idolatria

¿En qué consiste la Idolatría?

Pregunta:

¿En qué consiste la idolatría?

 

Respuesta:

Idolatría, del latín idololatria, significa literalmente ‘adoración -y culto- de los ídolos’, es decir, de las imágenes o representaciones de los falsos dioses. En Teología moral se define como ‘culto indebido tributado a una creatura’: comprende así, no sólo el culto a las imágenes de dioses falsos, sino el culto a los mismos dioses falsos o a cualquier creatura, con imagen o sin ella. En Historia de las Religiones, i. es el culto y adoración de las imágenes o representaciones divinas que se da en las religiones no cristianas. El uso de las imágenes (v.) es connatural a la piedad religiosa, que necesita de soporte sensible para elevarse a lo invisible. Con todo deben advertirse dos cosas. La primera, que en las culturas primitivas no suele representarse nunca el Ser Supremo, si no es mediante símbolos, aunque se representen con profusión los dioses subordinados cuando los hay. Esta costumbre se observa también a veces en las religiones históricas de alta cultura, sin duda por herencia de esa religión primitiva. El caso más destacado es el del mesopotámico Anu, dios supremo celeste, del que ninguna imagen se ha descubierto, a pesar de que su culto duró unos tres mil años, y de que los demás dioses mesopotámicos se representan con profusión. La segunda es que en la India, pese a la tradición idolátrica de la cultura originaria de Mohenjo Daro y Harapa, parece que los invasores arios desconocieron la representación plástica de los dioses hasta que el budismo (v.) la introdujo, parece ser por influjo griego; sería así la India antigua una verdadera excepción a lo antes dicho, aunque sólo aparente, por cuanto, bien que carente de representaciones plásticas, su literatura ofrece descripciones antropomórficas de tal viveza y detalle que prácticamente equivalen y suplen a las plásticas (v. ANTROPOMORFISMO II). La adoración o culto de la imagen puede ser absoluto -si se honra a la imagen en sí y por sí, como si ella fuera dios-, y relativo -si se la honra como simple representación del dios, como se honra el retrato de una persona-. Este último, como tal, nada tiene de vicioso como idolátrico -aunque pueda tener vicio en cuanto la adoración absoluta se termine en un falso dios representado por la estatua-; en cambio, la adoración absoluta de la imagen -incluso en el caso de que fuese imagen del Dios verdadero- es siempre viciosa, pues adora como a Dios un objeto material. El culto relativo a las imágenes es obvio que se ha dado en todas las religiones. Y su legitimidad es reconocida por el mismo cristianismo, que honra las imágenes de Jesús -verdadero Dios y hombre-, sin contar la honra, no de latría, sino de hiperdulía o de dulía (servicio, veneración) que tributa a las imágenes de la Virgen María y de los santos (V. CULTO II y III). Otra cosa es el culto absoluto a las imágenes que, como acabamos de decir, es siempre vicioso. Los libros del A. T., aun sin ignorar que el origen de las imágenes de dioses fue el de una mera representación de la persona honrada (Sap 13,16-17), atribuyen con frecuencia a los gentiles de los países vecinos una verdadera i. formal que adoraría a las imágenes como si fueran dioses (cfr. Sap 14,14-17; Ps 113,4-8; Bar 6; Is 46,6-7; 44,9-20; etc.). La irrisión hacia aquellos que adoran a dioses hechos por manos de hombre, dioses que tienen ojos y no ven, oídos y no oyen, boca y no hablan, pies y no andan, se repite insistentemente en las páginas de la Biblia. Precisados así los conceptos hay que reconocer que para el historiador de las religiones es un problema difícil determinar cuándo se está ante una u otra actitud y, por tanto, ante una i. propiamente dicha. En líneas generales tal vez quepa establecer que las personas de espíritu más hondamente religioso supieron mantener una comprensión de la imagen como simple representación, mientras que las que se dejaran influir por tendencias supersticiosas cayeron en verdadera idolatría. En cualquier caso ésta ha existido de hecho en numerosos lugares. Ciñéndonos al Próximo Oriente, recordemos que en Egipto se trataba a la estatua del dios igual que si fuera una persona real: se le despertaba en su capilla, se le saludaba, se le vestía, se le ofrecía el desayuno y las comidas, se le trataba con el ceremonial real, se le acostaba por la noche, se le hacía viajar en las panegirías visitando a los dioses familiares o amigos, etc. (V. EGIPTO VII). Algo del todo semejante pasaba en Mesopotamia (v.), donde incluso, a juzgar por el episodio narrado en Daniel 14,2-21, algunos creían de que la estatua de los dioses -en concreto la del dios Bel o Marduk- comía realmente la comida que se le ofrecía. Algo parecido consta de los hititas (v.), donde el derecho establecía detalladamente en las ofrendas la parte del dios y castigaba con pena de muerte el que los sacerdotes la consumieran; todavía hoy es un misterio cómo se hacía desaparecer la comida. A veces los sacrificios (v.) se consideraban ante todo en el Próximo Oriente antiguo como ‘comida del dios, o de los dioses’. En otras ocasiones, junto a la estatua del dios se hacía yacer la estatua de la diosa esposa, con un realismo extremo, cuando no se hacía dormir con él una hieródula (v.), e incluso las cellas de los dioses tienen su lecho hierogámico del dios, como puede verse en el templo de Bel en Palmira, uno de los mejor conservados. Hay, pues, todas las apariencias externas de una verdadera i.; si bien muchas veces consta que el fiel parece distinguir perfectamente la estatua representativa del dios representado. Éste era uno, y residía en el cielo, o en el lugar de su dominio trascendente si el dios no era celeste; las estatuas eran muchas, y localizadas. Todo el realismo empleado parece muchas veces sólo querer significar que el honor dado a la estatua del dios verdaderamente llegaba al dios representado por la estatua; y que el dios por ésta representado, una vez debidamente consagrada y ritualmente santificada, en algún modo misterioso estaba también presente en el lugar en que su estatua era honrada. Quizá el caso más extremo sea el de Egipto, donde la creencia en la multiplicidad de almas lleva a algo que facilita la verdadera i. en su sentido propio. El dios representado por la estatua tiene, según los egipcios, existencia independiente y separada de la estatua, en su dominio propio, sea celeste, terreno o infernal -en esto coincide con todo el Próximo Oriente-. Pero se cree a la vez que una de las múltiples almas del dios viene a habitar en, o a informar a la estatua consagrada ritualmente a su culto: la estatua se honra así por sí misma, no como objeto material, sino como receptáculo de una de las almas de la divinidad en ella presente: el dios está en la estatua, sin dejar por eso de llevar existencia independiente en su lugar propio. Para otras manifestaciones de i. (culto a los animales, a los hombres, a los astros, a la Naturaleza, etc.), v. otras voces en esta Enciclopedia: ANIMAL Iv; ANTROPOLOGÍA; APOTEOSIS; ASTROLATRÍA; FERTILIDAD II; NATURALEZA, CULTO A LA; POLITEÍSMO. V. t.: CULTO 1.

