masturbación

¿Por qué está mal la masturbación? ¿Tiene consecuencias en la persona?

Pregunta:

Consulta: Quisiera saber desde el punto de vista de la Iglesia por qué es mala la masturbación y por qué los ‘sexologos’ la defienden, yo lo hago y quisiera saber si lo que hago es un pecado y si es grave y si puede tener problemas para mí en el futuro (o en mi matrimonio cuando me case).

 

Respuesta:

Lo siguiente lo tomo del libro del Padre Jorge Loring, ‘Para salvarte’ (n. 68,23).

El vicio solitario (masturbación) consiste en abusar del propio cuerpo excitando los órganos genitales para procurarse voluntariamente el placer hasta el orgasmo. A veces, se comienza por mera curiosidad; pero si no se corrige esta inclinación se convierte en un vicio obsesivo que esclaviza a la persona y le desinteresa por todo lo demás: como le pasa al drogadicto.

La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. Hace del placer sexual algo egoísta, cuando Dios lo ha hecho para ser compartido dentro del matrimonio. Conozco casos de matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro del matrimonio.
Quien se deja esclavizar del vicio de la masturbación puede arruinar la armonía sexual de su matrimonio. Una mujer joven se quejaba en la consulta de un médico de que su marido tenía con ella muy pocas relaciones sexuales. Él reconoció, delante de ella, que prefería masturbarse .

Quien tiene la desgracia de verse esclavizado de esta mala costumbre debe poner el mayor esfuerzo en corregirse cuanto antes. Este vicio encadena fuertemente, cada vez es más difícil desligarse de él, y cuando tiene esclavizada a una persona, la envilece, la embrutece, anula su voluntad, destroza su carácter, perturba el desarrollo de su personalidad, debilita la fe, produce desequilibrio nervioso, hace egoístas e incapacita para amar a otra persona.

No se puede abusar del organismo. La naturaleza pasa después la factura. El cuerpo humano tiene sus límites. No se pueden gastar las energías destinadas al desarrollo integral de la persona humana.

Incluso para Freud ‘el masturbador incurre en riesgo de bloquear el desarrollo y maduración de su psicoafectividad’ (Dr. HONORIO SANJUÁN: Estudios sobre sexualidad, 3º, III. Toledo, 1979).

‘La práctica habitual de la masturbación conduce a graves desequilibrios nerviosos’ (Dr. JOSÉ TODOLÍ: Estudios sobre sexualidad, 4º, II. Toledo).

Todos los médicos están de acuerdo que cuando la masturbación es frecuente, conduce a la neurastenia (DUBOIS: La revolución sexual, XIII, 2. Barcelona, 1975).

Y cuando la masturbación es un vicio esclaviza como todos los vicios.

‘Cuando la masturbación se convierte en hábito, debe ser calificada como falta de madurez. (…) Cuando la masturbación presenta síntomas de psicosis y neurosis, debe buscarse la ayuda de un profesional que la someta a un tratamiento adecuado. (…) Las fuentes que dan pábulo a la fantasía -lecturas, televisión, cine- han de considerarse como la base de muchas acciones que no deberían haber tenido lugar, si no hubiesen sido estimuladas’.

Hay maníacos sexuales que buscan el placer una y otra vez por sí mismo, y caen, como los drogadictos, en el círculo de una insaciable repetición, con el fin de superar en cada nuevo intento, las incesantes frustraciones.

‘La masturbación hecha costumbre da por lo general seres psíquicamente replegados sobre sí mismos, especialmente incapaces de elevarse a un auténtico amor sexual’ (B. HÄRING: La ley de Cristo, 3º, 3ª, I. Ed. Herder. Barcelona).

El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas.

Cuando un ser humano se habitúa a satisfacer un instinto en una forma determinada, puede llegar a perder, a través de un mecanismo psicológico, el deseo o la atracción por todas las demás formas.

El hábito de saciar el hambre sexual de una forma anormal y viciosa, puede llegar a provocar la repelencia por el acto natural, con lo cual el masturbador entra de lleno en el campo de la incapacidad sexual psicológica.

El vicio de la masturbación lleva a la eyaculación precoz en el matrimonio, que impide acomodarse al ritmo de la mujer que es más lenta, y es causa de graves problemas en la armonía sexual matrimonial.

