pentateuco

¿Son históricos los primeros cinco libros de la Biblia?

Pregunta:

Estimado Padre: En relación a los primeros capítulos del Libro del Génesis, en donde se narra la creación del mundo, me gustaría me aclarara si el texto es metafórico o histórico y real. ¿Descendemos todos de Adán y Eva? ¿Adán y Eva, fueron una pareja realmente, o fueron un grupo al que Dios les insufló el alma, y de ellos descendemos todos? ¿Existían otras personas en los tiempos de Adán, Eva, Caín y Abel? Agradeciendo su paciencia y felicitándolo de todo corazón por el invaluable servicio que se presta por esta vía, lo saluda atentamente, J. M.

Respuesta:

Estimado:

Existen tres documentos principales que han tocado el tema: dos de la Pontificia Comisión bíblica (30 de junio de 1909 y 16 de enero de 1948) y la Encíclica Humani Generis, de Pío XII, del año 1950.

1) Comisión Bíblica (30 de junio de 1909) (cf. Denzinger-Hünermann, 3512-3519). Establece sintéticamente:

a) No tienen sólido fundamento los sistemas que con apariencia de ciencia excluyen el sentido literal de los tres primeros capítulos del Gn.

b) No puede enseñarse lo siguiente:

-que no contienen narraciones de cosas realmente sucedidas respondiendo a la realidad objetiva e historia, sino fábulas tomadas de mitologías y cosmogonías antiguas acomodadas por el autor sagrado a la doctrina monoteísta;

-que se trata de alegorías y símbolos, destituidos de todo fundamento real, ordenados a inculcar verdades religiosas y filosóficas;

-que se trata de leyendas, en parte históricas y en parte ficticias, libremente compuestas para instrucción o edifica­ción de las almas.

c) No puede ponerse especialmente en duda el sentido literal histórico donde se trata de hechos narrados tocantes a los fundamentos de la religión cristiana, a saber:

-creación de todas las cosas por parte de Dios

-peculiar creación del hombre

-formación de la primera mujer del primer hombre

-unidad del linaje humano

-felicidad original de los primeros padres en el estado de justicia, integridad e inmortalidad

-el mandamiento impuesto por Dios para probar la obediencia

-la transgresión, por persuasión del diablo

-pérdida del estado primitivo de inocencia

-promesa del Reparador futuro.

d) Es lícito a cada uno seguir la sentencia que prudentemente aprobare allí donde han entendido diversamente los Padres y Doctores, salvo el juicio de la Iglesia y la analogía de la fe.

e) No es necesario que todas y cada una de las palabras y frases han de ser tomadas siempre en sentido propio, especialmente cuando las locuciones sean metafóricas o antropomórficas.

f) Salvado el sentido literal e histórico, puede emplearse la interpretación alegórica y profética de algunos pasajes, si­guiendo a los Santos Padres.

g) No ha de buscarse en la interpretación de estas cosas exac­tamente y siempre el rigor de la lengua científica.

h) El lícito discutir libremente entre los exégetas el significado del término día (Yôm).

2) Comisión Bíblica (16 de enero de 1948) (cf. Denzinger-Hünermann, 3862)

Reivindica el valor del documento de 1906 hasta el punto tal de no reconocer ninguna necesidad de promulgar otros decretos sobre el argumento. Enseña que el género histórico usado por los autores sagrados no concuerda exactamente con nuestro concepto de historia moderna; pero al mismo tiempo sostiene que esto no quiere decir que esos relatos no contengan historia verdadera. Esto será aclarado en 1950 en la Humani Generis.

3) Encíclica Humani Generis (12 de agosto de 1950) (cf. Denzinger-Hünermann, 3898-3899)

Especialmente sostiene el monogenismo y da la correcta interpreta­ción de la carta de la Comisión Bíblica de 1948 al Card. Su­hard afirmando que los once primeros capítulos del Gn, «aunque propiamente no concuerdan con el método histórico usado por los eximios historiadores greco-latinos y modernos, no obstante pertenecen al género histórico en un sentido verdadero, que los exegetas han de investigar y precisar» (Humani generis, 31).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

segunda venida

Jesucristo, ¿se equivocó al profetizar el tiempo del Fin del Mundo y de su Segunda Venida?

