Acupuntura

¿Es mala la acupuntura?

Pregunta:

Padre: Me han hablado con desconfianza de la acupuntura, pero yo tenía idea de que es una rama de la medicina. ¿Cómo es el tema? ¿Se puede practicar o no? Le agradezco su ayuda. Carlos.

 

Respuesta:

Estimado Carlos:

Sobre este tema tomo algunos elementos del artículo del Padre Jordi Rivero sobre la ‘Acupuntura’ (de la página www.corazones.org).

‘Acupuntura’, etimológicamente proviene del latín acus, aguja, y punctura, punzada. Designa una operación con fines curativos en la que se clavan una o más agujas en el cuerpo humano. La han empleado los chinos y japoneses desde la antigüedad.

La acupuntura como práctica médica no ofrece dificultades morales, siempre y cuando se mantenga en los límites de la medicina y realmente sea practicada por un médico que conozca la técnica y no por un embaucador (como ocurre en algunos casos, aprovechando la credulidad de la gente).

Pero junto a esta se ofrece una practica de la ‘acupuntura’ relacionada con las doctrinas de la Nueva Era (o New Age).  Por ejemplo, se ha hecho común encontrar avisos como el siguiente:


¿Le gustaría
Experimentar plenamente la vida
Mejorar su salud
Vivir muchos años
Conocer su futuro
Saber que fechas son buenas para usted y cuales adveras?

LA ACUPUNTURA LE AYUDARÁ

Con frecuencia los centros de acupuntura mezclan una multitud de prácticas de la Nueva Era. Otro anuncio:

¿Amor?, ¿Vida?, ¿Finanzas?, ¿Carrera?, ¿Que tienes en la mente?.
El Tarot Mágico te permitirá…
¡maravilloso!

Las promesas no tienen límites: La acupuntura quita todos los dolores y tensiones, hace bajar de peso, quita el vicio del cigarro…

A estas promesas sigue una jerga típica de la Nueva Era para hacer a los ingenuos creer que se trata de algo científico o misterioso…  ¡Harmonize con el ‘gi’ del día!.

Evidentemente no estamos ante una acupuntura médica, sino ante una práctica que mezcla ciertas técnicas de orden medicinal con prácticas supersticiosas y adivinatorias.

Por este motivo el Documento de la Iglesia, ‘Jesucristo, portador del agua viva’, coloca a la acupuntura entre las prácticas de la New Age: ‘Hay una notable variedad de enfoques que promueven la salud holística, derivados unos de antiguas tradiciones culturales, conectados otros con las teorías psicológicas desarrolladas en Esalen durante los años 1960-1970. La publicidad relacionada con la Nueva Era cubre un amplio espectro de prácticas, tales como la acupuntura, el biofeedback, la quiropráctica, la kinesiología, la homeopatía, la iridología, el masaje y varios tipos de ‘bodywork‘ (tales como ergonomía, Feldenkrais, reflexología, Rolfing, masaje de polaridad, tacto terapéutico, etc.), la meditación y la visualización, las terapias nutricionales, sanación psíquica, varios tipos de medicina a base de hierbas, la sanación mediante cristales (cristaloterapia), metales (metaloterapia), música (musicoterapia) o colores (cromoterapia), las terapias de reencarnación y, por último los programas en doce pasos y los grupos de auto-ayuda.25Se dice que la fuente de la sanación está dentro de nosotros mismos, que la podemos alcanzar cuando estamos en contacto con nuestra energía interior o con la energía cósmica’ ( ‘Jesucristo, portador del agua viva’, 2.2.3).

Los centros de acupuntura suelen utilizar abundantemente nombres de origen chino o japonés para identificarse con la antigua práctica de acupuntura que se remonta a esos países. Pero también promueven superstición y ocultismo: horóscopo chino, Tarot, el ‘mundo de I-ching’ (un oráculo) y mucho mas. Con frecuencia reclaman que sus productos tienen poderes sobrenaturales.

Recordamos al lector la admonición de San Pablo: ‘En cambio los malos y embaucadores irán de mal en peor, serán seductores y a la vez seducidos. Tú, en cambio, persevera en lo que aprendiste y en lo que creíste, teniendo presente de quiénes lo aprendiste,  y que desde niño conoces las Sagradas Letras, que pueden darte la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús’ (2 Timoteo 3,13-15)

No nos compete evaluar los posibles méritos de la acupuntura terapéutica. Ese es el campo de la medicina. Pero si debemos alertar sobre a la ‘acupuntura’ que se vende popularmente hoy día por todas partes pretendiendo satisfacer todas las necesidades humanas a base de técnicas y poderes misteriosos…. Señores esto nada tiene que ver ni con ciencia ni con religión. Es una crasa impostura religiosa.

