otro que la fe, ‘primer movimiento del hombre hacia la salud’ y ‘fundamento de la caridad’ (Stromata, 11,6: PG 8,965-967). Esta fe se funda en las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, contenida en la S. E.; el ‘gnóstico’, además, sigue las palabras y los hechos del Señor que le han llegado por tradición, ‘guardando la rectitud apostólica y eclesiástica de los dogmas’ (Stromata, VII, 16: PG 9,544). Para ser gnóstico, se requiere, finalmente, llevar una vida ascéticamente perfecta. Para Clemente, el ‘gnóstico es, en primer lugar, aquel que conoce ciertas verdades; es, en segundo lugar, aquel que ha llegado a la perfección espiritual; es, en fin, un educador que conduce a otros a la gnosis’ (J. Daniélou, Message évangélique el culture hellénistique, París 1961, 409-410). La parte intelectual integrante del gnóstico es asimismo rica en facetas: es comparación de los dogmas entre sí (Stromata, 1,2: PG 8,709), apología (ib. 11,11: PG 8, 984), interpretación espiritual y alegórica de la S. E. (ib. VI,15: PG 9,340), uso de la filosofía para explicar los dogmas (ib. 1,2: PG 8,709), es, sobre todo, theoría, contemplación constante: ‘El gnóstico ora durante toda su vida’ (ib. VII,7: PG 9,456C), contemplación que le hace subir cada vez más en la semejanza con Dios (ib. V11,3: PG 9,416 C-428 A). En resumen, para Clemente, la gnosis constituye un paso sobre la mera recepción de la fe; es quehacer teológico, esfuerzo moral, plenitud de vida cristiana, contemplación y apostolado, entendido éste como entrega de lo contemplado a los discípulos, como auténtica función magisterial. Orígenes (v.) profundiza en el contenido espiritual del concepto de gnosis, distinguiendo con mayor nitidez entre fe y gnosis: creer es aceptar el credo, mientras que la gnosis equivale a conocer a Dios por vía mística, constituyendo el perfeccionamiento o último estadio de la vida de fe (Commentarium in Johannem, X,37: PG 14, 373). Para llegar a ella es imprescindible la práctica de las virtudes y el total dominio de las pasiones por medio de la apatheia. Gnosis y theoría son aspectos que se intercambian en Orígenes: ‘Contemplar, conocer y comprender no son términos que signifiquen actos diferentes’ (H. Crouzel, Origéne el la connaissance mystique, Toulouse 1960, 398). La gnosis versa preferentemente sobre los misterios secretos de Dios contenidos en la S. E. (De Principüs, IV,2: PG 11,372-376); de ahí la importancia de la exégesis alegórica. Orígenes establece un paralelismo entre los estadios de la vida interior -simpliciores, progredientes, perfecti- y los tres sentidos de la Escritura, reservando a los perfectos ‘penetrar en la ley espiritual que contiene los bienes futuros’ (1. c.). La inteligencia se eleva a partir de la letra y bajo la acción de iluminaciones divinas al conocimiento del misterio. Así lo describe en la Hom. XXVII in Numeros al llegar a la 15 etapa de la ascensión del alma: ‘Después se llega a Rathma o Pharam. Rathma es interpretado como visión consumada, y Pharam como rostro visible. ¿Por qué el alma no ha de ensancharse hasta el punto de que, insensible a los dolores de la carne, tenga visiones consumadas, comprenda la perfecta significación de las cosas, conozca con plenitud y profundidad las razones de la encarnación del Verbo de Dios y las formas que reviste la economía de este misterio?’ (PG 12,794-795). Este conocimiento supone la unión entre cognoscente y conocido, de forma que no se conoce a Dios más que uniéndose a Él (Commentarium in Johannem, XIX,4: PG 14,532). Junto a la riqueza de la explicitación del concepto de gnosis por parte de los ortodoxos, es necesario destacar algunas sombras y peligros que acompañaron su desarrollo: 1) El que este conocimiento se tornase esotérico bajo los influjos de la exégesis alegórica, de la apocalíptica judía y de la apreciación indiscriminada de ciertas tradiciones orales, muchas de ellas provenientes de los presbíteros judeo-cristianos. Baste citar un texto: ‘Pues, si llamamos sabiduría a Cristo y su operación por medio de los profetas, por medio de la cual se aprende la tradición gnóstica (gnostiké parádosis), como Él mismo enseñó -a los Apóstoles: que la sabiduría es conocimiento, ciencia y comprensión estable y firme de las cosas que son, han sido y serán, ya que ha sido entregada y revelada por el Hijo de Dios. Y, si el fin del sabio es la contemplación, la contemplación de los que ahora son filósofos busca la sabiduría divina; pero, no la consigue, si no recibe la voz profética entregada a él, por la cual es adoctrinado de cómo fueron, son y serán las cosas que son, han sido y serán. El conocimiento es tal, que ha llegado hasta muy pocos entregado desde los Apóstoles por sucesión sin escritos’ (Clemente de Alejandría, Stromata, VI,7: PG 9,281-284). El texto manifiesta un recurso a unas tradiciones orales distintas de la Tradición (v.); por otra parte, el objeto del conocimiento ‘las cosas que son, han sido y serán’, no puede menos de evocar las preocupaciones de la apocalíptica sobre el fin de los tiempos (cfr. J. Daniélou, o. c., 437). 2) La tentación de dividir a los cristianos entre ‘gnósticos’ y ‘simples’, y, dado el papel que juega el conocimiento y su confusión con la perfección o plenitud de vida cristiana, el peligro de reducir la perfección cristiana a patrimonio de una élite. Las sombras, sin embargo, no pueden paliar la grandeza del esfuerzo ligado a este concepto: apertura a la sabiduría, iniciación del quehacer teológico y comienzo de una teología mística, cuyas líneas, a través de S. Gregorio de Nisa (v.) y de Evagrio Póntico (v.), perduran en la Iglesia.

II. Gnosis heterodoxa.

Al enfocar el complejo mundo de la gnosis heterodoxa desde el ángulo teológico, son de especial interés estos tres puntos: 1) Relaciones de la gnosis heterodoxa con el cristianismo; 2) Qué entienden los gnósticos por gnosis; 3) Cuáles son los principales puntos del gnosticismo que motivaron la reacción de los Padres de la Iglesia. No existe unanimidad a la hora de circunscribir las sectas gnósticas, o determinar su origen. Mientras H. Cornelis estima que toda religión lleva consigo su subproducto gnóstico en forma parasitaria, y que la gnosis heterodoxa es tentación eterna de los cristianos (Gnosis eterna, Madrid 1961), R. M. Grant la entiende como ‘formas de pensamiento y experiencias religiosas que van desde la Galia hasta el Irán y desde el primer siglo de nuestra era hasta los ss. xii y XIII’ (La gnose et les origines chrétiennes, París 1964), y Tixeront la reduce hasta el s. v (Histoire des dogmes dans Pantiquité chrétienne. I, París 1914, 192). Seguiremos esta última delimitación.

1) Relaciones de la gnosis con el cristianismo. Según S. Ireneo y S. Epifanio (v.), los gnósticos no constituyen una herejía cristiana, sino una falsa religión, que ha tomado su ropaje externo del cristianismo. Harnack (v.), en cambio, estima erróneamente el gnosticismo como resultado del primer intento del quehacer teológico, como una helenización del cristianismo. Sin mucha exactitud Bultmann (v.) considera que gnosticismo y cristianismo son dos movimientos simultáneos, que se han influenciado mutuamente (G. van Groningen, First century gnosticism, Leiden 1967, 15). Merece especial consideración el juicio de S. Ireneo no sólo por su cercanía temporal y conocimiento personal de los gnósticos, sino también porque un análisis del núcleo profundo de la gnosis, la revela esencialmente distinta del cristianismo. Los diversos sistemas gnósticos, escribe Tixeront (o. c., 193), representan un esfuerzo del pensamiento filosófico por absorber el cristianismo y transformarlo en una simple filosofía religiosa, o del pensamiento religioso por encontrar un sentido más profundo, que no se compone con la sencillez del Evangelio, y transformarlo en una mistagogia de iniciaciones y ensueños.

2) Qué entienden los gnósticos por gnosis. A pesar de la multiformidad de las sectas gnósticas, los Padres denominaron a todos con este nombre, señalando con ello que todas tenían algo en común, y que ese algo estaba vertebrado sobre el contenido del término gnosis. Para el gnóstico, la gnosis no es equivalente a la nueva luz de la fe, a la doctrina de los Apóstoles profesada según el sentir de la Iglesia, o al credo explícitamente confesado, sino a algo esencialmente distinto de la fe de los sencillos y contrapuesto a ella; entre gnosis (conocimiento) y pistis (fe) existe una oposición irreductible. El objeto sobre el que versa este conocimiento superior y contrapuesto a la fe no es ni Dios, ni Cristo, sino el hombre mismo: el gnosticismo es eminente y radicalmente antropocéntrico. Obsérvese cómo enumera Teodoto los frutos que dimanan del Bautismo: ‘El Bautismo nos da no sólo la libertad, sino la gnosis de qué éramos, qué hemos venido a ser, a dónde hemos sido arrojados, a dónde vamos, de qué nos libramos, qué es nacer y qué es renacer’ (Excerpta ex Theodoto, 78: PG 9,693696). S. Hipólito (v.) transcribe una carta de Monoimo a Teofrasto con igual contenido: ‘Abandonando la búsqueda de Dios, de la creación y de las cosas parecidas, búscalo partiendo de ti mismo, y aprende quién es el que en ti se apropia absolutamente de todas las cosas y dice: mi Dios, mi espíritu, mi pensamiento, mi alma, mi cuerpo; y aprende de dónde proviene el contristarse y el alegrarse, el amar y el odiar, y estar despierto sin querer y dormir involuntariamente, y el airarse no queriendo, y el amar contra la propia voluntad; y cuando hayas buscado todo esto diligentemente, lo encontrarás en ti mismo, según aquel punto uno y múltiple que tuvo su comienzo en él’ (Syntagma, V111,15: PG 16/III,33623363). Este antropocentrismo de corte subjetivo marca las relaciones entre revelación, salvación y gnosis. El gnóstico habla de que la revelación es necesaria, dada la insuficiencia actual de la inteligencia, alienada por las atracciones de la materia, a la que considera mala, pero afirma a la vez que el fin o sentido de esa revelación es ‘despertar’ al gnóstico, haciéndole tomar conciencia de sí mismo, haciéndole descubrir que es distinto y superior a la materia, que él es una ‘chispa’ desprendida de la Divinidad. Así, en el diálogo con la samaritana (lo 4,18), dice Heracleón, Cristo la despierta descubriéndole que los maridos no están unidos a ella más que en un orden material, y que está llamada, dado su carácter pneumático, a un destino superior (cfr. F. Sagnard, La gnose valentinienne et le témoignage de S. Irénée, París 1947, 498 ss.). Si el fin de la Revelación consiste en ‘despertar’ al gnóstico haciéndole ‘experimentar’ su propia dignidad, es lógico que no preocupe su contenido objetivo, ni su fiel trasmisión, sino la capacidad para provocar la experiencia de sí mismo. De ahí el recurso a revelaciones esotéricas, el horror a un canon o símbolo de doctrina, el desprecio de la autoridad de la Iglesia como intérprete de la Revelación. De ahí también su fluidez y multiformidad. La salvación gnóstica equivale a una autoliberación por una autoconciencia del propio ser divino, efecto de la emanación de la Divinidad, con el que se ha nacido y que no es objeto de conquista, sino de experiencia. Por eso se toma como momento clave de la conversión del hijo pródigo aquel en que ‘entra en sí mismo’ (Le 15,17). no aquel en que es perdonado por su Padre. El gnóstico busca dentro de sí mismo la sustancia de la propia salvación, y espera encontrarla inevitablemente, ya que ha nacido con ella. De ahí que pueda darse, afirma Cornelis (DSAM 6,533), gnosis sin salvador, pero no salvación sin gnosis. La salvación viene en y por la gnosis, no por el salvador, que es objeto secundario, ya que es el mero portador de un mensaje salvífico, cuya aceptación no depende de su gracia, sino de la naturaleza de quien lo recibe (Orígenes, Comm. in Jo/i., XIII, 10: PG 14,413). Se comprende que el culto a la palabra fuese superior al culto a Cristo, cuya realidad histórica apenas interesa, con el consiguiente desprecio para la Iglesia visible y los sacramentos. Se comprende también que la mayoría de los gnósticos fuesen docetas (V. DOCETISMO). Sostienen, además, el equivocismo entre el mundo y Dios, a quien consideran lo absolutamente otro, llamándole ‘el no-ser’ (Hipólito, Syntagma, VI1,21: PC, 16/III, 3303), y no entienden el concepto de creación ex nihilo, viéndose forzados a aceptar la emanación, considerando al gnóstico como ‘chispa’ desprendida de la Divinidad, y situando la ‘caída’ en el seno mismo de la Divinidad en el pecado de la SopItía divina. Para ello no tienen más remedio que privar al pecado de su cualidad de acto responsable y libre y entenderlo como dialéctica necesaria del espíritu, que ha de tomar conciencia de sí mismo a través de la experiencia de lo que le es ajeno. Es elocuente que Heracleón presente a la samaritana como encarnación del ideal gnóstico ante la gran sorpresa de Orígenes, que no entiende por qué Heracleón dice que no pecó (Comm. in Joh., XII1,11: PG 14,415). Si el pecado es un error inevitable y la salvación el despertar de ese error, les sobra el sacrificio del Redentor, la Redención y el sacerdocio. Finalmente, dada su concepción de la materia como mala (v. DUALISMO), pervierten la escatología, negando la resurrección de los cuerpos, y afirmando que el mundo será aniquilado. La gnosis heterodoxa aparece como un triste empobrecimiento de la gnosis -atólica. Tiene un indudable matiz iluminista, pero ha perdido su carácter de conversión moral, requerida incluso para los filósofos no cristianos (cfr. G. Bardy, La conversión al cristianismo durante los primeros siglos, Bilbao 1961), y se encuentra expuesta a todos los avatares de la imaginación impulsada por el deseo de autojustificación.

3) Principales puntos que motivan la reacción de los Padres: Negación de los conceptos de Tradición, sucesión apostólica y de la regla de fe. Negación del acto creador como fruto divino y atribución al demiurgo. Negación del pecado original, que sitúan en el seno de la Divinidad. Docetismo. Negación de la resurrección de los muertos (cfr. Tixeront, o. c. l). V. t.: FE; TEOLOGÍA; RAZÓN II; REVELACIÓN IV; DIOS IV, 13; DUALISMO; etc.

