diablo

¿El diablo aparece poco en la Biblia?

Pregunta:

Sus respuestas a diferentes preguntas me han aclarado muchas dudas en forma muy completa. Por ello pregunto lo siguiente: A mi modesto entender en el Antiguo Testamento y en la religión Judaica se menciona poco al ángel caído (diablo) y sus huestes de ángeles rebeldes; no encuentro su descripción en el Génesis. En los artículos que he leído de la Torah y sus comentarios tampoco he encontrado referencias claras. En la Biblia para niños que es católica, sale cada sección con su referencia al Antiguo o Nuevo Testamento, sin embargo al exponer este tema no tiene referencia. En la Biblia de Jerusalén tampoco me queda claro el por qué no es mencionado en el Antiguo Testamento. Quisiera que me ilustrara más en qué momento la Iglesia elaboró y en base a qué antecedentes o revelaciones se sabe que lucifer y sus ángeles se rebelaron contra nuestro Señor. Lo saludo atentamente.

 

Respuesta:

Estimado:

Tal vez usted no haya leído detenidamente la Sagrada Escritura, pues tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el demonio o diablo es frecuentemente mencionado. Le envío el siguiente artículo escrito hace ya varias décadas por el eminente biblista Francesco Spadafora que confirma lo que le estoy diciendo.

En hebreo recibe el nombre de has-satán ‘el adversario’ (Job 1,6. 9. 12; 2, 3.4.6. 7; 1 Par 21, 1; Zac 3, 1. 2), término que, sin artículo, indica un enemigo humano (1 Sam 29, 4; 2 Sam 19, 22; etc.). En el griego de los Setenta se lee diabolos, de diabaloo, ‘acusador’ ‘calumniador’ para traducir el hebreo has-satán y también sar y sorer, ‘enemigo’ (en Est 7, 4; 8, 1); hállanse los términos daímon y daimonion, con los cuales los griegos denominaban principalmente a la divinidad que dirige los destinos humanos, el genio tutelar inferior a los dioses, a las almas de los difuntos; pero los Setenta los emplean para nombrar al diablo, traduciendo los nombres hebreos se’îrìm (Lev 17, 7; 16, 8. 10; 2 Par 11, 15; Is 13, 21; 34, 14); sedîm (Dt 32, 17; Sal 106, 37; acadio Sidu); elîlîm (Sal 96, 5), Siyyîm (Is 34, 14).

Como principal responsable de la caída y de la consiguiente privación de los dones espirituales y preternaturales que sufrieron nuestros primeros padres (Gén 3, 1 ss.; cf. Sab 2, 24; Jn 8, 44; Heb 2, 14; Ap 12, 9; 20, 2) concíbese a este enemigo invencible como omnipresente y como espía que acusa a los hombres ante Dios y los tienta para lograr su condenación (Job 1, 6 ss.; 1 Par 21, 1; Zac 3, 1 s.). Al diablo de la lujuria, al que se vence con la mortificación y la oración, llámasele Asmodeo en Tob 3, 8; 6, 8 ss.; 12, 3. 14. Según cierta opinión rabínica seguida por Orígenes (PG 11, 1364) y renovada por los modernos, el Azazel de que se habla en Lev 16, 8, ss. para el día de la expiación, sería un diablo y precisamente el príncipe de los diablos. Pero probablemente Azazel no es más que un nombre del macho cabrio expiatorio, lanzado al desierto.

En el Nuevo Testamento, el diablo o satanás (frecuentemente singular colectivo, por los ángeles rebeldes en general) es el jefe de los ángeles rebeldes que fomentan el mal y la perdición (Ap 9, 11; 12, 7-9). El término en singular (ho diabolos) es empleado 39 veces en este sentido técnico de enemigo de Dios y de sus fieles; en plural es empleado en tres casos como atributivo ‘acusador’ (1 Tim 3, 11; 2 Tim 3, 3; Ju 2, 3). Aparece también 36 veces ó satanás, sin contar las voces afines oi daimones (Mt 8, 31) y tò daimonion (63 veces, 27 en singular y 36 en plural). En Ap 12, 9 y 20, 2 el diablo o satanás es identificado con el dragón. Llámasele también el ‘tentador’ ó peirázon: Mt 4, 3); el ‘maligno’ (ponerós: Act 19, 12; 1 Jn 2, 13); el ‘espíritu inmundo’) tò àkazarton: Mt 12, 43); en Ap 12, 10 se le da el calificativo de ‘acusador de nuestros hermanos (los cristianos) que les acusa ante Dios día y noche’, y en relación con el juicio que nos espera, se le llama también ‘el adversario en el tribunal’ (ho antidikos: 1 Pe 5, 8).

El diablo es un ángel pecador y castigado. La antigua tradición religiosa hebrea relacionada con el pecado de los ángeles está expuesta por San Pedro (2 Pe 2, 4) y por San Judas (1, 6). También alude a ella Jesucristo cuando dice: ‘Él era homicida desde el principio y no perseveró en la verdad, porque la verdad no está en él’ (Jn 8, 44), y San Juan en las palabras: ‘Peca el diablo desde el principio’ (1 Jn 3, 8). En cuanto a determinar la especie de pecado, se da la preferencia al de soberbia, por estar más en consonancia con la naturaleza espiritual del ángel. Habiendo sido confinados en los abismos tenebrosos (2 Pe 2, 4; Jds 1, 6) y castigados con el fuego eterno creado para ellos (Mt 25, 41), estos ángeles caídos, que son muy numerosos (Mc 5, 9; cf. Lc 8, 30), tienen un poder limitado sobre los hombres (1 Pe 5, 8) hasta que se dé la sentencia de condenación en el juicio final (II Pe 2, 4; Jds 1, 6).

