india

¿Cuáles son las religiones de la India?

Pregunta:

¿Cuáles son las religiones de la India?

 

Respuesta:

La India es una tierra sagrada; ‘allí está el origen de las más antiguas culturas y ha sido la fuente de grandes religiones. Es la casa de un pueblo que ha visto a Dios con su incansable deseo de verle a través de profundas meditaciones y silencios. Pocas veces el deseo de Dios ha sido expresado con palabras tan llenas del espíritu del Adviento como en vuestros libros sagrados, escritos muchos años antes de Jesucristo: de lo irreal condúceme a la luz; de la muerte condúceme a la inmortalidad’. Éstas son las palabras pronunciadas por Paulo VI en Bombay el 3 dic. 1964 cuando visitó la lndia, y constituyen la mejor introducción al estudio de las formas religiosas de este país. En efecto, es difícil encontrar en la historia de las civilizaciones humanas una cultura tan totalmente religiosa y tan llena del sentido de lo divino como la de la I, si exceptuamos a Egipto que fue también una tierra sagrada por excelencia. Ya desde la prehistoria, la cultura prevédica de la cuenca del Indo, de Mohenjo-Daro (v.) y Harappa (2500-1500 a. C.), muestra una profunda preocupación religiosa: los numerosos sellos encontrados representan animales y árboles sagrados, la esvástika; un dios sentado en postura de yoga con tres caras y rodeado de animales, como el futuro Shiva, maestro de yoguis y animales; se han encontrado figuras de diosas que recuerdan el culto a la diosa madre del Asia Occidental (v. DIOS H, 2). Esta religión prearia y autóctona no desapareció completamente con la invasión de los arios (v.) por el nordeste de la I, sino que, quedando en las capas inferiores de la población indígena con su culto, sus sacerdotes, sus ritos de aldea, fue asimilada poco a poco por el hinduismo de los brahmanes y cambió profundamente el antiguo vedismo de los Vedas. No es necesario extenderse aquí sobre las formas religiosas específicas de los Vedas (v.) o vedismo, del brahmanismo (v.) y del hinduismo (v.), que forman el tríptico de creencias religiosas de la I. Habría que añadir el budismo (v.), el jainismo (v.) y las sectas modernas, p. ej., los Sikhs (v.), que existen en gran número en la I; aunque estos movimientos tienen muchos rasgos comunes que suelen llamarse en conjunto hinduismo. Todo ello se trata en los arts. correspondientes. Haremos aquí un estudio general del pensamiento religioso en la India. Este pensamiento no es en realidad una religión en el sentido estricto de la palabra, sino más bien la esencia de la cultura hindú desde hace 3.000 años. La palabra religión, en su sentido occidental, no tiene una exacta traducción literal en la L; la voz sánscrita más afín es Sanátana dharma, ‘la Ley eterna’, lo que significa que el hinduismo encierra ya todos los aspectos de la vida, religiosos y sociológicos, estéticos y políticos; es un conjunto muy complejo hecho de elementos muy heterogéneos. Una de sus características fundamentales es un extraordinario espíritu de síntesis y de asimilación; absorbe todas las formas religiosas, de las más primitivas a las más evolucionadas, y deja a cada uno lo esencial de sus creencias, asimilando únicamente los dioses y las diosas, los ritos y las creencias a ciertos arquetipos generales del hinduismo. Este gran poder de síntesis explica por qué se encuentran en el hinduismo tantas formas humanas religiosas, desde el fetichismo, el culto salvaje de las tribus indígenas del norte y del centro de la I., desde las pequeñas diosas de las aldeas hasta las grandes y hermosas ceremonias de los inmensos templos brahmánicos, tan complicadas y refinadas como las de las otras grandes religiones de la tierra. Basta asimilar las diosas salvajes de las aldeas a una forma de la gran shakti, de la Diosa-Madre, del poder divino de Shiva o de Visnú, para que todo quede en orden de acuerdo con la ortodoxia tradicional. El hinduismo adopta e incluye todas las formas de culto y no se preocupa en realizar una selección eliminatoria más o menos exclusiva; hay así una multitud de cultos locales, de ritos, de costumbres religiosas a veces más bien mágicas aceptadas por el hinduismo. El brahmán culto tiene el concepto tradicional del Ser eterno, del Brahma neutro, uno, penetrando todo el universo, que no es más que su manifestación, y a veces entendido como un panteísmo (v.) no muy definido; El está en las piedras, en los árboles, en los animales, en los humanos, está en toda divinidad a la que se rinda culto. Como puede leerse en la Bhagavad-Gitá (IX,29): ‘Yo estoy igualmente en todas las criaturas; no odio a ninguna ni a ninguna quito mi cariño, pero quienes me miran con amor y devoción, están en Mí y Yo estoy en ellos’. Hay, pues, en el hinduismo como un amplio sustrato de lo que puede llamarse religiosidad natural, que lo mismo puede inclinarse a claros errores como el panteísmo o la transmigración que puede abrirse a cualquier enriquecimiento; en cierto sentido es algo previo a una religión propiamente tal, en cuanto que el hinduismo desconoce el concepto estricto de verdad religiosa, o dogma religioso, viniendo, sin embargo, a admitir muchas, como luego diremos; para el hinduismo, la religión, o mejor, la religiosidad de cada hombre está determinada por su carácter, su evolución, su temperamento, su experiencia religiosa y su raza. La creencia en la transmigración (v. METEMPSíCOSIS) contribuye a esta especie de tolerancia su¡ generis o tendencia sincretista: las numerosas vidas humanas sucesivas de cada alma permiten lentas y diversas aproximaciones a la Verdad; asimismo contribuye la creencia de que cada concepto de lo divino, por muy inferior y primitivo que sea, es un símbolo más o menos perfecto de la búsqueda de la Verdad, y en este caso así es muchas veces. El hinduismo no aparece como una sociedad religiosa organizada, no hay ‘profetas’ ni ‘jerarquía’; sólo el brahmán tiene, por su nacimiento, el derecho y el deber de cumplir los ritos y leer e interpretar los textos sagrados; observa por eso una pureza ritual que lo aparta de los demás (v. t. FAQUIR). Algún caso actual de difusión del hinduismo, p. ej., en el Assam (v.), indica el proceso que se ha seguido en las épocas antiguas; cuando un grupo étnico imita algunas costumbres específicamente hinduistas, tales como no comer carne de buey, no matar vacas, seguir algunas prescripciones rituales y asimilar sus dioses a algunas divinidades hinduistas pidiendo a un brahmán cumplir los ritos, está ya en camino de llegar a ser un subcasta más en la India (v. CASTA); y si a eso se añaden matrimonios mixtos con alguna subcasta hindú ya reconocida, en una o dos generaciones, la integración está hecha. A la inversa, ciertas sectas hindúes pueden seguir ritos extraños, dejar los templos, negar las castas, como lo hacen ahora los Bhágavatas, adoradores de Krishna, a pesar de lo cual se les sigue considerando como hinduistas; los lingáyats que tampoco aceptaron las castas y tenían ritos y libros sagrados secretos, fueron expulsados individualmente de sus grupos, pero pronto formaron una nueva casta. Los budistas y los jainas, que siguieron una doctrina heterodoxa por no reconocer la autoridad suprema de los Vedas, no fueron nunca expulsados de la I. y siguen conviviendo con los hinduistas que les consideran prácticamente como suyos; admiten además la metempsícosis (v.), el karma (v.) y los grandes dioses del hinduismo. En cuanto a los no hindúes, como, p. ej., los occidentales, no pueden entrar en el hinduismo porque no han nacido en la I. y no pertenecen a una casta; por eso quedan, ipso facto, fuera de la comunidad hindú. Pero la tolerancia religiosa es grande ahora para ellos y a menudo pueden entrar en templos y recintos sagrados. Los hindúes musulmanes se han colocado fuera de la comunidad hinduista porque el Islam es mucho más severo y estricto que el hinduismo; a pesar de esta actitud, la convivencia ha sido larga y a menudo pacífica; actualmente, los musulmanes de la I. se consideran como miembros de la nación. Son los acontecimientos exteriores los que determinan casi siempre reacciones religiosas anti-hinduistas por parte de estos musulmanes tan inclinados al fanatismo. El hinduismo está como por encima de las sectas, formas religiosas y creencias particulares, porque penetra mucho más profundamente en la vida del pueblo hindú; filosofía, arte, ciencia, vida de familia, ordén social, costumbres de las castas, todo está impregnado por las creencias fundamentales del hinduismo. La I. tiene su realidad política en la medida en que es una realidad religiosa. ¿Cuáles son estas creencias?, es decir, ¿podemos establecer algunos criterios que permitan distinguir prácticamente al hinduismo? Se pueden utilizar los siguientes: todo hinduista culto cree en un Principio trascendente e inmanente, Brahmán, Ser eterno, inmutable, Realidad suprema, origen y fin de todo, que toma forma en el cosmos como dios creador, conservador y transformador: Brahmá, Visnú y Shiva; un aspecto del Ser tendrá sus propios fieles y devoción, pero nunca perseguirá o anatematizará a un visnuista un hindú shivaísta, y viceversa, porque ambos reconocen la presencia del Ser detrás de su forma devocional; además, a veces un shivaísta seguirá también ritos visnuistas. La posición de supremacía espiritual del brahmán en la sociedad hindú es algo constante del hinduismo; los ritos sagrados y sociológicos de la vida y de la muerte tienen que ser cumplidos por los brahmanes, aunque en la vida corriente se sienta desprecio por ellos. Hay algunas creencias que son verdaderamente las bases y los fundamentos del hinduismo, tales como la idea de la metempsícosis (v.) y la ley del acto, el karma (v.); estos conceptos se encuentran de hecho en todas las formas religiosas de la I., en todas las sectas antiguas y actuales de ese país, así como no comer carne de vaca (v.) y no dañar la vida de los animales, lo que supone el vegetarianismo. De hecho, las religiones de la I. más que una fe son un conjunto de prácticas (V. NIRVANA; YOGA); es más un modo de ser, de vivir, de pensar, para lograr un fin espiritual que es la liberación, la salida de la rueda de la transmigración. La convicción profunda de la lenta y segura evolución del individuo explica el espíritu de síntesis que predomina en la I.; se acepta toda singularidad, cualquier modo de ser por extraño que sea. Existe allí una peculiar tolerancia religiosa y social que da una atmósfera muy particular a la sociedad hindú, pero detrás de la cual existe una cierta unidad de ideas, de conceptos, de fines que forman las características esenciales del espíritu hinduista. V. t.: VEDAS, ESCRITOS DE LOS; BRAHAMANISMO; HINDUISMO; BUDA Y BUDISMO; PARSISMO; JAINISMO; SIKH; BENARÉS; BRAMAPUTRA; GANGES.

