internet

¿Enfermedades a causa de Internet?

Pregunta:

Padre, mi hijo se pasa muchas horas navegando por internet; ¿es malo eso? ¿puede producirle algún problema?

 

Respuesta:

Estimada Señora:

Yo no soy especialista en temas de psiquiatría; pero tengo entendido que las largas sesiones de internet no son benéficas para la personalidad de nadie, particularmente de los niños y adolescentes. Tal vez le pueda servir el siguiente artículo aparecido hace un tiempo en Zenit.

‘El uso desmedido de Internet puede degenerar en patologías hasta ahora inexistentes, según advierten psiquiatras y psicólogos católicos.

Los niños son los más vulnerables ante esta nueva forma de enfermar, concluyó el pasado jueves el congreso organizado por en Roma la AIPCC (Asociación italiana de psicólogos y psiquiátras católicos).

La conclusión recoge los resultados de un estudio sobre los trastornos derivados del abuso de la red llevada a cabo entre 109 niños de seis a nueve años de edad.

Los jóvenes adultos son, por lo general, más propensos a desarrollar ‘tech-abuse’, es decir la dificultad de entrar en relación con personas reales, según el estudio.

Otro de los fenómenos constatados es el ‘webcam abuse’, propensión –o incluso obsesión– a espiar a los demás a través de sitios con tal propósito en Internet.

El ‘tecnoautismo’ o incapacidad de expresar las propias emociones sin la ayuda de las nuevas tecnologías es más frecuente entre los niños explica el estudio, recogido por la agencia Sir de la Conferencia Episcopal italiana.

‘El 15-20% de los niños estudiados navega regularmente por Internet, chatea y, sobre todo, busca amistades en la red’, sigue diciendo el trabajo.

‘Suscita una viva preocupación el hecho de que la tecnología se entienda como una modalidad de interacción con los demás’, explicó el presidente de la AIPCC y coordinador de la investigación, Tonino Cantelmi.

El 70% de los jóvenes pasa diariamente con los videojuegos un par de horas, pero se han registrado abusos que superan las cinco horas en un 5% de los casos.

En la investigación realizada sobre este grupo de niños se comprobó igualmente que el 5% navega en Internet más de cinco horas diarias.

Por ello es necesario ‘que los padres acompañen a sus hijos en el uso de los nuevos medios; si se les deja solos existe el riesgo de que sean aplastados’, observó la presidenta de la Comisión parlamentaria italiana para la infancia, Maria Burani Procaccini’.

(Artículo: ‘Psiquiatras y psicólogos católicos: Nuevas tecnologías, nuevas patologías’; ROMA, 18 febrero 2003; ZENIT.org).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

tendencias homosexuales

¿Puede ser sacerdote un joven con tendencias homosexuales?

Pregunta:

He recibido varias consultas. Cito tres:

1) Atento teólogo: Le agradezco el tiempo que se esta tomando para leer esta carta. Deseo preguntarle algo sobre vocaciones. ¿Qué hacer cuando un joven encuentra dentro de sí un deseo fuerte por llevar una vida religiosa, pero ha descubierto que le atraen físicamente las personas de su mismo sexo? Espero su respuesta. De antemano, gracias.

2) Soy sacerdote católico; dirijo espiritualmente a un joven que siente inclinación hacia el sacerdocio. Tiene inclinación homosexual y aunque siente tentaciones, nunca ha consentido ni ha tenido relación sexual alguna. Vive una vida cristiana seria y comprometida. Goza de capacidad intelectual y don de gente. Mi consulta es la siguiente: ¿Hay algún impedimento desde el Derecho Canónico u otra disposición de la Iglesia para que pueda ser ordenado sacerdote? ¿Cómo se le ha de orientar en su caso concreto?. Gracias

3) Un homosexual no practicante y que ha tomado la seria determinación de abstenerse de relaciones sexuales, como lo manda nuestra Iglesia, ¿puede dedicar su vida al celibato apostólico dentro de alguna congregación, como sacerdote o en alguna asociación de laicos? ¿O existe algún impedimento al respecto que pueda ponerlo en ocasión de pecado?