Como ‘príncipe de este mundo’ (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11), ‘dios de este siglo’ (2 Cor 4,4) y ‘señor’ (Mt 4, 9; Lc 4, 6) manifiesta su poder entre las tinieblas de la idolatría (Act 26,18; Col 1, 13). La lucha diabólica va principalmente dirigida contra Cristo: después de las primeras tentaciones, de carácter mesiánico, lo acosó hasta la muerte sugiriendo a Judas Iscariote la traición (Jn 13, 2; cf. 6, 71) y tomando entera posesión de su espíritu (Lc 22, 3; Jn 13, 27; cf. Lc 22, 53). La lucha contra la Iglesia de Cristo está delineada en las parábolas del sembrador y de la cizaf’ia (Mt 13, 19. 25. 39; Mc 4, 15; Lc 8, 12).

Después de Cristo son tentados los cristianos (4ct 5, 3) con grande astucia (1 Cor 7, 5; 2 Cor 2, 11; 1 Tes 3, 5; etc.), por el diablo que se transforma en ángel de luz (2 Cor 11, 14), como promotor de falsas doctrinas (1 Tim 4, 1). Son especial objeto del odio diabólico los propagadores del cristianismo (Lc 22, 31; 2 Cor 12, 7; 1 Tes 2, 18). Pero Cristo infligió al diablo la primera y gran derrota cuando hizo realidad la profecía del Génesis (Gén 3, 5; Lc 10, 18; Jn 12, 31; 14, 30, 16, 11; 1 Jn 3, 8), destruyendo con su muerte al dominador de la muerte (Heb 2, 14) y libertando a los que estaban subyugados por el terror de la muerte (Heb 2, 15; Col 2, 14 s.). Pero como la derrota definitiva no tendrá lugar hasta el fin del mundo, la resistencia de los cristianos a sus ataques ha de ser de todos los días (1 Pe 5, 8. 9), con la sobrenatural ‘armadura completa’ (Ef 6, 16; 2 Cor 12, 7 ss.; Rom 16, 20). Y no será raro el buen éxito del diablo: hay fieles seguidores del diablo en tiempo de Cristo (Jn 8, 41. 44); en la edad apostólica son abandonados, en castigo, al poder de Satanás el incestuoso de Corinto y los apóstatas Himeneo y Alejandro (1 Cor 5, 5; 1 Tim 1, 20). Habrá oposición entre ‘los hijos de Dios’ y ‘los hijos del diablo’ (Jn 8, 44-47; 1 Jn 3, 8. 10), los cuales practican ‘obras del diablo’ (Act 13, 10) que se resumen en la impostura y en la seducción (Jn 8, 44; 1 Tim 4, 2; Ap 12, 9; 20, 9) por medio de las cuales se sustituyen la verdad y la justicia por el pecado (Rom 1, 25 ss.; Sant 5,19).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

BIBLIOGRAFÍA.

KAUPEL, Die dämonen im A. T., Augsburg 1930: A. BROCK-UTNE. Der Fend. en Klio, 28 (1935) 219-227; M. 2. GRUENTHANER. The Demology of the O. T., en CatBibO, 6 (1944) 6-27; U. NOACK, Satanas und Soteria. Kopenhagen 1948; F. ZEMÁN, Indoles daemonum tn scriptis prophetarum, en DV 27 (1949) 270-77; 321-35; 28 (1950) 18-28; 89-97- P. VAN IMSCHOT, Théologie de l’Ancien Testament. I, Paris-Tournai 1954, pp. 130-141.

Tomado de: Francesco Spadafora, Diccionario Bíblico, Barcelona 1968, pp. 154-155.

versículos de Mateo 16

¿Son originales los versículos de Mateo 16, 18-19?

Pregunta:

Estimado hermano en Cristo: Hojeando un viejo tratado de religión, leí un acápite que decía que muchas sectas o ‘iglesias’ creen que el versículo 18 y 19 del capítulo 16 del Evangelio de Mateo fue un añadido posterior para justificar el poder del Papa y la Iglesia Católica. ¿Qué tanto de cierto hay en ello? ¿Es parte del manuscrito original, así aparece en la Vulgata? ¿Pudo haber alguna modificación en alguno de los evangelios y justo en este en especial? Paz y Bien

 

Respuesta:

Estimado:

Le transcribo lo que señalan Leal, Del Paramo y Alonso, en su Comentario a este pasaje (cf. La Sagrada Escritura, Texto y Comentario por profesores de la Compañía de Jesús, BAC, 1964, tomo I, pp. 183-184): Algunos afirman que los versículos 17-19 han sido interpolados en el evangelio, a fines del siglo II, o hacia los años 110.120, o en tiempo de Adriano (117-138), en la Iglesia romana. Harnack cree que sólo han sido interpoladas las palabras ‘y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’. El texto original diría: ‘Y las puertas del hades no te vencerán’, por cuyas palabras se prometería a Pedro la inmortalidad. Estas afirmaciones están en contra de todos los códices y versiones antiquísimas, de los autores más antiguos de la cristiandad, que unánimente leen el texto como lo ha leído siempre la Iglesia. Finalmente, el color semítico marcadísimo que tienen estos versículos no pudo tener un origen romano, como afirman estos críticos.

Otros autores no tienen dificultad en admitir que efectivamente estas palabras las escribió San Mateo, pero no las dijo Cristo. Reflejan el concepto que ya la Iglesia primitiva de Jerusalén se formó de San Pedro y de su relación con la Iglesia. Efectivamente, Pedro, como primer vidente de Cristo resucitado (1 Cor 15,5) y como primer predicador de la resurrección (Act 2,14ss), tuvo ya desde un principio en la mente de los primeros cristianos un lugar privilegiado y fue considerado como el jefe de toda la comunidad. Esta concepción la dejó plasmada San Mateo, poniendo en boca de Cristo las palabras dirigidas a San Pedro en esta sección.