Tomado (con adaptaciones y añadidos) de la página www.corazones.org

P. Miguel A. Fuentes, IVE

operación de bolsa

¿Son lícitas las operaciones de bolsa?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Mi duda es, en concreto, sobre la moralidad de vivir de las ganancias que las inversiones bursátiles pueden generar. Conozco una persona, católico practicante y de sacramentos frecuentes, que invierte en la bolsa con la compra y venta de acciones de distintas empresas. Esta actividad le ha resultado mucho más rentable que su oficio mismo, de manera que las ganancias que obtiene de este las invierte en aquella. Hasta el presente los riesgos de pérdidas han sido mínimos o casi inexistentes; cabe mencionar que no opera por su cuenta, sino que lo hace a través de un operador de bolsa que hace años se dedica a esta actividad que cae dentro de sus campo profesional y que por lo tanto cuenta con sobrada experiencia sobre los altibajos que tiene la actividad bursátil. Ante un planteo de tipo ético-religioso que le hice a esta persona, me respondió, que su oficio no le reditúa como para permitirle realizar algunos proyectos humanos honestos que tiene. En resumidas cuentas padre, mi pregunta es saber si es moralmente lícito vivir de la compra y venta de acciones y bonos, especulando en la bolsa, aún cuando se tenga la seguridad de mínimos riesgos de pérdidas, y cuando las ganancias habidas de esto puedan destinarse a la concreción de fines honestos y buenos. Le agradezco su atención y lo saludo cordialmente.

 

Respuesta:

Estimado:

Al respecto, le transcribo cuanto escribe el P. Antonio Royo Marín, en su ‘Teología Moral para Seglares’ sobre las llamadas ‘Operaciones de bolsa’ (cf. Royo Marín, Antonio, Teología Moral para Seglares, BAC, Madrid 1984, Tomo I, nn. 733-736).

1. Noción.

Reciben el nombre de operaciones de bolsa aquellos contratos más o menos aleatorios que se celebran en la bolsa o establecimientos públicos de contratación, con la intervención, por lo general, de un intermediario (agente de cambio y bolsa, corredor de comercio, etc.).

Tienen por objeto: a) ciertos valores que representan un crédito, como títulos de la Deuda pública, acciones y obligaciones del Estado, ciudades, sociedades industriales, etc.; b) determinadas mercancías, como café, granos, algodón, lana, azúcar, etc.

2. División.

Las operaciones de bolsa son múltiples, pero pueden reducirse a dos grupos principales: al contado y a plazos.

1) Las operaciones al contado se asimilan a la compraventa y se rigen por sus mismas leyes. En ellas se compran al contado (o sea, con dinero contante y al precio corriente) valores que representan un crédito (v.gr., títulos, acciones u obligaciones), ya sea para conservarlos y percibir sus rentas anuales, ya para venderlos de nuevo cuando suban de valor.

2) Las operaciones a plazos revisten muy diversas formas. Las principales son:

a) A plazo fijo (generalmente a fin de mes), por las que se compran valores a un precio determinado (por lo general el corriente del día), pero no al contado, sino a pagar y entregar obligatoriamente el día convenido, que suele llamarse día de la liquidación. Es una compraventa con entrega aplazada. El vendedor al fiado vende porque espera que el día de la liquidación el precio habrá bajado, y por eso se dice que juega a la baja; mientras que el comprador al fiado compra porque piensa que el día de la liquidación el precio habrá subido, obteniendo una ganancia, y por ello se dice que juega al alza.

b) A plazo por diferencias. Como quiera que muchas veces el fin principal es ganar la diferencia entre el precio actual y el que tendrá el día de la liquidación, convienen con frecuencia los contratantes en que no se habrá de entregar el precio ni los títulos, sino únicamente la diferencia al comprador o vendedor, según sea el favorecido. Esta operación se llama al descubierto o por diferencias.

c) A plazo con prima, en la que se entrega al vendedor una pequeña cantidad adelantada el día del contrato, reservándose el comprador el derecho de rescindirlo llegado el plazo. Si se rescinde, se pierde la cantidad adelantada (prima abandonada); si se levanta el contrato, es decir, si se realiza de hecho, la prima es parte del precio convenido.

Esta operación con prima puede hacerse con relación a los títulos mismos (como en a) o sólo a las diferencias (como en b). Otra modalidad es la doble: la opción no es para rescindir o no el contrato, sino para doblar o no su importe; opción en el vendedor (muy rara) o en el comprador; con prima o sin ella; con liquidación total o por diferencias, etc.

d) Operación doble con retroventa (relación comercial). Se venden valores al contado y precio corriente, pero con retroventa obligada el día de la liquidación, ya sea mayor precio que el cobrado el día de la operación, y semejante diferencia se denomina report; ya a precio menor, y esta diferencia se llama deport. En el primer caso, el vendedor virtualmente toma a préstamo una suma de dinero; en el segundo, presta valores mediante precio. Todo ello mientras llega el plazo.

