biblia

¿Se dicen mentiras en la Biblia?

Pregunta:

Me surgió una duda después de leer el libro de Judit donde ésta parece engañar a Holofernes (cf. Jdt 10,12 ss). La cuestión es: ¿está la Biblia diciendo que es lícito mentir en algún caso, por ejemplo, al enemigo?

Respuesta:

Querido amigo:

     Le agradezco la consulta, porque se trata de un tema interesante que hasta ahora nadie había preguntado.

    El principio general está muy bien sentado por Santo Tomás (retomando los admirables escritos de San Agustín sobre la mentira: «De mendacio» y «Contra mendacium») al decir: «Dice el Eclesiástico: Guárdate de mentir y de añadir mentiras a mentiras (7,14). Lo que es malo en sí por su género [intrínsecamente], nunca puede ser bueno y lícito. Porque para que una cosa sea buena lo debe ser en todos sus aspectos, y por eso dice Dionisio que ‘la bondad de una cosa existe por el concurso de todas sus causas, y la maldad por defecto de alguna de ellas’. Ahora bien, la mentira es mala por su género. Pues es un acto que recae sobre materia indebida; pues siendo las palabras signos naturales de las ideas, es antinatural y fuera del orden debido el significar por una palabra o gesto lo que no se tiene en el pensamiento. Por lo cual dice Aristóteles que ‘la mentira es por sí misma mala y debe evitarse; la verdad, en cambio, es buena y digna de alabanza’. Por tanto, toda mentira es pecado, como también afirma San Agustín»[1].

    El principio de Santo Tomás, por tanto, no admite excepciones. En el caso de las personas que mienten en cosas pequeñas por miedo a males muy grandes, la mentira sigue siendo mala (aunque sea venial) y no podemos justificar ni alabar su acción, sino sentir misericordia, como también ha explicado Santo Tomás comentando a Aristóteles[2].

    Es interesante cómo Santo Tomás, siguiendo siempre a Agustín, soluciona las dificultades que algunos encuentran en algunos personajes bíblicos que parecen haber mentido. Cito algunas soluciones del Aquinate.

      1) El caso de las parteras hebreas que mintieron al Faraón para salvar a los recién nacidos judíos y que fueron bendecidas por Dios (cf. Ex 1,21): «las parteras de Egipto no recibieron recompensa por haber mentido, sino por haber reverenciado temerosamente a Dios, de lo cual se siguió que mintiesen. Esto es lo que claramente indica el texto sagrado: Por haber temido a Dios las parteras, prosperó Él sus casas. Pero su mentira posterior ya no fue meritoria»[3].

     2) Parece que algunos santos personajes bíblicos mintieron, como Abraham cuando dijo que su esposa era hermana suya (cf. Gn 12,13-19; 20,2-5); Jacob mintió simulando que era Esaú (Gn 27) y se alaba a Judit quien engañó a Holofernes (Jdt 10,12). El Angélico distingue dos clases de personajes[4]:

a) Algunos son alabados por su virtud perfecta. De estos, por tanto, no se puede pensar que mintieran de ningún modo. O bien sus actos tienen explicación, aunque difícil, como el caso de Abraham cuya esposa era también hermana suya según la terminología oriental (prima). O bien, sus actos tenían un significado profético y figurativo, y la verdad está en el plano profético. Así el caso de Jacob, el cual místicamente se hace pasar por el primogénito de Isaac (o sea, se hace pasar por Esaú) porque en derecho le correspondía la primogenitura (que Esaú ya le había vendido); esta afirmación es realizada por espíritu de profecía significando que el pueblo menor, el de los gentiles, había de sustituir en la primogenitura a los judíos.

b) Otros personajes, como es el caso de Judit, no son alabados por su virtud perfecta, sino por algunos aspectos nobles aunque en algunos casos realizasen actos reprensibles. Así se alaba a Judit, no porque engañó a Holofernes, sino por su deseo de liberar a sus conciudadanos, por quienes se expuso a tantos peligros. No obstante, también sus palabras tienen cierta verdad si atendemos al sentido espiritual de la Escritura.

