salud reproductiva

Los errores psicológicos y morales del ‘Proyecto de salud Reproductiva’

Pregunta:

¿Qué juicio ético merece por parte de la doctrina moral católica el llamado ‘Proyecto Nacional de Procreación Responsable’ o proyecto de Salud Reproductiva?

Respuesta:

1. El ‘proyecto’

Con fecha 1 de noviembre de 1995 la Honorable Cámara de Diputados sancionó -elevándolo al Senado- el proyecto de ley Programa Nacional de Procreación Responsable[1], que poco honor hace a tan honorable cámara.

Este proyecto consta de 11 artículos (más el de forma) y un anexo de 91 páginas[2]. Plantea como primer objetivo el ‘contribuir a la disminución de la morbimortalidad materno infantil’; y como segundo objetivo el ‘asegurar que todos los habitantes puedan decidir y ejercer sus pautas procreativas libre y responsablemente'[3].

El PNPR prevé brindar, a través de todos los establecimientos médico-asistenciales del sistema público de salud y seguridad social, información y asesoramiento sobre los métodos anticonceptivos disponibles, prescripción, colocación y/o suministro de los mismos, estudios previos y posteriores sobre la utilización, controles de salud, etc. [4]

En el Anexo se imparten las instrucciones que posibilitarán ejecutar el proyecto, es decir, implementar los correspondientes cambios socioculturales necesarios para que el plan funcione: crear conciencia pública; ‘promover actitudes y comportamientos individuales, familiares y comunitarios acordes con las pautas del Programa'[5]; ‘motivación actitudinal… logro de conductas'[6]; ‘neutralizar todo lo que pueda actuar negativamente’, sean antecedentes ‘históricos culturales y políticos…'[7], también los hábitos y creencias, etc[8].

2. Interrogantes sobre el problema de fondo

Podemos vislumbrar, desde el vamos, que estamos ante un proyecto de ley de amplia envergadura. El mismo apunta a dirigir dimensiones humanas delicadas y esenciales; supone, pues, una precisa base antropológica, ética y cultural. Como expondré a continuación, muchos de los principios fundamentales del proyecto son antagónicos con los fundamentos de la moral católica y con los principios de la ética clásica. ¿Basta esto como crítica? Para responder es necesario plantearnos algunas cuestiones de fondo.

1) ¿Tiene el Magisterio de la Iglesia autoridad para hablar y legislar sobre la sexualidad humana? ¿Debe acatarlo en conciencia el fiel católico?

El Magisterio de la Iglesia no se limita a custodiar el depósito de la Revelación sobre las verdades dogmáticas que lo componen (como el misterio de la Santísima Trinidad o la Encarnación) sino también sobre las verdades morales por medio del carisma de la infalibilidad[9]. Y sobre esta enseñanza moral recae también la asistencia del Espíritu Santo liberando al Magisterio de todo error[10]. Y esta enseñanza moral del Magisterio no se limita a la enseñanza de los actos sobrenaturales que debe hacer el hombre para salvarse (actos de fe, esperanza y caridad) sino también a los actos pertenecientes a la moral natural (su actividad social, económica, familiar, sexual, profesional, etc.)[11].

Por eso ejerce no sólo con derecho sino con deber (ante Dios) la custodia de las verdades pertenecientes a la ley natural, especialmente cuando ésta se encuentra oscurecida en el corazón humano y en las sociedades, a causa del pecado original y de los pecados personales de los hombres. Muchas son las razones por las cuales la verdad moral natural (y por consecuencia, todo lo relacionado con la dimensión sexual humana) cae de lleno en el ejercicio de la autoridad magisterial de la Iglesia.

a) Una razón pastoral: porque la Iglesia ha recibido el mandato de conducir a los hombres a la salvación, y a ésta se llega no sólo cumpliendo los consejos evangélicos revelados sino observando primeramente las normas de la verdad natural, como consta en el episodio del joven rico: Si quieres entrar en el Reino de Dios, observa ante todo los mandamientos (Mt 19,17). Debe tener, pues, la Iglesia, junto a la obligación de pastorear hacia la vida eterna, el derecho de enseñar lo que respecta al comportamiento natural necesario para la vida eterna.

b) Una razón eclesiológica: la Iglesia ha recibido de Jesucristo el mandamiento de proclamar el Evangelio (o sea, todo lo enseñado por Cristo) a todas las gentes, y la predicación de Jesucristo está constituida también por una enseñanza moral, y de moral natural, como por ejemplo la con­firmación del decálogo hecha por el mismo Jesucristo (cf. Mt 5,17).

c) Una razón cristológica: el Verbo divino al encarnarse ha asumido la naturaleza humana respetando la integridad de la misma. El primero en vivir el principio ‘la gracia no destruye la naturaleza’ fue el mismo Cristo. Él respetó las leyes de su naturaleza y puede decir también de ésta lo que de la ley antigua: ‘no he venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento’. Por tanto, las normas que emanan de la naturaleza, habiendo sido respetadas por Jesucristo, en cierto modo manifiestan las intenciones de Dios respecto de aquellos que han de conformarse a la imagen del Hijo. En este sentido puede decirse claramente que la naturaleza con sus leyes nos manifiesta la intención de Dios[12].

d) Una razón antropológico-sobrenatural: la naturaleza y la gracia aunque distintas, no se oponen. La gracia asume la naturaleza, sanándola y perfeccionándola. Si se sustra­jese a la Iglesia la competencia magisterial sobre la natura­leza humana se negaría el juicio sobre el hombre concreto históricamente llamado a la gracia.

El Magisterio moral es así necesario. Sin él nuestro obrar práctico estaría rodeado de tinieblas y la adquisi­ción de todas las verdades necesarias para guiar nuestra propia conducta estaría reservada a unos pocos quienes, a su vez, llegarían a ellas con dificultad, luego de mucho tiempo y no exentos de error[13]. La demostración más elocuente es el estado moral de todos aquellos individuos e incluso pueblos que no se subordinan a la luz de la enseñanza de la Iglesia.

Siendo la enseñanza del Magisterio autoritativa por la asistencia del Espíritu Santo, la adhesión de nuestra inteligencia al mismo ha de ser hecha en conciencia, según sea el modo de proposición: ‘Cuando el Magisterio de la Iglesia se pronuncia de modo infalible declarando solemnemente que una doctrina está contenida en la Revelación, la adhesión que se pide es la de la fe teologal… Cuando propone ‘de modo definitivo’ unas verdades referentes a la fe y a las costumbres, que, aun no siendo de revelación divina, sin embargo están estrecha e íntimamente ligadas con la Revelación, deben ser firmemente aceptadas y mantenidas. Cuando el Magisterio, aunque sin la intención de establecer un acto ‘definitivo’, enseña una doctrina para ayudar a una comprensión más profunda de la Revelación y de lo que explicita su contenido, o bien para llamar la atención sobre la conformidad de una doctrina con las verdades de fe, o en fin para prevenir contra concepciones incompatibles con esas verdades, se exige un religioso asentimiento de la voluntad y de la inteligencia. Este último no puede ser puramente exterior y disciplinar, sino que debe colocarse en la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe'[14].