Por A. Palacios López – Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: E. DHORME, Les religions de Babylonie et d’Assyrie, París 1949; E. DRIOTON, La religion égyptienne, en Histoire des religions, dir. M. Brillant y R. Aigrain, París 1953 ss., III,1-146; J. FURLAM, La religión de los hititas, en Historia de las Religiones, dir. Tacchi-Venturi, Barcelona 1947, 1,257-296; IBN-EL-KALBI (m.819), El libro de los ídolos (editada por primera vez en 1914, y traducida al alemán por L. Klinke), Leipzig 1941; J. STARCKY, Palmyréniens, Nabatéens et Arabes du Nord avant 1’Islam, en Histoire des Religions, dir. M. Brillant y R. Aigrain, París 1953 ss., IV,201-237; VANDIER, La religion égyptienne, París 1949

incas

¿En que consistió la religión de los Incas?

Pregunta:

¿En que consistió la religión de los Incas?

 

Respuesta:

Hacia el s. XII d. C. a raíz de asentarse en la altiplanicie andina el grupo étnico que se denominará de los incas, por el nombre de sus jefes, se impone una religión nacional que alcanzará gran expansión por toda Sudamérica y concretamente en la región andina y litoral pacífico (desde el río Ancasmayou, al sur de Colombia, hasta el río Maule de Chile), y que conocerá una duración de cerca de cuatro siglos hasta la predicación del cristianismo con la conquista hispana. Indudablemente, la religión de los i. sufre la aculturación de diversos sustratos anteriores a la imposición de la clase preeminente (V. AMÉRICA VI, c, 2), que influyó en la configuración definitiva de la religión incaica sobre todo en el culto al Sol (v.), que tomaría multitud de elementos de Moche y Chimor, de raíz tiahuanacuense (v. PERú III). La deidad suprema, con diversos nombres como Tic¡, Viracocha, Pacayachich, era creadora del mundo y de los hombres, estaba integrada en el dios Sol, y fue reinterpretada como un héroe civilizador. De aquí que surja una auténtica religión estatal de carácter ecléctico que sustituye los cultos indígenas captando o adaptando muchas de sus creencias, a la vez que, con la lengua nacional quechua (v.), se impone una organización territorial su¡ generis en la que la célula social la constituye el llamado ayllu (v. i). Del desarrollo de las concepciones religiosas de los i. surge la idea de que el territorio es propiedad de la dinastía y, en consecuencia, del Estado; todo súbdito del sexo masculino deberá ponerse al servicio del mismo, tanto en el ejército como en el trabajo, a una determinada edad, con la contrapartida de que en tiempos de escasez será socorrido gratuitamente con grano, lana y diversos géneros de consumo, procedentes de los silos nacionales, y en la senectud será ayudado por la comunidad. En la supraestructura política del imperio inca se impone una élite, el clan de los incas, ramificado y provisto de privilegios de todo género, que da el mismo soberano, considerado ‘Hijo del Sol’. Su antepasado Manco Capac ‘descendería’ con su esposa e hija en las riberas del lago Titicaca y marcharía hacia el Nordeste como portador de su propio mensaje, estableciendo en Cuzco (v.) su sede espiritual. Según noticias que debemos a los cronistas españoles, a este legendario Manco Capac sucederían los soberanos; de éstos únicamente los últimos seis pueden ser considerados históricos. Sabemos, no obstante, que el imperio de los i. tuvo una duración de unos 300 años, siendo el último refinadísimo, por lo que cabe considerarle una alta cultura. Creador del mundo fue considerado el dios Huiracocha o Viracocha que corresponde al Pachacamac de las tribus costeras, identificándose asimismo con el dios Tonapa de los aymarás, que se presenta generalmente con todos sus atributos solares. Algunos bellos signos a él dedicados revelan la íntima devoción que le tenían sus fieles. En el templo al Sol de Cuzco aparece representado junto con un dios solar Inti y con el dios del relámpago Choke Illa, en tres estatuas áureas. Mar, Luna y estrellas más importantes eran consideradas también epifanías divinas. Importancia particular en la religión popular asumía Huaca concepto en el que confluirán, en idea de fuerza, el culto a los antepasados y espíritus protectores. Para el culto se habilitaron templos levantados en zonas sagradas, teniendo al lado la habitación de los sacerdotes y los lugares de ceremonia. En el sacrificio se ofrecían flores, bebidas, bolos de coca y vestidos que eran quemados en el fuego sacrificial. En particulares solemnidades tales como la conmemoración o muerte de un i., incluso en ocasiones de epidemia o carestía, se apelaba a los sacrificios humanos. Al culto atendían sacerdotes de diverso rango y existía un servicio de vestales (vírgenes del Sol), entre las cuales el i. escogía sus concubinas. La momificación alcanzó un desarrollo insospechado. Las almas de los muertos habían de traspasar un puente realizado con cabellos sobre un lago profundo, hasta la llamada ‘Casa de los Muertos’. V. t.: PEttú 111.