Respuesta:

Estimado:

Para que el llamado de Dios sea auténtico (o sea, venga efectivamente de  Dios) se requiere: idoneidad física y psíquica, idoneidad intelectual e idoneidad moral. Si lo que usted llama ‘atracción’ hacia jóvenes del mismo sexo es sólo una tentación pasajera, tal vez propia de alguna etapa evolutiva que puede presentarse en algunas personas (esto se pone de manifiesto en que es fácilmente rechazada, no llega a perturbar la conciencia más de cuanto lo puede hacer cualquier tipo de tentación y desaparece con el tiempo), no parecería haber ningún problema. Pero si en cambio se trata de una ‘inclinación’ propiamente dicha, firme y arraigada, fuente constante de tentaciones, aunque no estemos ante una persona abiertamente ‘homosexual’, sin embargo, tal inclinación es signo de que no hay idoneidad moral (Puede leer al respecto de Pablo VI: Sacerdotalis coelibatus, especialmente el n. 64; y de Pío XI: Ad Catholici sacerdotii, especialmente el n. 55).

Para el sacerdocio es fundamental la vida del celibato y la posibilidad de vivirlo con serenidad y sin dramaticidad. La tendencia homosexual es una desviación de orden afectivo y si es consentida se convierte en pecado grave contra la castidad (ya sea de pensamiento o de obra). Es claro que es un signo de manifiesta falta de idoneidad para la vida consagrada (no sólo por el hecho de que el seminarista, el sacerdote o el religioso convivirá con personas de su mismo sexo lo que sería para él ‘ocasión próxima de pecado’, sino porque esta desviación es en sí un desvío afectivo). El Papa Juan Pablo II ha abordado en varias ocasione este tema. Creo que es muy importante lo que ha dicho en el discurso a un grupo de obispos del Brasil el 5 de setiembre del 2000: ‘Es mi deber encarecer una renovada atención a la selección de las vocaciones al Seminario, poniendo todos los medios a disposición para lograr un adecuado conocimiento de los candidatos, en particular desde el punto de vista moral y afectivo… Que ningún obispo se sienta excluido de este deber de conciencia. Tendrá que rendir cuentas directamente ante Dios… Sería lamentable que por una malentendida tolerancia, se admitiera a la ordenación a jóvenes inmaduros o con evidentes signos de desviaciones afectivas, que como es tristemente conocido pueden causar grave escándalo en la conciencia de los fieles y daño evidente para toda la Iglesia’. Por ello, recordó que ‘la fidelidad a la doctrina sobre el celibato sacerdotal por el Reino de los Cielos debe ser considerada con gran estima por la Iglesia’. Y especialmente, insistió, ‘cuando se trata de discernir en los candidatos al sacerdocio la llamada a una entrega incondicional y plena… Es necesario recordarles que el celibato no es un elemento extrínseco e inútil una superestructura a su sacerdocio, sino una conveniencia íntima para participar en la dignidad de Cristo y en el servicio de la nueva humanidad’.

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con fecha de 16 de Mayo de 2002 dio una clara ‘Respuesta a cuestiones sobre la Ordenación de Homosexuales’ (Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Respuesta a cuestiones sobre la Ordenación de Homosexuales, 16 de mayo de 2002, Prot. n. 886/02/0. Firma Jorge A. Cardinal. Medina Estévez, Prefecto):

‘La Congregación para el Clero ha enviado a esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos una carta de su Excelencia, pidiéndonos que clarifiquemos la posibilidad de que hombres con tendencias homosexuales puedan recibir la ordenación presbiteral. Esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, consciente de la experiencia resultante de muchas causas instruidas con el propósito de obtener la dispensa de las obligaciones que derivan de la Sagrada Ordenación, y luego de debida consulta con la Congregación para la Doctrina de la Fe, expresa su juicio como sigue: la ordenación al diaconado y al presbiterado de hombres homosexuales u hombres con tendencias homosexuales es absolutamente desaconsejable e imprudente y, desde el punto de vista pastoral, muy riesgoso. Una persona homosexual, o una con tendencia homosexual no es, por consiguiente, apropiada para recibir el sacramento de las Sagradas Ordenes’ .

P. Miguel A. Fuentes, IVE

educar conciencia

¿Cómo educar la conciencia?

Pregunta:

Padre: Quiero saber sobre la conciencia y como debe ser educada, también qué papel juega en ella la moral y los valores. Soy profesor de religión y quiero saber esto por mis alumnos.

