Sai Baba

¿Quién es realmente Sai Baba?

Pregunta:

¿Quién es realmente Sai Baba?

Respuesta:

Mientras algunos artistas, políticos y funcionarios de diversos países han revelado e incluso difundido abiertamente su ‘devoción’ al denominado ‘Sai Baba’, cientos de denuncias de ex fanáticos del líder hindú han revelado algunos aspectos desconocidos de su vida que incluyen la violación de menores, enriquecimiento y el permanente abuso sexual a sus seguidores.

  • Quién es Sai Baba

  • Las creencias

  • La organización

  • Las denuncias

  • Más testimonios

  • ¿Milagros famosos?


¿Quién es Sai Baba?

Sathyanarayana Raju -su verdadero nombre- nació el 23 de noviembre de 1926. Su padre fue Pedda Venkama Raju y su madre, Easwaramma. A los catorce años -luego de algunos hechos considerados por él como sobrenaturales- se declaró como la reencarnación de Sai Baba de Shirdi, el denominado santo de Shirdi de la región de Maharashtra, quien falleció en 1918.

En 1944 realiza su primer viaje como ‘sabio’ a la región de Bangalore. Desde este momento empieza a vestir una túnica que inicialmente fue gris claro, después blanco y finalmente de color azafrán.

Entre 1948 y 1950 construyó el denominado Prasanthi Nilayam (‘La Morada de la Paz Suprema’), una especie de centro de adoración. Entre sus discípulos más cercanos se encuentran P.V. Narashima Rao y S. B. Chavan hasta P.N. Bhagwati y T. N. Seshan.

El Fideicomiso Central Sathya Sai Baba administra la Academia de Música de Prasanthi Nilayam. El Fideicomiso Médico administra el hospital de Rs 3,000 millones ( $ 67 millones USD). La extensión total de la propiedad es de 245 hectáreas. Sai Baba tiene otras residencias en Whitefield, cerca de Bangalore y en Kodaikanal, donde pasa los meses de marzo a junio.

Hay 2,560 Centros denominados ‘Sai’ en el extranjero. Sai Baba ha salido de la India sólo una vez en el año 1968 cuando viajó a Uganda.

Las creencias

Según los devotos la misión de Sai Baba no incluye la creación de una nueva religión, secta o culto, lo cual ha motivado que personas de diferentes religiones se acerquen a él, aunque al final dejen su propia religión.

Según dice el principal fin es ‘estimular y motivar al individuo en la búsqueda de la autorrealización. Las personas que tienen su propia fe deben profundizar en ella, sin que se les perturbe’.

El carácter universal de su misión esta representando en el Sarva Dharma o emblema que simbólicamente engloba a todas las religiones.

Sai Baba se ha hecho famoso por sus curaciones, por la supuesta materialización de una variedad de sustancias que reparte entre su público (incluyendo comidas calientes y líquidos), por su supuesta facultad de bilocación, teleportación, levitación y precognición, y por sus fenómenos luminosos.

Ha sido objeto de limitados estudios por parte de los investigadores psíquicos de Occidente, que no han podido probar la validez de sus proezas paranormales.

Muy pronto, Sathya Sai Baba atrajo a seguidores asombrados ante sus milagros y cautivados por su personalidad aunque muchos lo criticaron y rechazaron. Erlendur Haraldsson, psicólogo de la Universidad de Islandia e investigador psíquico, comenzó en 1973 una investigación de los fenómenos paranormales relacionados con Sai Baba que se prolongó durante diez años. Para ello debió realizar varios viajes a la India a fin de entrevistar a Sai Baba, a sus seguidores y a sus críticos, siendo acompañado varias veces por Karlis Osis, quien por aquel entonces formaba parte de la American Society for Psychical Research; en una oportunidad por el doctor Michael Thalbourne, de la Universidad de Washington; y en otra ocasión por el doctor Joot Houtkooper, de la Universidad de Amsterdam.

Sai Baba se negó a someterse a experimentos controlados a fin de verificar sus facultades psiquicas haciendo de esta manera imposible la obtención de pruebas irrefutables.

Las investigaciones de Haraldsson establecieron que las predicciones precognitivas de Sai Baba no siempre son precisas así como que no todas sus curas son efectivas.

La organización

Los detalles de cómo funciona la organización de Sai Baba fueron revelados por Harii Sampath, ex-miembro del Cuerpo de Inteligencia y Seguridad del Ashram Prasanthi Nilayam

En una carta el ex devoto dice que ‘Quiero compartir con todos varias observaciones que pude hacer acerca de la operación Sai Baba durante mis años como miembro del cuerpo de inteligencia y seguridad del Ashram. Primero les quiero contar lo que sé por hecho. Sai Baba es un tremendo fraude y tiene mucha gente ayudándole en diferentes niveles. La mayoría de la ayuda más seria y la asistencia más activa procede de un círculo de no más de seis a diez individuos, casi todos indios, que han estado con Sai Baba por décadas. Es este grupo precisamente, el que tiene un control total de los fondos y que responde sólo y directamente a Sai Baba’.

Más adelante revela que hay un segundo nivel de personas, probablemente un número entre doce y veinte, esto incluye a algunos extranjeros y que responden algunas veces directamente a Baba, pero por lo regular tienen que ir a través del círculo más cercano. Estos no controlan los fideicomisos, pero si tienen un acceso limitado a algunos de los fondos según les permitan Sai Baba y su círculo más íntimo.

Según Harii Sampath algunas de las funciones del segundo grupo es apoyar la base del primer grupo manteniendo el mito de Sai Baba ‘vivo’ en el extranjero, promoviendo actividades entre los devotos extranjeros, organizando sutilmente las donaciones de grandes cantidades de dinero y lo más importante de todo, promoviendo el espectáculo de los ‘milagros’, tanto entre los devotos nacionales como entre los extranjeros.

El círculo más íntimo y más cercano a Sai Baba son por lo regular miembros del fideicomiso central de Sai Baba y muy raramente cambian. Este fideicomiso también incluye a hombres muy eminentes con altos puestos, pero estas ‘figuras públicas’ nunca reciben la autoridad para manejar los fondos, sino que más bien están para ser un enlace efectivo en las antesalas del poder y añadir un aura de respetabilidad a la Organización Sai.

La recompensa para estos ejecutivos de más bajo nivel por su ‘lealtad’ es una entrevista anual con Sai Baba concertada por los miembros del fideicomiso de segundo nivel. La mayoría de estas personas no saben la historia de Sai Baba completa, algunos de ellos hasta se creen que Sai Baba es ‘divino’ y poderoso y actúan con creencias mal guiadas. Otros saben exactamente lo que está sucediendo y están solamente cumpliendo con su papel para recibir ‘promociones’ como lo harían en cualquier otro negocio. Estos son los que preparan todas las conferencias.

Las denuncias

En un artículo de la Revista ‘India Today’, publicado el 4 de diciembre del 2000, un grupo de ex devotos cuentan la verdad acerca de Sai Baba.

La revista señala que ‘para los ex devotos de Sathya Sai, es como si en un instante hubiesen perdido a su dios para siempre. Es una experiencia devastadora que los transporta de una prometida ‘moksha’ (liberación) a un infierno privado. Una desilusión que tiene tres etapas – rechazo, pesar e indignación’.

Las principales denuncias de este grupo están centradas en señalar que el ‘dios hindú’ no es más que un abusador sexual de niños y jóvenes. Uno de ellos es Jeff Young, un norteamericano que hasta hace poco era presidente de la Organización Sai en la región Sur Central de los Estados Unidos.

Young sostiene que que su hijo Sam fue sexualmente molestado por el hombre-dios desde 1997 -cuando Sam tenía 16 años- hasta 1999 . Esta misma denuncia fue publicada por primera vez en el Daily Telegraph de Londres.

Para los Young esta fue una espantosa experiencia, sobretodo porque ellos llevaban veinte años de reverenciar a Baba.

La revista India Today sostiene que ahora ellos ‘se estremecen de pensar que se sentían ‘bendecidos’ creyendo que el hombre-dios estaba asistiendo al bienestar espiritual de su hijo y alegan que en todo ese tiempo estuvo sometiendo a Sam a un sistemático abuso sexual. En una sola visita, ellos recuerdan haber recibido siete entrevistas privadas, mientras que Sam fue llamado a entrevistas él solo 21 veces’.

En los últimos meses, una letanía de alegaciones similares a las de los Young han salido a la superficie, en su mayor parte inspiradas por un documento llamado ‘The Findings’, escrito por el ex devoto inglés, David Bailey, quien se ha convertido en el principal expositor y recolector de las numerosas denuncias de ex devotos de Baba.

Uno de estos denunciantes es Hari Sampat un ingeniero de Chicago que sirvió como voluntario de seguridad interna en el ashram de Baba de 1992 a 1995 quien declara ‘haber oído de estas actividades de pederastía’. ‘Las investigué y encontré que eran reales. Fue entonces que me di cuenta de que tenía que exponerlo todo.’

Sampat, y otros como él del Reino Unido, de los Estados Unidos, Europa y Australia han identificado víctimas de abuso sexual de Baba y las han animado a que hagan sus relatos en los medios de comunicación de diferentes países.

Estas crecientes alegaciones están hoy en día siendo tomadas muy en serio en muchos de los países del occidente ocasionando una proliferación de defecciones en los grupos de Sai Baba.

En Gran Bretaña, después del artículo en el Daily Telegraph, el MP de Trabajo, Tony Colman, introdujo el tema en el Parlamento. Un ex ministro llamado Tom Sackville también se refirió al asunto diciendo que ‘las autoridades han hecho muy poco hasta ahora y eso es una pena’. Existe ahora un movimiento para exhortar al gobierno británico a que manifieste avisos a las personas que quieran visitar el ashram de Baba.

En Australia también, The Sunday Age sacó un artículo sobre el abuso sexual de Baba.

En Munich, Alemania, Jens Sethi, un ex devoto que alega que él también fue molestado ha levantado una queja en la oficina del Procurador Público.

En Suecia, el grupo central Sai ha cerrado sus puertas, así como una escuela basada en programas educativos ideados por educadores del ashram de Baba en Puttaparthi.

En los Estados Unidos, desilusionados devotos ‘están bombardeando’ a la oficina de la Secretaria de Asuntos Exteriores.

La Revista señala que frente a estas acusaciones el grupo más allegado alrededor de Baba ataca los cargos de abuso sexual de dos maneras. Uno, simplemente denunciándolo como un ataque anti-Hindú- especialmente porque la mayoría de los que hacen los cargos son extranjeros. Y dos, predicando que todo lo que Baba hace es una ‘enseñanza’. Aun cuando esté haciendo algo que luzca como inmoral o malo. Ellos alegan que lo hace por un propósito y por lo tanto no puede ser cuestionado.

Hasta ahora, no hay quejas formales que se hayan hecho en la India. ¿Quiere decir esto que la mayoría de los abusos se llevaron a cabo con occidentales? Jed Geyerhahn, un norteamericano que alega haber sido molestado por Baba cuando tenía 16 años, no está de acuerdo con esa teoría ‘Yo lo que creo es que los jóvenes occidentales lo están diciendo y los indios no. Los jóvenes occidentales no tienen tanto que perder’.

La mayoría de estos desilusionados ex devotos dicen que están determinados a luchar para que se inicie algún tipo de acción legal y seguir presionando hasta que algo suceda.

Conny Larson, de Suecia, fue devoto de Baba por 21 años. Sus alegaciones aparecieron por primera vez en el Daily Telegraph de Londres el 20 de octubre de este año.

‘Baba me llamó para varias entrevistas privadas. Yo no sabía que sucedía entre él y yo, pero le creí cuando me dijo que él era Dios y me estaba ayudando con mis problemas’.

Más testimonios

Jens y Gurprit Sethi de Gran Bretaña escribió un carta en la que contaba toda la historia de su relación con Baba. ‘Les estoy dando una detallada narrativa de mis traumáticas experiencias con Sathya Sai Baba y espero que esto le pueda a ayudar a la gente a comprender de lo que él se trata. Todos los detalles son correctos y se pueden considerar un testimonio. Yo podría, y así lo haría, testificar lo siguiente ante una corte abierta’ dice Sethi.

‘Yo tengo 35 años y he estado interesado en lo espiritual desde mi niñez. Por mucho tiempo fui devoto de Jesús y del Padre Pío, entonces, después de leer ‘la Autobiografía de un Yogui’ de Yogananda, me incliné hacia el sendero del yoga’.

Más adelante relata que en octubre de 1988 se convertió en un ferviente seguidor de Sathya Sai Baba, y fue a Puttaparthi por primera vez en Septiembre de 1989. ‘Desde entonces visité Puttaparthi todos los años y estaba totalmente absorto en el aura de Sai Baba. Yo estaba totalmente convencido de que era un Avatar y me hice tan devoto que estaba pensando y contemplando sólo en él todo el tiempo’, señaló

El ex devoto señala que en 1993 comenzó a sospechar un poco debido al estilo de vida de Sai Baba y las actividades en el ashram.

‘Todos los años veía costosos edificios nuevos y sentí que se estaba desarrollando una creciente comercialización. En 1996 vi a Baba saliendo del ashram en un costoso ‘Jaguar» y otros coches caros como un ‘Mercedes’ y un ‘BMW’ de la línea más costosa’.

‘Yo espero que esta pesadilla se acabe pronto y espero que por la Gracia del Todopoderoso, todos en el mundo se enteren de las fechorías de Sai Baba, un poderoso demonio que vino en el disfraz de un santo ilegítimo, interesado solamente en su auto-glorificación, nombre y fama.Él es un maestro-de la decepción’.

La misma historia de decepción la vivió la ex presidente de la región central norte en Iowa (Estados Unidos) quien renunció a este cargo el 28 de Mayo del 2000.

