bautismo

¿Cómo era la práctica del matrimonio y del divorcio en los primeros siglos de la Iglesia?

Pregunta:

Estimados hermanos.  Leí su escrito sobre Jesucristo y el Divorcio. Me ha surgido una pregunta: ¿cómo era la práctica en la Iglesia apostólica y primitiva con respecto a los que se convertían y venían con una situación matrimonial irregular (casados divorciados, vueltos a casar)? ¿Se les bautizaba?  Agradecido por una respuesta. Fraternalmente.

Respuesta:

Estimado: La consulta que usted me hace no se planteó solamente durante los primeros tres siglos sino a lo largo de toda la historia de la Iglesia, y especialmente durante la época de las grandes misiones en tierras de paganos. Los misioneros, tanto en América como en África, se encontraron con grandes dificultades al momento de bautizar infieles que habían estado casados de modo natural (y por tanto, con matrimonios válidos por ley natural) pero al solicitar el bautismo no convivían con su primera mujer (con la única con quien estaban válidamente casados) sino con otra; o bien convivían con ella y otras más (poligamia) y no estaban dispuestos a volver a tomar la primera o (en el segundo caso) quedarse con una sola mujer si ésta debía ser la primera. El problema es análogo al que Usted me consulta.

Para hacer frente a estas necesidades pastorales, en 1537 Paulo III autorizó a los indios polígamos convertidos que pudiesen tomar la que prefirieran de entre sus mujeres, si no recordaban o no sabían cuál había sido la primera. San Pío V, en 1571, fue más lejos todavía al concederles, «en virtud de su suprema autoridad apostólica», escoger por esposa legítima a la mujer que quieran (de entre aquellas con quienes estaban casados según su cultura poligámica), con tal de que ésta se bautice con ellos o después, despidiendo a las demás. Gregorio XIII, en 1585, trató de resolver el caso particular de los esclavos negros transportados a América o a otras partes de África que se habían vuelto a casar, ignorando la suerte de sus primeras esposas (si vivían o no, o –lo que representa más dificultad– si se habían convertido al cristianismo o no); también este Papa concede la facultad de casar válidamente, tras el bautismo, en estos casos.  Los tres casos (o al menos los dos últimos) alegan para intervenir, «la suprema autoridad apostólica». Y se apoyan en cuanto ya había dicho Inocencio III: «los matrimonios contraídos por los infieles, aunque sean verdaderos matrimonios, no se deben considerar de tal manera firmes que, en caso de necesidad, no puedan ser disueltos»[1]. Esta legislación ha sido recogida en el Código de Derecho Canónico[2]:

«1148. § 1. Al recibir el bautismo en la Iglesia católica, un no bautizado que tenga simultáneamente varias mujeres tampoco bautizadas, si le resulta duro permanecer con la primera de ellas, puede retener una de las otras, despidiendo a las demás. Lo mismo vale para la mujer no bautizada, que tenga simultáneamente varios maridos no bautizados.

  • 2. En los casos de que trata el § 1, una vez recibido el bautismo, el matrimonio se ha de contraer según la forma legítima, observando también, si es el caso, las prescripciones sobre los matrimonios mixtos y las demás disposiciones del derecho.
  • 3. Teniendo en cuenta la condición moral, social y económica de los lugares y de las personas, el Ordinario del lugar cuidará de que se provea suficientemente a las necesidades de la primera mujer y de las demás que hayan sido despedidas, según las normas de la justicia, de la caridad cristiana y de la equidad natural.
  1. El no bautizado que, una vez recibido el bautismo en la Iglesia católica no puede restablecer la cohabitación con el cónyuge no bautizado por razón de cautividad o de persecución, puede contraer nuevo matrimonio, aunque la otra parte hubiera recibido entre tanto el bautismo, quedando firme lo prescripto en el can. 1141».

La fundamentación teológica para entender la diferencia entre la posible disolución de estos vínculos (sólo por «suprema autoridad apostólica») y la imposibilidad del disolver el vínculo del matrimonio «rato y consumado», está dada por la teología sacramental (es decir, la diferencia entre matrimonio natural y matrimonio sacramental).

Bibliografía para profundizar:

HAMMAN, ADALBERT, Matrimonio y virginidad en la Iglesia Antigua, Desclée, Bilbao 2000.