Por J. M. Gómez Tabanera

Tomado de la Enciclopedia Católica

BIBL.: PH. A. MEANs, Ancient Civilisations of the Andes, Londres 1931; W. VON HAGEN, Los reinos americanos del Sol, Madrid 1964; F. DE ARMAS MEDINA, Cristianización del Perú, (15721600), Sevilla 1953; R. LARCo HOYLE, Perou (Archaeologia Mundi), Ginebra 1966; H. TRIMBORN, América precolombina, Castill 1965, 103 ss.; L. BAUDIN, L’Empire Socialiste des Incas, París 1928; F. HAMPL, Las religiones de los mejicanos, de los mayas y de los peruanos, en Cristo y las religiones de la tierra (dir. F. KóNIG), II, Madrid 1961, 720-729; L. TORMo, Espiritualidad de las culturas indígenas hispanoamericanas, en Historia de la Espiritualidad (dir. B. JIMÉNEz DUQUE y L. SALA BALUST), IV, Barcelona 1969, 405 ss.

india

¿Cuáles son las religiones de la India?

Pregunta:

¿Cuáles son las religiones de la India?

 

Respuesta:

La India es una tierra sagrada; ‘allí está el origen de las más antiguas culturas y ha sido la fuente de grandes religiones. Es la casa de un pueblo que ha visto a Dios con su incansable deseo de verle a través de profundas meditaciones y silencios. Pocas veces el deseo de Dios ha sido expresado con palabras tan llenas del espíritu del Adviento como en vuestros libros sagrados, escritos muchos años antes de Jesucristo: de lo irreal condúceme a la luz; de la muerte condúceme a la inmortalidad’. Éstas son las palabras pronunciadas por Paulo VI en Bombay el 3 dic. 1964 cuando visitó la lndia, y constituyen la mejor introducción al estudio de las formas religiosas de este país. En efecto, es difícil encontrar en la historia de las civilizaciones humanas una cultura tan totalmente religiosa y tan llena del sentido de lo divino como la de la I, si exceptuamos a Egipto que fue también una tierra sagrada por excelencia. Ya desde la prehistoria, la cultura prevédica de la cuenca del Indo, de Mohenjo-Daro (v.) y Harappa (2500-1500 a. C.), muestra una profunda preocupación religiosa: los numerosos sellos encontrados representan animales y árboles sagrados, la esvástika; un dios sentado en postura de yoga con tres caras y rodeado de animales, como el futuro Shiva, maestro de yoguis y animales; se han encontrado figuras de diosas que recuerdan el culto a la diosa madre del Asia Occidental (v. DIOS H, 2). Esta religión prearia y autóctona no desapareció completamente con la invasión de los arios (v.) por el nordeste de la I, sino que, quedando en las capas inferiores de la población indígena con su culto, sus sacerdotes, sus ritos de aldea, fue asimilada poco a poco por el hinduismo de los brahmanes y cambió profundamente el antiguo vedismo de los Vedas. No es necesario extenderse aquí sobre las formas religiosas específicas de los Vedas (v.) o vedismo, del brahmanismo (v.) y del hinduismo (v.), que forman el tríptico de creencias religiosas de la I. Habría que añadir el budismo (v.), el jainismo (v.) y las sectas modernas, p. ej., los Sikhs (v.), que existen en gran número en la I; aunque estos movimientos tienen muchos rasgos comunes que suelen llamarse en conjunto hinduismo. Todo ello se trata en los arts. correspondientes. Haremos aquí un estudio general del pensamiento religioso en la India. Este pensamiento no es en realidad una religión en el sentido estricto de la palabra, sino más bien la esencia de la cultura hindú desde hace 3.000 años. La palabra religión, en su sentido occidental, no tiene una exacta traducción literal en la L; la voz sánscrita más afín es Sanátana dharma, ‘la Ley eterna’, lo que significa que el hinduismo encierra ya todos los aspectos de la vida, religiosos y sociológicos, estéticos y políticos; es un conjunto muy complejo hecho de elementos muy heterogéneos. Una de sus características fundamentales es un extraordinario espíritu de síntesis y de asimilación; absorbe todas las formas religiosas, de las más primitivas a las más evolucionadas, y deja a cada uno lo esencial de sus creencias, asimilando únicamente los dioses y las diosas, los ritos y las creencias a ciertos arquetipos generales del hinduismo. Este gran poder de síntesis explica por qué se encuentran en el hinduismo tantas formas humanas religiosas, desde el fetichismo, el culto salvaje de las tribus indígenas del norte y del centro de la I., desde las pequeñas diosas de las aldeas hasta las grandes y hermosas ceremonias de los inmensos templos brahmánicos, tan complicadas y refinadas como las de las otras grandes religiones de la tierra. Basta asimilar las diosas salvajes de las aldeas a una forma de la gran shakti, de la Diosa-Madre, del poder divino de Shiva o de Visnú, para que todo quede en orden de acuerdo con la ortodoxia tradicional. El hinduismo adopta e incluye todas las formas de culto y no se preocupa en realizar una selección eliminatoria más o menos exclusiva; hay así una multitud de cultos locales, de ritos, de costumbres religiosas a veces más bien mágicas aceptadas por el hinduismo. El brahmán culto tiene el concepto tradicional del Ser eterno, del Brahma neutro, uno, penetrando todo el universo, que no es más que su manifestación, y a veces entendido como un panteísmo (v.) no muy definido; El está en las piedras, en los árboles, en los animales, en los humanos, está en toda divinidad a la que se rinda culto. Como puede leerse en la Bhagavad-Gitá (IX,29): ‘Yo estoy igualmente en todas las criaturas; no odio a ninguna ni a ninguna quito mi cariño, pero quienes me miran con amor y devoción, están en Mí y Yo estoy en ellos’. Hay, pues, en el hinduismo como un amplio sustrato de lo que puede llamarse religiosidad natural, que lo mismo puede inclinarse a claros errores como el panteísmo o la transmigración que puede abrirse a cualquier enriquecimiento; en cierto sentido es algo previo a una religión