En su carta Shirley Pike señala que ‘la razón de mi renuncia probablemente los escandalizará y consternará a muchos de ustedes. Hace unas semanas recibí una información de una compañera devota de muchos años acerca de un correo electrónico que había recibido concerniente a actos de pederastía por Sathya Sai Baba. Yo le pedí me enviara el correo electrónico y personalmente investigué la información que contenía. Hablé personalmente con varios individuos que habían tenido experiencia directa con el comportamiento inapropiado de Sai Baba.

Estos individuos son respetables, creíbles e inteligentes y no tienen ningún empeño en simplemente quejarse. Yo salí de esas conversaciones creyendo a esos individuos y por lo tanto he renunciado y es por eso que estoy escribiendo esta carta’.

Más adelante señala que ‘estoy apesadumbrada porque he llegado a creer que Sai Baba es un charlatán que ha usado el poder recibido a través del amor y la reverencia de sus seguidores y las verdades de las antiguas Doctrinas Védicas y las escrituras para molestar sexualmente a niños y jóvenes de la edad de ocho a treinta años’.

¿Milagros famosos?

Respecto a los numerosos milagros que se le adjudican a Sai Baba el mismo Sampath, ex-miembro del Cuerpo de Inteligencia y Seguridad, aseguró que son mentiras y lo que pretenden es atraer la atención de más ‘fieles’.

Por ejemplo contó el supuesto milagro de un rescate en un accidente automovilístico en Alemania en la que se dice que ‘una pareja de ancianos de Alemania estaban visitando a Baba por primera vez en Abbotsbury, Madrás, donde Baba se estaba quedando.

Ellos estaban sentados en la primera fila y cuando Sai Baba, después de pasar por donde ellos estaban, se paró, se regresó y les dijo: ‘Su hija y su yerno estuvieron a punto de ser chocados por un camión en una carretera de Alemania, yo los salvé’. Efectivamente sucedió el accidente pero la verdad fue otra.

Sampath cuenta que ‘la hija y el yerno de ellos tuvieron un angosto escape de un choque con un camión y habían llamado al hotel donde se estaba hospedando la pareja de ancianos en Madrás para contarles.

Como la pareja ya había salido del hotel para ir a ver a Baba, el mensaje fue pasado a un miembro del grupo con el que habían venido, quien corrió a Abbotsbury para decirles pero que no pudo entrar al darshan porque todas las filas estaban ya llenas, por lo que le pasaron el recado a uno de los voluntarios principales para que le llegara a la pareja de Alemania que estaba adentro.

Al ser oída la noticia, ésta llegó a Sai Baba por medio de un fiel que le dijo:’Por la gracia de Swami, la hija y el yerno de esa pareja de alemanes acaban de salvarse de un accidente automovilístico en Alemania’.

Sai Baba, por supuesto, sonrió y dijo ‘Yo sé, yo sé…’.

Otro de los supuestos milagros que cuentan es una que circuló en 1996 cuando un avión, preparándose para aterrizar en Venezuela, comenzó a tener problemas muy serios. El piloto anunció que todo estaba perdido. Una devota de Sai Baba abordo le rezó a Sai Baba y ¡vio a Sai Baba aparecer en el cielo!

Llevaba la palma de la mano derecha mirando hacia arriba y realmente parecía que estaba aguantando el avión hasta que aterrizó a salvo. La devota de Sai Baba rápidamente sacó su cámara y tomó una foto de ‘Swami en el cielo entre las nubes’ (Rs50 en PN por cierto). Este incidente fue reportado en el periódico ‘Venezuela Times’ como: ‘Santo hindú aparece en el aire para salvar avión’.

La realidad -cuenta el exdevoto- fue la mujer -quien tenía en sus manos el libro ‘Avatar’ que tiene la foto de Sai Baba- entró en pánico y retrató lo que ella creía que estaba viendo por la ventana del avión. La situación del avión estaba bien y aterrizaron sin problema alguno.

Tomado de www.aciprensa.com

yoga

¿Es lícito el Yoga?

Pregunta:

Necesito saber qué grado de peligrosidad tiene para un cristiano la práctica de la gimnasia Yoga. ¿En qué puede comprometerme como creyente cristiano?, ya que esta práctica se ofrece libremente en Parroquias, escuelas, etc. y además están recomendadas por sacerdotes católicos.(P/ej. Padre Antony de Melo y Padre Ignacio Larrañaga), que promueven ejercicios del Yoga para entrar en oración con Dios. ¿Que me pueden aconsejar? Los saludo en Cristo Jesús.

 

Respuesta:

1. El Yoga

En el pensamiento tradicional hindú el yoga es un conjunto de técnicas de ascésis y métodos de meditación para lograr la unión con la divinidad o con lo divino; puede describirse también como un conjunto de técnicas y ejercicios de ascetismo y de dominio de sí, que comprende desde ejercicios y métodos físicos, gimnásticos, corporales, respiratorios, etc., más o menos naturales, hasta complicadas prácticas y procedimientos de concentración mental o meditación, posturas, etc.; todo esto mezclado con ideas filosófico-religiosas propias del hinduismo, con la pretensión de llegar a una mística o unión con lo divino. Hay varias formas de yoga: la clásica (expuesto por Patañjali), la budista, la jaina. En su aspecto técnico necesita una iniciación, pues no puede aprenderse en solitario, sino que hay que tener un maestro, un guru[1].

‘Las técnicas del yoga consisten en suprimir los estados de conciencia, calmar las vibraciones mentales y reemplazarlas por una experiencia intuitiva, extra-racional'[2].

Para eso, el yogui tiene que pasar por ocho etapas que señalo porque son importantes para hacer un juicio moral[3]:

1. El freno de sí mismo (yama), que implica disciplina de las emociones y de las pasiones, un vivir sencillo, laborioso, honesto, morigerado, etc.

2. El freno de la mente (niyama), obtenido por medio de un régimen oportuno de lavados internos, buscando la purificación física (sin esto no podría soportar los difíciles ejercicios de los estadios siguientes).

3. Las posturas y actitudes (âsana y mudrâ) que son muy numerosas (algunas conocidas como la ‘del loto’, en la cual se suele figurar el Buda; la ‘del árbol’, en la que se sostiene con un solo pie, teniendo el otro apoyado con la planta sobre el interior del muslo; la ‘del sostenerse sobre la cabeza’; etc.). Muchos creen equivocadamente que todo el yoga se reduce a esto, es decir, hacen de él un método gimnástico.

4. Los ejercicios de respiración (prânâyâma) con sus tres etapas (inspiración, respiración y parada del soplo durante un tiempo determinado.

5. El abstraer los sentidos del mundo exterior (pratyâhâra).

6. La concentración de la mente (dhâranâ) que posibilitan mantener la mente fija sobre un determinado asunto, sin posibilidad de distracción.

7. Control de la voluntad (dhyâna). Es un estadio de total alejamiento de toda sensación, de calma interior sin pensamiento alguno.

8. El éxtasis (samâdhi) o aislamiento del verdadero Yo de los ilusorios velos de las apariencias (mâyâ). Apunta al conocimiento del verdadero Yo mediante la extinción de la individualidad a través de una extraordinaria concentración del pensamiento.

Suele decirse que estas etapas van acompañadas por poderes extraordinarios y por conocimientos sobrehumanos que corresponderían al contacto del yogui con la ‘Verdad’; o al menos se pueden manifestar poderes telepáticos o fenómenos similares.

2. Problemas médicos

Como se ve por lo dicho más arriba el Yoga mezcla principios de orden filosófico y religioso con elementos físicos (posturas, métodos de relajación, de concentración, etc.). ¿Es posible separar la metodología de autodominio corporal de sus principios filosóficos? En cierta medida es innegable. Suponiendo que una persona sólo usa del yoga como ejercicio físico y de meditación, ¿puede esto perjudicarlo? Según escribía Carlo Rizzo (quien fuera docente en la cátedra de Enfermedades Nerviosas y Mentales, en la Universidad de Roma en la década del sesenta) para realizar adecuadamente el método físico que el yoga enseña en sus primeros estadios es necesario ser joven y además estar exento de enfermedades cardio-respiratorias o pleuro-pulmonares, de lo contrario algunos ejercicios no podrán ser realizados con la necesaria intensidad y perseverancia, resultando dañosos para el organismo del aprendiz. Pero sobre todo hacía importantes reservas desde el punto de vista psiquiátrico respecto de los últimos estadios yógicos, por cuanto tales experimentos de autodominio podrían favorecer -en individuos jóvenes, inmaduros o constitucionalmente provistos de un sistema nervioso poco sólido- la aparición de manifestaciones psicopatológicas (del tipo histérico o psicasténico)[4].

En cuanto a aquellos que se limitan a usar del yoga lo que prescribe para la tercera o cuarta etapa, sólo hay que decir que se trata de un comportamiento superficial que no puede ser considerado propiamente yoga.

3. Problemas filosóficos y teológicos

Hay que señalar algunos recelos totalmente justificados que impone el uso del yoga por parte de un cristiano.

A) Ante todo, ‘en las ideas y técnicas del yoga en sus varias escuelas y formas, junto a elementos naturales (afirmaciones o prácticas que pueden ser útiles para el domino de sí o para la oración), se encuentran elementos que difícilmente se pueden considerar válidos, ni aun naturalmente (por ejemplo, la tendencia al panteísmo, la disolución de la persona y de la actividad personal como meta ideal de la ‘mística’, confusas y equívocas explicaciones sobre la naturaleza humana y sus relaciones con el resto de la realidad, infravaloración de aspectos de este mundo, etc.)'[5].

Es cierto que pueden separarse los ejercicios físicos y psíquicos del yoga de las ideas de fondo del pensamiento yoga. Pero esto no es siempre fácil de hacer, y especialmente hay que tener en cuenta que la mayoría de los autores que divulgan las prácticas yogicas participan también de las ideas orientalistas que están debajo.

B) Si no es inmoral, al menos es indudablemente muy peligroso el que recurre a la técnica yoga en orden a adquirir (creyendo que lo conseguirá de este modo) algún poder mental como la telepatía o alguno de los fenómenos relacionados. Esto es jugar con fuego y exponerse a despertar alguna tendencia histérica o paranoica.

C) ¿Qué decir de uso de las técnicas yogicas como auxiliares de la oración cristiana? Me parece que el posible uso erróneo de estas técnicas (como de cualquier otra inspirada en las modas orientalizantes) queda suficientemente advertidas en la Carta de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre ‘algunos aspectos de la meditación cristiana’. Este documento responde al valor que pueden tener para los cristianos formas de meditación o métodos orientales. En una nota aclara que ‘Con la expresión ‘métodos orientales’ se entienden métodos inspirados en el Hinduismo y el Budismo, como el ‘Zen’, la ‘meditación trascendental’ o el ‘Yoga’. Se trata, pues, de métodos de meditación del Extremo Oriente no cristianos que, no pocas veces hoy en día, son utilizados también por algunos cristianos en su meditación. Las orientaciones de principio y de método contenidas en el presente documento, desean ser un punto de referencia no sólo para este problema, sino también, más en general, para las diversas formas de oración practicadas en las realidades eclesiales, particularmente en las Asociaciones, Movimientos y Grupos'[6].

Al tratar sobre los modos erróneos de hacer oración dice[7]: ‘Ya en los primeros siglos se insinuaron en la Iglesia modos erróneos de hacer oración, de los cuales se encuentran trazas en algunos textos del Nuevo Testamento (cfr. 1 Jn 4, 3; 1 Tm 1, 3-7 y 4, 3-4). Poco después, aparecen dos desviaciones fundamentales de las que se ocuparon los Padres de la Iglesia: la pseudognosis y el mesalianismo. De esa primitiva experiencia cristiana y de la actitud de los Padres se puede aprender mucho para afrontar la problemática contemporánea.

Contra la desviación de la pseudognosis[8], los Padres afirman que la materia ha sido creada por Dios y, como tal, no es mala. Además sostienen que la gracia, cuyo principio es siempre el Espíritu Santo, no es un bien propio del alma, sino que debe implorarse a Dios como don. Por esto, la iluminación o conocimiento superior del Espíritu -‘gnosis’- no hace superflua la fe cristiana. Por último, para los Padres, el signo auténtico de un conocimiento superior, fruto de la oración, es siempre el amor cristiano.

Si la perfección de la oración cristiana no puede valorarse por la sublimidad del conocimiento gnóstico, tampoco puede serlo en relación con la experiencia de lo divino, como propone el mesalianismo. Los falsos carismáticos del siglo IV identificaban la gracia del Espíritu Santo con la experiencia psicológica de su presencia en el alma. Contra éstos los Padres insistieron en que la unión del alma orante con Dios tiene lugar en el misterio; en particular, por medio de los sacramentos de la Iglesia. Esta unión puede realizarse también a través de experiencias de aflicción e incluso de desolación. Contrariamente a la opinión de los mesalianos, éstas no son necesariamente un signo de que el Espíritu ha abandonado el alma. Como siempre han reconocido los maestros espirituales, pueden ser en cambio una participación auténtica del estado de abandono de Nuestro Señor en la Cruz, el cual permanece siempre como Modelo y Mediador de la oración.

Ambas formas de error continúan siendo una tentación para el hombre pecador. le instigan a tratar de suprimir la distancia que separa la criatura del Creador, como algo que no debería existir; a considerar el camino de Cristo sobre la tierra -por el que El nos quiere conducir al Padre- como una realidad superada; a degradar al nivel de la psicología natural -como ‘conocimiento superior’ o ‘experiencia’- lo que debe ser considerado como pura gracia.