     3) ¿Y no se puede aplicar el principio del mal menor en el caso en que uno tuviera que elegir entre mentir o permitir que otro cometa un homicidio, o para salvar un inocente? Responde Santo Tomás: «La mentira no es pecado sólo por el daño que causa al prójimo, sino por el desorden que implica en sí misma. Ahora bien, no se debe usar de un medio ilícito para defender los intereses del prójimo; así, no es lícito para dar limosna robar… Por lo tanto, no es lícito mentir para evitar cualquier perjuicio a otro. Se puede, no obstante ocultar prudentemente la verdad disimulándola, como enseña Agustín»[5].

        Como vemos, la posición de Santo Tomás es sumamente clara y terminante al respecto.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

[1] Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 110,3.

[2] Cf. Santo Tomás, Comentario a la Ética a Nicómaco, III, lect. 2, n. 394.

[3] Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 110,3 ad 2.

[4] Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 110,3 ad 3.

[5] Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 110,3 ad 4.

divorcio

¿Es pecado pedir el divorcio civil?

Pregunta:

Soy una mujer casada, con cuatro hijos, y he sido abandonada por mi marido hace dos años y medio. Él se ha juntado con otra mujer. Todos los bienes están a nombre de mi marido y éste amenaza con quitarme todo lo que tengo yo y mis hijos, además de no pasarme nada para el sustento de nuestros hijos. Civilmente me han dicho que sólo puedo preservar mis bienes y  presionarlo para que cumpla sus deberes exigiéndole el divorcio civil. He consultado sobre esto a algunos amigos católicos y unos me han dicho que pedir el divorcio o concedérselo si él lo pide es pecado; otros me han dicho que no es así. ¿Puede Usted aclararme este tema?

Respuesta:

Estimada Señora:

Ante todo, debo decirle que en cuanto a lo que Usted dice que “el único medio civil para defender sus bienes y el patrimonio de sus hijos” es el divorcio, no estoy en condiciones de expedirme. Debería ser un abogado serio y católico quien la asesore al respecto. Además esto variará según varíen las leyes vigentes en un país o en otro.

En cuanto a la licitud o ilicitud del divorcio civil, según gran parte de los moralistas clásicos, hay que tener en cuenta algunas cosas:

  1. Cuando es moralmente pecado

El divorcio civil es ciertamente inmoral e ilícito en todos los casos en que se pide o dictamina de:

1º un matrimonio válido (canónico o natural);

2º entendiendo el divorcio como ruptura del vínculo natural o religioso;

3º con intención de contraer nuevas nupcias (en realidad esta última condición agrava más el pecado; pero para que haya pecado basta con las dos primeras).

  1. Cuando puede ser “tolerado”

El divorcio civil de un matrimonio válido puede ser “tolerado” por la parte inocente, cuando:

1º es consciente (y lo hace constar, en orden a evitar el escándalo) que el divorcio civil no disuelve el vínculo natural o sacramental, y que, por tanto, sigue estando unida a su cónyuge de por vida;

2º es consciente de que el divorcio civil sólo afecta a los efectos civiles, es decir, la autoridad civil no los considera más como matrimonio quitándole a uno los derechos de decidir sobre los bienes del otro, sobre los hijos, y atribuyéndole la paternidad o maternidad de los hijos adulterinos al cónyuge inocente, etc.;

3º no se realiza con intención de contraer nuevas nupcias sino sólo para asegurar ciertos derechos legítimos;

4º y no hay otra vía menos extrema para conseguir ese mismo fin (por ejemplo, cuando no basta la mera separación de “lecho y techo” temporal o incluso definitiva).

Así, por ejemplo, dice el Catecismo: “Si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertos derechos legítimos, como el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser tolerado sin constituir una falta moral”[1]. Queda sobreentendido que hay verdadera “tolerancia” cuando se cumplen las condiciones arriba mencionadas. También señala el Catecismo que si uno de los cónyuges es la parte inocente de un divorcio dictado en conformidad con la ley civil, no peca; y parece aclarar que “ser la parte inocente” estaría constituida por el esforzarse con sinceridad por ser fiel al sacramento del matrimonio y ser injustamente abandonado[2].

  1. ¿Puede la parte inocente de la ruptura matrimonial pedir el divorcio civil o sólo debe limitarse a concederlo cuando lo pide la otra parte?

