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¿Qué es la Santería?

Pregunta:

¿Qué es la Santería?

Respuesta:

Historia

La Santería es una religión que tiene sus orígenes con la tribu Yoruba del África. Los Yorubas vivían en lo que se conoce hoy como Nigeria, a lo largo del Río Niger. En un tiempo tuvieron una poderosa y compleja estructura organizada en una serie de reinos, de los cuales el más importante era Benin, y este duró por 12 siglos hasta el 1896.

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, los Yoruba pelearon una serie de guerras con sus vecinos y entre ellos. Esta pelea interna y los ataques externos llevaron a la caída y esclavización del pueblo Yoruba. Entre 1820 y 1840, la mayoría de los esclavos enviados desde Benin eran Yorubas. Estos esclavos fueron llevados a Cuba y al Brasil a trabajar en las plantaciones de azúcar. Los Yoruba pronto fueron llamados los ‘Lucumi’, debido a su saludo ‘oluku mi’, ‘mi amigo’.

Las leyes españolas, al mismo tiempo que permitían la esclavitud, trataban de atenuar esa injusticia concediendo a los esclavos algunos derechos, al menos en teoría. Tenían derecho a propiedad privada, matrimonio y seguridad personal. También las leyes exigían que los esclavos fueran bautizados católicos como condición de su entrada legal a Las Indias.

La Iglesia trató de evangelizar a los negros Lucumí pero las condiciones eran muy difíciles. Además de la escasez de sacerdotes, la condición de esclavitud dificultaba que los Lucumí comprendieran y aceptaran lo que se les enseñaba acerca de Dios. El resultado fue que muchos aceptaron exteriormente las enseñanzas católicas mientras interiormente mantenían su antigua religión.

Con la revolución comunista, que triunfó en Cuba en 1959, más de un millón de cubanos se exilaron en USA (principalmente en Miami, New York y Los Angeles) y otros países. Entre ellos habían santeros que propagaron la Santería en sus nuevos ambientes.

Santería: Una religión pagana fruto del sincretismo Yoruba + Catolicismo

En sus esfuerzos de esconder su religión africana y sus prácticas mágicas, los lucumís identificaron sus deidades africanas (orishas) con los santos del catolicismo, dando como resultado un sincretismo religioso conocido hoy como la Santería. Un santo católico y un orisha lucumí son vistos como manifestaciones diferentes de la misma entidad espiritual.

La Santería adora una fuerza central y creativa llamada Olodumare. De él procede todo lo que existe, y todo regresa a él. Olodumare se expresa a sí mismo en el mundo creado a través de Ashe. Ashe es la sangre de la vida cósmica, el poder de Olodumare hacia la vida, la fuerza y la justicia. Es una corriente divina que encuentra muchos canales de mayor o menor receptividad. Ashe es la base absoluta de la realidad.

Creen que la vida de cada persona viene ya determinada antes del nacimiento en Ile-Olofi, la casa de Dios en el cielo. Aquellos que no lo cumplen serán castigados por los orishas y deben reencarnar hasta satisfacer el castigo.

Los Santos

Los católicos veneramos a los santos comprendiendo que son seres humanos que vivieron heroicamente su fe, murieron y están ahora en el cielo desde donde interceden por nosotros gracias a su participación en la gloria de Jesucristo.

Para los santeros, los santos son dioses (orishas) que deben adorarse. Olodumare creó a los orishas para manifestar su voluntad y su esencia en la creación. Estos son una personificación de Ashe. Los orishas también son los guías y protectores de la raza humana.

Los santos que tomaron para identificarlos con los orishas eran los más conocidos en la Iglesia en Cuba. La Virgen Santísima en diferentes advocaciones es también identificada con un orisha como si fuese un santo más. La identificación a menudo tiene que ver con las vestimentas o las razones por las que el santo o la Virgen es conocida. Así Santa Bárbara, vestida de rojo y con espada en las imágenes católicas, se identifica con el dios shangó, guerrero a quien se le atribuye la fuerza.

Tabla de orishas con su respectivo santo católico:

Orisha Santo Principio que se le atribuye
Agayu San Cristóbal Paternidad
Babaluaye San Lázaro Enfermedad
Eleggua San Antonio de Padua Abridor de caminos
Ibeji San Cosme y San Damián Niños
Inle San Rafael Medicina
Obatalá Nuestra Señora de las Mercedes Claridad
Ogún San Pedro Hierro
Olokún Nuestra Señora de la Regla Profundidad
Orula San Francisco Sabiduría, destino
Osanyín San José Hierbas
Oshosi San Norberto Caza y protección
Oshún Nuestra Señora de la Caridad Eros
Oya Nuestra Señora de la Candelaria Muerte
Shangó Santa Bárbara Fuerza
Yemayá Nuestra Señora de Regla Maternidad

Según la Santería, la vida de cada persona está supervisada por un santo (orisha) que toma parte activa su vida diaria. En la fiesta de su santo, la persona, debe asistir a misa y a las ceremonias de ese orisha.

La iniciación

Antes de la iniciación la persona debe recibir una ‘limpieza’ para purificarse. La primera iniciación es la de los collares, conocidos como ‘elekes’. Se entregan cinco collares que pertenecen a Eleggua, Obatalá, Shangó, Yemayá y Oshún y protegen del mal. Se espera que la persona respete a los orishas y se comporte con moral.

La jerarquía

No todos los practicantes de la Santería son santeros. Este nombre suele reservarse a los sacerdotes (omo-orishas) de la Santería a quienes acuden los creyentes para consultas y sacrificios.

La ceremonia en la que una persona se hace santo se llama ‘asiento’. Se forma un vínculo entre el santero y un orisha. Después de haber recibido el ‘asiento’ la persona puede ascender en la jerarquía de la Santería. Pasan entonces por el rito del cuchillo que les permite hacer sacrificios de animales.

Los sacerdotes de mayor jerarquía se llaman ‘babalaos’. Hacen de adivinos de modo que si hay un caso muy difícil para el santero este acude al ‘babalao’.

Adivinación

Las adivinaciones son para conocer el futuro o para descubrir alguna maldición o si a la persona se le ha pegado un espíritu maligno o bueno . En caso de espíritu maligno, el santero procede a hacer ‘limpieza’. Si el espíritu es bueno, hay que reenforzarlo. Para la adivinación los santeros utilizan diferentes formas de interpretar un oráculo.

1-Una cadena de medallones que el santero tira sobre su mesa. El oráculo se lee de acuerdo a como caigan los medallones.

2-Una bandeja de madera llamada ‘ifa’ sobre la que se echa un polvo (eyero-sun). Con un cuerno el babalao traza líneas y ceros para componer el oráculo. Se pretende descubrir la presencia de fuerzas en torno a la persona y la naturaleza buena o mala de ellas.

3-Un tipo de adivinación es el ‘ikin’ en el que tres babalaos usan 16 cocos para hacer adivinaciones.

Los sacrificios (ebbo)

A los orishas hay que ofrecerles sacrificios o ‘ebbo’ lo cual necesitan para vivir ya que no son inmortales. El orisha consume el ashe invisible liberado de los sacrificios a través de una consagración (palabras sagradas de dedicación).

El ‘ebbo’ consiste de hierbas especiales y la sangre de los animales sacrificados. Cada orisha tiene unas hierbas y animales que le gusta consumir y solo estas cosas que disfruta el orisha son las que se deben sacrificar. La sangre y las hierbas se vierten sobre piedras rituales que representan a cada orisha y que contienen la esencia espiritual de los orishas. Por eso la Santería requiere de tiendas llamadas ‘botánicas’ donde se venden las hierbas y otros objetos de la religión.

Hay tres tipos de sacrificios de animales:

1- Para limpiar de un mal o una maldición
2- Al orisha pidiendo su asistencia
3- Para la ceremonia de iniciación en una de los órdenes de la Santería.

Antes de que un ‘ebbo’ pueda ser ofrecido se debe invocar el ‘eggun’ o ‘Eleggua’, los cuales son los espíritus de los ancestros, ya sea de la persona o de la familia santera a la que pertenece. Eleggua es el orisha que lleva la ofrenda a los otros orishas y por eso debe honrársele primero.

Como entender la Santería

En los cinco años que fui capellán en la Ermita de la Virgen de la Caridad en Miami, tuve oportunidad de evangelizar a muchos santeros que venían pensando que visitaban al dios Oshún. Generalmente no tenían entendimiento de Jesucristo como Salvador, ni de la necesidad de conversión. Al no tener conocimiento de la revelación cristiana no veían conflicto entre ser católicos y santeros.

Las personas suelen entrar en la Santería buscando resolver un problema. Por ejemplo, una enfermedad, la infidelidad de un esposo, problemas económicos, etc. Se les ha dicho que el santero tiene contactos especiales con el mas allá y poco se preocupan si ese contacto es con Dios o con el demonio, con tal que les de resultado. En algunos casos, la persona ha tratado de resolver el problema recurriendo a Jesús y a Su Iglesia pero no les ha ‘funcionado’. He escuchado muchos testimonios en que dicen haberlo probado todo antes de entrar en la Santería. No dudo que eventualmente sientan una experiencia de Dios, pero en la santería no encontrarán la revelación de Dios que nos ha dado todo Su amor en Su Hijo Jesucristo.

Una vez iniciado a la santería, se le dice que debe seguir para obtener mejores resultados. El santero va tomando control de la persona hasta que el miedo la gobierna. Se le dice que si se separa, algo muy malo va sucederle… El Santero se va convirtiendo en un personaje indispensable que domina toda la vida y del cual no hay salida. En esto es parecido a la relación con la mafia.

Es natural que se busque resolver problemas, pero el auténtico encuentro con Dios no se puede centrar sino en el amor de Dios y en hacer la voluntad de Dios por amor aunque requiera abrazar la cruz. Dios es un Padre bueno que nos dará la fuerza para llevarla. Esa confianza, aunque no comprendamos Sus designios, es la base de nuestra fe cristiana. La obediencia muchas veces requiere abrazar grandes problemas por amor.

Mateo 7, 21 ‘No todo el que me diga: ‘Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.’

Jesús mismo nos da el mejor ejemplo: ‘Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.’ Lucas 22, 42

He aquí la radical diferencia: Cristo nos invita a negarnos a nosotros mismos y abrazar la cruz por amor obediente a Dios, la santería busca los poderes divinos para resolver problemas y el santero se va enfrascando en mundo espiritual que exige ciertos ritos para asegurar su bienestar. Quien es ese dios que proporciona seguridad no tiene aparente importancia para el santero. El cristiano vive en el Espíritu Santo, el santero se somete a otros espíritus.

El relativismo de la santería queda ilustrado en una carta que me escribió un babalao:

No lo trate como anatema o herejía, trate de comprender a las gentes que van de rodillas el día de San Lázaro ante Babalú-Aye para pedirle salud. Esas gentes son tan dignas de nuestro amor y comprensión como lo son los que van ante la Virgen de Guadalupe o El Cristo de Medinacelí. Trate de abrir su mente y su corazón hacia esas gentes y no las trate con desprecio y sorna, no se lo merecen aunque le recen a Yemayá o a Obatalá, al fin y al cabo tienen las misma fe y la misma necesidad que los que van a rezar a la Virgen de las Mercedes o a la Virgen de Regla……..

Es precisamente por amor que anunciamos a los santeros el amor de Dios en Jesucristo. Ciertamente que son dignos de amor y comprensión. Por eso son dignos de que se les diga la verdad sobre el amor perfecto: Cristo.

Quien ha estado en Santería necesita mucho amor y apoyo de la comunidad cristiana para librarse del miedo y de la ansiedad. Hay que insistirle en Dios amor que viene a salvarnos, que tiene todo poder para defendernos. Hay también que explicarle que por amor estamos dispuestos a ser fieles y obedecer sus mandamientos aunque tengamos que sufrir hasta la muerte.

Tras la conversión

Cuando ha aceptado salir de la santería, es necesario que se le exhorte a no guardar ningún amuleto ni artículo relacionado con la santería, ya que frecuentemente se sienten que no pueden soltarse del todo por miedo a castigos. Debe confesarse y se debe orar por el. Recomendamos que el sacerdote ore por liberación de cualquier espíritu maligno y le ayude a renovar su compromiso bautismal.

Ante toda esta realidad de lo oculto, no podemos mas que orar y sacrificarnos por todos aquellos que se encuentran atados y engañados por el demonio. Pidamos a la Santísima Virgen María que interceda por toda la humanidad trayendo las gracias de conversión a todos los hombres.

 Por P. Jordi Rivero

Tomado de la pagina www.corazones.org

Bibliografía:

González-Wippler, Mingene. Santería: the Religion, New York: Harmony Books, 1989.
Murphy, Joseph MSantería: an African Religion en America. Boston: Beacon Press, 1988.
Steffon, Jeffrey JSatanism, is it Real?. Ann Arbor: Servant Publications, 1992.


Debemos Conservar la Pureza de Nuestra Fe.

Carta Pastoral de Monseñor EDUARDO BOZA MASVIDAL- Obispo Cubano

Se está produciendo un fenómeno en nuestro pueblo cubano del exilio que nos debe preocupar profundamente a todos los que queremos una Cuba verdaderamente cristiana. Me refiero al auge de la Santería y del sincretismo religioso, especialmente en algunas zonas como Miami, Nueva York, y Nueva Jersey, hasta el punto de que ya la Santería ha sido admitida oficialmente como una ‘religión’ a la par con las demás en algunos estados de los Estados Unidos.

Quizás en el fondo de todo esto subyace un ansia de lo sobrenatural como contrapeso al vacío espiritual de una sociedad secularizada y tecnificada, unido a una deficiente atención religiosa por la diversidad de idioma y de costumbres. No es mi propósito detenerme aquí a estudiar las causas de este fenómeno, sino sólo fijarme en algunos puntos que nos ayuden a superarlo positivamente y hacer un llamado a todo nuestro pueblo para que conservemos la pureza de nuestra fe.

ORIGEN: El origen de la Santería en Cuba es perfectamente explicable. Poco después del descubrimiento, junto con los conquistadores, vinieron los misioneros que hicieron una profunda labor evangelizadora y sembraron en nuestro pueblo la semilla de la fe cristiana. Pero cuando se cometió aquella tremenda injusticia de traer de Africa negros como esclavos, arrancados inhumanamente de su patria y de su familia, aquellos hombres no pudieron ser debidamente evangelizados. Ni los sacerdotes sabían sus lenguas africanas ni ellos entendían el español. Se les hacia ir a la iglesia y practicar la religión católica, pero sin que hubiera habido una verdadera conversión: por dentro ellos seguían pensando en sus dioses paganos, ‘y cuando veían en los templos católicos las imágenes de los santos cristianos, sin ninguna mala intención de su parte, los identificaban con alguno de sus dioses, con los que les encontraban algún parecido o algún punto de contacto. Así nació y fue creciendo esa mezcla y confusión religiosa que después se extendió aún a personas de otro origen y raza.