2) ¿Qué enseña el Magisterio sobre la moral sexual?

El Magisterio de los últimos años ha dedicado varios documentos a este importante tema[15]. Podemos sintetizar su enseñanza en los siguientes puntos:

a) El ejercicio de la sexualidad es no sólo propio sino exclusivo de la comunión conyugal, es decir, del hombre y la mujer unidos en legítimo matrimonio porque sólo allí la sexualidad queda integrada en una relación interpersonal, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del hombre y la mujer[16].

b) La sexualidad conyugal encierra intrínsecamente dos dimensiones o significados indisolublemente unidos: la dimensión unitiva y la dimensión procreativa. Por eso todo acto unitivo debe estar al mismo tiempo abierto potencialmente a la procreción, y todo acto procreativo debe ser indisolublemente asociado a un acto unitivo[17].

c) El acto conyugal artificialmente cerrado a la procreación al separar por obra deliberada del hombre la procreación de la unión sexual es intrínsecamente malo[18].

d) Esta enseñanza es definitiva e irreformable; por eso, ponerla en duda o en discusión equivale a refutar a Dios mismo la obediencia de nuestra inteligencia[19].

3) ¿Qué pasa con las leyes humanas que contradicen la ley moral natural?

La ley natural es una participación en la creatura racional de la Ley eterna, es decir, de la Sabiduría ordenadora de Dios. Es por eso, ley ‘divina’ por su origen y causa y por expresar la voluntad explícita de Dios; sólo es llamada ‘natural’ por encontrarse grabada en el corazón de todo hombre[20]. La ley humana sólo tiene sentido en la medida en que numerosas circunstancias o situaciones del obrar concreto del hombre no es explicitado por la ley natural. Es, por tanto, una concretización de la ley natural y tendrá valor en la medida en que sea prolongación, deducción o aplicación de la ley natural. Del mismo modo carecerá de valor alguno en la medida en que la contradiga[21].

De este modo, una ley humana que se opone a, o contradice, la ley divina natural no es ley, y no sólo no obliga sino que de ningún modo puede ser observada: hay que obedecer antes a Dios que a los hombres (Act 5,29)[22]. Huelga decir que será intrínsecamente injusto (es decir, pecado y pecado grave) elaborar una ley semejante o votar en su favor[23].

3. Los aspectos concretos del PNPR

Teniendo esto en cuenta, creo un deber señalar los siguientes errores de fondo del PNPR:

1) Carencias antropológicas

Todo el PNPR está surcado por un falso concepto del hombre, del matrimonio y de la sexualidad humana. En efecto, la diferencia entre los llamados ‘métodos naturales’ y los artificiales de regulación de la natalidad no es una diferencia puramente material o accidental sino -como ha dicho Juan Pablo II- ‘una diferencia antropológica y al mismo tiempo moral‘[24]. Se trata de ‘dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana, irreconciables entre sí'[25]. El PNPR no sólo al promover indistintamente cualquier método sino especialmente al proponer ante todo los métodos artificiales, acepta un modelo antropológico falso que hace del hombre no ministro del designio divino sino árbitro del mismo y manipulador de la sexualidad humana, llegando a envilecer la sexualidad y la persona del cónyuge[26].

Este falso concepto del hombre y de la sexualidad se pone en mayor evidencia en el hecho de desligar el ejercicio de la sexualidad (y por tanto el asesoramiento sobre la regulación de la procreación) de la unión matrimonial legítima. Por eso el proyecto tiene como destinatarios a ‘la población en general, especialmente mujeres y hombres en edad fértil'[27], y no necesariamente casados. Más adelante apuntará a ‘educar’ en la idelogía de fondo del proyecto a ‘niños y adolescentes’ quienes ‘constituyen un material al que todavía no alcanzan los condicionamientos negativos de los adultos que originan resistencia al cambio'[28]. Dedica también una sección a ‘la anticoncepción en la adolescencia’ estimando que los ‘requisitos para el uso de la anticoncepción en la adolescente son la aceptabilidad, practicabilidad, disponibilidad y privacidad'[29]; y en cuanto al varón indica la utilidad de enseñarle el uso del preservativo y estimularlo a ello[30].

El mismo desprecio por la persona humana queda patente al englobar dentro del proyecto métodos de regulación abortivos como las píldoras postcoitales[31], minipíldoras, inyectables y dispositivos intrauterinos[32] (al mismo tiempo que no se mencionan los efectos abortivos de estos medios). Es lógico que la idea subyacente sea también un falso concepto del embrión, que se pone de manifiesto al declarar al aborto como un problema moral y jurídico por tener como fin ‘la destrucción de un ser potencial o vigente'[33]. La calificación del embrión como ser potencial (o sea, que no es aún un ser humano) muestra la carencia científica que informa la doctrina antropológica y médica del presente proyecto.

2) Errores morales

Como consecuencia de los presupuestos antropológicos que acabamos de exponer se siguen numerosas aberraciones éticas que o bien se contienen en el proyecto, o bien constituyen su trasfondo ideológico. Me limito a señalar las principales:

a) Da por supuesta la licitud moral de los medios anticonceptivos, pues en ningún momento se menciona algún juicio moral negativo al respecto.

b) Propone medios que son propiamente abortivos, ya sea exclusivamente abortivos, o bien alternativamente abortivos (cuando su efecto anticonceptivo falla), constituyendo de este modo un atentado contra la vida física de un ser inocente, es decir, un homicidio cualificado (por ser perpetrado por la misma madre del nascituro y el personal que tiene a cargo la promoción de la vida y la salud).

c) Desliga el ejercicio de la sexualidad de su único marco lícito: el matrimonio. Se presta para ser fomento de actividades sexuales extramatrimoniales, prematrimoniales, sodomíticas, etc. Y ciertamente promociona el ejercicio sexual pleno ya a partir de la adolescencia con las consecuencias fulminantes que sobre la psicología y la moral del adolescente esto comporta.

d) Considera como negativo todo principio cultural, histórico o religioso que obstaculice los fines del proyecto, etc.

e) No menciona en ningún lugar el derecho a la objeción de conciencia como derecho del personal sanitario que esté eventualmente en desacuerdo con esta ley en caso de ser aprobada definitivamente[34].