Esta teoría, que, como se ve, deja en mal lugar la probidad y fidelidad histórica de San Mateo, se funda en principios apriorísticos y en hipótesis arbitrarias, como es, principalmente, el suponer gratuitamente una evolución de los hechos y palabras de Cristo en el término de unos pocos años, es decir, cuando aún vivían testigos oculares de los acontecimientos. Supone además, falsamente, que el origen y el progreso de la religión y doctrina cristiana estuvo al arbitrio de la fantasía popular, y, finalmente, echa por tierra el verdadero concepto y valor de la tradición apostólica’.

Vea para ampliar: Pedro y el papado: ¿cómo sabemos que Pedro fue el primer papa?

P. Miguel A. Fuentes, IVE

inspiración

Pruebas sobre la inspiración

Pregunta:

El presente mail tiene por objeto solicitarles tengan a bien, enviarme material sobre las pruebas que puede aportar un católico acerca de la inspiración divina de las Sagradas Escrituras. ¿Cómo lo prueba un católico? ¡Muchas gracias! y que Dios los siga bendiciendo. Los saluda fraternalmente en Jesucristo y María Santísima siempre Virgen.

Respuesta:

Las pruebas católicas son las siguientes:

1. Por la persuasión de los judíos, confirmada por Cristo y los Apóstoles.

Los judíos contemporáneos de Jesucristo, creían con firme persuasión que sus Escrituras, es decir, todos los libros, al menos los protocanónicos del Antiguo Testamento estaban inspirados con tal inspiración que Dios era su autor principal.

Ahora bien: Cristo y los Apóstoles nunca reprobaron esta persuasión, sino que la aprobaron de una manera positiva.

Luego Cristo y los Apóstoles tuvieron por inspirados todos los libros del Antiguo Testamento, por lo menos los protocanónicos.

2. Por testimonios bíblicos internos

Hay textos que hablan del valor inspirado de la Escritura: 2 Tim 3, 16 (Toda la Escritura es divinamente inspirada y útil para enseñar , para argüir, para corregir, para instruir en la justicia); 2 Pdr 1,20-21 (Entendiendo en primer lugar que toda profecía de la Escritura no se hace por propia interpretación, pues no se aduce por voluntad humana, sino que los hombres santos de Dios han hablado por inspiración del Espíritu Santo).

3. Por el testimonio de los Padres

Los Santos Padres atestiguan la creencia antigua y universal de la Iglesia en el origen divino de la Biblia mediante una acción especial de Dios llamada inspiración, es decir, tenemos una tradición constante, universal y unánime desde los primeros siglos de la Iglesia en favor de hecho de la inspiración.

Para los Padres, tanto los libros del A.T. como los del Nuevo, son ‘palabras de Dios’ ( Didaché y Orígenes); dichas o dictadas por el mismo Espíritu Santo'(San Justino); ‘Son cartas de Dios a los hombres, tansmitidas por los hagiógrafos’ ( San Agustín y S.J. Crisóstomo). Clemente de Alejandría dice: ‘El Señor en persona habla por Isaías, por Elías, por boca de los profetas’.

«¿Qué es la Escritura, sino una carta de Dios omnipotente a su criatura?» (S. Gregorio Magno).

Cirilo Alejandrino: «Toda la Escritura es un libro, dicho por el único Espíritu Santo».

4. Por los Documentos Eclesiásticos

Tales son los Símbolos, Actos de fe y los Concilios, que proclaman a Dios principal autor del A. y del N.T.

El Concilio de Florencia afirma, expresamente que el autor del . y N.T. es un mismo y único Dios, ya que por inspiración del Espíritu Santo hablaron los santos (profetas y hagiógrafos) de ambos Testamentos , cuyos libros recibe y venera la Iglesia Romana (D. 706).

Los Concilios de Trento y del Vaticano I y II definen que los libros del canon establecido son inspirados y tienen a Dios por autor… (D.783 y 1787). Las Encíclicas bíblicas también nos hablan de Dios como autor principal de la Biblia.

Evidentemente de los argumentos presentados, el argumento fundamental para determinar la inspiración de los libros sagrados es la autoridad de la Iglesia. Los argumentos internos no bastan de por sí. Por tanto, sólo la autoridad de la Iglesia puede determinar de manera infalible cuáles son los libros inspirados. De hecho, los Padres de la Iglesia, en la cuestión referente al canon de los Libros Sagrados acudieron desde un principio a la tradición de los Apóstoles y de la Iglesia. Y así tenemos a San Ireneo que decía que la Escritura había que aprenderla de la Iglesia, pues sólo ella la ha recibido de la tradición transmitidas por los Apóstoles. San Cirilo de Jerusalén: ‘Aprende de la Iglesia cuáles son los libros del A. Testamento y cuáles del Nuevo’. San Agustín dejó dicho: ‘Yo no creería en el Evangelio, si no me moviera la autoridad de la Iglesia Católica’.

De esta manera, el verdadero problema de la apologética es determinar cómo la Iglesia demuestra ser la Iglesia verdaderamente fundada por Jesucristo y dotada de poderes para determinar el canon de los libros inspirados. Esto lo hace mediante el milagro y la profecía. Ese es el tema del tratado apologético sobre la Iglesia.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

¿Existió realmente Jesucristo?