La última pregunta sobre el tema puede formularse como sigue: ¿Puede la parte inocente pedir el divorcio si éste es el único medio para salvaguardar el mantenimiento de los hijos?

Si bien ha habido algunos moralistas en el pasado que se han inclinado por la intrínseca ilicitud de pedir el divorcio[3], otros consideran que cuando se verifican las condiciones indicadas más arriba, la misma persona inocente puede solicitar la sentencia civil de divorcio. Así, por ejemplo, Ballerini-Palmieri, Lehmkuhl, Sabetti, De Becker, Génicot, Noldin y otros[4]. Dice, por ejemplo Mausbach-Ermecke: “En determinadas circunstancias puede también el cónyuge inocente asegurar su separación externa mediante una sentencia civil de divorcio, cuando la vida en común se hubiera hecho totalmente imposible, o resultara superior a sus fuerzas, o llevara consigo graves peligros para el cuerpo o para el alma. En este caso el matrimonio continúa válido ante Dios y quedan anulados únicamente los efectos civiles del matrimonio; es decir, los derechos y deberes civiles que se derivan del matrimonio según la correspondiente legislación civil. Ahora bien, si el cónyuge inocente tuviera la certeza de que el otro cónyuge, después de recobrar su «libertad» civil por la sentencia de divorcio, la utilizaría para contraer un nuevo matrimonio civil –que, moralmente, constituiría un concubinato y, canónicamente, sería un matrimonio nulo–; debería tener razones poderosísimas para presentar una demanda de divorcio ante un tribunal civil”[5].

Salmans, después de poner la cuestión “¿Podrán los esposos algunas veces, en conciencia, pedir el divorcio civil?”, responde que sí, siempre y cuando se verifiquen “a la vez” las dos condiciones siguientes:

“1º Una intención recta: tener el propósito de romper solamente el vínculo civil y no el verdadero lazo matrimonial; los esposos no pueden pensar en contraer, ante la ley, otro matrimonio, que no sería más que un lazo adúltero;

2º Una razón gravísima, extrínseca y extraordinaria, que impulse a pedir el divorcio. Notemos con insistencia que no se trata de razones que la ley pudiera estimar suficientes: como ninguna de ellas hace el matrimonio disoluble delante de Dios y de la Iglesia, no basta ninguna por sí misma, para que la petición de divorcio sea legítima en conciencia, aunque pueden autorizar la separación de los cuerpos… La moral exige, además… que se tema un daño extrínseco, daño extraordinario y particularmente grave, el cual no se puede remediar con la separación de los cuerpos”[6].

¿Qué daño puede ser considerado tan grave? Sigue Salmans: “Por ejemplo, la educación conveniente de los hijos, cuando éstos serían confiados por el Tribunal al cónyuge realmente impío o corrompido, si el otro esposo no fuera el primero en pedir el divorcio; o bien el sustento conveniente de la parte inocente o la pérdida de bienes relativamente muy grandes, si no se puede resolver de otra manera la dificultad; finalmente, el temor de que los hijos nacidos del adulterio de la mujer sean atribuídos al marido legítimo y lleven su nombre, siempre que la denegación de paternidad no pueda evitar este inconveniente”, etc.

[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2383.

[2] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2386.

[3] Por ejemplo, Bucceroni, Gasparri, Matharan; citados por Noldin, Summa Theologiae Moralis, Tomo III: De Sacramentis, Oeniponte/Lipisae, 1940, n. 669 (p. 680).

[4] Ibidem, nn. 669-671 (pp. 680-682).

[5] Mausbach-Ermecke,  Teología Moral Católica, Eunsa, Pamplona 1974, tomo III, n. 23,4; p. 334.

[6] Salmans, José, S.J., Deontología Jurídica, Ed. El Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao 1953, n. 363.

Ballena azul

La “ballena azul”, ¿un fenómeno de tipo sectario?

Pregunta:

La “ballena azul”, ¿un fenómeno de tipo sectario?

Respuesta:

Hace unas semanas en Uruguay se supo del primer caso de una niña de 12 años víctima del llamado “juego de la ballena azul”, en el correr de menos de una semana se registraron al menos 15 denuncias de víctimas de este “juego” perverso. Este hecho tiene a toda la población de este país en alerta, y las autoridades públicas se han ocupado de alertar a los padres sobre este fenómeno que preocupa a todos. Reproducimos a continuación el artículo que ha publicado Aleteia, escrito por Álvaro Farías, psicólogo uruguayo miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y autor del libro Sectas y manipulación mental.