3) Sofismas sociológicos y técnicos

Como consecuencia de todo lo dicho, el PNPR sostiene principios de orden social falto de toda verdad y además nocivos para el orden social. Entre otros:

a) La minusvaloración del matrimonio monogámico indisoluble.

b) Falsos presupuestos demográficos que conducen a la difusión de una ideología antinatalista.

c) La promoción de comportamientos y actitudes culturales hedonistas, para peor en una sociedad que tiende a la promiscuidad.

d) La difusión de una mentalidad que ve como lógicamente separables el ejercicio de la sexualidad y la procreación.

e) La falsa idea de fondo de que la falta de instrucción en el terreno anticoncepcional es una causal del creciente número de abortos[35] cuando la experiencia y los repetidos estudios sociológicos demuestran lo contrario, es decir, que es precisamente la mentalidad anticoncepcional la que engendra (por lógica interna) la mentalidad abortista[36].

f) La creación de una dialéctica entre padres e hijos (por eso apunta a difundir la nueva mentalidad entre los estudiantes, a quienes todavía no alcanzan los condicionamientos negativos de los adultos[37]). Por lo tanto, excluyen o al menos desconocen el derecho de los padres en la labor educativa de sus hijos. La educación sexual de las nuevas generaciones debería quedar a cargo de los ideólogos del PNPR.

g) La creación y difusión de una cultura contraria a los valores históricos y culturales y a las creencias (¿la fe católica?) de nuestra Patria. Es la construcción de una contracultura o, como la llama el Papa Juan Pablo II, una ‘cultura de la muerte’. El proyecto está imbuido de lo que ha sido catalogado como ‘aire de iluminismo médico que quiere disponer de las conciencias de la población y la más pobre'[38].

h) La instrumentalización de la escuela para imponer prejucios ideológicos de cuño freudiano y marcusano.

También hay que señalar otra falsedad de fondo que suma los prejuicios sociológicos, antropológicos y morales que venimos señalando y que, en consecuencia, raya el cinismo: este proyecto poco y nada tiene que ver con la ‘salud’ de la población. Los medios anticonceptivos no son medios terapéuticos simplemente porque los hijos de los hombres no son taras o enfermedades de los hombres. En definitiva, el proyecto apunta prevenir las enfermedades maternoinfantiles impidiendo que haya madres y que haya niños; es lo mismo que si a un deportista enfermo del corazón se le aplicase la ‘terapia preventiva’ de amputarle las piernas sanas para evitar que muera infartado por practicar deporte[39].

4. Conclusión

Pueden, desde ya, vislumbrarse los gravísimos alcances para nuestra comunidad política que comporta la actitud de los redactores, propulsores y consensores del presente proyecto:

-los políticos que no sólo dejan de promover el bien común sino que antentan contra él se convierten en los fautores de los males y de la deshumanización y desintegración de la sociedad política a la que pertenecen;

-se hacen responsables directos o indirectos de todos los males que se ocasionan y siguen de su accionar como hombres públicos, con la consecuente obligación de estricta justicia de reparar los daños causados (lo cual en la práctica es imposible, abriendo así heridas que nunca cerrarán);

-al promover leyes injustas abusan de su poder ejerciendo una literal y estricta tiranía ideológica, perdiendo de este modo el derecho objetivo a dirigir la comunidad política;

-al normativizar contra el derecho natural obligan a los ciudadanos respetuosos de sus deberes para con Dios a seguir su conciencia recta desobedeciendo la ley injusta en lo que esta manda contra derecho divino: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Por tanto, el presente proyecto se encuadra de lleno en la actual ‘crisis cultural de proporciones insospechadas'[40] que lacera la conciencia moral de nuestra Patria. Y lo hace como una de sus más tristes expresiones (y en caso de ser aprobado definitivamente, lo hará como una de sus causas propulsoras). Es parte de la ‘cultura de la muerte’ ante la cual debemos hacer ‘madurar un fuerte sentido crítico‘[41].

 P. Miguel A. Fuentes, IVE


[1] Apareció en Revista Diálogo nº 14.

[1] En adelante: ‘PNPR’. En el momento en que respondemos a esta consulta el referido proyecto cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados y ha sido pasado a la Cámara de Senadores.

[2] En la carátula de este apéndice se lee: documento de trabajo no apto para su distribución; ¿por qué? ¿se pretende con este rótulo ocultar el contenido del mismo al gran público? Razones sobrarían. Este Anexo (que hace las veces de manual de uso para la aplicación de la ley) fue introducido por los diputados del FREPASO luego de las discusiones en la Cámara de Diputados que terminaron por eliminar del proyecto del antiguo artículo 5 que enumeraba los principales medios anticonceptivos. El Anexo tiene la misma fuerza que el texto central (cf. CLARIN, 3/11/95, p. 28).

[3] Cf. PNPR, art. 1.

[4] Cf. PNPR, art. 3.

[5] PNPR, Anexo p. 9

[6] PNPR, p. 12.

[7] PNPR, p. 13.

[8] Cf. Ibid.

[9] ‘Además, como afirma de modo particular el Concilio, ‘el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo’. De este modo, la Iglesia, con su vida y su enseñanza, se presenta como ‘columna y fundamento de la verdad’ (1 Tim 3,15), también de la verdad sobre el obrar moral. En efecto, ‘compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamenta­les de la persona humana o la salvación de las almas’ (Cf. CIC, c. 747,2)’ (Enc. Veritatis Splendor, 27).

[10] ‘Esta infalibilidad que el Divino Redentor quiso que su Iglesia tuviese al definir la doctrina de la fe y de la moral, se extiende tanto cuanto el depósito de la divina Revelación, que ha de ser custodiado celosamente y expuesto con fidelidad. Esta infalibilidad la tiene el Romano Pontífice… en virtud de su oficio, cuando en su calidad de supremo Pastor y Maestro de todos los fieles a quienes debe confirmar en la fe proclama con un acto definitivo una doctrina referente a la fe o la moral. Sus definiciones, por sí y no por el consentimiento de la Iglesia, son irreformables, por haber sido proclamadas bajo la asistencia del Espíritu Santo… y así no necesitan ninguna aprobación de otros ni tampoco admiten la apelación a tribunal alguno’ (Lumen Gentium 25).