Respuesta:

Estimado:

1. La conciencia moral es susceptible de un continuo progreso. Pero hemos de decir que la educación de la conciencia es la más difícil de las artes. No todos reciben de la naturaleza idéntica disposición para el recto juicio: porque mientras en algunos es más fácil, otros son más tardos en apreciar todos los aspectos éticos del acto y su relación con las diversas normas de la moral. A esto se añaden las enfermedades del espíritu, la ignorancia, los prejuicios, los hábitos y las pasiones, que pueden fácilmente plegar la mente para que juzgue el valor ético de una determinada acción en conformidad con sus propios intereses.

2. La rectitud del juicio de la conciencia (en lo que consiste una conciencia educada) implica un conocimiento exacto de la ley y la sabia aplicación de la misma a la acción concreta. A esto, por lo tanto, debe mirar la educación, mediante:

a) el estudio amoroso de la verdad y de la ley, considerada no como carga, sino como camino trazado ya ante nosotros; debemos ilustrar, iluminar nuestra conciencia sobre el bien y sobre la verdad. Y esto se hace mediante la Fe, la Palabra de Dios y la enseñanza clara de la Iglesia. Dicho, de otro modo, debemos ser fieles a la verdad. Vale para todo cristiano, lo que el Papa mandaba a los Obispos de Francia: ‘Los Pastores deben formar las conciencias llamando bueno a lo que es bueno y malo a lo que es malo’. Uno puede estar seguro de que está obrando con una conciencia recta, con honestidad de conciencia, cuando ha puesto todos los medios para que ésta sea recta. Esto vale particularmente para los temas delicados de nuestra vida moral y espiritual, y especialmente aquellos aquellos sobre los que tenemos dudas. Aquí se ve, finalmente, el motivo por el cual no puede haber divergencia entre la Enseñanza de la Iglesia y la conciencia del cristiano. Porque el Magisterio no es una opinión más sino una de las fuentes donde debemos iluminar la conciencia. Un decreto sobre la función del teólogo ha dicho estas palabras que nos deben hacer pensar seriamente: ‘Oponer al magisterio de la Iglesia un magisterio supremo de la conciencia es ad­mitir el principio del libre examen, incom­patible con la economía de la Revelación y de su transmisión en la Iglesia, así como con una concepción correcta de la teología y de la función del teólogo’. El Papa ha dicho: ‘…el Magisterio de la Iglesia ha sido instituido por Cristo el Señor para iluminar la conciencia’. Y en la Veritatis Splendor dice: [VS, 64].

b) el hábito de reflexionar antes de obrar;

c) el ejercicio de las virtudes que nos dan un conocimiento experimental mucho más eficaz que el doctrinal; sólo la virtud puede garantizarnos que nuestra conciencia no quiera ‘justificar’ nuestros comportamiento defectuosos o nuestros pecados.

d) la impetración y uso de los dones sobrenaturales, de los cuales la prudencia cristiana, moderadora de la actividad sobrenatural, debe recibir continuo alimento.

3. Finalmente, dos son, sobre todo, las enfermedades que pueden afectar habitualmente a la conciencia en sus juicios: el laxismo y el escrúpulo. Éstos constituyen respectivamente la degeneración del error y de la duda. El hombre de conciencia laxa tiende a subestimar la inmoralidad de algunas acciones y la responsabilidad de sus actos. Hábito éste que no puede ser vencido sino mediante el hábito contrario, adquirido gradualmente por un diligente examen de las dudas que se presentan, un amor más sincero de la verdad y del deber, una docilidad más obsequiosa al confesor y una más severa valoración de las acciones propias. El escrúpulo, entendido no como fenómeno esporádico, sino como hábito morboso del espíritu, puede definirse: la obsesión de la duda en el campo moral. En efecto, presenta los caracteres de la idea obsesiva y es como ella lúcido, irresistible, angustioso, persistente, a pesar de que el mismo paciente lo reconoce irrazonable. El escrúpulo ha de ser curado con remedios oportunos.

Para mayor información puede consultar los siguientes artículos:

– P. Miguel Ángel Fuentes, ‘La conciencia y el Magisterio

– P. Miguel Ángel Fuentes, ‘La conciencia en la Veritatis Splendor

– Cardenal J. Ratzinger, ‘Elogio de la conciencia

P. Miguel A. Fuentes, IVE

grafología

¿Es moral la grafología?

