¿Podría usted decirme cómo está la situación respecto al tema de la Fecundación in Vitro?

Pregunta:

Querido Padre Miguel Angel Fuentes:

Con mi futuro esposo, asistimos a una de las charlas que en nuestra diócesis se exige a toda pareja que se quiera casar por Iglesia. Son obligatorias.

Si bien no estábamos totalmente contentos con el contenido que habían tenido las anteriores charlas, la que hemos escuchado en el día de ayer nos dejó totalmente perplejos, pues el sacerdote, hablando de la fecundación artificial, afirmó que si los embriones se cuidan y los médicos tienen cierta ética, la Iglesia permite la fecundación fuera del vientre de la madre . Yo intervine diciéndole que la Iglesia no estaba de acuerdo con la fecundación in vitro porque va contra la ley natural. Obviamente me cortó e insistió que si se hacía con cuidado la Iglesia lo permitía porque ha ido evolucionando su posición frente al avance científico.

Tanto yo como mi futuro esposo somos profesionales, y por ese motivo pudimos darnos cuenta de que hay algo extraño en estas afirmaciones, pero no sé qué pensarán los demás asistentes.

¿Podría usted decirme cómo está la situación respecto de este tema? Un sacerdote amigo a quien consultamos me dio a leer la ‘Donum Vitae’; quisiéramos saber si existe alguno más reciente, ya que el argumento del sacerdote que dio la charla se funda en que la Iglesia ha ido evolucionando con el tiempo.
Desde ya muchísimas gracias.

Respuesta:

Estimada:

Lo que ha afirmado ese sacerdote sobre la fecundación ‘in vitro’ o ‘extra corporal’ no tiene ningún fundamento magisterial (si es que él se ha referido a este procedimiento que no hay que confundir con las técnicas de ‘ayuda a la procreación’: vea la nota que pongo al final ). Más bien contradice explícitamente el magisterio de la Iglesia. La Instrucción ‘Donum vitae’ (de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe), que usted ya posee según me dice, es clarísima al respecto y no necesita de nuevos documentos porque su dictamen es definitivo al respecto. Por eso dicha Instrucción no se limita a analizar técnicas del pasado o contemporáneas a ella, sino lo que se denomina en ética un ‘caso simple’ (del inglés ‘simple case’). Textualmente dice lo siguiente: ‘Por las mismas razones, el así llamado ‘caso simple’, esto es, un procedimiento de FIVET homóloga libre de toda relación con la praxis abortiva de la destrucción de embriones y con la masturbación, sigue siendo una técnica moralmente ilícita, porque priva a la procreación humana de la dignidad que le es propia y connatural’ . El ‘simple case’ es el caso ideal, que de hecho no ha sido logrado todavía científicamente, en el cual se reunirían todas las condiciones ‘óptimas’: sólo se usan gametos de los esposos legítimamente casados, no se recurre a la masturbación, sólo se usa un óvulo para evitar fertilizaciones múltiples, se descarta cualquier práctica abortiva incluso en el caso de que se detecten malformaciones en el bebé, no se recurre al congelamiento del embrión, etc. Este caso (al que la técnica no ha llegado ni tal vez llegue en un futuro más o menos próximo), sigue siendo ‘moralmente ilícito’ porque persiste el problema moral esencial: la disociación de la dimensión unitiva (acto conyugal normal) y la procreativa y la degradación de la dignidad del concepturo sobre el que se aplica un acto propio de la técnica (el ‘fabricar’; actos con los que tratamos las cosas materiales) y no de la moral (el ‘obrar’: únicos actos con que se trata dignamente una persona humana).

La misma doctrina puede leerse en el Catecismo de la Iglesia Católica n. 2377: ‘Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables ‘.

Una afirmación del mismo tenor, pero menos explicada está en la Encíclica Veritatis splendor 47.

Si ese sacerdote tiene a su favor algún documento autoritativo de la Iglesia que diga lo contrario a estos textos, yo tendría suma curiosidad en conocerlo.