BIBL.: Además de la citada en el texto: VOELKER, Quellen zur Geschichte des christlichen Gnosis, Tubinga 1932; F. SAGNARD, Extraits de Théodote, París 1948; G. QUISPEL, Leure de Ptolomée á Flora, París 1949; PG7,1263-1321; TH. CAMELOT, Foi et gnose, Introduction á l’étude de la connaissance mystique chez Clément d’Alexandrie, París 1945; A. ORBE, Estudios valentinianos, Roma 1955-1961; E. PETERSON, Frühkirche, Judentum und Gnosis, Friburgo 1961; T. MOLNAR, Los nuevos gnósticos, ‘Atlántida’ n° 39, VII (1969) 329-336. H. CORNLLIS y A. LÉGNAR6, La gnosis eterna, Andorra 1961; L. CENCILLo, La vida espiritual en las sectas gnósticas, en Historia de la espiritualidad (dir. B. Jiménez Duque y L. Sala Balust), III, Barcelona 1969, 419-454. V. t. la bibl. y las obras generales citadas al final del art. siguiente (II).


Historia. (Por LUIS CENCILLO)

1.Introducción y antecedentes.

Aunque se habla de gnosis cristiana ortodoxa y así lo hace ya S. Ireneo, es cierto que el gnosticismo en sentido estricto significa una corriente de espiritualidad e incluso una religión extracristiana o, cuando menos, heterodoxa (v. i). Está fuera de duda la existencia de una corriente de espiritualidad semejante, con anterioridad a la predicación del Evangelio y distinta también de las Religiones de Misterios (v.). El Poimandres, incluido en el s. III d. C. en el Corpus Hermeticum (v. HERMETIsmo) es, según Reitzenstein (Studien zum Antiken Synkretismus, Leipzig-Berlín 1926, 29-33), el primer documento estrictamente gnóstico no cristiano anterior a la predicación apostólica. Hacia el s. 1 a. C. pululan una serie de sectas influidas por la religiosidad irania (v. IRÁN vil) y fundadas por poetas de carácter profético, el más tepresentativo de los cuales es Alejandro de Abotoneikos (cfr. Filón, De spec. leg., 1,315-323); los miembros de la secta se denominan kátharoi (puros) y ágnoi (devotos) (cfr. Filón, De emigr. Abrah. 89-90), y pretendían vivir como puros espíritus (pneumátikoi) entregados a una devoción puramente personal e intimista con ideas firmes y claras acerca de la inmortalidad personal, fundada en la pre-existencia del alma predestinada, y en un Pléróma trascendente, del cual se habría desprendido como una chispa (spínther) caída e impurificada en el cosmos material. Según su origen, distingue fundamentalmente la antropología gnóstica tres razas de hombres: los espirituales por naturaleza (que acabamos de citar), los materiales (hylikoi) que son irredimibles, y los animales (psykhikoi) que a base de esfuerzo ético pueden obtener una salvación incompleta, quedando en el tópos (lugar intermedio) sin acceso al Pléróma propiamente dicho. Incluso los espirituales no se salvan totalmente, sino sólo su spínther del Pléróma puede volver a él, habiéndose despojado de su alma psíquica (Ireneo, Adv. Haer., 1,7,1). Así estas tres razas de hombres apenas tienen algo de común, e incluso las dos inferiores tienen menos realidad, ya que ésta consiste en la impronta (egmageion) de la esfera ideal sobre la sombra de la vida animal y material; la idea arquetípica que mediante el spínther se encarna en la materia es el Anthrópos, el hombre primordial cósmico, o la Sophía, según las sectas. En consecuencia la perfección gnóstica consiste en tomar conciencia del origen trascendente y arquetípico del alma pneumática, con lo cual desaparece todo temor, ya que el spínther está predestinado por naturaleza (no por gracia) a retornar tarde o temprano al Pléróma, para celebrar allí la unión esponsalicia (syzygía) con su consorte angélico, homologando así las nupcias eternas de Anthrópos y Ekklesía. Para ser capaz de estas nupcias ha de ir madurando el spínther que hay en el hombre; mas ello no se logra mediante obras, sino mediante una toma de conciencia cada vez más profunda (gnósis) de su verdadera naturaleza pneumática. Algunos maestros gnósticos, como Satornil, declaraban impuros el matrimonio y la procreación (rasgo común a los maniqueos, v., los cátaros, v., y demás sectas espiritualistas medievales) por contribuir a encadenar almas puras en la materia. La gnósis propiamente dicha difería de la fe o pístis; en las doctrinas de Valentín (v.) y de Basílides se da una fe ciega o adhesión firme a las enseñanzas de la secta, que es el punto de partida indispensable para la gnosis, pero además existe otra fe ruda (psilé) necesitada de pruebas y de milagros por carecer de la connaturalidad con el Pléróma, y que es imperfecta y propia de los psíquicos. La experiencia de la gnósis es un conocimiento intuitivo e iluminativo (sophía) que descubre la verdadera naturaleza trascendente del fiel y la hace madurar (mórphósis) para el Pléróma, pues mediante esta sophía (sabiduría) se va asimilando a la Sophía personal de arriba. En las sectas de carácter popular, como eran las de Roma del s. III: Barbeliotas, Carpocratianos, Ofitas de Celso, Nicolaítas, Sethianos. Severianos, Arcónticos, etc.. y en el grupo copto, los ritos que existían ya en la gnosis desde un principio (p. ej., bajo forma de banquete, etc., pero que eran considerados de poca importancia para la maduración gnóstica), van desplazando a la gnósis hasta convertirse en una magia (v.) soteriológica de carácter esotérico. Algunas concepciones de base, la ascética y la jerarquía pueden conducir a una identificación de la gnosis con el maniqueísmo y diversas sectas medievales, sin embargo, en ningún caso sería exacta la identificación. El maniqueísmo (v.) recoge ciertamente elementos de las sectas gnósticas dispersos por el Asia anterior, así como del mitraísmo iranio (v. MITRA); su doctrina es esencialmente ecléctica, pero como fenómeno historicorreligioso constituye una unidad histórica irreductible e idéntica a sí misma, que tampoco puede considerarse prolongada por las sectas de los cátaros (v.), bogomilas (v.) y patarinos. Su rasgo más personal es el mimetismo que hace de él un movimiento proteico perfectamente adaptable a cuantas áreas culturales se extendía, desde la península Ibérica (se pretende que Prisciliano, v., y su grupo han dependido del movimiento maniqueo) hasta; el Asia central y el Extremo Oriente (descubrimientos en Turfan) pasando por el norte de África, los Balcanes y Armenia. Su culto sencillo, su tendencia igualitaria, su moralidad no excesivamente exigente, su teoría de las reencarnaciones (v. METEMPSÍCOSIS) y su dualismo (v.) para explicar el problema del mal de modo convincente para la mentalidad popular, hacían del maniqueísmo la religión ideal de zonas religiosamente inestables y de pueblos vagamente cristianizados.

2. Primeros gnósticos

A causa de la escasez de datos y fuentes directas sobre los primeros jefes de sectas gnósticas, y de la desconfianza sembrada por De Faye (cfr. Gnostiques et gnosticisme, 2 ed. París 1925) y por la escuela de Tubinga hacia los informes procedentes de los Padres, resulta difícil concretar algo. Hegesipo menciona en su catálogo las herejías de Cleobio, de Dositeo relacionado con Simón en Palestina, de Gorfeo y de Masboteo (cfr. Eusebio, Hist. Eccl. IV,22,5). Orígenes en Contra Celsum (1,57) confirma la existencia de Dositeo. Pero de estos gnósticos no son conocidas sus doctrinas o sistemas. Justino (VI,19; 256,1) testifica la existencia histórica de Menandro en Samaría relacionado también con Simón, y conoce a otros gnósticos dependientes de él. También nos informa de la existencia de Satornil, que habría fundado una secta a mediados del s. II. Cerinto figura en el Adversus Haereses de S. Ireneo, en los Philosophoneuma de Hipólito y en el Dialogus de Cayo, a quien él atribuye una concepción escatológica plagada de reminiscencias materialistas procedentes de las apocalipsis judías. Finalmente, Cerdón habría vivido en tiempos de S. Higinio, según una buena tradición romana recogida por Ireneo (o. c. 1,27,1; 111,4,2) y habría sido maestro de Marción; parece ser que a él se debe por lo menos la concepción del doble dios inspirador respectivamente del Antiguo y del N. T., fundamento de la doctrina de Marción (v.) que no fue un gnóstico sino un racionalista. Los testimonios concordes de los contemporáneos de Marción le hacen proceder de Sínope del Ponto y de una familia de armadores. Harnack data su nacimiento en el a. 85, hijo de un obispo cristiano. En tiempos de Antonino Pío llega a Roma, no se sabe si ya cristiano o si hubo de bautizarse en la Urbe, como un pasaje del Adv. Marcionem (IV,4,3) de Tertuliano parece darlo a entender. De todos modos los armadores de Sínope debían de tener un conocimiento profundo del judaísmo que florecía en los puertos del Ponto y que hubo de influir negativamente en el ánimo de Marción desde antes de su conversión. Es cuestión todavía controvertida la del influjo que sobre él haya ejercido Cerdón, gnóstico de la línea de Satornil. Según la tradición marcionita la ruptura entre Marción y la Iglesia habría ocurrido el 21 jul. 144, poco después del comienzo del año séptimo del emperador Antonio. La secta nacida de esta ruptura todavía ofrecerá resistencia activa a la ortodoxia en el imperio bizantino. Marción no fue ciertamente un gnóstico, como se pensó en algún tiempo, cuando los gnósticos no eran todavía bien conocidos; aunque pretendió integrar en la fe de la Iglesia algunos elementos gnósticos y se halló poderosamente influido por su clima ideológico, presenta un temperamento y estilo moral diversos. El fundamento de toda la doctrina de Marción está en dos principios: la malicia esencial de la materia y la existencia de un verdadero Dios desconocido y foráneo, el Dios revelado en el N. T., pura expresión de la bondad sin mezcla y opuesto al Dios del A. T.; es decir, dualismo (v.) seguido de un rigorismo ascético enfocado al mínimo uso de las cosas creadas y materiales (v. MARCIóN). En el curso del s. iI las incertidumbres desaparecen, y repentinamente nos hallamos ante un multiforme despliegue de sectas y de sistemas, a la cabeza de los cuales figuran dos grandes jefes, verdaderos pensadores de cierla altura: se trata de Basílides y de Valentín.

3. Basílides

Basílides aparece como jefe de secta en tiempos de los emperadores Adriano y Antonino Pío; su doctrina es continuada por su hijo Isidoro en las Ethiká. La mejor fuente para Basílides son los Stromata de S. Clemente de Alejandría (v.; ed. Stáhlin en G.C.S., Leipzig 1905-09; vol. IV, 1934), sobre todo el 11, III, IV, V y VII. Parte Basílides de un problema de orden moral y racional, el del sufrimiento de los inocentes; ninguna perspectiva soteriológica ó escatológica le ayuda a encajar el mal físico (su racionalismo inmanentista es semejante al de La Peste de Camus). A diferencia de Marción no busca la solución en un desdoblamiento de la divinidad, sino en la localización de un misterio de iniquidad en el fondo de cada hombre, aun de los inocentes. Para explicarlo no recurre Basílides al mito de una caída prenatal, sino a la concepción más abstracta de una culpa virtual e interpretativa: el hecho de que el hombre sea capaz de pecado, merece ya por sí mismo castigo. Clemente le atribuye una moral rigorista (cfr. Stromata, IV,24,153), según la cual Dios no perdona ninguna falta deliberada. El Dios de Basílides no es; según Apuleyo trasciende todas las categorías del ser, como en los neoplatónicos, pero entre sus atributos la bondad y la justicia, que eclipsan a todos los demás, resultan demasiado semejantes a la bondad y a la justicia terrenas, pues siempre que permiten un mal han de obedecer a un motivo, y a un motivo punitivo, que consiste en la disposición próxima al pecado que cada hombre tiene: tó hamartematikón. Pretendía superar a la vez las limitaciones de la filosofía y de la fe cristiana y obtener un conocimiento más cálido y sapiencial que el de la filosofía estoica .,y más esotérico y misterioso que el de la sobria fe cristiana (éste es un rasgo común a todas las escuelas gnósticas); concibe una pístis physiké o fe natural (cfr. Strom. 11, 3,10) que consiste en la predisposición natural a las enseñanzas de la secta en los predestinados, gracias a la cual éstas son admitidas sin necesidad de demostración racional. Su doctrina estaba contenida literariamente en las Exegetiká que eran unos comentarios a los Evangelios que también Ireneo, Hipólito y Orígenes conocían a fondo. En su hijo Isidoro la culpabilidad se concreta, mas para ello ha de abandonar el plano abstracto y concebir una entidad, procedente tal vez de las concepciones religiosas de Siria y del Irán: el alma adventicia (Per! prosphyoús phychés se titula precisamente otro tratado de Isidoro extractado en los Stromata). El y Basílides pretendían deducir de S. Pablo, y de S. Mateo (19,10-12), que el matrimonio era un mal menor, falseando así la doctrina evangélica. Sin embargo, Basílides e Isidoro, los más sensatos entre los gnósticos, parecen haber observado que el temor excesivo a las caídas resultaba perjudicial y que la lucha angustiosa por la pureza sexual absorbía las energías y secaba la esperanza. Por ello aconseja Isidoro el matrimonio en casos extremos, y de no ser éste posible por excesiva juventud, enfermedad o pobreza, recomienda evitar el aislamiento, buscar la compañía de los hermanos y el consejo y la imposición de manos de algún hermano cualificado (un rito semejante a la absolución penitencial). Como fundamento de su moral sexual pone Isidoro esta notable observación: lo sexual no es una necesidad absoluta (Stromata, III,1,1-3). Valentín parece haber llenado toda la primera mitad del s. ii; su discípulo Heracleón aparece ya citado en el Syntagma de Hipólito a fines del siglo, y cuyo influjo debió de comenzar en el 155. La Epístola a Flora, de su otro discípulo Ptolomeo, parece datar según Harnack (que la publica con aparato crítico en sus Kleine Texte, 1894) del 160; o sea que para estas fechas ya estaba formada y madura la escuela de Valentín, del cual se conservan cartas, sermones y fragmentos diversos en los Stromata, mientras que de su escuela la carta de Ptolomeo a Flora la ha conservado Epifanio, los fragmentos de Heracleón, Orígenes, y los extractos de Teodoto, Clemente de Alejandría. Noticias de la secta nos dan el Adversus Haereses de S. Ireneo (hacia el 180), los Philosophoumena de Hipólito (hacia el 225) y el Adversus Valentinianum de Tertuliano (hacia el 210); también hay una alusión en la Enéada IX de Plotino, en el Pseudotertuliano, en Filastro y en Teodoreto. También Valentín aparece obsesionado con el problema del mal, bajo la forma exclusivamente de pecado, pero es menos abstracto que Basílides y lo explica en forma de mito como contaminación del espíritu por la materia. Aunque de un modo estilizado, por el cual se libran Valentín y su escuela de caer en el barroquismo mitológico y ocultista de las demás sectas gnósticas, se diferencia su sistema del racionalista de Basílides por la amplia acogida que hace a las entidades intermedias y cónicas entre Dios y los humanos. La secta se divide en dos ramas, la ítala y la anatolia. Sus doctrinas son una mezcla del A. T. y N. T. con categorías y leyendas indias, iranias, alejandrinas y griegas (v. VALENTíN y VALENTINIANOS).