Distintas formas erróneas, que resurgen esporádicamente a lo largo de la historia al margen de la oración de la Iglesia, parecen hoy impresionar nuevamente a muchos cristianos, que se entregan a ellas como remedio -psicológico o espiritual- y como rápido procedimiento para encontrar a Dios[9].

Pero estas formas erróneas, donde quiera que surjan, pueden ser diagnosticadas de modo muy sencillo. La meditación cristiana busca captar, en las obras salvíficas de Dios, en Cristo -Verbo Encarnado- y en el don de su Espíritu, la profundidad divina, que allí se revela siempre a través de la dimensión humano-terrena. Por el contrario, en aquellos métodos de meditación, incluso cuando se parte de palabras y hechos de Jesús, se busca prescindir lo más posible de lo que es terreno, sensible y conceptualmente limitado, para subir o sumergirse en la esfera de lo divino, que, en cuanto tal, no es ni terrestre, si sensible, ni conceptualizable[10]. Esta tendencia, presente ya en la tardía religiosidad griega -sobre todo en el ‘neoplatonismo’-, se vuelve a encontrar en la base de la inspiración religiosa de muchos pueblos, enseguida que reconocen el carácter precario de sus representaciones de lo divino y de sus tentativas de acercarse a él.

Con la actual difusión de los métodos orientales de meditación en el mundo cristiano y en las comunidades eclesiales, nos encontramos de frente a una aguda renovación del intento, no exento de riesgos y errores, de fundir la meditación cristiana con la no cristiana. las propuestas en este sentido son numerosas y más o menos radicales: algunas utilizan métodos orientales con el único fin de conseguir la preparación psicofísica para una contemplación realmente cristiana; otras van más allá y buscan originar, con diversas técnicas, experiencias espirituales análogas a las que se mencionan en los escritos de ciertos místicos católicos[11]; otras incluso no temen colocar aquel absoluto sin imágenes y conceptos, propio de la teoría budista[12], en el mismo plano de la majestad de Dios, revelada en Cristo, que se eleva por encima de la realidad finita. Para el fin, se sirven de una ‘teología negativa’ que supera cualquier afirmación que tenga algún contenido sobre Dios, negando que las cosas del mundo puedan ser una señal que remita a la infinitud de Dios. Por esto, proponen abandonar no sólo la meditación de las obras salvíficas que el Dios de la Antigua y Nueva Alianza ha realizado en la historia, sino también la misma idea de Dios, Uno y Trino, que es Amor, en favor de una inmersión ‘en el abismo indeterminado de la divinidad'[13].

Estas propuestas u otras análogas de armonización entre meditación cristiana y técnicas orientales deberán ser continuamente cribadas con un cuidadoso discernimiento de contenidos y de método, para evitar la caída en un pernicioso sincretismo’.

De hecho algunos autores han quedado fascinados por la moda oriental y pretendiendo usar sólo la metodología oriental han terminado asimilando también sus principios filosóficos erróneos. Ejemplo suficiente es el jesuita Anthony de Mello, cuya obra ha sido objeto de una ‘Notificación de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe’, fechada el 24 de junio de 1998. Este autor, dice el referido documento ‘sustituye la revelación acontecida en Cristo con una intuición de Dios sin forma ni imágenes, hasta llegar a hablar de Dios como de un vacío puro’. La Congregación para la doctrina de la fe señaló que estas ‘posiciones… son incompatibles con la fe católica y pueden causar grave daño’.


¿Qué decir a quien se considera capaz de abstraer los mecanismos físicos de relajación y concentración de todo el conjunto de elementos equívocos filosóficos, religiosos y morales que están detrás del yoga auténtico, en orden a usarlos solamente como auxiliares de su método de estudio o de oración? Hay que decirle que la moral no puede poner más objeciones particulares que las arriba indicadas; a estas objeciones la prudencia añade la experiencia que demuestra que, en la práctica, los que son capaces de no quedar atrapados en el pensamiento pseudo orientalista son los menos de los que se aventuran en él.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Cf. J. Roger Rivière, Yoga, en Gran Enciclopedia Rialp, t. 23, pp. 802-803.

[2] Cf. J. Roger Rivière, p. 803.

[3] Cf. Carlo Rizzo, El Yoga, en: AA.VV., Cien problemas de conciencia, Difusión, Bs.As. 1962, pp. 305-317.

[4] Cf. Carlo Rizzo, loc. cit., pp. 313-314.

[5] Cf. J. Roger Rivière, p. 802.

[6] Introducción, nota 1.

[7] SCDF, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana, 1989, n. 8-12;

[8] La pseudognosis consideraba la materia como algo impuro, degradado, que envolvía el alma en una ignorancia de la que debía librarse por la oración; de esa manera, el alma se elevaba al verdadero conocimiento superior y, por tanto, a la pureza. Ciertamente, no todos podían conseguirlo, sino sólo los hombres verdaderamente espirituales; para los simples creyentes bastaban la fe y la observancia de los mandamientos de Cristo.

[9] En la Edad Media existían corrientes extremistas al margen de la Iglesia, descritas, no sin ironía, por uno de los grandes contemplativos cristianos, el flamenco Jan Van Ruysbroek. Distingue este en la vida mística tres tipos de desviación (Die gheestelike Brulocht 228, 12-230, 17; 230, 18 – 232 , 22; 232, 23 – 236, 6 ) y hace también una crítica general referida a estas formas (236, 7 – 237, 29). Más tarde, técnicas semejantes han sido descritas y rechazadas por Sta. Teresa de Jesús. Observa ésta agudamente que ‘ el mismo cuidado que se pone en no pensar en nada despertará la inteligencia a pensar mucho ‘ y que dejar de lado el misterio de Cristo en la meditación cristiana es siempre una especie de ‘ traición ‘ (Véase: STA. TERESA DE JESUS, Vida 12, 5 y 22, 1-5).

[10] Mostrando a toda la Iglesia el ejemplo y la doctrina de Santa Teresa de Jesús, que en su tiempo debió rechazar la tentación de ciertos métodos que invitaban a prescindir de la Humanidad de Cristo en favor de un vago sumergirse en el abismo de la divinidad, el Papa Juan Pablo II decía en una homilía el 1-XI-1982 que el grito de Teresa de Jesús en favor de una oración enteramente centrada en Cristo ‘ vale también en nuestros días contra algunas técnicas de oración que no se inspiran en el Evangelio y que prácticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vacía mental de dentro del cristianismo no tiene sentido. Toda técnica de oración es válida en cuanto se inspira en Cristo y conduce a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida’ (cfe. Jn 14, 6). Véase: Homelia Abulae habita in honorem Sanctae Teresiae, AAA 75 (1983), 256-257.

[11] Véase, por ejemplo ‘ La nube de la ignorancia ‘, obra espiritual de un escritor anónimo inglés del siglo XIV.

[12] El concepto ‘ nirvana ‘ viene entendido en los textos religiosos del budismo, como un estado de quietud que consiste en la anulación de toda realidad concreta por ser transitoria y, precisamente por eso, decepcionante y dolorosa.

[13] El Maestro Eckhart habla de una inmersión ‘ en el abismo indeterminado de la divinidad ‘ que es una ‘ tiniebla en la cual la luz de la Trinidad nunca ha resplandecido ‘. Cfr. Sermo ‘ Ave gratia plena ‘, al final , (J. Quint, Deutsche Predigten und Traktate, Hanser 1955, p. 261).

masónico

Historia de la Masonería

Pregunta:

¿Cuál es la historia de la Masonería?

 

Respuesta:

Conocida más universalmente por francmasonería, procede por su etimología del francés franc (libre) y mapon (albañil); es decir, albañil libre, aludiendo con ello a lo que la m. considera como su más remoto origen: la comunidad de albañiles que dirigidos por Hiram de Tiro construyeron el templo de Salomón. Más que sociedad secreta, como ha sido considerada, diremos que la m. es una sociedad cerrada que, por fundamentarse en unos principios determinantes, ha sufrido modificaciones y transformaciones paralelas a los supuestos ideológicos, intelectuales, morales y religiosos que le dieron vida. Aunque suele hablarse de un periodo mítico y legendario de la m. (mito de Hiram) y de otro periodo llamado de m. ‘antigua’ u ‘operativa’ (que no es sino la continuación y transformación de las agrupaciones gremiales del Medievo y del Renacimiento), la auténtica m., considerada en el moderno significado de la palabra, llamada ‘masonería moderna’ o ‘masonería especulativa’, surgió a principios del s. xviii con carácter de sociedad de ‘iniciados’, primero al culto divino, que más tarde deviene en iniciación a las virtudes y adquiere el matiz filantrópico-racionalista con que se la distingue

La masonería propiamente dicha surgió en 1717 por obra de los pastores protestantes ingleses lames Anderson y J. T. Desaguliers, continuadores del movimiento espiritual inspirado por Comenio. Recibe una estructuración sistemática y definida en 1723, cuando publica Anderson The Constitutions of the Free-Masons. Desde entonces, la m. recogió las influencias de las corrientes intelectuales del enciclopedismo del s. XVIII y del racionalismo y liberalismo del S. XIX. Se difundió muy rápidamente por Europa: en 1721, se constituyó la primera logia en Francia; en 1717, en Rusia, establecida por Pedro 1; en 1723, en España; en 1734, en La Haya; en 1738, en Boston; etc.

La establecida en Francia, de origen escocés, estuardista, fue favorecida por el espíritu racionalista francés; estableció como rito el ‘escocés antiguo y aceptado’ frente al de York de las logias inglesas; y, en 1738, al fundarse la Gran Logia de Francia, la francesa quedó desvinculada de la inglesa, encontrándose desde entonces en abierta oposición. De esta división nacieron las tres ramas principales de la m. actual: Rito inglés, Rito escocés, Rito simbólico francés. Frente al carácter aristocrático y puritano de la m. inglesa, la francesa evolucionó hacia un difuso deísmo, inspirado en el racionalismo naturalista que poco a poco le hace perder el matiz religioso que tenía aquélla; más adelante, en un segundo proceso de transformación, cambia su concepción de una base aristocrática de la sociedad por una estructura más democrática, intelectual y politizada.

Aunque se ha querido ver siempre una activa participación política en los designios de las logias, a las que se atribuyen la casi totalidad de las revoluciones burguesas del s. XIX, lo cierto es que, en principio, la m. no tomó parte trascendente en ellas. Hoy día está en entredicho la relación que pudo tener con la Revolución francesa, a pesar de la coincidencia de lemas de las mismas en el epígrafe de ‘libertad, igualdad y fraternidad’. Pero mientras que en la m. anglosajona pervive el espíritu estático y religioso inicial, la francesa se convierte, pasado el Terror y bajo el Imperio, en paladín de las nuevas tendencias liberales. Masón y liberal serán términos coincidentes en algunos países europeos; durante el s. XIX, la burguesía mercantil, intelectual o militar, desplaza al aristocratismo y al afán de perfectibilidad humana que la dominaban al nacer.

En 1804, la Gran Logia General de Francia se convierte con Napoleón en el primer centro impulsor de la m. en Europa, siendo designado gran maestre José Bonaparte. El predominio de la m. francesa en Europa origina una escisión interna en el universalismo de la misma. La inicial ruptura de las logias francesas, por motivos religiosos, se acentúa más aún a mediados del s. xix, cuando la Gran Logia de Francia suprime la obligación del lema ‘A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo’, quedando separada por ello del cuerpo masónico general y siendo repudiada por la Gran Logia unida de Inglaterra. Desde entonces persiste la división. Por un lado, la m. deísta, de carácter ritual, muy conservadora en moral y en costumbres, que forma un bloque dirigido por Inglaterra; por otro, una m. carente de espíritu religioso, más intelectual, con base humanística e implicada fuertemente en los acontecimientos de su tiempo, particularmente en el campo del compromiso político; no obstante, al quedar superado el liberalismo político intelectual, que le dio base, por nuevas tendencias (socialismo, totalitarismo, neocapitalismo, cte.), devino en mero humanismo formalista.

En Inglaterra y países nórdicos, la m. sigue vinculada a las realezas; en Francia, inclinada siempre a fórmulas de gobierno basadas en la estricta libertad individual, fue siempre respetada por todos los regímenes políticos hasta 1940 en que el mariscal Petain la declaró fuera de la ley; aunque, posteriormente, en tiempo del general De Gaulle, quedó sin validez dicha ley.

En el s. xx se han efectuado varios intentos de unificación. El de 1910 fracasó al negarse Inglaterra a reconocer a la Gran Logia de Francia, que insistía en no aceptar el espíritu ritual y simbolismo religioso que tenía aquélla. El 15 mayo 1954 se llevó a cabo, sin éxito, otro nuevo intento; no obstante, cinco grandes logias europeas llegaron a un acuerdo de unificación en Luxemburgo, dejando excluida a Inglaterra. Finalmente y tras algunas defecciones (las de Austria, Suiza, cte.), varios países europeos, como Francia, Alemania, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, según los acuerdos de sus respectivos grandes maestres aceptados en las reuniones de Estrasburgo y Bruselas de1961, han llegado a una fusión total sustentada en. la libertad de conciencia y tolerancia mutua, acuerdos a los que posteriormente se ha adherido Italia.

En la actualidad, las logias masónicas más florecientes están en los EE. UU., que posee cuatro de los cinco millones de masones regulares que se calcula hay en el mundo; le siguen los de Inglaterra con medio millón. Fieles a sus antecedentes liberales, las sociedades masónicas son inconformistas de todo régimen político autoritario y están inscritas como una corriente más del pensamiento contemporáneo. Se declaran propugnadoras de una vaga espiritualidad deísta y de un humanismo trascendente. En 1960, el gran maestre de la Chaine d’Union declaraba que ‘los jalones permanentes de nuestra obra y justificación de nuestra existencia’ estaban marcados por: el sentimiento de la fraternidad, el sentido cívico a escala universal y la protección del hombre y de los valores que representa y que le caracterizan esencialmente, a saber: aquiescencia a la razón, a los valores morales permanentes y a la libertad.