propiamente tal, en cuanto que el hinduismo desconoce el concepto estricto de verdad religiosa, o dogma religioso, viniendo, sin embargo, a admitir muchas, como luego diremos; para el hinduismo, la religión, o mejor, la religiosidad de cada hombre está determinada por su carácter, su evolución, su temperamento, su experiencia religiosa y su raza. La creencia en la transmigración (v. METEMPSíCOSIS) contribuye a esta especie de tolerancia su¡ generis o tendencia sincretista: las numerosas vidas humanas sucesivas de cada alma permiten lentas y diversas aproximaciones a la Verdad; asimismo contribuye la creencia de que cada concepto de lo divino, por muy inferior y primitivo que sea, es un símbolo más o menos perfecto de la búsqueda de la Verdad, y en este caso así es muchas veces. El hinduismo no aparece como una sociedad religiosa organizada, no hay ‘profetas’ ni ‘jerarquía’; sólo el brahmán tiene, por su nacimiento, el derecho y el deber de cumplir los ritos y leer e interpretar los textos sagrados; observa por eso una pureza ritual que lo aparta de los demás (v. t. FAQUIR). Algún caso actual de difusión del hinduismo, p. ej., en el Assam (v.), indica el proceso que se ha seguido en las épocas antiguas; cuando un grupo étnico imita algunas costumbres específicamente hinduistas, tales como no comer carne de buey, no matar vacas, seguir algunas prescripciones rituales y asimilar sus dioses a algunas divinidades hinduistas pidiendo a un brahmán cumplir los ritos, está ya en camino de llegar a ser un subcasta más en la India (v. CASTA); y si a eso se añaden matrimonios mixtos con alguna subcasta hindú ya reconocida, en una o dos generaciones, la integración está hecha. A la inversa, ciertas sectas hindúes pueden seguir ritos extraños, dejar los templos, negar las castas, como lo hacen ahora los Bhágavatas, adoradores de Krishna, a pesar de lo cual se les sigue considerando como hinduistas; los lingáyats que tampoco aceptaron las castas y tenían ritos y libros sagrados secretos, fueron expulsados individualmente de sus grupos, pero pronto formaron una nueva casta. Los budistas y los jainas, que siguieron una doctrina heterodoxa por no reconocer la autoridad suprema de los Vedas, no fueron nunca expulsados de la I. y siguen conviviendo con los hinduistas que les consideran prácticamente como suyos; admiten además la metempsícosis (v.), el karma (v.) y los grandes dioses del hinduismo. En cuanto a los no hindúes, como, p. ej., los occidentales, no pueden entrar en el hinduismo porque no han nacido en la I. y no pertenecen a una casta; por eso quedan, ipso facto, fuera de la comunidad hindú. Pero la tolerancia religiosa es grande ahora para ellos y a menudo pueden entrar en templos y recintos sagrados. Los hindúes musulmanes se han colocado fuera de la comunidad hinduista porque el Islam es mucho más severo y estricto que el hinduismo; a pesar de esta actitud, la convivencia ha sido larga y a menudo pacífica; actualmente, los musulmanes de la I. se consideran como miembros de la nación. Son los acontecimientos exteriores los que determinan casi siempre reacciones religiosas anti-hinduistas por parte de estos musulmanes tan inclinados al fanatismo. El hinduismo está como por encima de las sectas, formas religiosas y creencias particulares, porque penetra mucho más profundamente en la vida del pueblo hindú; filosofía, arte, ciencia, vida de familia, ordén social, costumbres de las castas, todo está impregnado por las creencias fundamentales del hinduismo. La I. tiene su realidad política en la medida en que es una realidad religiosa. ¿Cuáles son estas creencias?, es decir, ¿podemos establecer algunos criterios que permitan distinguir prácticamente al hinduismo? Se pueden utilizar los siguientes: todo hinduista culto cree en un Principio trascendente e inmanente, Brahmán, Ser eterno, inmutable, Realidad suprema, origen y fin de todo, que toma forma en el cosmos como dios creador, conservador y transformador: Brahmá, Visnú y Shiva; un aspecto del Ser tendrá sus propios fieles y devoción, pero nunca perseguirá o anatematizará a un visnuista un hindú shivaísta, y viceversa, porque ambos reconocen la presencia del Ser detrás de su forma devocional; además, a veces un shivaísta seguirá también ritos visnuistas. La posición de supremacía espiritual del brahmán en la sociedad hindú es algo constante del hinduismo; los ritos sagrados y sociológicos de la vida y de la muerte tienen que ser cumplidos por los brahmanes, aunque en la vida corriente se sienta desprecio por ellos. Hay algunas creencias que son verdaderamente las bases y los fundamentos del hinduismo, tales como la idea de la metempsícosis (v.) y la ley del acto, el karma (v.); estos conceptos se encuentran de hecho en todas las formas religiosas de la I., en todas las sectas antiguas y actuales de ese país, así como no comer carne de vaca (v.) y no dañar la vida de los animales, lo que supone el vegetarianismo. De hecho, las religiones de la I. más que una fe son un conjunto de prácticas (V. NIRVANA; YOGA); es más un modo de ser, de vivir, de pensar, para lograr un fin espiritual que es la liberación, la salida de la rueda de la transmigración. La convicción profunda de la lenta y segura evolución del individuo explica el espíritu de síntesis que predomina en la I.; se acepta toda singularidad, cualquier modo de ser por extraño que sea. Existe allí una peculiar tolerancia religiosa y social que da una atmósfera muy particular a la sociedad hindú, pero detrás de la cual existe una cierta unidad de ideas, de conceptos, de fines que forman las características esenciales del espíritu hinduista. V. t.: VEDAS, ESCRITOS DE LOS; BRAHAMANISMO; HINDUISMO; BUDA Y BUDISMO; PARSISMO; JAINISMO; SIKH; BENARÉS; BRAMAPUTRA; GANGES.