Por J. Roger Riviére

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: J. ROGER RIVIÉRE, El pensamiento filosófico de Asia, Madrid 1959; G. T. GARRATT, El legado de la India, Madrid 1945; P. MASSON-OURSEL, P. STERN, H. DE WILLMAN-GRABOWSKA, La India antigua y su civilización, México 1957; S. LEMAITRE, Hinduismo o Santa Dharma, Andorra 1958; L. RENou, El Hinduismo, Buenos Aires 1960; K. W. MORGAN, The Religion of the Hindus, Nueva York 1953; J. GONDA, Les religions de 1’Inde, 3 vol., París 1962-66; S. RADHAKRISHNAN, The Hindu view of Lije, 7 ed. Londres 1948; J. HERBERT, Spiritualité hindoue, París 1945; S. N. DASGUPTA, Hindu Mysticism, 2 ed. Nueva York 1959; C. REGAMEY, Las religiones de la India, en F. KONIG (dir.), Cristo y las religiones de la Tierra, III, Madrid 1961, 67-288 (cfr. 11,617-694).

persa

¿Cuáles son las religiones de Iran?

Pregunta:

¿Cuáles son las religiones de Iran?

Respuesta:

Las principales corrientes y concepciones religiosas desarrolladas en I. son ampliamente tratadas en diversos artículos, a los que se remite. Por tanto, bastará dar aquí una breve visión de conjunto. Los primeros pasos de la religión irania están estrechamente emparentados con los de la India. En ambos casos se da un tronco indoeuropeo común (V. INDIA VI; VEDAS), pero paulatinamente la religión irania se fue apartando de la india, pues el panteísmo persa tenderá a colocar en lugar preeminente el mundo y la vida, mientras que el panteísmo indio tenderá a lo contrario. Se pueden rastrear en el grupo medopersa tres religiones: la del monarca, la del pueblo y la de los magos. De la primera nos ofrecen datos las inscripciones, y sabemos que colocaba a la cabeza del Universo a Ahura-Mazdáh. De la religión del pueblo tenemos noticia a través de Heródoto; adoraba cuatro elementos: la luz, el agua, la tierra y el viento; la luz se dividía en dos órdenes: luz de día (Sol) y luz de noche (Luna). El pueblo solía practicar el sacrificio de animales ante un mago que daba al acto un carácter oficial; los magos, según Heródoto, constituían una tribu que formaba parte de la confederación de los medos; de sus creencias casi no queda otro testimonio que los gatha o himnos presentes en el texto del Avesta. Durante la dinastía Arsácida adquiere importancia el culto de Mitra (v.). Artajerjes II lo hace figurar junto a Anahita en los monumentos; en el siglo I a. C. la religión de Mitra invadirá Europa después de las campañas orientales romanas. Esta religión se formó en Asia Menor (v.) y Mesopotamia (v.) y, por tanto, no es del todo persa, pero adquirió en I. una gran importancia. Los fieles de Mitra establecían santuarios cerca de donde brotaba una fuente; en el ábside del santuario se representaba a Mitra tauróctono (V. TOROS I). Mitra mataba a la bestia por una orden dada por el Sol y transmitida por el cuervo; del cuerpo del toro brotaban todos los vegetales. Al parecer existían siete grados de iniciación; para pasar de un grado al siguiente había que superar ciertas pruebas (v. INICIACIÓN, RITOS DE). Los grados se llamaban: cuervo, cryphius, miles, león, Perso, heliodromus y pater. Los iniciados creían que les estaba reservada una inmortalidad gloriosa; esto, unido al alto valor de su moral, contribuyó a que la difusión del culto de Mitra, especialmente en el mundo militar, fuese muy grande. El principal documento que explica la antigua religión persa en el Zend Avesta (v.) en el que se halla la revelación de Zoroastro (v.) (s. vii a. C.). Éste, partiendo de principios iranios tradicionales, constituye todo un sistema basado en la existencia en el mundo de dos poderes en guerra: el poder del dios de la luz y de la vida y el poder del mal, de la oscuridad y de la muerte (v. DUALISMO). A la cabeza del poder del bien está Mazda u Ormuz, y a la del poder del mal está Ahrimán; el primero creó el espíritu del hombre y el segundo su cuerpo. Todos los demás dioses no malignos están por debajo de Ormuz; tenemos entre ellos y Anahita y a Mitra. Dos herejías del zoroastrismo tuvieron gran importancia en l.: la de Mani o Manes, fundador del maniqueísmo (v.), y la de Mazdek, de gran repercusión políticosocial (V. MAZDENMO). Con los Sasánidas se va introduciendo en I. el cristianismo (v. vIII) y el budismo (v.), aun cuando siempre conservó gran importancia y difusión la doctrina de Zoroastro (V. PARSISMO). Posteriormente se verificará la definitiva irrupción de la religión mahometana (v. vi; ISLAMISMO; SI` A). V.t.: IX; ZOROASTRO Y ZOROASTRISMO; PARSISMO; MAZDEÍSMO; MANIQUEÍSMO; DUALISMO; GNOSTICISMO 11.