Pregunta:

La Iglesia y devotos vive esperando desde hace 2000 años la inminente segunda llegada de Jesucristo; para afirmar esta idea, se separan unas cuantas frases en las cuales Jesús advierte sobre su próxima venida para que todos estemos preparados. Sin embargo en textos bíblicos proclama sobre palabras de Jesús que cualquiera diría que Jesús (o sea Dios encarnado) se equivocó. Seguramente esto hay que ‘culparle’ a la urgencia apocalíptica de Mateo el evangelista que puso palabras equivocadas, mal interpretó o inclusive puede ser que eso es justamente lo que escucho decir de boca de Jesús. Mire entonces este pequeño discurso apocalíptico ‘de’ Jesús, tomado íntegramente sin violar su contexto: (MATEO 24,1-34): ‘Y salido Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída. Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo? Y respondiendo Jesús, les dijo:… De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan’ (transcribo sólo vv. 1-4 y 34). Se ve claramente que ese ¿supuesto? ‘pequeño error’ de la segunda Persona de la Santísima Trinidad (considerando todos los atributos que posee Dios, entre ellas la omniciencia). Seguramente las personas allí presentes (entre ellas lo evangelistas) estaban completamente convencido de que la generación que lo escuchaba iban a presenciar el ‘fin del mundo’. Por el ¿error? muchas generaciones esperaron en vano la venida del Salvador, por que no se cumplió la ‘profecía de Jesús’. ¿Acaso Jesús se equivocó? ¿El evangelista se equivocó? o ¿nadie se equivocó? Muchisimas gracias por responder a mis preguntas, esperaré su respuesta con ansias. Un saludo grande. Ariel

Respuesta:

Estimado:

La objeción que Usted pone fue ya presentada en el siglo XIX por la llamada escuela de la ‘Teoría escatológica’, o ‘Tesis de la escatología consecuente’, de origen protestante liberal. Entre sus mentores hay que citar a los racionalistas W. Baldensperger, J. Weiss, W. Wrede, A. Schweitzer y A. Loisy. Puede leer, si le interesa, la argumentación y refutación de la misma en el clásico libro de Albert Lang, Teología fundamental, Rialp, Madrid 1975, tomo I, p. 70 y siguientes.

Un excelente análisis de estos textos, desde el punto de vista escriturístico y apologético puede encontrarlo en L. de Grandmaison, Jesucristo, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1941, pp. 430-461 (se trata éste de uno de los libros más importantes que se han escrito sobre la persona y pensamiento de Jesucristo; ha sido publicado nuevamente este año 2000).

Si Usted lee bien los textos, Jesucristo responde a dos preguntas: cuándo ocurrirá la destrucción del Templo (que profetiza en Mt 24,2) y su Segunda Venida. Las dos cosas no tienen lugar en el mismo momento, pero según el conocimiento profético una es ‘tipo’ (typós, figura) de la otra (antitypo). Jesucristo, pues, responde mezclando, como todos los profetas, ambas respuestas. Por eso, así como se refiere a dos acontecimientos distintos, así hay dos respuestas distintas, aunque unidas.

1) No pasará esta generación: la destrucción de Jerusalén y del Templo tuvo lugar durante la vida de la generación a la que Jesús hablaba. De hecho, según cuenta Eusebio de Cesarea, recordando estas palabras de Cristo, los cristianos de Jerusalén al escuchar hablar del avance romano cerca del año 70, huyeron a los montes y se salvaron (y extendieron la fe cristiana); en cambio, los judíos confiaron que podrían resistir y sucumbieron en el monstruoso asedio de Jerusalén o quedaron esclavizados después de él.