MANZANARES‐MOSTAZA‐SANTOS, op. cit. en caso nº 4.

DOMINICI, G., La dissoluzione del matrimonio di due non battezati, Roma 1971.

L’OSSERVATORE ROMANO, El poder del Romano Pontífice y el matrimonio de los bautizados, L’OR, 20/11/98, 21.

[1] Cf. J.L. Lazcano, La potestad del Papa en la disolución del matrimonio de infieles, Madrid 1945, pp. 93‐110. 55 Código de Derecho Canónico, cc. 1148‐1149.

[2] Código de Derecho Canónico, cc. 1148‐1149.

parejas

¿Qué opina de los que ofrecen hacer “trabajos” para unir parejas?  

Pregunta:

Padre: ¿qué hay de los que ofrecen “trabajos” para unir parejas? Tengo la firme sospecha de que el matrimonio de un familiar mío se constituyó de esa manera, ya que la esposa ha dominado totalmente la voluntad del esposo, y durante el noviazgo pasó lo mismo. Yo como creyente siempre consideré improbable este tipo de casos pero veo ahora en la práctica que pareciera no ser tan así.

Respuesta:

Estimada:

Los que ofrecen “trabajos para unir parejas” son simples embaucadores que aprovechan los dramas sentimentales de gente poco formada o supersticiosa. Sobre la influencia que otra persona puede tener sobre nuestra voluntad tenga en cuenta que el acto propio de nuestra voluntad (el querer algo o a alguien) no puede ser violentado por nadie (es decir, hacerse por violencia o coacción). Sólo Dios puede penetrar el interior de nuestra voluntad para hacernos querer algo que antes no queríamos, pero esto Él, como creador de nuestra voluntad, lo hace con suavidad, causando en nosotros el nuevo acto libre; nos hace querer libremente (es lo que ocurre cuando convierte a un pecador). Fuera de Dios, nadie, ni el mismo demonio, puede tocar interiormente nuestra voluntad.

Por tanto los únicos modos de mover nuestra voluntad son:

(1) Consiguiendo que perdamos la capacidad de razonar y elegir. Así sucede cuando nos dan, contra nuestra voluntad, drogas, bebidas narcóticas, o nos hipnotizan, etc., para que respondamos como simples autómatas a las cosas que otros nos piden. Pero en este caso nuestros actos no son ni siquiera humanos y no tenemos responsabilidad alguna de lo que hacemos (si no nos hemos prestado voluntariamente a ello). Y todo cuanto asumamos como compromiso en este estado es inválido; más todavía si alguien contrajera matrimonio en este estado, sin saber lo que está haciendo.

(2) Segundo, puede conseguirse que alguien consienta a algo tentándolo: mostrándole las bondades de lo que le ofrecen, la belleza y conveniencia de cuanto le están sugiriendo, etc. Esto es lo que hizo la serpiente con Eva al principio del mundo. En este caso el consentimiento dado es plenamente voluntario aunque aceptemos algo que es una mentira (como el caso de Eva y Adán).

Por estas razones no debemos dar crédito a este tipo de sospechas. Y si se demuestra alguna acción del primer modo (o sea, que la persona actuó hipnotizada o drogada) tendríamos un matrimonio inválido.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

pudor

¿Cómo educo el pudor de mis hijos?

Pregunta:

Estimados amigos: les pido que me orienten sobre el modo en que puedo educar el pudor en mis hijos. Tengo hijos pequeños y también algunos que ya han entrado en la adolescencia. Espero que me puedan ayudar.

Respuesta:

Estimado:

El pudor es la tendencia a esconder algo para defender la intimidad de las intromisiones ajenas. Es una “cualidad, en parte instintiva y en parte fruto de la educación deliberada, que protege la castidad. Se realiza lo mismo en la esfera sensitivo-instintiva que en la consciente-intelectual, como freno psíquico frente a la rebeldía de la sexualidad”[1]. Santo Tomás dice de él que es un sano sentimiento por el que las pasiones relacionadas con la sexualidad, después del pecado original, producen un sentimiento de disgusto, de vergüenza, de malestar en el hombre, hasta tal punto que instintivamente se quiere ocultar todo lo relativo al cuerpo, a la intimidad y a la sexualidad, de las miradas indiscretas[2].