Masonería en España. El tipo de m. estudiado hasta ahora no fue exactamente el que arraigó en los países latinos, concretamente en Italia y España, en los que la m. se ha considerado siempre como sociedad secreta con fines más secretos aún, claramente anticatólica y muy vinculada a la actividad política; además, por ser la m. sociedad internacional se han señalado a los masones como traidores a la patria.

En España, la m. moderna o especulativa, que es la m. en el sentido actual de la palabra, fue establecida en 1727 al fundarse la Matritense, primera logia de Madrid, por lord Wharton, si bien funcionaba otra desde 1726 en Gibraltar. Años después, en 1739, lord Raimond constituía la Gran Logia Provincial de España, con sede en Andalucía. Son logias de fundación y obediencia inglesas y, durante el s. xviii, mantuvieron, en gran parte, el espíritu inicial que las creara, formando parte de las mismas una minoría ilustrada española, de carácter selectivo aristocrático e intelectual. La figura más destacada de este periodo es el conde de Aranda, que desvincula la m. española del Oriente inglés, aceptando en cambio el rito escocés de las logias francesas. En 1780, se crea el primer Gran Oriente español, que alcanza gran florecimiento con Montijo, sucesor de Aranda. En este primer periodo, la m. española tiene ya alcance y significación política debido a la actividad de Aranda y, principalmente, de Montijo, en quien se ha querido ver uno de los responsables del motín de Aranjuez.

Al iniciarse el s. XIX, la influencia masónica en España es doble: hay logias de inspiración francesa favorecidas por la presencia en España de José Bonaparte, y las hay de inspiración inglesa. De aquéllas forman parte los ilustrados llamados afrancesados; de éstas los patriotas, entre los cuales se forman los cuadros de los liberales que intervienen en las Cortes de Cádiz. Las logias españolas quedaron reducidas a la clandestinidad al retornar Fernando VII, si bien en 1816 se establece un nuevo Gran Oriente en Granada, continuación del de Montijo; estas logias, que eran el vehículo de trasmisión de la ideología política liberal, devienen en reductos de conspiraciones contra la monarquía absoluta. La m. española adquiere entonces unas características peculiares: carácter conspirador y reducto del militarismo romántico liberal, pues a ella pertenecen todos aquellos (Lacy, Riego, Torrijos, etc.) que protagonizan en España, de manera sistemática y continuada, el sinfín de pronunciamientos propios del s. xix hispánico.

Los hombres que acceden al poder durante el llamado trienio constitucional (1820-23) procedían del Gran Oriente español; un grupo discrepante sale de las logias y, aceptando de éstas sólo el ritual y los símbolos, constituyen una sociedad típica española, los Comuneros, donde se sustituye la doctrina masónica por un especial ideal revolucionario, burgués y liberal, aplicado a España. Es éste el momento de más fuerte influjo político de la m. española, particularmente en 1822. En ese mismo año se funden masones y parte de los comuneros (el ala izquierda de los comuneros pasa al carbonarismo), bajo la dirección de Pérez de Tudela, terminando así por desvirtuarse lo que quedara en las logias de primitivo espíritu masónico.

En 1824-54, la m. está prohibida y de nuevo en clandestinidad; sin embargo, entre las revoluciones de 1854 y 1868, las logias españolas actúan con efervescencia en los medios políticos, educacionales, intelectuales y militares, adquiriendo un fuerte matiz anticatólico. Hasta 1868 no sale la m. a la calle, reconocida públicamente, asistiendo los miembros de las logias con sus insignias y símbolos a los entierros del infante Enrique y de Prim (1870). A raíz de la revolución de 1868, la m. española conoce un periodo, aunque corto, de auge e influencia en la vida nacional. Los responsables más directos de la revolución pertenecían a las logias, civiles o militares; por ello, en la Constitución de 1869 se cree percibir claras huellas del espíritu masónico español que le dio vida. Este papel decisivo jugado por la m. en España perdura durante el efímero reinado de Amadeo I, quien había detentado elevados grados en las logias italianas. Con la Restauración, en 1874, aparecen nuevas leyes que la prohíben y desde entonces se ha querido siempre ver en ella un activo artífice de los múltiples y contradictorios bandazos y vaivenes de la política hispánica. De modo especial se le atribuye una participación muy directa en la implantación de las dos repúblicas españolas, estimándose que jugaron un significativo papel en el desarrollo y desenlace de los acontecimientos que originaran la Guerra civil de 1936. En 1888, los tres Grandes Orientes españoles, además del Supremo Consejo de Colón en La Habana, se unificaron en uno solo, formando logia aparte el Gran Oriente militar español.

Los reyes españoles de la casa de Borbón, que nunca aceptaron grados de la m., al menos hasta 1874, la prohibieron a medida que lo hacía la Iglesia Católica. A raíz de la bula prohibitiva de Clemente XII, en 1738, lo hizo Felipe V; después Fernando VI, Fernando VII, etc. Actualmente, la m. está prohibida por ley del 1 mar. 1940, sobre delitos de m. y comunismo.

Por A. M. Bernal Rodríguez

Tomado de Gran Enciclopedia Rialp, 1991


BIBL.: J. ANDERSON, Le liare des Constitutions maponniques, trad. E. JOUIN, París 1930; Crt. LEDRÉ, La masonería, Andorra 1958; J. BERTELOT, Les franc-macons devant 1’histoire, París 1949; J. BOUCHER, La symbolique maponnique, París 1948; R. F. GOULD, History of Freemasonry, Londres 1951 (masón); A. G. MACKEY, Enciclopaedia of Freemasonry, 5 ed. Chicago 1950 (masón); V. DE LA FUENTE, Historia de las sociedades secretas, antiguas y modernas en España, 3 vol., Barcelona 1933; E. COMíN COLOMER, La masonería en España, Madrid 1944

masónicas

¿Cuál es la doctrina de la Masonería?

Pregunta:

¿Cuál es la doctrina de la Masonería?

 

Respuesta:

Nota: Téngase en cuenta, en cuanto a lo que este artículo dice sobre la situación canónica de la masonería que este artículo está escrito antes del código de Derecho Canónico de 1983. Para ver la situación actual de la masonería a este respecto, véase el artículo correspondiente en esta misma sección de El Teólogo Responde.

1. Definición y finalidad.

Acerca de la masonería existen multitud de conceptos y apreciaciones, bien por la complejidad del movimiento, bien porque las mismas definiciones que la masonería da de sí misma suelen ser poco precisas, sin manifestar a veces sus verdaderos y últimos fines, o sin indicar sus objetivos o logros en la realidad.

Según los ritos inglés y escocés, la masonería es ‘un hermoso sistema de moral revestido de alegoría e ilustrado con símbolos’. El art. 1 de los Estatutos del Gran Oriente de Bélgica es algo más concreto: ‘una institución cosmopolita y en progreso incesante, que tiene por objeto la investigación de la verdad y el perfeccionamiento de la humanidad. Se funda sobre la libertad y la tolerancia, no formula dogma alguno, ni descansa en él’ (Enciclopedia Universal ilustrada de España, 33,718). Uno de sus adeptos precisa más sus objetivos y la define así: ‘la Francmasonería es una asociación universal, filantrópica, filosófica y progresiva, que procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, los sentimientos de abnegación y filantropía y la tolerancia religiosa; que tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad y confundiéndolos en un mutuo afecto de tierna correspondencia’ (J. Truth, o. c. en bibl.).

Uno de los artículos fundamentales de la constitución de 1723 se expresa así: ‘Todo masón está obligado, en virtud de su título, a obedecer la ley moral; y si comprende bien el arte, no será jamás un estúpido ateo, ni un irreligioso libertino. Así como en los tiempos pasados los masones estaban obligados, en cada país, a profesar la religión de su patria o nación, cualquiera que ésta fuese, en el presente nos ha parecido más a propósito el no obligar más que a aquella en la que todos los hombres están de acuerdo, dejando a cada uno su opinión particular: a saber, ser hombres buenos y verdaderos, hombres de honor y probidad, cualquiera que sea la denominación o creencias con que puedan distinguirse. De donde se sigue que la masonería es eJ centro de unión y el medio de conciliar una verdadera amistad entre personas que (sin ella) permanecerían en una perpetua distancia.

De este texto y de las definiciones dichas, parece que la finalidad de la masonería es el ser una reunión de hombres que creen en Dios (Ser Supremo), que respetan la moral natural y quieren conocerse y trabajar juntos a pesar de la diversidad de opiniones religiosas, o de su pertenencia a confesiones o partidos opuestos. Pero bajo este difuso deísmo y filantropía se puede intuir una realidad más profunda. León XIII en su enc. Humanum genus puso de manifiesto cómo las doctrinas religiosas, filosóficas y morales en que se inspira la masonería como tal, cualquiera que sean las opiniones particulares de sus miembros, llevan a la negación de la existencia de Dios; a la negación de la misma moral; y abre camino al ateísmo, al panteísmo, al iluminismo, al espiritismo, etc.

2. Masonería regular e irregular.

Al extenderse la masonería por Europa, esa finalidad filantrópica y humanitaria que en sus principios se proponía la masonería no se mantuvo. Al lado de la masonería propiamente dicha, ordinaria, oficial, ortodoxa, surgieron numerosas sectas, unas particularmente herméticas, cabalísticas, eclécticas y seudomísticas (martinistas franceses, pietistas alemanes) u otras netamente políticas (iluminados bávaros); e incluso la masonería regular conforme pasaban los años se iba dividiendo en numerosas ramas y ritos.

El paso definitivo de esta ruptura lo dio el Gran Oriente de Francia en 1877 al borrar de sus estatutos la obligación, hasta entonces exigida, de la creencia en el Ser Supremo al que dan el nombre de Gran Arquitecto del Universo. De resultas de esta actitud se siguió la condena de la Gran Logia de Inglaterra contra el Gran Oriente francés. La posición adoptada por la masonería francesa era consecuente con la actitud anticlerical, laicista y racionalista que sus miembros propugnaban. El paso francés fue secundado por muchos Orientes y Logias, tanto europeos como hispanoamericanos, que no admitieron ‘como primera condición para ser miembros de la masonería la creencia en el Ser Supremo, condición ante la que no cabe ningún compromiso’.

De la masonería, pues, no se puede hablar en un sentido unívoco, ya que no existe una única masonería; existen muchas masonería independientes unas de otras (masonería inglesa, norteamericana, alemana, austriaca, escandinava, holandesa, el Gran Oriente de Francia, la Gran Logia Nacional francesa, las masonería italianas, las latinoamericanas, etc.) y dentro de estas mismas se da una variedad extraordinaria de ritos (Rito escocés antiguo y aceptado, Rito de York, Rito escocés rectificado, Rito mixto universal, etc.). A la hora de analizar la masonería se tendrá que distinguir, más en cuanto a la finalidad que persiguen que en cuanto a los principios fundamentales de su doctrina, una masonería regular u ortodoxa, frente a una masonería irregular y heterodoxa. La primera sigue más fiel a los principios sobre los que fue fundada: creencia en un Ser Supremo, respeto de la Biblia y no injerencia en cuestiones políticas y confesionales, y ha preferido dedicar su actividad al campo humanitario; y la segunda es la propugnada por el Gran Oriente francés, atea, sectaria y declaradamente anticatólica.

3. Doctrina.

La exposición unitaria de la doctrina masónica es difícil y compleja, dada la existencia de diversos tipos de masonería, si se hace a un nivel fenomenológico, de experiencia concreta, de finalidad que persiguen. La tarea se facilita, aunque no está exenta de dificultad, si se intenta ir a los fundamentos últimos de las doctrinas masónicas y a las consecuencias a las que, sosteniendo tales doctrinas, se llega. La encíclica Humanum genus de León XIII sirve de base para el desarrollo y análisis de la doctrina propugnada por la masonería Puede analizarse su doctrina desde el punto de vista religioso, desde el punto de vista moral, y desde el punto de vista filosófico.

A) Desde el punto de vista religioso, la masonería proclama como principio básico e incontrovertible la independencia absoluta de la razón humana frente a cualquier autoridad o enseñanza. El naturalismo y el racionalismo son su punto de partida. Consecuencia de esta radical decisión es la negación de la mayor parte de deberes con Dios y el indiferentismo. Todas las enseñanzas de la Iglesia no serían más que mitos de los que el hombre moderno y culto debe librarse. En la recepción de los grados supremos es de rigor la apostasía, bien de manera expresa, bien mediante la realización de acciones sacrílegas que la suponen. Como la Iglesia Católica afirma ser la encargada de trasmitir la enseñanza de Cristo, la masonería cae fácilmente en el deseo de combatirla; no es de extrañar que una de las metas más codiciadas de la secta haya sido la de ‘suprimir la sagrada potestad del Romano Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino’ (Enc. Humanum genus, 20 abr. 1884).

Las verdades religiosas cognoscibles con la luz natural de la razón y que son como los fundamentos de la fe -existencia de Dios, espiritualidad e inmortalidad del alma, distinción entre el bien y el mal, recompensa y castigos eternos…- se convierten pronto para los masones en producto de la superstición y del fanatismo. Aunque suelen hablar, p. ej., de un Ser Supremo con el nombre de Gran Arquitecto del Universo, éste resulta bien distinto del Dios de la revelación cristiana, trascendente al mundo, providente, personal. Para la masonería, Dios viene a ser una palabra del vocabulario de los pueblos infantiles, que se repudia cuando se alcanza la madurez de la civilización. Tal madurez supone la emancipación de la humanidad de cualquier tipo de ‘esclavitud’, civil, religiosa y moral.