[11] ‘El oficio de conservar santamente y de exponer con fidelidad el depósito de la revelación divina implica, por su misma naturaleza, que el Magisterio pueda proponer ‘de modo definitivo’ enunciados que, aunque no estén contenidos en las verdades de fe, se encuentran sin embargo íntimamente ligados a ellas, de tal manera que el carácter definitivo de esas afirmaciones deriva, en último análisis, de la misma revelación. Lo concerniente a la moral puede ser objeto del magisterio auténtico, porque el Evangelio, que es Palabra de vida, inspira y dirige todo el campo del obrar humano. El Magisterio, pues, tiene el oficio de discernir, por medio de juicios normativos para la conciencia de los fieles, los actos que en sí mismos son conformes a las exigencias de la fe y promueven su expresión en la vida, como también aquellos que, por el contrario, por su malicia son incompatibles con estas exigencias. Debido al lazo que existe entre el orden de la creación y el orden de la redención, y debido a la necesidad de conocer y observar toda la ley moral para la salvación, la competencia del Magisterio se extiende también a lo que se refiere a la ley natural. Por otra parte, la revelación contiene enseñanzas morales que de por sí podrían ser conocidas por la razón natural, pero cuyo acceso se hace difícil por la condición del hombre pecador. Es doctrina de fe que estas normas morales pueden ser enseñadas infaliblemente por el Magisterio’ (SAGRADA CONGR. PARA LA DOCTRINA DE LA FEIntrucción ‘Donum veritatis’, sobre la función eclesial del teólogo, nº 16).

[12] Cf. Humane vitae, 10.

[13] Cf. Santo Tomás, Suma Contra Gentiles, I, 4.

[14] SAGRADA CONGRAGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FEIntrucción ‘Donum veritatis’, sobre la función eclesial del teólogo, 23.

[15] Especialmente: Encíclica Humanae vitae (Pablo VI); Exhortación Familiaris consortio(Juan Pablo II); Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual (Sagrada Congregación para la doctrina de la fe); numerosos discursos del Papa Juan Pablo II, especialmente en sus Catequesis sobre el amor humano de los años 1979-1984;Catecismo de la Iglesia Católica, nnº 2331-2400.

[16] Familiaris Consortio, 11; Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2337.

[17] Cf. Humanae vitae 12.14; Familiaris Consortio, 32.

[18] Cf. Humanae vitae, 12; Familiaris Consortio, 32.

[19] ‘No se trata, efectivamente, de una doctrina inventada por el hombre: ha sido inscrita por la mano creadora de Dios en la misma naturaleza de la persona humana y ha sido confirmada por El en la Revelación. Ponerla en discusión, por tanto, equivale a refutar a Dios mismo la obediencia de nuestra inteligencia. Equivale a preferir el resplandor de nuestra razón a la luz de la Sabiduría Divina, cayendo, así, en la oscuridad del error y acabando por hacer mella en otros puntos fundamentales de la doctrina cristiana’ (Discurso a los participantes del II Congr. Internacional de teología moral, L’Osservatore Romano, 22/I/89, p.9; cf. también, Discurso a los participantes del Congreso internacional en el XX aniversario de la Humanae vitae, L’Osservatore Romano, 17/IV/88, p.11).

[20] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nnº 1954-1955

[21] Cf. Santo Tomás, Suma Teológica, I-II, 95, 3.

[22] Santo Tomás distingue dos modos posible de injusticia por parte de la ley. El primero es cuando una ley contradice el bien humano: ya sea por defecto del fin al que se ordena la ley (como el imponer leyes que favorecen el bien privado en vez del bien común), o bien por defecto de la forma (cuando en vez de la equidad rige la distribución de cargas no equitativa); en este caso, tales leyes no obigan en conciencia, a menos quemedie alguna razón superior como el evitar el escándalo o el desorden social. El segundo modo es cuando la ley se opone al bien divino, es decir, cuando se dictan leyes inducentes a violar la ley de Dios; en este caso jamás es lícito obedecerlas (Cf. Suma Teológica, I-II, 96,4).

[23] El Santo Padre Juan Pablo II señala en la Evangelium vitae el problema concreto del caso en que un determinado voto parlamentario fuese determinante para favorecer una ley más restrictiva, es decir, menos mala que la vigente o la que se propone. Si no se puede aspirar a sancionar una ley concorde al derecho natural, ¿se puede dar apoyo a una menos mala? El problema es muy delicado y el Santo Padre se limita a indicar las líneas generales de solución indicando: ‘cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública’ (Evangelium vitae, 73). Es claro que no es el caso que concierne al PNPR.

[24] Familiaris Consortio, 32

[25] Ibid.

[26] Cf. Familiaris Consortio, 32.

[27] PNPR, art. 2.

[28] PNPR, Anexo, p. 13.

[29] PNPR, Anexo, p. 63.

[30] Cf. PNPR, Anexo, p. 64.

[31] Cf. PNPR, Anexo, p. 50.

[32] Cf. PNPR, Anexo, pp. 53-54.59.

[33] Cf. PNPR, Anexo, p. 88 (en contradicción con lo que el mismo Anexo dice en p.7).

[34] Derecho que deben ejercer los médicos, enfermeros, consultores, etc., ante una ley intrínsecamente inmoral (cf. Evangelium vitae, 73 y 89).

[35] Cf. por ejemplo PNPR pp. 8, 10, 88, donde se coloca como fin del proyecto [eminentemente anticoncepcional] la disminución del número de abortos.

[36] Cf. Evangelium vitae, 13.

[37] Cf. PNPR, Anexo, p. 13.

[38] Conferencia Episcopal Argentina, Comisión de Fe y Cultura, Comentario al artículo 11 de PNPR.

[39] Es verdad que el proyecto contempla también cierto asesoramiento e información sobre enfermedades reales (cáncer génito-mamario y enfermedades de transmisión sexual): el problema en tal caso no es el fin (inobjetable) sino los medios (intrínsecamente injustos). De todos modos, teniendo en cuenta una visión de conjunto del Anexo que acompaña al proyecto cabe preguntarse: ¿esta precupación terapéutica es fin o excusadel proyecto?

[40] Juan Pablo II a los Obispos Argentinos, L’Osservatore Romano, 17/11/95, p. 5, nº4.

[41] Juan Pablo II, Evangelium vitae, nº 95.

anticonceptivos

¿Porqué en el judaísmo se permite el uso de anticonceptivos y en el catolicismo se prohíben?

Pregunta:

Mi duda e acerca de los anticonceptivos: ¿por qué se prohiben en la Iglesia católica y en la religión judía no (las mujeres judías pueden utilizar anticonceptivos definitivos), siendo religiones muy ligadas en lo que respecta en la moral? Espero su respuesta por favor ya que he escrito mucho a otras personas y nadie me ha respondido esta duda. Muchas gracias.

 

Respuesta:

Estimado:

Ante todo, hay que ver si el ‘judaísmo’ acepta la anticoncepción, o bien ‘algunos’ pensadores judíos.

Pero aún en la hipótesis de que el judaísmo los acepte o al menos los sectores más representativos del mismo, debo decirle que el problema de la anticoncepción no sólo es un problema que afecta a la religión sino principalmente a la ley natural. La Iglesia católica prohíbe la anticoncepción porque ésta va contra la ley natural al separar las dos dimensiones del acto conyugal: la unión de los esposos de la procreación potencial que se da de modo natural en el mismo acto.