Los médicos americanos que habían tratado a muchachas que se masturbaban, descubrieron que después de casarse resultaban esposas frígidas.

Dice el Dr. Luis Riesgo: ‘No es inteligente considerar la masturbación como algo natural, pues causa una serie de trastornos en el adolescente. No sólo en el campo religioso, sino en el afectivo, psicológico, intelectual, etc., donde se hacen sentir sus malos efectos. (…) El que en plena adolescencia el joven sienta fuertemente el impulso sexual, tiene un profundo valor educativo.

(…). Más tarde en su vida conyugal, muchas veces tendrá que dominar sus inclinaciones’ (Dr. LUIS RIESGO: Hablando en familia, III, 5. EAPSA. Madrid).

Estas partes del cuerpo deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza, higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto. Con eso no se juega.

Éste es un pecado degradante, repugnante, inconcebible en una persona delicada. Sin embargo, si después te da vergüenza confesarlo, entonces la desgracia es doble e irreparable. Si tuviste la desgracia de la caída, no permitas la de la vergüenza de confesarlo. Acude a un sacerdote y ábrele tu conciencia para que te perdone y te ayude a salir de tan triste estado. Ten confianza. Tienes remedio.

Muchos empezaron esta mala costumbre sin conocer su importancia. Bien porque lo descubrieron de un modo casual, bien porque fueron enseñados por otra persona que intencionadamente quitó importancia al asunto.
Pero la masturbación es un vicio que puede esclavizar fuertemente y transformar el carácter de la persona, y hasta su ideología religiosa.

La masturbación puede llevar a perder la fe. Muchas incredulidades han empezado en la masturbación. El joven siente inclinación a masturbarse, oye que la Iglesia lo prohíbe, y siente la tentación de dejar la Iglesia que le prohíbe lo que le gusta hacer, y quizás le cuesta trabajo evitar.

Dice José Antonio Sayés:’Pero, por otro lado, no podemos olvidar que la masturbación no contribuye a la superación del problema sexual o de la tensión de un momento dado. Conduce, por sí misma, a la larga, a una erotización mayor y a una obsesión creciente, de modo que a la larga el problema no se soluciona.

El sexo, no lo olvidemos, (Chauchard no se cansa de repetirlo) está sobre todo en la cabeza. Tiene una capacidad obsesionante tal, que la solución del problema sólo se logra cuando el hombre consigue entregar su pensamiento a tareas que le ilusionen. La solución al problema del sexo, y a una obsesión excesiva, sólo se encuentra de modo indirecto, cuando el hombre consigue centrar su pensamiento en algo que le ilusiona. He sido testigo de cómo muchachos que se han entregado con ilusión a una ocupación deportiva, incluso en presencia de chicas, o a otro tipo de ocupación, no tenían problema alguno sexual; mientras éste surgía siempre que se dejaban llevar por el ocio’.

Es fácil que quienes han contraído el hábito de la masturbación experimenten un fuerte sentimiento de culpabilidad capaz de destruir todo estímulo de vida y de producir un permanente complejo de inferioridad. El único tratamiento pastoralmente eficaz es el de procurar abrir horizontes hacia expresiones plenas de la afectividad y hacia tareas culturales, profesionales, sociales y religiosas, que den sentido a sus vidas .

La gravedad de cada acto masturbatorio no siempre es fácil determinarla pues depende de muchas circunstancias y pueden darse atenuantes de la responsabilidad. Sin embargo se debe poner un serio empeño en evitarlo por el peligro de caer en la esclavitud del hábito.

Dice Robinson: ‘Los trastornos afectivos y algunas situaciones neuróticas provocan frecuentemente manifestaciones de autoerotismo, que alcanza, a veces, un carácter convulsivo claramente psicopático…

Está comprobado que la masturbación ejerce siempre una mala influencia, sobre todo en la psicología juvenil. Debilita la fuerza de voluntad, la confianza en sí mismo, y perturba el desarrollo de la personalidad. Crea melancólicos e introvertidos y, en el fondo, egoístas. La masturbación es una satisfacción sexual egoísta, que marca a la persona y la incapacita para el verdadero amor.