En Cristo y María

P. Miguel Ángel Fuentes, IVE

Nota: evidentemente mi juicio se refiere a la fecundación in vitro, según dice usted en su mail. Parto de la base de que usted ha entendido bien al sacerdote y de que él no ha confundido los términos con la llamada ‘ayuda a la procreación’, mal llamada (o ambiguamente llamada) ‘inseminación artificial impropiamente dicha’ (de la que ya habla como lícita en algunos casos, Pío XII y la misma Instrucción Donum vitae). Vea sobre esto en mi artículo y el excelente artículo de Mons. Caffarra

fecundación artificial

La fecundación artificial, ¿deja consecuencias psicológicas en los esposos?

Pregunta:

Estoy felizmente casada, pero lamentablemente no hemos podido tener hijos. Algunos médicos nos han hablando de recurrir a la fecundación artificial, y estamos indecisos ante la situación. En estos momentos estamos estudiando el tema con mi esposo y por eso recurro a usted para consultar puntualmente una cosa: ¿es posible que el recurso a la fecundación artificial puede tener alguna consecuencia en el orden psicológico (de hecho una psicóloga nos advirtió de esto, pero no fue muy explícita)?

Respuesta:

Estimada:

Sobre este tema el Doctor Gianfrancesco Zuanazzi ha hecho un importante estudio que le recomiendo leer (1). Este médico psiquiatra analiza los problemas psicológicos de cada una de las técnicas y de cada una de las personas implicadas (me refiero aquí a las técnicas que caen de modo pleno bajo el concepto de “fecundación artificial” y no a los métodos que se limitan a ayudar a la fecundación de los esposos(2)). El trabajo, si bien se maneja en gran parte –como señala el mismo Zuanazzi– en el campo de las hipótesis, es muy valioso. Sólo resalto algunas observaciones:

1º Se mezclan también otros motivos: el hijo que se busca de modos extraños a la fecundación natural significa muchas veces, para la mujer, la búsqueda de la coronación de la propia feminidad, la satisfacción de ambiciones egocéntricas o el intento de colmar un vacío. El hijo, de este modo, es un objeto: un objeto que viene a reparar un luto, una dificultad conyugal o una ambición frustrada. En este sentido, la fecundación artificial responde las más de las veces a la confusión entre “ser padres” y “tener un hijo”, identificándose con la segunda, la cual conlleva una mentalidad posesiva: el hijo se convierte en “un objeto de posesión”, como indica E. Fromm, y no ya un inmerecido don de Dios.

2º En la inseminación artificial, la disociación entre sexualidad unitiva y procreativa coloca la psicología de la paternidad en el plano de la “producción” o “fabricación” de un hijo, desplazando el auténtico plano de la “aceptación” del hijo como “don” y “misterio”. En este ámbito de la fecundación como “fabricación” los roles de los cónyuges cambian:

a) el hombre, cuando es fecundo, pasa a ser considerado como “el macho reproductor” del cual se solicita el semen para “hacer fabricar” a la “partner” un niño por medio de otra persona (el médico); se señalan reacciones neuróticas y depresivas en algunos hombres que, ya dudosos de su propia virilidad, se ven obligados a masturbarse dos veces al mes por un tiempo más o menos largo en condiciones no muy confortables; en cuanto a la obtención del semen con técnicas postcoitales coloca a menudo a la pareja en una situación vergonzosa;

b) la mujer pasa a no ser otra cosa que un vientre ordenado a la producción de óvulos y su máximo empeño consiste en vigilar su propio ciclo menstrual en la espera de eventuales signos de embarazo;

Todo esto implica una despersonalización de la sexualidad.

3º Otra consecuencia psicológica (de la que no se habla mucho) viene por el lado de los fracasos. Estas técnicas tienen un alto índice de fracasos. Cuando esto adviene tiene lugar, en la pareja, una gran desilusión, tristeza, sentimiento de pérdida y de luto (sin el sostén por parte del ambiente como ocurre en un luto real). Algunas personas insisten de modo casi maníaco con la fecundación in vitro y posterior implantación embrional, corriendo el riesgo de comprometer el equilibrio psíquico y dañar su salud física.