A poco que las denuncias iban produciéndose los medios de comunicación entrevistaron a varios colegas psicólogos quienes explicaron las posibles causas de éste fenómeno, desde el hecho de la falta de comunicación en la familia, la ausencia de sentido de la vida en los adolescentes, el mal uso de esta herramienta que es Internet, hasta quienes levantaron la voz para generar más alarma en la población. Es que no es para menos, al enterarme poco a poco de lo que se trataba este mal llamado “juego”, se me helaba la sangre. Pero ¿de qué se trata este “juego”? y ¿qué puede haber detrás del mismo?

¿De qué se trata realmente?

El “juego” de la ballena azul se originó en Rusia -según algunas agencias de noticias-; su creador, un ex estudiante de Psicología, se encuentra detenido en Rusia, y habría iniciado este macabro juego a través de la red social Vk (el facebook ruso). Luego se traslada a la red social Facebook, donde se han creado grupos con miles de seguidores a través del mundo.

Son incontables quienes desde el rol de administradores de grupos cerrados de facebook, invitan a niños y adolescentes a “jugar” este mortal juego. Luego que la víctima recibe un mensaje de invitación al juego, sigue una lista de 50 desafíos que van desde causarse lesiones y cortes de diferentes partes del cuerpo, hasta cometer suicidio, pasando por privación del sueño, el tener que mirar durante 24 hs películas de terror, desafíos secretos, chat con el administrador del grupo y comunicación por skype con otras “ballenas”.

Una nueva forma del fenómeno sectario.

Con la información que me iba llegando pensé: ¿no estamos frente a una expresión nueva del fenómeno sectario? Tuve la oportunidad de confrontar esta hipótesis con un muy respetado colega español, el Dr. José Miguel Cuevas y del intercambio de opiniones con él terminé por confirmar mi hipótesis. Al frente de este “juego” macabro hay una persona con características de personalidad psicopática. Un psicópata manipulador es una persona desafectivizada que manipula y abusa de otros para obtener algún tipo de satisfacción. En este caso podríamos estar frente a una persona manipuladora con fuertes rasgos perversos y la gratificación que obtiene de este “juego” es el hecho de inducir a otros al suicidio.

Luego de los contactos iniciales, la víctima es sometida a un proceso de reclutamiento similar al de una secta coercitiva. Se realiza un pacto de secreto bajo la amenaza de que de ser violado, el “iniciado” o su familia podrían recibir severas consecuencias llegando incluso a la amenaza de muerte para su familia. Se le plantean desafíos, los cuales tienen la particularidad de realizarse en secreto, deben ser demostrados a quien guía el “juego” y tienen un nivel de progresión en lo que al nivel de autoagresividad se refiere, que va lentamente hasta llegar al suicidio. Este lento grado de progresión hace que la víctima no sepa a priori a lo que está siendo sometida. José Miguel Cuevas afirma: “emplea un sistema gradual de pruebas, lo que conlleva un incremento gradual y sutil que minimiza el rechazo a seguir jugando”.

La utilización de técnicas de persuasión coercitiva o de manipulación psicológica resulta clara y determinante en este “juego”. De lo que se ha sabido hasta el momento, podemos ver el uso de las mismas técnicas utilizadas en las sectas tradicionalmente conocidas. Por ejemplo:

– Privación del sueño. Reduciendo las horas de sueño las personas se vuelven mucho más permeables a la manipulación psicológica. Las víctimas del “juego” de la ballena azul, en varios de los 50 desafíos deben despertarse a las 4:20 am para realizar alguno de ellos.

– En muchas sectas coercitivas los adeptos son obligados a escuchar interminables sermones por parte de los líderes o gurús con el fin de anular su capacidad crítica. En el caso de este “juego” las víctimas deben ver durante 24hs películas de terror o psicodélicas, videos que le son sugeridos por el tutor o determinado tipo de música con letras de contenido suicida.