En el plano puramente instintivo el pudor consiste en una resistencia inconsciente a todo lo que revelaría en nosotros el desorden de la concupiscencia de la carne. El pudor, al ingresar en la esfera consciente entra en la categoría de virtud y se denomina pudicicia[3]. La pudicicia o pudor-virtud “se relaciona íntimamente con la castidad, ya que es expresión y defensa de la misma. Es, por consiguiente, el hábito que pone sobre aviso ante los peligros para la pureza, los incentivos de los sentidos que pueden resolverse en afecto o en emoción sexual, y las amenazas contra el recto gobierno del instinto sexual, tanto cuando estos peligros proceden del exterior, como cuando vienen de la vida personal íntima, que también pide reserva o sustracción a los ojos de los demás y cautela ante los propios sentidos. De esta suerte el pudor actúa como moderador del apetito sexual y sirve a la persona para desenvolverse en su totalidad, sin reducirse al ámbito sexual. No se confunde con la castidad, ya que tiene como objeto no la regulación de los actos sexuales conforme a la razón, sino la preservación de lo que normalmente se relaciona estrechamente con aquellos actos. Viene a ser una defensa providencial de la castidad, en razón de la constitución psicofísica del género humano, perturbada por el pecado original”[4].

La falsificación del pudor se denomina “pudibundez”: es el pudor desequilibrado o excesivo, causado en general por una falsa educación. La pudibundez no hace a las personas castas sino caricaturas de castidad. “La pudibundez es enemiga nata del pudor, como la beatería es enemiga de la religiosidad verdadera y consciente. El espíritu del adolescente se rebela y le molestan las ideas mezquinas y ruines”[5].

La auténtica educación del pudor. La educación del pudor debe ser indirecta, porque una educación directa implicaría necesariamente la orientación de la atención sobre los objetos que justamente el pudor debe atenuar en su atrac­tivo. No obstante, aunque indirecta, debe ser positiva, es decir, debe preparar aquella atmósfera espiritual que además de impedir la degradación en el campo de la sexualidad animal, hará más fáciles las revelaciones graduales necesarias en su tiempo oportuno. La educación del pudor implica:

  • La educación del sentimiento: no puede darse una educación moral eficaz sin un prudente apoyo sobre el sentimiento, es decir, hacer surgir una actitud personal de “sensibilidad” por el bien, por el orden, por la honestidad moral, por la perfección, por la vida vivida como valor humano y moral. La educación de la pureza es, en gran parte, educación del corazón, es decir, de la afectividad. Para educar el corazón, todo se resume en conseguir que el educando se enamore de la virtud y corregir toda desviación anormal del amor sensible que pueda aparecer en él.
  • La educación de la voluntad: el problema educativo consiste en enseñar a querer lo que después se enseñará que es preciso hacer. Es necesario formar la voluntad con la conciencia de los valores trascendentes y absolutos. Ayuda mucho para la gimnasia de la voluntad hacer conocer, sobre todo al adolescente, los motivos y valores de la pureza, y sugerir ideas fuerza que puedan ayudar en toda circunstancia.
  • La educación de la religiosidad: la formación religiosa es fundamental para la pedagogía sexual; para la vida casta, la educación religiosa “es el coeficiente primero y más poderoso, porque los demás coeficientes humanos tienen valor solamente temporal, es decir, mientras perduran los intereses correspondientes en el espíritu del niño. Sólo la religión posee una eficacia que sobrepasa los límites de tiempo, de lugar, de espacio, de ambiente, de circunstancias, con tal que sea sentida, consciente y activa La religión ha constituido siempre para la pedagogía sexual una potencia única. La religión valoriza la pureza y la presenta al joven como una de las virtudes más altas y más hermosas, a la vez que indica los medios para conservarla y defenderla con esmero, con reserva, con la disciplina interior de las imaginaciones y de los deseos, y con la disciplina exterior de los sentidos”[6]. De esto puede concluirse el grave y pernicioso sofisma de quienes piensan que no deben dar ninguna formación cristiana a sus hijos, con el pretexto de no coaccionar su libertad, sino dejar que ellos libremente elijan sus opciones religiosas cuando sean mayores.