4. Severianos

A lo largo del s. III se convierte Roma en el centro de confluencia y de fusión sincrética de todas las sectas que van dando cada vez mayor entrada a formas de culto aberrantes. Así, p. ej., los Severianos influidos en sus orígenes por el marcionismo y el encratismo de Taciano, maestro de su fundador Severo, profesan en sus comienzos una moral rigorista y una gran sobriedad doctrinal a base de una Biblia compuesta por la Ley, los Profetas y los Evangelios, rechazando las narraciones del A. T., los Hechos y las Epístolas; pero acaban por centrarse en torno al culto de la Serpiente (v.), en un mundo constituido por potencias arcónticas; la Serpiente en una unión (hierogamia) con la Tierra, engendra a la Mujer y a la Vid, fuentes de todo mal. Podría tratarse sin dificultad de la doctrina de las sectas Nicolaíta, Ophita, Barbeliota o Perata. En la segunda mitad del s. IIi el foco de pensamiento gnóstico más creador no se halla en Roma sino en Egipto y en lengua copta, pero notablemente barroquizado y contagiado de magia; sus fuentes principales son los Libros de Jeú y la Pístis Sophía (cfr. 1. Doresse, o. c. en bibl.). Después el movimiento se extingue.

5. Concomitancias gnósticas

Muy diversos movimientos son a veces comparados con el gnosticismo, aunque no son gnósticos. Ya se ha mencionado el maniqueísmo, que tiene su origen en Manés, nacido en Mardini, aldea cerca de Bagdad, entre el 215 y el 216, de padre religiosamente ecléctico natural de Hamadán y de madre de la familia real de los Arsácidas. En Babilonia, donde se habían trasladado sus padres, se presenta en público, cumplidos ya los 20 años, como profeta el día de la coronación de Sapor I, el 20 mar. 242. Su predicación parece haber gozado en un principio del favor popular e incluso del oficial, hasta que el parsismo (v.) obtiene su destierro, que iba a lanzar a Manés a una serie de viajes durante 20 años por todo el Oriente que le van a servir para difundir su doctrina y asimilar al mismo tiempo elementos culturales y religiosos de la India, Kurasan, Turquestán y Tibet. Muerto Sapor I goza en su país de las simpatías de Hormisdas I (271-272) hasta que, muerto éste, Baharam I decreta su pena capital por instigación del clero zoroástrico (v. 7OROASTRO). Como ya se ha dicho, el maniqueísmo (v.) no se puede confundir con el gnosticismo aunque presenta ciertas semejanzas. Así, S. Efrén (m. 373; v.), que conoció a fondo la vida intelectual siria, afirma que la doctrina de Manés es ‘una reproducción fantaseada de las ideas del filósofo herético Bardesanes y el clérigo apóstata Marción’. El mismo Manés reconoce como sus precursores en la revelación de la verdad a Zoroastro, Buda y Jesús, cuya obra habría venido él a consumar. Su sistema está basado en un dualismo (v.) bastante estricto: luz y tinieblas, igual a bien y mal, de cuya mezcla nace el mundo presente, con una mitología complicada. Su secta, que llegó a extenderse también por Occidente (S. Agustín, v., fue durante un tiempo maniqueo), tenía dos clases distintas de adeptos: los electos y los oyentes. Mediante el rigor ascético, vivido institucionalmente, los electos se van purificando físicamente de la materia y llenando de partículas de luz (abstención de todo alimento animal, el vino, la propiedad, el matrimonio, con vida itinerante sin más provisiones que las del día, etc.; rigorismo, que según testimonios de la época, generalmente no vivían en su vida privada); los electos se dividían en cuatro órdenes jerárquicos según distintas funciones que son poco conocidas. Los oyentes eran irredimibles, no están decididos a abstenerse de la contaminación de la materia; han de esperar a otra existencia para encarnarse en electos y ser incorporados al reino de la luz; mientras, han de vivir algunos mandamientos. Hasta el s. xvll constituyó esta secta una religiosidad popular extendida entre la mentalidad de pastores y mercaderes del Asia Central, que unía la superficialidad con intenso lirismo religioso y que producía la ilusión de una teofanía de luz tras las manifestaciones más cotidianas de la vida (v. MANIQUEÍSMO). Respecto a Prisciliano, al que también ya se ha mencionado (v. 1), no se sabe de sus orígenes; fue obispo de Ávila, y ejecutado por el emperador Máximo en Tréveris en el 385. No es seguro si fue ganado ya en su juventud a la secta de los electos (muy probablemente maniquea) procedente del Oriente. Hartberger (Priscillianea, Friburgo 1916, tesis inédita, 22,28,45) demuestra su dualismo y su astrología maniquea. Düllinger, Schepss y Künstle han mantenido su dependencia del maniqueísmo; mientras que Harnack Schaeder, Alphandéry y Lortz le consideran un mero rigorista que, como Marción, interpreta libremente y con criterios personales, racionalistas, las Escrituras, admitiendo más libros inspirados que los que constan en el Canon. Sus prescripciones morales acerca de la pureza y abstinencia de los elegidos son análogas a las de Manés (v. PRISCILIANO Y PRISCILIANISMO). Ideas dualistas, y algunos elementos de gnosticismo, se encuentran también, posteriormente, en diversos movimientos heréticos que se extienden hasta la Edad Media. Ya se han mencionado algunos. Para ellos v. BOGOMILAS; CÁTAROS; ALBIGENSES (puede verse algo también en VALDENSES; BEGUINAS Y BEGARDOS; POBRES LOMBARDOS).

6. ¿Gnosticismo cristiano?

Algunos pensadores y jefes de secta gnósticos que hemos tratado (v. 2-4) se profesaban cristianos, por eso muchos autores le denominan gnosis cristiana, distinguiéndola de la pagana, atestiguada por el Poimandres del Corpus Hermeticum y por Filón de Alejandría (De specialibus legibus, 1,315-323) que cita como jefe de secta a Alejandro de Abotoneikos. De una gnósis judía parecen hallarse alusiones en la segunda Epístola de S. Pablo a los tesalonicenses (2,7-8), según Friedlánder que identifica el ‘misterio de iniquidad’ con la Minuth o doctrina esotérica de carácter gnóstico. La impresión de haber existido en Palestina una fuerte corriente de este tipo con abandono de la ortodoxia sacerdotal y con antropología dualista se ha confirmado con los descubrimientos de Qumrán (v.; cfr. Die Texte aus Qumran, en hebreo y alemán, ed. Lohse, Darmstadt 1964). San Ireneo (v.), en el Adversus Haereses, no condena inapelablemente el concepto mismo de gnósis, que puede ser entendida como una verdadera ciencia de Dios (11,39) que trata de profundizar en sus misterios, y el origen del mal (v.) lo explica a partir de la libertad humana y de la variedad de seres y de fuerzas cósmicas que, consideradas aisladamente, se oponen, pero que conjuntamente contribuyen a la armonía del todo. En esta concepción de gnosis ortodoxamente cristiana se halla ya el germen de la reflexión filosófica acerca de la fe que iba a desarrollar la escuela de Alejandría (v. ALEJANDRÍA VI) y, más tarde, la Edad Media y los siglos posteriores (v. TEOLOGíA); pero es claro que esta reflexión de Ireneo no es una gnósis, en el sentido propuesto por Basílides y Valentín, de superación de la fe por la visión y la vivencia de ser portadores de emanaciones de la sustancia divina o Pléróma (v. i, 1). También para Clemente de Alejandría (n. en Atenas, el 150; v.), hay una gnosis cristiana, y el verdadero objeto de la fe es precisamente la gnosis (Stromata, II,11), y ello le inspira tanto su método de exégesis alegórica en las Hyptypóseis, como su Protreptikós o exhortación a los paganos a aceptar y conocer gnósticamente los misterios del Logos que llama a todos los hombres, y su Paidagogós o introducción a la ‘verdadera filosofía divina’. Sólo que esta gnósis se reduce a una reflexión científica, noética de los contenidos de la verdadera ‘filosofía’ que es el cristianismo. Más que gnosis debería llamarse noésis, pues presenta un marcado carácter intelectual y moral que se despliega en caridad (agapé) y en contemplación (theoria), bajo la acción de la gracia (Camelot, Foi et gnosis, París 1945). Orígenes (ca. 183-254; v.) continúa la obra de Clemente y la supera (v. i, 1). En el prefacio del Peri Arkhon expone su método y su intención científica: Se trata de constituir un cuerpo de doctrina coherente y fundado a partir de los contenidos de la Revelación pero sirviéndose de la razón cuanto sea necesario, ya para establecer bases filosóficas, ya para examinar, analizar, deducir, probar y descubrir analogías naturales. El fundamento de la doctrina mística de Orígenes es la concepción de Filón en su Comentario alegórico de las leyes santas (ed. Bréhier, 23-24) a los dos primeros cap. del Génesis, según el cual hubo una doble creación del hombre, uno celeste e inmaterial y otro terrestre y corpóreo. Orígenes estaba tan lejos de profesar el dualismo antropológico de los gnósticos (verdadero fundamento del concepto de gnosis) que aun aceptando la concepción filónica interioriza a estos ‘dos hombres’ y los unifica en el individuo humano: uno es el hombre interior, que se renueva cada día y que es capaz de gracia, de contemplación y de caridad y el otro es el hombre psíquico y sensorial que se debilita y se corrompe; a esta dualidad dentro del hombre corresponden dos inteligencias, psihké y noús y dos clases de amor, eros y agapé respectivamente (cfr. A. Nygren, Eros et Agapé, París 1944). En la obra Homilías in Numeros (XXVII), Orígenes establece la primera ‘escala’ de grados de purificación mística en la historia del pensamiento cristiano. En la última etapa, el alma está en diálogo abierto con el Esposo (Dios), le ve, le oye, le huele, le toca y le habla, y esta vivencia constituye la verdadera gnosis (cfr. Homilías sobre el Cantar de los Cantares). No cabe duda que este concepto de gnosis como experiencia mística, supera el concepto noético de Clemente, en lo que tiene de vivencia y se acerca algo al concepto de Valentín y del Poimandres; en este caso sólo Orígenes podría ser conceptuado como verdadero gnóstico cristiano, mas entonces también todos los místicos lo serían. La discriminación entre gnosis y experiencia mística (v.) no ha de fundarse tanto en el momento vivencial cuanto en el contenido de la experiencia, y éste difiere radicalmente en Orígenes, y en los místicos, del contenido de la gnosis propiamente dicha de Basílides, de Valentín y de las más sectas, que implica siempre un parentesco emanatístico y sustancial con el Pléróma divino. Dadas esas diferencia. radicales nos parece que la expresión ‘gnosis cristiana’ resulta equívoca, y que, sobre todo el término gnosticismo, debe reservarse a las sectas antes mencionadas. En tiempos recientes el gnosticismo ha suscitado gran interés. Se han señalado diversas herejías o errores modernos como nuevas formas de gnosticismo (p. ej., J. Bóhme, Hegel, el modernismo teológica, e incluso, en otro sentido, el marxismo). De hecho, con frecuencia la no aceptación plena de la Revelación por la fe (v.), con los intentos de ‘humanizarla’ y dar una demostración racional de todas las verdades o misterios que sólo se conocen por Revelación, produce, bajo la guía de modas o gustos personales, la aparición de unas ‘élites’ intelectuales o dirigentes, más o menos cerradas, a las que únicamente resultan accesibles ciertas elucubraciones especulativas que vienen a ser como formas renovadas de un gnosticismo estéril. V. t.: DUALISMO; HERMETISMO; MANIQUEísmo; DOCETISMO; ENCRATITAS; VALENTÍN Y VALENTINIANOS; PRISCILIANO Y PRISCILIANISTAS; PLOTINO; TEOSOFÍA; ASCETISMO 11, 3; MíSTICA 11, 2; etc.

BIBL.: W. BOUSSET, Hauptprobleme der Gnosis, Gotinga 1907; F. C. BURKITT, Church and Gnosis, Cambridge 1932; L. CENCILLO, La vida espiritual en las sectas gnósticas, en el maniqueísmo, los disidentes medievales y los cátaros, en B. JIMÉNEZ DUQUE y L. SALA BALUST (dir.), Historia de la Espiritualidad, III, Barcelona 1969, 419-554 (con bibl. y fuentes); L. CERFAUX, Gnose préchrétienne et biblique, en DB (Suppl.) 111,659-701: fD, en Recueil L. Cerlaux, I, Gembloux 1954; H. CORNÉLIS y A. LÉONARD, La gnosis eterna, Andorra 1961; C. FAGGIN, Gnosi e gnosticismo, en Enc. Fil. 3,292-298; M. FRIEDLÁNDER, Der vórchristliche jüdische gnostizismus, Gotinga 1898; R. M. GRANT, Gnosticism and early Christianity, Oxford 1960; H. LEISEGANG, Die Gnosis, Leipzig 1924 (trad. francesa, París 1951); H. CH. PUECH, Oú en est le probléme du gnosticisme?, ‘Rev. de 1’Univ. de Bruxellesn, enero-marzo 1934; G. QUISPEL, Gnosis als Weltreligion, Zurich 1951; L. TONDELLi, Gnostici, Turín 1950.

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

hermetismo

¿En qué consiste el Hermetismo?

Pregunta:

¿En qué consiste el Hermetismo?