Por E. Ripoll Perelló F. Martí Jusmet

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: C. CLEMEN, Fontes hístoriae religionis persicae, Bonn 1920; E. BLOCHET, Études sur I’histoire religieuse de l’Iran, 189899; 1. DUCHESNE-GuILLEMIN, La Religion de l’Iran anclen, París 1962; íD, La religión irania, en VARIOS, Las religiones del Antiguo Oriente, Andorra 1958, 107-151 (con bibl.); A. GHIRELLI, Pueblos árabes y arabizados, II, Madrid 1957; F. KóNIG, La religión de Zarathustra, y H. CH. PUECH, La religión de Mani, en Cristo y las religiones de la Tierra (dir. F. KSNIG), II, Madrid 1960, 567616 y 469-526.

judaismo

¿Qué es el Judaísmo?

Pregunta:

¿Qué es el Judaísmo?

Respuesta:

De las grandes religiones monoteístas existentes en la actualidad, el judaísmo es la que posee más antiguas raíces. De su seno brotó el cristianismo, en tanto que el Islam adoptó diversos elementos judaicos y reconoció como profetas a Abraham y Moisés.

El judaísmo es la religión de los judíos, israelitas o hebreos, y abarca tanto las creencias como las costumbres y el estilo de vida propios de esta comunidad étnica, mantenidos con constancia y flexibilidad a través de las vicisitudes de cuarenta siglos de existencia.

El judaísmo en la historia

Para el pueblo judío la historia no se limita a una sucesión de acontecimientos; es una historia sagrada, que comienza con la elección del pueblo por parte de Dios -Yahvé- y se orienta hacia el cumplimiento final de su promesa de que por mediación de este pueblo Dios bendecirá a todas las naciones. En el curso de esa historia, los sabios judíos incorporaron a los libros sagrados un amplio corpus de textos que constituyen hoy el fundamento de su religión.

Período bíblico. La Biblia hebrea -que a excepción de algunos libros coincide esencialmente con el Antiguo Testamento cristiano- narra los hechos fundamentales de la historia del pueblo judío, desde el momento trascendental de la elección y la alianza con Dios. Los judíos dividen su Biblia en tres partes: la Ley (Torá), los Profetas (Nebiim) y los Hagiógrafos (Ketubim).

Alianza y elección. El padre de los hebreos, Abraham, habitaba en la ciudad de Ur, junto a la desembocadura del Éufrates, en el siglo XX antes de la era cristiana. De allí partió con su padre hacia el norte y recibió la orden de Dios: ‘Deja tu tierra, y tu parentela, y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Y yo haré de ti una nación grande… y serán benditas en ti todas las naciones de la tierra’ (Génesis 12:1-3).

Tras llegar a la tierra de Canaán, la actual Palestina, Yahvé estableció alianza con Abraham: ‘A tu posteridad daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran Éufrates’ (Génesis 15:18), y como señal de esta alianza le ordenó: ‘Todo varón entre vosotros será circuncidado’ (Génesis 16:10).

Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob forman la línea de referencia del pueblo hebreo fiel a la alianza divina.