3. Moralidad

Como se ve, las operaciones de bolsa se reducen fácilmente a la compraventa, al préstamo o al juego de azar. En este sentido, y siempre que se cumplan las condiciones para la licitud de aquellos contratos, las operaciones de bolsa no son en sí ilícitas o injustas. Pero, prestándose tan fácilmente a mil fraudes e injusticias, el acceso a la bolsa debería estar reservado exclusivamente a los técnicos o profesionales de conducta intachable y reconocida moralidad. Hay que atenerse, en todo caso, a las siguientes normas:

a) En las operaciones al contado se han de observar las leyes de la compraventa.

b) En las por diferencias, las de la compraventa y las de la apuesta.

c) En las de opción y prima ha de guardarse la igualdad entre el precio y el derecho concedido.

d) El report y el deport son las operaciones más peligrosas y que a mayores abusos se prestan. Podrían ser lícitos si se observaran escrupulosamente las reglas del préstamo. Pero, como de hecho no se suelen observar, cobrándose intereses francamente usurarios (v.gr., el 1 por 100 en quince días, lo que supone el 24 por 100 anual), en la práctica resultan inmorales e ilícitos.

4. Especulaciones injustas

Aunque la expresión ‘especulaciones de bolsa’ puede emplearse en buen sentido, como sinónima de los cálculos inteligentes y previsiones afortunadas sobre el éxito de las operaciones que en ella se realizan, suele emplearse la mayor parte de las veces en sentido peyorativo, o sea como sinónimo de las intrigas, fraudes y demás procedimientos injustos que con frecuencia realizan gentes desaprensivas, de conciencia estragada y de conducta inmoral, para hacer subir o bajar artificialmente el precio de los valores (v.gr., esparciendo falsos rumores, promoviendo huelgas, algaradas o revoluciones; simulando compraventas que no existen, etc.). Ni que decir tiene que los que se entregan a estos viles procedimientos cometen gravísima injusticia y están obligados a restituir íntegramente los daños causados y el lucro que razonablemente hubieran podido alcanzar los perjudicados si se hubiera procedido con ellos de una manera noble y leal. Es muy fácil burlar las leyes humanas que prohíben estas injusticias; pero ciertamente que estos vulgares malhechores no se escaparán de la justicia divina, que caerá inflexiblemente sobre ellos a la hora de la cuenta definitiva.

Aplicaciones: pecan ciertamente contra la justicia y están obligados a restituir:

a) Los que ejercen un injusto monopolio acaparando valores en gran número para hacerlos subir o bajar más o menos de lo que corresponde a su valor real.

b) Quienes, mediante operaciones simuladas, convenidos con otros o con sus propios dependientes, aumentan o deprimen artificiosamente los precios, hasta que consiguen alguna operación real a precio injusto.

c) Quienes esparcen falsos rumores sobre el estado próspero o adverso de alguna sociedad, etc., o emplean otros fraudes (v.gr., falsos anuncios en los periódicos, telegramas ficticios, etc.) para hacer subir o bajar artificialmente el precio de los valores en provecho propio y daño de otros.

d) Los que, sin haber esparcido esos falsos rumores ni empleado otros fraudes, pero sabiendo con certeza que otros los han esparcido, se aprovechan del engaño de los incautos para comprar sus valores a mayor o menor precio del que en realidad les corresponde.

e) Los que realizan tantas operaciones, que se exponen a no poder cumplir sus compromisos al tiempo señalado, lo que equivale a aceptar obligaciones ficticias, con daño y perjuicio de los demás.

f) Los que arriesgan tal suma de dinero, que se exponen a perder lo indispensable para pagar a los acreedores (contra la justicia) o arruinar a su familia (contra la piedad y acaso contra la justicia).

g) Los que, sabiendo que se va a promulgar una ley (sobre todo si lo saben por secreto de Estado o de oficio profesional) que hará subir o bajar los valores, los compran o venden antes de ser conocida por los demás con el fin de lucrarse antes o después con aquella subida o depresión; porque en este caso falta la igualdad en ambas partes sobre la incertidumbre del negocio.
Como se ve, las operaciones de bolsa, sobre todo las aleatorias, están llenas de peligro. Es muy difícil mantenerse siempre dentro de los limites de una estricta justicia y de una irreprochable honradez. Sería de desear que la legislación civil, hasta hoy insuficiente en esta materia, cargara la mano sobre los culpables y castigara con ejemplar severidad los fraudes e injusticias, que con frecuencia repercuten sobre la sociedad entera, causando grandes daños al bien común. Sobre todo deberían prohibirse las operaciones meramente lucrativas de aquellos que, ajenos al comercio real y sin importarles poco ni mucho el bien de la sociedad, buscan únicamente el lucro personal a base de un comercio ficticio, que, lejos de fomentarlo, perturba el valor económico de las cosas y su justa determinación. Con razón expresa este deseo el famoso Código social de Malinas cuando dice entre otras cosas:

‘En lo que concierne a las operaciones por diferencia y con prima, cuando no constituyen un modo de inversión ni un modo de adquirir títulos para cumplir una obligación a plazo, parece que los daños de orden moral que de ello resultan exceden a las ventajas que algunos, acertada o equivocadamente, les atribuyen’ (art. 130).