Así sea tolerancia inicial con las diversas nociones de Dios va cambiando según se progresa en la escala jerárquica de la masonería En el Rito Escocés Antiguo y Venerado, uno de los más difundidos, en el momento de recibir el grado 13, el Gran Maestro recuerda al candidato: ‘cuando fuiste iniciado en nuestra Orden manifestasteis la idea de Dios según vuestro criterio y en armonía con vuestras creencias religiosas. Aunque aprobando nosotros vuestra manera de pensar sobre este importante asunto, deseamos que os sirváis amplificar aquellas primeras opiniones acerca de la existencia de Dios, y decirnos si habéis establecido alguna modificación a cuanto entonces expresasteis, como consecuencia de los estudios masónicos o de los dictados de vuestra conciencia. Los franc-masones no pueden fomentar la existencia de Dios en el concepto sometido al efecto por las religiones positivas, porque en este caso tendrían que mostrarse partidarios de una u otra creencia religiosa, y bien sabéis que esto se opondría al principio de máxima libertad consignado en sus estatutos’ (cfr. J. Boor, o. c. en bibl. 145).

B) Moral masónica. La masonería ‘predica la moral universal, una e inmutable, más extendida, más universal que la de las religiones positivas, todas ellas exclusivistas, puesto que clasifican a los individuos en paganos, idólatras, cismáticos…’ (J. Truth, o. c. en bibl.). Como consecuencia inmediata de esta vaga moral naturalista, se sigue fácilmente la negación de toda norma moral objetiva (ley eterna, ley divina, cte.), es el relativismo moral, que puede llegar, en la teoría y en la práctica, a sostener el principio de que el fin justifica los medios.

Aunque quizá partiendo de la masonería irregular, ésta se ha mostrado especialmente activa, según denuncia León XIII, en la promulgación de leyes anticristianas, proscribiendo las órdenes religiosas, confiscando los bienes de la Iglesia, promoviendo activamente el divorcio, suprimiendo la enseñanza religiosa de las escuelas, quitando los emblemas cristianos de hospitales, aulas, tribunales de justicia, etc. También cabe enumerar entre sus objetivos el alejamiento de los sacerdotes de la cabecera de los moribundos, la inhumación con un solo rito civil, etc. El resumen de actividades de la Logia-Unión de los Pueblos, en 1891, proclamaba que ‘todas las grandes leyes que desde hace veinte años han sido aprobadas (en Francia), y las que se aprobarán en lo sucesivo, han sido elaboradas en nuestros Talleres y han sido objeto de nuestro trabajo’ (cfr. B. Dolhargaray, o. c. en bibl. 724).

C) Desde el punto de vista filosófico, la masonería acepta y patrocina todas las teorías que no pretendan para sí la exclusividad de la verdad. Es un sistema ecléctico en el que, rechazando toda apertura a lo sobrenatural, caben tanto el ateísmo como el panteísmo, el iluminismo o el espiritismo, las doctrinas maniqueas como el politeísmo. De un modo más o menos oficial, los escritores masones han presentado la filosofía del s. XVII y el deísmo como su propia enseñanza, si bien no decisiva. En la masonería caben todos los sistemas filosóficos con tal que no tengan un contenido católico. Su religión es la de la Humanidad; su Evangelio, la Ciencia; su Dios, la Razón; filosóficamente podría calificarse como un escepticismo y relativismo de tipo práctico, y poco especulativo.

4. Declaraciones de la Santa Sede.

Sustentando la mestas doctrinas (naturalismo, racionalismo, indiferentismo, gnosticismo, deísmo, etc.) no es de extrañar que la Santa Sede la haya condenado repetidamente. La primera intervención, antes de la división de la masonería, es de Clemente XII el 24 abr. 1738 con la Const. In eminenti: ‘Teniendo la misión de salvar las almas, Nos ordenamos a todos los fieles, en nombre de la santa obediencia, que no se agreguen a estas sociedades de masones. También les prohibimos el propagarlas o favorecerlas. Todos los cristianos deben abstenerse de esas reuniones y congresos bajo pena de excomunión inmediata, reservada exclusivamente a Nuestra Persona’. Benedicto XIV interviene de nuevo para acallar las voces que sostenían que la Const. In eminenti había dejado de obligar (Const. Providas, 18 mayo 1751).

Posteriores condenas son las de Pío VII, con la Const. Ecclesiam a Iesu Christo, de 12 sept. 1821; León XII, con la Bula Quo graviora, de 13 mar. 1825; Pío VIII, con la Enc. Traditi, de 21 mayo 1829; Gregorio XVI con la Enc. Mirari vos de 15 ag. 1832; Pío IX, con las Enc. Qui pluribus de 9 nov. 1846 y Quanta cura de 8 dic. 1864; y el mismo Pío IX en la bula Apostolicae Sedis de 12 oct. 1869 resume así las sanciones contra la masonería: ‘declaramos sometidos a la excomunión latae sententiae reservada al Soberano Pontífice a todos los que dan su nombre a las sectas de los masones o carbonarios, o bien a las asociaciones del mismo género que conspiran, ya públicamente, ya en secreto, contra la Iglesia o las legítimas potestades; y a quienes favorecen esas sociedades, de la manera que sea; y también a quienes no denuncien a sus jefes y directores, hasta que los denuncien’.

Documento importante en la enc. Humanum genus, 20 abr. 1884, de León XIII, donde se exponen los fundamentos últimos de la secta y los peligros que entraña para la fe. Es también importante la alocución consistorial de 20 nov. 1911 de Pío X (AAS 30 nov. 1911); la Sagrada Congregación del Santo Oficio (actualmente S. C. para la Doctrina de la Fe) el 27 jun. 1838, declaraba que en la condena general están comprendidas también la masonería escocesa, irlandesa y norteamericana. Pío XII, el 24 jun. 1958, señaló como ‘raíces de la apostasía moderna el ateísmo científico, el materialismo dialéctico, el racionalismo, el laicismo, y la masonería, madre común de todas ellas’.

La disciplina vigente está recogida en los can. 684, 2335 y 2336 del CIC. En el primero se prohíbe a los fieles dar el nombre a asociaciones secretas, condenadas, sediciosas, sospechosas o que procuran sustraerse a la legítima vigilancia de la Iglesia. En el segundo, se indica que los que dan el nombre a la secta masónica incurren ipso facto en excomunión. En el tercero recoge las penas impuestas a los clérigos que dan su nombre a la secta masónica.

5. La masonería actual.

En enero de 1968 la prensa occidental divulgó una decisión del Episcopado Escandinavo, fechada en octubre de 1966, que permitía a dichos obispos conceder autorización para continuar inscritos en la logia a los masones que quisieran ingresar en la Iglesia Católica. Con este hecho se ha querido ver un cambio en la posición de la Iglesia respecto de la masonería Se sostiene la tesis de que la masonería actual no es la misma de hace un siglo, que hay que distinguir entre la masonería regular anglosajona y la de los países latinos, y que sólo a esta última se habían dirigido las reprobaciones pontificias de los dos últimos siglos. Ante noticias que presentaban como inminente una declaración pontificia en tal sentido, la Radio Vaticana hizo público el 16 marzo de 1968 el siguiente comunicado: ‘Según recientísimos informes de la prensa diaria de varios países, la Santa Sede habría autorizado la permanencia en la organización masónica a personas convertidas al catolicismo, y tendría la intención de mudar profundamente la disciplina canónica acerca de la misma masonería. Por el competente Dicasterio de la Santa Sede hemos sido autorizados a desmentir tales informaciones como carentes de fundamento’.

Es verdad el cambio experimentado por la masonería en la actualidad, incluso la masonería irregular ha perdido en parte su carácter sectario y anticatólico. Por otra parte, el diálogo personal con los masones, como con todo el mundo, por parte de los cristianos individualmente, forma parte de la convivencia humana y del trato apostólico que todo cristiano con la debida preparación está obligado a vivir; cosa distinta es el diálogo con la masonería en sí, como asociación o como doctrina, que exige prudencia y personas competentes, si en alguna circunstancia fuese oportuno o conveniente; incluso la Iglesia podría levantar las penas disciplinares vigentes actualmente contra los que dan su nombre a una secta masónica; pero esto no significaría la aprobación de la masonería Tampoco podría decirse que, a partir de ese momento, los católicos podrían inscribirse en la masonería, o que los masones podrían ser simultáneamente miembros activos de la masonería y de la Iglesia. La cualidad buena o mala de una doctrina o institución es intrínseca a ella misma, anterior e independiente de cualquier declaración del magisterio. La masonería no es inconciliable con la Iglesia porque ha sido condenada; sino al revés: ha sido condenada porque es inconciliable; y continuará siéndolo -aunque la Iglesia, por motivos psicológicos o pastorales, decida suprimir la excomunión mientras no cambien sustancialmente sus principios anticristianos. No es la indiferencia, aprobación o reprobación oficial lo que convierte a una doctrina en buena o mala. P. ej., el hecho de que no se condene expresamente el Islamismo no significa su aprobación, ni permite a los católicos formar parte simultáneamente de la Iglesia y del Islam; o si la autoridad eclesiástica levantara la excomunión que recae sobre los que procuran eficazmente el aborto, no por eso el aborto dejaría de ser pecado moral: es siempre -con excomunión y sin ella- un atentado grave a la ley moral.

Lo mismo ocurre con la inscripción en la masonería; con excomunión y sin ella, un católico no puede formar parte de una secta o sociedad masónica (pecaría mortalmente), pues se hallaría en peligro próximo e inmediato de apostasía, y estaría cooperando en el mal. Mientras no cambien los principios ideológicos de la masonería, ésta es inconciliable con la doctrina católica. La masonería ha cambiado, aunque más en su aspecto externo; no suele aparecer como perseguidora de la Iglesia, ni hace mucho hincapié en el secreto; presenta a alguno de sus miembros públicamente, celebra grandes reuniones, saca fotografías en la prensa, proclama sus ideales de fraternidad universal; y esto, también, en los países latinos, donde tradicionalmente actuaba en forma violenta. Sin embargo, en los puntos fundamentales, en sus presupuestos doctrinales sigue siendo una mezcla de naturalismo, racionalismo, indiferentismo religioso, deísmo, etc.; aunque en su forma más radical, tal como los resumía León XIII, no son ya tan virulentamente sostenidos, en el sentido de que muchas logias no insisten tanto en ellos y centran más su atención en realizaciones prácticas de tipo humanitario o de vida social, de todas formas aquellos principios continúan de alguna forma presentes.

Es siempre un gran riesgo -en muchas circunstancias, pero en concreto por lo que se refiere al diálogo con la masonería- la abdicación de la fe en nombre de un humanismo radical sin Dios. En aras de unos valores que se presentarían como ideales o superiores, al menos desde un punto de vista práctico e inmediato, invocando una fraternidad filantrópica, se prescinde fácilmente, primero, de Dios como autor del orden sobrenatural y de la Redención, y se excluye, por tanto, toda religión revelada. Al recluir la fe a un mero plano de convicciones de conciencia se termina por eliminar a Dios de la vida de los hombres, reduciéndolo a una mítica expresión de la Humanidad, del Universo, etc. Y de esta forma se destruye el orden moral, privado ya de fundamento.

Por Luis P. Conde – Tomado de la Enciclopedia Rialp


BIBL.: J. TRUTH, La Franc-Masonería, Madrid 1970; B. DOLHARGARAY, Franc-Masonnerie, en DTC VI,722-731; P. PIRRI, Massoneria, en Enciclopedia Cattolica, VIII, Ciudad del Vaticano 1952, 312-325; art. Masonería, en Enciclopedia Universal Ilustrada, 33, 718-750 (con abundante bibl.); N. DESCHAMPS, CL. JANNET, Les Sociétés secretes et la Société, ou Philosophie de l’histoire contemporaine, Avignon 1883; 1. BOOR, Masonería, Madrid 1952; H. GRUEBER, Massoneria e Rivoluzione, Roma 1901; íD, Freimaurerei, Weltkrieg und Welfriede, Berlín 1917; J. BERTELOT, La FrancMasonnerie et l’Église catholique, 2 vol. París-Bruselas 1942; H. DELAssus, La conjuration antichrétienne, Lila 1910; E. DE GUADALUPE, La masonería según sus propios documentos, Buenos Aires 1952; G. CAPRILE, Riparliamo della masonería…, ‘La Civilitá Cattolica’ 1 (1957) 246-261, 356-371; II (1957) 37-53; 111 (1957) 33-48, 462-476; IV (1957) 575-588; III (1958) 167-176, 504517; I (1959) 596-610; II (1960) 489-503; II (1962) 47-56; A. PONTEVIA, Cattolicesimo e masonería. Considerazioni uname, Roma 1948 (es testimonio, el autor es masón, de la incompatibilidad entre la doctrina católica y la masonería)

masonería

Carta Encíclica ‘Humanum Genus’ – Sobre la Masonería y otras sectas

Pregunta:

¿Qué es la Masonería?

 

Respuesta:

El humano linaje, después que, por envidia del demonio, se hubo, para su mayor desgracia, separado de Dios, creador y dador de los bienes celestiales, quedó dividido en dos bandos diversos y adversos: uno de ellos combate asiduamente por la verdad y la virtud, y el otro por todo cuanto es contrario a la virtud y a la verdad.