 

Respuesta:

Condiciones históricas

El hermetismo es, sobre todo, una actitud religioso-moral nacida en el ambiente ‘místico’ de los últimos siglos del helenismo (s. i a. C. hasta el fin del paganismo), en que se funden tradiciones filosóficas y religiosas de Grecia con otras orientales y, sobre todo, de Egipto, Caldea e Irán. La mística (v.), y los movimientos ‘místicos’, puede ser de diferentes clases y aun de diversa naturaleza; así hay notable diferencia entre la mística verdadera, que a su vez puede ser natural o sobrenatural y natural al mismo tiempo, y otras cosas que a veces en la literatura y en la historia se designan apresuradamente como ‘místicas’. A su vez, según la concepción ‘mística’ de que se trate, ésta puede estar motivada o influida por factores muy diversos y aun opuestos (desde la huida del mundo hasta el amor al mundo, dentro del mismo cristianismo; también, p. ej., la llamada mística del hinduismo, v., es de naturaleza, origen y finalidad bien diversas, prácticamente opuestas a la cristiana). Teniendo esto en cuenta, puede calificarse el hermetismo como una cierta forma de misticismo. El hombre helenístico se encuentra solo en un mundo hostil; al no comprenderlo por desconfianza en las explicaciones de la ciencia, presta crédito sólo a su propia razón e interioridad; la tierra es mala y la vida un sufrimiento del que hay que librarse. De ahí toma auge una especie de ‘misticismo’, de raigambre antigua en Grecia (v. ORFISMO), como último recurso de evasión en esta época. Las condiciones históricas que motivaron el profundo sentimiento de angustia por la conciencia de la mísera condición humana en los s. II-III d. C. son diversas: crisis internas y externas, predominio de la soldadesca por la incorporación de bárbaros y mercenarios en el ejército, situación cultural y económica deplorables; en las grandes urbes grecorromanas el hombre era más bien un número, un átomo que no contaba ya activamente en la política como en las ciudades clásicas, etc. (v. HELENíSTICA, FIL.). De ahí que surja un inmenso deseo de evasión, de encontrarse en soledad, en el campo, en el desierto. Se multiplican las asociaciones religiosas, los conventículos, donde unos pocos devotos buscan en común la evasión del ambiente hostil; aumenta el influjo y atracción de las religiones de misterios como garantía de salvación e inmortalidad (v. MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS). Como hemos dicho, con la palabra mística se designan cosas distintas y a veces contrapuestas. Dentro de lo que suele considerarse ‘mística’ en el paganismo clásico se presentan como dos vertientes: una más bien teórica o de contemplación intelectual; y otra, ritual, a base de prácticas sacrales. En la primera (presente en la tradición platónica) es el hombre fundamentalmente quien se salva a sí mismo, sin mucho lugar para un dios salvador: la comunicación con la divinidad se alcanza con el solo ejercicio del pensamiento (noús); el hombre es el único responsable de sus actos y de su destino, por participar de la divinidad; el acto de culto es aquí la oración silenciosa. En la otra mística (preponderante en el oriente popular y antiguo), el hombre no parece capaz de salvarse por sí solo, necesita ayudas extrínsecas: la revelación o la ayuda divinas son indispensables; Dios reemplaza en el hombre el antiguo yo con uno nuevo, deificado, o bien le revela unos ritos que le permiten remontarse hasta Él por éxtasis (v. GNOSTICISMO I, 2). En una época avanzada las dos corrientes coinciden en autores como Porfirio, Jámblico y Proclo. Hermes Trismegistos. En esta época, de acuerdo con la tendencia griega antigua de buscar un ‘inventor’ (heuretés) para las diversas creaciones del espíritu, algunos autores tratan de atribuir sus ideas a personajes acreditados como depositarios de las verdades más antiguas, no tanto con intención de engañar, sino de prestigiar su pensamiento con un magisterio indiscutible y reconocido. Así los neopitagóricos vinieron atribuyendo sus escritos a Pitágoras a través de los tiempos (v. ORFIsmo). Los escritores herméticos fueron aún más lejos: Platón (cfr. Fedro y Filebo) había hablado del dios egipcio Theut (Thot) como inventor del alfabeto y de la escritura. Este dios, a su vez, fue identificado con el dios griego Hermes y le fueron atribuidos sucesivamente escritos, probablemente apuntes de lecciones o coloquios de restringidos círculos filosóficos. El dios Hermes Trismegistos es la denominación griega del dios egipcio Theut, dios de la cantidad y del número, de la escritura, de las bibliotecas, de los secretos, el autor de los más antiguos escritos sagrados, el maestro de isis (v. EGIPTO VII). Como inventor, los griegos le compararonmuy pronto con Hermes, y a las ciudades que tenían su culto las llamaban Hermópolis. Este sincretismo (v.) se difunde en la época ptolemaica. Una de las funciones de los sacerdotes egipcios era redactar el calendario de las fiestas, determinar los días fastos y nefastos, y ver las influencias de los astros sobre la vida humana; en sus santuarios se acumulaban horóscopos. En el s. III a. C. sus observaciones fueron traducidas al griego y clasificadas por materias con atribución a Hermes Trismegistos, revelador de toda verdad. Aumentaron estas atribuciones hasta que se formó una literatura astrológica al amparo de Hermes Trismegistos. En Egipto se llamaba ‘filosofía’ a esta literatura, entendida como una doctrina secreta, esencialmente religiosa. Desde el s. I d. C. se adjudica a Hermes una doctrina ‘filosófica’ en tratados cortos, cuyo conjunto formó en el s. 111 d. C. pequeñas colecciones. Se representa a Hermes Trismegistos entregando a los egipcios las letras y las leyes; se le considera, desde Tertuliano y Lactancio hasta el s. xvll, contemporáneo de Moisés y profeta pagano de la revelación cristiana. La doctrina hermética. No puede hablarse de una doctrina hermética sistemática, ya que en ella se dan contradicciones; cierta unidad, sin embargo, justifica la atribución conjunta de tales escritos al presunto Hermes y sus secuaces, pues convergen todos ellos en infundir una esperanza de liberación y en la pretensión de enseñar el camino para lograrla. La revelación de la verdad hermética exige el secreto, y el conocimiento por parte del trasmisor de la historia de su tradición, como prueba de la autenticidad divina de la doctrina recibida. Los escritos herméticos (v. i) son de gran interés para la historia del pensamiento y sentir religiosos de los primeros siglos de nuestra Era. No se trata tanto de una escuela filosófica como de una escuela en cierto modo ‘mística’ que, partiendo del debate de una cuestión corriente, escolar, y sin detenerse en su discusión, busca cualquier pretexto para evadirse y pasar a un tema de devoción: la grandeza de Dios, su bondad, omnipresencia, etc. Se distinguen dos tipos de h.: popular y culto. En el popular aparece una nueva concepción de la ciencia, distinta de la aristotélica y del racionalismo griego; incluye tratados de astrología (v.), alquimia (v.), magia (v.) y ciencias ocultas que se remontan hasta el s. I11 a. C. En cambio, el h. culto presenta una nueva concepción del conocimiento de Dios, en sí mismo o en sus relaciones con el mundo y el hombre: plantea auténticos temas de filosofía y teología. Tienen en común la confianza en una revelación, esperada y obtenida de la divinidad, de Hermes Trismegistos. Frente al intelectualismo científico aristotélico, la nueva ciencia tiende a descubrir el valor oculto de las cosas; de ahí su carácter mistérico, que pretende su origen del concurso de una revelación divina: la ciencia se obtiene con el culto o, en un plano inferior, con la magia. En su búsqueda de Dios el racionalismo presocrático terminó por no convencer por la heterogeneidad de sus concepciones y condujo al escepticismo. Paralelamente va surgiendo entre los griegos el sentimiento de la trascendencia divina. Todo esto, unido al pesimismo de la vida del hombre helenístico, termina en la concepción de un Dios supremo, bueno, por encima de un dios malo, creador de tanta miseria. Por su trascendencia este Dios supremo es incognoscible (ágnostos, ‘por encima de todo nombre’); se ha pasado del conocimiento racional de Dios al gnosticismo. Esta doctrina tiene como efecto una gnosis, un nuevo modo de conocer a Dios, que no se basa en la razón, sino en una ‘revelación’ que el hombre identifica con el sentimiento religioso. El resultado de la gnosis es la divinización del hombre mientras vive, su nuevo nacimiento o palingenesia. Lo más notable del éxtasis hermético es que el hombre suba al cielo sin abandonar la tierra; por ello puede afirmar que el hombre terreno es un dios mortal y el Dios divino un hombre mortal. El propio Hermes dice que ha nacido en el Noús. Soteriología. La doctrina de salvación hermética implica una antropogonía, dentro de una concepción cosmogónica, que pone de manifiesto el divorcio entre el mundo celeste, luminoso, y la materia tenebrosa. La cosmogonía es una teología, en cuanto detecta las relaciones entre Dios y la materia. La soteriología exige una ética y una escatología. En un primer momento existe la luz, que es inmutable y da origen a todo, con la consiguiente oposición Luz-Tinieblas. El mundo de las tinieblas es mudable y malo. El alma, nacida de la Luz, cayó en la materia por un pecado de narcisismo. La salvación del hombre consistirá en segregar en sí mismo el elemento espiritual y el material. El modo de lograrlo es reconocer la parte de Luz, de Intelecto Divino, que uno tiene por naturaleza. Esto exige una opción por la que sólo unos pocos se deciden, y un esfuerzo. Hay dos clases de hombres: los que optan por lo corpóreo y material, que son la gran masa; y los que persiguen la Luz y lo espiritual. Unida a Dios el alma del gnóstico es libre de obrar como quiera; no le son imputables sus acciones, ya que éstas se deben a la parte inferior de su ser, que no es el auténtico yo; esta doctrina puede conducir a una aberración moral, que aparece en diversos ‘misticismos’. El hombre está constituido por los doce elementos del Zodíaco, y cada uno de ellos aporta un vicio moral (ignorancia, tristeza, incontinencia, concupiscencia, injusticia, avaricia, engaño, envidia, fraude, cólera, precipitación y malicia). La regeneración, en su aspecto objetivo, precisa sustituir estos vicios por las diez virtudes divinas (conocimiento de Dios, alegría, continencia, dominio de la voluntad, justicia, bondad, misericordia, veracidad, bien, vida y luz). Subjetivamente el individuo se regenera en cuanto toma conciencia de la transformación que en él se realiza. La muerte es la pérdida de la doble envoltura anímica: el elemento material que encontró en última instancia, es decir, el cuerpo, y el que adquirió durante su caída hasta la tierra, o sea, la vestidura astral de la esfera más alta. Relaciones con otras doctrinas. En realidad el h. tiene poco de egipcio, aunque se presente como enseñanza del dios Thot. Más bien se relaciona, o toma elementos de la filosofía griega, el hinduismo (v.), el gnosticismo (v.), judaísmo (v.) y cristianismo (v.). Un problema capital de toda gnosis es la existencia del mal (v.) en el mundo y su explicación. El pensamiento griego no conocía la creación ex nihilo: identificaba más bien el mundo con Dios, divinizándolo y negaba, en consecuencia, la materia (v. ESTOICOS; PANTEíSMO); o afirmaba que la materia es distinta y contraria a Dios, como No-ser, identificando el Ser con el Bien, y la materia con el Mal, en cuanto No-ser (v. NEOPLATÓNICOS; DUALISMO); el h., como el gnosticismo, se inclinó en esta última dirección. Para llegar a Dios el método común desde Platón hasta el s. i a. C. fue la contemplación estética: la belleza del mundo conduce a la Belleza divina, como el reflejo de la luz a la misma luz; la contemplación del mundo sensible eleva a lo inteligible. Esta concepción optimista contrasta con el pesimismo gnóstico, que se aleja del mundo, de su contemplación, cerrándose en sí mismo paraencontrar al Dios en su propia intimidad. Aquí se refleja claramente el influjo oriental en el h. gnóstico, pues nada más contrario al espíritu griego que el alejamiento absoluto de la belleza. Las místicas orientales proceden por la vía de la renuncia: la mística india cierra los ojos al mundo y aun a la conciencia del propio yo; con esta desnudez intenta comunicarse con el Absoluto. El hermético, para salvarse, precisa una revelación de la gnosis, tomar conciencia de su origen divino y de la necesidad del retorno a Dios, y también fuerza para convertirse. En cambio, en la sabiduría griega el hombre es autosuficiente para lograr la salvación. El h. es una vertiente pagana de la gnosis. El ‘conocimiento de Dios’ (Gnosis Theoú) es una expresión frecuente en la versión griega del A. y N. Testamento (v. GNOSTICISMO I, 1). El cristianismo, por otra parte, es inconfundible con la gnosis hermética. La concepción dualista del Universo explica el drama gnóstico con la lucha entre el alma humana y la materia, al margen de Dios. En el cristianismo es básica la relación entre eJ mundo, el hombre, su alma y Dios. El pecado original es una ruptura de la amistad con Dios, no una caída progresiva en la materia. En el h. el verdadero yo se confunde con el entendimiento emanado de Dios. El cristiano recobra por el Bautismo la amistad con Dios, que nos impulsa a extender la obra de la Redención. Para el cristiano el sufrimiento es consecuencia del pecado (v.); como prueba del amor es instrumento de salvación; para el h. y la sabiduría griega el sufrimiento es un mal inevitable, que hay que aceptar fatalmente (v. DOLOR III-Iv). El concepto de ‘expiación’ (v.) es exclusivamente cristiano. V. l.: GNOSTICISMO 1; DUALISMO 11-111; MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS.

Por F. Sanmartí Boncompte, J. Banales Leoz

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

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BIBL.: A. D. NOCR y A. J. FESTUGIÉRE, Corpus hermeticum, 1-IV, 2 ed. París 1954-60; M. P. NILSSON, Geschichte der griechische Religion, II, Munich 1961, 581 ss.; A. J. FESTUGIÉRE, Hermétisme et Mystique palenne, París 1967; R. REITZENSTEIN, Poimandres, Leipzig 1904; H. CORNÉLIS y A. LÉONARD, La gnosis eterna, Andorra 1961; J. DORESSE, Les livres secrets des gnostiques d’Égypte, París 1958; L. Gtusso, La tradizione ermetica nella filosojia italiana, Milán 1955; y la indicada en I.

Meditación Trascendental

¿Qué es la «meditación trascendental»?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Le agradezco mucho sus respuestas que comparto con mi esposa. He leído en una pagina norteamericana (ABCNews.com) que trae noticias e información diversa, que hay estudios efectuados que demuestran que la meditación produce beneficios orgánicos y psíquicos diversos. Incluso, parece que en algunos hospitales de ese país se está comenzando a dar clases de meditación concentrando la atención en la respiración, por los efectos positivos que produce. Entonces ¿es pecado meditar? Yo creo, salvo su mejor opinión, Padre, que si uno no comparte teorías o doctrinas orientales, puede hacerse como una defensa antistress. Saludos y gracias una vez más.

Respuesta:

Estimado:

Le contesto brevemente tomando algunos datos del libro del P. Esteban Tavares Bettencourt, benedictino, ‘Crenças, religioes, igrejas e seitas: quem sao?'(Ed. O Mesageiro de Santo Antonio, Sao Paulo 1995, 79-82).

El fundador de la llamada ‘meditación trascendental’ fue Maharishi Mahesk Yogi, quien practicó esta técnica de meditación como ermitaño en el Himalaya y luego se dedicó a difundirla.

El término ‘trascendental’ pretende indicar que apunta a sobrepasar las cosas sensibles para alcanzar el centro del ser. Consiste en una técnica mental que lleva a la persona, primeramente, a colocarse en estado de relajación interior; y en ese estado intenta olvidar todas las realidades sensibles y vaciar la mente de todas las imágenes materiales que habitualmente lo distraen. Así se crea un estado de ‘percepción vacía’ que acarrea la cesación de emociones, sentimientos y afectos. Así (pretenden) la persona alcanza la realidad más íntima de su propio ser. En los sucesivos niveles de profundidad de la mente, el individuo se hace cada vez más consciente de su naturaleza divina (!). Este estado final es denominado ‘percepción pura’.

Hay personas que se dicen beneficiadas por la meditación trascendental cuando están todavía en los estados iniciales de sus ejercicios. Pero con el tiempo los efectos de la técnica son nefastos. Se han detectado consecuencias físicas de decaimiento, propensión a manifestaciones esquizofrénicas, con frecuentes accesos de cólera e impulsos incontrolables. Los problemas aparecen especialmente en muchos instructores y más rápidamente en quien más se entrega a la práctica.