‘La acción de los poderes públicos debe esforzarse en reprimir el agio y dificultar el acceso del público notoriamente inepto a los mercados financieros’ (art.132).

‘En las bolsas de mercancías, las autoridades responsables deben adoptar las medidas propias para alejar de las operaciones que en ellas se realizan a aquellas personas que no son llamadas, en virtud de su profesión, a intervenir en dicho mercado’ (art.133).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

cine

¿Está mal ir al cine?

Pregunta:

Estimado Padre: Mi pregunta tiene que ver con el cine. Realmente me gusta mucho ir al cine, pero reconozco que muchas películas tienen escenas deshonestas e incluso pornográficas, a pesar de que las películas en sí no son sobre argumentos inmorales (siempre algo indecente ‘cuelan’). Esto me trae preocupaciones de conciencia. ¿Qué opina usted de esto? ¿Se puede ir o no se puede ir al cine teniendo en cuenta que casi todas las películas siempre tienen algo indecente? Gracias

Respuesta:

Estimado:

Te contesto con este artículo del P. Jorge Loring, en su obra ‘Para Salvarte’ (N. 68,5).

El cine, en sí mismo, no es malo. Es un vehículo de cultura, un transmisor de ideas. Es un arte que, si se utiliza rectamente, puede servir para dar gloria a Dios.

Pero desgraciadamente, hasta ahora, se ha empleado más para hacer el mal que para hacer el bien.

El Episcopado italiano publicó una Declaración sobre la situación moral del cine en la que decía: ‘Salvo laudables excepciones, que merecen nuestra consideración y aliento, la mayor parte de la producción cinematográfica italiana ha ido constantemente hacia un progresivo y desenfrenado deterioro moral’.

Por eso te aconsejo que no te aficiones demasiado al cine.

El cine tiene una tremenda fuerza persuasiva. Anula la personalidad, arrastra, emboba, hipnotiza. Nos identifica con el protagonista y nos proyecta su psicología, su modo de ser, su ejemplo. Es un arma psicológica fenomenal. Y cuanto más potente es un arma tanto más peligroso es su mal uso.

El cine tiene serios peligros. El primero, aunque menos grave que el segundo, es su exhibicionismo sexual. El daño depende, naturalmente, de las circunstancias. No es lo mismo en los fríos espectadores nórdicos que en los ardientes meridionales. No es lo mismo el dominio de una persona culta que la reacción gamberra del populacho.

No es lo mismo la serenidad de la madurez que la excitabilidad de la juventud.

Pero no seamos ingenuos cerrando los ojos ante este peligro real.

Peligro que no sólo existe mientras dura la proyección de la cinta. La imaginación seguirá después trabajando con las imágenes que se le quedaron grabadas, y es muy fácil que se produzcan después tentaciones desagradables. Pensemos, por ejemplo, lo frecuente que son las películas que proyectan escenas de amor en la cama (y no precisamente entre esposos).

Pero el peor daño del cine es por la fuerza con que transmite las ideas. El lenguaje de la imagen tiene un gran valor emotivo que conquista de modo casi invencible y cambia poco a poco el fondo del psiquismo, aun contra la propia voluntad, que no advierte lo que sucede dentro de sí.

Por ejemplo: una película me presenta un marido que no se entiende con su mujer, por incompatibilidad de caracteres. En cambio se ha enamorado locamente de su secretaria que es de enormes cualidades, y le corresponde en su amor. Pero no pueden casarse porque son católicos.

Instintivamente nos apena que la Iglesia se oponga a ese matrimonio.

En ese momento no se advierten los males que se seguirían a la familia, en general, de permitir el divorcio. Instintivamente aprobamos el adulterio de dos personas que nos han ganado el corazón. De esta manera se nos va cambiando la mentalidad sin casi advertirlo.

El cine enfoca y resuelve muchos problemas humanos al margen de Dios, como si no existiera una Ley Divina y un destino sobrenatural del hombre. Son películas que están hechas con un criterio que no tiene, generalmente, nada de cristiano, y a fuerza de verlas, va uno cambiando, sin darse cuenta, su modo de pensar cristiano para pensar como los del cine. Son una lima para un espíritu cristiano. Tú no lo notas, pero siempre se llevan algo. Una conducta inmoral interpretada por una artista agradable nos inclina a la justificación. Con esto empieza a evolucionar nuestro criterio cristiano, y al fin, arrastrado por el ejemplo del cine, se termina poniendo por obra lo que tantas veces se vio en la pantalla con fuerza seductora.

Como estas ideas están expuestas de un modo agradable y simpático, las admitimos con facilidad.