4º Más importantes son las consecuencias en la fecundación artificial heteróloga (es decir, cuando se usa algún gameto de una persona que no es ninguno de los dos cónyuges, ya sea óvulos donados o esperma donado), pues a la disociación entre sexualidad y reproducción se añade la disociación entre reproducción y filiación: el hijo que se produce no es de uno. Se dan aquí fantasmas y miedos numerosos: miedo a cómo será el hijo, a futuros males o taras heredados del padre/madre desconocido. En la mente de la mujer el donador es muchas veces magnificado, imaginándolo superior al propio marido, estéril. Aparecen también los fantasmas del adulterio; miedos a que el marido termine rechazando al hijo que no es suyo. Miedos en el marido que se siente inferior a la mujer e inferior al padre biológico de su hijo. A veces hay rechazo al ejercicio de la sexualidad después de obtener un hijo por estos medios.

5º Graves son también las consecuencias psicológicas en el caso del útero alquilado (es decir, cuando se recurre a una mujer que por dinero o por otras razones “alquila” su útero para llevar adelante la gestación, sea porque la madre verdadera no quiere llevar el trabajo del embarazo o porque no puede físicamente): durante todo el tiempo del embarazo se establecen lazos importantes entre el niño y su gestante, a la que reconoce como madre en la voz, en el modo de ser, en sus gestos; el nacimiento y la entrega a la madre “auténtica” implica para la creatura un “desarraigo” de quien lo ha gestado. Debe empezar a conocer nuevamente a quien lo llevará como madre; desconoce su voz, sus gestos, su psicología… Algo equivalente ocurre en la misma madre sustituta.

6º Notables reacciones psicológicas recaen en el mismo niño concebido por fecundación artificial por medio de donador/a a quien muchas leyes imponen el derecho de conocer su origen “adoptivo”, lo que se limita, en general a conocer el “modo” en que fue concebido, pero no la identidad de su padre o madre donadores anónimos.

Estos son algunos de los problemas analizados más profundamente y en detalle por Zuanazzi; creo que son suficientes para que las cuestiones psicológicas también influyan en el juicio moralmente negativo de la fecundación artificial.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

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(1) Cf. Gianfrancesco Zuanazzi, Relazioni personali e procreazione artificiale, Anthropotes 1[1998], 81-96.

(2) Se considera simplemente una “ayuda” y no una “sustitución” del acto conyugal cuando se realiza lo que se denomina “inseminación artificial impropiamente dicha”. Dice la Instrucción Donum vitae: “La inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural” (Instrucción Donum vitae, II,6). Y más adelante expresa la razón de este juicio: “La conciencia moral ‘no prohíbe necesariamente el uso de algunos medios artificiales destinados exclusivamente sea a facilitar el acto natural, sea a procurar que el acto natural realizado de modo normal alcance el propio fin’ (Pío XII). Si el medio técnico facilita el acto conyugal o le ayuda a alcanzar sus objetivos naturales puede ser moralmente aceptado. Cuando, por el contrario, la intervención técnica sustituya al acto conyugal, será moralmente ilícita” (ibid). Sobre este tema puede consultar más ampliamente el artículo que ya he publicado en: Miguel Ángel Fuentes, El Teólogo Responde, vol. 1 (caso 16), ed. del Verbo Encarnado, San Rafael 2001, pp. 63-68.

¿Cuál es la posición de la Iglesia sobre el aborto legal en caso de sida?

Pregunta:

¿Cuál es la posición de la Iglesia sobre el aborto legal en caso de SIDA?

 

Respuesta:

Estimado:

            El aborto, sean cuales sean las circunstancias en que se encuentra el feto y las condiciones de salud de éste es siempre un homicidio cualificado.

            En la Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II, puede usted leer (nº 58): ‘El aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento. La gravedad moral del aborto procurado se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican.

            1º Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: ¡jamás podrá ser considerado un agresor, y menos aún un agresor injusto!

            2º Es débil, inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido.

            3º Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno. Sin embargo, a veces, es precisamente ella, la madre, quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura.

            Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. A veces se temen para el que ha de nacer tales condiciones de existencia que hacen pensar que para él lo mejor sería no nacer. Sin embargo, estas y otras razones semejantes, aun siendo graves y dramáticas, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente’.