Pregunta:

Padre: Tengo una duda: ¿qué es la grafología (lo escuché a un amigo)? Y, ¿es bueno o malo?

 

Respuesta:

Estimado:

1. La palabra ‘grafología’ viene del griego (grafé = escritura, y logos = tratado). El término fue propuesto por Michon hacia 1870, entendiendo por él el arte de conocer el carácter de las personas por el estudio de su escritura. El abate J. H. Michon, considerado como el fundador de la grafología, basó su sistema en la teoría de los llamados signos físicos, según la cual todos los detalles de la escritura correspondían siempre exclusivamente a una cualidad determinada del carácter. Así, por ejemplo, si las líneas de un escrito suben indican actividad y ambición; si bajan, tristeza y pereza, etc. Tratábase de un estudio analítico muy minucioso que se extendía no sólo a cada una de las letras, sino a las partes principales constitutivas de cada letra.

En cambio los continuadores franceses de Michon sostienen preferentemente que toda cualidad psíquica se manifiesta a través de un conjunto de propiedades gráficas y en lugar de analizar minuciosamente las particularidades del escrito, tratan de poner de relieve sus caracteres generales agrupados en siete puntos de vista fundamentales: la velocidad (escritura rápida, retardada, dinámica, etc.), la presión (firme, débil, etc.), la forma (sencilla, armoniosa, confusa, etc.), la dimensión (pequeña, exagerada, etc.), la continuidad (igual, desigual, etc.), el orden (ordenada, descuidada, etc.).

Las demás escuelas disienten de la francesa en diversos detalles pero todas están de acuerdo acerca del significado de la mayor parte de los elementos de la escritura. Existe, pues, una concordancia fundamental entre los grafólogos acerca de las características de un escrito en las que se revelan los motivos principales que determinan la conducta del que lo escribió, sea habitualmente, sea en el momento en que fue redactada la carta: afán de lucro, egoísmo, vanidad, cólera, etc. Es más incierto el precisar los talentos particulares: memoria, espíritu matemático, talento artístico, etc. Todo lo demás es muy problemático, de manera que para dar un diagnóstico grafológico completo se requiere hasta cierto punto la sagacidad, intuición y habilidad particular del grafólogo, por lo cual la grafología se ha de considerar todavía como un arte más que como una verdadera ciencia.

2. En cuanto a sus aspectos éticos, hay que decir que es conocida la aplicación de la grafología en el diagnóstico de enfermedades mentales y nerviosas; aplicaciones que han dado buenos resultados. Algunos psicoanalistas dan mucha importa al aspecto de la escritura, por manifestarse en ella como en otros muchos actos automáticos o semiautomáticos la parte subconsciente de la personalidad.

No puede dudarse de que exista un fondo de verdad en las consideraciones sacadas del estudio de la escritura. Lo mismo que en el gesto y la palabra, en condiciones de espontaneidad, la escritura es expresión personal del individuo y manifestación de su yo psicofísico. El punto práctico de la cuestión está en el valor indicial de cada signo gráfico. Tal vez en el futuro se trate con mayor cautela la aplicación de los cánones deducidos del examen grafológico. No hemos de negar, sin embargo, su valor a las conclusiones deducidas científicamente de la grafología.

Desde el punto de vista moral los exámenes grafológicos -encaminados al diagnóstico neuropsiquiátrico o estudio psicológico del carácter, tendencias y talentos de sujetos sanos- son lícitos siempre que el grafólogo no se sirva de sus propios conocimientos para dañar de algún modo a la persona cuya escritura ha sido analizada o para otros fines reprobables.

Sería claramente un abuso de la grafología pretender que de ella puede predecirse el futuro comportamiento libre del individuo o sobrepasar las previsiones genéricas razonables que pudieran formarse fundadas en circunstancias y tendencias psicosomáticas.

(Cf. Roberti, Diccionario de Telogía Moral, p. 554-555).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

blasfemia

¿Es siempre pecado la Blasfemia?

Pregunta:

Estimado Padre: Lamentablemente se me ha pegado la costumbre de blasfemar de tanto escucharla en mi familia. Muchas veces no me doy cuenta de que blasfemo hasta que se me escapa la palabra. Siempre me arrepiento, pero me queda la duda: ¿es pecado lo que hago? Le agradeceré su consejo.