Por J. Roger Riviére

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: J. ROGER RIVIÉRE, El pensamiento filosófico de Asia, Madrid 1959; G. T. GARRATT, El legado de la India, Madrid 1945; P. MASSON-OURSEL, P. STERN, H. DE WILLMAN-GRABOWSKA, La India antigua y su civilización, México 1957; S. LEMAITRE, Hinduismo o Santa Dharma, Andorra 1958; L. RENou, El Hinduismo, Buenos Aires 1960; K. W. MORGAN, The Religion of the Hindus, Nueva York 1953; J. GONDA, Les religions de 1’Inde, 3 vol., París 1962-66; S. RADHAKRISHNAN, The Hindu view of Lije, 7 ed. Londres 1948; J. HERBERT, Spiritualité hindoue, París 1945; S. N. DASGUPTA, Hindu Mysticism, 2 ed. Nueva York 1959; C. REGAMEY, Las religiones de la India, en F. KONIG (dir.), Cristo y las religiones de la Tierra, III, Madrid 1961, 67-288 (cfr. 11,617-694).

persa

¿Cuáles son las religiones de Iran?

Pregunta:

¿Cuáles son las religiones de Iran?

Respuesta:

Las principales corrientes y concepciones religiosas desarrolladas en I. son ampliamente tratadas en diversos artículos, a los que se remite. Por tanto, bastará dar aquí una breve visión de conjunto. Los primeros pasos de la religión irania están estrechamente emparentados con los de la India. En ambos casos se da un tronco indoeuropeo común (V. INDIA VI; VEDAS), pero paulatinamente la religión irania se fue apartando de la india, pues el panteísmo persa tenderá a colocar en lugar preeminente el mundo y la vida, mientras que el panteísmo indio tenderá a lo contrario. Se pueden rastrear en el grupo medopersa tres religiones: la del monarca, la del pueblo y la de los magos. De la primera nos ofrecen datos las inscripciones, y sabemos que colocaba a la cabeza del Universo a Ahura-Mazdáh. De la religión del pueblo tenemos noticia a través de Heródoto; adoraba cuatro elementos: la luz, el agua, la tierra y el viento; la luz se dividía en dos órdenes: luz de día (Sol) y luz de noche (Luna). El pueblo solía practicar el sacrificio de animales ante un mago que daba al acto un carácter oficial; los magos, según Heródoto, constituían una tribu que formaba parte de la confederación de los medos; de sus creencias casi no queda otro testimonio que los gatha o himnos presentes en el texto del Avesta. Durante la dinastía Arsácida adquiere importancia el culto de Mitra (v.). Artajerjes II lo hace figurar junto a Anahita en los monumentos; en el siglo I a. C. la religión de Mitra invadirá Europa después de las campañas orientales romanas. Esta religión se formó en Asia Menor (v.) y Mesopotamia (v.) y, por tanto, no es del todo persa, pero adquirió en I. una gran importancia. Los fieles de Mitra establecían santuarios cerca de donde brotaba una fuente; en el ábside del santuario se representaba a Mitra tauróctono (V. TOROS I). Mitra mataba a la bestia por una orden dada por el Sol y transmitida por el cuervo; del cuerpo del toro brotaban todos los vegetales. Al parecer existían siete grados de iniciación; para pasar de un grado al siguiente había que superar ciertas pruebas (v. INICIACIÓN, RITOS DE). Los grados se llamaban: cuervo, cryphius, miles, león, Perso, heliodromus y pater. Los iniciados creían que les estaba reservada una inmortalidad gloriosa; esto, unido al alto valor de su moral, contribuyó a que la difusión del culto de Mitra, especialmente en el mundo militar, fuese muy grande. El principal documento que explica la antigua religión persa en el Zend Avesta (v.) en el que se halla la revelación de Zoroastro (v.) (s. vii a. C.). Éste, partiendo de principios iranios tradicionales, constituye todo un sistema basado en la existencia en el mundo de dos poderes en guerra: el poder del dios de la luz y de la vida y el poder del mal, de la oscuridad y de la muerte (v. DUALISMO). A la cabeza del poder del bien está Mazda u Ormuz, y a la del poder del mal está Ahrimán; el primero creó el espíritu del hombre y el segundo su cuerpo. Todos los demás dioses no malignos están por debajo de Ormuz; tenemos entre ellos y Anahita y a Mitra. Dos herejías del zoroastrismo tuvieron gran importancia en l.: la de Mani o Manes, fundador del maniqueísmo (v.), y la de Mazdek, de gran repercusión políticosocial (V. MAZDENMO). Con los Sasánidas se va introduciendo en I. el cristianismo (v. vIII) y el budismo (v.), aun cuando siempre conservó gran importancia y difusión la doctrina de Zoroastro (V. PARSISMO). Posteriormente se verificará la definitiva irrupción de la religión mahometana (v. vi; ISLAMISMO; SI` A). V.t.: IX; ZOROASTRO Y ZOROASTRISMO; PARSISMO; MAZDEÍSMO; MANIQUEÍSMO; DUALISMO; GNOSTICISMO 11.