Jacob recibió del Señor un nuevo nombre, Israel, y de sus doce hijos surgieron las doce tribus del pueblo judío, los ‘descendientes de Israel’.

Éxodo y asentamiento en Canaán. La segunda etapa decisiva de la historia del pueblo hebreo comenzó con la liberación de la esclavitud de Egipto (siglo XIII a.C.), donde se había establecido a causa de la sequía.

Moisés fue el caudillo que dirigió por orden de Yahvé esta marcha durante cuarenta años a través del desierto hasta volver a conquistar la tierra de Canaán.

Durante la travesía del desierto acuñó Moisés la ley judía, cuyo núcleo fueron las tablas recibidas de Dios en el monte Sinaí, y que abarcaban las creencias, la moral, los ritos y el ordenamiento civil del pueblo. Esta ley, Torá -llamada también ley mosaica o de Moisés-, recogida en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia), prestaría coherencia y unidad al pueblo judío a través del tiempo y de la geografía. También en tiempos de Moisés, según la tradición, surgió la ley oral, que se transmitió a lo largo de generaciones y fue puesta por escrito muchos siglos después. Una vez establecidos en Canaán, la tierra prometida, los hebreos experimentaron la influencia del paganismo sensual y los ataques de filisteos y moabitas. Surgieron entonces los jueces, caudillos como Sansón, pero se hizo necesaria la reunificación de las doce tribus y se proclamó rey a Saúl (siglo XI a.C.). David, su sucesor, conquistó Jerusalén; la estableció como capital y llevó a ella el Arca, símbolo de la alianza con Dios. Salomón, hijo de David, construyó el primer templo. A su muerte se dividió nuevamente el reino: Israel, al norte, con diez tribus, admitió elementos heréticos en el culto y pronto sucumbió; Judá, centrado en torno a Jerusalén, se mantuvo fiel a las tradiciones.

En esta época de decadencia religiosa, política y económica surgieron los grandes profetas de Israel -Elías, Amós, Isaías- que exhortaron al pueblo a regresar a la fe tradicional. La visión de la historia como instrumento de Dios, que hace caer la desgracia sobre el pueblo judío por incumplir la alianza, fue en parte obra de los profetas.

Exilio y restauración. A comienzos del siglo VI, el rey babilonio Nabucodonosor saqueó Jerusalén y deportó su población a Babilonia. Este nuevo destierro espiritual unió al ‘resto de Israel’ bajo la predicación del profeta Ezequiel y forjó una restauración religiosa que preparó la próxima, ésta de índole política.

La conquista de Babilonia por Ciro, rey de los medos y los persas, permitió a los hebreos la vuelta a la tierra prometida (538 a.C.) y la reconstrucción del templo de Jerusalén (515 a.C.). Gran parte del pueblo, sin embargo, quedó repartido desde Egipto hasta la India, como una prefiguración de la posterior diáspora (dispersión).

Esta restauración religiosa y política es considerada por algunos autores como el verdadero origen de la unidad espiritual del pueblo judío. Su gran artífice fue Esdras, sacerdote de los judíos de Babilonia, que fue enviado por el rey persa Artajerjes II a Jerusalén para controlar la observancia de la ley mosaica, reconocida con carácter civil para los judíos. Esdras hizo renovar la alianza con Yahvé tras una lectura de la ley ante el pueblo durante siete días. Renovó igualmente el culto en el nuevo templo, aunque se continuó la enseñanza en las sinagogas locales, y alentó la esperanza, predicada por los profetas, en un mesías que instauraría el reino de Dios.

Períodos helenístico y romano. La influencia griega se inició con la conquista de Palestina por Alejandro Magno. Posteriormente, el pueblo judío alternó largas fases de dominación extranjera con breves períodos de independencia, hasta que en el año 63 a.C. el romano Pompeyo conquistó Jerusalén. Como grandes enclaves judíos de esta época destacan los de Siria, Babilonia y Alejandría, de Egipto. En esta última ciudad se realizó la traducción al griego del Pentateuco denominada de los setenta o septuaginta por el número de autores que la realizaron.

Durante la dominación romana, Jesús de Nazaret reunió un grupo de discípulos que se desgajaron del judaísmo y constituyeron la iglesia cristiana. Roma sofocó diversas revueltas judías, y en el año 70 de la era cristiana el templo de Jerusalén fue arrasado. Se inició así la diáspora, la dispersión del pueblo judío, que encontró en la religión su único factor de unificación.