¿Por qué no se pueden conciliar el cristianismo y la Santería? Vamos a señalar dos o tres diferencias fundamentales:

1- El cristianismo es monoteísta, cree en un solo Dios. El Dios cristiano es el Dios de la Biblia, uno en naturaleza y trino en personas, Creador y Señor de todas las cosas. Esta creencia en un solo Dios es tan fundamental en nuestra fe, que para defenderla lucharon mucho los profetas en el Antiguo Testamento, ya que el pueblo de Israel tenía constantemente la tentación de volverse hacia los dioses de los pueblos paganos vecinos y los profetas les hacían una crítica dura e irónica haciéndoles ver que esos eran dioses falsos, hechura de manos humanas, que tienen ojos y no ven, tienen oídos y no oyen, tienen boca y no hablan y es por eso que la ley de Moisés les prohibía hacerse imágenes para apartarlos de esa tentación. Jesucristo es ese único y verdadero Dios hecho hombre por amor a nosotros.

La Santería, en cambio, es politeísta, cree en muchos dioses, cuyos nombres ha dado a las imágenes de la Virgen María y de los santos cristianos. Pero la Virgen María y los santos cristianos no son dioses; son puras criaturas humanas, personas reales que han existido, y en su vida han dado ejemplo de fidelidad a Dios y de santidad de vida. Es algo completamente distinto.

2- El cristianismo es una religión de amor. Ese único Dios verdadero es un Padre que nos ama y al que nosotros amamos. En la oración acudimos a El con confianza de hijos y en su Providencia descansamos confiados.

La Santería, en cambio, es la religión del temor, del miedo. Hay que hacer cosas para librarse de males y apartar poderes maléficos, o para tener suerte y hacer propicios los dioses. Se teme mas que se ama.

3- El cristianismo nos lleva a hacernos mejores, a transformar nuestra vida. En la medida en la que vayamos viviendo de verdad tenemos que hacernos mejores, vencer nuestros defectos y adquirir más virtudes, más dominio de nosotros mismos, más caridad, más humildad, más espíritu de servicio, en una palabra, más santidad.

La Santería, en cambio, se queda en prácticas externas, en ritos y ceremonias que no nos transforman por dentro y que adquieren cierto sentido mágico cuyo efecto depende de los actos en sí, sin que nos cambiemos interiormente.

Señalaremos finalmente algunas normas pastorales. Nuestra actitud con las personas que practican la Santería no ha de ser una actitud cerrada, de rechazo total, sino una invitación a la reflexión y a la purificación de la fe:

1- Un llamado a no mezclar. La Iglesia Católica, en el Concilio Vaticano II, proclamó el principio de la libertad religiosa, o sea, el respeto que merece cada hombre que sinceramente y de buena fe practica una religión. Por eso la Iglesia mira con ese respeto las religiones africanas para aquellos que han nacido en ellas y allí tratan sinceramente a Dios. Pero a lo que no hay derecho es a la mezcla de elementos de dos religiones distintas, no siendo así una cosa ni otra. Esto que en su origen tuvo una explicación razonable y sin mala fe, como apuntábamos anteriormente, no la sigue teniendo cuando ya no existen esas razones. Si creemos en los dioses africanos, digámoslo claramente y esa será entonces nuestra religión; si somos cristianos, seámoslo de verdad y aceptemos nuestra fe en toda su pureza.

2- Aprovechemos los elementos válidos que hay en toda religión para purificarlos a través de una verdadera labor evangelizadora. El Concilio Vaticano II en la declaración ‘Nostra Aetate’ sobre la ‘Iglesia Católica y las Religiones no Cristianas’, dice que en toda religión hay ‘un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombre’ aunque esté también mezclada con muchos errores. Así hemos de partir de estos elementos positivos que hay en la Santería para llevar a una verdadera fe. Así por ejemplo, la creencia en Dios. Estas personas no son ateas ni materialistas. Creen en lo sobrenatural, en un ser supremo. Aquí ya tenemos un poco de terreno ganado. Lo que hay que hacer es purificar esa idea de Dios hasta llegar al Dios Uno, Creador y Señor, al Dios Padre, al Dios Amor. Estas personas dan culto a los santos. Habría que partir de ahí para llegar a lo que es verdaderamente un santo, que no es un ser mitológico, sino un ser real, cuyo nacimiento y vida conocemos, que amó heroicamente a Dios y al prójimo y nos dio un ejemplo y nos señala un caminó.

Ciertamente, esta labor evangelizadora es dura, lenta y difícil, y sería más fácil rechazar todo y quedarnos tranquilos pensando que somos los verdaderos cristianos, pero entonces no estaríamos acercando estas personas al verdadero Dios.

Hay un último punto que creo no se puede pasar por alto: la explotación comercial de la Santería, y esto sí debe merecer nuestra repulsa y condenación. Vemos corno proliferan las llamadas ‘Botánicas’ en las cuales se venden toda clase de objetos, yerbas, pomadas, collares, etc. por personas que muchas veces no creen absolutamente en nada de eso, pero la hacen porque esa les deja dinero y es un buen negocio. No se puede explotar así la fe del pueblo. Es algo absolutamente reprobable ante Dios y es un signo más de la entronización del dios ‘dinero’ que para muchos es el supremo valor.

Que estas palabras sirvan de invitación a todos para vivir un cristianismo auténtico y profundo, sin mistificaciones ni deformaciones, alimentado en la palabra de Dios contenida en la Biblia, y que la devoción a la Santísima Virgen María de la Caridad. nuestra Madre y Patrona, sea para nosotros camino para ir a Jesús y formar así un pueblo verdaderamente cristiano.

-Monseñor Eduardo Boza Masvidal, 24 de octubre, de 1977

Mon. Boza fue obispo auxiliar de La Habana hasta que fue expulsado por el régimen comunista de Cuba. Reside en Los Teques, Venezuela.

espiritista

¿Qué es el Espiritismo?

Pregunta:

¿Qué es el Espiritismo?

 

CONCEPTO E HISTORIA. (Por OTTO SKRZYPCZAK)

Se entiende por espiritismo el conjunto de doctrinas que no sólo admiten la posibilidad de una comunicación con espíritus o con algunas personas fallecidas, sino que atribuyen a la acción de los mismos ciertos fenómenos aparentemente superiores a las fuerzas de la naturaleza. Se llama también e. a la práctica de la evocación de las almas que esperan nueva encarnación, según esas doctrinas, así como a la simple participación en las sesiones en que se intenta provocar estos fenómenos, con o sin adhesión a la doctrina espiritista.

Historia

El origen del e. se remonta a los tiempos más antiguos de la Humanidad. El culto a los muertos, practicado por los pueblos primitivos, tenía, entre otros motivos, el de impedir las influencias maléficas de los muertos en la suerte de los VIVOS (V. DIFUNTOS I; MUERTE IV). También la magia (v.) tenía por fin poner al servicio del hombre los seres invisibles, inclusive los espíritus de los muertos. Las tradiciones folklóricas de todos los tiempos son ricas en historias sobre apariciones de difuntos, que llenan a los vivos de terror. El pavor que inspiran los cadáveres, el miedo de atravesar un cementerio durante la noche, la creencia en casas embrujadas, son otros tantos reflejos de una creencia en la posibilidad de que los muertos interfieran en la existencia de los vivos. La nigromancia o arte de evocación de los muertos es practicada por muchos pueblos, antiguos y actuales; aunque estaba prohibida por la legislación mosaica, parece que tuvo también algunos cultivadores entre los israelitas, según como se traduzca e interprete el pasaje en el que parece que la pitonisa de Endor evocó al espíritu de Samuel a petición de Saúl (1 Sam 28). Es admitida también en ciertas religiones la posibilidad de que las ‘almas desencarnadas’ se aposenten en el cuerpo de algún hombre vivo, y por medio de él se comunique con los participantes de una reunión. La creencia en la reencarnación o metempsícosis (v.) es un elemento presente en algunas religiones, como el hinduismo (v.) y el budismo (v.). Pero fue a mediados del s. xix cuando tales creencias y prácticas se constituyeron en un verdadero sistema, bajo el nombre de espiritismo. El origen del moderno e. está unido a una modesta familia de Hydesville, localidad del estado de Nueva York. A fines de 1847 Margarita y Catalina, hijas menores de la familia Fox, afirmaron oír, todas las noches, ciertos crujidos, que parecían provenir de las más diversas partes internas de la casa. Estos ruidos también eran percibidos por la madre, que se mostraba asustada, mientras que las niñas parecían divertirse con el fenómeno. El 31 marzo 1848 -fecha considerada como el día del nacimiento del e. moderno- las niñas indujeron al misterioso motivador de los ruidos a que diese golpes en series correspondientes a números que ellas indicaban; pedían, por ej., el número tres e inmediatamente se escuchaban tres golpes consecutivos. La madre, admirada, ‘pidió entonces a los ruidos’ que le dijesen la edad de sus hijas; en seguida se oyeron tres series de golpes, en números exactamente correspondientes a los años de Margarita, de Catalina y de una hija de tres años, ya fallecida. La noticia de tales acontecimientos comenzó a atraer a casa de los Fox un número continuamente creciente de curiosos. Poco a poco las dos niñas fueron ampliando las posibilidades de comunicarse con el invisible causante de los ruidos, o de los raps como los llamaban. Dieron a determinadas series de estallidos el valor de letras del alfabeto y así el supuesto interlocutor se les ‘reveló’ como siendo el espíritu de un antiguo inquilino de la casa, que había sido asesinado sin que jamás se hubiese descubierto al autor del crimen. La prensa comenzó a ocuparse de las ocurrencias de Hydesville, provocando acalorados debates en todos los Estados Unidos. La familia se trasladó a Rochester, pero también en la nueva residencia las niñas oían los extraños ruidos. En febrero de 1851 una comisión compuesta por tres médicos y algunos profesores de la Univ. de Búfalo examinó minuciosamente a las pequeñas, llegando a la conclusión de que los raps provenían de las junturas de los huesos en las rodillas de las niñas, y posiblemente también de otras articulaciones óseas, como las de los dedos de los pies. Durante cuarenta años las hermanas Fox viajaron por numerosos países de América y Europa dando demostraciones públicas de comunicaciones, cada vez más perfeccionadas, con los ‘espíritus’. Sin embargo, en 1888 Margarita declaró públicamente que todo había sido un fraude y que se arrepentía de una falsificación que se prolongaba desde hacía cuarenta años. Dos veces hizo esta retractación: la primera a un periodista del New York Herald y la segunda ante un numeroso público reunidc en el salón de actos de la Academia de Música de Nueva York, estando presente su hermana Catalina. Declaró que como niñas ignorantes y sin preparación fueron explotadas por una persona mayor con fines lucrativos. Con estas declaraciones el movimiento espiritista parecía haber entrado en un colapso mortal. Pero un año después se divulgaba la noticia de que una de las hermanas había desmentido la primera retractación, no en público, sino en la casa de uno de los principales espiritistas y solamente ante la presencia de algunos testigos, adeptos igualmente al mismo credo. Con esto los que creían en la autenticidad de las comunicaciones con los espíritus se dieron por satisfechos y el e. continuó difundiéndose. Nacido, pues, en los Estados Unidos fue, sin embargo, en Francia donde el e. moderno alcanzó su sistematización doctrinal. La mayor y más intensa influencia en el movimiento espiritista mundial se debe a la obra de Hippolyte Léon Denizard Rivail, más conocido por su seudónimo Allan Kardec. N. en Lyon en 1803 y, discípulo de Pestalozzi (v.), se dedicó al magisterio publicando diversos libros escolares de indudable valor didáctico. Habiendo conocido el movimiento espiritista, se dedicó el resto de su vida a publicar una serie de estudios en donde intentó dar consistencia filosófica y científica a los fenómenos espiritistas. Sus obras más conocidas son: El libro de los Espíritus (1857), Lo que es el espiritismo (1859), El libro de los mediums (1861), El evangelio según el espiritismo (1864), El cielo y el infierno (1865), El Génesis: Los milagros y las profecías (1868). M. en 1869 siendo su elogio fúnebre pronunciado por el conocido astrónomo francés Camilo Flammarion (1842-1925) que con algunas obras reforzó el prestigio del espiritismo kardecista.