Por otra parte resta el problema de la filosofía subyacente. Aunque muchos cultores afirmen que nada tiene que ver con la religión o filosofía, sin embargo, está ligada a la filosofía religiosa de los maestros hindúes que es el panteísmo. Su fundador afirma claramente un panteísmo al que apunta este ejercicio. También profesa la reencarnación.

Demás está decir que nada tiene que ver con la meditación cristiana propuesta por todos los grandes autores espirituales y que puede ver en el Catecismo nn. 2705-2708.

Puede ver Usted nuestro artículo sobre el ‘Yoga‘ y las citas que allí se encuentran sobre el documento ‘Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana’, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que trata de este tema.


El siguiente artículo es gentileza de la página www.corazones.org

Un método basado en la repetición de un ‘mantra’ por unos 15 a 20 minutos, 2 veces al día. Dicha mantra pretende ser estrictamente personal, un sonido que corresponde a la ‘vibración profunda’ de cada ser y que no debe ser revelado a terceras personas. Pero en realidad cada mantra es el nombre cifrado de una deidad hindú. Hay una deidad específica que se le da a meditar al adepto según su edad. Además se puede ir ampliando al cabo de unos meses mediante sucesivos pagos, hasta formar frases de adoración religiosa.

MT dice lograr que las hondas cerebrales sean coherentes pero no existe ninguna base para creer en esta jerga pseudo científica.

En 1977 la MT perdió un pleito en EE.UU. en el que se estableció su naturaleza religiosa y que no se trata de una verdadera ‘ciencia’ como sus proponentes intentan hacer creer.

En Alemania, el 6 de agosto de 1980, la MT pierde una querella contra el gobierno federal y este queda autorizado para afirmar que ‘la MT es una secta que puede conducir a daños psíquicos y destrucción de la personalidad’. Maharishi entonces huye a la India.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


EL CONFLICTO BASICO ENTRE EL MAHARISHI Y EL CRISTIANISMO
Pastoral de su Eminencia Jaime Cardinal Sin, Arzobispo de Manila, sobre ciertos aspectos doctrinales del Maharishi, 1984
.

Metodología del Campo Unido, considerada luego de efectuar consultas con expertos en teología.

La doctrina y enseñanza del Maharishi expone información relacionada con (1) Dios, (2) el hombre, (3) la manera de llegar a Dios, (4) el dolor y el sufrimiento y (5) el pecado que se manifiesta en abierta contradicción con la doctrina cristiana.

1. El ‘Dios’ del Maharishi es impersonal, en lugar del Dios manifestado en la revelación cristiana en donde Dios es un Dios personal que ama a cada persona humana de una manera íntima.

Al negar al Creador como ser Supremo y enseñar que ‘Todo es Uno’, el Maharishi suprime la distinción entre el Creador y la criatura. Esto conduce directamente al, o es una forma equivalente del panteísmo.

Se ha descubierto que los ‘mantras’ presentados a los seguidores del Maharishi son invocaciones, en la mayoría de los casos, a todas las deidades veneradas por los hindúes, negando así en un sentido real la unidad de Dios y fomentando el politeísmo.

2. El hombre es considerado capaz de lograr una perfección ilimitada, de ser totalmente liberado de todo dolor y sufrimiento a través de la práctica de la Meditación Trascendental (MT) realizada de la manera propuesta por el Maharishi. Asimismo, a través de la MT, el hombre puede encontrar la solución a todos los problemas que oscilan desde el control de los elementos hasta el logro de la indestructibilidad e inmortalidad.

Dos deficiencias, entre otras, se presentan claramente en esta doctrina: (a) la misma no acepta la inmortalidad del alma, ni la vida después de la muerte, como parte de la naturaleza del alma; (b) ignora completamente la existencia del pecado original, un dogma cristiano, y las consecuencias de las realidades de la vida.

3. Maharishi plantea la manera de llegar a Dios a través de la MT y la manifiesta como una manera interpretada por el mismo, sus libros, y sus seguidores. Además, la MT se presenta como la manera exclusiva de llegar a Dios.

Nuevamente, dos deficiencias se esconden detrás de estas afirmaciones: (a) el abuso del término MT que ha sido apropiado por ellos como si su método fuera ‘la’ MT por excelencia, la única auténtica (existe el misticismo cristiano, incluso los autores hablan del misticismo hindú y budista, y ciertamente, existe además el afamado método de meditación za-zen); y (b) la manera de llegar a Dios en la enseñanza actual para todos es el camino de la Cruz mientras somos peregrinos, como lo predicara explícitamente Cristo mismo, y fuera aceptado en la doctrina y en la vida cristiana. El heroísmo del sufrimiento cristiano fiel, manifestado con el mayor coraje y dignidad parece encontrarse ausente en la manera de llegar a Dios del Maharishi.

4. El rechazo del valor redentivo del sufrimiento y de la existencia de Cristo como el Redentor se encuentra implícito en el método del Maharishi con respecto al problema del dolor y el sufrimiento. En realidad, el Maharishi en su libro, Meditaciones del Maharishi Mahesh Yogi (Nueva York, Editorial Bantam, 1968, p.23), escribe explícitamente: ‘No creo que Cristo haya sufrido alguna vez o que Cristo pudiera sufrir.’ (Los seguidores del Maharishi han repetido esta afirmación en varios lugares.)

5. El pecado. El Maharishi trata de ignorar la existencia del pecado. A este respecto, el Maharishi sigue la doctrina védica que considera al pecado una cuestión corporal y que no tiene nada que ver con el espíritu o el alma del hombre. El concepto global del ‘pecado’, si se lo acepta implícitamente, es considerado como algo externo y legalista. El sentido real de la libertad y la responsabilidad se encuentra ausente, y los ‘efectos’ del pecado son objeto de rituales, mantras, y MT. No existe una conversión interior, sino un uso bastante manipulador de la MT para lograr las liberaciones.

En la base de este concepto y de este método se encuentra el concepto de Dios, del hombre, de la manera de llegar a Dios, del dolor y el sufrimiento descriptos anteriormente. A partir de este punto de vista, uno no puede ser un cristiano y un seguidor del Maharishi.

6. La MT puede ser considerada como doctrina (contenido) o técnica (método). Desde el punto de vista del contenido, el mismo no es aceptable para un católico, o para un cristiano en general. Desde el punto de vista de una técnica, de la manera en que el grupo del Maharishi la presenta, la MT no es aceptable debido a sus relaciones intrínsecas con la doctrina (observar información sobre los ‘mantras’ y el punto 1 y 2).

Esta clase de MT debe ser distinguida de las diversas formas de oración adecuadas a las actitudes religiosas orientales, algunas de las cuales podrían ser aceptables, e incluso beneficiosas, si fueran escudriñadas y utilizadas apropiadamente. La MT, no obstante, como la propone el Maharishi y como resultado final observado por la doctrina y los seguidores del Maharishi, es, por no decir otra cosa, bastante peligrosa. La misma llega a ser un escape y no un remedio. Su resultado inevitable, dentro del contexto de la doctrina del Maharishi, es la desensibilización de la conciencia tratando de liberar no la culpa y el desorden real sino solamente sus síntomas y su desasosiego concomitante.

Traducido del inglés por Teresa Galiano.

new age

¿En que consiste el fenómeno NEW AGE?

Pregunta:

¿En que consiste el fenómeno NEW AGE?

 

Respuesta:

I. Introducción
II. El New Age y la falsa esperanza
III.La rápida difusión del New Age
IV. Las creencias del New Age
V. La incompatibilidad del New Age con el Evangelio
VI. La responsabilidad de los católicos frente a las desorientaciones del New Age

18 Preguntas Acerca de la Nueva Era


I.- Introducción

1. Se acerca el fin del milenio y, con él, la celebración del gran jubileo de dos mil años de la Revelación viva y definitiva de Dios a la humanidad. La Encarnación de Jesucristo, único Redentor del hombre, ha sido, es y seguirá siendo el punto de referencia para vislumbrar el sentido de la historia y para definir la meta final hacia la cual está encaminada toda la creación.

2. La promesa esperanzadora del Hijo de Dios: Sabed que estaré con vosotros siempre, hasta el fin de los tiempos (Mt.28,20), parece haberse hecho de forma particular para los tiempos actuales que vive el mundo. En nuestros días se levanta algo así como una imploración colectiva al Dios del universo que supera las fronteras de raza, cultura y religión para que Él se haga presente entre los hombres; para que Él ilumine nuestros pasos y nos libere de la confusión e incertidumbre, de la injusticia y del miedo que oscurecen el horizonte. ¡Con cuánta fuerza se expresa este deseo en nuestra patria hoy día! ¿Acaso en alguna otra época de la historia de México se ha visto más ingente e insuperable el cúmulo de problemas y desafíos que hoy nos afrontan? ¿En qué otro momento hemos tenido tanta necesidad de una esperanza fundada en la providencia de Dios que despeje las hondas preocupaciones de nuestro pueblo? No cabe duda de que la situación actual de nuestro país – social, económica, política, moral y religiosa – exige a gritos una respuesta de la Iglesia fundada por Cristo para orientar a los fieles y restaurar la paz y la confianza al corazón de todos los hombres de buena voluntad.

3. En este sentido el Papa, en la carta apostólica Tertio millennio adveniente, se refiere al inicio del siglo 2000 como un nuevo adviento para la humanidad en el que la figura de Cristo se coloca de nuevo al centro de las aspiraciones del hombre. La Iglesia redobla su esfuerzo para anunciar a este Cristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb.13,8) y así ayudar a la humanidad a ‘cruzar el umbral del tercer milenio como umbral de auténtica esperanza’.

II. El New Age y la falsa esperanza

4. Si el fin del milenio trae consigo un acentuado anhelo de rotura con los profundos males que afligen al mundo, puede también propiciar la difusión de falsas esperanzas y promesas ilusorias. En nuestros días se ha suscitado por enésima vez el espíritu del milenarismo, es decir, la anticipación de una nueva era inminente, de un cambio radical e instantáneo que pondrá fin al presente estado de las cosas.

5. Quizá la expresión humanamente más atractiva pero, a la vez, más ambigua y cuestionable, de esta tendencia milenarista es lo que se llama comunmente el movimiento del New Age. Al contrario de lo que las sectas de corte adventista preven para el fin del milenio (un desenlace catastrófico cuyos sobrevivientes serán exclusivamente miembros de su propio grupo), el New Age pregona una edad de oro para toda la humanidad. El New Age es la creencia en el inicio de un mundo cualitativamente diverso y mejor que éste. Este paso evolutivo traerá consigo una iluminación de la conciencia de los hombres. Desvanecerá nuestra percepción fragmentada de la realidad y, supuestamente, veremos al universo entero como es: un todo vivo y único del cual nosotros mismos no somos más que una parte.

6. Todo el mensaje del New Age se reviste de un optimismo desbordante y se resalta lo positivo, lo fácil y lo inmediato de la transformación que propone. No es de maravillarnos, por tanto, que precisamente en estos años, su difusión a nuestro alrededor haya sido tan amplia. Por todas partes observamos que las librerías, las tiendas, los cursos y talleres, los retiros espirituales, las películas y los programas de televisión que promueven los contenidos y valores del New Age se multiplican. Sus ideas, sus campañas de concientización y su espiritualidad aparecen en los salones escolares de nuestros niños e inclusive en la predicación y enseñanza religiosa de instituciones católicas con creciente frecuencia. Respecto a esto, el Papa Juan Pablo II advirtió claramente a un grupo de obispos hace poco:

‘Las ideas del New Age a veces se abren camino en la predicación, la catequesis, los congresos y los retiros, y así llegan a influir incluso en los católicos practicantes que tal vez no son conscientes de la incompatibilidad de esas ideas con la fe de la Iglesia.’

III. La rápida difusión del New Age

7. No es sólo la cercanía del fin del siglo que estimula este interés generalizado en el New Age. Entre otros muchos podemos señalar cuatro factores que han facilitado su rápida expansión:

El rápido proceso de globalización en todos los campos del actuar humano

8. Apoyado por los asombrosos sistemas de informática y comunicación, el hombre tiene contacto inmediato con ideas y estilos de vida antes desconocidos. Los contactos y las opciones se multiplican casi al infinito. Las certezas y los valores de la propia cultura corren el riesgo de relativizarse si esta nueva apertura no va acompañada de un discernimiento bien fundado en la fe y en el rigor lógico.

La agresiva comercialización de todos los aspectos de la vida humana

9. El poder del mass media de crear la moda y de imponer estilos de vida hace muy vulnerables al hogar y a la sociedad tradicionalmente fundadas en principios humanos y espirituales arraigados en el cristianismo. Todo se cuantifica; el valor de las cosas se radica en su utilidad; cuanto más inmediato el resultado, más rentable el sistema, etc… Esta actitud ha invadido el campo del alma humano dando como fruto un supermercado de religiones y de alternativas espirituales, sin mucha preocupación por su veracidad o coherencia intrínseca.

El destierro de la fe del horizonte del saber humano

10. Casi tres siglos dominados por diversas formas de racionalismo filosófico, la exaltación de las ciencias empíricas y la difusión de la mentalidad positivista han logrado relegar la fe y la teología al campo del sentimiento o, en el mejor de los casos, de la opinión personal. Lo real, lo objetivo y científico sería lo que se produce en laboratorio o lo que se puede medir con gráficas y estadísticas. La religión termina siendo cuestión de preferencia subjetiva sin ningún lazo esencial con la verdad. Estando así las cosas, todas las religiones y todos los caminos espirituales resultan iguales…es decir, igualmente irracionales e irrelevantes.

La insaciable sed del ser humano de una transcendencia que dé sentido a su vida

11. Como reacción contra todo lo anterior, a lo largo de los últimos treinta años, el mundo entero se ha sacudido por una búsqueda de experiencia espiritual sin precedente. Tanto los pueblos que sufrieron largos años del socialismo materialista como las naciones libres, cautivas de un bienestar egoista, han visto resurgir la eterna tendencia del alma humano hacia la transcendencia. Pero por la confusión doctrinal y moral de nuestra época y el desencanto cada vez mayor con las formas religiosas tradicionales, el fruto más inmediato del nuevo despertar religioso ha sido la proliferación de las sectas, la fuga a los cultos naturalistas y mágicos, la popularidad de la espiritualidad oriental y el refugio en la religiosidad individual y personalista.

IV. Las creencias del New Age

12. Contra este fondo se alza la sombra del New Age. No es una secta, ni una religión. No es una organización única, ni sigue lineamentos unánimes y universales. No es ni ciencia ni filosofía, aunque se encubre de argumentos pseudo-científicos y discursos confusos que combinan ideas filosóficas y teológicas con cierta originalidad.