Por E. Ripoll Perelló F. Martí Jusmet

Tomado de la gran Enciclopedia Rialp

BIBL.: C. CLEMEN, Fontes hístoriae religionis persicae, Bonn 1920; E. BLOCHET, Études sur I’histoire religieuse de l’Iran, 189899; 1. DUCHESNE-GuILLEMIN, La Religion de l’Iran anclen, París 1962; íD, La religión irania, en VARIOS, Las religiones del Antiguo Oriente, Andorra 1958, 107-151 (con bibl.); A. GHIRELLI, Pueblos árabes y arabizados, II, Madrid 1957; F. KóNIG, La religión de Zarathustra, y H. CH. PUECH, La religión de Mani, en Cristo y las religiones de la Tierra (dir. F. KSNIG), II, Madrid 1960, 567616 y 469-526.

judaismo

¿Qué es el Judaísmo?

Pregunta:

¿Qué es el Judaísmo?

Respuesta:

De las grandes religiones monoteístas existentes en la actualidad, el judaísmo es la que posee más antiguas raíces. De su seno brotó el cristianismo, en tanto que el Islam adoptó diversos elementos judaicos y reconoció como profetas a Abraham y Moisés.

El judaísmo es la religión de los judíos, israelitas o hebreos, y abarca tanto las creencias como las costumbres y el estilo de vida propios de esta comunidad étnica, mantenidos con constancia y flexibilidad a través de las vicisitudes de cuarenta siglos de existencia.

El judaísmo en la historia

Para el pueblo judío la historia no se limita a una sucesión de acontecimientos; es una historia sagrada, que comienza con la elección del pueblo por parte de Dios -Yahvé- y se orienta hacia el cumplimiento final de su promesa de que por mediación de este pueblo Dios bendecirá a todas las naciones. En el curso de esa historia, los sabios judíos incorporaron a los libros sagrados un amplio corpus de textos que constituyen hoy el fundamento de su religión.

Período bíblico. La Biblia hebrea -que a excepción de algunos libros coincide esencialmente con el Antiguo Testamento cristiano- narra los hechos fundamentales de la historia del pueblo judío, desde el momento trascendental de la elección y la alianza con Dios. Los judíos dividen su Biblia en tres partes: la Ley (Torá), los Profetas (Nebiim) y los Hagiógrafos (Ketubim).

Alianza y elección. El padre de los hebreos, Abraham, habitaba en la ciudad de Ur, junto a la desembocadura del Éufrates, en el siglo XX antes de la era cristiana. De allí partió con su padre hacia el norte y recibió la orden de Dios: ‘Deja tu tierra, y tu parentela, y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. Y yo haré de ti una nación grande… y serán benditas en ti todas las naciones de la tierra’ (Génesis 12:1-3).

Tras llegar a la tierra de Canaán, la actual Palestina, Yahvé estableció alianza con Abraham: ‘A tu posteridad daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran Éufrates’ (Génesis 15:18), y como señal de esta alianza le ordenó: ‘Todo varón entre vosotros será circuncidado’ (Génesis 16:10).

Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob forman la línea de referencia del pueblo hebreo fiel a la alianza divina.

Jacob recibió del Señor un nuevo nombre, Israel, y de sus doce hijos surgieron las doce tribus del pueblo judío, los ‘descendientes de Israel’.

Éxodo y asentamiento en Canaán. La segunda etapa decisiva de la historia del pueblo hebreo comenzó con la liberación de la esclavitud de Egipto (siglo XIII a.C.), donde se había establecido a causa de la sequía.

Moisés fue el caudillo que dirigió por orden de Yahvé esta marcha durante cuarenta años a través del desierto hasta volver a conquistar la tierra de Canaán.