Doctrina espiritista

Los puntos más importantes de la doctrina del e. moderno fueron resumidos por el propio Allan Kardec en la Introducción de su Libro de los Espíritus en los siguientes términos: ‘Dios es eterno, inmutable, único, omnipotente, soberanamente justo y bueno. Creó el Universo, que abarca todos los seres animados e inanimados, materiales e inmateriales. Los seres materiales constituyen el mundo visible o corpóreo, y los seres inmateriales, el mundo invisible o espiritista. es decir, de los espíritus. El mundo espiritista es el mundo normal, `primitivo, eterno, preexistente y sobreviviente a todo. El mundo corporal es secundario: podría dejar de existir, o no haber jamás existido sin que por esto se alterase la esencia del mundo espiritista’. Los espíritus, afirma Kardec, ‘revisten una envoltura material perecedera, cuya destrucción por la muerte les restituye la libertad. Entre las diferentes especies de seres corpóreos Dios escogió la especie humana para la encarnación de los espíritus, dándole una superioridad moral e intelectual sobre las otras especies. El alma es un espíritu encarnado, siendo el cuerpo sólo su envoltorio’. Según él, en el hombre existen tres cosas: 1°) el cuerpo o ser material, análogo a los animales y animado por el mismo principio vital; 2°) el alma o ser inmaterial, espíritu encarnado en el cuerpo; y 3°) el lazo que une el alma al cuerpo, principio intermediario entre la materia y el espíritu. El hombre, dice, ‘tiene dos naturalezas: por el cuerpo participa de la naturaleza de los animales cuyos instintos le son. comunes; por el alma, participa de la naturaleza de los espíritus. El lazo o perispíritu, que une el espíritu al cuerpo, es una especie de envoltura semimaterial. La muerte es la destrucción de la envoltura más tosca. El espíritu conserva la segunda, que le constituye en cuerpo etéreo, invisible para nosotros en el estado normal; sin embargo, puede accidentalmente hacerse visible y aun tangible, como ocurre en los fenómenos de las apariciones. El espíritu no es, pues, un ser abstracto, indefinido, solamente posible de concebirse por medio del pensamiento, sino que es un ser real, circunscrito que, en ciertos casos, se vuelve perceptible por la vista, por el o.`do y por el tacto’. ‘Los espíritus pertenecen a diferentes clases y no son iguales… Los del primer orden son los espíritus superiores, que se distinguen de los otros por su perfección, sus conocimientos, su proximidad con Dios, por la pureza de sus sentimientos y por su amor al bien: son los ángeles o espíritus puros. Los de las otras clases se encuentran cada vez más distanciados de esa perfección, mostrándose los de las categorías inferiores, en su mayoría, contaminados de nuestras pasiones: el odio, la envidia, los celos, el orgullo… Se complacen en el mal. Existen, también, entre los inferiores, los que no son ni demasiado buenos, ni muy malos, más perturbadores y enredadores que perversos… Los espíritus no ocupan perpetuamente la misma categoría. Todos se mejoran, pasando por diferentes grados de la jerarquía espiritista. Esta mejora se efectúa por la encarnación, que es impuesta a unos como expiación, a otros como misión. La vida material es una prueba que han de sufrir repetidamente, hasta que hayan alcanzado la absoluta perfección moral. Dejando el cuerpo, el alma vuelve al mundo de los espíritus, de donde salió, para pasar por una nueva experiencia material, después de un lapso de tiempo más o menos largo, durante el cual permanece en estado de espíritu errante… La encarnación de los espíritus se da siempre en la especie humana; sería errado creer que el alma o espíritu pueda encarnarse en el cuerpo de un animal. Las diferentes existencias del espíritu son siempre progresivas y nunca regresivas; pero la rapidez de su progreso depende de los esfuerzos que haga para llegar a la perfección… Los espíritus encarnados habitan los diferentes globos del Universo. Los no encarnados están por todas partes en el espacio y a nuestro lado, viéndonos y provocándonos continuamente. Es toda una población invisible, moviéndose en nuestro rededor’. ‘Los espíritus, sigue diciendo Kardec, ejercen una incesante acción sobre el mundo. Actúan sobre la materia y sobre el pensamiento y constituyen una de las potencias de la naturaleza, causa eficiente de una multitud de fenómenos hasta ahora sin explicación o mal explicados y que no encuentran una solución racional si no es a través del espiritismo… Las comunicaciones de los espíritus con los hombres son ocultas u ostensivas… Las comunicaciones ostensivas se dan por medio de escritos, de la palabra o de otras manifestaciones materiales, casi siempre a través de los mediums, que les sirven de instrumentos’. ‘Los espíritus se manifiestan espontáneamente o por medio de una evocación. Pueden evocarse todos los espíritus tanto a los que animaron a hombres oscuros como a los de los personajes ilustres, sea cual fuere la época en que les tocó vivir… Los espíritus son atraídos en razón de la simpatía que les inspire la naturaleza moral del medium que los evoca. Los espíritus superiores se complacen en las reuniones serias, donde predominan el amor al bien y el deseo sincero, por parte de todos los componentes, de instruirse y mejorar. La presencia de éstos aleja a los espíritus inferiores que, al contrario, encuentran libre acceso… entre personas frívolas o atraídas tan sólo por la curiosidad… Distinguir los buenos de los malos espíritus es extremadamente fácil. Los primeros usan constantemente un lenguaje digno, noble, sostenido por la más alta moralidad, mientras que el de los espíritus inferiores, por el contrario, es inconsecuente, frecuentemente trivial y grosero… La moral de los espíritus superiores se resume en esta máxima: hacer a los otros lo que desearíamos que los otros hicieran con nosotros, es decir, hacer el bien y no el mal…’. En cuanto a la reencarnación en particular Allan Kardec, en el cap. VII de la misma obra El libro de los Espíritus, esclarece que los espíritus pueden acelerar su propia reencarnación por un intenso deseo de progresión y también pueden adelantarla, aunque no indefinidamente, pues la necesidad de progresión y de perfeccionamiento es destino de todos. Normalmente el propio espíritu puede escoger el cuerpo en que va a reencarnarse, aunque a veces la designación es hecha por Dios mismo, algunas veces por castigo; en el caso de que muchos espíritus deseen encarnarse en el mismo cuerpo sería Dios, sigue opinando Kardec, quien escogería el más apto; y explica el proceso de la reencarnación de este modo: ‘La unión comienza en la concepción,, pero sólo es completa en el momento del nacimiento. Desde el instante de la concepción el espíritu designado para habitar determinado cuerpó se une a éste por un lazo fluídico, que cada vez se va apretando hasta el instante en que la criatura ve la luz…’. Fenómenos espiritistas. Lo llamativo de las sesiones de e. no es tanto su doctrina, sino el aparato de unos fenómenos extraños, más o menos inexplicables, que en ellas se observan. El medium es un elemento indispensable en estas sesiones, y es así denominado porque, en estado de trance, parece hacer de intermediario entre los espíritus y los asistentes. Suscitan especialmente interés los siguientes fenómenos: Tiptología (de typtein, golpear): una mesa se levanta y desciende, dando en el piso golpes acompasados, a los cuales se puede dar valor de letras y con éstas componer mensajes; a veces semejantes ruidos se hacen oír en otros objetos, como en las paredes o en una pianola, que comienza a tocar sin intervención de agente visible. Materializaciones: los asistentes ven salir unos filamentos fluídicos del cuerpo del medium, de forma nebulosa, que van evolucionando y tomando aparente consistencia, formando figuras más o menos nítidas, sobre todo cuerpos humanos; los espiritistas los llaman ectoplasma (del griego ektós, fuera, y plasma) que en el lenguaje científico significa la parte externa que circunda el endoplasma de la célula viva; pretendidas o verdaderas fotografías de formaciones ectoplasmáticas son para los adeptos del e. pruebas ciertas de su realidad. Levitación: el propio medium, u objetos colocados a su alrededor parecen escapar a la ley de la gravedad, flotan en el aire y se mueven sin aparente causa física; fenómenos que, según el caso, se designan también con el nombre de telequinesia (de tele, distante, y kínesis, movimiento). Xenoglossia (de xenos, extranjero, y glossa, lengua): el medium habla o escribe en lenguas que nunca aprendió, lo que es atribuido a espíritus que en encarnaciones anteriores hablaban aquellos idiomas. Psícografía: el medium, aparentemente movido por fuerza extraña, escribe como automáticamente mensajes, cuyo contenido en ese momento no podía conocer, p. ej., la noticia de un hecho que en el mismo instante está sucediendo a una gran distancia. Se combina este fenómeno con el de la clarividencia o telepatía o criptestesia. Pases: un hecho que atrae de modo especial a las sesiones de e. son las pretendidas curas de las más variadas enfermedades; por pases se designan los gestos con que el medium, aparentemente, domina el mal espíritu provocador de la enfermedad. Explicaciones no espiritistas de los fenómenos. Mientras los espiritistas explican los fenómenos como una intervención de las almas desencarnadas, sus adversarios procuran encontrar explicaciones naturales. La psicología científica explica parte de los fenómenos; pero no todos. Existen autores, sobre todo católicos, que por razones teológicas y ante el hecho del abandono por parte de muchos espiritistas de las prácticas religiosas, atribuyen dichos fenómenos a una intervención diabólica, a factores análogos. Otros adversarios del e. insisten en el hecho de que muchos y hasta famosos mediums se hayan servido de métodos fraudulentos, recurriendo, p. ej., a las técnicas de la prestidigitación. Con pretensiones de explicación científica surgió la metapsiquica, encabezada por el fisiólogo de la Sorbona Charles Richet, quien describe en su Tratado de metapsíquica (1922) sus experiencias e investigaciones con mediums, y después la parapsicología, escuela que admite en el hombre facultades y funciones parapsíquicas o paranormales, a las cuales se dio el nombre de extra-sensorial-perception (percepción extra sensorial) sigla ESP, cuyo máximo exponente es el norteamericano J. B. Rhine. Hasta el momento, la llamada metapsíquica se mueve en la esfera del empirismo vulgar y tendrá que caminar bastante para llegar a conclusiones aceptables desde el punto de vista científico. Por ahora se ha planteado como una alternativa a la explicación espiritista: el Congreso de Metapsíquica de Bolonia, octubre 1953, se declaró contrario a la explicación de los fenómenos espiritistas por la intervención de los difuntos.

Espiritismo y reencarnación

La reencarnación de las almas es uno de los puntos centrales del e.; de ahí que sus representantes intenten alegar muchas razones. Argumentan, p. ej., a partir de los sueños, diciendo que serían recuerdos de hechos sucedidos en existencias anteriores. El sufrimiento solamente se explicaría como castigo de malos actos practicados en otras encarnaciones. Los niños prodigio, que con poca edad resuelven complicados problemas matemáticos, componen piezas musicales y dirigen orquestas, serían reencarnaciones de grandes matemáticos, músicos, etc. Igualmente la paramnesia, es decir, la impresión que a veces tenemos de ya haber visto lugares y personas que en realidad vemos por primera vez, se explicaría como recuerdos de existencias pasadas.

Espiritismo y cristianismo

Algunos teóricos del e. relacionan su doctrina con el cristianismo y lo quieren presentar nada menos que como su expresión más genuina. Afirman que hay tres épocas en la historia de la revelación divina: la del Padre en el A. T., la del Hijo en el N. T. y la del Espíritu Santo con el advenimiento del espiritismo. El e. juzga prestar un gran servicio al cristianismo en su lucha contra el materialismo, afirmando la fe en la inmortalidad del alma no con dogmas, como hace la Iglesia, sino con hechos experimentales. Pero no admite la divinidad de Cristo; el dulce rabino de Galilea sería sólo la reencarnación de un espíritu bien adelantado y dispuesto a entrar en la esfera de los espíritus puros, y niega otros muchos dogmas. La Iglesia Católica con razón considera la adhesión al e. incompatible con su propia doctrina. Los postulados centrales del e. como el de la reencarnación y del destino indeclinable de todo individuo a un estado final de perfección, son diametralmente contrarios a la enseñanza católica sobre el carácter definitivo de una única existencia humana y sobre la posibilidad de un castigo eterno para los pecadores que mueren en la impenitencia. Sin negar teóricamente la posibilidad de una comunicación con las almas de los difuntos, la Iglesia considera la evocación de las mismas por lo menos como una irreverencia. En 1856, en carta dirigida al Episcopado mundial, y después en 24 abr. 1917, la Congregación del Santo Oficio (actualmente Cong. para la Doctrina de la Fe) prohibió a los católicos la participación en prácticas del espiritismo (v. II). V. t.: ANIMISMO; DIFUNTOS I; ESPÍRITU 11; TEOSOFÍA; HOMBRE III.

BIBL.: J. E. DE MURVILLE, Pneumatologie, Des Esprits et de leurs manifestations diverses, 5 vol., 4 ed. París 1863; J. DIPPEL, Der neuere Spiritismus, 2 ed. Munich 1897; J. GRASSET, L’occultisme hier et aujourd’hui, 2 ed. Montpellier 1908; L. RIBEIRO y MURILLO DE CAMPOS, O espiritismo no Brasil, Sáo Paulo 1931; P. PASCOAL LACROIX y C. F. M. BUENO DE SEQUEIRA, O espiritismo á luz de razr7o, Río de Janeiro 1941; P. SIWEK, La réincarnations des Esprits, Río de Janeiro 1942; F. M. PALMÉS, Metapsíquica y espiritismo, 2 ed. Barcelona 1950; C. M. DE HEREDIA, Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquieos, México 1953; G. ARRIGHI, Spíriti e Spiritismo moderno, Turín 1954; R. OMEZ, Peut-on communiquer avec les morts?, París 1955; Card. ALEXIS M. LvPICIER, O mundo invisivel (The unseen world), Oporto 1957; B. KLOPPENBURG, O espiritismo no Brasil, Petrópolis 1960; íD, O reencarnacionismo no Brasil, Petrópolis 1961; íD, A Umóanda no Brasil, Petrópolis 1961; P. CASTELLI, El espiritismo, en VARios, El pecado en las fuentes cristianas primitivas, Madrid 1963, 321-345.

 


 

 

JUICIO MORAL. (Por M. A. MONGE SÁNCHEZ)

El espiritismo, en los tratados tradicionales de Teología moral y en los escritos de los Padres, se conoce también con el nombre de nigromancia, y se define como ‘el arte de invocar las almas de los difuntos, especialmente las de los conocidos, con el fin principal de obtener la revelación de cosas ocultas, o bien la realización de cosas maravillosas’ (P. Castelli, o. c. en bibl. 321). En el s. xix, con Allan Kardec (v. I), esta práctica se constituye como doctrina, con un conjunto de principios que se refieren a la existencia y naturaleza de Dios, del hombre y de las almas en virtud de las cuales se pretende razonar la naturaleza y posibilidades de esa clase de relaciones del hombre con los difuntos. El Congreso Internacional Espiritista de Londres (7-13 sept. 1928) intentó fijar sus principios fundamentales. Pero se trata de una doctrina que, como tal, es inconsistente: las pretendidas revelaciones de las sesiones espiritistas no se apoyan en una autoridad de valor absoluto o demostrado; son hechos que se esfuman cuando se quieren estudiar; los pocos casos de intervenciones preternaturales, si las ha habido, sólo pueden atribuirse a una intervención diabólica. Por lo dicho, la Iglesia Católica considera la adhesión al e. como incompatible con la doctrina cristiana revelada. Los postulados espiritistas, con sus errores sobre la revelación y sobre verdades de fe, su interpretación evolucionista del alma y de la gracia, cte., cae bajo la condena general de toda doctrina herética (v. HEREIíA). Con relación a las prácticas espiritistas, dejando de lado la cuestión de la naturaleza de los hechos mediánicos (cuyo valor preternatural niegan muchos autores, por los frecuentes fraudes descubiertos en estas manifestaciones), el intento de ponerse en comunicación con espíritus desencarnados según el modo y fines del e., representa una culpa grave de idolatría (v.) y superstición (v.), una falta contra la verdadera virtud de la religión. Ya el A. T. condenaba esta práctica (cfr. Di 18,9-12; Lev 20,6; 27). La religión enseña que entre las almas de los difuntos y las de los vivos no debe mediar otra relación más que la espiritual, basada en el recuerdo y en la oración: ‘Dios no puede consentir a nuestras curiosidades morbosas y no puede, por tanto, permitir que las almas, que sólo a É1 están sometidas, contesten a nuestras llamadas, ni satisfagan nuestros deseos de temeraria presunción por penetrar en el reino de las almas separadas. Por esto, si es verdad que a veces se dan estas respuestas por parte de seres inteligentes que no son de este mundo (ya hemos dicho cuán incierto es el material recogido en el campo de la fenomenología metapsíquica), éstos no pueden ser más que espíritus malignos’ (Lanza- Palazzini, o. c. en bibl. 129). Los decretos del Santo Oficio de 4 ag. 1856 y 1 abr. 1898, declaran ilícita la práctica de evocar las almas de los muertos; una declaración de la S. Penitenciaría, de 1 febr. 1882, prohibe también asistir, aunque sea pasivamente, a sesiones espiritistas. El mismo S. Oficio a la pregunta: ‘Si es lícito, con la intervención de un medium o sin él, sirviéndose o no del hipnotismo, asistir a cualquier manifestación espiritista, sobre todo si tiene apariencia de honestidad y piedad, ya sea interrogando las almas de los espíritus, ya sea escuchando las respuestas, ya sea sólo observando, incluso si, expresa o tácitamente, se manifiesta no querer tener ninguna relación con los espíritus malignos’, contestó negativamente (Decr. 24 abr. 1917: AAS 9, 1917, 258). El llamado neo-espiritismo católico se rechazó con Decr. de 27 abr. 1955. La Iglesia al rechazar estas prácticas, aunque no se haya pronunciado sobre la naturaleza de las mismas, no vela sólo por la fe y la moral de sus hijos (las sesiones espiritistas corroen la fe verdadera y, con frecuencia, dan lugar a acciones inmorales) sino que previene también de los daños físicos o mentales que proceden del e.; de hecho, estas prácticas suelen comportar graves efectos en la salud y, en no pocas ocasiones, el suicidio de los mediums. Por eso, la transgresión, sobre todo si es habitual, de- este precepto de la Iglesia constituye un pecado grave. Ello no quiere decir que no sea lícito el intento de hacer un estudio de estos fenómenos mediánicos y metapsíquicos. Si se trata de personas competentes, que no buscan la satisfacción de una curiosidad morbosa, sino la investigación seria de leyes de la naturaleza que todavía están por explorar, estas experiencias, conducidas de una manera que no haga daño a la salud o a la moralidad del medium y de los asistentes, no quedan prohibidas. Algunos moralistas juzgan sólo pecado leve el asistir, por mera curiosidad y sin ninguna participación, a una sesión, si se evita además el escándalo y el peligro de perversión (E. Genicot, 1. Salmans, Institutiones Theologiae moralis, I, 271.). Otros admiten la asistencia si se trata de personas expertas que intentan descubrir los posibles fraudes frecuentes en esas sesiones (A. Vermeesch, Theologia Moralis, 11, 248). De todos modos, para resolver las dudas que pueden plantearse en estos casos, conviene recordar, que, como enseña la doctrina moral, no es lícito ponerse o poner a otros en ocasión de pecado si no hay causa proporcionada (v. PECADO iv, 2). Y no parece que, exceptuados aquellos casos en los que se intenta una investigación a fondo del tema, la curiosidad, que es la que mueve casi siempre a asistir a una sesión espiritista, sea motivo suficiente; por tanto, esa asistencia es moralmente ilícita. V. t.: RELIGIÓN IV; TEOSOFÍA.