13. A veces se habla del New Age como un movimiento para señalar su naturaleza de red o network de muchos individuos y grupos que coinciden en una cierta visión del mundo y una aspiración común de cambiarlo. Lo que les une no es una estructura organizativa ni un código de doctrinas bien definidas, sino una misma mentalidad y una comunicación muy fluida. En este sentido podemos hablar de ciertas creencias básicas compartidas en mayor o menor medida por los integrantes del New Age. Así llegaremos a describir un fenómeno tan vasto y escurridizo que no permite una definición sintética.

El ecologismo

14. La ecología se ha colocado a la vanguardia de la opinión pública y como causa preferida de las altas esferas políticas, científicas y económicas. El despertar de la conciencia pública frente a los graves abusos que amenazan la vida del planeta y las campañas para lograr un clima de cooperación responsable entre naciones ricas y pobres son un bien necesario y urgente La conservación y el respeto a nuestro biosistema son responsabilidad de todos. Sin embargo, el New Age ha desarrollado su propia visión de la relación entre el hombre y el planeta a la que a veces se refiere como la ecología profunda. Se niega la diferencia de fondo entre la existencia humana y la no-humana. Se habla de una igualdad biocéntrica por la cual una montaña, una flor o una tortuga tendría el mismo derecho a la realización propia que un hombre. Se considera que el cosmos está animado por un espíritu único o guiado por una conciencia universal de la que el hombre es meramente otro participante más. Se fomenta el culto religioso a la naturaleza o a la madre-tierra como si fuera una realidad divina. Se llega a tachar al hombre como intruso y como una maldición para el cosmos y, en el seno del movimiento radical ‘verde’, se presiona para lograr de los gobiernos una legislación que disminuya la población humana y limite el desarrollo tecnológico para sanar al planeta.

El panteísmo

15. Del ecologismo exagerado nace una especie de espiritualidad planetaria que quiere ‘animar’ a toda la realidad cósmica o dotar a la creación de una fuerza mágica. Se pierde la noción de un Dios personal, realmente distinto y superior al mundo creado, en favor de una fuerza divina impersonal que es todo y que está en todo. Este regreso al panteísmo naturalista, que resultó definitivamente superado por el evento de la revelación cristiana, encuentra un apoyo en muchos nuevos movimientos religiosos de origen oriental y en un regreso a las religiones paganas. Por eso, el New Age frecuentemente pinta un cuadro romántico y poco realista de los cultos pre-cristianos y del misticismo oriental como si fueran estos ‘más naturales’ para el hombre o ‘más en consonancia con el espíritu cósmico’.

El gnosticismo

16. La tendencia de exaltar a la razón humana y de atribuirle poderes extraordinarios no es nada nuevo en la historia humana. En el campo religioso se manifiesta como el gnosticismo y fue una de las primeras amenazas a la pureza de la fe cristiana. Surgido pocos años después de la muerte de Cristo por el encuentro del cristianismo con el ambiente de la filosofía helenista, el gnosticismo decía ver en la Sagrada Escritura un mensaje escondido que sólo ciertas mentes iluminadas podrían descifrar.

Los gnósticos en general apelan a una sabiduría superior que sería la verdadera religión y punto de convergencia de todos los caminos espirituales y místicos. La desviación del gnosticismo, presente en todas las grandes tradiciones religiosas, ha sobrevivido y se ha diversificado encontrando en el New Age un campo de acción privilegiado. La Sociedad Teosófica fundada por Helena Blavatsky a finales del siglo pasado y sus derivaciones u organizaciones afines (la Antroposofía, la Gran Fraternidad Universal, los Órdenes de los Rosacruces, la Iglesia Universal y Triunfante, la corriente de la Metafísica representada en México por autores como Connie Méndez, la Actividad Religiosa ‘Yo soy’, el Nuevo Acrópolis y muchos otros) son los precursores ideológicos del New Age y actualmente son sus dedicados promotores. Los símbolos, las ceremonias y los grados iniciáticos de la masonería y de las organizaciones para-masónicas también revelan una estrecha asociación de fondo con la gnosis.

17. Si el gnosticismo quiere abrir la puerta a un intelecto superior, el esoterismo y el ocultismo prometen el pasaje a un actuar sobrehumano. Estas dos corrientes, hermanas del gnosticismo, pretenden por caminos diversos potenciar la voluntad humana echando mano a supuestas fuerzas cósmicas secretas. A través de mil técnicas antiguas y nuevas se abriría contacto con los ángeles, con guías espirituales desencarnados, con supuestas ‘vidas anteriores’ según el mito de la reencarnación, etc… No son pocas las personas y las organizaciones que ofrecen servicios de adivinación y de horóscopo, de hipnosis, de magia, de channelling (medium), de proyección astral y otras actividades igualmente absurdas, provocando un daño duradero a sus clientes que son, las más de las veces, personas vulnerables y desorientadas. En resumidas cuentas, el New Age comercializa lo irracional y lo nocivo para el alma humana y lo vende garantizando la transformación del consumidor.

La pseudo-ciencia

18. Los promotores del New Age se afanan por comprobar sus ideas y sus técnicas científicamente. Abusan de las observaciones de la física subatómica para sacar aplicaciones a la vida espiritual del hombre. Así, por ejemplo, se empeñan en borrar la frontera entre materia y espíritu, entre vida biológica y consciencia humana, afirmando que todo, a fin de cuentas, no es más que energía irradiada por el mismo cosmos.

19. La astrología, la ufología (la investigación de los ovni) se considerarían ‘ciencias’ lo mismo que la física o la química. Pero los auténticos expertos científicos se distancian del New Age y generalmente deploran sus conclusiones infundadas.

20. Pocos campos se han visto tan susceptibles a la manipulación del New Age como la psicología y la biología. A partir de la investigaciones del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939) y las teorías del ‘inconsciente colectivo’ y de los arquetipos de su discípulo Carl Gustav Jung (1875 – 1961), ha habido una sucesión muy variada de corrientes en la psicología que se relacionan en mayor o menor grado con las ideas y las terapias del New Age. En particular la así llamada psicología transpersonal, fundada por el psicólogo italiano Roberto Assagioli (1888-1974), pretende ir más allá de la experiencia psíquica del individuo en búsqueda de una conciencia colectiva superior que sería la puerta al descubrimiento de un ‘principio divino’ que yace en el fondo de todo ser humano. De ahí nacen una multitud de técnicas típicas del New Age: el biofeedback, el hipnosis, el rebirthing, la terapia Gestalt y la provocación de estados alterados de consciencia, inclusive con el uso de drogas alucinógenas.

21. Al mismo tiempo una serie de terapias alternativas han surgido como fruto de una visión más integrada de las facetas biológicas, psicológicas y espirituales del hombre y, también, como reacción contra la mentalidad positivista que a veces caracteriza la práctica de la medicina. Frecuentes son las exageraciones y los abusos del New Age en el campo de la medicina holística que base sus métodos de sanación en la interrelación entre cuerpo, mente y espíritu. Así, por ejemplo, se da la cromoterapia o la sanación a través de los colores; la curación a través de las ‘auras’ o campos energéticos que nos rodean; y el Rei-ki que promete recuperar el equilibrio de la energía personal por la aplicación de la energía universal a través de la imposición de manos a diversas partes del cuerpo.

22. Hay programas de potencial humano de dudoso fundamento científico, como la Dianética, el Método de Control Mental Silva, la Meditación Transcendental, etc… que producen una cantidad inverosímil de gráficos y reportes que supuestamente certifican la solidez de sus afirmaciones. Un lenguaje pseudo-científico permea sus libros y discursos para crear la impresión de ser un procedimiento ampliamente comprobado. Puede ser que algunos de sus clientes experimenten un bienestar inicial, logren una mayor tranquilidad, adquieran el hábito de una mayor concentración en su trabajo o lo que se les haya prometido. Pero muchas veces estos programas encubren una visión defectuosa del hombre, del mundo y de Dios. De forma imperceptible, llevarán al participante a afirmar o aceptar lo que el sentido común y la fe cristiana rechazan.

V. La incompatibilidad del New Age con el Evangelio

23. La característica más preocupante del New Age, fruto del conjunto de sus creencias, es el relativismo religioso, espiritual y moral. La meta final del New Age es introducir al hombre a lo que llaman sus ideólogos un nuevo paradigma, es decir, una forma totalmente diversa de verse a sí mismo y de percibir la realidad. Según eso, el hombre, para realizarse plenamente y transformar su mundo tendrá que darse cuenta de que él es parte de un ser cósmico, único, que está en plena evolución hacia la conciencia perfecta de sí. La conciencia humana, a pesar de su aparente individualidad, no es más que el penúltimo estado evolutivo de la revelación de la conciencia cósmica. El destino último del hombre no es una salvación liberadora de su naturaleza caída, sino el disolverse en el anónimo océano del ser como una gota de agua.

24. El New Age quisiera convencernos de que ‘las cosas como las vemos ahora’ (cultura, conocimientos, relaciones familiares, vida, muerte, amistades, sufrimientos, pecado, bondad, etc…) son mera ilusión, producto de una conciencia no-iluminada. El paso de la afirmación de que ‘todo es dios’ a la afirmación de que ‘no hay ningún dios fuera de ti mismo’ es pequeño y el New Age lo da con aires de auto-suficiencia.

25. Dentro del marco del New Age la revelación de Dios en Jesucristo pierde su carácter singular e irrepetible. Muchos serían los ‘mesías’ que han aparecido a lo largo de la historia, es decir, maestros especialmente iluminados que se presentan para guiar a la humanidad. Krishna, Buda, Jesús, Quetzacoatl, Mahoma, el Sun Myung Moon, Osho, Sai Baba e innumerables otros serían profetas de una misma talla con un mismo mensaje. El cristianismo resulta ser poco más que un período pasajero de la historia.

26. No obstante el hecho de que el New Age patrocine un sincretismo religioso confuso y no siempre bien intencionado, ciertas ideas suyas han encontrado una acogida calurosa en algunas personas e instituciones de la Iglesia Católica. La así llamada teología global rastrea las huellas de la revelación divina en todas las expresiones religiosas conocidas en búsqueda de un común denominador que puede servir como punto de encuentro para las religiones. Desafortunadamente en la práctica suele olvidarse de que la revelación es iniciativa de Dios, no invención de los hombres, y que tiene su culmen y su expresión definitiva en la Encarnación del Hijo único en la persona histórica de Jesús de Nazaret. Esta teología frecuentemente vacía al cristianismo de su contenido excepcional para ‘emparejarlo’ con otras creencias. Cuando esta corriente aparece abierta o veladamente en la enseñanza de algunos seminarios y centros de estudio católicos, no puede menos que suscitar una honda preocupación en el corazón de los fieles y de sus pastores.

La reencarnación

27. Entre las ideas básicas del New Age, merece particular atención la de la reencarnación o la trasmigración del alma que se encuentra en la mitología religiosa de algunos pueblos y, en especial, en la espiritualidad oriental. La idea de que el ‘yo’ personal del ser humano viva varias existencias en forma cíclica, cambiando sólo de cuerpo, a lo largo de centenares o miles de años hasta lograr su ‘iluminación definitiva’ es algo totalmente irreconciliable con la fe cristiana.

28. La creencia de la reencarnación afirma que la identidad personal e irrepetible de cada hombre es una ilusión o, por lo menos, que esta identidad es independiente del cuerpo que tiene cada uno. Manifiesta desdén para el sentido profundo de la corporalidad humana y menosprecia el valor de la libertad y de la responsabilidad moral de cada hombre. Pero lo más preocupante es que la reencarnación es abiertamente contraria a la revelación cristiana: ‘Si ése fuera el caso, Cristo habría tenido que morir muchas veces desde la creación del mundo. Pero el hecho es que ahora, en el final de los tiempos, Cristo ha aparecido una sola vez y para siempre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio para quitar el pecado. Y así como todos han de morir una sola vez y después vendrá el juicio, así también Cristo ha sido ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados de muchos.’ (Heb.9,26-28)

29. En la literatura popular de inspiración New Age abundan ‘testimonios’ y relatos que supuestamente comprueban no sólo el hecho de las ‘encarnaciones previas’, sino también de la posibilidad de llegar al recuerdo pleno y consciente de ellas. Los nuevos movimientos religiosos de corte New Age frecuentemente reconocen en sus líderes reencarnaciones de otras figuras históricas o míticas que han vuelto a la vida para seguir con la obra de iluminar a la humanidad. Las terapias alternativas de algunos programas de potencial humano pretenden ayudar a sus clientes a descubrir las raíces de sus problemas presentes en sus ‘vidas pasadas’ a través del hipnosis y otras técnicas de auto-sugestión. Todo eso ha logrado sembrar una duda en la mente de no pocos cristianos.

30. Pero es la verdad histórica y esperanzadora de la Resurrección de Jesucristo la que revela el fin último del hombre. No podemos negar la evidencia indiscutible que una y otra vez se presenta a nuestros ojos: la muerte alcanza a todos los hombres como desenlace terminante de su existencia. La vuelta a esta vida no es posible y no se da. A esta vida se sigue una transformación total y eterna de cada individuo, no una sucesión de vidas y muertes sin fin y sin sentido. Cristo venció la muerte de una vez por todas y somos partícipes de su victoria: ‘Porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados para no volver a morir. Y nosotros seremos transformados…Y cuando nuestra naturaleza corruptible se haya revestido de lo incorruptible y cuando nuestro cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, se cumplirá lo que dice la Escritura:
‘La muerte ha sido devorada por la victoria’…’ (1Cor.15, 52-54)

La meditación no-cristiana

31. Otro fenómeno especialmente desconcertante para los fieles católicos es el inexplicable entusiasmo con el que ciertos sacerdotes, religiosas y personas dedicadas a la enseñanza de la fe han abrazado las técnicas de meditación no-cristiana. Frecuentemente importadas del oriente, formas de asceticismo históricamente muy alejadas de la espiritualidad cristiana se practican en retiros, ejercicios espirituales, talleres, celebraciones litúrgicas y cursos de catequesis para niños.

32. Estas prácticas han nacido indiscutiblemente como disciplinas espirituales o actos religiosos en el seno de religiones tradicionales (como en el caso del zen, el tai chi y las múltiples modalidades del yoga) o en sectas o nuevos movimientos religiosos (como en el caso de la meditación transcendental y la meditación dinámica). A veces se hacen intentos de ‘cristianizar’ las formas, como sucedió, por ejemplo, con el centering prayer y el focusing, pero el resultado es siempre una forma híbrida que exhibe poco fundamento evangélico.