            Esta última frase sobre las posibles malas condiciones de salud condiciones del nascituro responden a su pregunta.

            En cuanto a la legislación que aprueba el aborto en algunos casos (por ejemplo, en caso de niño sidasico o de padres sidasicos), le recuerdo cuanto dice la Declaración sobre el aborto procurado, de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, nº 22: ‘Debe quedar bien claro que un cristiano no puede jamás conformarse a una ley inmoral en sí misma; tal es el caso de la ley que admitiera en principio la licitud del aborto. Un cristiano no puede ni participar a una campaña de opinión a favor de semejante ley, ni darle su voto, ni colaborar en su aplicación’. Por eso ha dicho Juan Pablo II: ‘una norma que viola el derecho natural a la vida de un inocente es injusta y, como tal, no puede tener valor de ley’ (Evangelium vitae, 90).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

hipertiroidismo

¿Es lícito esterilizarse cuando una mujer está enferma de hipertiroidismo?

Pregunta:

Tengo una duda. Tengo hipertiroidismo, que significa que la tiroides está funcionando mucho más rápido de lo que debe ser. Estoy controlada con un medicamento que se llama Popylthiuracyl y podríamos decir que la mayor parte del tiempo me siento bien, con fuerzas y todo para trabajar y cuidar a mi hijo. El tomar esta pastilla no me cura, sólo me ayuda a la tiroides, y siento que cada vez se deteriora más mi salud. La manera de que se reduzca el hipertiroidismo es tomando una pastilla de Yodo Radiactivo, que me va a eliminar una parte de la tiroides. Las radiaciones, como se sabe, mutan los genes. Yo tuve mi primer bebe con el Popylthiuracyl y no tuve ningún problema, pero no es recomendable que tome toda la vida este medicamento. Lo ideal es que tome Yodo Radiactivo. Este tiene 20 años de estar siendo tomado por personas y no ha habido ningún resultado negativo. Sin embargo, la muestra no es suficientemente grande para sacar conclusiones reales. Una persona que estudia Física Nuclear me dijo que las mutaciones salen en muchas más generaciones de dos o tres. La radiactividad muta genes y yo no quiero tener hijos que en un futuro tengan hijos anormales o con problemas. Yo quisiera tener otro hijo y que mi salud esté mejor, no deteriorándose para poderlos cuidar bien. ¿Está correcto que se me liguen las trompas?

Respuesta:

Comprendo adecuadamente su preocupación. Sobre este problema puede decirle lo siguiente:

  1) No puedo expedirme, pues no es mi competencia, sobre la validez o no de los diversos tratamientos que se le presentan como alternativa. En cuanto a la posibilidad de que se verifiquen mutaciones genéticas, son un riesgo que se sigue del tratamiento pero no una seguridad que vayan a suceder. Por tanto, es lícito que un matrimonio quiera y decida tener más hijos aun cuando exista alguna probabilidad de que éstos salgan con problemas. Un hijo, incluso con malformaciones, siguen siendo una bendición. Toda vida es un regalo.

  2) Si bien el riesgo más o menos cierto de tener descendencia con malformaciones genéticas es una de las causas por las que un matrimonio puede decidir no tener hijos por un tiempo (por ejemplo, por el tiempo que dura el riesgo) o para el resto de la vida (si el riesgo es permanente), de todos modos, no se sigue de aquí que sea lícito recurrir a la ligadura de trompas:

  a) Porque la ligadura de trompas es una mutilación que afecta a un órgano sano (no se trata de un problema de las trompas), y por tanto no se le aplica en este caso el principio de totalidad. Una ligadura de trompas para evitar un embarazo de este tipo es como si una persona enferma del corazón decidiera cortarse los pies para evitar hacer deporte que es peligroso para su vida.

  b) Porque no es el único medio para evitar un embarazo sino que hay otro medio el cual es lícito y es la regulación natural de la fertilidad (los métodos naturales, como por ejemplo el método de la ovulación o método Billings).

P. Miguel A. Fuentes, IVE

genoma

¿Cuál es la posición de la Iglesia sobre el ‘Proyecto Genoma Humano’?