Pregunta:

Hola: Mi nombre es J. L. B., vi su correo en el sitio catholic.net. Soy de México y me inquietó un tema en el que participo en un foro de religión. Existen muchas referencias en cuanto a que Cristo fue una persona mítica. Escritos como el de Bertrand Russell (‘Porqué no soy cristiano’) y muchas de las citas y referencias que se incluyen en algunas ligas parecen ver que, fuera de la Biblia, no hay fuentes históricas que soporten su existencia. Los pasajes de Flavio Josefo son cuestionados, así como otras pocas que generalmente son aceptadas por nosotros los católicos. ¿Qué diría usted al respecto?. Gracias anticipadas.

Respuesta:

El problema de la existencia histórica de Jesús de Nazaret apenas existe, pues la evidencia que ofrece la historia en este punto es análoga a la que nos proporciona en torno a Séneca o al emperador Vespasiano. Por eso hasta los tiempos modernos nadie serio había puesto en duda su existencia histórica. Recién en el siglo XIX el racionalismo al no poder explicar por causas naturales la personalidad de Jesús optó, como solución única para salvar su sistema, por negar su existencia. Sobresalieron en esta posición la escuela Deísta, heredera de Voltaire, para quien Jesús fue cierto judío desconocido que murió en la cruz, y la Escuela simbólica de Tubinga (especialmente Br. Bauer, 1809-1882) para la cual Jesús es fruto de la primera comunidad cristiana que mediante esta figura expresa simbólicamente sus doctrinas.

Al margen de estas posiciones extravagantes, la existencia histórica de Jesús está atestiguada por documentos cristianos, judíos y paganos:

1) Testimonios cristianos

Tenemos testimonios de diversos tipos:

a) Escritos canónicos: nos hablan de Jesús los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas. En todos ellos se ve que la esencia del cristianismo, más que doctrina moral, es adhesión a la persona física de Jesús. Son numerosísimos los elementos de carácter histórico.

b) Escritos extracanónicos: los escritos de los PP. Apostólicos (que estuvieron en contacto con los apóstoles), PP. Apologetas (que defendieron la enseñanza cristiana en el siglo II), PP. de la Iglesia y autores eclesiásticos. En todos estos escritos se manifiesta claramente el carácter de adhesión a la persona histórica de Jesús. ¿Cómo se explica semejante mole de escritos si Jesús no existió?

c) Libros apócrifos: hablan de Jesús diversos evangelios apócrifos (más de cincuenta), hechos apócrifos de los apóstoles (Hechos de Juan, de Pedro, de Tomás , de Andrés, de Pablo y Tecla, de Andrés y Matías, etc.) e instrucciones apostólicas.

2) Testimonios judíos

Entre los que mencionan a Jesús podemos distinguir:

a) La literatura rabínica: el Talmud que comprende dos obras: la Mishná o colección de los comentarios orales sobre la ley hechos por los grandes rabinos de los siglos I-III (especialmente Hillel, Sammai, y R. Aquiba), y la Gemara, que es un comentario de la anterior. En ambas, continuamente se ultraja a Jesús, por lo que no duda de su existencia histórica.

b) Obras Históricas: el gran historiador del pueblo judío es Flavio Josefo (37-102) general de las tropas galileas en la guerra del 67 y luego (como prisionero) acompañante-historiador de Tito. Tiene dos libros principales: ‘de Bello Iudaico’ en cuyo texto griego no hay nada sobre Jesús, pero que en una versión eslava (descubierta en 1906 por el profesor protestante A. Berendts de la Universidad de Dorpat) se leen ocho fragmentos referidos a él. En su segunda obra, ‘Antiquitates iudaeorum’, hay tres importantes textos referidos al evangelio:

-Ant. iud. 18,5,2: relata la muerte de san Juan Bautista.

-Ant. iud. 20,9,1 v.4.6: ‘entretanto subió al pontificado, según dijimos Anás, el más joven, de índole feroz y extremadamente audaz…Dado este su carácter, pensando que había llegado el momento oportuno…., convocó el consejo de jueces y, haciendo presentar a juicio a un pariente del que llamaban Cristo (por nombre Santiago) y algunos otros con él, habiéndolos acusado de reos violadores de la ley, los condenó a ser apedreados’

-Ant. Iud, 18,3,3: ‘Por aquella época apareció Jesús, hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre, fue autor de obras maravillosas, maestro para quienes reciben con gusto la verdad. Atrajo a sí muchos judíos y también muchos gentiles. Este era el Cristo (el Mesías). Habiendo sido denunciado por los primados del pueblo, Pilato lo condenó al suplicio de la cruz; pero los que antes le habían amado le permanecieron fieles en el amor. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de El ésta y otras mil cosas maravillosas. De él tomaron su nombre los cristianos, cuya sociedad perdura hasta el día de hoy’.

Algunos dicen que es una interpolación posterior, pues se guardó en silencio hasta el año 311 en que lo recuerda Eusebio de Cesarea (M.J. Lagrange, Batiffol). Pero muchos otros, incluso A. Harnack (príncipe del racionalismo alemán) lo consideran genuino, ya que aparece en todos los códices, lo cita y aprueba el padre de la historia eclesiástica, Eusebio. No extraña su silencio anterior pues las obras de F. Josefo no eran conocidas entre los cristianos. El estilo concuerda, y es propio de F. Josefo hablar de todos los varones eximios y pretendidos mesías de su tiempo, incluso aplica vaticinios mesiánicos a Vespasiano.

Según otros aquello que hemos puesto en cursiva serían interpolaciones de un copista cristiano. De ser así, al menos el testimonio histórico queda intacto.