33. Por más que se insista en su valor exclusivamente como métodos, sin contenidos contrarios al cristianismo, las técnicas en sí no dejan de representar serios inconvenientes para el cristiano:

a) En su contexto propio, las posturas y los ejercicios vienen determinados por su específico fin religioso: son, en sí, pasos que orientan al practicante hacia un absoluto impersonal. Aún cuando se realicen en ambiente cristiano el sentido intrínseco
de los gestos permanece intacto.

b) Las formas de meditación no-cristiana son, en realidad, prácticas de concentración profunda y no de oración. A través de los ejercicios de relajamiento y la repetición de una mantra (palabra sagrada) se trata de sumirse en la profundidad del propio yo en búsqueda del absoluto anónimo. La meditación cristiana es esencialmente diferente en cuanto apertura e identificación con el Otro que nos interpela en un diálogo personal y amoroso.

c) Estas técnicas normalmente requieren que el practicante apague su mundo sentimental, imaginativo y racional para perderse en el silencio de la nada. A veces se procura un estado alterado de conciencia que priva temporalmente al sujeto del uso pleno de su libertad. La oración cristiana, al contrario, exige la involucración de toda la persona de manera activa, consciente y voluntaria. La oración de Jesucristo en Getsemaní (Lc.22, 39-44) es un ejemplo del papel tan fundamental que tienen las emociones y la problemática existencial propia en la oración. La meditación cristiana, lejos de ser una fuga de la realidad, nos enseña a encontrar su sentido pleno.

34. En el fondo, una oración que prescinde de la Palabra de Dios y de la vida y el ejemplo de Jesucristo, una oración que no es dialógo con el Amado y compromiso en la caridad tiene poco lugar en la vida de un cristiano. A propósito de estas observaciones y otras que se deben hacer en torno al tema de la meditación no-cristiana, es muy recomendable una
lectura detenida de la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe: Algunas orientaciones sobre la meditación cristiana.

35. Por último, hay que resaltar el hecho de que los promotores de la espiritualidad del New Age suelen afirmar su absoluta compatibilidad con la doctrina y la fe de los católicos. Eso podría ser en algún caso por ignorancia o por superficialidad. Pero en general, por lo menos en México, probablemente nace de un estudio de mercado: siendo el pueblo mexicano mayoritariamente católico se procura no herir la sensibilidad religiosa de los clientes potenciales. No es raro que organizaciones como la Gran Fraternidad Universal y programas como el Control Mental Silva, por nombrar alguno, se encubran de un vocabulario muy ‘cristiano’ y que presenten sus contenidos como el complemento ideal al catolicismo y que, sin embargo, lleven a sus adeptos hacia el panteísmo y la negación de la esencia del cristianismo.

36. En su reciente libro, Cruzando el umbral de la esperanza, el Papa Juan Pablo II dice: ‘No debemos engañarnos pensando que ese movimiento (el New Age) pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas.La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano.

37. En este breve análisis del fenómeno del New Age hemos podido aludir a algunos de sus elementos más inconformes con el mensaje cristiano:

a) despersonaliza al Dios de la revelación cristiana

b) disfigura la persona de Jesucristo, desvirtua su misión y ridiculiza su sacrificio redentor

c) niega el evento irrepetible de su Resurrección por la doctrina de la reencarnación

d) vacía de su contenido a los conceptos cristianos de la creación y de la salvación

e) rechaza la autoridad magisterial de la Iglesia y su forma institucional

f) relativiza el contenido original, único e históricamente fundado del Evangelio

g) deforma el lenguaje, dando un nuevo sentido a términos bíblicos y cristianos

h) se apoya falsamente en los místicos cristianos y trastorna el sentido de sus escritos

i) diluye irremediablemente la práctica de la oración cristiana

j) descarta la responsabilidad moral de la persona humana y niega la existencia del pecado

k) desorienta a los niños y a los jóvenes en su formación religiosa

l) divide y explota económicamente a las familias cristianas

38. Estos son aspectos negativos que afectan directamente la vida, las costumbres y la fe de los fieles católicos. Desde luego, sería un error tachar como dañoso a todo lo que el New Age aporta y ofrece. Su espíritu de apertura y diálogo, su insistencia en la necesidad humana de una experiencia religiosa profunda, su honda preocupación por la conservación del medio ambiente, su confianza en el poder creativo del ser humano, sus saludables recomendaciones para la dieta y la condición física, y su actitud de optimismo por encima de los graves males que afligen al mundo son sólo algunos de los puntos positivos que vienen espontáneamente a la mente.

39. Dicho esto, tenemos que reconocer con total honestidad que estas luces van esparcidas entre anchas lagunas e inquietantes ambigüedades. La fuerza con que las ideas y actividades del New Age se promueven y la atractiva mercadotecnia que las disfraza requieren del pueblo católico una respuesta clara y contundente a favor de su fe y sus convicciones vitales. Por eso, quisiera cerrar esta carta con unas recomendaciones concretas para la actuación de los fieles frente al New Age.

VI. La responsabilidad de los católicos frente a las desorientaciones del New Age

41. Todos tenemos la obligación de informarnos y educarnos para comprender este fenómeno tan complejo y para discernir entre lo que tiene de bueno, lo que es indiferente y lo que resulta incompatible con nuestra fe.

42. Los educadores católicos y padres de familia deben vigilar esmeradamente el contacto que sus hijos tengan con las ideas y la moda que el New Age promulga para evitarles confusiones, dudas e insatisfacciones. En particular habría que evitar un uso indiscriminado de los medios masivos de comunicación – televisión, radio, cine, música, y los sistemas de informática electrónica como el Internet – por los que el New Age tiene su mayor difusión.

43. Los fieles en capacidad de influir en la prensa y los medios de comunicación harán un servicio inestimable a los mexicanos y a la Iglesia si difunden información o proponen contenidos que sirven para orientar y dar criterios de juicio cristianos frente a la confusión que engendra el New Age. Así responderán positivamente a la invitación muchas veces repetidas por el Papa Juan Pablo II de hacerse partícipes de vanguardia en la tarea de la nueva evangelización, ‘porque la evangelización de la cultura moderna depende en gran parte del influjo de los medios de comunicación’.

44. Además de estar prevenidos, los católicos debemos defender activamente nuestra fe y nuestros valores en la vida real de la sociedad mexicana. Hay formas pacíficas y legítimas de protesta que sirven para presionar a los promotores de los aspectos del New Age que nos perjudican: no participar en las actividades de instituciones y empresas promotoras del New Age, no seguir programación televisiva que difunda sus ideas, no comprar los productos de sus patrocinadores, llamar la atención con cartas y artículos de prensa a las figuras públicas, educadores y políticos que endosan publicamente las ideas o prácticas del New Age, etc…

45. Nuestras parroquias e institutos educativos pueden ofrecer cursos y conferencias sobre los temas más controvertidos de esta corriente, pueden igualmente difundir literatura crítica y disponer de bibliografía que esclarezca los términos del problema y dé pautas para un juicio bien fundado.

46.¡Cuánta importancia tienen nuestros sacerdotes, pastores de almas, en la tarea de educar, prevenir y defender la fe de nuestro pueblo! Consciente de esto y con un sincero afán de apoyar y acompañarles en lograr los objetivos prioritarios del Segundo Sínodo Arquidiocesano, hago mía la invitación reciente del Santo Padre de renovar nuestra acción evangelizadora en vistas de las amenazas a la fe del presente tiempo. Tenemos que revitalizar nuestra predicación, ‘devolviéndole una fuerza kerigmática capaz de estimular las conciencias de los hombres contemporáneos, a menudo indiferentes, por lo menos en apariencia; o interesados en otros asuntos’.

47. El punto de convergencia de todos los esfuerzos pastorales sigue siendo el anuncio de Cristo, redentor del hombre: ‘Dios te ama, Cristo ha venido por ti’. De ahí la urgente necesidad de una predicación valiente, en contacto con los problemas y las dudas reales de nuestro pueblo. Tenemos que llevarles a los fieles, con nuestra palabra y con nuestro ejemplo, a una vida de oración más profunda que desemboca en la experiencia vital de Jesucristo. Tenemos que mostrarles la honda verdad de la doctrina que nace de nuestra fe en Él y ayudarles a apreciar las formas litúrgicas que nos unen con Él en la familia que es la Iglesia. Asimismo les exhorto a la búsqueda solícita y la escucha paciente de aquellos miembros del Cuerpo Místico más alejados y más expuestos a la duda o a los interminables asechanzas que el mundo moderno pone a la fe.

48. Con toda claridad, al inaugurar la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, Juan Pablo II nos indicó: ‘A ejemplo del Buen Pastor, habéis de apacentar el rebaño que os ha sido confiado y defenderlo de los lobos rapaces. Causa de división y discordia en vuestras comunidades eclesiales son – lo sabéis bien – las sectas y movimientos ‘pseudo-espirituales’ de que habla el Documento de Puebla (n.628), cuya expresión y agresividad urge afrontar’.

49. La referencia del Papa a los movimientos ‘pseudo-espirituales’ distintos de las sectas evoca inmediatamente la larga lista de iniciativas nacidas del fondo ideológico y religioso del New Age que hemos considerado en esta carta. La responsabilidad de actuar incisivamente frente a este problema multifacético en nuestra labor evangelizadora cae directamente sobre cada uno de nosotros.

50. Por tanto, todos estamos obligados a la formación continua para entender el New Age y su atractivo para los hombres de nuestro tiempo. Como el sabio del evangelio que saca de su tesoro lo nuevo y lo antiguo (cfr. Mt13,52), tenemos que testimoniar y predicar la inagotable riqueza y la penetrante verdad de la fe católica de manera cada vez más accesible y llamativa a todo aquel que nos pida razón de nuestra esperanza. Que los fieles católicos, con nuestra ayuda, descubran que todo lo que anhelan de vida espiritual, de sanación interna, de perdón y reconciliación, de encuentro con el misterio insondable del único Dios verdadero y su designio de salvación está ya presente de modo insuperable en la fe católica en la que fueron iniciados con su bautismo.

51. Nuestra fe es profunda. Tiene como su fuente el mismo Dios que se revela a los hombres en Jesucristo. Durante casi 2000 años Jesucristo ha guiado su Iglesia por medio del Espíritu Santo ‘hacia la verdad completa’ (Jn 16,13), como prometió en la noche de su pasión. El católico que experimenta su fe, que la conoce y la vive en toda su magnitud, jamás sentirá la necesidad de mendigar de las vanas promesas y medio-verdades del New Age.

52. Por último, permítanme, a manera de exhortación, hacer eco de aquella formidable invitación que el Papa Juan Pablo II hizo al pueblo mexicano desde nuestra Catedral Metropolitana en su primera e inolvidable visita a nuestra patria: ¡México, sé siempre fiel! ¡México siempre fiel!

53. Sin duda eso será el mayor reto del pueblo mexicano frente al tercer milenio: ser fiel. Ser fiel a nuestra historia, enriquecida con la vida de santos y la sangre de mártires. Ser fiel a nuestra identidad de mexicanos y de católicos a pesar de las tremendas presiones internas y externas que sufre nuestra nación. Ser fieles a Cristo que sigue siendo nuestra esperanza y nuestra meta. Ser fiel a nuestra Madre, María Virgen de Guadalupe, protectora de nuestro pueblo y
ejemplo de vida cristiana.

Los bendice su hermano y servidor,
+ Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México México

Tenochtitlán a 7 de enero de 1996, Epifanía del Señor Nota: Para una mayor difusión y comprensión del contenido de esta Instrucción Pastoral sobre el New Age presento a ustedes el folleto ’18 Preguntas acerca de la Nueva Era’.


18 PREGUNTAS ACERCA DE LA NUEVA ERA

La era nueva, los engaños de siempre…

Una y otra vez a lo largo de la historia el hombre ha soñado en la llegada de una edad de oro para la humanidad, de un mundo feliz y perfecto en el que no hubiera ni enfermedad, ni pobreza, ni guerra, ni hambre, ni limitaciones, ni divisiones. Quisiera ver
el universo entero transformarse delante de sus ojos magicamente y convertirse en algo radicalmente nuevo. Quisiera librarse
definitivamente de la problemática mundial de la que l mismo es la causa. Este suelo sigue vivo y se deja sentir con más vigor que nunca en nuestro da al acercarse el fin del milenio. Nuestro mundo, técnicamente avanzado, pero espiritualmente hambriento, experimenta una profunda desilusion frente al bienestar que no borra su pobreza, a la libertad que no quita su esclavitud y a la ciencia que no despeja su honda incertidumbre. De unos treinta años para acá se viene formando una ola
cultural/filosófica/religiosa que pretende reaccionar contra el presente estado de la humanidad y empujar la humanidad hacia una nueva conciencia, hacia una nueva forma de ser espiritual. A esta ola le llamamos la Nueva Era (New Age) y, hoy por hoy, no hay ningún aspecto de nuestra vida que no ha sentido sus efectos de alguna forma. Las ideas y los objetivos de la Nueva Era recogen elementos de las religiones orientales, el espiritismo, las terapias alternativas, la psicología transpersonal, la ecología profunda, la astrología, el gnosticismo y otras corrientes. Los mezcla y los comercializa de mil formas, proclamando el inicio de una nueva poca para la humanidad. Pero, en el fondo, no parece ser más que otro intento vano del hombre de salvarse a si mismo haciendo promesas que no puede cumplir y atribuyendose poderes que no posee. Y mientras la fantasía de la Nueva Era nunca ser más que fantasía, ha logrado sembrar confusión en los corazones de muchos fieles.

En este breve folleto tratamos de responder a las preguntas más frecuentes sobre la Nueva Era. El tema es complejo y ha llenado las páginas de muchos libros. Aquí solo esperamos aclarar las dudas iniciales que surgen en torno a la materia y extender una invitación a todos los fieles y sus pastores a profundizar en el fenómeno de la Nueva Era y comprender la amenaza que representa para la integridad de la fe.

1. ¿La Nueva Era es una secta religiosa?

No. La Nueva Era no es una secta, ni una iglesia, ni una religión. Es una forma de ver, pensar y actuar que muchas personas y organizaciones han adoptado para cambiar el mundo según ciertas creencias que tienen en común. Pero no tiene jefe, ni reglas, ni doctrinas fijas, ni disciplina común.

2. Por qué, entonces, se dice que es una nueva religión?

La Nueva Era habla de muchas cosas que tocan nuestra fe: Dios, la creación, la vida, la muerte, la meditación, el sentido de nuestra existencia, etc… pero no es una religión. Toma diversos aspectos de muchas religiones y también de las ciencias y de la literatura y los mezcla con cierta originalidad para dar respuestas fantásticas a las preguntas más importantes de la vida humana. A veces inclusive usa un lenguaje cristiano para expresar ideas muy contrarias al cristianismo.

3. Quiénes pertenecen a la Nueva Era?

Todo tipo de persona puede formar parte de la Nueva Era. Sus líderes y pensadores suelen ser gente de la revolución contra cultural de los años 60 y 70 que rechazó los valores y los caminos religiosos tradicionales a favor del libertinaje, de la cultura de la droga, del amor libre y de los experimentos de las comunidades utópicas. Hoy sus ideas están tan difusas que gran número de personas las comparten sin un rechazo formal y evidente de su propia cultura o su estilo de vida.

4. ¿Que cree la Nueva Era?