La masturbación es, muchas veces, un recurso barato y triste; una compensación, un consuelillo de segunda clase por algún otro éxito de cualquier otro tipo que no hemos sido capaces de conseguir.

Con todo, no todos los actos masturbatorios son de la misma gravedad.

Cuando un joven tiene interés en corregirse y pone los medios que tiene a su alcance aunque tenga caídas, éstas pueden tener atenuantes a su culpabilidad. Siempre se puede acudir a Dios pidiéndole ayuda, pues Él nunca abandona a los que acuden a Él, pidiéndole ayuda para algo bueno y conveniente. Y como dice San Pablo: ‘Todo lo puedo en Aquel que me conforta’.

En la adolescencia, la masturbación puede aparecer como algo pasajero.

Como eso de los granos.

Pero si es repetitivo, puede degenerar en hábito; y esto es grave. Lo lógico es que deje un sentimiento de culpa. Sin duda es mejor dominarse que dejarse vencer. Dominarse es señal de adultez. La victoria es señal de madurez. La caída es señal de debilidad; por eso deja sentimiento de culpa.

En la edad madura, la masturbación puede ser síntoma de algo más serio, sobre todo si es persistente. Puede indicar un estado de adolescencia mental, o alguna otra deficiencia psíquica. Se encuentra, desde luego, en muchos tipos de demencia senil y en el alcoholismo. En general puede aparecer en todos los estados mentales, en los que se dé una descohesión de la personalidad que tenga por consecuencia una pérdida de control de los instintos más primitivos’.

A veces las caídas en la masturbación no son por una intención lujuriosa. Son consecuencia de una depresión, una angustia, una ansiedad que no permite conciliar el sueño, etc. Casos así pueden remediarse con algún sedante inofensivo como Huberplex, Librium, etc.

En una conferencia que le oí en 1976 al Dr. D. José M Poveda Ariño, Jefe del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid, titulada ‘Ciencia y Doctrina Moral Sexual’, dijo que la masturbación es un fenómeno evitable por cualquier persona normal. Y en los casos en que esta superación parezca difícil es perfectamente asequible con los productos que un médico puede recomendarle.

En enero de 1976 el Vaticano publicó un documento sobre Moral Sexual donde dice: ‘El uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente la finalidad de esta facultad (n 5)’. También dice este documento que ‘la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado (n 9)’.

Y en 1983 el Vaticano ha publicado otro documento sobre la educación sexual donde dice: ‘La masturbación es un grave desorden moral .Y aunque sólo Dios conoce la responsabilidad moral subjetiva de cada acto, de ningún modo se puede sostener que en el campo sexual no se cometen pecados mortales’.

Pero no has de considerar pecado todos los tocamientos en tus órganos genitales. Pueden ser pecado los tactos encaminados a excitar el placer sexual; pero otros actos que se hacen por necesidad o por higiene, no son pecado alguno. Y en las conmociones orgánicas que sientas involuntariamente, reprime el consentimiento, y en paz. No has pecado contra la pureza. Aprende a distinguir entre el sentir y el consentir. Puede ser que a veces sientas movimientos contra tu voluntad en tus órganos genitales. Acostúmbrate a prescindir de esas sensaciones.
El pecado no está en el sentir, sino en el consentir. En el noveno mandamiento te expongo el modo de luchar contra estas tentaciones molestas.

Pero si tuvieras la desgracia de haberte complacido voluntariamente en ese placer sexual, entonces manchaste tu pureza.

El orgasmo, que es la sacudida que experimenta el cuerpo con la satisfacción del placer sexual, es derecho exclusivo de casados. Una persona soltera no puede ni procurárselo voluntariamente ni aceptarlo si lo experimenta involuntariamente. A veces el orgasmo se produce imprevistamente. En ese caso tampoco es lícito saborearlo voluntariamente, aunque no se pueda evitar la sensación placentera.

Pero cuando ocurre durmiendo no es pecado alguno.

El placer venéreo completo, el orgasmo, buscado directamente, sólo está permitido dentro del matrimonio, dentro del acto conyugal.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

resucitado

¿Se apareció Jesús resucitado a su Madre?