Durante la travesía del desierto acuñó Moisés la ley judía, cuyo núcleo fueron las tablas recibidas de Dios en el monte Sinaí, y que abarcaban las creencias, la moral, los ritos y el ordenamiento civil del pueblo. Esta ley, Torá -llamada también ley mosaica o de Moisés-, recogida en el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia), prestaría coherencia y unidad al pueblo judío a través del tiempo y de la geografía. También en tiempos de Moisés, según la tradición, surgió la ley oral, que se transmitió a lo largo de generaciones y fue puesta por escrito muchos siglos después. Una vez establecidos en Canaán, la tierra prometida, los hebreos experimentaron la influencia del paganismo sensual y los ataques de filisteos y moabitas. Surgieron entonces los jueces, caudillos como Sansón, pero se hizo necesaria la reunificación de las doce tribus y se proclamó rey a Saúl (siglo XI a.C.). David, su sucesor, conquistó Jerusalén; la estableció como capital y llevó a ella el Arca, símbolo de la alianza con Dios. Salomón, hijo de David, construyó el primer templo. A su muerte se dividió nuevamente el reino: Israel, al norte, con diez tribus, admitió elementos heréticos en el culto y pronto sucumbió; Judá, centrado en torno a Jerusalén, se mantuvo fiel a las tradiciones.

En esta época de decadencia religiosa, política y económica surgieron los grandes profetas de Israel -Elías, Amós, Isaías- que exhortaron al pueblo a regresar a la fe tradicional. La visión de la historia como instrumento de Dios, que hace caer la desgracia sobre el pueblo judío por incumplir la alianza, fue en parte obra de los profetas.

Exilio y restauración. A comienzos del siglo VI, el rey babilonio Nabucodonosor saqueó Jerusalén y deportó su población a Babilonia. Este nuevo destierro espiritual unió al ‘resto de Israel’ bajo la predicación del profeta Ezequiel y forjó una restauración religiosa que preparó la próxima, ésta de índole política.

La conquista de Babilonia por Ciro, rey de los medos y los persas, permitió a los hebreos la vuelta a la tierra prometida (538 a.C.) y la reconstrucción del templo de Jerusalén (515 a.C.). Gran parte del pueblo, sin embargo, quedó repartido desde Egipto hasta la India, como una prefiguración de la posterior diáspora (dispersión).

Esta restauración religiosa y política es considerada por algunos autores como el verdadero origen de la unidad espiritual del pueblo judío. Su gran artífice fue Esdras, sacerdote de los judíos de Babilonia, que fue enviado por el rey persa Artajerjes II a Jerusalén para controlar la observancia de la ley mosaica, reconocida con carácter civil para los judíos. Esdras hizo renovar la alianza con Yahvé tras una lectura de la ley ante el pueblo durante siete días. Renovó igualmente el culto en el nuevo templo, aunque se continuó la enseñanza en las sinagogas locales, y alentó la esperanza, predicada por los profetas, en un mesías que instauraría el reino de Dios.

Períodos helenístico y romano. La influencia griega se inició con la conquista de Palestina por Alejandro Magno. Posteriormente, el pueblo judío alternó largas fases de dominación extranjera con breves períodos de independencia, hasta que en el año 63 a.C. el romano Pompeyo conquistó Jerusalén. Como grandes enclaves judíos de esta época destacan los de Siria, Babilonia y Alejandría, de Egipto. En esta última ciudad se realizó la traducción al griego del Pentateuco denominada de los setenta o septuaginta por el número de autores que la realizaron.

Durante la dominación romana, Jesús de Nazaret reunió un grupo de discípulos que se desgajaron del judaísmo y constituyeron la iglesia cristiana. Roma sofocó diversas revueltas judías, y en el año 70 de la era cristiana el templo de Jerusalén fue arrasado. Se inició así la diáspora, la dispersión del pueblo judío, que encontró en la religión su único factor de unificación.

Período rabínico. El Talmud. El largo período rabínico, que los historiadores delimitan entre el siglo II y el siglo XVIII, se caracterizó por la elaboración por parte de los rabinos -maestros del judaísmo- del Talmud. La primera época, denominada de los maestros, presentó figuras como la de Yehudá ha-Nasí, de Palestina, que a principios del siglo III fijó por escrito la ley oral en la Mishná, que constituía fundamentalmente su comentario de la Torá. La época siguiente, la de los intérpretes, añadió nuevos comentarios o Guemará, que junto con la Mishná constituyen el Talmud. Hubo, sin embargo, dos versiones del Talmud, según la procedencia de las Guemará: la palestina y la babilónica. Esta última, culminada en el siglo V, logró gran influencia durante la edad media y fue adoptada por el judaísmo actual.

El Talmud constituye fundamentalmente un singular esfuerzo de los rabinos por adaptar los preceptos de la ley a la existencia cotidiana de comunidades enormemente dispersas. Sus enseñanzas y contenido se dividen en la Halaká, esencialmente normativa, y la Haggadá, que incluye narraciones, parábolas, etc., destinadas a iluminar y fortalecer al pueblo.

Sefarditas y ashkenazis. Sobre una común base religiosa, la cultura judía vio durante la edad media el desarrollo de dos grandes ramas en Europa. Los sefarditas (o sefardíes) siguieron la tendencia babilónica y recibieron la influencia de los musulmanes con los que convivieron en España. Los ashkenazis, asentados en Francia y Alemania, adoptaron la línea palestina y mantuvieron estrecho contacto con la cultura cristiana. De los ashkenazis surgieron dos corrientes místicas: la cábala (probablemente de origen hispano), desarrollada en los siglos XII y XIII y relacionada con el esoterismo occidental; y el hasidismo, que se prolongó hasta la época contemporánea y preconizaba la fe piadosa y la inmediatez de la experiencia religiosa.