En realidad quienes así actúan, optan en lugar de sus hijos: eligen para ellos el paganismo o el ateísmo. Religiosidad, pero no una religiosidad cualquiera; el educador debe convencerse de que no es la piedad formalista la que salva al niño y al adolescente de la seducción de las tentaciones y le ayuda a mantenerse puro, sino la gracia divina recibida, apreciada, vivida con adhesión íntima. Es importante, por eso, tener en cuenta algunos elementos de la religiosidad que más favorecen la vida de pureza en el niño y en el adolescente:

  1. Hay que educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que sientan y vivan la amistad con Jesús. Hay que hacerle comprender al niño que Jesús lo ama individualmente y que ese amor debe ser correspondido; que Jesús quiere servirse de él para el apostolado, y, por tanto, debe hacerse digno de esa colaboración apostólica mediante una intensa vida de gracia; que la pureza es un compromiso de amistad y de fidelidad a Cristo, una condición para vivir en sí mismo la vida de Cristo; que la lucha es para él una gloria; que saldrá victorioso si está con Cristo, etc.
  2. Hay que hacerlo apreciar la vida sobrenatural que se nos comunica con la gracia santificante y que se pierde por el pecado mortal; así encontrará la fuerza para renunciar a los placeres ilícitos y para evitar todo lo que, aún remotamente, podría hacerle perder la dignidad y la alegría de ser hijo de Dios.
  3. Hay que ayudarlo a usar provechosamente de los sacramentos. Si se recogen pocos frutos de las confesiones y de las comuniones frecuentes es porque no se ayuda de modo suficiente a sacar provecho de este contacto habitual con la gracia.
  4. Hay que fomentar en él la devoción a María Santísima. Esta devoción no se agota en un montón de invocaciones y prácticas, sino en la confianza plena, en el recuerdo filial y en la imitación constante.
  5. Hay que enseñar al niño a respetar el propio cuerpo como cosa sagrada, como propiedad divina, como miembro del cuerpo místico. Se convence fácilmente de que, si hay que tratar con veneración las cosas sagradas, se deberá tener un respeto aún mayor por el propio cuerpo, que está consagrado por la presencia de Dios y por la comunión eucarística. De la idea de la inhabitación divina será fácil pasar a la de la presencia de Dios: si Dios está dentro, siempre te ve.
  6. Finalmente, hay que convencer al adolescente de que la pureza es alegría. Esto no es muy difícil, pues corresponde a una realidad actual, incluso para los niños, los cuales saben por experiencia que el pecado impuro no trae alegría, sino insatisfacción y tristeza.

También puede leer esta otra entrada.

Bibliografía:

Consejo Pontificio para la Familia, Sexualidad humana: Verdad y Significado, Orientaciones educativas en familia, 1995.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

[1]  M. Zalba Erro, Pudor, en Gran Enciclopedia Rialp, tomo 19, Rialp, Madrid 1989, 455-456; cf. Rocco Barbariga, Castidad y vocación, Ed. Herder, Barcelona 1963, pp. 178-209.

[2]   Cf. Suma Teológica, II-II, 151, 4

[3]   C. Scarpellini, Pudore e pudicicia, en Enciclopedia Cattolica, Roma 1953, vol. X, col.296.

[4]   Zalba Erro, loc. cit.

[5]  Paganuzzi, Purezza e puberta, Brescia 1953, p.222. Cf. A. Stocker, La cura morale dei nervosi, Milán 1951, p. 155 ss.

[6]  Paganuzzi, op. cit., p. 249.

Luis Eduardo López

Sobre los escritos de Luis Eduardo López Padilla

Pregunta:

Estimado en Cristo, Padre Fuentes:

 Esperando se encuentre muy bien quería preguntarle si los libros “Las Profundidades de Satanás” y “Advertencias Marianas” del escritor Luis Eduardo López Padilla están «prohibidos» a los católicos… Me han llegado varios mensajes que se basan en cosas dichas en estos libros; algunas son muy interesantes, pero no estoy segura de todo. ¿Me puede usted aclarar algo?

Le encomiendo a la Virgen. Milagros V.

Respuesta:

Estimada Milagros:

Respecto del segundo libro al que aludes, “Advertencias marianas”, no puedo decir nada, pues no le he leído, pero el Sr. Luis E. López Padilla promueve las apariciones de la llamada “Misión de la Virgen del Rosario del Pozo”, de Puerto Rico, prohibidas por los Obispos de Puerto Rico (en documento del 14 de noviembre de 2006) y por la Congregación para la Doctrina de la Fe (Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89; y Decreto del 19 de septiembre del 2002, Prot. N. 73/89).