Tenemos que filtrar estas ideas y rechazar todo lo que no esté de acuerdo con nuestras ideas cristianas.
Los pueblos no mueren porque se les combata o conquiste, sino porque se les corrompe. Pues el cine está teniendo la virtud trágica de corromper hasta la conciencia de nuestro pueblo. Muchos españoles de hoy ya no piensan en español, ni en cristiano, sobre problemas tan capitales como son la familia y el amor. A fuerza de ver en el cine, cosas que están mal, aunque al principio nos repelen y las censuramos, poco a poco nos vamos acostumbrando, y es posible que, si se nos presenta la ocasión, hagamos también nosotros lo que antes nos hubiera horrorizado.

Conozco a un matrimonio que a los cuatro años de casados vivían inmensamente felices con un auténtico cariño mutuo y gozando de la alegría de dos hijos como dos soles. Un día la mujer, influenciada por la ligereza y frivolidad con que se ven en el cine escenas de adulterio, aprovechando un viaje de su marido, no le importó correr una aventurilla ( qué tiene de particular!: es la frase con la que queremos justificarlo todo), y se acostó con otro hombre. Y como todo lo que se hace termina por saberse, un día su marido se enteró. Fue tal la tragedia que se armó que nunca, en su vida, aquellas dos personas pasaron días peores. El marido me decía: ‘Si es verdad que me quería, cómo ha podido hacerme eso? Es que no me quería. Todo lo que me decía era mentira. No puedo volver a hacer el amor con ella. Se me pone delante que me está engañando. No puedo seguir con ella!’ Y lloraba de desesperación, de rabia y de pena. Y ella también lloraba de arrepentimiento, al ver que por un capricho frívolo había hundido la felicidad de su hogar.

En materia de amor, el cine hace daño tanto a las personas casadas como a las solteras.

El cine hace daño a los casados porque con mucha frecuencia presenta como la cosa más natural, y casi inevitable, las expansiones amorosas extramatrimoniales de casados. Y esto no puede ser! Toda expansión amorosa extramatrimonial de un casado, es adúltera. Con la gracia de Dios se pueden superar todos los conflictos amorosos que se presenten al corazón.

El daño que el cine hace a las personas solteras es, entre otras cosas, por enseñar una enorme facilidad para llegar al acto sexual: derecho exclusivo de casados. Además, porque muchísimas veces presenta como motivo suficiente para el matrimonio el atractivo corporal, y eso es mentira!

Este atractivo es un factor, pero él sólo no basta. Muchísimos fracasos matrimoniales se deben precisamente a que se basaron exclusivamente en el atractivo corporal, y se descuidaron otros valores de mayor importancia.
Aparte del daño que el cine hace, con sus escenas, en la emotividad de la mujer, le hace otro daño también grave en su psicología: la mujer se siente arrastrada a imitar los modales, las actitudes y conducta de las artistas que se presentan como mujeres deslumbradoras, y hacen brotar en la espectadora el natural deseo de resultar ellas mismas también atractivas. Al principio, las cosas que chocan con la moral se rechazan, pero a fuerza de verlas en la pantalla se les va quitando importancia y acaban por asimilarse.

El cine ha hecho muchísimo daño a las chicas enseñándolas modales insinuantes y provocativos, a mirar con descaro, un modo de ser frívolo y fácil, y a ser condescendientes en aventuras amorosas. Cuántas chicas adoptan en público y en privado, posturas y actitudes atrevidas, influenciadas por lo que vieron en el cine, dándose cuenta o sin darse cuenta del todo! Cuántas chicas se han hecho unas frescas por lo que vieron en el cine! Cuántas chicas cayeron más hondo de lo que jamás sospecharon por seguir unos primeros pasos que aprendieron en el cine!

Algunas chicas, influenciadas por el ambiente erotizado, son fáciles en llegar a todo, sin pensar en las consecuencias, pues en las películas lo ven continuamente y nunca pasa nada. Pero en la vida real, sí. La vida real no es el cine. Cuántas solteras embarazadas, después se lamentan de lo que hicieron! Pero ya es tarde! ‘Hay películas que, de hecho, son para muchos una verdadera escuela de vicio. Al exhibir ante la juventud escenas de besos prolongados y lascivos se les incita a hacer otro tanto, haciéndoles creer que tales acciones son la señal necesaria del amor, y afianzándoles en la convicción de que eso se puede hacer, pues tantos otros lo hacen. Así se mata poco a poco en las almas el sentido del pudor y de la pureza'(784).

Muchas películas tratan de una chica que se lía con un casado, una prostituta que seduce a un jovenzuelo, una mujer que engaña a su marido, etc., etc. Siempre a base de pecados sexuales.
Cuándo veremos películas que exalten las virtudes de un buen padre de familia, de una madre honrada y de una chica decente? Hacer esto es mucho más difícil. Aquello es mucho más fácil. Por eso abundan las películas a base de los bajos fondos de la vida.

Hay que combatir las películas que inculcan ideas contrarias a la moral católica.