Período moderno. Las ideas de la Ilustración en el siglo XVIII ejercieron gran influencia sobre el pensamiento de las comunidades hebreas del centro y este de Europa, convertidas en centro del judaísmo. Las esperanzas mesiánicas cedieron paso al deseo de una realización personal y nacional claramente terrenal, ideas que se plasmaron en el movimiento conocido como Haskalá.

La figura más destacada fue Moses Mendelssohn, que logró un puesto en las letras alemanas con su traducción de la Biblia y defendió una religión universal de la razón. Las generaciones siguientes se dividieron entre la reforma y la ortodoxia, al tiempo que se mantenía la influencia del hasidismo.

A fines del siglo XIX, Theodor Herzl, judío húngaro, promovió el sionismo -movimiento en favor de un estado judío- que tras diversos avatares históricos culminó con la proclamación del Estado de Israel en 1948.

Actualmente los principales núcleos judíos se encuentran en Israel, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Pese a la secularización y al liberalismo que predomina en sus instituciones, el pueblo judío sigue apegado a su religión, es decir, a sus tradiciones y al sentido de su historia.

Doctrina y culto

El judaísmo es una religión monoteísta que postula una relación continua entre Dios y el pueblo judío, y por medio de éste con la humanidad. Toda su doctrina y su culto se centran, por tanto, en la iluminación de las vinculaciones de Dios y del hombre, de la vida superior y la vida terrena.

Dogmas. Maimónides, teólogo judeohispano del siglo XII, resumió la fe judaica en trece artículos que se incorporaron a los libros de oraciones y que son los siguientes: (1) Dios es creador y providencia del mundo; (2) Dios es uno y único; (3) Dios es espíritu y no puede ser representado bajo ninguna forma; (4) Dios es eterno; (5) a Dios sólo debemos dirigir nuestros rezos; (6) todas las palabras de los profetas de Israel son verdaderas; (7) Moisés fue el mayor de todos los profetas; (8) la ley, tal como los judíos la poseen, fue dada por Dios a Moisés; (9) ningún hombre tiene derecho a reemplazarla ni a modificarla; (10) Dios conoce todas las acciones y todos los pensamientos de los hombres; (11) Dios recompensa a quienes cumplen sus mandamientos y castiga a quienes los transgreden; (12) Dios enviará al mesías anunciado por los profetas; (13) Dios hará que los muertos vuelvan otra vez a la vida.

Dios y el hombre. Para el judaísmo, la humanidad constituye una gran familia salida toda ella de una sola pareja: Adán y Eva, creados ambos por Dios. Los rabinos comentan que el barro para moldear a Adán lo tomó Dios de diversas partes del mundo, a fin de que el hombre se sintiese en cualquier país como en su hogar.

El hombre es imagen de Dios y está dotado de libertad; si peca puede obtener el perdón divino con el arrepentimiento y la reparación del mal causado. La recompensa o el castigo tienen lugar en esta vida terrena y después de la muerte.

Al final de los tiempos, la humanidad conocerá una feliz era mesiánica, en la que todos los hombres vivirán en concordia. Los mandamientos de Dios se hallan recogidos en el Decálogo (los Diez Mandamientos), transmitido a Moisés, pero los hombres de otras religiones se salvarán si observan los mandamientos dados por Dios a Noé, que incluyen el rechazo de la idolatría y de la inmoralidad.

Otras prescripciones. La ley de Moisés y la ley oral recogen una reglamentación muy detallada acerca de toda la vida religiosa, pública y privada, que abarca desde los acontecimientos más importantes hasta las acciones cotidianas: ayunos, comidas, purificaciones, festivales, culto, ceremonias, objetos sagrados, etc.
Las circunstancias históricas no siempre permitieron su cumplimiento, y en los tiempos modernos la tendencia reformista y liberal del judaísmo prescindió de muchas prescripciones, sin renunciar por ello a la doctrina esencial.

Festividades y culto. Son festivos todos los sábados, el día de Pascua, Pentecostés y los tabernáculos. Son días de penitencia el día anual (Rosh Hashana) y el día de la Expiación o Gran Perdón (Yom Kippur), consagrado a la plegaria y al ayuno. Los días se cuentan desde la tarde hasta el atardecer del día siguiente, conforme a la expresión del Génesis: ‘Y hubo tarde y hubo mañana; día primero.’ En los sábados y festivos está prohibido todo trabajo. Algunos historiadores atribuyen gran importancia al calendario como unificador de las tradiciones y creencias del pueblo hebreo: ‘El calendario judío es el catecismo judío.’ En él, la fecha de la creación del mundo, a partir de la cual se inicia la cronología judaica, corresponde al año 3761 a.C.

La liturgia judía prescribe tres oficios cotidianos para los días laborables; en los sábados, en los festivos y en el comienzo de los meses religiosos se añade un cuarto oficio; y en el día de la Expiación un quinto.

Cada servicio público se concluye pidiendo a Dios que apresure el advenimiento de su reino sobre la tierra y proclamando la esperanza de Israel: ‘En aquel día el Eterno será uno y su nombre será uno.’

Tomado de la Enciclopedia Hispánica


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