3) Testimonios paganos

Estos testimonios son escasos, pues a los romanos no les interesaban las discusiones doctrinales de los judíos. Pero hablan directamente de Jesús:

a) Plinio el Joven en carta a Trajano (62-113)

b) Cornelio Tácito (54-119) escribe en sus Anales el incendio de Roma y al hablar de los cristianos dice ‘Su fundador, llamado Cristo, fue condenado a muerte por el procurador Poncio Pilato, imperando Tiberio’ (Anales 15, 44).

c) Suetonio, en la ‘Vida de Claudio’ (25,4) dice: ‘Expulsó de Roma a los judíos, autores de continuas revueltas bajo la instigación de Cristo’.

Con tales testimonios no queda lugar para ninguna cuestión.

Para una información mucho más detallada acerca de la existencia de Jesucristo presione aquí

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Adán

¿Existió realmente Adán o es una alegoría?

Pregunta:

Padre: ¿Existió realmente Adán o es una alegoría? ¿Cómo debemos interpretar los textos del Génesis?

 

Respuesta:

ETIMOLOGÍA Y USO DE LA PALABRA

Hay divergencia de opinión entre los expertos en semítico cuando intentan explicar el significado de la palabra hebrea Adán (qué con toda probabilidad se usó originalmente como nombre común y no como nombre propio), y ninguna teoría parece satisfactoria hasta ahora. La causa de esta inseguridad en el tema se debe a que la raíz de la palabra Adán, con significado de ‘hombre’ o ‘humanidad’ no es común en todas las lenguas semíticas, aunque por supuesto el nombre es utilizado en las traducciones del Antiguo Testamento. Con la significación original anterior, sólo se da en la lengua fenicia y en la sabea, y probablemente también en la asiria. En Gn 2, 7 el nombre parece estar relacionado con la palabra a-Adánah (‘la tierra’) en su caso el valor del término estaría en que representa al hombre (ratione materiæ) como nacido de la tierra, similar al latín, donde se supone que la palabra homo viene humus. (sucesivamente: de materia racional, hombre y tierra. N. del. T.). Es un hecho reconocido en general que las etimologías propuestas para las narraciones del Libro de Génesis son a menudo divergentes y no siempre correctas filológicamente, y aunque la teoría (fundada en Gn 2, 7) que relaciona Adán con Adánah es defendida por algunos especialistas, hoy esta interpretación está desprestigiada. Otros explican el término con el sentido de ‘ser rojo’, un significado enraizado en varios pasajes del Antiguo Testamento (p.e. Gn 25, 50), como en árabe y en etíope. En esta hipótesis el nombre parece que es utilizado originalmente indistintamente para la raza roja o rojo. En este sentido Gesenius (Thesaurus, s.v., p. 25) comenta que en los monumentos antiguos de Egipto las figuras humanas que representan a los egipcios constantemente están pintadas de rojo, mientras que las que representan otras razas lo están de negros o de algún otro color. Algo análogo a esta explicación se deduce de la expresión asiria çalmât, qaqqadi ‘cabezas negras’ que se usa a menudo para denominar a los hombres en general. (Cf. Delitsch, Assyr. Handwörterbuch, Leipzig, 1896, pág., 25.) Algunos escritores combinan esta explicación con la precedente, y asignan a la palabraAdán la doble significación de ‘tierra roja’ y añaden así a la noción del material que da origen al hombre la nota del color de la tierra de la que fue formado. Una tercera teoría que en la actualidad parece ser la que prevalece (cf. Pinches, El Antiguo Testamento a la Luz de los Archivos Históricos y de las Leyendas de Asiria y Babilonia, 1903, pp. 78, 793), explican la raíz de Adán con el significado de ‘para hacer’, ‘para producir’, conectándolo con el Adanu Asirio, cuyo probable significado es ‘para construir’, ‘para levantar’, de ahí Adán significarían ‘hombre’ en el sentido pasivo, como hecho, construído, creado, o en el sentido activo, como el que labora.

En el Antiguo Testamento la palabra se usa tanto por nombre común, como por nombre propio, y en la primera acepción tiene significados diferentes. Así en Gn 2, 5, se emplea para señalar a un ser humano, hombre o mujer; y con menos frecuencia, como en Gn 2, 22, significa hombre como contrario a mujer y, por último, a veces aparece señalando a la humanidad en su conjunto, como en Gn 2, 26. El uso del término, tanto como nombre común o como nombre propio, es compartido por las fuentes señaladas en círculos críticos como P y J. Así en la primera narrativa de la Creación (P) la palabra se utiliza en referencia a la creación de la humanidad, y ambos sexos, pero en Gn 5, 14, texto de la misma fuente se utiliza como nombre propio. Del mismo modo en el segundo relato de la creación (J) se habla de ‘el hombre’ (a-Adán), pero después (Gn 4, 25) el mismo documento lo utiliza como nombre propio sin el artículo.