– Alejamiento de los pares. En las sectas coercitivas tradicionalmente conocidas el proceso de captación conlleva a la ruptura del relacionamiento social que el adepto tenía antes del ingreso a la secta. En el caso del juego de la ballena azul se incita a las víctimas a alejarse de sus amigos, para lograr así que todo se centre en torno al tutor del “juego” y otros participantes. El Dr. José Miguel Cuevas Barranquero sostiene: “es un juego donde el factor grupal es muy relevante, donde posiblemente, además de atrapar a jóvenes poco socializados o en un momento de vulnerabilidad, se generan sistemas de presión grupal difíciles de atacar, especialmente si se consigue que el joven esté en cierto grado incomunicado”.

– Alejamiento de sus figuras parentales. En las sectas coercitivas el proceso de manipulación psicológica apunta a atacar las figuras parentales, en el caso de este “juego” se busca el distanciamiento no sólo de los pares, sino también de la familia.

Todo lo arriba escrito nos permite inferir que estamos frente al despliegue de una dinámica de captación análoga a la de las sectas. Aunque no hemos tenido contacto con víctimas de este juego en Uruguay, podemos en cierto grado afirmar que se produce entre el tutor del “juego” y sus víctimas una relación sectaria que pasa del distanciamiento de los amigos a la ruptura con la familia a centrarse en el grupo virtual compuesto por la víctima y otras “ballenas”. Esta dependencia grupal, sumada a los desafíos que se le proponen, arrastra a una situación de manipulación que lleva al suicidio. Varios ejemplos en la historia hay de sectas que han conducido a sus adeptos al suicidio colectivo o a suicidios inducidos a distancia.

Las víctimas de la manipulación

La adolescencia es una etapa de la vida de particular vulnerabilidad. Existe un relativo consenso entre quienes estudiamos el fenómeno sectario de que cualquiera puede ser captado si es abordado en el momento justo, por la persona indicada utilizando la técnica apropiada. Es claro que más allá de los rasgos de personalidad que tengan los adeptos a sectas, hay una situación de particular vulnerabilidad a la captación sectaria cuando las personas pasamos por situaciones de crisis. Sin dudas es la adolescencia no sólo una etapa de la vida de especial vulnerabilidad, sino también una etapa de crisis.

Según J. M. Baamonde, entre los factores predisponentes a la captación sectaria el más importante es “creer que uno no sería captado”, creer que a mí no me pasaría, creer que en mi familia no pasaría. Fenómenos de este tipo se vuelven oportunidades para reflexionar sobre la comunicación en nuestras familias y una invitación para estar cerca de nuestros niños y adolescentes, quienes son los más vulnerables a la manipulación de estos psicópatas.

Fuente:  Boletín InfoRIES nº 491

 

respeto por la mujer

¿Dónde está el verdadero respeto por la mujer?

Pregunta:

Estimados señores: Yo opino que existen muchas leyes que no son aplicables a la vida de hoy y que deben ser actualizadas por los jerarcas de la Iglesia. Me inquieta muchísimo lo referente a la anticoncepción. En mi condición de mujer casada, creo que tengo el derecho de decidir mi vida; no creo que ataque a ninguna ley evitar un embarazo, ¿debería entonces embarazarme cada año, hasta que mi cuerpo no aguante, y me muera en un parto, o tener todas las complicaciones que un embarazo tiene, tener niños que no pueda criar? ¿no poder estudiar?, ¿llevar una vida dedicada a criar niños y no poder ejercer ningún cargo?, ¿ser discriminada por la sociedad y no ser empleada por mi estado? Yo tengo un concepto muy alto de la mujer y no me gusta escuchar que la mujer es una especie de objeto de pecado, una mancha, una cosa o un objeto malo. Me gustaría recibir de ustedes una respuesta a mis dudas o una opinión de lo que expresé. Por su atención muchas gracias.

Respuesta: 

Estimada Señora:

La Iglesia tiene la más alta estima por la mujer, como podría Usted comprobar leyendo los documentos pontificios que hablan sobre ello (como, por ejemplo, la Carta Mulieris dignitatem, sobre la dignidad de la mujer, del Papa Juan Pablo II). Es más, tiene un concepto de la mujer (y del hombre) más alto que el que tienen muchos que piden libertades para la mujer que en el fondo no la liberan sino que la esclavizan.