El público es el que manda en el cine. Si una película deja la sala vacía, no se repetirá . Pero si una película resulta ‘de taquilla’ se multiplicarán las películas de este tipo.

Si queremos moralizar el cine, hay que hacer el vacío a las películas indeseables. Con este método ‘La Legión de la Decencia’ en Estados Unidos, logró imponerse a los directores de Hollywood.

En cuestión de espectáculos inaceptables para la conciencia cristiana, conviene adoptar con energía la consigna de no asistir a ninguno por tres fines simultáneos: evitar el peligro propio, dar buen ejemplo y exigir que no se den espectáculos indecentes por el medio humano más eficaz, tratándose de empresarios poco delicados de conciencia, que consiste en negar la cooperación económica.

Pío XII en su ‘Encíclica Miranda Prorsus’, sobre el cine, la radio y la televisión, dice: ‘Los juicios morales, al indicar claramente qué películas se permiten a todos y cuáles son nocivas o positivamente malas, darán a cada uno las posibilidades de escoger los espectáculos…, harán que eviten los que podrían ser dañosos para su alma, daño que será más grave aún por hacerse responsable de favorecer las producciones malas y por el escándalo que da con su presencia’. El Concilio Vaticano II nos exhorta a ‘seguir las indicaciones de la censura moral y a evitar los espectáculos peligrosos, entre otras cosas, para no contribuir económicamente a espectáculos que puedan hacer daño espiritual’.

El punto de vista estético no basta para justificar cualquier espectáculo. La curiosidad no es motivo suficiente cuando se trata de espectáculos degradantes Oigamos de nuevo a Pío XII P O XII: Encíclica ‘Miranda Prorsus’: ‘Culpable sería, por tanto, toda suerte de indulgencia para con cintas que, aunque ostenten méritos técnicos, ofenden, sin embargo, el orden moral; o que, respetando aparentemente las buenas costumbres, contienen elementos contrarios a la fe católica'(785).

Es notable que muchos cristianos difíciles para dar su dinero a obras de caridad y apostolado, lo den sin escrúpulos a espectáculos que descristianizan las costumbres. Regatean su dinero para lo bueno, y lo dan alegremente para lo malo.

Pero no te contentes con no ir tú a esas películas. Procura además convencer a otras personas para que tampoco vayan. Si los católicos quisiéramos colaborar a la acción moralizadora de la Iglesia, Cristo reinaría mucho más en el mundo. Pero hay católicos que consideran a la Iglesia como una aguafiestas a quien hay que dar de lado para poder pasar la vida más divertida; y así están haciendo el juego a Satanás para que sea él quien domine en el mundo. Es inconcebible, y da pena decirlo, pero la realidad es que, a veces, los primeros en obstaculizar la obra moralizadora de la Iglesia, son los mismos cristianos.

El cine es un estupefaciente, y si se adormece tu sensibilidad espiritual, qué conciencia moral podrá protegerte? Cuando el timbre de alarma de la conciencia y del remordimiento está estropeado, el alma corre peligro. Cuántas veces la voz de la conciencia ha hecho dar un frenazo ante el abismo del pecado! Y también, cuántas veces la voz de Dios resonando en el alma ha levantado a una vida de perfección!

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(783) – SAN PABLO: Primera Carta a los Corintios, 10:13.

(784) –  DANTEC: Noviazgo cristiano, 3º, III, C. Ed. Mensajero. Bilbao.

(785) –  PÍO XII: Encíclica Miranda Prorsus, Revista ECCLESIA, 846 (28-IX-57)

abatimiento

¿Qué hacer ante el abatimiento y el dolor en esta vida?

Pregunta:

Tengo 43 años y me siento abatida, como si estuviera muerta en vida, lucho, lucho, pero no tengo suerte. ¿Qué me puede aconsejar?

Respuesta:

Estimada:

Durante el reciente viaje de Juan Pablo II a España, en la vigilia de Cuatro Vientos, con los jóvenes se dieron 3 testimonios realmente conmovedores. Pero debieron dejarse de lado otros, para no cansar al Papa y a los asistentes. Sin embargo, esos testimonios quedaron escritos. Entre ellos estaba el de Lourdes Cuní quien había previsto decir al Santo Padre lo siguiente: ‘Soy Lourdes, disminuida física. Mi discapacidad me afecta al habla. No puedo hablar y tampoco puedo andar; por ello debo utilizar una silla de ruedas’. ‘Durante mucho tiempo he vivido angustiada. A menudo me he preguntado cuál era el sentido de mi vida y por qué me ha pasado esto a mí. Esta pregunta ha sido constante y la prueba ha sido dura. Durante años la única respuesta ha sido descubrir cada mañana que estaba siempre en el mismo sitio: atada a una silla de ruedas. A veces he sentido que me habían arrancado la esperanza. Me sentía como si llevara una cruz, pero sin el aliento de la fe’, había escrito.