Por otra parte, y como se lee en la Carta a los Hebreos (1,1-2), Jesucristo ha traído la plenitud de la Revelación. Jesucristo, como es sabido, profundiza la Ley de Moisés y la aclara, como enseña Santo Tomás de Aquino, quien dice: ‘Cristo cumplió los preceptos de la ley antigua con las obras y con la doctrina. Con las obras, porque quiso ser circuncidado, y observar todas las demás prescripciones legales que obligaban en su tiempo; según Gál 4,4: Nacido bajo la ley. Con su doctrina dio cumplimiento a los preceptos de un triple modo. Primero, expresando el verdadero sentido de la ley. Como queda patente en el homicidio y el adultero, en cuya prohibición los escribas y fariseos no entendían más que la prohibición del acto externo, por lo cual el Señor perfeccionó la ley mostrando que también los actos internos de los pecados caían bajo la prohibición (Mt 5,20). Segundo, dio cumplimiento a los preceptos ordenando el modo de observar más seguramente lo mandado por la ley vieja. Por ejemplo, estaba mandado que nadie perjurase, lo cual se observará mejor si el hombre se abstiene totalmente de jurar, salvo caso de necesidad (Mt 5,33). Tercero, el Señor perfeccionó los preceptos de la ley, añadiendo ciertos consejos de perfección, como se ve en Mt 19,21, donde el Señor dice a aquel que le había dicho que él observaba todos los preceptos de la antigua ley: Aun te queda una cosa, si quieres ser perfecto: ve, vende todo lo que tienes y luego sígueme (cf. Mc 10,21; Lc 18,22)’ (Suma Teológica, I-II,107,2).

De este modo no es de extrañar que la Iglesia Católica ponga de manifiesto verdades de orden natural que se encuentran reveladas implícitamente en las Escrituras aceptadas por el judaísmo.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

embarazo

¿Le es lícito tomar anticonceptivos a una mujer para quien un embarazo resultaría riesgoso?

Pregunta:

Tengo un grupo de jóvenes al que doy algunas charlas de formación. Me presentaron el siguiente problema de moral: para una mujer que sabe que si queda embarazada puede haber riesgo para ella y/o el hijo, ¿es pecado utilizar métodos anticonceptivos (naturales o antinaturales) con el fin de no poner en riesgo ni a la madre ni al hijo, y seguir manteniendo relaciones para no enfriar el amor conyugal? Sería de gran ayuda la información que me pueda dar al respecto, desde ya le agradezco, esperando su respuesta.

Respuesta:

1) En las circunstancias en que un embarazo puede representar riesgos para la mujer o para el posible hijo, es lícito hacer aquello que sea bueno o indiferente en sí para evitar dicho riesgo. En cambio no es lícito hacer algo malo en sí, aunque el fin propuesto sea muy bueno; pues dice San Pablo que no se puede decir: Hagamos el mal para que venga el bien (cf. Rom 3,8).

2) Teniendo esto en cuenta hay que decir que es ilícito procurar este buen fin (evitar el riesgo para la salud) con el mal medio de la anticoncepción artificial. La anticoncepción es mala en sí, pues separa los dos aspectos que son intrínsecos al acto conyugal: el unir a los esposos y al mismo tiempo y volverlos potencialmente fecundos. Por eso dice el Papa Pablo VI: ‘No le es lícito al hombre romper por su propia iniciativa el nexo indisoluble y establecido por Dios, entre el significado de la unidad y el significado de la procreación que se contienen conjuntamente en el acto conyugal’ (Humanae vitae, 12). Por eso el mismo Papa declara ilícita ‘toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación’ (Humanae vitae, 14). Esto incluye:

a) ‘en previsión del acto’: la esterilización directa, los anticonceptivos, etc.

b) ‘en su realización’: los métodos de barrera (preservativos, relación interrumpida, etc.);

c) ‘en el desarrollo de sus consecuencias naturales’: el aborto quirúrgico, el infanticidio, la contracepción de emergencia, etc.

d) ya ‘se proponga como fin’: el que quiere la anticoncepción porque no desea nuevos hijos;

e) ‘o como medio’: el que quiere la anticoncepción como un medio para preservar la salud (éste sería el caso planteado).

3) En cambio es lícito buscar el buen fin (evitar el peligro para la vida) a través del uso honesto de los ritmos naturales. Dice también Pablo VI: ‘Si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de circunstancias exteriores, la Iglesia enseña que es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio sólo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales’ (Humanae vitae, 16). Estos actos son buenos porque en este caso los esposos se limitan a conocer una disposición natural (es decir, causada por el Creador) que son los ritmos naturales de la mujer, para servirse de ella (cf. HV,16); en este caso los esposos se reconocen ‘no árbitros de las fuentes de la vida humana, sino más bien administradores del plan establecido por el Creador’ (Humanae vitae, 13).

Hay que tener en cuenta que los métodos naturales no son -como dice la consulta, expresándose incorrectamente- anticonceptivos, sino ‘no-conceptivos’: no van ‘contra la concepción’ (ni la impiden ni la destruyen) pues consisten simplemente en abstenerse de los actos sexuales en los períodos que la mujer reconoce como fecundos.

P. Miguel A. Fuentes, IVE

metodo natural

¿Existe algún método natural para regular la natalidad?

Pregunta:

Estimado Padre Fuentes: Le escribo estas líneas para hacerle una consulta, esperando que Ud. me ayude con esta inquietud. Hace un año y cuatro meses que estoy casada, y al mes de mi casamiento Dios nos dio la más hermosa de las bendiciones que puede darle a un matrimonio, la de ser padres. En diciembre nació nuestra bebe después de un embarazo un poco complicado, el cual terminó en una cesárea de urgencia. A raíz de la cirugía, tengo que esperar como mínimo dos años para volver a concebir. Con mi esposo, sabemos que el uso de anticonceptivos es un pecado, y estamos conscientes de nuestra responsabilidad que asumimos el día que nos casamos, el de ser colaboradores de la obra creadora de Dios. Es por eso que queremos saber si existe algún método natural, y cómo se usa, para poder esperar hasta que pueda volver a quedar embarazada, mi intención es asesorarme bien para poder enseñárselo a mis amigas. Bueno Padre, espero que Ud. pueda ayudarnos, y le pido que rece por nosotros y por todos los matrimonios del mundo.

Respuesta:

Estimada Sra.

Ante todo, quiero felicitarla a Usted y a su esposo por la claridad de sus convicciones morales. El caso que Usted me plantea es uno de los que hacen lícito el recurso a los métodos naturales.