Pregunta:

Estimado: Lo saluda M. M., redactora de la revista C., una publicación orientada a la formación de los padres de familia. Les escribo porque en esta oportunidad estamos realizando un informe sobre el Proyecto del Genoma Humano y nos gustaría contar con la versión oficial de la Iglesia respecto a estas investigaciones y sus implicancias futuras. En espera de su pronta respuesta, Atentamente.

 

Respuesta:

Estimada:

  El Proyecto Genoma Humano comenzó sus estudios en 1990 y participaron más de 15 países de distintos continentes y consiste en intentar descifrar el código genético del ser humano que se encuentra inscrito en el ADN, de tal manera que sea posible establecer una suerte de ‘mapa perfecto’ para saber con exactitud qué cromosomas específicamente influyen sobre qué características humanas o predisposiciones de salud. De esta forma, podría identificarse, por ejemplo, qué personas sufrirán del corazón o generarán una diabetes, lo mismo que podría prevenirse el cáncer, o incluso determinarse algunas características humanas, como el color del cabello y de los ojos, el tamaño, etc.

  El genoma es el conjunto del material genético característico de nuestro especie, situado en el interior de las células. Su decodificación permitirá llenar importantes lagunas en la elaboración de terapias para las principales enfermedades que nos aquejan.

  Aquí está precisamente el gran interés económico de los investigadores privados. Las compañías pretenden patentar los datos genéticos de potencial terapéutico, de modo que los científicos y laboratorios interesados en estudiarlos deban pagar por ello.

  Sobre los últimos descubrimientos ha dicho el genetista Angelo Serra: ‘En la práctica tenemos el borrador del 90% del genoma humano. Sabremos por lo tanto cómo se siguen, una tras otra, los tres mil millones de letras (A, T, C, G) que constituyen el alfabeto del código de la información genética. Se ha tratado de ‘secuenciar’ una mole de datos comparable a una biblioteca de tres mil volúmenes, de miles de páginas cada uno, y con miles de letras por página. Ahora están concentradas muchas energías en la segunda parte de programa: cartografiar los cerca de 150.000 genes, esto es, localizarlos en los cromosomas donde están alineados. Pero era absolutamente necesario comprobar antes cómo están dispuestas las letras, para después investigar dónde se colocan los mensajes específicos que constituyen los genes, y cuál es su estructura. El mapa requerirá tiempo: en julio de 1999 solo se conocía la posición exacta de 8.000 genes’ (Angelo Serra, ZENIT, 3 mayo de 2000).

  ‘La ingeniería genética es una demostración evidente de las capacidades de la inteligencia de las que Dios ha querido hacer partícipe al hombre. La Iglesia católica nunca ha demonizado la investigación que apunta a descubrir y emplear los genes (o sea las informaciones codificadas que gobiernan todo el desarrollo y el funcionamiento del organismo) por fines buenos, como el de vencer las enfermedades. El ‘sí’ a la ingeniería genética tiene sin embargo una condición precisa: la ciencia y la tecnología, una vez descubiertos los secretos de la naturaleza, deben usarlos para el bien del hombre. El pensamiento católico no minusvalora ninguna de las ventajas y de los riesgos que la ingeniería genética comporta’ (Angelo Serra, ZENIT, 3 mayo de 2000).

  Según monseñor Sgreccia, vicepresidente de la Academia Pontificia para la Vida, y director del Instituto de Bioética la Universidad del Sagrado Corazón de Roma, el anuncio del gran avance que se ha dado en la codificación del mapa genético humano constituye un paso comparable ‘al descubrimiento de un continente o al de los vuelos espaciales. Ahora hay que desear que el primer objetivo de la utilización de estos descubrimientos sea el la prevención de las causas que determinan las enfermedades hereditarias, y después, garantizar un mejor conocimiento de los mecanismos que determinan la formación de tumores. Obviamente también se da el riesgo -y por tanto es necesario hacer un llamamiento a la responsabilidad- de que las conquistas realizadas sean utilizadas para promover el eugenismo, es decir, para determinar la selección de individuos sanos y enfermos, o para establecer una especie de valor de la existencia humana en virtud de las características genéticas’.