La joven seguía diciendo: ‘Un día descubrí a Jesucristo y cambió mi vida. El Señor con su gracia me ayudó a recobrar la esperanza y a caminar hacia delante. Ahora, cuando veo a otros jóvenes enfermos al lado mío pienso que mi cruz es muy pequeña comparada con la de ellos, y me gustaría mostrarles cómo yo encontré al Señor para transformar su dolor en un camino de esperanza, de vida y de santidad’.

Finalmente decía al Santo Padre: ‘Sé que mi silla de ruedas es como un altar en el que, además de santificarme, estoy ofreciendo mi dolor y mis limitaciones por la Iglesia, por Vuestra Santidad, por los jóvenes y por la salvación del mundo […] En mi Vía Crucis me siento alentada por el testimonio de Vuestra Santidad, que lleva también sobre sus hombros la cruz de la enfermedad y de las limitaciones físicas y, además, el dolor y el sufrimiento de toda la humanidad. ¡Gracias, Santo Padre, por su ejemplo!’.

Nuestras cruces y sufrimientos son ciertamente menos graves que los de estas personas. Cambia algo muy importante: la fe. Pida la gracia de la fe y el aumento de la fe. No se deje vencer; en el misterio de la cruz, del abatimiento y del dolor cotidiano, se esconde también el secreto de la alegría en esta vida y el ciento por uno para la otra.

En Cristo y María.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

El Dolor Salvífico

Fuente: Zenit, 8 de mayo de 2003.

 

teología de la liberación

¿Qué es la teología de la liberación? ¿Qué se puede decir de ella?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Me acaba de asaltar una duda el día de ayer cuando escuché un programa de radio donde se mencionó el Tema de: La Teología de la Liberación y me sonó como a algo que no está muy aceptado por la Iglesia Católica. ¿Me podría comentar si estoy en lo cierto? ¿Qué tiene de malo esa Teología? ¿En que consiste? Yo soy católico y estudié en un Instituto de Formación para Laicos al Servicio de la Pastoral Parroquial y nunca había escuchado de esa Teología. Las gracias anticipadas por su atención a mi consulta. Quedo a sus ordenes para cualquier pregunta o duda con respecto a la misma.

Respuesta:

Estimado le envío este artículo de titulado: Juan Pablo II y la ‘Teología de la liberación’

El 16 de Octubre de 1979 es elegido Papa Juan Pablo II. A la fecha son muchas acciones en servicio a la Iglesia que sobresalen. Sus infatigables viajes iniciados con el de México (1979) han removido hondamente al mundo entero. En 1985 convocó un Sínodo Extraordinario de los Obispos para reflexionar sobre el Concilio Vaticano II, y urgir a los fieles en su conocimiento y aplicación. Sobresale, sin lugar a dudas, su preocupación por desenmascarar una corriente de pensamiento que se denomina Teología de la Liberación. En agosto de 1984 el Santo Padre Juan Pablo II aprobó una Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que pretende: ‘atraer la atención de los pastores, de los teólogos y de todos los fieles, sobre las desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana, que implican ciertas formas de la teología de la liberación que recurre, de modo insuficientemente crítico, a conceptos tomados de diversas corrientes del pensamiento marxista’. Se trata, por tanto, de toda una ‘corriente de pensamiento que, bajo el nombre de `teología de la liberación’ propone una interpretación innovadora del contenido de la fe y de la existencia cristiana que se aparta gravemente de la fe de la Iglesia, aún más, que constituye la negación práctica de la misma’.

La llamada ‘teología de la liberación’ asume el análisis marxista de la realidad y sus principios: a) materialismo histórico: que señala que las causas de los acontecimientos históricos son exclusivamente económicas y la historia es la historia de la lucha de clases, y b) la praxis: la verdad no es, sino se hace; lo que importa es la ortopraxis.

Estos principios de corte marxista los aplican a la interpretación del Evangelio y la práctica pastoral con lo que logran desfigurar nuestra fe. Para la ‘Teología de la liberación’.

1. Jesucristo: es considerado no como verdadero Dios Encarnado que, con su Muerte y Resurrección, nos ha redimido, sino como un símbolo de la humanidad que lucha por la liberación de los ‘opresores’ y que muere en defensa de los pobres;

2. La Iglesia: debe tomar parte en la lucha pues la ‘neutralidad’ es imposible ya que equivale a estar con los poderosos. De ahí que debe tener una ‘opción preferencial por los pobres’ y constituirse en ‘Iglesia del pueblo’ que nace del pueblo, y que reconoce la jerarquía sacramental que es ‘clase dominante’ y por tanto debe ser combatida. (Puebla, nn. 262- 263).

3. La fe es reducida a ‘fidelidad a la historia’; la esperanza a ‘confianza en el futuro’; la caridad a la ‘opción por los pobres’.