El Papa Juan Pablo II ha hablado muchas veces de la importancia de que los matrimonios conozcan estos métodos que sirven tanto para regular la fertilidad en orden a no producir un embarazo cuanto a buscar un embarazo. Los métodos naturales son muchos, y son sólo métodos de diagnóstico, es decir, sirven para ayudar a los esposos a conocer los momentos en que sus relaciones pueden ser fértiles y cuándo no son fértiles, y de este modo proyectar sus intimidades conyugales.

Como Usted me pide conocer cuáles son los métodos naturales, le mando a continuación un primer punto escrito por la Dra. María Concepción Morales (que puede encontrar en la página de Vida Humana Internacional), y luego un segundo punto donde le indico los datos sobre la ‘eficacia’ de los métodos. Sólo le hago tres observaciones importantes:

1) Se habla de métodos en plural porque un matrimonio puede encontrar mayor eficacia en un método que en otro (algunas mujeres con ciclos regulares prefieren usar el método del ritmo; para otras éste es ineficaz y prefieren el de la ovulación).

2) El método natural (especialmente el de la ovulación) no debe aprenderlo sola sino que debe buscar una buena instructora de métodos naturales, de lo contrario podría aplicarlo mal.

3) Finalmente, el método deben aprenderlo los dos esposos, porque no es solo problema de la mujer.

1. Cuáles son los métodos naturales conocidos

1) El método natural más antiguo que se conoce es el Ogino-Knauss o Método del Ritmo o Calendario, que permite obtener, mediante cálculos matemáticos, los días de fertilidad de la pareja teniendo en cuenta que la mujer ovula sólo una vez al mes a los 14 días antes de la próxima menstruación y que el óvulo vive 48 horas después de la ovulación y el espermatozoide 72 horas después de la eyaculación.

Cuando los ciclos son regulares el método es útil, pero, dadas las frecuentes irregularidades, el método tiene numerosos fallos que generalmente se producen porque el tiempo entre la menstruación anterior y la ovulación depende de la hipófisis y ella a su vez del hipotálamo y éste de la corteza cerebral, de manera que cualquier stress es capaz de producir que la ovulación se atrase o adelante, no así la segunda fase del ciclo que siempre es regular para cada mujer en aproximadamente dos semanas entre la ovulación y la siguiente menstruación.

Los cálculos se hacen tomando en cuenta los 12 ciclos anteriores, se restan 19 días al ciclo más corto y 11 al más largo, sería la fórmula C – 19 y L – 11. Por ejemplo, supongamos que los 12 ciclos anteriores fueron de 28, 27, 31, 32, 28, 30, 29, 32, 30, 28, 32 y 28 días. El más corto es de 27 días y el más largo de 32. Entonces tenemos 27 – 19 = 8 y 32 – 11 = 21, de forma que por este método la pareja seria fértil del día 8 al 21 y si desea posponer el embarazo puede tener relaciones desde el primer día de la menstruación hasta el 8vo., y a partir del 8vo. debe guardar abstinencia sexual hasta el 21, a partir del cual puede reanudar las relaciones. Este método tiene un índice de seguridad de sólo un 64%.

2) El Método de la Temperatura Basal tiene como fundamento el aumento de la temperatura que la progesterona provoca en la mujer. Esta hormona comienza a circular en la segunda fase del ciclo menstrual o sea, una vez que el folículo se ha convertido en el cuerpo lúteo, después de producirse la ovulación. Cuando a una mujer le sube la temperatura es señal que ha ovulado. Regularmente la temperatura sube 2 décimas de grado Centígrado o 4 Fahrenheit. Para llevar el registro hay que tomar todos los días la temperatura basal con el mismo termómetro en las mismas condiciones y a la misma hora, después de al menos dos horas de reposo. Para posponer el embarazo por el Método de la Temperatura Basal debe guardarse abstinencia sexual desde la menstruación hasta tres días después de que se produce el aumento de la temperatura (2°C ó 4°F) por encima de los seis días anteriores, es la llamada regla de 3/6. Este método tiene una seguridad del 99% pero requiere de una abstinencia muy prolongada.

3) El Método de la Ovulación ó Método Billings es un sistema natural y gratuito de regulación de la fertilidad basado en la determinación, por parte de la propia mujer, de las fases fértiles o infértiles de su ciclo menstrual, reconocidas por la observación diaria del moco cervical recogido a la entrada de la vagina. Este método consiste en que cada día la mujer lleva un gráfico donde anota los cambios que observa en el moco cervical. Con este método la mujer debe pasar papel sanitario por el introito vaginal antes y después de realizar sus necesidades y observar si encuentra o no moco así como sus características. Es un método muy seguro pero debe enseñarse por personal calificado y, al menos, durante tres ciclos.

4) El Método de la Autopalpación Cervical se basa en que el cuello uterino sufre variaciones en sus características según el momento del ciclo menstrual por las influencias hormonales. Cuando la mujer es fértil el cuello está alto, blando y con el orificio central entreabierto, mientras que en la fase infértil el cuello está bajo, encontrándosele muy fácilmente al introducir los dedos en la vagina, y es duro, con el orificio externo cerrado.

5) El Método Sintotérmico no es un método como tal, sino la combinación de varios métodos pues combina el cálculo pre-ovular de Ogino, los cambios del moco cervical del Método de Billings, el registro de la Temperatura Basal, la autopalpación del cuello y el dolor intermenstrual de la ovulación. Pudiéndose utilizar la combinación de todos estos métodos o solo algunos de ellos. Cuando se desea posponer el embarazo se toma para comenzar la abstinencia el primero de los signos o cálculos de fertilidad que aparezca y se termina la abstinencia el último día del último método.

6) Existen otros métodos que también son naturales, pues se basan en la determinación de los momentos fértiles o infértiles para que la pareja utilice su paternidad de manera responsable, pero que no son gratuitos, ya que para la determinación de los momentos fértiles o infértiles utilizan accesorios o equipos creados por el hombre y que con frecuencia resultan costosos, como son:

a) Los microscopios de bolsillo: La estructura microscópica de la saliva y el mucus cervical varían si la mujer es fértil o no. Observando en estos equipos la saliva y/o el moco cervical con un entrenamiento muy sencillo, las parejas pueden determinar si la mujer es fértil o no. Existen de diferentes marcas, siendo los más conocidos el Ovulator y el PG-53.

b) Los Métodos Monoclonales son muy sencillos en su utilización, pero costosos. Consisten en hacer una prueba en orina buscando la presencia de la hormona luteinizante que, aunque siempre está presente, tiene un aumento brusco de 24 a 36 horas antes de la ovulación. El fundamento es un Test de Elisa basado en anticuerpos monoclonales que utiliza una técnica de tiras reactivas impregnadas, cuando la hormona luteinizante está baja la tira se mantiene blanca al ponerse en contacto con la orina, pero cuando la luteinizante está alta, lo que ocurre cuando la mujer es fértil, la tira se pone azul, por lo que lleva el nombre de Bluetest. Existen otros similares pero con productos en gotas en lugar de tiras impregnadas.

c) El Bioself es un pequeño aparato que tiene un termómetro electrónico y un microordenador que mide, registra y analiza la temperatura basal y, por medio de señales de luz, indica el estado de la fertilidad.

d) El Sofía es un pequeño equipo computarizado que, introduciéndole los datos de temperatura y mucus cervical, es capaz de dar datos sobre la fertilidad.