El uno es el reino de Dios en la tierra, es decir, la verdadera Iglesia de Jesucristo, a la cual quien quisiere estar adherido de corazón y según conviene para la salvación, necesita servir a Dios y a su unigénito Hijo con todo su entendimiento y toda su voluntad; el otro es el reino de Satanás, bajo cuyo imperio y potestad se encuentran todos los que, siguiendo los funestos ejemplos de su caudillo y de nuestros primeros padres, rehúsan obedecer a la ley divina y eterna, y obran sin cesar o como si Dios no existiera o positivamente contra Dios. Agudamente conoció y describió Agustín estos dos reinos a modo de dos ciudades contrarias en sus leyes y deseos, compendiando con sutil brevedad la causa eficiente de una y otra en estas palabras: Dos amores edificaron dos ciudades: el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios edificó la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial.

LA MASONERÍA

2. En el decurso de los siglos, las dos ciudades han luchado, la una contra la otra, con armas tan distintas como los métodos, aunque no siempre con igual ímpetu y ardor. En nuestros días, todos los que favorecen la peor parte parecen conspirar a una y pelear con la mayor vehemencia, bajo la guía y auxilio de la sociedad que llaman de los Masones, por doquier dilatada y firmemente constituida. Sin disimular ya sus intentos, con la mayor audacia se revuelven contra la majestad de Dios, maquinan abiertamente y en público la ruina de la Santa Iglesia, y esto con el propósito de despojar, si pudiesen, enteramente a los pueblos cristianos de los beneficios conquistados por Jesucristo, nuestro Salvador.

Llorando Nos estos males, y movido Nuestro ánimo por la caridad, Nos sentimos impelidos a clamar con frecuencia ante el Señor: He aquí que tus enemigos vocearon; y levantaron la cabeza los que te odian. Contra tu pueblo determinaron malos consejos, discurrieron contra tus santos. Venid, dijeron, y hagámoslos desaparecer de entre las gentes.

3. En tan inminente riesgo, en medio de tan atroz y porfiada guerra contra el nombre cristiano, es Nuestro deber indicar el peligro, señalar los adversarios, resistir cuanto podamos a sus malas artes y consejos, para que no perezcan eternamente aquellos cuya salvación Nos está confiada, y no sólo permanezca firme y entero el reino de Jesucristo que Nos hemos obligado a defender, sino que se dilate con nuevos aumentos por todo el orbe.

Amonestaciones de los Romanos Pontífices

4. Los Romanos Pontífices Nuestros antecesores, velando solícitos por la salvación del pueblo cristiano, conocieron muy pronto quién era y qué quería este capital enemigo, apenas asomaba entre las tinieblas de su oculta conjuración; y como tocando a batalla les amonestaron con previsión a príncipes y pueblos que no se dejaran coger en las malas artes y asechanzas preparadas para engañarlos.

Dióse el primer aviso del peligro el año 1738 por el papa Clemente XII cuya Constitución confirmó y renovó Benedicto XIV. Pío VII siguió las huellas de ambos, y León XII, incluyendo en la Constitución apostólica Quo graviora lo decretado en esta materia por los anteriores, lo ratificó y confirmó para siempre. Pío VIII, Gregorio XVI y Pío IX, por cierto repetidas veces, hablaron en el mismo sentido.

5. Y, en efecto, puesta en claro la naturaleza e intento de la secta masónica por indicios manifiestos, por procesos instruidos, por la publicación de sus leyes, ritos y revistas, allegándose a ello muchas veces las declaraciones mismas de los cómplices, esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que la Iglesia puede emplear contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad.

Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de aquellas censuras, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo. Así procuraron eludir el peso y autoridad de las Constituciones apostólicas de Clemente XII, Benedicto XIV, Pío VII y Pío IX; aunque no faltaron en aquella misma sociedad quienes confesasen, aun a pesar suyo, que lo hecho por los Romanos Pontífices, conforme a la doctrina y disciplina de la Iglesia, era según derecho. En lo cual varios príncipes y jefes de Gobierno se hallaron muy de acuerdo con los Papas, cuidando, ya de acusar a la sociedad masónica ante la Silla Apostólica, ya de condenarla por sí mismos, promulgando leyes a este propósito, como en Holanda, Austria, Suiza, España, Baviera, Saboya y en algunas otras partes de Italia.

Confirmación de los hechos

6. Pero lo que sobre todo importa es ver comprobada por los sucesos la previsión de Nuestros Antecesores. En efecto, no siempre ni en todas partes lograron el deseado éxito sus cuidados próvidos y paternales; y esto, o por el fingimiento y astucia de los afiliados a esta iniquidad, o por la inconsiderada ligereza de aquellos, a quienes más interesaba haber vigilado con diligencia en este negocio. Así que en espacio de siglo y medio la secta de los Masones ha logrado unos aumentos mucho mayores de cuanto podía esperarse, e infiltrándose con tanta audacia como dolo en todas las clases sociales ha llegado a tener tanto poder que parece haberse hecho casi dueña de los Estados. De tan rápido y terrible progreso se ha seguido en la Iglesia, en la potestad de los príncipes y en la salud pública la ruina prevista muy de atrás por Nuestros Antecesores; y se ha llegado a punto de temer grandemente para lo venidero, no ciertamente por la Iglesia, cuyo fundamento es bastante firme para que pueda ser socavado por esfuerzo humano, sino por aquellas mismas naciones en que logran influencia grande la secta de que hablamos u otras semejantes que se le agregan como auxiliares y satélites.

7. Por estas causas, apenas subimos al gobierno de la Iglesia, vimos y experimentamos cuánto convenía resistir en lo posible a mal tan grave, interponiendo para ello Nuestra autoridad.

En efecto, aprovechando repetidas veces la ocasión que se presentaba, hemos expuesto algunos de los más importantes puntos de doctrina en que parecía haber influido en gran manera la perversidad de los errores masónicos. Así, en Nuestra carta encíclica Quod apostoli muneris emprendimos demostrar con razones convincentes las enormidades de los socialistas y comunistas; después, en otra, Arcanum, cuidamos de defender y explicar la verdadera y genuina noción de la sociedad doméstica, que tiene su fuente y origen en el matrimonio; además, en la que comienza Diuturnum, propusimos la forma de la potestad política moderada según los principios de sabiduría cristiana, tan maravillosamente acorde con la naturaleza misma de las cosas y la salud de los pueblos y príncipes. Ahora, a ejemplo de Nuestros Predecesores, hemos resuelto ocuparnos expresamente de la misma sociedad masónica, de toda su doctrina, así como de sus planes y manera de pensar y de obrar, a fin de que así llegue a conocerse, con la mayor claridad posible, su maliciosa naturaleza, y pueda evitarse el contagio de peste tan funesta.

Organización ‘secreta’

8. Hay varias sectas que, si bien diferentes en nombre, ritos, forma y origen, unidas entre sí por cierta comunión de propósitos y afinidad entre sus opiniones capitales, concuerdan de hecho con la secta masónica, especie de centro de donde todas salen y adonde vuelven. Estas, aunque aparenten no querer en manera alguna ocultarse en las tinieblas, y tengan sus juntas a vista de todos, y publiquen sus periódicos, con todo, bien miradas, son un género de sociedades secretas, cuyos usos conservan. Pues muchas cosas hay en ellas a manera de arcanos, las cuales hay mandato de ocultar con muy exquisita diligencia, no sólo a los extraños, sino a muchos de sus mismos adeptos, como son los planes íntimos y verdaderos, así como los jefes supremos de cada logia, las reuniones más reducidas y secretas, sus deliberaciones, por qué vía y con qué medios se han de llevar a cabo. A esto se dirige la múltiple diversidad de derechos, obligaciones y cargos que hay entre los socios, la distinción establecida de órdenes y grados y la severidad de la disciplina por que se rigen. Tienen que prometer los iniciados, y aun de ordinarios se obligan a jurar solemnemente, no descubrir nunca ni de modo alguno sus compañeros, sus signos, sus doctrinas. Con estas mentidas apariencias y arte constante de fingimiento, procuran los Masones con todo empeño, como en otro tiempo los maniqueos, ocultarse y no tener otros testigos que los suyos. Celebran reuniones muy ocultas, simulando sociedades eruditas de literatos y sabios, hablan continuamente de su entusiasmo por la civilización, y de su amor hacia los más humildes: dicen que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil. Aunque fueran verdaderos tales propósitos, no todo está en ellos. Además, deben los afiliados dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, estar preparados a obedecerles a la menor señal e indicación; y de no hacerlo así, a no rehusar los más duros castigos ni la misma muerte. Y, en efecto, cuando se ha juzgado que algunos han traicionado al secreto o han desobedecido las órdenes, no es raro darles muerte con tal audacia y destreza, que el asesino burla muy a menudo las pesquisas de la policía y el castigo de la justicia.

Ahora bien: esto de fingir y querer esconderse, de sujetar a los hombres como a esclavos con fortísimo lazo y sin causa bastante conocida, de valerse para toda maldad de hombres sujetos al capricho de otro, de armar a los asesinos procurándoles la impunidad de sus crímenes, es una monstruosidad que la misma naturaleza rechaza; y, por lo tanto, la razón y la misma verdad evidentemente demuestran que la sociedad de que hablamos pugna con la justicia y la probidad naturales.

9. Singularmente, cuando hay otros argumentos, por cierto clarísimos, que ponen de manifiesto esta falta de probidad natural. Porque, por grande astucia que tengan los hombres para ocultarse, por grande que sea su costumbre de mentir, es imposible que no aparezca de algún modo en los efectos la naturaleza de la causa. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos. Y los frutos de la secta masónica son, además de dañosos, muy amargos. Porque de los certísimos indicios antes mencionados resulta claro el último y principal de sus intentos, a saber: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.

10. Cuanto hemos dicho y diremos, debe entenderse de la secta masónica en sí misma y en cuanto abraza otras con ella unidas y confederadas, pero no de cada uno de sus secuaces. Puede haberlos, en efecto, y no pocos, que, si bien no dejan de tener culpa por haberse comprometido con semejantes sociedades, con todo no participan por sí mismos en sus crímenes e ignoran sus últimas intenciones. Del mismo modo, aun entre las otras asociaciones unidas con la masonería, algunas tal vez no aprobarán ciertas conclusiones extremas que sería lógico abrazar como dimanadas de principios comunes, si no causara horror su misma torpe fealdad. Algunas también, por circunstancias de tiempo y lugar, no se atreven a hacer tanto como ellas mismas quisieran y suelen hacer las otras; pero no por eso se han de tener por ajenas a la confederación masónica, pues ésta no tanto ha de juzgarse por sus hechos y las cosas que lleva a cabo, cuanto por el conjunto de los principios que profesa.

Naturalismo ‘doctrinal’

11. Ahora bien: es principio capital de los que siguen el naturalismo, como lo declara su mismo nombre, que la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta; y, sentado esto, descuidan los deberes para con Dios o tienen de ellos conceptos vagos y erróneos. Niegan, en efecto, toda divina revelación; no admiten dogma religioso ni verdad alguna que la razón humana no pueda comprender, ni maestro a quien precisamente deba creerse por la autoridad de su oficio. Y como, en verdad, es oficio propio de la Iglesia católica, y que a ella sola pertenece, el guardar enteramente y defender en su incorrupta pureza el depósito de las doctrinas reveladas por Dios, la autoridad del magisterio y los demás medios sobrenaturales para la salvación, de aquí el haberse vuelto contra ella toda la saña y el ahínco todo de estos enemigos.

12. Véase ahora el proceder de la secta masónica en lo tocante a la religión, singularmente donde tiene mayor libertad para obrar, y júzguese si es o no verdad que todo su empeño está en llevar a cabo las teorías de los naturalistas. Mucho tiempo ha que trabaja tenazmente para anular en la sociedad toda influencia del magisterio y autoridad de la Iglesia; por esto proclaman y defienden doquier el principio de que ‘Iglesia y Estado deben estar por completo separados’ y así excluyen de las leyes y administración del Estado el muy saludable influjo de la religión católica, de donde se sigue que los Estados se han de constituir haciendo caso omiso de las enseñanzas y preceptos de la Iglesia.

Ni les basta con prescindir de tan buena guía como la Iglesia, sino que la agravan con persecuciones y ofensas. Se llega, en efecto, a combatir impunemente de palabra, por escrito y en la enseñanza, los mismos fundamentos de la religión católica; se pisotean los derechos de la Iglesia; no se respetan las prerrogativas con que Dios la dotó; se reduce casi a nada su libertad de acción, y esto con leyes en apariencia no muy violentas, pero en realidad expresamente hechas y acomodadas para atarle las manos. Vemos, además, al Clero oprimido con leyes excepcionales y graves, para que cada día vaya disminuyendo en número y le falten las cosas más necesarias; los restos de los bienes de la Iglesia, sujetos a todo género de trabas y gravámenes y enteramente puestos al arbitrio y juicio del Estado; las Ordenes religiosas, suprimidas y dispersas.

Contra la Sede Apostólica

13. Pero donde, sobre todo, se extrema la rabia de los enemigos es contra la Sede Apostólica y el Romano Pontífice. Quitósele primero con fingidos pretextos el reino temporal, baluarte de su independencia y de sus derechos; en seguida se le redujo a situación inicua, a la par que intolerable, por las dificultades que de todas partes se le oponen; hasta que, por fin, se ha llegado a punto de que los fautores de las sectas proclamen abiertamente lo que en oculto maquinaron largo tiempo, a saber, que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino. Aunque faltaran otros testimonios, consta suficientemente lo dicho por el de los sectarios, muchos de los cuales, tanto en otras diversas ocasiones como últimamente, han declarado que el propósito de los Masones es perseguir cuanto puedan a los católicos con una enemistad implacable, y no descansar hasta lograr que sea destruido todo cuanto los Sumos Pontífices han establecido en materia de religión o por causa de ella.