2) Parte de las palabras de este discurso se refiere al fin del mundo. De este dice claramente Jesús que nadie sabe ni el día ni la hora en que ocurrirá, ni siquiera los ángeles ni siquiera ‘el Hijo’ (expresión ésta que significa que el Hijo no puede tomar la iniciativa de manifestarlo, como indica el término ‘conocer’ que tiene un sentido práctico). Para más detalles puede ver el detallado comentario de Manuel de Tuya, ‘Biblia Comentada’, B.A.C., Madrid, 1974; tomo II, págs. 514-536.

Le transcribo parte del comentario del teólogo que en Argentina más estudió el tema escatológico: ‘Cristo juntó la Primera con la Segunda Profecía -y esto es una graví­sima dificultad de este paso del Evangelio- o mejor dicho, hizo de la Primera el typoo emblema de la Segunda. Los Apóstoles le preguntaron todo junto; y El respondió todo junto. ‘Dinos cuándo serán todas esas cosas y qué señales habrá de tu Venida y la consumación del siglo…’. ‘Todas estas cosas’ eran para ellos la destrucción de Jerusalén -a la cual había aludido Cristo mirando al Templo- y el fin del mundo; pues creían erróneamente que el Templo habría de durar hasta el fin del mundo. Hubiese sido muy cómodo para nosotros que Cristo respondiera: ‘Estáis equivocados; primero sucederá la destrucción de Jerusalén y después de un largo intersticio el fin del mundo; ahora voy a daros las señales del fin de Jerusalén y después las del fin del mundo.’ Pero Cristo no lo hizo así; comenzó un largo discurso en que dio conjuntamente los signos precursores de los dos grandes Sucesos, de los cuales el uno es figura del otro; y terminó su discurso con estas dificultosísimas palabras:

‘Palabra de honor os digo que no pasará esta generación

Sin que todas estas cosas se cumplan…

Pero de aquel día y de aquella hora nadie sabe.

Ni siquiera los Ángeles del Cielo. Sino solamente el Padre.’

La impiedad contemporánea -siguiendo a la llamada escuela esjatoló­gica, fundada por Johann Weis en 1900- saca de estas palabras una objeción contra Cristo, negando en virtud de ellas que Cristo fuese Dios y ni siquiera un Profeta medianejo: porque ‘se equivocó’: creía que el fin del mundo estaba próximo, en el espacio de su generación, ‘a unos 40 años de distancia’. Según Johann Weis y sus discípulos, el fondo y mé­dula de toda la prédica de Cristo fue esa idea de que el mundo estaba cercano a la Catástrofe Final, predicha por el Profeta Daniel; después de la cual vendría una especie de restauración divina, llamada el Reino de Dios; y que Cristo fue un interesante visionario judío; pero tan Dios, tan Mesías, y tan Profeta como yo y usted.

El único argumento que tienen para barrer con todo el resto del Evangelio -donde con toda evidencia Cristo supone el intersticio entre su muerte y el fin del mundo, tanto en la fundación de su Iglesia, como en varias parábolas- son esas palabras; ‘no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla’, las cuales se cumplieron efectivamente con la destrucción de Jerusalén.

-Pero no vino el fin del mundo.

-Del fin del mundo, añadió Cristo que no sabemos ni sabremos ja­más el día ni la hora.

-Pero ¿por qué no separó Cristo los dos sucesos, si es que conocía el futuro, como Dios y como Profeta?

-Por alguna razón que Él tuvo, y que es muy buena aunque ni usted ni yo la sepamos. Y justamente quizá por esa misma razón de que fue profeta: puesto que así es el estilo profético.

-¿Cuál? ¿Hacer confusión?

-No; ver en un suceso próximo, llamado typo, otro suceso más re­moto y arcano llamadoantitypo; y así Cristo vio por transparencia en la ruina de Jerusalén el fin del ‘siglo’; y si no reveló más de lo que aquí está, es porque no se puede revelar, o no nos conviene.