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: S. TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, 1-2 q95 a3-4; P. CASTELLI, El pecado en el ocultismo, en VARIOS, El pecado en las fuentes cristianas primitivas (Enciclopedia de la Ética y Moral Cristianas, XI), Madrid 1963, 321-345 (con bibl.); C. M. DE HEREDIA, Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, México 1951; R. SANTILLI, Spiritismo, 2 ed. Pinerolo 1952; F. M. PALMÉS, Metapsíquica y Espiritismo, Barcelona 1955; E. UGARTE DE ERCILLA, El espiritismo moderno, Barcelona 1916; A. LANZA, P. PALAZZINI, Principios de Teología moral, II, Madrid 1958, 125131; P. PALAZZINI, Spiritismus, en Dictionnarium morale et canonicum, IV, Roma 1968, 335-340.

gnosis

¿Cuál es la Doctrina y la Historia del Gnosticismo?

Pregunta:

¿Cuál es la Doctrina y la Historia del Gnosticismo?

 

Respuesta:


DOCTRINA. (Por L. F. MATEO SECO)

La palabra griega gnosis significa conocimiento o ciencia. Durante el periodo helenístico adquiere un significado propio y habitualmente religioso, y, tras las herejías gnósticas, se aplica casi exclusivamente en sentido heterodoxo. Tres puntos polarizan la gnosis tomada en sentido religioso: conocimiento, revelación y salvación, susceptibles de múltiples interpretaciones, tanto en sí mismos, como en su interdependencia. La cuestión es eterna, pero el abigarrado mundo sincretista de los primeros siglos en los que se inició la historia de la Iglesia resultó un especial caldo de cultivo para transposiciones y subproductos de la gnosis ortodoxa.

l. Gnosis ortodoxa

En los escritos neotestamentarios, el conocimiento (gnosis), resultado de aceptar la Revelación (v.), goza de especial relieve; supone pasar del esfuerzo racional por conocer a Dios a un nuevo y más alto conocimiento basado en el testimonio divino y recibido por fe. Se trata de un auténtico acceso al misterio divino: ‘Os ha sido dado conocer los misterios del reino de los cielos’ (Lc 8,10); conocimiento, que es fruto de la amistad de Cristo: ‘… a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer’ (lo 15,15); la vida eterna consiste en conocer a Dios y a su enviado Jesucristo (lo 17,3). Es claro que se trata de un conocimiento de fe (v.), estrechamente ligado al amor, a la caridad (v.) o agapé: ‘… que Cristo habite en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podáis comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor a Cristo, que excede todo conocimiento’ (Eph 3,17-19). La oscuridad de la fe es al mismo tiempo luminosidad, también para la inteligencia. La fe es una nueva luz, un nuevo conocimiento; el término fotismós (iluminación) es uno de los utilizados desde los primeros tiempos para designar el Bautismo. En sus obras polémicas, los Padres refutarán la gnosis herética (v. 2), no por ser gnosis, sino por ser falsa. S. Ireneo (v.) titula su libro Elenco y refutación de la falsa gnosis, intentando sustraer el término gnosis del proceso de adulteración. En la Didajé (v.), se dan gracias por el conocimiento y la fe que Dios nos ha dado por medio de Jesucristo (9,3; 10,2); S. Ignacio de Antioquía (v.) dice de ella que lleva a la inmortalidad (Ad Ephesios, 17,2); este conocimiento salvador no es otra cosa que la aceptación de Jesucristo (ib.). ‘La verdadera gnosis, añade S. Ireneo (Adversus Haereses, IV,33: PG 7,1077 B), es la doctrina de los Apóstoles’, subrayando que la explicitación de esta doctrina se lleva a cabo por el estudio, y señalando el primer esfuerzo por distinguir la especulación teológica de la fe. Si S. Ireneo dedica gran parte de sus esfuerzos a desenmascarar la falsa gnosis, Clemente de Alejandría (v.) dedica buena parte de los suyos a delimitar la gnosis auténtica. El fundamento de esta gnosis no puede ser otro que la fe, ‘primer movimiento del hombre hacia la salud’ y ‘fundamento de la caridad’ (Stromata, 11,6: PG 8,965-967). Esta fe se funda en las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, contenida en la S. E.; el ‘gnóstico’, además, sigue las palabras y los hechos del Señor que le han llegado por tradición, ‘guardando la rectitud apostólica y eclesiástica de los dogmas’ (Stromata, VII, 16: PG 9,544). Para ser gnóstico, se requiere, finalmente, llevar una vida ascéticamente perfecta. Para Clemente, el ‘gnóstico es, en primer lugar, aquel que conoce ciertas verdades; es, en segundo lugar, aquel que ha llegado a la perfección espiritual; es, en fin, un educador que conduce a otros a la gnosis’ (J. Daniélou, Message évangélique el culture hellénistique, París 1961, 409-410). La parte intelectual integrante del gnóstico es asimismo rica en facetas: es comparación de los dogmas entre sí (Stromata, 1,2: PG 8,709), apología (ib. 11,11: PG 8, 984), interpretación espiritual y alegórica de la S. E. (ib. VI,15: PG 9,340), uso de la filosofía para explicar los dogmas (ib. 1,2: PG 8,709), es, sobre todo, theoría, contemplación constante: ‘El gnóstico ora durante toda su vida’ (ib. VII,7: PG 9,456C), contemplación que le hace subir cada vez más en la semejanza con Dios (ib. V11,3: PG 9,416 C-428 A). En resumen, para Clemente, la gnosis constituye un paso sobre la mera recepción de la fe; es quehacer teológico, esfuerzo moral, plenitud de vida cristiana, contemplación y apostolado, entendido éste como entrega de lo contemplado a los discípulos, como auténtica función magisterial. Orígenes (v.) profundiza en el contenido espiritual del concepto de gnosis, distinguiendo con mayor nitidez entre fe y gnosis: creer es aceptar el credo, mientras que la gnosis equivale a conocer a Dios por vía mística, constituyendo el perfeccionamiento o último estadio de la vida de fe (Commentarium in Johannem, X,37: PG 14, 373). Para llegar a ella es imprescindible la práctica de las virtudes y el total dominio de las pasiones por medio de la apatheia. Gnosis y theoría son aspectos que se intercambian en Orígenes: ‘Contemplar, conocer y comprender no son términos que signifiquen actos diferentes’ (H. Crouzel, Origéne el la connaissance mystique, Toulouse 1960, 398). La gnosis versa preferentemente sobre los misterios secretos de Dios contenidos en la S. E. (De Principüs, IV,2: PG 11,372-376); de ahí la importancia de la exégesis alegórica. Orígenes establece un paralelismo entre los estadios de la vida interior -simpliciores, progredientes, perfecti- y los tres sentidos de la Escritura, reservando a los perfectos ‘penetrar en la ley espiritual que contiene los bienes futuros’ (1. c.). La inteligencia se eleva a partir de la letra y bajo la acción de iluminaciones divinas al conocimiento del misterio. Así lo describe en la Hom. XXVII in Numeros al llegar a la 15 etapa de la ascensión del alma: ‘Después se llega a Rathma o Pharam. Rathma es interpretado como visión consumada, y Pharam como rostro visible. ¿Por qué el alma no ha de ensancharse hasta el punto de que, insensible a los dolores de la carne, tenga visiones consumadas, comprenda la perfecta significación de las cosas, conozca con plenitud y profundidad las razones de la encarnación del Verbo de Dios y las formas que reviste la economía de este misterio?’ (PG 12,794-795). Este conocimiento supone la unión entre cognoscente y conocido, de forma que no se conoce a Dios más que uniéndose a Él (Commentarium in Johannem, XIX,4: PG 14,532). Junto a la riqueza de la explicitación del concepto de gnosis por parte de los ortodoxos, es necesario destacar algunas sombras y peligros que acompañaron su desarrollo: 1) El que este conocimiento se tornase esotérico bajo los influjos de la exégesis alegórica, de la apocalíptica judía y de la apreciación indiscriminada de ciertas tradiciones orales, muchas de ellas provenientes de los presbíteros judeo-cristianos. Baste citar un texto: ‘Pues, si llamamos sabiduría a Cristo y su operación por medio de los profetas, por medio de la cual se aprende la tradición gnóstica (gnostiké parádosis), como Él mismo enseñó -a los Apóstoles: que la sabiduría es conocimiento, ciencia y comprensión estable y firme de las cosas que son, han sido y serán, ya que ha sido entregada y revelada por el Hijo de Dios. Y, si el fin del sabio es la contemplación, la contemplación de los que ahora son filósofos busca la sabiduría divina; pero, no la consigue, si no recibe la voz profética entregada a él, por la cual es adoctrinado de cómo fueron, son y serán las cosas que son, han sido y serán. El conocimiento es tal, que ha llegado hasta muy pocos entregado desde los Apóstoles por sucesión sin escritos’ (Clemente de Alejandría, Stromata, VI,7: PG 9,281-284). El texto manifiesta un recurso a unas tradiciones orales distintas de la Tradición (v.); por otra parte, el objeto del conocimiento ‘las cosas que son, han sido y serán’, no puede menos de evocar las preocupaciones de la apocalíptica sobre el fin de los tiempos (cfr. J. Daniélou, o. c., 437). 2) La tentación de dividir a los cristianos entre ‘gnósticos’ y ‘simples’, y, dado el papel que juega el conocimiento y su confusión con la perfección o plenitud de vida cristiana, el peligro de reducir la perfección cristiana a patrimonio de una élite. Las sombras, sin embargo, no pueden paliar la grandeza del esfuerzo ligado a este concepto: apertura a la sabiduría, iniciación del quehacer teológico y comienzo de una teología mística, cuyas líneas, a través de S. Gregorio de Nisa (v.) y de Evagrio Póntico (v.), perduran en la Iglesia.

II. Gnosis heterodoxa.

Al enfocar el complejo mundo de la gnosis heterodoxa desde el ángulo teológico, son de especial interés estos tres puntos: 1) Relaciones de la gnosis heterodoxa con el cristianismo; 2) Qué entienden los gnósticos por gnosis; 3) Cuáles son los principales puntos del gnosticismo que motivaron la reacción de los Padres de la Iglesia. No existe unanimidad a la hora de circunscribir las sectas gnósticas, o determinar su origen. Mientras H. Cornelis estima que toda religión lleva consigo su subproducto gnóstico en forma parasitaria, y que la gnosis heterodoxa es tentación eterna de los cristianos (Gnosis eterna, Madrid 1961), R. M. Grant la entiende como ‘formas de pensamiento y experiencias religiosas que van desde la Galia hasta el Irán y desde el primer siglo de nuestra era hasta los ss. xii y XIII’ (La gnose et les origines chrétiennes, París 1964), y Tixeront la reduce hasta el s. v (Histoire des dogmes dans Pantiquité chrétienne. I, París 1914, 192). Seguiremos esta última delimitación.

1) Relaciones de la gnosis con el cristianismo. Según S. Ireneo y S. Epifanio (v.), los gnósticos no constituyen una herejía cristiana, sino una falsa religión, que ha tomado su ropaje externo del cristianismo. Harnack (v.), en cambio, estima erróneamente el gnosticismo como resultado del primer intento del quehacer teológico, como una helenización del cristianismo. Sin mucha exactitud Bultmann (v.) considera que gnosticismo y cristianismo son dos movimientos simultáneos, que se han influenciado mutuamente (G. van Groningen, First century gnosticism, Leiden 1967, 15). Merece especial consideración el juicio de S. Ireneo no sólo por su cercanía temporal y conocimiento personal de los gnósticos, sino también porque un análisis del núcleo profundo de la gnosis, la revela esencialmente distinta del cristianismo. Los diversos sistemas gnósticos, escribe Tixeront (o. c., 193), representan un esfuerzo del pensamiento filosófico por absorber el cristianismo y transformarlo en una simple filosofía religiosa, o del pensamiento religioso por encontrar un sentido más profundo, que no se compone con la sencillez del Evangelio, y transformarlo en una mistagogia de iniciaciones y ensueños.