Y si no se obliga a los adeptos a abjurar expresamente la fe católica, tan lejos está esto de oponerse a los intentos masónicos, que antes bien sirve a ellos. Primero, porque éste es el camino de engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más; y después, porque, abriendo los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, consiguen persuadir de hecho el grande error de estos tiempos, a saber, el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos; conducta muy a propósito para arruinar toda religión, singularmente la católica, a la que, por ser la única verdadera, no sin suma injuria se la iguala con las demás.

Negación de los principios fundamentales

14. Pero más lejos van los naturalistas, porque, lanzados audazmente por las sendas del error en las cosas de mayor momento, caen despeñados en lo profundo, sea por la flaqueza humana, sea por un justo juicio de Dios, que castiga su soberbia. Así es que en ellos pierden su certeza y fijeza aun las verdades que se conocen por luz natural de la razón, como son la existencia de Dios, la espiritualidad e inmortalidad del alma humana.

Y la secta de los Masones da en estos mismos escollos del error con no menos precipitado curso. Porque, si bien confiesan, en general, que Dios existe, ellos mismos testifican no estar impresa esta verdad en la mente de cada uno con firme asentimiento y estable juicio. Ni disimulan tampoco ser entre ellos esta cuestión de Dios causa y fuente abundantísima de discordia; y aun es notorio que últimamente hubo entre ellos, por esta misma cuestión, no leve contienda. De hecho la secta concede a los suyos libertad absoluta de defender que Dios existe o que no existe; y con la misma facilidad se recibe a los que resueltamente defienden la negativa, como a los que opinan que existe Dios, pero sienten de El perversamente, como suelen los panteístas; lo cual no es otra cosa que acabar con la verdadera noción de la naturaleza divina, conservando de ella no se sabe qué absurdas apariencias. Destruido o debilitado este principal fundamento, síguese que han de quedar vacilantes otras verdades conocidas por la luz natural: por ejemplo, que todo existe por la libre voluntad de Dios creador; que su providencia rige el mundo; que las almas no mueren; que a esta vida ha de suceder otra sempiterna.

15. Destruidos estos principios, que son como la base del orden natural, importantísimo para la conducta racional y práctica de la vida, fácilmente aparece cuáles han de ser las costumbres públicas y privadas. Nada decimos de las virtudes sobrenaturales, que nadie puede alcanzar ni ejercitar sin especial gracia y don de Dios, de las cuales por fuerza no ha de quedar vestigio en los que desprecian por desconocidas la redención del género humano, la gracia divina, los sacramentos, la felicidad que se ha de alcanzar en el cielo.

Hablamos de las obligaciones que se deducen de la probidad natural. Un Dios creador del mundo y su próvido gobernador; una ley eterna que manda conservar el orden natural y veda el perturbarlo; un fin último del hombre y mucho más excelso que todas las cosas humanas y más allá de esta morada terrestre; éstos son los principios y fuente de toda honestidad y justicia; y, suprimidos éstos, como suelen hacerlo naturalistas y masones, falta inmediatamente todo fundamento y defensa a la ciencia de lo justo y de lo injusto. Y, en efecto, la única educación que a los Masones agrada, y con la que, según ellos, se ha de educar a la juventud, es la que llama laica, independiente, libre; es decir, que excluya toda idea religiosa. Pero cuán escasa sea ésta, cuán falta de firmeza y a merced del soplo de las pasiones, bien lo manifiestan los dolorosos frutos que ya se ven en parte; en dondequiera que esta educación ha comenzado a reinar más libremente, una vez suprimida la educación cristiana, prontamente se han visto desaparecer las buenas y sanas costumbres, tomar cuerpo las opiniones más monstruosas y subir de todo punto la audacia en los crímenes. Públicamente se lamenta y deplora todo esto, y aun lo reconocen, aunque no querrían, no pocos que se ven forzados a ello por la evidencia de la verdad.

16. Además, como la naturaleza humana quedó inficionada con la mancha del primer pecado, y por lo tanto más propensa al vicio que a la virtud, requiérese absolutamente para obrar bien sujetar los movimientos obcecados del ánimo y hacer que los apetitos obedezcan a la razón. Y para que en este combate conserve siempre su señorío la razón vencedora, se necesita muy a menudo despreciar todas las cosas humanas y pasar grandísimas molestias y trabajos. Pero los naturalistas y masones, que ninguna fe dan a las verdades reveladas por Dios, niegan que pecara nuestro primer padre, y estiman, por tanto, al libre albedrío en nada amenguado en sus fuerzas ni inclinado al mal. Antes, por lo contrario, exagerando las fuerzas y excelencia de la naturaleza, y poniendo en ésta únicamente el principio y norma de la justicia, ni aun pensar pueden que para calmar sus ímpetus y regir sus apetitos se necesite una asidua pelea y constancia suma. De aquí vemos ofrecerse públicamente tantos estímulos a los apetitos del hombre: periódicos y revistas, sin moderación ni vergüenza alguna; obras dramáticas, licenciosas en alto grado; asuntos ara las artes, sacados con proterva de los principios de ese que llaman realismo;ingeniosos inventos para una vida muelle y muy regalada; rebuscados, en suma, toda suerte de halagos sensuales, a los cuales cierre los ojos la virtud adormecida. En lo cual obran perversamente, pero son en ello muy consecuentes consigo mismos, quienes quitan toda esperanza de los bienes celestiales, y ponen vilmente en cosas perecederas toda la felicidad, como si la fijaran en la tierra. Lo referido puede confirmar una cosa más extraña de decirse que de creerse. Porque, como apenas hay tan rendidos servidores de esos hombres sagaces y astutos como los que tienen el ánimo enervado y quebrantado por la tiranía de las pasiones, hubo en la secta masónica quien dijo públicamente y propuso que ha de procurarse con persuasión y maña que la multitud se sacie con la innumerable licencia de los vicios, en la seguridad que así la tendrán sujeta a su arbitrio para poder atreverse a todo en lo futuro.

17. Por lo que toca a la vida doméstica, he aquí casi toda la doctrina de los naturalistas. El matrimonio es un mero contrato: puede justamente rescindirse a voluntad de los contratantes; la autoridad civil tiene poder sobre el vínculo matrimonial. En el educar los hijos nada hay que enseñarles como cierto y determinado en punto de religión; al llegar a la adolescencia, corre a cuenta de cada cual escoger lo que guste. Esto mismo piensan los Masones; no solamente lo piensan, sino que se empeñan, hace ya mucho, en reducirlo a costumbre y práctica. En muchos Estados, aun en los llamados católicos, está establecido que fuera del matrimonio civil no hay unión legítima; en otros, la ley permite el divorcio; en otros se trabaja para que cuanto antes sea permitido. Así, apresuradamente se corre a cambiar la naturaleza del matrimonio en unión inestable y pasajera, que la pasión haga o deshaga a su antojo.

También tiene puesta la mira, con suma conspiración de voluntades, la secta de los Masones en arrebatar para sí la educación de los jóvenes. Ven cuán fácilmente pueden amoldar a su capricho esta edad tierna y flexible y torcerla hacia donde quieran, y nada más oportuno para lograr que se forme así para la sociedad una generación de ciudadanos tal cual ellos se la forjan. Por tanto, en punto de educación y enseñanza de los niños, nada dejan al magisterio y vigilancia de los ministros de la Iglesia, habiendo llegado ya a conseguir que en varios lugares toda la educación de los jóvenes esté en manos de laicos, de suerte que, al formar sus corazones, nada se les diga de los grandes y santísimos deberes que ligan al hombre con Dios.

Consecuencias políticas

18. Vienen en seguida los principios de la ciencia política. En este género dogmatizan los naturalistas que los hombres todos tienen iguales derechos y son de igual condición en todo; que todos son libres por naturaleza; que ninguno tiene derecho para mandar a otro, y el pretender que los hombres obedezcan a cualquier autoridad que no venga de ellos mismos es propiamente hacerles violencia. Todo está, pues, en manos del pueblo libre; la autoridad existe por mandato o concesión del pueblo; tanto que, mudada la voluntad popular, es lícito destronar a los príncipes aun por la fuerza. La fuente de todos los derechos y obligaciones civiles está o en la multitud o en el Gobierno de la nación, organizado, por supuesto, según los nuevos principios. Conviene, además, que el Estado sea ateo; no hay razón para anteponer una a otra entre las varias religiones, pues todas deben ser igualmente consideradas.

19. Y que todo esto agrade a los Masones del mismo modo, y quieran ellos constituir las naciones según este modelo, es cosa tan conocida que no necesita demostrarse. Con todas sus fuerzas e intereses lo están maquinando así hace mucho tiempo, y con esto dejan expedito el camino a no pocos más audaces que se inclinan a peores opiniones, pues proyectan la igualdad y comunidad de toda la riqueza, borrando así del Estado toda diferencia de clases y fortunas.

Errores y peligros

20. De lo que sumariamente hemos referido aparece bastante claro que sea y por dónde va la secta de los Masones. Sus principales dogmas discrepan tanto y tan claramente de la razón, que nada puede ser más perverso. Querer acabar con la religión y la Iglesia, fundada y conservada perennemente por el mismo Dios, y resucitar después de dieciocho siglos las costumbres y doctrinas paganas, es necedad insigne y muy audaz impiedad. Ni es menos horrible o más llevadero el rechazar los beneficios que con tanta bondad alcanzó Jesucristo, no sólo a cada hombre en particular, sino también en cuanto viven unidos en la familia o en la sociedad civil, beneficios señaladísimos hasta según el juicio y testimonio de los mismos enemigos. En tan feroz e insensato propósito parece reconocerse el mismo implacable odio o sed de venganza en que arde Satanás contra Jesucristo.

Así como el otro vehemente empeño de los Masones, el de destruir los principales fundamentos de lo justo y lo honesto, y animar así a los que, a imitación del animal, quisiera fuera lícito cuanto agrada, no es otra cosa que empujar el género humano ignominiosa y vergonzosamente a su extrema ruina.

21. Aumentan el mal los peligros que amenazan a la sociedad doméstica y civil. Porque, como otras veces lo hemos expuesto, hay en el matrimonio, según el común y casi universal sentir de todos los pueblos y siglos, algo de sagrado y religioso: veda, además, la ley divina que pueda disolverse. Pero si esto se permitiera, si el matrimonio se hace profano, necesariamente ha de seguirse en la familia la discordia y la confusión, cayendo de su dignidad la mujer y quedando incierta la prole tanto sobre sus bienes como sobre su propia vida.

22. Pues el no cuidar oficialmente para nada de la religión, y en la administración y ordenación de la cosa pública no tener cuenta ninguna de Dios, como si no existiese, es atrevimiento inaudito aun entre los mismos gentiles, en cuyo corazón y en cuyo entendimiento tan grabada estuvo no sólo la creencia en los dioses, sino la necesidad de un culto público, que reputaban más fácil encontrar una ciudad sin suelo que sin Dios.

De hecho la sociedad humana a que nos sentimos naturalmente inclinados fue constituida por Dios, autor de la naturaleza; y de El emana, como de principio y fuente, la naturaleza y perenne abundancia de los bienes innumerables en que la sociedad abunda. Así, pues, como la misma naturaleza enseña a cada uno en particular a dar piadosa y santamente culto a Dios por tener de El la vida y los bienes que la acompañan, así, y por idéntica causa, incumbe este mismo deber a pueblos y Estados. Y los que quisieran a la sociedad civil libre de todo deber religioso, claro está que obran no sólo injusta, sino ignorante y absurdamente.

Si, pues, los hombres por voluntad de Dios nacen ordenados a la sociedad civil, y a ésta es tan indispensable el vínculo de la autoridad que, quitando éste, por necesidad se disuelve aquélla, síguese que el mismo que creó la sociedad creó la autoridad. De aquí se ve que quien está revestido de ella, sea quien fuere, es ministro de Dios, y, por tanto, según lo piden el fin y la naturaleza de la sociedad humana, es tan puesto en razón el obedecer a la potestad legítima cuando manda lo justo, como obedecer a la autoridad de Dios, que todo lo gobierna; y nada tan falso como el pretender que corresponda por completo a la masa del pueblo el negar la obediencia cuando le agrade. Todos los hombres son, ciertamente, iguales: nadie duda de ello, si se consideran bien la comunidad igual de origen y naturaleza, el fin último cuya consecuencia se ha señalado a cada uno, y finalmente los derechos y deberes que de ellos nacen necesariamente.

23. Mas como no pueden ser iguales las capacidades de los hombres, y distan mucho uno de otro por razón de las fuerzas corporales o del espíritu, y son tantas las diferencias de costumbres, voluntades y temperamentos, nada más repugnante a la razón que el pretender abarcarlo y confundirlo todo y llevar a las leyes de la vida civil tan rigurosa igualdad. Así como la perfecta constitución del cuerpo humano resulta de la juntura y composición de miembros diversos, que, diferentes en forma y funciones, atados y puestos en sus propios lugares, constituyen un organismo hermoso a la vista, vigoroso y apto para bien funcionar, así en la humana sociedad son casi infinitas las diferencias de los individuos que la forman; y si todos fueran iguales y cada uno se rigiera a su arbitrio, nada habría más deforme que semejante sociedad; mientras que si todos, en distinto grado de dignidad, oficios y aptitudes, armoniosamente conspiran al bien común, retratarán la imagen de una ciudad bien constituida y según pide la naturaleza.