Del primer libro (Las Profundidades de Satanás. El proyecto milenario del Poder de las Tinieblas Ed. privada del autor, México 2006), en cambio, te haré algunas observaciones, pues en el año 2008 un amigo, muy creído de la autoridad de este autor, me obsequió un ejemplar que, desconociendo al autor, comencé a leer pensando encontrar una doctrina segura, topándome, en cambio, con una mezcla de buenas cosas y teorías disparatadas. A raíz de esto escribí una recensión, publicada ese mismo año en la Rev. Diálogo, que decía lo que transcribo a continuación con algunas modificaciones que he realizado posteriormente al conocer un poco más al Autor.

Luis Eduardo López Padilla es abogado, casado, con estudios de filosofía y teología. Ha escrito varios libros sobre la temática de los últimos tiempos y apariciones marianas. Por ejemplo “Advertencias Marianas” (1987), “El Diablo y el Anticristo” (1988), “Los Últimos Tiempos” (1991), “Apocalipsis, descubriendo el Plan de Dios” (1996), “El  Gran  Aviso de Dios” (2002), “¡Sí, Vengo Pronto!” (2004), “Apuntes sobre El Gobierno Mundial” (2004), etc.

El que nos ocupa es un libro extenso, divido en dos partes (“El poder de las tinieblas” y “Las profundidades de Satanás”).

Trata muchos temas, muchos de ellos de mucha actualidad e interés por parte del público en general, como por ejemplo, el demonio, la brujería y la magia, la masonería, los misterios de las pirámides, los niños índigo, la Ouija, la New Age, etc.

El autor habla con respeto del magisterio de la Iglesia y su doctrina en muchos temas es correcta y hasta provechosa. Pero ya en la Primera Parte del libro, la más aceptable, contiene afirmaciones que suscitan perplejidad o se inscriben directamente en el género del disparate. Así, por ejemplo, bajo el título “La Bóveda del Infierno” relata en págs. 82-84, una presunta perforación llevada a cabo en 1989 en Mourmansk (Siberia), por parte de un equipo de científicos de varios países, a 15 kms de profundidad; perforación que el A. considera que alcanzó “la bóveda del Infierno”, produciendo una visión colectiva del Demonio y la audición y grabación en cinta de los lamentos de los condenados; cita allí el testimonio de algunos científicos no soviéticos de la expedición (a los soviéticos se les habría administrado un sedante para borrar la memoria a corto plazo). El A. no manifiesta ninguna duda sobre la autenticidad del hecho y su interpretación. Y lo hace sin citar ninguna fuente segura y digna de crédito a pesar de que, como es obvio, es lo que toda persona seria buscaría en primer término. Como muestra este botón es más que suficiente.

En la Segunda Parte del libro se mezclan cosas de buen juicio y una fe católica de fondo de la que no dudo, con temas y desarrollos que pasman, entontecen y obligan a sentenciar el libro entre los relatos de corte apocalíptico y, en algunas páginas, cercanos a la ciencia ficción. De hecho en sus páginas son citados, sin ninguna crítica clara, autores tan dudosos como Von Däniken (“Recuerdos del futuro”) y muchos de los escritores que deleitan a los curiosos de pirámides, ovnis, apariciones misteriosas, etc.