La otra dificultad grave que hay en este discurso es que por un lado se nos dice que no sabremos jamás ‘el día ni la hora’ del Gran Derrumbe, el cual será repentino ‘como el relámpago’; y por otro lado se pone Cristo muy solícito a dar señales y signos para marcarlo, cargando a los suyos de que anden ojos abiertos y sepan conocer los ‘signos de los tiempos’, como conocen que viene el verano cuando reverdece la higuera. ¿En qué quedamos? Si no se puede saber ¿para qué dar señales?

No podremos conocer nunca con exactitud la fecha de la Parusía, pero podremos conocer su inminencia y su proximidad. Y así los primeros cristianos, residentes en Jerusalén hacia el año 70, conocieron que se verificaban las señales de Cristo, y siguiendo su palabra: ‘Entonces, los que estén en Judea huyan a los montes; y eso sin detenerse un momento’ se refugiaron en la aldea montañosa de Pella y salvaron, de la horripilante masacre que hicieron de Sión las tropas de Vespasiano y Tito, el núcleo de la primera Iglesia…’ (Leonardo Castellani, ‘El Evangelio de Jesucristo’).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

juan bautista

¿Jesús fue discípulo de Juan Bautista?

Pregunta:

Quisiera me indicaran en que parte de la Biblia o documentos eclesiásticos encuentro que «Jesús fue discípulo del Bautista». Gloria (Colombia)

Respuesta:

Estimada Gloria:

En ninguna parte del Evangelio se dice algo semejante. Al contrario, Juan dice que Jesús es más grande que él, y que no es digno ni siquiera de desatar la correa de sus sandalias. Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia» (Jn 1, 26-27).

En otra parte dice también que “es necesario que Él (Jesús) crezca y que yo (Juan) disminuya”. El Bautista, sin embargo fue rabbí o maestro de los primeros discípulos de Jesús, a quien señaló como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, a fin de que éstos lo siguieran: Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús (Jn 1, 36-37).

En fin, Juan fue el Precursor, la voz que clama en el desierto, el que fue delante de Jesús, el último de los profetas. Con él se cerró el Antiguo Testamento, en cambio, Jesús instauró la Nueva y Eterna Alianza, es el Hijo de Dios, Aquel de quien hablaron todos los profetas, el Maestro de todos y discípulo de ninguno.

P. Jon M. de Arza, IVE

halloween

¿Es buena o mala la Fiesta de Halloween?

Pregunta:

Padre: Se acerca la fiesta de Halloween que aquí en Estados Unidos se celebra a lo grande. Sé que se hacen cosas raras y he escuchado que no todos están de acuerdo con esto; ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Es bueno o es malo? M.

Respuesta:

Estimada M.

Creo que te será útil leer el siguiente artículo publicado en estos días (Aciprensa, 30 de octubre de 2002) sobre las resonancias satánicas que tiene esta fiesta en sus raíces.

Ex satanista advierte a mexicanos sobre peligros de Noche de Brujas

MÉXICO DF, 30 Oct. 02 (ACI).– Un diario nacional publicó el testimonio de una mujer que confiesa haber integrado una secta satánica y advierte a los mexicanos sobre los peligros de celebrar Halloween o Noche de Brujas.

El diario El Norte, reprodujo las declaraciones de Cristina Kneer de Vidal, ex esoterista, ex satanista y espiritista de origen estadounidense que radica en Hermosillo, Sonora, que dice estar muy preocupada porque cada 31 de octubre decenas de jóvenes y niños son sacrificados en todo México por grupos satánicos.

Kneer pidió a las familias que cuiden a sus hijos pues en el país habría unos 1,500 ‘adoradores de Satán’ que se distribuyen principalmente en ciudades como Guadalajara, Monterrey y México.