Pregunta:

Estimado Padre: Cada vez que llega el tiempo pascual y escucho los relatos de las apariciones de Jesucristo resucitado me llama la atención que no se haga referencia a ninguna aparición a la Virgen Santísima. Entiendo, si no me equivoco, que no aparece en los Evangelios. ¿Cómo puede entenderse que Nuestro Señor no se haya aparecido a su madre?

Respuesta:

Efectivamente, los Evangelios no relatan ninguna aparición de Jesucristo a María Santísima, pero la omisión de tal referencia no indica que dicho acontecimiento no haya tenido lugar. Por el contrario, una antiquísima tradición conmemora dicha aparición como la primera de las apariciones de Cristo. El arte ha dejado plasmado esto en los inmortales versos del poeta cristiano Sedulio, quien en el siglo V, sostenía que Cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada ante todo a su madre. En efecto, dice el poeta, ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso en el mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la resurrección, para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del Resucitado, ella anticipa el “resplandor” de la Iglesia 1.

Haciéndose eco de esta tradición, San Ignacio, en la Cuarta Semana de sus Ejercicios Espirituales, sugiere la meditación de este paso con las siguientes palabras: “Primero: apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho, en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento, como está escrito: ‘¿También vosotros estáis sin entendimiento?’”.

“Se tiene por dicho” para quien tenga una sana psicología a la hora de leer los textos revelados. Sin embargo, esto no nos exime de buscar los motivos de esta sugestiva “omisión”. ¿Por qué razón los evangelistas no refieren esta aparición? Podemos conjeturar varios argumentos 2.

Ante todo, por la finalidad de los relatos de la resurrección. Todos los relatos son apologéticos; tienen como finalidad mostrar la veracidad de este acontecimiento central de nuestra fe (1Co 15,14: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe). Por eso dice el libro de los Hechos que la primerísima predicación se encomendó a testigos escogidos por Dios(Hch 10,41), es decir, a los Apóstoles, los cuales con gran poder (Hch 4, 33) dieron testimonio de la resurrección del Señor Jesús. Y cuando los Apóstoles se reunieron a elegir el reemplazante de Judas Iscariote, Pedro puso como cualidad esencial de los candidatos el ser capaces de dar testimonio personal y experimental de la verdad de la resurrección de Cristo: Conviene, pues, que de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió  con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado, uno de ellos sea constituido testigo con nosotros  de su resurrección (Hch 1,21-22). Los relatos de las apariciones consignados en los Evangelios son, pues, relatos de la resurrección hechos por testigos fidedignos. En este sentido puede pensarse que “si los autores del Nuevo Testamento no hablan del encuentro de Jesús resucitado con su madre, tal vez se debe atribuir al hecho de que los que negaban la resurrección del Señor podrían haber considerado ese testimonio demasiado interesado y, por consiguiente, no digno de fe” 3. ¡El relato de la propia madre de Jesús podía ser juzgado como testimonio de quien es parte comprometida!

En segundo lugar, porque los Evangelios no intentan ser exhaustivos en sus relatos. De hecho, dejan de lado apariciones de Jesús mucho más espectaculares que las que encontramos en el texto transmitido. Así, por ejemplo, no se hace ninguna narración de la aparición que sólo mencionará más adelante San Pablo a más de quinientos hermanos a la vez (1Co 15,6). Del mismo modo, la aparición a Pedro (¡privilegiadísima!) sólo es mencionada al pasar (Lc 24,34: se ha aparecido a Simón).

Asimismo, nos inclina a pensar que Jesús se ha aparecido a su madre, ¡y en primer lugar!, la extraña ausencia de María Santísima entre el grupo de mujeres que se dirige al sepulcro para dar los últimos cuidados al cuerpo muerto del Señor (cf. Mc 16,1; Mt 28,1). ¿Por qué sólo parece estar ausente quien más motivo tenía para cumplir esos últimos gestos de piedad con el cadáver del hijo amado? Esto sólo es comprensible si se piensa que María no fue al sepulcro porque sabía que su Hijo no estaba allí. Más todavía si se tiene en cuenta que, por la misteriosa voluntad de Dios y probablemente en premio de su fidelidad en el Calvario, las mujeres serán las primeras encargadas de anunciar el misterio de la Resurrección; ¡pero la más fiel de esas mujeres —y la causa de que las demás tuviesen el valor de estar junto a la Cruz— fue su Madre! ¿Cómo ese anuncio no iba a comenzar por Ella?