  Se trataría de una especie de dictadura sumamente peligrosa que, además contaría con toda la información de nuestra constitución genética. ‘Saber es poder y, por tanto, conocer nuestras características quiere decir, en cierto sentido, apoderarse de cada uno de nosotros -confirma monseñor Sgreccia-. Hay que desear que, además de la Declaración universal sobre el genoma humano de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), se promulguen leyes que establezcan las fronteras dentro de las cuales debe utilizarse un descubrimiento de este tipo’.

  Tras el anuncio del avance en la codificación del genoma, alguien ha dicho que ya no queda nada más por decir sobre el hombre y sobre su presencia en el mundo. ‘Todo lo contrario -responde Sgreccia-. La ciencia biológica describe, no explica la última causa del origen de la vida, del origen de la realidad y sobre todo de esta maravillosa estructura, que sólo puede ser el fruto de una causalidad inteligente. Así como en el salmo decimos: ‘Los cielos narran la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos’, también en este caso, y con más razón, podemos ver la grandeza de Dios en el orden y la belleza de esta estructura que desciframos en nuestras células. Se trata de explicar qué es la persona y si la materia puede explicar la inteligencia y el espíritu o, si por el contrario, es el espíritu humano quien rige la vida del individuo. La antropología, la filosofía de la ciencia, la metafísica se ven más estimuladas que nunca por este descubrimiento’ (Zenit, 28 de junio de 2000).

  El Papa Juan Pablo II ha dado los siguientes parámetros morales: ‘Algunos progresos científicos, como los relacionados con el genoma humano, honran la razón del hombre, llamado a ser señor de la Creación, y honran al Creador, fuente de toda vida…

  Por lo que concierne a las intervenciones en la secuencia del genoma humano, conviene recordar algunas normas morales fundamentales. Toda intervención en el genoma debe realizarse con un respeto absoluto del carácter específico de la especie humana, de la vocación trascendental de todo ser humano y de su dignidad incomparable. El genoma constituye la identidad biológica de cada persona. Más aún, expresa una parte de la condición humana de la persona, a quien Dios amó por sí misma, gracias a la misión confiada a sus padres.

  El hecho de poder establecer el mapa genético no debe llevar a reducir la persona a su patrimonio génico y a las alteraciones que pueden estar inscritas en él. En su misterio, el hombre sobrepasa el conjunto de sus características biológicas. Es una unidad fundamental, en la que el aspecto biológico no se puede separar de la dimensión espiritual, familiar y social, sin correr el riesgo grave de suprimir lo que constituye la naturaleza misma de la persona y de convertirla en un simple objeto de análisis. La persona humana, por su naturaleza y su singularidad, es la norma de toda investigación científica…

  A este propósito nos alegra que numerosos investigadores se nieguen a admitir que los descubrimientos hechos sobre el genoma se consideren como patentes que puedan registrarse. Puesto que el cuerpo humano no es un objeto del que se pueda disponer, los resultados de las investigaciones han de difundirse en el conjunto de la comunidad científica, y no pueden ser propiedad de un pequeño grupo.

  La reflexión ética debe ocuparse también de la utilización de los datos médicos que atañen a las personas, especialmente los que contiene el genoma, que la sociedad puede usar en perjuicio de las personas, por ejemplo eliminando los embriones que presentan anomalías cromosómicas o marginando las personas afectadas por determinadas enfermedades genéticas. No se puede violar los secretos biológicos de la persona, ni investigarlos sin su consentimiento explícito, ni tampoco divulgarlos para usos que no sean estrictamente de orden médico y no tengan una finalidad terapéutica para la persona en cuestión. Independientemente de las diferencias biológicas, culturales, sociales o religiosas que distinguen a los hombres, cada uno tiene efectivamente el derecho natural a ser lo que es y a ser el único responsable de su patrimonio genético’ (Juan Pablo II, A los miembros de la Academia pontificia de ciencias, L’OR., 4/11/94, p. 20, nnº 3-4).

P. Miguel A. Fuentes, IVE