‘No quiero asustar a nadie, todo el mundo es libre de creer lo que quiera, pero mis palabras deben ser tomadas en cuenta, por lo menos pido que me escuchen, razonen y decidan’, pidió la mujer.

Según Kneer, ‘miles de personas han adoptado sin saberlo una costumbre satánica y con ello están propiciando el crecimiento del satanismo en México, sobre todo en las grandes urbes como Guadalajara y Monterrey’.

Su experiencia

El diario El Norte asegura que la mujer pasó mucho tiempo cerca del satanismo, conoció la maldad y la perversión de muchos satanistas con los que convivió. ‘Son temas poco conocidos, practiqué la meditación y aunque ahora me arrepiento, llegué a abominar a Dios’, indica.

Según Kneer, el satanismo existe en todo el mundo y su práctica es tan antigua como la adoración a Jehová. Los ambiciosos, señala, firman un pacto con el diablo y a cambio de riqueza y poder ofrecen su alma.

‘Pagan un precio terrible, nunca más llegan a tener paz y son brutalmente castigados aún después de su muerte’, afirma y advierte que reconocer a un satanista, agrega, es muy difícil, porque son políticos, artistas, funcionarios o comerciantes que gozan de mucho prestigio. ‘Eso no quiere decir que todos los políticos sean satánicos’, aclara Kneer.

Misas negras

La mujer también sostiene que en fechas como Halloween, los satanistas ofrecen ‘misas negras’. ‘Las misas se ofician en el campo o en edificios cerrados fuertemente vigilados y se inician con la invocación de Satán que muchas veces no se presenta porque, a diferencia de Dios, no puede estar en todas partes’, explica.

A mitad de la misa, asegura, son sacrificados animales como gatos, perros y cuando la misa es muy importante, como la de Halloween, se realizan sacrificios humanos. ‘Se eligen preferentemente niños porque son los que aún no han pecado y son los preferidos de Dios y antes de ser sacrificados son violados para despojarlos de su pureza’, asegura la mujer.

Según Kneer, ultrajar o dañar a un niño da poder a los satanistas y es una forma de burlarse de Dios.

Las fiestas satánicas, siempre según la mujer, se celebran en ocho distintas fechas, aunque la más importante es la fiesta de Samhain o Halloween del 31 de octubre en que se celebra el año nuevo satánico. ‘Es como si se celebrara el cumpleaños del Diablo’, explica.

A las víctimas, asegura, se les sacrifica extrayéndoles el corazón que es comido entre los presentes, luego el cuerpo es cremado y echado al mar. ‘Para los satanistas es muy fácil deshacerse de los cadáveres porque (los celebrantes) son personas muy importantes’, asegura.

Asimismo, advierte que en la noche de Halloween muchos satanistas esconden en los dulces y frutas que regalan a los niños, navajas, droga, veneno o clavos.

 Actualmente, Kneer y otras mujeres que han participado en cultos satánicos tienen un grupo denominado SAL que pretende enviar a los satanistas un mensaje de esperanza y la petición de que no hagan más daño. ‘Cualquier satanista que lea esta información y que quiera rechazar o abandonar el satanismo puede hacerlo con ayuda de Dios, como ya lo hemos logrado nosotras’, señala.

Adivinos

Los Adivinos ¿Un negocio o algo peor?

Pregunta:

Los Adivinos ¿Un negocio o algo peor?

Respuesta:

La existencia de adivinos es algo que se remonta a los albores de la historia, y posiblemente es aún anterior. La novedad, hoy en día, es la proliferación generalizada, que adopta incluso formas y técnicas comerciales, hasta poderse decir que la adivinación constituye un sector económico, que mueve cada año cantidades sustanciosas de dinero.