Período rabínico. El Talmud. El largo período rabínico, que los historiadores delimitan entre el siglo II y el siglo XVIII, se caracterizó por la elaboración por parte de los rabinos -maestros del judaísmo- del Talmud. La primera época, denominada de los maestros, presentó figuras como la de Yehudá ha-Nasí, de Palestina, que a principios del siglo III fijó por escrito la ley oral en la Mishná, que constituía fundamentalmente su comentario de la Torá. La época siguiente, la de los intérpretes, añadió nuevos comentarios o Guemará, que junto con la Mishná constituyen el Talmud. Hubo, sin embargo, dos versiones del Talmud, según la procedencia de las Guemará: la palestina y la babilónica. Esta última, culminada en el siglo V, logró gran influencia durante la edad media y fue adoptada por el judaísmo actual.

El Talmud constituye fundamentalmente un singular esfuerzo de los rabinos por adaptar los preceptos de la ley a la existencia cotidiana de comunidades enormemente dispersas. Sus enseñanzas y contenido se dividen en la Halaká, esencialmente normativa, y la Haggadá, que incluye narraciones, parábolas, etc., destinadas a iluminar y fortalecer al pueblo.

Sefarditas y ashkenazis. Sobre una común base religiosa, la cultura judía vio durante la edad media el desarrollo de dos grandes ramas en Europa. Los sefarditas (o sefardíes) siguieron la tendencia babilónica y recibieron la influencia de los musulmanes con los que convivieron en España. Los ashkenazis, asentados en Francia y Alemania, adoptaron la línea palestina y mantuvieron estrecho contacto con la cultura cristiana. De los ashkenazis surgieron dos corrientes místicas: la cábala (probablemente de origen hispano), desarrollada en los siglos XII y XIII y relacionada con el esoterismo occidental; y el hasidismo, que se prolongó hasta la época contemporánea y preconizaba la fe piadosa y la inmediatez de la experiencia religiosa.

Período moderno. Las ideas de la Ilustración en el siglo XVIII ejercieron gran influencia sobre el pensamiento de las comunidades hebreas del centro y este de Europa, convertidas en centro del judaísmo. Las esperanzas mesiánicas cedieron paso al deseo de una realización personal y nacional claramente terrenal, ideas que se plasmaron en el movimiento conocido como Haskalá.

La figura más destacada fue Moses Mendelssohn, que logró un puesto en las letras alemanas con su traducción de la Biblia y defendió una religión universal de la razón. Las generaciones siguientes se dividieron entre la reforma y la ortodoxia, al tiempo que se mantenía la influencia del hasidismo.

A fines del siglo XIX, Theodor Herzl, judío húngaro, promovió el sionismo -movimiento en favor de un estado judío- que tras diversos avatares históricos culminó con la proclamación del Estado de Israel en 1948.

Actualmente los principales núcleos judíos se encuentran en Israel, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Pese a la secularización y al liberalismo que predomina en sus instituciones, el pueblo judío sigue apegado a su religión, es decir, a sus tradiciones y al sentido de su historia.

Doctrina y culto

El judaísmo es una religión monoteísta que postula una relación continua entre Dios y el pueblo judío, y por medio de éste con la humanidad. Toda su doctrina y su culto se centran, por tanto, en la iluminación de las vinculaciones de Dios y del hombre, de la vida superior y la vida terrena.

Dogmas. Maimónides, teólogo judeohispano del siglo XII, resumió la fe judaica en trece artículos que se incorporaron a los libros de oraciones y que son los siguientes: (1) Dios es creador y providencia del mundo; (2) Dios es uno y único; (3) Dios es espíritu y no puede ser representado bajo ninguna forma; (4) Dios es eterno; (5) a Dios sólo debemos dirigir nuestros rezos; (6) todas las palabras de los profetas de Israel son verdaderas; (7) Moisés fue el mayor de todos los profetas; (8) la ley, tal como los judíos la poseen, fue dada por Dios a Moisés; (9) ningún hombre tiene derecho a reemplazarla ni a modificarla; (10) Dios conoce todas las acciones y todos los pensamientos de los hombres; (11) Dios recompensa a quienes cumplen sus mandamientos y castiga a quienes los transgreden; (12) Dios enviará al mesías anunciado por los profetas; (13) Dios hará que los muertos vuelvan otra vez a la vida.

Dios y el hombre. Para el judaísmo, la humanidad constituye una gran familia salida toda ella de una sola pareja: Adán y Eva, creados ambos por Dios. Los rabinos comentan que el barro para moldear a Adán lo tomó Dios de diversas partes del mundo, a fin de que el hombre se sintiese en cualquier país como en su hogar.

El hombre es imagen de Dios y está dotado de libertad; si peca puede obtener el perdón divino con el arrepentimiento y la reparación del mal causado. La recompensa o el castigo tienen lugar en esta vida terrena y después de la muerte.