ADÁN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Toda la información del Antiguo Testamento acerca de Adán y del comienzo de la especie humana esta contenida en los primeros capítulos del Génesis. Hasta qué punto estos capítulos deben ser considerados estrictamente histórico es tema de fuerte debate, que no está dentro del alcance del presente artículo. Sin embargo llama la atención, el hecho de que la historia de la Creación se cuenta dos veces, en el primer capítulo y en el segundo, y a pesar de que hay un acuerdo sustancial entre los dos relatos, no obstante hay, una divergencia considerable en el escenario de la narración y en los detalles. Es habitual que los escritores renuentes, a reconocer la presencia de fuentes o documentos independientes en el Pentateuco, expliquen el hecho de esta doble narrativa diciendo que el escritor, que ha diferenciado las sucesivas fases de la Creación en el primer capítulo, en el segundo vuelva al mismo tema para agregar algunos detalles, especialmente extensos, respecto al origen de hombre. Sin embargo, muy pocos especialistas hoy en día, incluso católicos, están satisfechos con esta explicación, y entre los críticos de cualquier escuela existe la opinión muy fuerte de reconocer el hecho de estar en presencia de un fenómeno bastante común en los relatos históricos Orientales, la combinación o yuxtaposición de dos o más documentos independientes unidos más estrechamente por el escritor de la historia que entre los semitas es esencialmente un recopilador. (Ver Guidi, L’historiographie chez les Sémites en la Revista Bíblica de, octubre, 1906.) Las razones en las que se basa este punto de vista, así como los argumentos contrarios, puede encontrarse en la obra del Dr. Gigot Introducción Especial de al Estudio del Antiguo Testamento, Pt. I. Baste mencionar que una repetición similar de los principales sucesos narrados es claramente visible a lo largo de todas las partes históricas del Pentateuco, e incluso en los libros más tardíos, como Samuel y Reyes, y que la consecuencia dibujada por este fenómeno esta confirmada no sólo por los diferentes estilos y punto de vista característicos de las narrativas dobles, sino también por las divergencias y antinomias que por lo general exhiben. Sea lo que sea, es pertinente al propósito del presente artículo examinar los rasgos principales de la doble narrativa de la Creación con referencia especial al origen de hombre.

En el primer relato (Gn 1; 2, 4a) Elohim se presenta creando diferentes clases de seres en días sucesivos. Así el reino vegetal se crea el tercer día, y, coloca al sol y luna en el firmamento el cuarto, crea Dios el quinto día los seres vivientes del agua y las aves del cielo que recibe una bendición especial, la orden de crecer y multiplicarse. El sexto día Elohim crea, primero, todas las criaturas vivas y bestias de la tierra; y después, con las palabras del texto sagrado:

Y dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra: y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó: macho y hembra los creó.

Entonces sigue la bendición junto con la orden de aumentar y llenar la tierra, y finalmente se les asigna el reino vegetal por comida. Considerada aislada, esta narrativa de la Creación hace dudar de sí la palabra Adán, ‘hombre’, aquí empleada es entendida por el escritor para designar al individuo o a la especie. Habría algunas indicaciones favorables a la última, p. e. en el contexto, de las creaciones anteriormente escuchadas estas se refieren sin duda a la creación de números inmensos de individuos que pertenecen a las diversas especies, y no a la creación de un individuo o de una pareja. Para el hombre, más adelante, se podría llegar a la misma conclusión de la expresión, ‘macho y hembra los creó’. Sin embargo, en otro pasaje (Gn 5, 15), qué pertenece a la misma fuente del primer relato -donde se repite y es en parte complementada la información de la narrativa anterior – se atreve a dar su interpretación. Este pasaje contiene la referencia básica del documento así mismo llamado sacerdotal de Adán, en él leemos que Dios

Los creó varón y hembra. . . y los llamó ‘Hombre’, en el día de su creación.

Y el escritor continúa:

Tenía Adán ciento treinta años, cuando engendró a un hijo a su semejanza, según su imagen, a quien puso por nombre Set. Fueron los días de Adán, después de engendrar a Set, ochocientos años y engendró hijos e hijas. El total de los días de la vida de Adán fue de novecientos treinta años, y murió.

Aquí evidentemente el Adán o hombre del relato de la Creación se identifican con un individuo particular, y por consiguiente las formas plurales que podrían hacer dudar en otras partes se entenderían con referencia a la primera pareja de seres humanos.

En Gn 2, 4b-25 nos encontramos con lo que al parecer es un nuevo e independiente relato de la Creación, no una ampliación simple de la narrativa ya dada. Sin que parezca presuponer algo previamente relatado De hecho el escritor se remonta al tiempo en que todavía no había ni lluvia, ni planta ni bestia del campo; y, mientras la tierra aún era un erial sin vida, el hombre es formado del polvo por Yahveh que le hace vivir soplando en los orificios de su nariz el aliento de vida. Para conocer si estos textos deben ser interpretados, literalmente o en modo figurado, y si la creación del primer hombre fue directa o indirecta, ver GÉNESIS, CREACIÓN, HOMBRE. Aquí la creación del hombre, en lugar de ocupar el último lugar, ocupa la primera posición en orden ascendente, esta puesta antes de la creación de las plantas y animales, y éstos se relatan como que han sido creados a continuación para satisfacer las necesidades del hombre. Al hombre no se le encomienda dominar la tierra entera, como en el primer relato, pero se le encarga cuidar del Jardín del Edén con permiso para comer su fruta, salvo del árbol del conocimiento del bien y del mal, y la creación de la mujer es narrada como una idea posterior de Yahveh, para ayuda del hombre, al reconocer la incapacidad del hombre de encontrar compañía adecuada en la creación original. En el relato anterior, después de cada paso ‘ Vio Dios que era bueno’, pero aquí Yahveh ve, como así era, que no es bueno para el hombre estar solo, y procede arreglar la deficiencia formando a la mujer Eva de la costilla del hombre mientras duerme profundamente. Según la misma narrativa, viven en una inocencia de niño hasta que Eva es tentada por la serpiente, y los dos comen la fruta prohibida. Entonces se dan cuenta de su pecado, provocan el disgusto de Yahveh, y para que no puedan comer del árbol de vida y así volverse inmortales, son arrojados del jardín del Edén. De aquí en adelante su herencia es el dolor y la fatiga, y el hombre es condenado a la tarea penosa de ganar su sustento de una tierra que por su culpa ha sido hecha estéril. El mismo documento nos da algunos detalles relativos a nuestros primeros padres después de la Caída: el nacimiento de Caín y de Abel el fratricida, y el nacimiento de Set. La otra versión que parece no conocer a Caín o Abel menciona Set como si fuera el primer hijo (Gn. 5, 3), y agrega que durante los ochocientos años que siguen al nacimiento de Set, Adán engendró hijos e hijas.