Finalmente, esta aparición es postulada por un motivo teológico: la singular asociación de María Santísima a los misterios de su Hijo. La asociación única y especialísima de María a los misterios de la Encarnación, del Nacimiento y sobre todo de la Pasión y Muerte (Jan 19,25: junto a la cruz Jesús, estaba María su madre) exige que también en este misterio central de la Resurrección Ella ocupe un lugar privilegiado. La más cercana en la encarnación, la más cercana en el nacimiento, la más cercana en su muerte, ¿no iba a ser la más cercana en su resurrección?

“No sale tan hermoso el lucero de la mañana —dice fray Luis de Granada—, como resplandeció en los ojos de la Madre aquella cara llena de gracias y aquel espejo sin mancilla de la gloria divina. Ve el cuerpo del Hijo resucitado y glorioso, despedidas ya todas las fealdades pasadas, vuelta la gracia de aquellos ojos divinos y resucitada y acrecentada su primera hermosura. Las aberturas de las llagas, que eran para la Madre como cuchillos de dolor, verlas hechas fuentes de amor, al que vio penar entre ladrones, verle acompañado de ángeles y santos, al que la encomendaba desde la cruz al discípulo ve cómo ahora extiende sus amorosos brazos y le da dulce paz en el rostro, al que tuvo muerto en sus brazos, verle ahora resucitado ante sus ojos. Tiénele, no le deja, abrázale y pídele que no se le vaya, entonces, enmudecida de dolor, no sabía qué decir, ahora, enmudecida de alegría, no puede hablar” 4.

Por eso decía Juan Pablo II: “Los evangelios no nos hablan de una aparición de Jesús resucitado a María. De todos modos, como Ella estuvo de manera especialmente cercana a la cruz del Hijo, hubo de tener también una experiencia privilegiada de su resurrección”5.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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1 Cf. Sedulio, Carmen pascale, 5, 357-364: CSEL 10, 140 s.
2 Véase sobre esto la Catequesis de Juan Pablo II, María y la Resurrección de Cristo, 21 de mayo de 1997.
3 Juan Pablo II, ibidem, 1.
4 Fray Luis de Granada, Libro de la oración y meditación, 26, 4, 16.
5 Juan Pablo II, Discurso en el santuario de Nª Sª de la Alborada, Guayaquil, 31 de enero de 1985

cirio pascual

Uso del Cirio Pascual terminada la Vigilia

Pregunta:

Dice en el nuevo Misal Romano recientemente editado en Argentina, en la rúbrica n. 70 (p. 291), terminada la Vigilia pascual: «El Cirio Pascual se ha de encender en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes del tiempo pascual». ¿Esto se aplica también a todas las vísperas solemnes de domingos, como los días de semana? Muchas gracias por su tiempo. P. Osvaldo (Chile).

 

Respuesta:

La rúbrica final de la Vigilia Pascual, a la que Ud. hace referencia, que dice: «El Cirio Pascual se ha de encender en todas las celebraciones litúrgicas más solemnes del tiempo pascual» (MR 2002, 291), sigue lo ya indicado en la Carta Circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Preparación y Celebración de las Fiestas Pascuales, n. 99 (16/01/1988): «El Cirio Pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o junto al altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad en este tiempo, tanto en las Misas, como en Laudes y Vísperas, hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al baptisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el Cirio Pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. El Cirio Pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio».

 Con esto queda claro, que el Cirio Pascual debe encenderse «al menos» en las Misas y celebraciones de Laudes y Vísperas más solemnes. Ahora bien, ¿cuáles son dichas celebraciones más solemnes? A primera vista, la norma pareciera incluir solamente la Octava, los domingos de Pascua, y el Jueves de la Ascensión, sin embargo, nos parece, como es habitual, por otra parte, que deba encenderse en las misas feriales durante todo el tiempo de Pascua, dado que la Cincuentena es como un solo día de fiesta, como «un  único domingo» (S. Ambrosio, Expositio Evangelii secundum Lucam 8, 25; PL 15, 1863)  compuesto por una doble octava, esto es, siete días de semanas o siete días de siete días cada uno, más el día octavo, que los «fija» y los engloba a todos [7 x 7 = 49 + 1 = 50].