La ‘normalización’ de esta actividad hace que sea contemplada por muchos como algo más o menos trivial, o como una manifestación -entre tantas otras- de búsqueda de seguridad, sin que tenga una particular relevancia moral. Ahora bien, ¿es así? Escasean los escritos críticos sobre esta actividad, mientras que una sencilla reflexión plantea cuestiones interesantes, por lo menos para quienes gastan tiempo y dinero como clientes, y carecen de respuestas claras. ¿Tiene algún fundamento? ¿Es simplemente un timo? ¿Hay que distinguir entre unos y otros para contestar lo anterior? ¿Es de verdad algo trivial? ¿Hay un mal en ello? Y si lo hay, ¿en qué consiste y por qué está mal? Intentaremos aquí contestar a todo ello.

Una panorámica del mercado

Comencemos por examinar brevemente lo que ofrece el mercado. A riesgo de simplificar un poco una realidad bastante compleja, podemos clasificar la oferta en cuatro categorías.

a) Adivinación sin contacto con el cliente: la forman fundamentalmente los horóscopos incluidos en los medios de comunicación. Al faltar el contacto con el receptor, se deben conformar con ofrecer predicciones generalizadas agrupadas por signos del zodiaco. Salta a la vista lo endeble de este planteamiento, cuya fiabilidad se diluye rápidamente cuando, por ejemplo, se comparan horóscopos de dos fuentes distintas, o se compara uno con otra persona nacida por las mismas fechas. Enseguida se concluye que responden a una combinatoria del azar. Pero, sin embargo, los sondeos indican que son secciones muy populares, y por ello tienden a ampliarse con horóscopos especializados para sectores concretos de personas.

b) Adivinación con contacto lejano con el cliente: se realiza a través de consultas por e-mail, y, sobre todo, por teléfono. Han proliferado mucho en estos últimos años, principalmente porque la apertura de las líneas ‘609’ abre grandes posibilidades de negocio. Se trata de líneas muy caras, en las que el beneficio se reparte por mitades entre el operador telefónico y el negocio que se trate. Esto permite entender su funcionamiento. Se trata de poner como reclamo una figura conocida o publicitada, cuando en realidad atienden el teléfono personas contratadas por éste, bien preparadas para entretener un buen rato al cliente -con la excusa de que necesitan datos para adivinar-, engrosando así una ganancia fácil; cuando no se dispone de esa figura, la tendencia es presentarse con un ropaje de empresa especializada (‘Videncia Universal’, por ejemplo). La figura más conocida aquí es Rappel (pseudónimo formado con su nombre: RAfael Payá Pinilla, añadiendo el ‘EL’ final), que está al frente de un montaje donde trabajan más de doscientas personas, entre atención al cliente y ‘merchandising’ de todo tipo de objetos de adivinación y ocultismo. Buena parte de su éxito se debe, por una parte, a una cuidada imagen que mezcla exotismo y simpatía; y, por otra, a un exquisito cuidado por evitar tanto las predicciones arriesgadas como todo lo que suene a magias o ‘artes’ negras.

c) Adivinación con contacto directo basado en supuestas ‘técnicas’: éstas son las llamadas ‘mancias’ (p.ej., ‘quiromancia’: por la lectura de la palma de la mano). La realiza una gran variedad de personas: desde puestos ambulantes con una mesa de tijera y dos sillas, hasta locales más ‘serios’ y sofisticados, pasando por adivinos que quieren dar la imagen de santones cristianos, con altarcillo e imágenes sagradas incluidas. También hay variedad en cuanto a la publicidad: unos se anuncian, otros simplemente ponen el puesto; y en cuanto al aparato: desde barajas -‘tarot’- hasta ordenadores.

d) Adivinación con recurso a espíritus, aunque esta característica no tiene por qué ser conocida por el cliente. Por eso la apariencia puede ser semejante a la categoría anterior, pero aquí lo más frecuente es la sobriedad -hay poco aparato- y la discreción: no se ejerce al aire libre ni se anuncia, de forma que se transmite por el boca a boca. Sin embargo, no suele faltar clientela, ya que sus resultados son bastante sorprendentes.

¿Qué hay de verdad en todo esto?