A pesar de las diferencias y las notables discrepancias de las dos versiones del origen de la humanidad, los relatos están de acuerdo en lo sustancial, y la opinión de la mayoría de expertos se concilian y se explican fácilmente si son consideradas como representantes de dos variantes de las tradiciones hebreas – tradiciones que incluyen los mismos hechos históricos centrales de forma diferente, junto con una presentación más o menos simbólica de ciertas verdades morales y religiosas. Así en ambos relatos el hombre es claramente predilecto, y dependiente de Dios el Creador; todavía entra en contacto directo con Él a través de la acción que le crea, excluyendo de ella a cualquier otro ser intermediario o semidioses tal y como se encuentra en otras mitologías. Este hombre, más que todas las demás criaturas, comparte la perfección que Dios se pone de manifiesto en el primer relato, donde es creado a imagen de Dios y se corresponde en el otro relato porque el hombre es quien recibe la vida del soplo de Yahveh. Por otro lado, el hombre tiene algo en común con los animales, esta implícito por su creación en el mismo día, y en además por el esfuerzo ineficaz, de encontrar un compañero apropiado entre ellos. Él es el dueño y la corona de la creación, como se relata claramente en la primera versión, donde la creación de hombre es la cima de los trabajos de Dios, y donde su supremacía se declara explícitamente, y que con la misma claridad esta implícito en la segunda narración. Aunque su importancia esta destacada porque la creación del hombre es puesta antes de la de los animales y plantas, la creación posterior de animales y plantas estaría simplemente para su utilidad y provecho. La mujer aparece como secundaria y subordinada al hombre, aunque idéntica a él en naturaleza, y la creación de una sola mujer para un solo hombre implica la doctrina de la monogamia. Además, el hombre es creado inocente y bueno; el pecado vino a él de fuera, y fue seguido de un severo castigo que no sólo afecta a la pareja culpable, sino a sus descendientes y también a otros seres. (Cf. Bennett en Hastings, Dic. de la Biblia, s.v.) Por consiguiente, las dos narraciones son prácticamente una con respecto a su propósito didáctico e ilustrativo, y es indudable que esta característica la debemos considerar de principal importancia. Es muy necesario remarcar de paso la altura de las verdades doctrinales y éticas de la narración bíblica que está muy por encima de las extravagantes historias de Creación narradas entre los pueblos paganos de la antigüedad, aunque algunos, particularmente el babilonio, tienen un parecido más o menos llamativo en la forma. A la luz de su excelencia doctrinal y moral, el problema del carácter histórico estricto de la narrativa, tanto en lo relativo a la estructura y sus detalles, se vuelve menos importante, sobre todo cuando nosotros recordamos que en historia como lo entienden otros expertos bíblicos, así como expertos en escritos semíticos, la presentación y orden de los hechos, de modo habitual, -incluso su principal papel- se hace subordinándolos a las exigencias de la preocupación didáctica.

Con relación a las fuentes extra bíblicas que arrojan luz a la narrativa del Antiguo Testamento, es bien sabido que el relato hebreo de la Creación encuentra un paralelo en la tradición babilónica como lo revelan las escrituras cuneiformes. Está más allá del alcance del artículo presente discutir las relaciones de dependencia histórica admitidas que puedan existir entre las dos cosmogonías. Baste decir que en la ‘Creación Épica’, con respecto al origen de hombre, el fragmento que se supone lo debiera contener no se ha encontrado. Sin embargo hay buenas razones de eruditos independientes para asumir que originalmente perteneció a la tradición incluida en el poema, y que debió ocupar el último lugar, después del relato de la creación de las plantas y los animales, como en el primer capítulo de Génesis. Entre las razones para esta hipótesis están:

  • Las advertencias divinas se dirigen a los hombres después de su creación, hacia el final del poema;

  • El relato de Berosus que menciona la creación de hombre por uno de los dioses que mezcló con arcilla la sangre que fluyó de la cabeza cortada de Tiamat;

  • Un relato traducido por Pinches, no semítico (o presemítico), de un texto bilingüe, en el que se dice que Marduk ha hecho la humanidad, con la cooperación de la diosa Aruru.

(Cf. Enciclopedia Bíblica, art. ‘Creación’, también Davis, Génesis y Tradición Semítica, pp. 36-47.) En cuanto a la creación de Eva, nada paralelo se ha descubierto hasta ahora entre los archivos fragmentarios de la historia de creación babilónica. El relato, como aparece en el Génesis, no debe ser tomado literalmente como descriptivo de un hecho histórico de acuerdo con la opinión de Origen, de Cajetan, y tambien es defendida ahora por expertos como Hoberg (Die Genesis, Freiburg, 1899, pág., 36) y von Hummelauer (Comm. in Genesim, pp. 149 ss.). Éstos y otros escritores ven en esta narrativa el relato de una visión simbólica del futuro, análoga al sueño de Abraham (Gn 15, 12), y al de San Pedro en Joppe (Hch 10, 10 ss.). (Ver Gigot, Introducción Especial al Estudio del Antiguo Testamento, pt. I, pág., 165, ss.)