Lo típico de la Nueva Era es el espíritu de individualismo que permite a cada quien formular su propia verdad religiosa, filosófica y ética. Pero hay algunas creencias comunes que casi todos los participantes de la Nueva Era comparten:

a) El mundo esta por entrar en un periodo de paz y armonía mundial sellado por la astrología como la era de acuario.

b) La era de acuario ser fruto de una nueva conciencia en los hombres. Todas las terapias y técnicas de la Nueva Era pretenden crear esta conciencia y acelerar la venida de la era de acuario.

c) Por esta nueva conciencia el hombre se dará cuenta de sus poderes sobrenaturales y sabrá que no hay ningún Dios fuera de si mismo.

d) Cada hombre, por tanto, crea su propia verdad. No hay bien y mal, toda experiencia es un paso hacia la conciencia plena de su divinidad.

e) El universo es un ser único y vivo en evolución hacia el pleno conocimiento de s y el hombre es la manifestación de su auto conciencia.

f) La naturaleza también forma parte del único ser cósmico y, por tanto, también participa de su divinidad. Todo es dios y dios est en todo.

g) Todas las religiones son iguales y, en el fondo, dicen lo mismo.

h) Hay maestros invisibles que se comunican con personas que ya han alcanzado la nueva conciencia y les instruyen sobre los secretos del cosmos.

i) Todos los hombres viven muchas vidas, se van reencarnando una y otra vez hasta lograr la nueva conciencia y disolverse en la fuerza divina del cosmos.

5. ¿Qué dicen los de la Nueva Era cuando uno les hace ver que estas creencias son pura fantasía?

Cuando alguien no acepta esta absurda visión de Dios, del hombre y del mundo la Nueva Era le dice que su conciencia todavía no est iluminada y que su comprensión est condicionada por esquemas culturales que serán superados en la nueva era.

6. ¿Pero cómo esperan comprobar unas creencias que no corresponden en nada a la realidad?

Normalmente echan mano a testimonios de experiencias sujetivas personales que son tan imposibles de verificar como lo son
de desmentir. A veces se apoyan en mitos o en leyendas de las tradiciones de los antiguos pueblos. A veces toman datos de las ciencias y los aplican a la vida espiritual del hombre como si las mismas leyes rigiesen en ambos mundos.

7. ¿Si las cosas están así, qué lugar hay en la Nueva Era para el Dios que se nos reveló en Jesucristo?

Ninguno. El Dios de la fe católica es una persona, el dios de la Nueva Era es una fuerza impersonal y anónima. El Dios de la fe católica es Creador de todo, pero no se identifica con nada de lo creado. El dios de la Nueva Era es la creación que poco a poco se va dando cuenta de s mismo. El Dios de la fe católica es infinitamente superior al hombre, pero se inclina hacia el para entrar en amistad con el. El Dios de la fe católica juzgar a cada hombre según su respuesta a ese amor. El dios de la Nueva Era es el mismo hombre que est más allá del bien y del mal. En la Nueva Era el amor más alto es el amor a s mismo.

8. ¿La Nueva Era dice algo de Jesucristo?

La Nueva Era dice que Jesucristo fue un maestro iluminado más entre muchos. Dice que la única diferencia entre Jesucristo y los demás hombres es que l se dio cuenta de su divinidad mientras la mayoría de los hombres todavía no la descubren. De esta forma la Nueva Era le quita a Jesucristo su carácter único e irrepetible de Hijo de Dios y ridiculizan el hecho de que Dios se hizo hombre para salvarnos del pecado.

9. ¿Un católico puede aceptar la creencia en la reencarnación?

En absoluto. La reencarnación es la creencia en una cadena de regresos a esta vida bajo diverso aspecto corporal. Si fuera cierta, mi libertad será inútil y mis decisiones, luchas, esfuerzos, sacrificios y sufrimientos en la vida no tendrán ningún valor, pues a fin y a cabo tendrá que hacerlo todo de nuevo una y otra vez. Si la reencarnación fuera cierta, la pasión y muerte de Cristo no tendrán sentido y su resurrección no nos asegurara la redención. La resurrección es la transformación definitiva del ser humano y la entrada a la eternidad. Se muere una sola vez y a la muerte sigue la resurrección y el juicio. Como dice San Pablo: Si nuestra esperanza en Cristo es únicamente para esta vida, somos los más miserables de entre los hombres (1Cor 15,19).

10. ¿La Nueva Era no se confunde con el ecologismo?

No. El verdadero ecologismo busca conservar el planeta y respetar todas las formas de vida, especialmente la vida humana que tiene un valor muy superior a todas las demás ya que el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios. El ecologismo exagerado de la Nueva Era dice que el hombre vale lo mismo que una ballena o un monte o un árbol. Llega a considerar al hombre como el peor enemigo del planeta en vez de verle como su guardián y su dueño.

11. ¿Hay también una música que se dice nueva era?

Si. La música nueva era se llama así porque se inspira en algunos temas de gran interés para la Nueva Era: la naturaleza, las religiones de los pueblos antiguos, las culturas orientales, etc… Suele ser música instrumental, mezclada con sonidos naturales, a veces muy repetitiva, otras veces sin melodía ninguna.

12. ¿Está mal escuchar esta música?

La música nueva era es como cualquier otra música: una combinación de sonidos más o menos agradable al oído. Lo que podrá hacerla mala será algún contenido dañoso (la letra) o algún uso irresponsable de la música (v.g. para ayudar inducir un estado alterado de conciencia; para provocar sentimientos negativos, etc.).

13. ¿Por qué habla tanto la Nueva Era de energía?

Una de las ideas básicas de la Nueva Era es que toda la realidad visible, el hombre incluido, se reduce a una energía cósmica. Según eso, mientras el cosmos est en fase evolutiva, su energía se manifiesta de muchas formas: una piedra, el viento, la mente humana, etc… Supuestamente hay cosas, lugares y ejercicios que pueden aumentar nuestra capacidad y nuestro control de esta energía (llevarse puesto un cristal de cuarzo, visitar una pirámide u otro lugar sagrado el día del equinocio primaveral, realizar ciertas posturas del yoga, etc.).

14. ¿Los programas de control mental, sanación y auto superación son un engaño?

Hay que ver y juzgar cada programa por separado. Pero algunos programas enseñan simples técnicas de relajamiento, concentración, memoria o fortalecimiento de la voluntad que producen resultados inmediatos en sus clientes. A estas técnicas, que no tienen nada de extraordinario, las revisten de un lenguaje pseudo científico y las ponen como un gran descubrimiento o un secreto de la sabiduría antigua. Frecuentemente se pasa de una terapia psicológica o emocional al mundo espiritual, incorporando elementos del panteísmo, del gnosticismo o de la espiritualidad oriental sin prevenir al cliente. A los resultados más modestos en el campo humano se les atribuye un carácter sobrenatural. De ah se convence al cliente de sus poderes especiales, su conciencia iluminada, o de cualquier cosa. Lo peor es que algunos de estos programas se presentan como un complemento excelente al cristianismo cuando, en el fondo, se basan en conceptos incompatibles con la fe católica.

15. ¿Las nuevas técnicas de meditación sirven?

La Nueva Era no tiene ningún reparo en mezclar formas religiosas de tradiciones muy diversas, aún cuando hay contradicciones de fondo. Hay que recordar que la oración cristiana se basa en la Palabra de Dios, se centra en la persona de Cristo, lleva al dialogo amoroso con Jesucristo y desemboca siempre en la caridad al prójimo. Las técnicas de concentración profunda y los métodos orientales de meditación encierran el sujeto en s mismo, le impulsan hacia un absoluto impersonal o indefinido y hacen caso omiso del evangelio de Cristo.

16. ¿Y el yoga?

El yoga es, en su esencia, un ejercicio espiritual y corporal nacido de la espiritualidad hindú. Las posturas y ejercicios, aunque se presentan como un simple método, son inseparables de su sentido propio en el contexto del hinduismo. El yoga es una introducción a una tradición religiosa muy ajena al cristianismo. La palabra yoga significa unión. Habría que preguntarnos: unión con qué?

17. ¿Por qué la Nueva Era da tanta importancia a la astrología, al horóscopo, al tarot, al contacto con los espíritus, etc…?

Las antiguas técnicas de adivinación y el espiritismo siempre han provocado la curiosidad de la gente. La Nueva Era ha sellado un renacimiento del interés en el ocultismo, la magia, la astrología y las prácticas medinicas. Son corrientes que pretenden dotar al hombre de poderes mentales y espirituales sobrenaturales y colocarlo como dueño absoluto de su propio destino. La Nueva Era borra las distinciones entre materia y espíritu, entre lo real y lo imaginario, entre lo posible y lo imposible. Pero ningún esfuerzo de la Nueva Era lograr conciliar el ocultismo, el esoterismo o el espiritismo con la fe y la vida del católico. (cfr. #2115 2117 del Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica)

18. ¿Quiénes promueven la Nueva Era en México?

De alguna forma se puede llamar promotores de la Nueva Era desde una brujita que hace limpias en la Pirámide del Sol en Teotihuacán hasta famosas personalidades en los medios de comunicación que se dedican a temas de esoterismo comercial y popular. Pero hay algunas organizaciones internacionales que también operan en México. Por ejemplo:

a) La Sociedad Teosfica: fundada en 1875 en Nueva York por la rusa Helena Petrovna Blavatsky (1831 1891), espiritista y médium. Su doctrina es una mezcla de espiritismo, ocultismo, principios gnósticos y espiritualidad oriental. Las creencias principales del la Sociedad incluyen la reencarnación, la comunicación con maestros desengranados, el yoga, la astrología .

b) La Nueva Acrópolis: fundada en Argentina en 1957 por Jorge Angel Livraga. Es un grupo ocultista y gnóstico inspirado principalmente en los escritos de Blavatsky y una mezcla de los conceptos de pensadores antiguos. Sus miembros buscan un estado espiritual superior a través de sugestivas ceremonias de iniciación y la utilización de muchos símbolos y ritos típicos de grupos paramilitares.

c) Control Mental Silva: fundado en Laredo, Texas en 1966 por José Silva (n.1914), consiste en cursos breves de técnicas de control interno y concentración por las que se busca controlar las ondas mentales hasta alcanzar la Sobre Conciencia, o el dominio total de sus estados mentales. El método contiene elementos de espiritismo y sutilmente lleva sus practicantes al panteísmo. Maneja muchos conceptos fundamentales de la Nueva Era y centra la esperanza de salvación en los poderes mentales del hombre. A pesar del hecho de que muchos de los maestros del método hablan un lenguaje cristiano y aseguran a sus clientes que el método les ayudar en su vida espiritual hay elementos substanciales del programa incompatibles con la fe católica. Ultimamente la organización Silva en México se ha dedicado a recabar firmas de sacerdotes y monjas que aprueban el método para facilitar su promoción en ámbitos católicos.

d) La Meditación Trascendental: fundada en 1958 por Maharishi Mahesh Yogi en India pero, no se popularizó hasta 1967, gracias a la publicidad ofrecida por los Beatles y otros artistas famosos de la contra cultura de los años 60. En su doctrina, que nace del hinduismo, se busca la iluminación de la conciencia por la reflexión personal mediante la repetición de mantras (palabras sagradas) y ritos religiosos. Implícitos en la enseñanzas de la MT son el rechazo de doctrinas esenciales al cristianismo (un Dios personal, la Encarnación, la Resurrección, etc…) la veneración del Maharishi y del Guru Dev como santos y mensajeros divinos.

e) La Gran Fraternidad Universal: fundada en 1948 en Caracas por el francés Serge Reynald de la Ferrire (1916 1962), quien era muy activo con grupos de teósofa, astrología y la masonería. Su doctrina se basa en prácticas astrológicas, esotéricas y ocultistas, y afirma que todas las religiones son iguales, aunque favorece creencias y prácticas hindúes. Presenta un sincretismo religioso que apela a una ciencia superior que es la verdadera base de toda religión.

f) La Iglesia de Cienciologa / Diantica: fundada por L. Ron Hubbard (1911 1986), novelista de ciencia ficción que en 1950 publicó Diantica: La ciencia moderna de la salud mental, un manual de autoconocimiento y desarrollo de potencialidad humana basada en el análisis de experiencias previas al nacimiento. Las asociaciones de médicos más prestigiosas de los EU han condenado repetidamente las teorías y las terapias de la Diantica como totalmente carentes de base científica y dañosas para la salud mental. Su teoría es que todos los males humanos son causados por engramas o cargas negativas que se graban en lo inconsciente del hombre y provocan estragos continuos.

Para librarse hace falta una audición de parte de un experto que recomendar una serie de cursos que supuestamente llevar al cliente al estado de claro o libre de engramas. La reencarnación y las experiencias extra corporales forman parte de la doctrina de la secta. Hubbard también tiene escritos que atacan duramente al cristianismo. La Iglesia de Cienciologa ha sido definida como una secta destructiva y belicosa y sostiene muchas asociaciones de carácter social y humanitario para lograr mayor aceptación en la sociedad, por ejemplo: Narcanon y la Comisión Ciudadana de los Derechos Humanos.

Instrucción Pastoral del Arzobispo Primado de México – Norberto Rivera Carrera, 7-01-1996.

Rosacruz

Las ideologías y filosofía de la Orden Rosacruz ¿Son compatibles con la fe Católica?

Pregunta:

Quisiera saber si las ideologías y filosofía de la Orden Rosacruz, convergen o divergen de las ideologías y filosofía Cristiana.

 

Respuesta:

Contesto con cuanto dice el ‘Diccionario de las Religiones’, dirigido por el Cardenal Paul Poupard (Cf. Herder, Barcelona 1987, pp. 1546-1547.):

‘Es menos una secta religiosa que un sincretismo de origen gnóstico y alquímico, de tipo iniciático, que propone una síntesis del conocimiento de la naturaleza, del secreto de las fuerzas cósmicas, del misterio del tiempo y del espacio, o de los poderes místicos de las religiones o sabidurías de Egipto, e Babilonia, de Grecia y de Roma. La Antigua y Mística Orden de la Rosacruz (AMORC) se inspira además en el cristianismo.

Doctrina. La revelación de Jesús iba dirigida a una pequeña minoría. Las Iglesias la ocultaron o la ignoraron. Los rosacruces son sus únicos depositarios. ‘Nuestro fin es tomar el relevo de la Iglesia. La tierra es una gran escuela, a la que retornamos reencarnándonos’. La astrología constituye una parte importante de la enseñanza impartida, pues permite disponer de ciertos poderes. Existe una gran tolerancia: todo rosacruz puede dirigirse al Dios de su religión o de su corazón. El saber se transmite de manera secreta y privada, dentro de la tradición de los grandes iniciados.

Difusión. Cuenta con unos 6.000.000 de fieles en el mundo. Tienen una organización muy estructurada con influencia en ciertas organizaciones políticas y con verdadera irradiación en Estados Unidos’.

Recomiendo especialmente la lectura del trabajo crítico sobre los Rosacruces hecho por Mons. Boaventura Koppenburg y publicado en el libro del CELAM (Conferencia Episcopal Latinoamericana), ‘Las sectas en América Latina’ (Editorial Claretiana, Buenos Aires 1986, pp. 184-199).

P. Miguel A. Fuentes, IVE