2) Qué entienden los gnósticos por gnosis. A pesar de la multiformidad de las sectas gnósticas, los Padres denominaron a todos con este nombre, señalando con ello que todas tenían algo en común, y que ese algo estaba vertebrado sobre el contenido del término gnosis. Para el gnóstico, la gnosis no es equivalente a la nueva luz de la fe, a la doctrina de los Apóstoles profesada según el sentir de la Iglesia, o al credo explícitamente confesado, sino a algo esencialmente distinto de la fe de los sencillos y contrapuesto a ella; entre gnosis (conocimiento) y pistis (fe) existe una oposición irreductible. El objeto sobre el que versa este conocimiento superior y contrapuesto a la fe no es ni Dios, ni Cristo, sino el hombre mismo: el gnosticismo es eminente y radicalmente antropocéntrico. Obsérvese cómo enumera Teodoto los frutos que dimanan del Bautismo: ‘El Bautismo nos da no sólo la libertad, sino la gnosis de qué éramos, qué hemos venido a ser, a dónde hemos sido arrojados, a dónde vamos, de qué nos libramos, qué es nacer y qué es renacer’ (Excerpta ex Theodoto, 78: PG 9,693696). S. Hipólito (v.) transcribe una carta de Monoimo a Teofrasto con igual contenido: ‘Abandonando la búsqueda de Dios, de la creación y de las cosas parecidas, búscalo partiendo de ti mismo, y aprende quién es el que en ti se apropia absolutamente de todas las cosas y dice: mi Dios, mi espíritu, mi pensamiento, mi alma, mi cuerpo; y aprende de dónde proviene el contristarse y el alegrarse, el amar y el odiar, y estar despierto sin querer y dormir involuntariamente, y el airarse no queriendo, y el amar contra la propia voluntad; y cuando hayas buscado todo esto diligentemente, lo encontrarás en ti mismo, según aquel punto uno y múltiple que tuvo su comienzo en él’ (Syntagma, V111,15: PG 16/III,33623363). Este antropocentrismo de corte subjetivo marca las relaciones entre revelación, salvación y gnosis. El gnóstico habla de que la revelación es necesaria, dada la insuficiencia actual de la inteligencia, alienada por las atracciones de la materia, a la que considera mala, pero afirma a la vez que el fin o sentido de esa revelación es ‘despertar’ al gnóstico, haciéndole tomar conciencia de sí mismo, haciéndole descubrir que es distinto y superior a la materia, que él es una ‘chispa’ desprendida de la Divinidad. Así, en el diálogo con la samaritana (lo 4,18), dice Heracleón, Cristo la despierta descubriéndole que los maridos no están unidos a ella más que en un orden material, y que está llamada, dado su carácter pneumático, a un destino superior (cfr. F. Sagnard, La gnose valentinienne et le témoignage de S. Irénée, París 1947, 498 ss.). Si el fin de la Revelación consiste en ‘despertar’ al gnóstico haciéndole ‘experimentar’ su propia dignidad, es lógico que no preocupe su contenido objetivo, ni su fiel trasmisión, sino la capacidad para provocar la experiencia de sí mismo. De ahí el recurso a revelaciones esotéricas, el horror a un canon o símbolo de doctrina, el desprecio de la autoridad de la Iglesia como intérprete de la Revelación. De ahí también su fluidez y multiformidad. La salvación gnóstica equivale a una autoliberación por una autoconciencia del propio ser divino, efecto de la emanación de la Divinidad, con el que se ha nacido y que no es objeto de conquista, sino de experiencia. Por eso se toma como momento clave de la conversión del hijo pródigo aquel en que ‘entra en sí mismo’ (Le 15,17). no aquel en que es perdonado por su Padre. El gnóstico busca dentro de sí mismo la sustancia de la propia salvación, y espera encontrarla inevitablemente, ya que ha nacido con ella. De ahí que pueda darse, afirma Cornelis (DSAM 6,533), gnosis sin salvador, pero no salvación sin gnosis. La salvación viene en y por la gnosis, no por el salvador, que es objeto secundario, ya que es el mero portador de un mensaje salvífico, cuya aceptación no depende de su gracia, sino de la naturaleza de quien lo recibe (Orígenes, Comm. in Jo/i., XIII, 10: PG 14,413). Se comprende que el culto a la palabra fuese superior al culto a Cristo, cuya realidad histórica apenas interesa, con el consiguiente desprecio para la Iglesia visible y los sacramentos. Se comprende también que la mayoría de los gnósticos fuesen docetas (V. DOCETISMO). Sostienen, además, el equivocismo entre el mundo y Dios, a quien consideran lo absolutamente otro, llamándole ‘el no-ser’ (Hipólito, Syntagma, VI1,21: PC, 16/III, 3303), y no entienden el concepto de creación ex nihilo, viéndose forzados a aceptar la emanación, considerando al gnóstico como ‘chispa’ desprendida de la Divinidad, y situando la ‘caída’ en el seno mismo de la Divinidad en el pecado de la SopItía divina. Para ello no tienen más remedio que privar al pecado de su cualidad de acto responsable y libre y entenderlo como dialéctica necesaria del espíritu, que ha de tomar conciencia de sí mismo a través de la experiencia de lo que le es ajeno. Es elocuente que Heracleón presente a la samaritana como encarnación del ideal gnóstico ante la gran sorpresa de Orígenes, que no entiende por qué Heracleón dice que no pecó (Comm. in Joh., XII1,11: PG 14,415). Si el pecado es un error inevitable y la salvación el despertar de ese error, les sobra el sacrificio del Redentor, la Redención y el sacerdocio. Finalmente, dada su concepción de la materia como mala (v. DUALISMO), pervierten la escatología, negando la resurrección de los cuerpos, y afirmando que el mundo será aniquilado. La gnosis heterodoxa aparece como un triste empobrecimiento de la gnosis -atólica. Tiene un indudable matiz iluminista, pero ha perdido su carácter de conversión moral, requerida incluso para los filósofos no cristianos (cfr. G. Bardy, La conversión al cristianismo durante los primeros siglos, Bilbao 1961), y se encuentra expuesta a todos los avatares de la imaginación impulsada por el deseo de autojustificación.

3) Principales puntos que motivan la reacción de los Padres: Negación de los conceptos de Tradición, sucesión apostólica y de la regla de fe. Negación del acto creador como fruto divino y atribución al demiurgo. Negación del pecado original, que sitúan en el seno de la Divinidad. Docetismo. Negación de la resurrección de los muertos (cfr. Tixeront, o. c. l). V. t.: FE; TEOLOGÍA; RAZÓN II; REVELACIÓN IV; DIOS IV, 13; DUALISMO; etc.

BIBL.: Además de la citada en el texto: VOELKER, Quellen zur Geschichte des christlichen Gnosis, Tubinga 1932; F. SAGNARD, Extraits de Théodote, París 1948; G. QUISPEL, Leure de Ptolomée á Flora, París 1949; PG7,1263-1321; TH. CAMELOT, Foi et gnose, Introduction á l’étude de la connaissance mystique chez Clément d’Alexandrie, París 1945; A. ORBE, Estudios valentinianos, Roma 1955-1961; E. PETERSON, Frühkirche, Judentum und Gnosis, Friburgo 1961; T. MOLNAR, Los nuevos gnósticos, ‘Atlántida’ n° 39, VII (1969) 329-336. H. CORNLLIS y A. LÉGNAR6, La gnosis eterna, Andorra 1961; L. CENCILLo, La vida espiritual en las sectas gnósticas, en Historia de la espiritualidad (dir. B. Jiménez Duque y L. Sala Balust), III, Barcelona 1969, 419-454. V. t. la bibl. y las obras generales citadas al final del art. siguiente (II).


Historia. (Por LUIS CENCILLO)

1.Introducción y antecedentes.

Aunque se habla de gnosis cristiana ortodoxa y así lo hace ya S. Ireneo, es cierto que el gnosticismo en sentido estricto significa una corriente de espiritualidad e incluso una religión extracristiana o, cuando menos, heterodoxa (v. i). Está fuera de duda la existencia de una corriente de espiritualidad semejante, con anterioridad a la predicación del Evangelio y distinta también de las Religiones de Misterios (v.). El Poimandres, incluido en el s. III d. C. en el Corpus Hermeticum (v. HERMETIsmo) es, según Reitzenstein (Studien zum Antiken Synkretismus, Leipzig-Berlín 1926, 29-33), el primer documento estrictamente gnóstico no cristiano anterior a la predicación apostólica. Hacia el s. 1 a. C. pululan una serie de sectas influidas por la religiosidad irania (v. IRÁN vil) y fundadas por poetas de carácter profético, el más tepresentativo de los cuales es Alejandro de Abotoneikos (cfr. Filón, De spec. leg., 1,315-323); los miembros de la secta se denominan kátharoi (puros) y ágnoi (devotos) (cfr. Filón, De emigr. Abrah. 89-90), y pretendían vivir como puros espíritus (pneumátikoi) entregados a una devoción puramente personal e intimista con ideas firmes y claras acerca de la inmortalidad personal, fundada en la pre-existencia del alma predestinada, y en un Pléróma trascendente, del cual se habría desprendido como una chispa (spínther) caída e impurificada en el cosmos material. Según su origen, distingue fundamentalmente la antropología gnóstica tres razas de hombres: los espirituales por naturaleza (que acabamos de citar), los materiales (hylikoi) que son irredimibles, y los animales (psykhikoi) que a base de esfuerzo ético pueden obtener una salvación incompleta, quedando en el tópos (lugar intermedio) sin acceso al Pléróma propiamente dicho. Incluso los espirituales no se salvan totalmente, sino sólo su spínther del Pléróma puede volver a él, habiéndose despojado de su alma psíquica (Ireneo, Adv. Haer., 1,7,1). Así estas tres razas de hombres apenas tienen algo de común, e incluso las dos inferiores tienen menos realidad, ya que ésta consiste en la impronta (egmageion) de la esfera ideal sobre la sombra de la vida animal y material; la idea arquetípica que mediante el spínther se encarna en la materia es el Anthrópos, el hombre primordial cósmico, o la Sophía, según las sectas. En consecuencia la perfección gnóstica consiste en tomar conciencia del origen trascendente y arquetípico del alma pneumática, con lo cual desaparece todo temor, ya que el spínther está predestinado por naturaleza (no por gracia) a retornar tarde o temprano al Pléróma, para celebrar allí la unión esponsalicia (syzygía) con su consorte angélico, homologando así las nupcias eternas de Anthrópos y Ekklesía. Para ser capaz de estas nupcias ha de ir madurando el spínther que hay en el hombre; mas ello no se logra mediante obras, sino mediante una toma de conciencia cada vez más profunda (gnósis) de su verdadera naturaleza pneumática. Algunos maestros gnósticos, como Satornil, declaraban impuros el matrimonio y la procreación (rasgo común a los maniqueos, v., los cátaros, v., y demás sectas espiritualistas medievales) por contribuir a encadenar almas puras en la materia. La gnósis propiamente dicha difería de la fe o pístis; en las doctrinas de Valentín (v.) y de Basílides se da una fe ciega o adhesión firme a las enseñanzas de la secta, que es el punto de partida indispensable para la gnosis, pero además existe otra fe ruda (psilé) necesitada de pruebas y de milagros por carecer de la connaturalidad con el Pléróma, y que es imperfecta y propia de los psíquicos. La experiencia de la gnósis es un conocimiento intuitivo e iluminativo (sophía) que descubre la verdadera naturaleza trascendente del fiel y la hace madurar (mórphósis) para el Pléróma, pues mediante esta sophía (sabiduría) se va asimilando a la Sophía personal de arriba. En las sectas de carácter popular, como eran las de Roma del s. III: Barbeliotas, Carpocratianos, Ofitas de Celso, Nicolaítas, Sethianos. Severianos, Arcónticos, etc.. y en el grupo copto, los ritos que existían ya en la gnosis desde un principio (p. ej., bajo forma de banquete, etc., pero que eran considerados de poca importancia para la maduración gnóstica), van desplazando a la gnósis hasta convertirse en una magia (v.) soteriológica de carácter esotérico. Algunas concepciones de base, la ascética y la jerarquía pueden conducir a una identificación de la gnosis con el maniqueísmo y diversas sectas medievales, sin embargo, en ningún caso sería exacta la identificación. El maniqueísmo (v.) recoge ciertamente elementos de las sectas gnósticas dispersos por el Asia anterior, así como del mitraísmo iranio (v. MITRA); su doctrina es esencialmente ecléctica, pero como fenómeno historicorreligioso constituye una unidad histórica irreductible e idéntica a sí misma, que tampoco puede considerarse prolongada por las sectas de los cátaros (v.), bogomilas (v.) y patarinos. Su rasgo más personal es el mimetismo que hace de él un movimiento proteico perfectamente adaptable a cuantas áreas culturales se extendía, desde la península Ibérica (se pretende que Prisciliano, v., y su grupo han dependido del movimiento maniqueo) hasta; el Asia central y el Extremo Oriente (descubrimientos en Turfan) pasando por el norte de África, los Balcanes y Armenia. Su culto sencillo, su tendencia igualitaria, su moralidad no excesivamente exigente, su teoría de las reencarnaciones (v. METEMPSÍCOSIS) y su dualismo (v.) para explicar el problema del mal de modo convincente para la mentalidad popular, hacían del maniqueísmo la religión ideal de zonas religiosamente inestables y de pueblos vagamente cristianizados.