La respuesta es que poco. Pero conviene entender cómo funcionan en líneas generales, para comprender la apariencia de auténtica adivinación que pueden presentar. De los cuatro grupos catalogados, no merece la pena detenerse en el primero. Para los dos siguientes, hay que saber que los adivinos suelen generar confianza ‘adivinando’ algo de los clientes -rasgos personales, hechos del pasado- como paso previo a las predicciones de futuro. Y aquí hay algunos trucos. La sala de espera -si la hay-, la capacidad de observación y la experiencia en tratar con personas son determinantes. Así, pongamos por caso, a un hombre que hojea nerviosamente y sin fijación una revista mientras espera su turno se le puede decir que ‘usted está pasando por una honda preocupación que le hace sufrir’ sin asumir riesgos; o, a una mujer con una alianza en el dedo y que habla atropelladamente, se le puede afirmar que ‘usted discute mucho con su marido’ con bastante seguridad. El caso es que pocas personas tienen preparación y hábito para deducir de este modo, y por eso muchos suelen quedar impresionados.

En la segunda fase, lo importante es conocer cómo es la vida, para poder formular unas predicciones que parecen muy concretas y en realidad son generalizaciones que cualquiera puede asumir. Así, se pueden decir cosas como que ‘alguien cercano a usted va a buscar hacerle daño’ (a los no cercanos uno les suele ser indiferente), ‘veo un éxito en el trabajo dentro de su familia’ (estadísticamente muy probable sobre todo si ‘familia’ se toma en sentido amplio, como también si se sustituye el éxito profesional por una enfermedad), o ‘se va a llevar próximamente una decepción de alguien muy cercano’ (es algo seguro: en un sentido u otro, nadie colma las expectativas que se tienen sobre él o ella).

El cuarto grupo de adivinos también utiliza esta doble fase, pero, de entrada, hay afirmaciones precisadas que sí que se corresponden con hechos concretos. Hay alguien que sabe demasiado. Y surge así la pregunta: ¿si intervienen de verdad espíritus, de quién se trata? No es difícil entender que Dios, y quienes con Él están, no están dispuestos a prestarse a un juego de este tipo. Queda por tanto el demonio. ¿Significa esto que estamos ante un poseído? En los Hechos de los Apóstoles (16, 16-18) aparece un caso de pitonisa poseída: la esclava de Éfeso, de la que San Pablo expulsó el demonio. No debe por tanto descartarse, pero no es lo más frecuente. Al diablo le interesa más actuar con discreción; puede incluso que el adivino que le invoca no sepa a ciencia cierta con quién está tratando.

Ahora bien, saber es una cosa y adivinar otra distinta. En realidad, no se puede predecir a ciencia cierta el futuro en la medida en que éste depende de decisiones libres. Lo contrario implicaría la negación de la libertad, ya que la conducta estaría determinada de antemano por fuerzas ocultas o cualesquiera otras causas. En rigor, podría decirse que Dios no adivina el futuro: lo ve, ya que está por encima del tiempo, y todo lo conoce en presente, también lo que es futuro para nosotros. El demonio no posee esta característica, y el resultado de nuestras decisiones le es desconocido. Pero también es verdad que no todo depende de decisiones libres, y ahí sí que hay un espacio ventajoso para una inteligencia superior a la humana y que conoce mejor la realidad. Además, en la conducta humana influyen factores que, si bien no permiten un conocimiento cierto de las decisiones futuras, sí que permiten, más o menos dependiendo de los casos, establecer de antemano probabilidades. Hay ahí, por tanto, un espacio de ventaja para alguien más inteligente y mejor informado, y lo aprovecha. Así, puede ‘predecir’ cosas como una enfermedad ya incoada pero aún no advertida, o un despido ya decidido pero aún no comunicado; junto a ello, no faltará nunca alguna otra predicción con la correspondiente ración de sutil cizaña o de mentira.