La Declaración Final de la Reunión Mundial de Expertos en Métodos Naturales de Planificación Familiar reafirma la importancia de dichos métodos cuando afirma lo siguiente: ‘Durante los últimos sesenta años, el estudio de los síntomas que acompañan el ciclo de la fertilidad de la mujer ha modificado sensiblemente el distanciamiento de los nacimientos. Yendo más allá del método del calendario, del ritmo, los métodos modernos constituyen modos seguros y precisos para conseguir el embarazo o postergarlo. Los métodos naturales se apoyan en una sólida base científica. La salud de las madres y de los niños mejora con el distanciamiento natural de los nacimientos, y no comporta daño alguno ni a la madre ni al niño. Los métodos naturales no hacen daño a la salud de los cónyuges. La libertad y los derechos de la mujer o del marido son respetados por medio de estos métodos, que se centran en la mujer y en la integridad de su cuerpo. Los métodos naturales desarrollan una relación interpersonal más profunda entre los esposos, basada en la comunicación, las decisiones compartidas y el respeto recíproco, fortalecen el matrimonio y, por tanto, la vida familiar’.

S.S. el Papa Juan Pablo II en la carta encíclica Evangelium Vitae, de marzo de 1995, reafirma una vez más la importancia de los métodos naturales de planificación de la familiar e insiste en lo importante de su divulgación.

2.Eficacia de los métodos naturales

Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, los métodos naturales de planificación familiar han demostrado poseer una amplia superioridad sobre los métodos artificiales (anticonceptivos-abortivos) en diversos aspectos. En dichos estudios se demostró que eran fáciles de aprender y de aplicar por la mujer cualquiera sea su nivel cultural (se demostró que pueden ser aprendidos y aplicados con éxito incluso hasta por mujeres carentes de instrucción mínima), que eran aceptados con preferencia a los métodos artificiales y, lo más importante, se revelaron sumamente eficaces en evitar los embarazos. A todas estas ventajas deben agregárseles que por su naturaleza respetan la integridad y dignidad de la persona humana sin lesionar sus derechos.

Un estudio multicéntrico, que abarcó a ciudades importantes de distintos puntos del mundo y distantes entre sí (Auckland, Bangalore, Manila y El Salvador) demostró que el 93% de mujeres fértiles estaba en condiciones de reconocer e interpretar el momento de fertilidad desde su primer ciclo menstrual (destaca que el grupo de El Salvador incluía un 48% de analfabetas). El estudio concluye que las probabilidades de concepción en los períodos determinados como infértiles era del 0,004%, es decir, menos del medio por ciento.

En contraposición se señala que el índice de embarazos utilizando métodos artificiales para el control de la natalidad, varía desde el 1% (píldoras combinadas estrógeno-progesterona) hasta el 20-23% en usuarias de anticonceptivos orales.

En un estudio realizado en Calcuta, India, sobre la eficacia del Método de la Ovulación, se informó de un porcentaje cercano a 0 (cero) sobre una población total de 19.843 mujeres pobres y de distintas creencias religiosas (57% hindúes, 27% islámicas, 21% cristianas).

Las conclusiones del estudio de la Organización Mundial de la Salud sobre la eficacia del Método de la Ovulación fueron las siguientes:

 Por medio de ecografía ovárica se determinó que los síntomas del moco cervical identifican con precisión el momento de la ovulación.

 Todas las mujeres, de cualquier nivel cultural y educacional pueden aprender a usar el método de la observación del moco cervical para reconocer cuándo se produce la ovulación.

 La evidencia mundial sugiere que los métodos de control natal, absteniéndose de la relación sexual en la fase fértil identificada por los síntomas de ovulación, son equivalentes a aquellos de los anticonceptivos artificiales.

 El estudio realizado entre cerca de 20.000 mujeres pobres en Calcuta, con un porcentaje de embarazos cercano al cero, complementado con otros estudios en países en vías de desarrollo, demuestran la efectividad de la Planificación Familiar con Métodos Naturales.

 Los usuarios del método estaban satisfechos con la frecuencia de la relación sexual sugerida por este método de planificación familiar, el cual es económico y puede ser especialmente valioso para los países en vías de desarrollo (Cf. R.E.J. Ryder, British Medical Journal, Vol. 307, edición del 18 de septiembre de 1993, págs. 723-725).

Comparando los dos métodos naturales más seguros, los índices de efectividad son bastante parejos (Cf. Dra. Zelmira Bottini de Rey, Dra. Marina Curriá, Instituto de Ética Biomédica, Curso de Planificación familiar natural, Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, abril de 1999):

-el índice para el Método de la Ovulación o Billings es del 96.6% (Cf. American Journal of Obstretics and Gynecology, 1991).

-el índice para el Método Sintotérmico es del 97.7% (idem).

-el índice para el Método Sintotérmico en matrimonios altamente motivados para evitar el embarazo es de 97.2% (Cf. Guía para la prestación de servicios de PFN. OMS. Ginebra, 1989).

Estos son índices muy altos y ciertamente no sólo alcanzan sino que superan a muchos de los métodos artificiales más eficaces. Lamentablemente, las campañas de descrédito de los métodos naturales responden no a bases científicas sino a prejuicios ideológicos e intereses económicos.

P. Miguel Fuentes, IVE

métodos naturales

¿Es siempre lícito usar los métodos naturales para regular la natalidad?

Pregunta:

Padre: Con mi esposo regulamos la natalidad mediante los métodos naturales. Tenemos un solo hijo y no hemos decidido tener otro por motivos que considero, sinceramente, poco importantes. Esto, desde hace un tiempo, me tiene intranquila, porque si bien sé que con el uso de los métodos naturales respetamos la ley de Dios, me parece también que sólo la respetamos en parte. ¿Es pecado lo que estamos haciendo?

Respuesta:

Estimada señora:

La base de los métodos naturales es su capacidad de determinar los períodos de fertilidad e infertilidad de la mujer. Por su objeto moral han de ser considerados, pues, indiferentes, e incluso provistos de ‘cierta bondad positiva’ en cuanto en sí mismos nos revelan la sabiduría del plan divino sobre el matrimonio.