2. Primeros gnósticos

A causa de la escasez de datos y fuentes directas sobre los primeros jefes de sectas gnósticas, y de la desconfianza sembrada por De Faye (cfr. Gnostiques et gnosticisme, 2 ed. París 1925) y por la escuela de Tubinga hacia los informes procedentes de los Padres, resulta difícil concretar algo. Hegesipo menciona en su catálogo las herejías de Cleobio, de Dositeo relacionado con Simón en Palestina, de Gorfeo y de Masboteo (cfr. Eusebio, Hist. Eccl. IV,22,5). Orígenes en Contra Celsum (1,57) confirma la existencia de Dositeo. Pero de estos gnósticos no son conocidas sus doctrinas o sistemas. Justino (VI,19; 256,1) testifica la existencia histórica de Menandro en Samaría relacionado también con Simón, y conoce a otros gnósticos dependientes de él. También nos informa de la existencia de Satornil, que habría fundado una secta a mediados del s. II. Cerinto figura en el Adversus Haereses de S. Ireneo, en los Philosophoneuma de Hipólito y en el Dialogus de Cayo, a quien él atribuye una concepción escatológica plagada de reminiscencias materialistas procedentes de las apocalipsis judías. Finalmente, Cerdón habría vivido en tiempos de S. Higinio, según una buena tradición romana recogida por Ireneo (o. c. 1,27,1; 111,4,2) y habría sido maestro de Marción; parece ser que a él se debe por lo menos la concepción del doble dios inspirador respectivamente del Antiguo y del N. T., fundamento de la doctrina de Marción (v.) que no fue un gnóstico sino un racionalista. Los testimonios concordes de los contemporáneos de Marción le hacen proceder de Sínope del Ponto y de una familia de armadores. Harnack data su nacimiento en el a. 85, hijo de un obispo cristiano. En tiempos de Antonino Pío llega a Roma, no se sabe si ya cristiano o si hubo de bautizarse en la Urbe, como un pasaje del Adv. Marcionem (IV,4,3) de Tertuliano parece darlo a entender. De todos modos los armadores de Sínope debían de tener un conocimiento profundo del judaísmo que florecía en los puertos del Ponto y que hubo de influir negativamente en el ánimo de Marción desde antes de su conversión. Es cuestión todavía controvertida la del influjo que sobre él haya ejercido Cerdón, gnóstico de la línea de Satornil. Según la tradición marcionita la ruptura entre Marción y la Iglesia habría ocurrido el 21 jul. 144, poco después del comienzo del año séptimo del emperador Antonio. La secta nacida de esta ruptura todavía ofrecerá resistencia activa a la ortodoxia en el imperio bizantino. Marción no fue ciertamente un gnóstico, como se pensó en algún tiempo, cuando los gnósticos no eran todavía bien conocidos; aunque pretendió integrar en la fe de la Iglesia algunos elementos gnósticos y se halló poderosamente influido por su clima ideológico, presenta un temperamento y estilo moral diversos. El fundamento de toda la doctrina de Marción está en dos principios: la malicia esencial de la materia y la existencia de un verdadero Dios desconocido y foráneo, el Dios revelado en el N. T., pura expresión de la bondad sin mezcla y opuesto al Dios del A. T.; es decir, dualismo (v.) seguido de un rigorismo ascético enfocado al mínimo uso de las cosas creadas y materiales (v. MARCIóN). En el curso del s. iI las incertidumbres desaparecen, y repentinamente nos hallamos ante un multiforme despliegue de sectas y de sistemas, a la cabeza de los cuales figuran dos grandes jefes, verdaderos pensadores de cierla altura: se trata de Basílides y de Valentín.

3. Basílides

Basílides aparece como jefe de secta en tiempos de los emperadores Adriano y Antonino Pío; su doctrina es continuada por su hijo Isidoro en las Ethiká. La mejor fuente para Basílides son los Stromata de S. Clemente de Alejandría (v.; ed. Stáhlin en G.C.S., Leipzig 1905-09; vol. IV, 1934), sobre todo el 11, III, IV, V y VII. Parte Basílides de un problema de orden moral y racional, el del sufrimiento de los inocentes; ninguna perspectiva soteriológica ó escatológica le ayuda a encajar el mal físico (su racionalismo inmanentista es semejante al de La Peste de Camus). A diferencia de Marción no busca la solución en un desdoblamiento de la divinidad, sino en la localización de un misterio de iniquidad en el fondo de cada hombre, aun de los inocentes. Para explicarlo no recurre Basílides al mito de una caída prenatal, sino a la concepción más abstracta de una culpa virtual e interpretativa: el hecho de que el hombre sea capaz de pecado, merece ya por sí mismo castigo. Clemente le atribuye una moral rigorista (cfr. Stromata, IV,24,153), según la cual Dios no perdona ninguna falta deliberada. El Dios de Basílides no es; según Apuleyo trasciende todas las categorías del ser, como en los neoplatónicos, pero entre sus atributos la bondad y la justicia, que eclipsan a todos los demás, resultan demasiado semejantes a la bondad y a la justicia terrenas, pues siempre que permiten un mal han de obedecer a un motivo, y a un motivo punitivo, que consiste en la disposición próxima al pecado que cada hombre tiene: tó hamartematikón. Pretendía superar a la vez las limitaciones de la filosofía y de la fe cristiana y obtener un conocimiento más cálido y sapiencial que el de la filosofía estoica .,y más esotérico y misterioso que el de la sobria fe cristiana (éste es un rasgo común a todas las escuelas gnósticas); concibe una pístis physiké o fe natural (cfr. Strom. 11, 3,10) que consiste en la predisposición natural a las enseñanzas de la secta en los predestinados, gracias a la cual éstas son admitidas sin necesidad de demostración racional. Su doctrina estaba contenida literariamente en las Exegetiká que eran unos comentarios a los Evangelios que también Ireneo, Hipólito y Orígenes conocían a fondo. En su hijo Isidoro la culpabilidad se concreta, mas para ello ha de abandonar el plano abstracto y concebir una entidad, procedente tal vez de las concepciones religiosas de Siria y del Irán: el alma adventicia (Per! prosphyoús phychés se titula precisamente otro tratado de Isidoro extractado en los Stromata). El y Basílides pretendían deducir de S. Pablo, y de S. Mateo (19,10-12), que el matrimonio era un mal menor, falseando así la doctrina evangélica. Sin embargo, Basílides e Isidoro, los más sensatos entre los gnósticos, parecen haber observado que el temor excesivo a las caídas resultaba perjudicial y que la lucha angustiosa por la pureza sexual absorbía las energías y secaba la esperanza. Por ello aconseja Isidoro el matrimonio en casos extremos, y de no ser éste posible por excesiva juventud, enfermedad o pobreza, recomienda evitar el aislamiento, buscar la compañía de los hermanos y el consejo y la imposición de manos de algún hermano cualificado (un rito semejante a la absolución penitencial). Como fundamento de su moral sexual pone Isidoro esta notable observación: lo sexual no es una necesidad absoluta (Stromata, III,1,1-3). Valentín parece haber llenado toda la primera mitad del s. ii; su discípulo Heracleón aparece ya citado en el Syntagma de Hipólito a fines del siglo, y cuyo influjo debió de comenzar en el 155. La Epístola a Flora, de su otro discípulo Ptolomeo, parece datar según Harnack (que la publica con aparato crítico en sus Kleine Texte, 1894) del 160; o sea que para estas fechas ya estaba formada y madura la escuela de Valentín, del cual se conservan cartas, sermones y fragmentos diversos en los Stromata, mientras que de su escuela la carta de Ptolomeo a Flora la ha conservado Epifanio, los fragmentos de Heracleón, Orígenes, y los extractos de Teodoto, Clemente de Alejandría. Noticias de la secta nos dan el Adversus Haereses de S. Ireneo (hacia el 180), los Philosophoumena de Hipólito (hacia el 225) y el Adversus Valentinianum de Tertuliano (hacia el 210); también hay una alusión en la Enéada IX de Plotino, en el Pseudotertuliano, en Filastro y en Teodoreto. También Valentín aparece obsesionado con el problema del mal, bajo la forma exclusivamente de pecado, pero es menos abstracto que Basílides y lo explica en forma de mito como contaminación del espíritu por la materia. Aunque de un modo estilizado, por el cual se libran Valentín y su escuela de caer en el barroquismo mitológico y ocultista de las demás sectas gnósticas, se diferencia su sistema del racionalista de Basílides por la amplia acogida que hace a las entidades intermedias y cónicas entre Dios y los humanos. La secta se divide en dos ramas, la ítala y la anatolia. Sus doctrinas son una mezcla del A. T. y N. T. con categorías y leyendas indias, iranias, alejandrinas y griegas (v. VALENTíN y VALENTINIANOS).

4. Severianos

A lo largo del s. III se convierte Roma en el centro de confluencia y de fusión sincrética de todas las sectas que van dando cada vez mayor entrada a formas de culto aberrantes. Así, p. ej., los Severianos influidos en sus orígenes por el marcionismo y el encratismo de Taciano, maestro de su fundador Severo, profesan en sus comienzos una moral rigorista y una gran sobriedad doctrinal a base de una Biblia compuesta por la Ley, los Profetas y los Evangelios, rechazando las narraciones del A. T., los Hechos y las Epístolas; pero acaban por centrarse en torno al culto de la Serpiente (v.), en un mundo constituido por potencias arcónticas; la Serpiente en una unión (hierogamia) con la Tierra, engendra a la Mujer y a la Vid, fuentes de todo mal. Podría tratarse sin dificultad de la doctrina de las sectas Nicolaíta, Ophita, Barbeliota o Perata. En la segunda mitad del s. IIi el foco de pensamiento gnóstico más creador no se halla en Roma sino en Egipto y en lengua copta, pero notablemente barroquizado y contagiado de magia; sus fuentes principales son los Libros de Jeú y la Pístis Sophía (cfr. 1. Doresse, o. c. en bibl.). Después el movimiento se extingue.

5. Concomitancias gnósticas

Muy diversos movimientos son a veces comparados con el gnosticismo, aunque no son gnósticos. Ya se ha mencionado el maniqueísmo, que tiene su origen en Manés, nacido en Mardini, aldea cerca de Bagdad, entre el 215 y el 216, de padre religiosamente ecléctico natural de Hamadán y de madre de la familia real de los Arsácidas. En Babilonia, donde se habían trasladado sus padres, se presenta en público, cumplidos ya los 20 años, como profeta el día de la coronación de Sapor I, el 20 mar. 242. Su predicación parece haber gozado en un principio del favor popular e incluso del oficial, hasta que el parsismo (v.) obtiene su destierro, que iba a lanzar a Manés a una serie de viajes durante 20 años por todo el Oriente que le van a servir para difundir su doctrina y asimilar al mismo tiempo elementos culturales y religiosos de la India, Kurasan, Turquestán y Tibet. Muerto Sapor I goza en su país de las simpatías de Hormisdas I (271-272) hasta que, muerto éste, Baharam I decreta su pena capital por instigación del clero zoroástrico (v. 7OROASTRO). Como ya se ha dicho, el maniqueísmo (v.) no se puede confundir con el gnosticismo aunque presenta ciertas semejanzas. Así, S. Efrén (m. 373; v.), que conoció a fondo la vida intelectual siria, afirma que la doctrina de Manés es ‘una reproducción fantaseada de las ideas del filósofo herético Bardesanes y el clérigo apóstata Marción’. El mismo Manés reconoce como sus precursores en la revelación de la verdad a Zoroastro, Buda y Jesús, cuya obra habría venido él a consumar. Su sistema está basado en un dualismo (v.) bastante estricto: luz y tinieblas, igual a bien y mal, de cuya mezcla nace el mundo presente, con una mitología complicada. Su secta, que llegó a extenderse también por Occidente (S. Agustín, v., fue durante un tiempo maniqueo), tenía dos clases distintas de adeptos: los electos y los oyentes. Mediante el rigor ascético, vivido institucionalmente, los electos se van purificando físicamente de la materia y llenando de partículas de luz (abstención de todo alimento animal, el vino, la propiedad, el matrimonio, con vida itinerante sin más provisiones que las del día, etc.; rigorismo, que según testimonios de la época, generalmente no vivían en su vida privada); los electos se dividían en cuatro órdenes jerárquicos según distintas funciones que son poco conocidas. Los oyentes eran irredimibles, no están decididos a abstenerse de la contaminación de la materia; han de esperar a otra existencia para encarnarse en electos y ser incorporados al reino de la luz; mientras, han de vivir algunos mandamientos. Hasta el s. xvll constituyó esta secta una religiosidad popular extendida entre la mentalidad de pastores y mercaderes del Asia Central, que unía la superficialidad con intenso lirismo religioso y que producía la ilusión de una teofanía de luz tras las manifestaciones más cotidianas de la vida (v. MANIQUEÍSMO). Respecto a Prisciliano, al que también ya se ha mencionado (v. 1), no se sabe de sus orígenes; fue obispo de Ávila, y ejecutado por el emperador Máximo en Tréveris en el 385. No es seguro si fue ganado ya en su juventud a la secta de los electos (muy probablemente maniquea) procedente del Oriente. Hartberger (Priscillianea, Friburgo 1916, tesis inédita, 22,28,45) demuestra su dualismo y su astrología maniquea. Düllinger, Schepss y Künstle han mantenido su dependencia del maniqueísmo; mientras que Harnack Schaeder, Alphandéry y Lortz le consideran un mero rigorista que, como Marción, interpreta libremente y con criterios personales, racionalistas, las Escrituras, admitiendo más libros inspirados que los que constan en el Canon. Sus prescripciones morales acerca de la pureza y abstinencia de los elegidos son análogas a las de Manés (v. PRISCILIANO Y PRISCILIANISMO). Ideas dualistas, y algunos elementos de gnosticismo, se encuentran también, posteriormente, en diversos movimientos heréticos que se extienden hasta la Edad Media. Ya se han mencionado algunos. Para ellos v. BOGOMILAS; CÁTAROS; ALBIGENSES (puede verse algo también en VALDENSES; BEGUINAS Y BEGARDOS; POBRES LOMBARDOS).

6. ¿Gnosticismo cristiano?