 Tal es así, que durante la Cincuentena no se ayunaba, ni se arrodillaban los fieles en la Misa, y eran restituidos el Alleluia y el beso de la paz. Y esta visión unitaria de todo el tiempo Pascual, no es sólo una nostálgica y hermosa concepción teológica de los Padres de la Iglesia, sino que ha sido «restaurada» en parte, por las reformas promovidas por el Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium, 106), y es recogida por las Normas Universales sobre el Año litúrgico y sobre el Calendario (1969, en particular, nn. 22-23): «Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como «un gran domingo» (San Atanasio, Epist. festales, 1, 10; PG 26, 1366). Éstos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya» (n. 22).

En efecto, la Cincuentena Pascual, fue la primera prolongación o desarrollo de la Pascua, tal vez por la tradición del Antiguo Testamento, que celebraba, inmediatamente después de los Ázimos o Pascua de los judíos, la fiesta de las Semanas o de la Cosecha -Cf. Ex 34, 22; Dt 16, 9-10-, en la cual se ofrecían las primicias de la recolección de los cereales, y que era conocida también como fiesta de «Pentecostés», pues duraba cincuenta días.  Los Padres asumieron la Cincuentena, de manera que «Pentecostés» no es tanto la solemnidad que se celebra al quincuagésimo día (en memoria de la Venida del Espíritu Santo sobre la Santísima Virgen y los Apóstoles), cuanto el conjunto de los cincuenta días pascuales, como su nombre lo indica. Precisamente, el Cirio encendido durante toda la Cincuentena, hace visible el que sea como un solo día de fiesta, como unlaetissimum spatium («gozosísimo espacio»), como gustaba resaltar Tertuliano, desafiando las fiestas paganas (Tertuliano, De Baptismo, 19, 2; CCL, 1, 293).

La tradición romana conoce asimismo, la bella práctica de apagar el Cirio  inmediatamente después de la proclamación del Evangelio de la Ascensión del Señor, para representar de manera más simbólica Su subida a los cielos, a los cuarenta días de la Resurrección. El Cirio vuelve a encenderse para los bautismos que se celebran en Pentecostés. La rúbrica del Misal Romano de 1962, prescribe: Dicto Evangelio exstinguitur Cereus paschalis, nec ulterius accenditur, nisi in Sabbato Pentecostes ad benedictionem Fontis. (MR 1962, In Ascensione Domini, 380; Cf. Catecismo Mayor de S. Pío X, 2091).

Cabe destacar, finalmente, la estrecha relación entre las Vísperas y el Cirio Pascual, cuyo origen, algunos estudiosos ponen en el antiguo rito del Lucernarium (cf. RIGHETTI, M., Manuale di Storia Liturgica, II, Ed. 2ª Anastatica, Ancora, Milano 2005, 257), en el cual, durante las vísperas de los domingos se encendía un Cirio para saludar (despedir) a la luz del día en el crepúsculo y dar la bienvenida a Cristo, Luz eterna e indeficiente. Según la Traditio Apostolica (n. 25), ya caído el sol, el diácono llevaba en medio de la asamblea el Cirio y el obispo pronunciaba sobre el mismo una acción de gracias: «Te damos gracias, Oh Señor, por tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor, por medio del cual nos has iluminado revelándonos la luz incorruptible. Hemos vivido una jornada entera y llegamos al inicio de nuestra noche…. No nos falte la luz de la noche, por tu gracia; por lo cual te alabamos y te glorificamos por medio de tu Hijo…». Es decir, se pedía que cuando el sol natural se apagase, no se extinguiera, en cambio, la luz de la gracia, la luz de Cristo en las almas de los fieles.

Otra relación entre el Cirio Pascual y la celebración de las vísperas, la encontramos en el hecho de que los neófitos o recién bautizados, durante toda la Octava de Pascua debían asistir con sus cirios encendidos a las vísperas que se celebraban cada día de la misma. De ahí que, terminado el tiempo pascual, el Cirio haya de «trasladarse al baptisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados» (Preparación y Celebración de las Fiestas Pascuales, n. 99).