Es parte esencial de la dignidad de la mujer el saber respetarse y hacerse respetar. Respetarse es conocer su propia verdad, saber qué es ella en el plan divino y respetar el plan de Dios sobre ella. Ese plan está admirablemente grabado en sus íntimas estructuras, en su psicología, en su espiritualidad y en su biología. Respetando el plan de Dios sobre la mujer, ésta se respeta a sí misma y puede llevarse a la más alta dignidad.

La anticoncepción disgrega dos elementos que Dios ha querido juntos en el ejercicio de la sexualidad humana: la unión de los cónyuges (siempre actual) y la paternidad/maternidad (no siempre actual sino que muchas veces no es más que potencial, según lo prevé la misma naturaleza). Separando ambas dimensiones se desvirtúa la sexualidad. Así como es una aberración querer la maternidad sin amor (como ocurre en el acto sexual ejercido con violencia, o con desprecio, o por fines de lucro o de placer, pero sin amor), igualmente es una aberración querer el ejercicio de la sexualidad sin la donación total a la otra persona (donación que es total cuando incluye también la potencialidad procreadora, tal como la naturaleza la prevea para el momento en que ejercen la sexualidad).

Éste es el motivo por el que la Iglesia, por respeto a la ley natural y por tanto, por respeto al hombre y a la mujer, condena la anticoncepción.

Además, la anticoncepción se inserta en una lógica antivida; de hecho ella es madre del aborto y del rechazo a la vida. Y hacer de una persona una mentalidad antivida es el peor abajamiento al que puede sometérsela.

Esto no implica esclavizar a la mujer a una maternidad constante, quedando embarazada una vez tras otra. El conocimiento de sus ritmos biológicos (y por tanto, de los sabios planes de Dios) le permite reconocer e identificar los momentos en que ella es fértil y los momentos en que no lo es; ya sea para decidir ejercer la sexualidad conyugal en los momentos de fertilidad (buscando ser madre) como para restringirse por motivos serios a los momentos de infertilidad distanciando los embarazos. Tal es el núcleo de los métodos naturales.

Tenga por cierto que nunca será más mujer que cuando respete el plan de Dios que fue quien hizo a la Mujer.

bajó a los infiernos

¿Qué quiere decir: «Jesús bajó a los infiernos»?

Pregunta:

Lo saludo y le formulo la siguiente consulta: cuando rezamos en el Credo que Jesús descendió a los infiernos, ¿cuál es el sentido de esta expresión? Gracias.

Respuesta:

Estimado: Ya desde las formulaciones de la fe más antiguas se contiene la expresión «bajó a los infiernos». Primero la fórmula se difundió entre los credos «semiarrianos»; pero ya desde el siglo IV aparece en los símbolos ortodoxos (por vez primera en el símbolo de Tyranius Rufinus)[1].

La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios.

¿Cuál es la base bíblica para sostener esta verdad? Dice el Catecismo: «Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús resucitó de entre los muertos (Hch 3,15; Rm 8,11; 1Co 15,20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos»[2].

También san Pedro enseña: Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva… (1 Pe 4,6).

Los efectos que produjo el descenso de Nuestro Señor a los infiernos fueron, según santo Tomás: en el infierno de los condenados éstos se convencieron de su incredulidad y malicia; en el purgatorio llevó a quienes allí estaban esperanza de alcanzar la gloria; en el limbo de los patriarcas infundió gloria eterna a los justos que estaban allí retenidos por el solo pecado original.

Explica el Catecismo: «Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos… Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos. Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido»[3].

Sin embargo, esto no quiere decir que haya descendido a todos estos lugares con su propia presencia real; de éste modo sólo descendió al limbo de los patriarcas, y desde allí extendió a los demás infiernos su influencia.

¿Qué sentido tiene este hecho en el plan de salvación? El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.

«Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan. Jesús, el Príncipe de la vida (Hch 3,15), aniquiló mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud (Hb 2,14‐15). En adelante, Cristo resucitado tiene las llaves de la muerte y del Hades (Ap 1,18) y al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos (Flp 2,10)»[4].

P. Miguel A. Fuentes, IVE

[1] Cf. Denzinger‐Hünermann, n. 16 (ver también la introducción al texto).

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 632.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 633.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 635.