Algunos pensadores y jefes de secta gnósticos que hemos tratado (v. 2-4) se profesaban cristianos, por eso muchos autores le denominan gnosis cristiana, distinguiéndola de la pagana, atestiguada por el Poimandres del Corpus Hermeticum y por Filón de Alejandría (De specialibus legibus, 1,315-323) que cita como jefe de secta a Alejandro de Abotoneikos. De una gnósis judía parecen hallarse alusiones en la segunda Epístola de S. Pablo a los tesalonicenses (2,7-8), según Friedlánder que identifica el ‘misterio de iniquidad’ con la Minuth o doctrina esotérica de carácter gnóstico. La impresión de haber existido en Palestina una fuerte corriente de este tipo con abandono de la ortodoxia sacerdotal y con antropología dualista se ha confirmado con los descubrimientos de Qumrán (v.; cfr. Die Texte aus Qumran, en hebreo y alemán, ed. Lohse, Darmstadt 1964). San Ireneo (v.), en el Adversus Haereses, no condena inapelablemente el concepto mismo de gnósis, que puede ser entendida como una verdadera ciencia de Dios (11,39) que trata de profundizar en sus misterios, y el origen del mal (v.) lo explica a partir de la libertad humana y de la variedad de seres y de fuerzas cósmicas que, consideradas aisladamente, se oponen, pero que conjuntamente contribuyen a la armonía del todo. En esta concepción de gnosis ortodoxamente cristiana se halla ya el germen de la reflexión filosófica acerca de la fe que iba a desarrollar la escuela de Alejandría (v. ALEJANDRÍA VI) y, más tarde, la Edad Media y los siglos posteriores (v. TEOLOGíA); pero es claro que esta reflexión de Ireneo no es una gnósis, en el sentido propuesto por Basílides y Valentín, de superación de la fe por la visión y la vivencia de ser portadores de emanaciones de la sustancia divina o Pléróma (v. i, 1). También para Clemente de Alejandría (n. en Atenas, el 150; v.), hay una gnosis cristiana, y el verdadero objeto de la fe es precisamente la gnosis (Stromata, II,11), y ello le inspira tanto su método de exégesis alegórica en las Hyptypóseis, como su Protreptikós o exhortación a los paganos a aceptar y conocer gnósticamente los misterios del Logos que llama a todos los hombres, y su Paidagogós o introducción a la ‘verdadera filosofía divina’. Sólo que esta gnósis se reduce a una reflexión científica, noética de los contenidos de la verdadera ‘filosofía’ que es el cristianismo. Más que gnosis debería llamarse noésis, pues presenta un marcado carácter intelectual y moral que se despliega en caridad (agapé) y en contemplación (theoria), bajo la acción de la gracia (Camelot, Foi et gnosis, París 1945). Orígenes (ca. 183-254; v.) continúa la obra de Clemente y la supera (v. i, 1). En el prefacio del Peri Arkhon expone su método y su intención científica: Se trata de constituir un cuerpo de doctrina coherente y fundado a partir de los contenidos de la Revelación pero sirviéndose de la razón cuanto sea necesario, ya para establecer bases filosóficas, ya para examinar, analizar, deducir, probar y descubrir analogías naturales. El fundamento de la doctrina mística de Orígenes es la concepción de Filón en su Comentario alegórico de las leyes santas (ed. Bréhier, 23-24) a los dos primeros cap. del Génesis, según el cual hubo una doble creación del hombre, uno celeste e inmaterial y otro terrestre y corpóreo. Orígenes estaba tan lejos de profesar el dualismo antropológico de los gnósticos (verdadero fundamento del concepto de gnosis) que aun aceptando la concepción filónica interioriza a estos ‘dos hombres’ y los unifica en el individuo humano: uno es el hombre interior, que se renueva cada día y que es capaz de gracia, de contemplación y de caridad y el otro es el hombre psíquico y sensorial que se debilita y se corrompe; a esta dualidad dentro del hombre corresponden dos inteligencias, psihké y noús y dos clases de amor, eros y agapé respectivamente (cfr. A. Nygren, Eros et Agapé, París 1944). En la obra Homilías in Numeros (XXVII), Orígenes establece la primera ‘escala’ de grados de purificación mística en la historia del pensamiento cristiano. En la última etapa, el alma está en diálogo abierto con el Esposo (Dios), le ve, le oye, le huele, le toca y le habla, y esta vivencia constituye la verdadera gnosis (cfr. Homilías sobre el Cantar de los Cantares). No cabe duda que este concepto de gnosis como experiencia mística, supera el concepto noético de Clemente, en lo que tiene de vivencia y se acerca algo al concepto de Valentín y del Poimandres; en este caso sólo Orígenes podría ser conceptuado como verdadero gnóstico cristiano, mas entonces también todos los místicos lo serían. La discriminación entre gnosis y experiencia mística (v.) no ha de fundarse tanto en el momento vivencial cuanto en el contenido de la experiencia, y éste difiere radicalmente en Orígenes, y en los místicos, del contenido de la gnosis propiamente dicha de Basílides, de Valentín y de las más sectas, que implica siempre un parentesco emanatístico y sustancial con el Pléróma divino. Dadas esas diferencia. radicales nos parece que la expresión ‘gnosis cristiana’ resulta equívoca, y que, sobre todo el término gnosticismo, debe reservarse a las sectas antes mencionadas. En tiempos recientes el gnosticismo ha suscitado gran interés. Se han señalado diversas herejías o errores modernos como nuevas formas de gnosticismo (p. ej., J. Bóhme, Hegel, el modernismo teológica, e incluso, en otro sentido, el marxismo). De hecho, con frecuencia la no aceptación plena de la Revelación por la fe (v.), con los intentos de ‘humanizarla’ y dar una demostración racional de todas las verdades o misterios que sólo se conocen por Revelación, produce, bajo la guía de modas o gustos personales, la aparición de unas ‘élites’ intelectuales o dirigentes, más o menos cerradas, a las que únicamente resultan accesibles ciertas elucubraciones especulativas que vienen a ser como formas renovadas de un gnosticismo estéril. V. t.: DUALISMO; HERMETISMO; MANIQUEísmo; DOCETISMO; ENCRATITAS; VALENTÍN Y VALENTINIANOS; PRISCILIANO Y PRISCILIANISTAS; PLOTINO; TEOSOFÍA; ASCETISMO 11, 3; MíSTICA 11, 2; etc.

BIBL.: W. BOUSSET, Hauptprobleme der Gnosis, Gotinga 1907; F. C. BURKITT, Church and Gnosis, Cambridge 1932; L. CENCILLO, La vida espiritual en las sectas gnósticas, en el maniqueísmo, los disidentes medievales y los cátaros, en B. JIMÉNEZ DUQUE y L. SALA BALUST (dir.), Historia de la Espiritualidad, III, Barcelona 1969, 419-554 (con bibl. y fuentes); L. CERFAUX, Gnose préchrétienne et biblique, en DB (Suppl.) 111,659-701: fD, en Recueil L. Cerlaux, I, Gembloux 1954; H. CORNÉLIS y A. LÉONARD, La gnosis eterna, Andorra 1961; C. FAGGIN, Gnosi e gnosticismo, en Enc. Fil. 3,292-298; M. FRIEDLÁNDER, Der vórchristliche jüdische gnostizismus, Gotinga 1898; R. M. GRANT, Gnosticism and early Christianity, Oxford 1960; H. LEISEGANG, Die Gnosis, Leipzig 1924 (trad. francesa, París 1951); H. CH. PUECH, Oú en est le probléme du gnosticisme?, ‘Rev. de 1’Univ. de Bruxellesn, enero-marzo 1934; G. QUISPEL, Gnosis als Weltreligion, Zurich 1951; L. TONDELLi, Gnostici, Turín 1950.

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

hermetismo

¿En qué consiste el Hermetismo?

Pregunta:

¿En qué consiste el Hermetismo?

 

Respuesta:

Condiciones históricas

El hermetismo es, sobre todo, una actitud religioso-moral nacida en el ambiente ‘místico’ de los últimos siglos del helenismo (s. i a. C. hasta el fin del paganismo), en que se funden tradiciones filosóficas y religiosas de Grecia con otras orientales y, sobre todo, de Egipto, Caldea e Irán. La mística (v.), y los movimientos ‘místicos’, puede ser de diferentes clases y aun de diversa naturaleza; así hay notable diferencia entre la mística verdadera, que a su vez puede ser natural o sobrenatural y natural al mismo tiempo, y otras cosas que a veces en la literatura y en la historia se designan apresuradamente como ‘místicas’. A su vez, según la concepción ‘mística’ de que se trate, ésta puede estar motivada o influida por factores muy diversos y aun opuestos (desde la huida del mundo hasta el amor al mundo, dentro del mismo cristianismo; también, p. ej., la llamada mística del hinduismo, v., es de naturaleza, origen y finalidad bien diversas, prácticamente opuestas a la cristiana). Teniendo esto en cuenta, puede calificarse el hermetismo como una cierta forma de misticismo. El hombre helenístico se encuentra solo en un mundo hostil; al no comprenderlo por desconfianza en las explicaciones de la ciencia, presta crédito sólo a su propia razón e interioridad; la tierra es mala y la vida un sufrimiento del que hay que librarse. De ahí toma auge una especie de ‘misticismo’, de raigambre antigua en Grecia (v. ORFISMO), como último recurso de evasión en esta época. Las condiciones históricas que motivaron el profundo sentimiento de angustia por la conciencia de la mísera condición humana en los s. II-III d. C. son diversas: crisis internas y externas, predominio de la soldadesca por la incorporación de bárbaros y mercenarios en el ejército, situación cultural y económica deplorables; en las grandes urbes grecorromanas el hombre era más bien un número, un átomo que no contaba ya activamente en la política como en las ciudades clásicas, etc. (v. HELENíSTICA, FIL.). De ahí que surja un inmenso deseo de evasión, de encontrarse en soledad, en el campo, en el desierto. Se multiplican las asociaciones religiosas, los conventículos, donde unos pocos devotos buscan en común la evasión del ambiente hostil; aumenta el influjo y atracción de las religiones de misterios como garantía de salvación e inmortalidad (v. MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS). Como hemos dicho, con la palabra mística se designan cosas distintas y a veces contrapuestas. Dentro de lo que suele considerarse ‘mística’ en el paganismo clásico se presentan como dos vertientes: una más bien teórica o de contemplación intelectual; y otra, ritual, a base de prácticas sacrales. En la primera (presente en la tradición platónica) es el hombre fundamentalmente quien se salva a sí mismo, sin mucho lugar para un dios salvador: la comunicación con la divinidad se alcanza con el solo ejercicio del pensamiento (noús); el hombre es el único responsable de sus actos y de su destino, por participar de la divinidad; el acto de culto es aquí la oración silenciosa. En la otra mística (preponderante en el oriente popular y antiguo), el hombre no parece capaz de salvarse por sí solo, necesita ayudas extrínsecas: la revelación o la ayuda divinas son indispensables; Dios reemplaza en el hombre el antiguo yo con uno nuevo, deificado, o bien le revela unos ritos que le permiten remontarse hasta Él por éxtasis (v. GNOSTICISMO I, 2). En una época avanzada las dos corrientes coinciden en autores como Porfirio, Jámblico y Proclo. Hermes Trismegistos. En esta época, de acuerdo con la tendencia griega antigua de buscar un ‘inventor’ (heuretés) para las diversas creaciones del espíritu, algunos autores tratan de atribuir sus ideas a personajes acreditados como depositarios de las verdades más antiguas, no tanto con intención de engañar, sino de prestigiar su pensamiento con un magisterio indiscutible y reconocido. Así los neopitagóricos vinieron atribuyendo sus escritos a Pitágoras a través de los tiempos (v. ORFIsmo). Los escritores herméticos fueron aún más lejos: Platón (cfr. Fedro y Filebo) había hablado del dios egipcio Theut (Thot) como inventor del alfabeto y de la escritura. Este dios, a su vez, fue identificado con el dios griego Hermes y le fueron atribuidos sucesivamente escritos, probablemente apuntes de lecciones o coloquios de restringidos círculos filosóficos. El dios Hermes Trismegistos es la denominación griega del dios egipcio Theut, dios de la cantidad y del número, de la escritura, de las bibliotecas, de los secretos, el autor de los más antiguos escritos sagrados, el maestro de isis (v. EGIPTO VII). Como inventor, los griegos le compararonmuy pronto con Hermes, y a las ciudades que tenían su culto las llamaban Hermópolis. Este sincretismo (v.) se difunde en la época ptolemaica. Una de las funciones de los sacerdotes egipcios era redactar el calendario de las fiestas, determinar los días fastos y nefastos, y ver las influencias de los astros sobre la vida humana; en sus santuarios se acumulaban horóscopos. En el s. III a. C. sus observaciones fueron traducidas al griego y clasificadas por materias con atribución a Hermes Trismegistos, revelador de toda verdad. Aumentaron estas atribuciones hasta que se formó una literatura astrológica al amparo de Hermes Trismegistos. En Egipto se llamaba ‘filosofía’ a esta literatura, entendida como una doctrina secreta, esencialmente religiosa. Desde el s. I d. C. se adjudica a Hermes una doctrina ‘filosófica’ en tratados cortos, cuyo conjunto formó en el s. 111 d. C. pequeñas colecciones. Se representa a Hermes Trismegistos entregando a los egipcios las letras y las leyes; se le considera, desde Tertuliano y Lactancio hasta el s. xvll, contemporáneo de Moisés y profeta pagano de la revelación cristiana. La doctrina hermética. No puede hablarse de una doctrina hermética sistemática, ya que en ella se dan contradicciones; cierta unidad, sin embargo, justifica la atribución conjunta de tales escritos al presunto Hermes y sus secuaces, pues convergen todos ellos en infundir una esperanza de liberación y en la pretensión de enseñar el camino para lograrla. La revelación de la verdad hermética exige el secreto, y el conocimiento por parte del trasmisor de la historia de su tradición, como prueba de la autenticidad divina de la doctrina recibida. Los escritos herméticos (v. i) son de gran interés para la historia del pensamiento y sentir religiosos de los primeros siglos de nuestra Era. No se trata tanto de una escuela filosófica como de una escuela en cierto modo ‘mística’ que, partiendo del debate de una cuestión corriente, escolar, y sin detenerse en su discusión, busca cualquier pretexto para evadirse y pasar a un tema de devoción: la grandeza de Dios, su bondad, omnipresencia, etc. Se distinguen dos tipos de h.: popular y culto. En el popular aparece una nueva concepción de la ciencia, distinta de la aristotélica y del racionalismo griego; incluye tratados de astrología (v.), alquimia (v.), magia (v.) y ciencias ocultas que se remontan hasta el s. I11 a. C. En cambio, el h. culto presenta una nueva concepción del conocimiento de Dios, en sí mismo o en sus relaciones con el mundo y el hombre: plantea auténticos temas de filosofía y teología. Tienen en común la confianza en una revelación, esperada y obtenida de la divinidad, de Hermes Trismegistos. Frente al intelectualismo científico aristotélico, la nueva ciencia tiende a descubrir el valor oculto de las cosas; de ahí su carácter mistérico, que pretende su origen del concurso de una revelación divina: la ciencia se obtiene con el culto o, en un plano inferior, con la magia. En su búsqueda de Dios el racionalismo presocrático terminó por no convencer por la heterogeneidad de sus concepciones y condujo al escepticismo. Paralelamente va surgiendo entre los griegos el sentimiento de la trascendencia divina. Todo esto, unido al pesimismo de la vida del hombre helenístico, termina en la concepción de un Dios supremo, bueno, por encima de un dios malo, creador de tanta miseria. Por su trascendencia este Dios supremo es incognoscible (ágnostos, ‘por encima de todo nombre’); se ha pasado del conocimiento racional de Dios al gnosticismo. Esta doctrina tiene como efecto una gnosis, un nuevo modo de conocer a Dios, que no se basa en la razón, sino en una ‘revelación’ que el hombre identifica con el sentimiento religioso. El resultado de la gnosis es la divinización del hombre mientras vive, su nuevo nacimiento o palingenesia. Lo más notable del éxtasis hermético es que el hombre suba al cielo sin abandonar la tierra; por ello puede afirmar que el hombre terreno es un dios mortal y el Dios divino un hombre mortal. El propio Hermes dice que ha nacido en el Noús. Soteriología. La doctrina de salvación hermética implica una antropogonía, dentro de una concepción cosmogónica, que pone de manifiesto el divorcio entre el mundo celeste, luminoso, y la materia tenebrosa. La cosmogonía es una teología, en cuanto detecta las relaciones entre Dios y la materia. La soteriología exige una ética y una escatología. En un primer momento existe la luz, que es inmutable y da origen a todo, con la consiguiente oposición Luz-Tinieblas. El mundo de las tinieblas es mudable y malo. El alma, nacida de la Luz, cayó en la materia por un pecado de narcisismo. La salvación del hombre consistirá en segregar en sí mismo el elemento espiritual y el material. El modo de lograrlo es reconocer la parte de Luz, de Intelecto Divino, que uno tiene por naturaleza. Esto exige una opción por la que sólo unos pocos se deciden, y un esfuerzo. Hay dos clases de hombres: los que optan por lo corpóreo y material, que son la gran masa; y los que persiguen la Luz y lo espiritual. Unida a Dios el alma del gnóstico es libre de obrar como quiera; no le son imputables sus acciones, ya que éstas se deben a la parte inferior de su ser, que no es el auténtico yo; esta doctrina puede conducir a una aberración moral, que aparece en diversos ‘misticismos’. El hombre está constituido por los doce elementos del Zodíaco, y cada uno de ellos aporta un vicio moral (ignorancia, tristeza, incontinencia, concupiscencia, injusticia, avaricia, engaño, envidia, fraude, cólera, precipitación y malicia). La regeneración, en su aspecto objetivo, precisa sustituir estos vicios por las diez virtudes divinas (conocimiento de Dios, alegría, continencia, dominio de la voluntad, justicia, bondad, misericordia, veracidad, bien, vida y luz). Subjetivamente el individuo se regenera en cuanto toma conciencia de la transformación que en él se realiza. La muerte es la pérdida de la doble envoltura anímica: el elemento material que encontró en última instancia, es decir, el cuerpo, y el que adquirió durante su caída hasta la tierra, o sea, la vestidura astral de la esfera más alta. Relaciones con otras doctrinas. En realidad el h. tiene poco de egipcio, aunque se presente como enseñanza del dios Thot. Más bien se relaciona, o toma elementos de la filosofía griega, el hinduismo (v.), el gnosticismo (v.), judaísmo (v.) y cristianismo (v.). Un problema capital de toda gnosis es la existencia del mal (v.) en el mundo y su explicación. El pensamiento griego no conocía la creación ex nihilo: identificaba más bien el mundo con Dios, divinizándolo y negaba, en consecuencia, la materia (v. ESTOICOS; PANTEíSMO); o afirmaba que la materia es distinta y contraria a Dios, como No-ser, identificando el Ser con el Bien, y la materia con el Mal, en cuanto No-ser (v. NEOPLATÓNICOS; DUALISMO); el h., como el gnosticismo, se inclinó en esta última dirección. Para llegar a Dios el método común desde Platón hasta el s. i a. C. fue la contemplación estética: la belleza del mundo conduce a la Belleza divina, como el reflejo de la luz a la misma luz; la contemplación del mundo sensible eleva a lo inteligible. Esta concepción optimista contrasta con el pesimismo gnóstico, que se aleja del mundo, de su contemplación, cerrándose en sí mismo paraencontrar al Dios en su propia intimidad. Aquí se refleja claramente el influjo oriental en el h. gnóstico, pues nada más contrario al espíritu griego que el alejamiento absoluto de la belleza. Las místicas orientales proceden por la vía de la renuncia: la mística india cierra los ojos al mundo y aun a la conciencia del propio yo; con esta desnudez intenta comunicarse con el Absoluto. El hermético, para salvarse, precisa una revelación de la gnosis, tomar conciencia de su origen divino y de la necesidad del retorno a Dios, y también fuerza para convertirse. En cambio, en la sabiduría griega el hombre es autosuficiente para lograr la salvación. El h. es una vertiente pagana de la gnosis. El ‘conocimiento de Dios’ (Gnosis Theoú) es una expresión frecuente en la versión griega del A. y N. Testamento (v. GNOSTICISMO I, 1). El cristianismo, por otra parte, es inconfundible con la gnosis hermética. La concepción dualista del Universo explica el drama gnóstico con la lucha entre el alma humana y la materia, al margen de Dios. En el cristianismo es básica la relación entre eJ mundo, el hombre, su alma y Dios. El pecado original es una ruptura de la amistad con Dios, no una caída progresiva en la materia. En el h. el verdadero yo se confunde con el entendimiento emanado de Dios. El cristiano recobra por el Bautismo la amistad con Dios, que nos impulsa a extender la obra de la Redención. Para el cristiano el sufrimiento es consecuencia del pecado (v.); como prueba del amor es instrumento de salvación; para el h. y la sabiduría griega el sufrimiento es un mal inevitable, que hay que aceptar fatalmente (v. DOLOR III-Iv). El concepto de ‘expiación’ (v.) es exclusivamente cristiano. V. l.: GNOSTICISMO 1; DUALISMO 11-111; MISTERIOS Y RELIGIONES MISTÉRICAS.