24. Además, de los turbulentos errores, que ya llevamos enumerados, han de temerse los mayores peligros para los Estados. Porque, quitado el temor de Dios y el respeto a las leyes divinas, menospreciada la autoridad de los príncipes, consentida y legitimada la manía de las revoluciones, sueltas con la mayor licencia las pasiones populares, sin otro freno que el castigo, ha de seguirse necesariamente el trastorno y la ruina de todas las cosas. Y aun precisamente esta ruina y trastorno, es lo que a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los Masones, pues favorece en gran manera sus planes y conviene con ellas en los principales dogmas. Y si de hecho no llegan inmediatamente y en todas partes a las últimas consecuencias, no se atribuya a sus doctrinas ni a su voluntad, sino a la eficacia de la religión divina, que no puede extinguirse, y a la parte más sana de los hombres, que, rechazando la servidumbre de las sociedades secretas, resisten con valor a sus locos conatos.

25. ¡Ojalá juzgasen todos del árbol por sus frutos y conocieran la semilla y principio de los males que nos oprimen y los peligros que nos amenazan! Tenemos que habérnoslas con un enemigo astuto y doloso que, halagando los oídos de pueblos y príncipes, ha cautivado a unos y otros con blandura de palabras y adulaciones.

Al insinuarse entre los príncipes fingiendo amistad, pusieron la mira los Masones en lograrlos como socios y colaboradores poderosos para oprimir a la religión católica; y para estimularles más con insistente calumnia acusaron a la Iglesia de que, envidiosa, disputaba a los príncipes su potestad y prerrogativas reales. Lograda por tales artes la audacia y la seguridad, comenzaron a intervenir con gran influencia en el régimen de las naciones, estando dispuestos -por lo demás- a sacudir los fundamentos de los imperios y a perseguir, calumniar y destronar a los príncipes, siempre que ellos no se mostrasen inclinados a gobernar a gusto de la secta.

No de otro modo engañaron, adulándolos, a los pueblos. Voceando libertad y prosperidad pública, haciendo ver que por culpa de la Iglesia y de los monarcas, no había salido ya la multitud de su inicua servidumbre y de su miseria, engañaron al pueblo, y, despertada en él la sed de novedades, le incitaron a combatir contra ambas potestades. Pero ventajas tan esperadas están más en el deseo que en la realidad, y antes bien, más oprimida la plebe, se ve forzada a carecer en gran parte de las mismas cosas en que esperaba el consuelo de su miseria, las cuales hubiera podido hallar con facilidad y abundancia en la sociedad cristianamente constituida. Y éste es el castigo de su soberbia, que suelen encontrar cuantos se vuelven contra el orden de la Providencia divina: que tropiezan con una suerte desoladora y mísera allí mismo donde, temerarios, la esperaban próspera y abundante según sus deseos.

26. La Iglesia, en cambio, como que manda obedecer primero y sobre todo a Dios, Soberano Señor de todas las cosas, no podría, sin injuria y falsedad, ser tenida por enemiga de la potestad civil, usurpadora de algún derecho de los príncipes; antes bien, quiere se de al poder civil, por dictamen y obligación de conciencia, cuanto de derecho se le debe; y el hacer dimanar de Dios mismo, conforme hace la Iglesia, el derecho de mandar, da gran incremento a la dignidad del poder civil y no leve apoyo para captarse el respeto y benevolencia de los ciudadanos. Amiga de la paz, la misma Iglesia fomenta la concordia, abraza a todos con maternal cariño y, ocupada únicamente en ayudar a los hombres, enseña que conviene unir la justicia con la clemencia, el mando con la equidad, las leyes con la moderación; que no ha de violarse el derecho de nadie; que se ha de servir al orden y tranquilidad pública y aliviar cuanto se pueda pública y privadamente la necesidad de los menesterosos. Pero por esto piensan, para servirnos de las palabras mismas de San Agustín, o quieren que se piense no ser la doctrina de Cristo provechosa para la sociedad, porque no quieren que el Estado se asiente sobre la solidez de las virtudes, sino sobre la impunidad de los vicios. Conocido bien todo esto, sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública que príncipes y pueblos se unieran, no con los Masones para destruir la Iglesia, sino con la Iglesia para quebrantar los ímpetus de los Masones.

Remedios doctrinales

27. Sea como quiera, ante un mal tan grave y ya tan extendido, lo que a Nos toca, Venerables Hermanos, es aplicarnos con toda el alma a la busca de remedios.

Y porque sabemos que la mejor y más firme esperanza de remedio está puesta en la virtud de la religión divina, tanto más odiada por los Masones cuanto más temida, juzgamos ser lo principal el servirnos contra el común enemigo de esta virtud tan saludable. Así que todo lo que decretaron los Romanos Pontífices, Nuestros Antecesores, para impedir las tentativas y los esfuerzos de la secta masónica, y todo cuanto sancionaron para alejar a los hombres de semejantes sociedades o sacarlos de ellas, todas y cada una de estas cosas las damos por ratificadas y las confirmamos con Nuestra autoridad apostólica. Y confiadísimos en la buena voluntad de los cristianos, rogamos y suplicamos a cada uno en particular por su eterna salvación que estimen deber sagrado de conciencia el no apartarse un punto de lo que en esto tiene ordenado la Silla Apostólica.

28. Y a vosotros, Venerables Hermanos, os pedimos y rogamos con la mayor instancia que, uniendo vuestros esfuerzos a los Nuestros, procuréis con todo ahínco extirpar esta asquerosa peste que va serpeando por todas las venas de la sociedad. A vosotros toca defender la gloria de Dios y la salvación de los prójimos: ante tales fines en el combate, no ha de faltaros ni el valor ni la fuerza.

29. Vuestra prudencia os dictará el modo mejor de vencer los obstáculos y las dificultades que se alzarán; pero como es propio de la autoridad de nuestro ministerio el indicaros Nos mismo algún plan razonable, pensad que en primer lugar se ha de procurar arrancar a los Masones su máscara, para que sean conocidos tales cuales son, que los pueblos aprendan por vuestros discursos y pastorales, dados con este fin, las malas artes de semejantes sociedades para halagar y atraer, la perversidad de sus opiniones y lo criminal de sus hechos. Que ninguno que estime en lo que debe su profesión de católico y su salvación juzgue serle lícito por ningún título dar su nombre a la secta masónica, como repetidas veces lo prohibieron Nuestros Antecesores. Que a ninguno engañe aquella honestidad fingida; puede, en efecto, parecer a algunos que nada piden los Masones abiertamente contrario a la religión y buenas costumbres; pero como toda la razón de ser y causa de la secta estriba en el vicio y en la maldad, claro es que no es lícito unirse a ellos ni ayudarles en modo alguno.

30. Además, conviene con frecuentes sermones y exhortaciones inducir a las muchedumbres a que se instruyan con todo esmero en lo tocante a la religión, y para esto recomendamos mucho que en escritos y sermones oportunos se explanen los principales y santísimos dogmas que encierran toda la filosofía cristiana. Con lo cual se llega a sanar los entendimientos por medio de la instrucción y a fortalecerlos así contra las múltiples formas del error como contra los varios modos con que se presentan atractivos los vicios en esa tan grande libertad de publicaciones y curiosidad tan grande de saber.

Grande obra, sin duda; pero en ella será vuestro primer auxiliar y colaborador de vuestros trabajos el Clero, si con vuestro esfuerzo lográis que salga bien pertrechado en virtudes y en ciencia. Mas empresa tan sana e importante reclama también en su auxilio el celo activo de los seglares, que juntan en uno el amor de la religión y de la Patria con la probidad y el saber. Aunadas las fuerzas de una y otra clase, trabajad, Venerables Hermanos, para que todos los hombres conozcan bien y amen a la Iglesia; porque cuanto mayor fuere este conocimiento y este amor, tanto mayor será así la repugnancia con que se mire a las sociedades secretas como el empeño en rehuirlas.

Organizaciones prácticas

31. Y aprovechando esta oportunidad, renovamos ahora justamente Nuestro deseo, ya repetido, de que se propague y se fomente con toda diligencia la Orden Tercera de San Francisco, cuyas reglas con lenidad prudente hemos suavizado hace muy poco tiempo. El único fin que le dio su autor es el de traer los hombres a la imitación de Jesucristo, al amor de su Iglesia, al ejercicio de toda virtud cristiana; mucho ha de valer, por tanto, para extinguir el contagio de estas perversísimas sociedades. Y así, que cada día aumente más esta santa Congregación; pues, además de otros muchos frutos, puede esperarse de ella el insigne de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó Jesucristo para el humano linaje y las siguió San Francisco: esto es, la libertad de los hijos de Dios, por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones, nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad que dimana de ser Dios nuestros Creador y Padre común de todos; la igualdad que, teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forma aquel admirable y armonioso concierto que aun la misma naturaleza pide para el bien y la dignidad de la vida civil.

32. Viene, en tercer lugar, una institución sabiamente establecida por nuestros mayores e interrumpida por el transcurso del tiempo, que puede valer ahora como ejemplar y forma para lograr instituciones semejantes.

Hablamos de los gremios y cofradías de trabajadores con que éstos, al amparo de la religión, defendían juntamente sus intereses y, a la par, las buenas costumbres.

Y si con el uso y experiencia de largo tiempo vieron nuestros mayores la utilidad de estas asociaciones, tal vez la experimentaremos mejor nosotros por ser especialmente aptas para invalidar el poder de las sectas. Los que conllevan la pobreza con el trabajo de sus manos, fuera de ser dignísimos, en primer término, de caridad y consuelo, están más expuestos a las seducciones de los malvados, que todo lo invaden con fraudes y engaños. Débeseles, por ello, ayudar con la mayor benignidad posible y atraer a sociedades honestas, no sea que los arrastren a las infames. En consecuencia, para salud del pueblo, tenemos vehementes deseos de ver restablecidas en todas partes, según piden los tiempos, estas corporaciones bajo los auspicios y patrocinio de los Obispos. Y no es pequeño Nuestro gozo al verlas ya establecidas en diversos lugares en que también se han fundado sociedades protectoras, siendo propósito de unas y otras ayudar a la clase honrada de los proletarios, socorrer y custodiar sus hijos y sus familias, fomentando en ellas, con la integridad de las buenas costumbres, el amor a la piedad y el conocimiento de la religión.

33. Y en este punto no dejaremos de mencionar la Sociedad llamada de San Vicente de Paúl, tan benemérita de las clases pobres y tan insigne públicamente en su ejemplaridad. Bien conocidas son su actuación y sus aspiraciones; se emplea en adelantarse espontáneamente al auxilio de los menesterosos y de los que sufren, y esto con admirable sagacidad y modestia; pues, cuanto menos quiere mostrarse, tanto es mejor para ejercer la caridad cristiana y más oportuna para consuelo de las miserias.

Educación de la juventud

34. En cuarto lugar, y para obtener más fácilmente lo que intentamos, con el mayor encarecimiento encomendamos a vuestro celo y a vuestros desvelos la juventud, esperanza de la sociedad.

Poned en su educación vuestro principal cuidado, y nunca, por más que hiciereis, creáis haber hecho bastante en el preservar a la adolescencia de aquellas escuelas y aquellos maestros, en los que pueda temerse el aliento pestilente de las sectas. Exhortad a los padres, a los directores espirituales, a los párrocos para que insistan, al enseñar la doctrina cristiana, en avisar oportunamente a sus hijos y alumnos sobre la perversidad de estas sociedades, y a que aprendan desde luego a precaverse de las fraudulentas y varias artes que sus propagadores suelen emplear para enredar a los hombres. Y aun no harían mal, los que preparan a los niños para recibir bien la primera Comunión, en persuadirles que se propongan y se comprometan a no ligarse nunca con sociedad alguna sin decirlo antes a sus padres o sin consultarlo con su confesor o con su párroco.

35. Bien conocemos que todos nuestros comunes trabajos no bastarán a arrancar estas perniciosas semillas del campo del Señor si desde el cielo el dueño de la viña no favorece benigno nuestros esfuerzos.

Necesario es, por lo tanto, implorar con vehemente anhelo e instancia su poderoso auxilio, como y cuanto lo piden la extrema necesidad de las circunstancias y la grandeza del peligro. Levántase insolente y orgullosa por sus triunfos la secta de los Masones, ni parece poner ya límites a su pertinacia. Préstanse mutuo auxilio sus sectarios, todos unidos en nefando contubernio y por comunes ocultos designios, y unos a otros se animan para todo malvado atrevimiento. Tan fiero asalto pide igual defensa, es a saber, que todos los buenos se unan en amplísima coalición de obras y oraciones. Les pedimos, pues, por un lado que, estrechando las filas, firmes y a una, resistan contra los ímpetus cada día más violentos de los sectarios; por otro, que levanten a Dios las manos y le supliquen con grandes gemidos, para alcanzar que florezca con nuevo vigor la religión cristiana; que goce la Iglesia de la necesaria libertad; que vuelvan a la buena senda los descarriados; y que, al fin, abran paso a la verdad los errores y los vicios a la virtud.

36. Como intercesora y abogada tengamos a la Virgen María Madre de Dios, para que, pues ya en su misma Concepción purísima venció a Satanás, sea Ella quien se muestre poderosa contra las nefandas sectas, en las que claramente se ve revivir la soberbia contumaz del demonio junto con una indómita perfidia y simulación. Acudamos también al príncipe de los Ángeles buenos, San Miguel, el debelador de los enemigos infernales; y a San José, esposo de la Virgen santísima, así como a San Pedro y San Pablo, Apóstoles grandes, sembradores e invictos defensores de la fe cristiana, en cuyo patrocinio confiamos, así como en la perseverante oración de todos, para que el Señor acuda oportuno y benigno en auxilio del género humano que se encuentra lanzado a peligros tantos. Sea prueba de los dones celestiales y de Nuestra benevolencia la Bendición Apostólica, que de todo corazón os damos en el Señor, a vosotros, Venerables Hermanos, al Clero y a todo el pueblo confiado a vuestra vigilancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de abril de 1884, año séptimo de Nuestro Pontificado.

Papa León XIII