4. Los sacramentos: son ‘celebraciones del pueblo que lucha por la liberación’: se indoctrina en este sentido al pueblo por medio de homilías, cambios en la liturgia, etc., para que ‘tomen conciencia de clase’ y se les anima a la lucha contra la ‘clase dominante’. Curiosamente, así la Iglesia viene a ser – según estos ‘teólogos’ – respecto a los pobres, lo que el partido comunista pretende ser respecto al proletariado.

5. La escatología es sustituida por el ‘futuro de una sociedad sin clases’ como la meta de la liberación en la que se habrá ‘hecho verdad’ el amor cristiano a todos, la fraternidad universal. Evidentemente se trata de un peligroso cúmulo de errores al ser una completa subversión del cristianismo.

Los errores pueden sintetizarse así:

a) El error radical está en el mismo ‘principio hermenéutico’ con el que se pretende interpretar el Evangelio para sacar de ahí una praxis: ese principio es el materialismo histórico, que niega la prioridad del ser sobre el hacer, y por tanto, de la verdad y el bien de la acción humana. Este principio es totalmente falso y no es demostrado ni demostrable;

b) La lucha de clases no sólo es un error porque sea contrario a la caridad (puede haber una guerra justa, existe la legítima defensa, etc.), sino que es un error sobre todo porque se le concibe como algo necesario, ineludible y constitutivo de la historia negando la libertad de la persona y su capacidad para dirigir la historia mediante esa libertad y contando con la Providencia Divina;

c) además de negar verdades fundamentales (sobre Cristo, la Iglesia, los Sacramentos, etc.), en la práctica, conduce a someter a la Iglesia a una dirección política determinada, no sólo ajena a su misión sobrenatural, sino que desemboca en una situación humana deplorable, como en el socialismo real, en el que la persona no cuenta ni se le reconoce su dignidad de hijo de Dios.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que, puede darse una verdadera Teología de la liberación, es decir, del pecado y de sus consecuencias (no sólo de sus consecuencias materiales). ‘Una de las condiciones para el necesario enderezamiento teológico es la recuperación del valor de la enseñanza social de la Iglesia’ ‘La enseñanza de la Iglesia en materia social aporta las grandes orientaciones éticas. Pero, para que ella pueda guiar directamente la acción, exige personalidades competentes, tanto desde el punto de vista científico y técnico como en el campo de las ciencias humanas o de la política. A los laicos, cuya misión propia es construir la sociedad, corresponde aquí el primer puesto’ (Instrucción sobre algunos aspectos de la ‘Teología de la Liberación’ Libertatis nuntius, 6-VIII-84, XI, 14). La instrucción de VIII-84, ‘anunciaba la intención de la Congregación de publicar un segundo documento, que pondría en evidencia los principales elementos de la doctrina cristiana sobre la libertad y la liberación’. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó con fecha 22-III-86, una segunda Instrucción ‘Sobre la libertad cristiana y la liberación’. ‘Entre ambos documentos – se lee en el segundo -, existe una relación orgánica. Deben leerse uno a la luz del otro’. La Instrucción de III-86, se ‘limita a indicar los principales aspectos teóricos y prácticos’ acerca de la libertad y la liberación; conceptos íntimamente relacionados entre sí, que deben entenderse en su justo sentido, pues aquellas ‘desviaciones y los riesgos de desviación, ruinosos para la fe y para la vida cristiana’ siguen vigentes y ‘lejos de estar superadas, las advertencias hechas parecen cada vez más oportunas y pertinentes’. Algunos de los exponentes de la ‘Teología de la Liberación’ apoyándose en este segundo documento han pretendido hacer ver que la Iglesia ‘aprueba’ la errónea ‘Teología de la Liberación’ que ellos sustentan. Nada más lejos de la verdad. El segundo documento expone el verdadero concepto de la libertad: ‘la libertad no es la libertad de hacer cualquier cosa, sino que es la libertad para el Bien, en el cual solamente reside la Felicidad. De este modo el Bien es su objetivo. Por consiguiente el hombre se hace libre cuando llega al conocimiento de lo verdadero, y esto – prescindiendo de otras fuerzas – guía su voluntad’. Explica, también, la necesidad de una liberación del mal, del pecado. El documento pone de manifiesto el papel que desde siempre ha hecho la Iglesia para ayudar al hombre: ‘La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contemporáneo, sometido a duras opresiones y ansioso de libertad. La gestión política y económica de la sociedad no entra directamente en su misión (Const. past. Gaudiun et Spes, no. 42,2). Pero el Señor Jesús le ha confiado la palabra de verdad capaz de iluminar las conciencias. El amor divino, que es su vida, la apremia ha hacerse realmente solidaria con todo hombre que sufre. Si sus miembros permanecen fieles a esta misión, el Espíritu Santo, fuente de libertad, habitará en ellos y producirán frutos de justicia y de paz en su ambiente familiar, profesional y social’ (no.61).

P. Miguel A. Fuentes, IVE