Por F. Sanmartí Boncompte, J. Banales Leoz

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

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BIBL.: A. D. NOCR y A. J. FESTUGIÉRE, Corpus hermeticum, 1-IV, 2 ed. París 1954-60; M. P. NILSSON, Geschichte der griechische Religion, II, Munich 1961, 581 ss.; A. J. FESTUGIÉRE, Hermétisme et Mystique palenne, París 1967; R. REITZENSTEIN, Poimandres, Leipzig 1904; H. CORNÉLIS y A. LÉONARD, La gnosis eterna, Andorra 1961; J. DORESSE, Les livres secrets des gnostiques d’Égypte, París 1958; L. Gtusso, La tradizione ermetica nella filosojia italiana, Milán 1955; y la indicada en I.

Meditación Trascendental

¿Qué es la «meditación trascendental»?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Le agradezco mucho sus respuestas que comparto con mi esposa. He leído en una pagina norteamericana (ABCNews.com) que trae noticias e información diversa, que hay estudios efectuados que demuestran que la meditación produce beneficios orgánicos y psíquicos diversos. Incluso, parece que en algunos hospitales de ese país se está comenzando a dar clases de meditación concentrando la atención en la respiración, por los efectos positivos que produce. Entonces ¿es pecado meditar? Yo creo, salvo su mejor opinión, Padre, que si uno no comparte teorías o doctrinas orientales, puede hacerse como una defensa antistress. Saludos y gracias una vez más.

Respuesta:

Estimado:

Le contesto brevemente tomando algunos datos del libro del P. Esteban Tavares Bettencourt, benedictino, ‘Crenças, religioes, igrejas e seitas: quem sao?'(Ed. O Mesageiro de Santo Antonio, Sao Paulo 1995, 79-82).

El fundador de la llamada ‘meditación trascendental’ fue Maharishi Mahesk Yogi, quien practicó esta técnica de meditación como ermitaño en el Himalaya y luego se dedicó a difundirla.

El término ‘trascendental’ pretende indicar que apunta a sobrepasar las cosas sensibles para alcanzar el centro del ser. Consiste en una técnica mental que lleva a la persona, primeramente, a colocarse en estado de relajación interior; y en ese estado intenta olvidar todas las realidades sensibles y vaciar la mente de todas las imágenes materiales que habitualmente lo distraen. Así se crea un estado de ‘percepción vacía’ que acarrea la cesación de emociones, sentimientos y afectos. Así (pretenden) la persona alcanza la realidad más íntima de su propio ser. En los sucesivos niveles de profundidad de la mente, el individuo se hace cada vez más consciente de su naturaleza divina (!). Este estado final es denominado ‘percepción pura’.

Hay personas que se dicen beneficiadas por la meditación trascendental cuando están todavía en los estados iniciales de sus ejercicios. Pero con el tiempo los efectos de la técnica son nefastos. Se han detectado consecuencias físicas de decaimiento, propensión a manifestaciones esquizofrénicas, con frecuentes accesos de cólera e impulsos incontrolables. Los problemas aparecen especialmente en muchos instructores y más rápidamente en quien más se entrega a la práctica.

Por otra parte resta el problema de la filosofía subyacente. Aunque muchos cultores afirmen que nada tiene que ver con la religión o filosofía, sin embargo, está ligada a la filosofía religiosa de los maestros hindúes que es el panteísmo. Su fundador afirma claramente un panteísmo al que apunta este ejercicio. También profesa la reencarnación.

Demás está decir que nada tiene que ver con la meditación cristiana propuesta por todos los grandes autores espirituales y que puede ver en el Catecismo nn. 2705-2708.

Puede ver Usted nuestro artículo sobre el ‘Yoga‘ y las citas que allí se encuentran sobre el documento ‘Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana’, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que trata de este tema.


El siguiente artículo es gentileza de la página www.corazones.org

Un método basado en la repetición de un ‘mantra’ por unos 15 a 20 minutos, 2 veces al día. Dicha mantra pretende ser estrictamente personal, un sonido que corresponde a la ‘vibración profunda’ de cada ser y que no debe ser revelado a terceras personas. Pero en realidad cada mantra es el nombre cifrado de una deidad hindú. Hay una deidad específica que se le da a meditar al adepto según su edad. Además se puede ir ampliando al cabo de unos meses mediante sucesivos pagos, hasta formar frases de adoración religiosa.

MT dice lograr que las hondas cerebrales sean coherentes pero no existe ninguna base para creer en esta jerga pseudo científica.

En 1977 la MT perdió un pleito en EE.UU. en el que se estableció su naturaleza religiosa y que no se trata de una verdadera ‘ciencia’ como sus proponentes intentan hacer creer.

En Alemania, el 6 de agosto de 1980, la MT pierde una querella contra el gobierno federal y este queda autorizado para afirmar que ‘la MT es una secta que puede conducir a daños psíquicos y destrucción de la personalidad’. Maharishi entonces huye a la India.

P. Miguel A. Fuentes, IVE


EL CONFLICTO BASICO ENTRE EL MAHARISHI Y EL CRISTIANISMO
Pastoral de su Eminencia Jaime Cardinal Sin, Arzobispo de Manila, sobre ciertos aspectos doctrinales del Maharishi, 1984
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Metodología del Campo Unido, considerada luego de efectuar consultas con expertos en teología.

La doctrina y enseñanza del Maharishi expone información relacionada con (1) Dios, (2) el hombre, (3) la manera de llegar a Dios, (4) el dolor y el sufrimiento y (5) el pecado que se manifiesta en abierta contradicción con la doctrina cristiana.

1. El ‘Dios’ del Maharishi es impersonal, en lugar del Dios manifestado en la revelación cristiana en donde Dios es un Dios personal que ama a cada persona humana de una manera íntima.

Al negar al Creador como ser Supremo y enseñar que ‘Todo es Uno’, el Maharishi suprime la distinción entre el Creador y la criatura. Esto conduce directamente al, o es una forma equivalente del panteísmo.

Se ha descubierto que los ‘mantras’ presentados a los seguidores del Maharishi son invocaciones, en la mayoría de los casos, a todas las deidades veneradas por los hindúes, negando así en un sentido real la unidad de Dios y fomentando el politeísmo.

2. El hombre es considerado capaz de lograr una perfección ilimitada, de ser totalmente liberado de todo dolor y sufrimiento a través de la práctica de la Meditación Trascendental (MT) realizada de la manera propuesta por el Maharishi. Asimismo, a través de la MT, el hombre puede encontrar la solución a todos los problemas que oscilan desde el control de los elementos hasta el logro de la indestructibilidad e inmortalidad.

Dos deficiencias, entre otras, se presentan claramente en esta doctrina: (a) la misma no acepta la inmortalidad del alma, ni la vida después de la muerte, como parte de la naturaleza del alma; (b) ignora completamente la existencia del pecado original, un dogma cristiano, y las consecuencias de las realidades de la vida.

3. Maharishi plantea la manera de llegar a Dios a través de la MT y la manifiesta como una manera interpretada por el mismo, sus libros, y sus seguidores. Además, la MT se presenta como la manera exclusiva de llegar a Dios.

Nuevamente, dos deficiencias se esconden detrás de estas afirmaciones: (a) el abuso del término MT que ha sido apropiado por ellos como si su método fuera ‘la’ MT por excelencia, la única auténtica (existe el misticismo cristiano, incluso los autores hablan del misticismo hindú y budista, y ciertamente, existe además el afamado método de meditación za-zen); y (b) la manera de llegar a Dios en la enseñanza actual para todos es el camino de la Cruz mientras somos peregrinos, como lo predicara explícitamente Cristo mismo, y fuera aceptado en la doctrina y en la vida cristiana. El heroísmo del sufrimiento cristiano fiel, manifestado con el mayor coraje y dignidad parece encontrarse ausente en la manera de llegar a Dios del Maharishi.

4. El rechazo del valor redentivo del sufrimiento y de la existencia de Cristo como el Redentor se encuentra implícito en el método del Maharishi con respecto al problema del dolor y el sufrimiento. En realidad, el Maharishi en su libro, Meditaciones del Maharishi Mahesh Yogi (Nueva York, Editorial Bantam, 1968, p.23), escribe explícitamente: ‘No creo que Cristo haya sufrido alguna vez o que Cristo pudiera sufrir.’ (Los seguidores del Maharishi han repetido esta afirmación en varios lugares.)

5. El pecado. El Maharishi trata de ignorar la existencia del pecado. A este respecto, el Maharishi sigue la doctrina védica que considera al pecado una cuestión corporal y que no tiene nada que ver con el espíritu o el alma del hombre. El concepto global del ‘pecado’, si se lo acepta implícitamente, es considerado como algo externo y legalista. El sentido real de la libertad y la responsabilidad se encuentra ausente, y los ‘efectos’ del pecado son objeto de rituales, mantras, y MT. No existe una conversión interior, sino un uso bastante manipulador de la MT para lograr las liberaciones.

En la base de este concepto y de este método se encuentra el concepto de Dios, del hombre, de la manera de llegar a Dios, del dolor y el sufrimiento descriptos anteriormente. A partir de este punto de vista, uno no puede ser un cristiano y un seguidor del Maharishi.

6. La MT puede ser considerada como doctrina (contenido) o técnica (método). Desde el punto de vista del contenido, el mismo no es aceptable para un católico, o para un cristiano en general. Desde el punto de vista de una técnica, de la manera en que el grupo del Maharishi la presenta, la MT no es aceptable debido a sus relaciones intrínsecas con la doctrina (observar información sobre los ‘mantras’ y el punto 1 y 2).

Esta clase de MT debe ser distinguida de las diversas formas de oración adecuadas a las actitudes religiosas orientales, algunas de las cuales podrían ser aceptables, e incluso beneficiosas, si fueran escudriñadas y utilizadas apropiadamente. La MT, no obstante, como la propone el Maharishi y como resultado final observado por la doctrina y los seguidores del Maharishi, es, por no decir otra cosa, bastante peligrosa. La misma llega a ser un escape y no un remedio. Su resultado inevitable, dentro del contexto de la doctrina del Maharishi, es la desensibilización de la conciencia tratando de liberar no la culpa y el desorden real sino solamente sus síntomas y su desasosiego concomitante.

Traducido del inglés por Teresa Galiano.