Al final de los tiempos, la humanidad conocerá una feliz era mesiánica, en la que todos los hombres vivirán en concordia. Los mandamientos de Dios se hallan recogidos en el Decálogo (los Diez Mandamientos), transmitido a Moisés, pero los hombres de otras religiones se salvarán si observan los mandamientos dados por Dios a Noé, que incluyen el rechazo de la idolatría y de la inmoralidad.

Otras prescripciones. La ley de Moisés y la ley oral recogen una reglamentación muy detallada acerca de toda la vida religiosa, pública y privada, que abarca desde los acontecimientos más importantes hasta las acciones cotidianas: ayunos, comidas, purificaciones, festivales, culto, ceremonias, objetos sagrados, etc.
Las circunstancias históricas no siempre permitieron su cumplimiento, y en los tiempos modernos la tendencia reformista y liberal del judaísmo prescindió de muchas prescripciones, sin renunciar por ello a la doctrina esencial.

Festividades y culto. Son festivos todos los sábados, el día de Pascua, Pentecostés y los tabernáculos. Son días de penitencia el día anual (Rosh Hashana) y el día de la Expiación o Gran Perdón (Yom Kippur), consagrado a la plegaria y al ayuno. Los días se cuentan desde la tarde hasta el atardecer del día siguiente, conforme a la expresión del Génesis: ‘Y hubo tarde y hubo mañana; día primero.’ En los sábados y festivos está prohibido todo trabajo. Algunos historiadores atribuyen gran importancia al calendario como unificador de las tradiciones y creencias del pueblo hebreo: ‘El calendario judío es el catecismo judío.’ En él, la fecha de la creación del mundo, a partir de la cual se inicia la cronología judaica, corresponde al año 3761 a.C.

La liturgia judía prescribe tres oficios cotidianos para los días laborables; en los sábados, en los festivos y en el comienzo de los meses religiosos se añade un cuarto oficio; y en el día de la Expiación un quinto.

Cada servicio público se concluye pidiendo a Dios que apresure el advenimiento de su reino sobre la tierra y proclamando la esperanza de Israel: ‘En aquel día el Eterno será uno y su nombre será uno.’

Tomado de la Enciclopedia Hispánica


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maniqueismo

¿Que es el Maniqueísmo?

Pregunta:

Me podrían ayudar por favor a saber sobre le maniqueísmo.

Respuesta:

El maniqueísmo es una antigua “religión” o secta que tomó el nombre de su fundador, el sabio persa Mani (c. 216-c. 276). Básicamente sostiene que hay dos principios de todas las cosas (dualismo): un principio del bien y otro del mal. El primero ha creado las cosas espirituales; el segundo las materiales. Nosotros sostenemos, en cambio, que uno sólo es el principio de todas las cosas, que todas las cosas son buenas (como dice el libro del Génesis, “vió Dios todo lo que había dicho y todo era muy bueno”), por eso se dice en el Credo, Creo en un solo Dios, Padre Omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas, visibles e invisibles. Sucede que para los maniqueos el fuego era malo porque quemaba, el agua mala porque ahogaba, y así sucesivamente. San Agustín, que, en su búsqueda de la verdad, formó parte de esta secta durante nueve años, desde el 373 hasta el 382, se encargó luego de su conversión, de refutarla brillantemente, y de poner en ridículo a sus partidarios. No existe un Dios del Mal, creador de todo lo malo; el mal es ausencia o privación de bien. Por ejemplo, no existe la ceguera propiamente hablando, lo que existe es el animal ciego, es decir, privado de la potencia visiva. No puede existir un mal absoluto, un mal puro, esto es una contradicción, puesto que todo lo que existe, es, tiene ser, y lo que es, por ese mismo hecho, es bueno, tiene, al menos, la bondad del ser. Los maniqueos eran “puritanos”, por así decir, puesto que todo lo material era malo. El cuerpo del hombre era malo, y el espíritu bueno. Por eso el espíritu debía liberarse del cuerpo, mediante el conocimiento (en esto, los maniqueos son gnósticos). Para nosotros, no sólo por la Creación, sino que por la Encarnación del Hijo de Dios, sostenemos que la materia es buena, y que nuestros cuerpos son buenos, no son algo de lo cual debamos liberarnos (como decía Platón), sino que debemos perfeccionarnos con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Es más, nuestros cuerpos son santos desde el momento en que fueron consagrados por Dios en el bautismo, desde que son templos del Espíritu Santo, pero estas son ya verdades sobrenaturales. Para refutar el maniqueísmo, basta con la filosofía, con la correcta noción de bien y mal. Existe el Bien Infinito, absoluto, sin mezcla alguna de mal, pero no puede existir el mal absoluto, sin ninguna mezcla de bien, como le explicaba antes.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 285, leemos lo siguiente: “Desde sus comienzos, la fe cristiana se ha visto confrontada a respuestas distintas de las suyas sobre la cuestión de los orígenes. Así, en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orígenes. Algunos filósofos han dicho que todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios (panteísmo); otros han dicho que el mundo es una emanación necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella; otros han afirmado incluso la existencia de dos principios eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente (dualismo, maniqueísmo); según algunas de estas concepciones, el mundo (al menos el mundo material) sería malo, producto de una caída, y por tanto se ha de rechazar y superar (gnosis); otros admiten que el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habría abandonado a él mismo (deísmo); otros, finalmente, no aceptan ningún origen trascendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre (materialismo). Todas estas tentativas dan testimonio de la permanencia y de la universalidad de la cuestión de los orígenes. Esta búsqueda es inherente al hombre.” Puede leer el Contra Maniqueos de San Agustín, o lo que pone sobre esta secta en sus Confesiones, o también lo que dice al respecto Santo Tomás de Aquino en su Credo Comentado.