Concluyamos diciendo que, al menos, durante la Octava, los domingos de Pascua, y la Ascensión, debería encenderse el Cirio Pascual para la celebración de la Santa Misa y las Vísperas (y Laudes) solemnes, pero nada obsta que se encienda incluso en los días feriales de este tiempo, pues la norma dice «al menos», sobre todo en las comunidades religiosas o cuando participan los fieles; pero, además, si tenemos en cuenta que la Cincuentena es un único día festivo, el Cirio podría encenderse durante todo el tiempo pascual, al menos para la celebración de la Santa Misa, dado que, toda Misa es Pascua (en sentido completo, que incluye la muerte y la resurrección de Cristo, su paso de este mundo al Padre):

«La Cuaresma se hace una sola vez al año. La Pascua, en cambio, se celebra tres veces a la semana, y a veces también cuatro, o más bien, cada vez  que lo queramos. La Pascua, en efecto, no consiste en el ayuno, sino en la oblación y en el sacrificio que se realiza en cada sináxis [entiéndase, celebración de la Misa]. Que esto sea así, escucha a Pablo, que dice: Nuestra pascua, Cristo, ha sido inmolada (1 Cor 5, 7), y aún: Cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 26). Por eso, cada vez que te acerques con conciencia pura a la Eucaristía, tú celebras la Pascua. Pascua, en efecto, es anunciar la muerte del Señor» (San Juan Crisóstomo, Adv. Iudaeos, hom. III, 4; PG, 48, 867).

P. Jon M. de Arza, IVE.

Nuevo Adán

¿Por qué dice el Pregón Pascual: que el pecado de Adán fue necesario?

Pregunta:

Quería referirle una duda que me aqueja referida a la frase del Pregón Pascual: necesario fue el pecado de Adán. ¿Por qué dice que ese pecado fue necesario? ¿Acaso no fue un acto libre y por lo tanto contingente? Decir que el pecado de Adán fue necesario me sugiere como que Adán fue predestinado a pecar o algo así, cosa que se que no puede ser, justamente por ello me molesta la frase.
Gracias por su ayuda, saludos.

 

Respuesta:

Estimado:

La frase del pregón Pascual: “necesario fue el pecado de Adán” indica que en el plan providencial del Creador, de la desgracia y tragedia que fue el pecado de nuestros primeros padres, Dios sapientísimo supo sacar el bien más inmenso que jamás podría haber pensado criatura alguna: la obra de la Encarnación Redentora. Por esto el pecado, sin perder su intrínseca malicia y desorden, Dios lo permitió por el bien de la Redención. Esto es tan así que hay muchos santos (por ejemplo Santo Tomás de Aquino entre otros) que conjeturan que, en la hipótesis que el hombre no hubiese pecado, Dios nunca se habría encarnado. San León Magno habla en este mismo sentido cuando al referirse al pecado de Adán y Eva expresa: “ feliz culpa que nos mereció tan gran Redentor ”.

Atentamente.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Viernes santo - cruz

¿Por qué los cristianos adoran la cruz sin caer por eso en idolatría?

Pregunta:

¿Por qué los cristianos adoran la cruz sin caer por eso en idolatría?

 

Respuesta:

Estimado:

Si bien en cuanto a la materialidad, la cruz no merece culto alguno, en cambio considerada como símbolo por antonomasia de la pasión de Jesucristo, que en ella sufrió muerte para redimirnos del pecado, representa al mismo Jesucristo en el acto de su inmolación. Por eso debe ser adorada con un acto de adoración de latría relativa en cuanto imagen de Cristo y por razón del contacto que con El tuvo. Así explica la doctrina teológica siguiendo, entre otros, a Santo Tomás quien escribe al respecto en la Suma Teológica, Tercera Parte, cuestión 25, artículo 4.

Evidentemente el concepto clave es aquí la distinción dentro de la adoración de latría (que es la que se debe a una cosa entitativamente divina, en contraposición con la adoración o veneración de dulía, que es debida a las cosas creadas pero sobrenaturalizadas, como los santos) entre latría absoluta y latría relativa : latría absoluta es la que se da a una cosa en sí misma (por ejemplo, a Dios, a Jesucristo, etc.) ; latría relativa es la que se da a una cosa no por sí misma sino por orden a lo que es representado por ella (las imágenes).

P. Miguel A. Fuentes, IVE