Uno de los temas que más desconcierto nos ha producido –por el hecho de que hable de él con total desparpajo y aceptándolo a pies juntillas– es su interpretación del mito de la Atlántida, al que dedica muchas y muy importantes páginas y un rol, en definitiva, clave en la interpretación de la Historia profana y sagrada. El autor defiende no sólo la existencia de una civilización, descendiente de Adán y Eva por cierto, extraordinariamente desarrollada, destruida por Dios a causa de su soberbia, sino que la hace autora de los grandes monumentos de la antigüedad. Esta civilización habría alcanzado un conocimiento altísimo de la magia, corrompiéndose por su contacto con el demonio. De ellos provienen, directa o indirectamente, las grandes construcciones mayas, aztecas, egipcias, etc., y los secretos astrológicos y proféticos que guardan. A estos seres les atribuye un saber gnóstico diabólico, y a partir de ellos interpreta el difícil pasaje bíblico de los Gigantes nacidos de la unión entre “los hijos de Dios” y “las hijas de los hombres” (cf. Gen 6, 1-8), los que ocasionaron precisamente el Diluvio universal (que explicaría la desaparición de esa civilización, sepultada en las profundidades del océano). Los “hijos de Dios” serían, para López Padilla, los hombres descendientes de Adán, mientras que las “hijas de los hombres” serían las mujeres nacidas de seres “creados” por estos sabios pervertidos, por “manipulación genética” y “clonación”; de esta unión entre los descendientes de Adán y estos remedos diabólico-humanos, obra de reingeniería genética inspirada por el demonio, provendrían los Gigantes o Nefilim (su nombre bíblico: cf. Baruc 3, 26-28; Num 13, 32-33), monstruos genéticos ciclópeos de 4-6 metros de altura (cf. pág. 330 y siguientes). El Diluvio habría acabado con todo esto. Todo es disparate destilado de la más pura cepa.

En fin, el valor que da las presuntas profecías aztecas y mayas y otras, lo lleva a profetizar también él, señalando para el 20-21 de diciembre de 2012 el momento en que la humanidad entrará de lleno al “Final de los Tiempos” (cf. págs. 400 y siguientes); un poco más adelante añade “en diciembre de 2012, meses más, meses menos” (pág. 404); no se trata del fin del tiempo, sino del inicio de ese período y de la obra plena del Anticristo. Esta crítica la escribí en 2008; ahora en 2016 –sin fin del mundo, ni comienzos de ninguna era especial– es más que claro que los delirios de todos los que quieren acertar a las fechas apocalípticas no los hace fiables ni para jugar a la lotería.

Como puede presumirse, el libro de López Padilla nos deja desconcertados por la mezcla de temas, algunos bien presentados, otros que parecen tomados de páginas de Internet de dudoso fundamento, de alusiones a autores de recta doctrina (como Santo Tomás, Antonio Royo Marín, Juan Pablo II, Gabriel Amorth, Leonardo Castellani, Rafael Gambra, A. Hillaire), junto a otros que rondan la nebulosa de la fantasía y del camelo, como el ya referido Von Däniken, el “Discovery Channel”, etc. Los mismos títulos de los libros usados por el autor para los temas más controvertidos (pirámides, fenómenos extraordinarios, Atlántida, etc.) ya nos revela que se mueve en terrenos fangosos: “Las profecías Mayas” (Gilbert y Cottorell), “Guardián del Génesis. La búsqueda del legado oculto de la humanidad” (Hancock y Bauval), “La Huella de los Dioses” (Hancock), “Mitos Egipcios” (Hart), “La conexión Atlante” (Martínez Concha), etc.

Un libro extraño, como se ve. Y su Autor, una persona poco seria, por no decir algo más fuerte.

Añado que en 2013 el arzobispado de Valencia le negó el permiso para dar conferencias en ningún centro religioso ni parroquia de la Arquidiócesis (ver link). Actitud razonable, como puede verse por lo de más arriba.

P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

métodos naturales

Información sobre métodos naturales para regular los nacimientos

Pregunta:

Soy una mujer de 41 años. Mi nombre es Alicia; vivo en Austin, Tx, Estados Unidos. Me gustaría recibir información sobre el método que la Iglesia permite para cuidarse para no tener hijos. Quiero la mayor información para compartirla con mi esposo, porque quiero hacer las cosas como Dios manda. Yo padezco de hipertiroidismo y por lo tanto estoy tomando medicamentos. Por favor agradecería de su ayuda

Respuesta:

Estimada Alicia:

Encontrará la parte moral y espiritual de la información que usted busca mi libro “Matrimonio cristiano, natalidad y anticoncepción”, que puede descargar aquí.

En cuanto a la información más propiamente técnica le aconsejo visitar la página dirigida por médicos católicos: http://www.procef.cl/

También le sugiero ver el siguiente video:

Y visite las páginas: http://www.billingsargentina.org/

http://www.billingsmethod.org/index_es.html

Si usted habla o lee inglés, puede ver con fruto la página del Instituto Pablo VI, especializado en Naprotecnología (técnicas basadas en los métodos naturales)

http://www.popepaulvi.com/

http://www.naprotechnology.com/

Con mi bendición.

Miguel Ángel Fuentes, IVE