P. Jon M. de Arza, IVE

¿Qué son los Menonitas?

Pregunta:

¿Qué son los Menonitas?

 

Respuesta:

Los menonitas son una denominación protestante de Europa y América del Norte, nacida en Suiza en el siglo XVI. Su nombre deriva de Menno Simons, su lider holandés.

Menno Simons nació en Witmarsum en Friesland, en 1492. En 1515 o 1516 fue ordenado sacerdote católico y en 1532 fue designado párroco de su lugar de nacimiento. Pero el 12 de enero de 1536 renunció a su cargo y se convirtió en Anabaptista. El resto de su vida lo dedicó a los intereses de la nueva secta a la que se había unido.

A pesar de no tener una personalidad imponente, ejercitó no poca influencia como predicador y particularmente como escritor entre los más moderados sostenedores de los puntos de vista anabaptistas.

Murió el 13 de enero de 1559, en Wustenfelde en Holstein.

En 1525 Grebel y Manz fondaron una comunidad anabaptista en Zurich. Fueron perseguidos en varias partes de Suiza desde los comienzos de la fundación de la nueva secta hasta 1710. Pero no pudieron suprimirlos y hay comunidades que existen hasta el día de hoy. En 1620 los menonitas suizos se dividieron en Amish o Upland Menonites y Lowland Menonitas. La primera rama difiere de la última en la creencia de que la excomunión disuelve el matrimonio y otras prácticas más secundarias.

Durante la vida de Menno sus seguidores se dividieron en Holanda (1554) en ‘Flemings’ y ‘Waterlanders’, según sus divergencias sobre la excomunión. La primera subsiguientemente se dividió en diferentes partes y fue menguando hasta la insignificancia, y no quedan más que tres congregaciones en el presente en Holanda. La división también dividió a los ‘Waterlanders’ hasta que en 1811 se unieron, abandonaron el nombre de Menonitas y se llamaron a sí mismos ‘Doopsgezinde’ (persuasión Bautista) que es su actual designación en Holanda.

Menno fundó comunidades exclusivamente en Holanda y en Noroeste de Alemania.

Un cierto número de menonitas emigraron al Sur de Rusia en 1788, a causa del ofrecimientos de tierras y la promesa de libertad religiosa. Esta emigración continuó hasta 1824 fundando importantes colonias menonitas. En América del Norte la primera congregación fue fundada en 1683 en Germantown, Pennsylvania. Siguió luego un crecido número de emigraciones provenientes de Alemania, Holanda, Suiza y, desde 1870, desde Rusia. Hay doce diferentes ramas de la secta en los Estados Unidos en algunas de las cuales los miembros no llegan a 1000.

Entre las principales creencias de la secta encontramos el rechazo del bautismo de los niños, de los juramentos, de los pleitos, del servicio militar y del uso de armas. Aceptan el bautismo de adultos y la Cena del Señor, en la cual enseñan que Jesucristo no se hace realmente presente. Sin embargo, estos dos (bautismo y cena) no son propiamente sacramentos. Un importante principio es la no resistencia a la violencia. De todos modos no todos sostienen hoy en día estas doctrinas, y actualmente algunos menonistas aceptan ejercer oficios seculares. La estructura de la secta es congregacional, con obispos, presbiteros y diáconos. Se calcula que los menonitas son unos 250.000.

Tomado de la Gran Enciclopedia RIALP

Bibliografía: CRAMER, Bibliotheca Reformatoria Neerlandica, II and V (The Hague, 1903, sqq.); CARROLL, Religious Forces of the United States (New York, 1896), 206-220; WEDEL, Geschichte der Mennoniten (Newton, Kansas, 1900-1904); SMITH, The Mennonites of America (Goshen, Indiana, 1909); CRAMER and HORSCH in New Schaff-Herzog Encycl. s.v. (New York, 1910). N.A. WEBER, Mennonites, en The Catholic Encyclopedia, Volume X, 1911 by Robert Appleton Company.