¿Dónde está el mal?

Lo que no debe presentar dudas es, en primer lugar, el rechazo de la adivinación por parte de la moral católica. Viene de antiguo. Ya en uno de los primeros libros del Antiguo Testamento, el Levítico, se puede leer lo siguiente: ‘Y si alguien acude a hechiceros o adivinos y se prostituye con ellos, volveré contra él mi rostro y lo extirparé de en medio de mi pueblo’ (20, 6). Es cierto que en la predicación de Jesucristo recogida en los Evangelios no hay alusiones al tema, pero hay que buscar el motivo de ello en el hecho de que los judíos de la época habían cuidado de que apenas hubiera adivinos en Israel. El contacto del cristianismo primitivo con la sociedad pagana cambió las cosas. Sirva como botón de muestra el siguiente texto, del siglo III y referido al catecumenado: ‘El encantador, el astrólogo, el adivino, el intérprete de sueños, el charlatán, el falsario, el fabricante de amuletos, desistan o sean despedidos’ (Tradición Apostólica, 16). Desde entonces se ha mantenido el criterio, hasta el reciente Catecismo de la Iglesia Católica, al señalar que ‘todas las formas de adivinación deben rechazarse’ (n. 2116).

¿Cuál es el motivo? A primera vista, la inmoralidad parece estar del lado del adivino, bien sea por el recurso al diablo, o bien por ser consciente de que lo que hace es un montaje fraudulento. Pero, ¿qué hace de malo el cliente, que no suele ser consciente de lo uno ni de lo otro, y que acude de buena fe (si no, no pagaría)?

Hay que responder que, objetivamente, la misma pretensión de adivinación es inmoral; atenta contra Dios, de una manera u otra. Si, explícitamente o no, se sostiene que el destino depende de fuerzas ocultas, se está negando con ello nada menos que la providencia de Dios. Si lo que se busca es alguien con especiales poderes para ver el futuro, se está usurpando algo que a Dios sólo corresponde (y a quienes, derivadamente, hablan de su parte, lo que no sucede aquí). Y, si lo que se busca es una especie de santón con don de profecía, hay que recordar que el único mediador válido entre Dios y los hombres es Jesucristo, y participan de su mediación los sacerdotes; el cristiano no debe acudir a otra mediación, y menos aún cuando puede conllevar riesgos de intervenciones diabólicas. En resumidas cuentas, como señala el Catecismo de la Iglesia Católica, todas estas prácticas ‘encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios’ (n. 2116).

Subjetivamente, lo que suele haber entre la clientela de los adivinos es un temor a la incertidumbre del futuro, y un desmedido afán de seguridad. Es, aunque no lo parezca a primera vista, una consecuencia de la mentalidad materialista. Por una parte, cuando todo el horizonte vital no va más allá de este mundo, y por tanto todo el corazón está puesto en él, surge un miedo visceral de perderlo y un temor ante un futuro que se presenta como incierto. Por otra parte, si desaparece del alma la consideración de la providencia divina, queda el puro azar, y nadie se siente tranquilo con la consideración de que su futuro y su vida entera están sujetos a los vaivenes de una pura casualidad, por lo que crece el ansia de subsanar ese conocimiento como sea.

Lo que enseña el Evangelio es algo muy distinto. Aquí se perfila la voluntad de Dios que quiere, en primer lugar, que los hombres vivan con una cierta incertidumbre para que tengan siempre presente su destino eterno; se manifiesta, por ejemplo, en el imperativo ‘velad, ya que no sabéis el día ni la hora’ (Mt 24, 42). Y, junto con ello, el Señor hace repetidos llamamientos a que los hijos de Dios deben confiar en la providencia divina, que es una providencia amorosa de un Padre que cuida a sus hijos mucho más que a los lirios de campo y las aves del cielo (cfr., p.ej., Mt 6, 25-34).

Julio de la Vega-Hazas, ARVO, 20.II.02