Sin embargo, estos métodos pueden ser usados con una mentalidad antiprocreativa. Insisto en que ellos, en sí y por sí mismos no son anticonceptivos sino no-conceptivos; la malicia del acto viene, pues, por la intención y por las circunstancias en que se los practica. Ahora bien, ‘el acto moralmente bueno supone a la vez la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. Una finalidad mala corrompe la acción, aunque su objeto sea de suyo bueno'[1].

El Papa Juan Pablo II lo afirma con toda claridad: ‘En el modo corriente de pensar acontece con frecuencia que el ‘método’, desvinculado de la dimensión ética que le es propia, se pone en acto de modo meramente funcional y hasta utilitario. Separando el ‘método natural’ de la dimensión ética, se deja de percibir la diferencia existente entre éste y otros ‘métodos’ (medios artificiales) y se llega a hablar de él como si se tratase sólo de una forma diversa de anticoncepción'[2].

Ya antes de ser elegido Papa, K. Wojtyla había escrito: ‘Hablando del método natural, se acepta a menudo el mismo punto de vista que para los ‘métodos artificiales’, es decir, se lo deduce de los principios utilitarísticos. Así entendido, el método natural termina por ser sólo uno de los medios destinados a asegurar el maximum de placer, salvo que llegaría allí por vías diversas de aquellas de los métodos artificiales'[3].

En 1984 volvía sobre la misma cuestión: ‘Pueden ser también usados con propósitos moralmente ilícitos. Es precisamente en este punto donde debe tener lugar el encuentro entre ética y teología'[4].

Puede, pues, pervertirse el uso de los métodos naturales, o bien porque las circunstancias en que se los practica son desordenadas, o bien porque el fin perseguido es malo.

1. Las circunstancias desordenadas

Ante todo, es un abuso de los métodos usarlos fuera del marco de un legítimo matrimonio: sólo es lícito regular responsablemente la paternidad-maternidad donde es legítimo realizar los actos conyugales, y esto tiene lugar sólo en un matrimonio verdadero. Cuando se trata de uniones ‘de hecho’, relaciones prematrimoniales, matrimonios civiles, divorciados vueltos a casar, etc., el principal problema no son los métodos por los que se espacian o evitan los hijos, sino que toda relación sexual es de suyo ilegítima y gravemente pecaminosa.

Hablando ya de un matrimonio legítimo, son motivos circunstanciales inválidos todos los que respondan a: criterios egoístas, miedos injustificados, desconfianza en la Providencia divina, considerar a los hijos como una carga, etc. Dice al respecto el Papa Juan Pablo II: ‘los cónyuges que recurren a la regulación natural de la fertilidad podrían carecer de las razones válidas'[5]. Y también: ‘El recurso a los ‘períodos infecundos’ en la convivencia conyugal puede ser fuente de abusos si los cónyuges tratan así de eludir sin razones justificadas la procreación, rebajándola a un nivel inferior al que es moralmente justo, de los nacimientos en su familia'[6].

2. El fin desordenado

Los métodos naturales son también tergiversados en su ‘verdad esencial’ cuando son asumidos dentro de una voluntad antivida. Esto tiene lugar cuando se tiene la intención de disociar los dos significados del acto conyugal: se quiere la unión y se rechaza interiormente toda posibilidad de procreación. Reconocía la posibilidad de que los esposos tengan una intención así, incluso un autor no siempre fiel a la enseñanza moral del magisterio, quien escribía: ‘Si la continencia periódica se practica simplemente porque no se quiere colaborar con Dios en la propagación de la vida ni al acrecentamiento del cuerpo místico de Cristo, o porque se siente horror al sacrificio, o porque se tiene a los hijos en menosprecio, o porque falta confianza en la divina providencia, o se juzga que la vida no merece ser vivida, la escrupulosidad para contar los días ‘sin peligro’ embargará el alma, y paulatinamente esa preocupación la llevaría a considerar a los hijos como una terrible desgracia. Puede decirse que ésta es la enfermedad mental característica de nuestra época'[7].

La gravedad de esta actitud se pone de manifiesto si nos preguntamos qué sucedería en la hipótesis de una pareja que restringiera el derecho matrimonial sobre los actos sexuales sólo a los períodos infecundos (o sea, que no sólo se decide usar de hecho de la sexualidad en los períodos infecundos sino que sólo se da el derecho a ejercerla en esos períodos, recortando así el contrato matrimonial). En este caso, explicó ya Pío XII, el matrimonio sería nulo: ‘Si ya en la celebración del matrimonio, al menos uno de los cónyuges hubiese tenido la intención de restringir a los tiempos de esterilidad el mismo derecho matrimonial y no sólo su uso, de modo que en los otros días el otro cónyuge no tendría ni siquiera el derecho de exigir el acto, esto implicaría un defecto esencial del consentimiento matrimonial, que llevaría consigo la invalidez del matrimonio mismo, porque el derecho que deriva de un contrato matrimonial es un derecho permanente, ininterrumpido y no sólo intermitente, de cada uno de los cónyuges con respecto al otro'[8].

A veces se manifiesta con claridad esta intención cuando junto con la decisión de no tener relaciones en los períodos de fecundidad no se descarta la posibilidad de abortar en caso de que tuviese lugar un embarazo por mala práctica de los métodos.

¿Es virtuosa la abstinencia en estos casos? Es indudable que el dominio de sí (y por tanto la abstinencia) siempre será algo bueno para quien lo practica. Pero como en tantos otros casos, también aquí ‘una intención mala sobreañadida convierte en malo un acto que, de suyo, puede ser bueno'[9].

P. Miguel A. Fuentes, IVE

Bibliografía para profundizar:

Juan Pablo II, La práctica honesta de la regulación de la natalidad (Catequesis del 5/09/84; en: L’OR, 9/09/84, p. 3).

Wojtyla, Karol, Amor y responsabilidad, Razón y Fe, Madrid 1978.

Fuentes, Miguel, Los hizo varón y mujer, Ed. Verbo Encarnado, San Rafael 1988, cap. VIII.


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1755.

[2] Juan Pablo II, L’OR, 9/09/84, p. 3, n. 4.

[3] Wojtyla, K., Amore e responsabilità, Marietti, Milano 1969, p. 228.

[4] Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional sobre regulación de la fertilidad, L’OR, 2/12/84, n. 3.

[5] Juan Pablo II, L’OR, 12/08/84, p. 3, n. 3.

[6] Juan Pablo II, L’OR, 9/09/84, p. 3, n. 3.

[7] Häring, B., La Ley de Cristo, Herder, Barcelona 1973, III, p. 361.

[8] Pío XII, Discurso a los congresistas de la Unión Católica Italiana de Obstetricia, 29/10/51.

[9] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1753.