Respuesta:

Estimado amigo:

1. Se define la blasfemia como ‘una palabra o un dicho injurioso contra la divinidad’. En sentido estricto consiste en la palabra proferida oralmente, pero es claro que también las expresiones injuriosas contra Dios formuladas con la mente o con la imaginación constituyen una blasfemia verdadera y propiamente tal. Los teólogos reducen a este pecado también las acciones injuriosas contra Dios (por ejemplo, escupir al cielo y otras acciones semejantes con las que se intenta demostrar desprecio por Dios) que pueden fácilmente compararse con el sacrilegio si se dirigen contra Dios en las cosas consagradas a él (escupir o pisotear el crucifijo). La blasfemia llega a su extremo en aquel que no contento con proferirla con la boca la pone por escrito o la divulga por la prensa o la imprenta.

2. Las expresiones o las acciones pueden ser injuriosas para con Dios de varias maneras. Se puede:

a) atribuir a Dios lo que no le conviene (diciendo, por ejemplo, que es injusto, o autor del pecado)

b) negarle lo que le es propio (por ejemplo, su amor paterno para con sus criaturas)

c) atribuir lo que es exclusivamente propio de Dios a las criaturas, o, lo que es peor, afirmar que las criaturas son mejores que Él (por ejemplo, afirmando que Satanás es más poderoso que Dios);

d) hablar con desprecio de Dios o nombrar su nombre o las cosas o personas sagradas con escarnio por desprecio a Él o a la religión;

e) maldecir, imprecar o ultrajar a Dios o a los Santos.

La blasfemia puede ser directa o indirectamente contra Dios. En el último caso se dirige inmediatamente contra las personas o las cosas en cuanto son amadas de Dios: los santos, las criaturas mas excelentes, en las cuales resplandece principalmente la grandeza de Dios (como el cielo, el mundo, el alma, la religión, etc.), las cosas sagradas, como los Sacramentos, etc. Puede ser querida en cuanto tal, esto es, como ultraje a Dios (blasfemia diabólica, blasfemia querida directamente) o puede ser mas bien un desahogo de ira hacia las criaturas, de impaciencia, etc. (blasfemia indirectamente querida). Si la blasfemia contiene una afirmación o negación contra la fe se llama blasfemia herética.

3. En cuanto a la gravedad, la blasfemia, tanto la directa como la indirectamente querida, cuando es proferida con plena conciencia y deliberación, es un pecado gravísimo, siempre y sin excepción. Esta blasfemia es en efecto, una falta al deber más elemental de la criatura para con su Creador: el reconocimiento de su suprema autoridad. Es, por consiguiente, el ultraje máximo que se puede dirigir a la más alta dignidad y un acto de extrema rebeldía. Implica además la mayor degradación de la criatura en cuanto tal, cuya perfección consiste precisamente en su subordinación a Dios. Por lo que es más grave en su esencia que todos los demás pecados contra el decálogo (como, por ejemplo, el del homicidio) aun cuando, como sabiamente advierte Santo Tomás (Suma Teológica, II-II. q. 13, a. 3, ad 1) en cuanto a su eficiencia sea menor que el homicidio, ya que el homicidio produce más daño al prójimo que la blasfemia a Dios, al cual nadie puede dañar.

Se ha de notar, sin embargo, que sólo se debe juzgar blasfemia aquella expresión que, o por su aceptación común, o por su significado natural, o por la intención de quien la profiere es injuriosa para con Dios, y sólo en el caso de que sea proferida como una aserción, no cuando simplemente se refiere como un suceso.

El Catecismo de la Iglesia Católica resume la doctrina católica sobre la blasfemia diciendo (nn. 2148-2149): ‘La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste en proferir contra Dios interior o exteriormente palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a ‘los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre ellos’ (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión. La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo un pecado grave (Cf. Código de Derecho Canónico, 1369). Las palabras malsonantes que emplean el nombre de Dios sin intención de blasfemar son una falta de respeto hacia el Señor. El segundo mandamiento prohíbe también el uso mágico del Nombre divino. ‘El Nombre de Dios es grande allí donde se pronuncia con el respeto debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre de Dios es santo allí donde se le nombra con veneración y temor de ofenderle’ (San Agustín, De Sermone Domini in monte, 2, 45, 19: PL 34, 1278)’.

P. Miguel Á. Fuentes, IVE