Más adelante, en los libros del Antiguo Testamentos son muy pocas las referencias a Adán como individuo, y no agregan nada a la información contenida en el Génesis. Así su nombre, sin comentarios, aparece en la cabeza de las genealogías del libro I de las Crónicas; se menciona igualmente en Tobías 7, 8; Oseas 6, 7; etc., La palabra hebreaAdán aparece en otros pasajes, pero en el sentido de hombre o humanidad. La mención de Adán en Zacarias 13, 5, según la versión de Douay y la Vulgata, se debe a un error de traducción del original.

ADÁN EN EL NUEVO TESTAMENTO

Las referencias a Adán en el Nuevo del Testamento como un personaje histórico sólo ocurren en un pasaje. En el tercer capítulo del Evangelio de Lucas la genealogía del Salvador se remonta a ‘Adán que era por Dios’. Esta prolongación del linaje terrenal de Jesús más allá de Abraham define el enfoque del Evangelio de San Mateo y se debe sin duda a un espíritu más universalista y a la predilección característica de nuestro tercer evangelista que escribe para la instrucción de los catecúmenos gentiles de la Cristiandad y no tanto desde el punto de vista de la profecía y la esperanza judía. Otra mención del padre histórico de la especie se encuentra en la Epístola de Judas (versículo 14), donde se hace una cita del Libro apócrifo de Henoc, el patriarca antediluviano, donde se cita, ‘Henoc, el séptimo después de Adán’. Pero las referencias más importantes de Adán se encuentran en las Epístolas de San Pablo. Así en 1 Tm 2, 11-14, el Apóstol, después de establecer ciertas reglas prácticas referentes a la conducta de las mujeres, particularmente relativas al adorno, e inculcando el deber de subordinación al otro sexo, hace descansar la fuerza de sus argumentos más en los mode de pensar del momento que en su valor intrínseco como lo valoraría hoy la mentalidad moderna. Dice:

Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar. Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que seducida, incurrió en la transgresión.

Una línea similar de argumento se sigue en 1 Cr 11, 8-9. Más importante es la doctrina teológica formulada por San Pablo en la Epístola a los Romanos, 5, 12-20, y en 1 Cr 15, 22-45. En el último pasaje Jesucristo es llamado por analogía y contrasta el nuevo y ‘último Adán.’ Esto debe ser entendido en el sentido que como el Adán original era la cabeza de toda la humanidad, el padre de todos según la carne, también Jesucristo es constituido principio y cabeza de la familia espiritual para el elegido, y potencialmente de toda la humanidad, ya que todos están invitados a compartir su salvación. Así el primer Adán es imagen del segundo, pero mientras el anterior transmite a su descendencia un legado de muerte, el último, al contrario, se vuelve el principio vivificante de la restauración. Cristo es el ‘último Adán’ ‘Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres, por el que nosotros debamos salvarnos’ (Hch 4, 12); ningún otro jefe o padre de la especie deben ser esperados. El primero y el segundo Adán ocupan la posición de cabeza con respecto a la humanidad, pero considerando que por la desobediencia del primero quedó viciada, el y toda la estirpe, dejando a su posteridad una herencia de muerte, pecado, y miseria, el otro a través de su obediencia gana para todos aquéllos que se hacen discípulos suyos una nueva vida de santidad y el premio eterno. Puede decirse que el contraste así formulado expresa el principio fundamental de la religión cristiana y encierra el núcleo de la propia doctrina de la economía de salvación. Es principalmente en éstos y otros pasajes de similar importancia (p.e. Mt 18, 11) donde se basa la doctrina fundamental, nuestros primeros padres fueron creados por el Creador en un estado original de inocencia, la restauración de ésta era el objeto de la Encarnación. Apenas es necesario decir que el hecho de esta restauración no se deduce claramente del relato aislado del Antiguo Testamento.

ADÁN EN LA TRADICIÓN JUDÍA Y CRISTIANA

Es un hecho muy conocido que a las demasiado escuetas narraciones bíblicas se han agregado detalles, en parte por un deseo de satisfacer la curiosidad piadosa, y en parte por enfatizar la enseñanza ética, lo añadidos posteriores judíos, en los primeros tiempos del cristianismo y de la tradición mahometana recogen una cosecha exuberante de erudición legendaria alrededor de los nombres de todos los personajes importantes del Antiguo Testamento. Era por consiguiente natural que la historia de Adán y Eva debiera recibir una atención especial y en consecuencia desarrollarse con este proceso de embellecimiento. Estos añadidos algunos de ellos extravagantes y pueriles son principalmente imaginarios, y en el mejor caso se basan en una interpretación novelada de algún pequeño detalle de la narrativa sagrada. Es innecesario decir que estos relatos no incluyen información histórica real, y su utilidad principal es aportar un ejemplo de la creencia popular piadosa de entonces así como añadir algo de valor a las citadas tradiciones judías cuando se invocan como argumento en un análisis crítico. Hay muchas leyendas rabínicas que hablan de nuestros primeros padres en el Talmud, y muchas están recogidas en el Libro apócrifo de Adán, hoy perdido, pero de la que algunos extractos han llegado a nosotros en otras obras de carácter similar (ver el HOMBRE). La más importante de estas leyendas que no esta dentro del alcance del artículo presente, puede encontrarse en la Enciclopedia judía, I, art. ‘Adán’, y en lo relativo a leyendas cristianas, en Smith y Wace, el Diccionario de Biografía Cristiana.


Para las referencias del Nuevo Testamento, vea comentarios PALIS en VIG., Dict. de la Biblia, s.v.; BENNETT y ADENEY en HAST., Dict.la Biblia, s.v.; Para el Antiguo Testamento, GIGOT, Introducción Especial al Estudio del Antiguo Testamento, I, 4; VON HUMMELAUER, Comm. al Génesis.

JAMES F. DRISCOLL
Traducido por Félix Carbo Alonso

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